Cafetería Le Miraculous, 20:05PM.

—Señorita Dupain-Cheng —le llamó Félix, encaminándose hacia la salida— Recoja sus cosas. La llevaré a su casa.

—Si…señor Graham —exclamó, derrotada.

Así estaba mi vida. Un verdadero dolor de culo. Yo, tomando mis cosas para arrastrar las patas de mala gana hasta el ascensor. Luego de firmar ese contrato, sentencié que por lo menos dos veces a la semana, debía acostarme con él para "ayudarle" a su jodido tratamiento. Y todo porque nació con la polla atrofiada y no fue capaz de decírmelo antes.

Al principio era una por semana. Pero conforme fueron pasando los días, me dejó muy en claro que sería las veces que él quisiera. Chistosa la cosa, porque Félix quiere siempre. Así que tuve que hacerle un stop a la situación. Yo no soy su Scort preferida o algo así. Debía respetarme también con mis tiempos. Se lo dejé en claro una noche.

Le valió madres.

—Mi auto, mi música —advirtió Félix.

—Pone la música que quieras…—Marinette resopló agobiada— De igual forma, solo escuchas cosas de los 90.

Luka tenía razón. En el fondo, siempre supe que el gerente no buscaba lo mismo que yo. Solo deseaba satisfacerse así mismo. Y tras varios encuentros con él, concluí que yo no estaba muy lejos de esa realidad. ¿Para qué acostarme con él, si ya tenía quien me diera amor del bueno en casa? Un capricho solamente.

Solía llevarme a callejones secretos o miradores entre arboledas, con la excusa de dejarme en la puerta de mi casa al final. Había transformado su Mini Cooper en un cuarto de motel. Teniendo el dinero como para pagar un lugar de lujo o llevarme a su apartamento al menos. Es un perro salvaje. Eso es lo que es. No necesita una cama para hacer de la suyas. Todo lo sirve.

Sucio judas…

—Hoy no sangraste como la última vez —murmuró exhausta la ojiazul, mientras acomodaba sus ropas— Supongo que estás mejor.

—Comienzo a sentirme mucho mejor —acotó el rubio, limpiándose con ayuda de un papel higiénico— Arg…mierda. Pero no deja de doler un poco.

—Al menos podrías usar preservativos —se quejó, gesticulando un mohín— Me da asco que acabes dentro.

—Soy alérgico al látex —esclareció, acomodándose el pantalón.

Que oportuno de tu parte ¿No?

—Entonces empieza a hacerlo afuera —se cruzó de brazos, indignada— No quiero tener hijos tuyos.

—Tranquila, no te voy a preñar —bufó, con voz infantil— ¿No decían tu y mi mamá que soy infértil?

Le di un golpe en la cabeza por tarado. Se lo estaba diciendo en serio. Pero este no se toma nada como corresponde.

—Está bien —soltó un bufido infantil— Te lo echo en la cara si quieres

—No. Hablo en serio. No más —le amenazó la muchacha, asesinándolo con la mirada.

Le pedí que me llevara a casa. Tenía mucha hambre. Y no precisamente de lo que me insinuó. Cuando finalmente aparcamos afuera de mi apartamento, sentí una necesidad horrible de correr a los brazos de Adrien. Al principio de nuestra relación, experimente una situación muy peculiar con ambos. Me pasaba que, cuando estaba con Adrien, pensaba en Félix. Y cuando estaba con Félix, solo pensaba en Adrien. Se que suena enfermizo, pero nunca pude decidirme o aclararme del todo. Hasta el día de hoy, en donde por fin descubrí lo que era.

Esta vez, mientras intimaba con Félix…solo podía pensar en Adrien. Lo que en algún momento se transformó en un deseo presuncioso por mi parte, hacia mi jefe, ahora se había esfumado. ¿Quizás porque ya cumplí mi capricho? ¿O era el hecho de que Félix no resultara ser lo que buscaba para mí? Se que está mal que lo diga o lo piense, pero idealizarlo fue lo peor que pude haber hecho. No era el ser perfecto que creí. Estaba más cagado que yo, de hecho.

Me daba pena su vida…

[…]

Cuando entré a casa, lo primero que mis ojitos vieron fue al rubio saliendo de una ducha. ¿Qué mejor imagen que esa? Me quitó todos los problemas de encima. Corrí a él como una adolescente en primavera. No me importó mojarme con su cuerpo desnudo, pues el solo hecho de sentirlo me dejó encandilada. Levantó las manos, sujetando una toalla en la cabeza. Luego, la dejó sobre sus hombros y me recibió, con un beso en los labios.

—Bienvenida, Marinette —esbozó con ternura— ¿Cómo estuvo tu día?

—No quiero hablar de mi —balbuceó, sonrojada. Le apretó aún más fuerte contra su pecho— Abrázame fuerte.

—¿Mh? —Adrien olisqueó sutilmente su cabello— ¿Qué perfume es ese? Hueles bien.

—¿Qué? —se paralizó de golpe— Mierda. Necesito darme una ducha urgente— Eh…jejeje —expresó con una risita nerviosa— N-no lo sé. Por supuesto que no es Eau de Parfum, Sauvage de Dior. Seguramente es otro.

—¿Eh?

¡Arg! ¡Marinette! ¡Eres una estúpida con E mayúscula! Agradecí al Universo que Adrien no supiera nada de perfumes. Me separé de él y raudamente, me metí al baño. Me sentí muy traidora. Como si hubiese acariciado a un perro en la calle y mi perro en casa me desconociera el olor. Necesitaba quitarme el aroma de Félix a como dé lugar.

—¿Cómo vas con tu empleo? —examinó Dupain-Cheng, mientras masticaba unas verduras— Mañana ya cumples un mes. Por cierto, este puré de zanahorias está delicioso —lo saboreó contenta.

—Gracias. He perfeccionado mi mano últimamente —el rubio sacó pecho, con orgullo— Je…Ha sido un mes movido, pero no me quejo. Me encanta lo que hago y he aprendido muchísimo —asintió jovial— Mis compañeros están satisfechos y el gerente igual.

—¿No te sientes ansioso? Mañana recibirás tu primer sueldo —agregó, bebiendo un vaso de agua— ¿Ya has pensado en que harás con él?

—Bueno, aparte de devolverte lo que me prestaste para el transporte…

—No hace falta —Marinette dejó de lado los alimentos, tomando su manito con dulzura sobre la mesa— Por favor, ni lo pienses. Eso fue un regalo.

—Ah…comienzo a interiorizarme mejor con eso de los "regalos" —murmuró de vuelta, con una sonrisa afable— Gracias, Marinette. Ya tengo más o menos pensado lo que haré con el dinero que gane.

—Yo creo que deberíamos celebrar ¿No te parece? —se inclinó por la mesa, besando el dorso de su mano con delicadeza— Hagamos una fiesta mañana, ya que es viernes.

—¿Por qué eliges el viernes? —consultó, confundido.

—Eso es…porque por lo regular se descansa al día siguiente —se tocó la mejilla.

—Pero yo trabajo los sábados —se rascó la nuca, apenado por no poder aceptar su idea— Así que teóricamente mis días de celebración serían los sábados, porque descanso los domingos.

—Celebremos el sábado entonces —le cerró el parpado derecho, con picardía.

—Me parece —el joven Agreste se levantó de su silla, para recoger los platos y llevarlos hasta la cocina. Abrió el paso de la llave y los fregó— ¿Crees que sea posible que mañana puedas venir a almorzar conmigo?

—¿Estás seguro? Tu recepcionista es un dolor de próstata —resopló.

—Jajaja…que dices —carcajeó, soltando una lagrima en el proceso— Pero si tú no tienes próstata.

—Es un decir —rodó los ojos.

Hablando de próstata, que buen trasero tiene este chico. Mi momento favorito del día, es verlo lavar los platos mientras yo se lo miro como babosa. Si lo pienso bien, Félix no es muy agraciado en su parte posterior. Supongo que tiene otros talentos.

—Oye…Adrien —examinó Dupain-Cheng, mordiéndose el labio inferior con intensión— ¿Quieres ver Netflix conmigo?

[…]

Ahh —gimoteó la subgerente, rasguñando la espalda de su amante— Te mentí, no tengo Netflix.

Y yo que quería ver La Monja…—le indicó en un jadeo caliente contra su cuello, en lo que arremetía contra ella— Mi lady…mhm…

Esa no es-está en Netflix, ahh…—le mordisqueó el labio inferior— Está en Amazonn-nnh…

Ngh…pues ya fue…ohh…—gruñó por última vez— Mejor vemos HBO…

—¡Si! —aulló contra su oído.

[…]

Nah. Con Adrien…todo es increíble.

Al final, después de hacer el amor dos veces, decidimos ver Disney+. Somos una pareja multifuncional y dispersa. Esta vez dejé que el eligiera la película. Le pareció buena idea ver: La dama y el vagabundo.

—¿Qué raza será la perrita Lady? —consultó el ojiverde, con un brazo sobre el hombro de su compañera— Me da risa que digan: "Los bebés son humanos muy caros" —bufó. Porque es cierta esa madre.

—Creo que es un perro inglés. Un Cavalier King Charles —balbuceó, soltando un bostezo extenso.

Me di cuenta de que el protagonista de la película, era muy atento con su esposa. Casi como Adrien lo era conmigo. Incluso, se molestó en salir a comprarle en medio de una ventisca de nieve, una sandía y comida china. Era algo que mi chico haría. ¿No creen? Mientras la película avanzaba, en algún punto me dormí aferrada a su cuerpo. Batallé muchísimo contra mis parpados, pero finalmente ellos me derrotaron.

—¡Oh por todos los cielos! —Adrien se tomó la cabeza— ¡Que pelea de perros impresionante! Son dos contra tres. Mi lady, se están partiendo la m-…—se había dormido— Ups…buenas noches…—musitó.

"Te amo mucho, Marinette".

Yo escuché eso. Es solo que…preferí no responder porque el sueño me derrotó.

Ah, demonios… ¿A quién quiero engañar? A mí misma quizás. Porque Adrien no necesita que le diga nada. Él ya sabe lo que siento.

Me desperté a eso de las 07:30AM solamente porque tenía frio. La noche anterior nevó y no tenía a mi calientacamas a mi lado, ya que este se marchó a trabajar. Temblé a mas no poder, tapándome hasta la cabeza con las colchas. Definitivamente ya no puedo dormir sola en invierno. Me quedé flojeando un poco más y prendí la TV para ver algo de noticias. Revisé el calendario en mi celular. Tenía clases a las 10:00 y debía juntarme con Alya para ayudarle con un proyecto de su facultad. Sin embargo, hice un espacio dentro de mi agenda. De 14:00 a 14:30 lo tengo ocupado. Voy a almorzar con mi bebé. Y eso me alegró mucho. Era media hora, pero me conformaba con eso. Aproveché de mirar mi galería de fotografías. Le había tomado algunas durante la sesión del cuadro. Este chico nació para ser modelo. Rostro de una reconocida revista icónica de moda. ¿Nadie se lo ha dicho aún?

Me levanté, yendo por el desayuno que habitualmente me preparaba el rubio. Esta vez comería en la cama. Me hice una bandeja y regresé normalmente. Comí tranquila. Ordené mi mochila tranquila. Saqué la ropa que usaría hoy tranquila. Deje la loza en la cocina tranquila. Caminé hasta el baño tranquila. Y hasta ahí no más me llegó la tranquilidad.

Intranquila, noté una credencial boca abajo tirada a un costado del WC. Tenía plantada el logo de Miracle Queen y un código QR. La voltee. Y citaba un nombre con una fotografía. ¿Qué significa esto…?

—¿Adrien…Agreste?

¿Adrien tenía apellido? ¿Su apellido era Agreste? ¿Y por qué no me lo dijo? ¿Es una broma? Me quise morir.

[…]

—Ya veo. Así que tú eres Adrien —Chloé le observó de pies a cabezas, de la misma forma que miras a un jamón de paletilla ibérica— Si que eres muy guapo. ¿Lo sabías?

Merci, Chloé —le agradeció el ojiverde, palpándose con insistencia el cuerpo, como quien busca algo— Rayos…creo que perdí mi credencial. ¿La habré dejado en casa?

—No te preocupes, "Adrikins" —se le abalanzó encima, con expresión morbosa en el rostro— Yo te haré otra. ¿Si te puedo llamar Adrikins?

—Eh… ¿No? —negó, muy incómodo— No pu-…

—¿Qué está pasando aquí? —Zoé ingresó a los camarines de una patada en la puerta. Traía un cigarrillo en la boca como de costumbre. Fulminó a su hermana con la mirada— ¿Qué haces tocando la mercancía, Chloé? Te he dicho que no lo hagas.

—¿Me-Mercancía? —el Agreste tragó saliva— ¿Entonces si era verdad lo de la Deep Web? ¿Me va a vender por partes?

—Uy…siempre lo mismo con ella —se quejó Bourgeois, haciendo amago de indiferencia— Su problema es que es adoptada, no le des bola.

—La adoptada eres tú —gruñó Lee en respuesta, ordenándole con potestad— Regresa a tu lugar de trabajo, a seguir viendo doramas coreanos.

—Estoy harta de estar en la recepción —chistó la rubia con petulancia— La gente es muy vulgar y se viste mal.

—¿Prefieres que te de otro puesto? —arqueó una ceja el gerente— Digo ¿Algo más acorde a ti?

—Por supuesto. Me lo merezco —espetó.

—Pues bien —farfulló— Toma una mopa y ve a limpiar el baño de los hombres.

—¡¿Jah?! ¡Eso es ridículo! —chilló, dando un pisotón contra el suelo— ¡Totalmente ridículo! ¡No puedes darme trabajos como esos! ¡Voy a llamar a mamá y le contaré todo para que te castigue! —se dio media vuelta, totalmente berrinchuda.

—¡Si vas a llamarla, te sugiero uses el teléfono de la recepción! —aulló con ironía.

—¡Obvio que usaré ese! —berreó por los pasillos— ¡¿Cuál más, estúpida?!

—Y así fue como volvió a la recepción —Zoé se encogió de hombros, exhalando el humo de su tabaco— ¿Qué pasó muñeco? ¿Dónde está tu credencial?

—Mil disculpas, señorita Lee —Adrien Agreste le dio repetidas reverencias, muy apenado— Me parece que la dejé en casa jeje…

—Bueno, al diablo —la gerente le lanzó una lista de tareas que hacer por el día— Hoy te quiero en la sección de motos.

—¡Si señorita! —aceptó con obediencia.

Adrien abrió su casillero y sacó su mameluco, junto con los zapatos de seguridad y la gorra. Se quitó el polerón, levantándose la polera en el proceso. Se bajó los pantalones y se acomodó el mono entre las piernas, percatándose de que…Zoe seguía ahí. Se ruborizó de golpe.

¿Me ha visto…? Qué vergüenza— Eh…

—Cuando hayas terminado de cambiarte, ven a mi oficina —masculló con actitud hosca— Hoy es día de pago. Te daré tu dinero.

¿Me van a pagar? ¡Que emoción! —pensó con júbilo.

Tras haberse cambiado, subió las escaleras a saltones joviales de niño pequeño, tocando la puerta de la oficina de su jefa.

—Adelante —le llamó. Lee notó que Adrien permanecía de pie como cara de idiota en la entrada— ¿Qué esperas? Acércate.

—¡Si! ¡Lo siento! —se aproximó. El ojiverde se mantuvo en silencio, balanceándose con los pies de adelante hacia atrás— Estoy muy feliz. Es mi primer trabajo y creo que no me fue tan mal.

—¿Es la primera vez que recibes un pago? —la dueña alzó una ceja, con expresión dubitativa. Su contrincante asintió con la cabeza— ¿Sabes cómo es el proceso? —el Agreste negó. De pronto, una sonrisa lujuriosa se ciñó sobre sus labios— Ya veo. Pero no te preocupes, Adrien. Yo te voy a enseñar cómo funciona —se levantó de su asiento, jalándolo de la muñeca para sentarlo a él, en reemplazo. Luego, extrajo desde una caja fuerte, un manojo de billetes y se lo entregó en las manos. Todos, sin contar— Cuéntalos todos.

—¿Ahora…?

—Si. Ahora —siseó— No queremos errores de cálculo. Tú sabes cuanto debes ganar. Así que…tomate tu tiempo en contarlos.

Adrien no tenía la más mínima idea de que esa era la forma de pago. Le pareció curiosa pero bastante serio de su parte. Ya que quería asegurarse de no estafarlo o algo por el estilo. Se deshizo del elástico y comenzó a contar los euros uno por uno. Pero en lo que hacía aquello, su jefa bajó las persianas de su oficina y se arrodilló entre sus piernas.

—¿Se-Señorita Lee…? —tragó saliva, con el rostro febril. Ella bajó el cierre de su overol, metiendo la mano de lleno en su entrepierna— ¿Es-Esto es parte…del pago?

—Claro que sí, tonto —mintió, liberando sin tapujos su hombría— Tu solo cuenta, tranquilo. Luego me agradecerás.

—Pe-pero…y-yo no-…—se estremeció de golpe, apenas sintió la humedad de su boca en su intimidad— ¡Ah! ¡Nh! —se cubrió los labios por unos segundos, apretando el trasero contra la silla— ¿Qué es esto? Nunca me habían hecho algo así. ¿Marinette sabrá? — ¿Co-Como se llama esto…?

[…]

Facultad de Periodismo, 11:13AM.

—¿Adrien Agreste? —ni Alya se lo podía creer. Examinó la credencial una y otra vez, mientras la comparaba con la base de datos de su computadora— No tengo ningún Adrien Agreste en el registro Civil de Francia.

—¿Es un apellido francés si quiera? —cuestionó Marinette, anonadada aún con la información descubierta.

—Es galo…medio antiguo. Como…rural —manifestó Césaire, curioseando un poco más.

—¿Rural? ¿Sus papás son campesinos?

—Oh por todos los…—la morena se detuvo en una publicación en particular. Sus ojos saltaron de la impresión— Marinette…no me vas a creer lo que acabo de encontrar. Te vas a caer de culo.

Al principio creí que estaba exagerando. Ya todos conocemos a Alya. Es muy bromista y le gusta hacérmela de pedo. Sobre todo, si sabe que el Bullyng será fuerte. Me acerqué a mirar la pantalla sin mucho revuelo. Pero cuando leí lo mismo que ella, si me tuve que aferrar a la silla para no caerme. Era una noticia de a lo menos 23 años atrás. Publicada en un diario local del Tibet.

"Una familia devastada: La trágica desaparición del primogénito de los Agreste"

Y había más. Muchos más artículos que señalaban lo mismo.

"La madre aún no pierde las esperanzas"

"Reanudan la búsqueda del joven matrimonio de diseñadores. Adrien Agreste"

"Tras 2 años de su perdida, interpol cierra el caso"

"Se da por muerto al pequeño niño de tan solo 3 años"

—La concha de mi madre, Alya —Marinette se tapó la boca, estupefacta con lo que leía— Esto es…brutal. Tenías razón, Adrien si se perdió en los Himalayas.

—Aquí dice que los Agreste eran una familia adinerada. Multimillonarios. Bueno, eso explica lo de la cadenita de oro —continuó leyendo, en otros artículos de páginas olvidadas— Solían viajar por el mundo, difundiendo su marca. Tenían acciones en Asia principalmente. Emilie y Gabriel. Esos son los nombres de los padres de Adrien.

—¿Crees que él lo sepa…? —balbuceó Dupain-Cheng, aún más impactada.

—Es lo más probable. Por algo ya conoce su apellido —miró la credencial y luego su ordenador— Su mamá es muy guapa…—examinó la fotografía— Tiene sus ojos. ¿No crees?

—Se parece mucho a ella, es verdad —despabiló, para no quitarse lo boba de encima— Pero ¿Cómo es que lo supo el, antes que nosotras? ¿No te parece raro?

—Quien sabe, tendrás que hablarlo con él para preguntarle.

Se que sonará estúpido de mi parte, porque con Adrien nos teníamos una intimidad muy nutritiva. Pero si él había ocultado un dato tan valioso como ese; información de sus orígenes, era por algo ¿No? Significa que no confiaba tanto en mí. Tenía sus motivos. Sus razones. El hecho de que me contara todo acerca de su vida y me ocultara lo más relevante, no era una buena señal. Algo aquí no estaba bien. Mi chico jamás me mentiría. El odia las mentiras. Y yo tampoco se las enseñé. "Ocultar" información, tampoco iba en su ADN. El sería incapaz de guardarle secretos a la mujer que ama. Me consta. ¿Qué está pasando aquí, señores?

Aquí hay un tercero metido. Pues como dice el refrán: Tres pueden guardar un secreto, si dos de ellos están muertos.

—Puede que Adrien esté recibiendo ayuda de un tercero —advirtió la muchacha de anteojos— ¿No te parece raro?

—Es lo mismo que estaba pensando hace un momento, amiga —agregó la ojiazul, con mucha más seguridad en sus palabras— De pronto Adrien quiere ser un hombre para la sociedad y consigue empleo mágicamente en un lugar de renombre, sin tener un ID —se frotó el mentón— Ahora resulta que sabe quién es. Tiene información de su pasado. Pero no me lo dijo. Y el otro día, lo vi con un iPod. ¿De dónde mierda sacaría dinero para comprárselo?

—¿Podría ser que…? —Alya dio un brinco en su asiento— ¡Oh la la, Marinette! ¡¿Y si Adrien está metido…con la mafia rusa?!

—¡¿Qué?! —se espantó— Ay no…

—Bueno, esos tipos siempre tienen contactos —insinuó Césaire.

No jodan. ¿Podría ser algo como eso? ¿Podría ser la mafia rusa? ¿O tal vez la siciliana? ¡¿O la china?! Me quiero cortar una teta. ¡Sabía yo que los mecánicos eran turbios! ¡Arg! Me tomé de los pelos y me los jalé. Los de la cabeza, claro.

—Igual…no está mal ¿No crees? —la joven estudiante de periodismo le dio un codazo, con expresión picara en los ojos— Hijo único de una familia rica. Deberías aprovechar la oportunidad. ¿Cómo te verías vistiendo de Gucci? ¿Chanel? ¿Su perfume Dior?

Alya…eres una zorra a veces. ¿Lo sabías? A partir de hoy, serás Rena Rouge para mí. Sip. Ese es tu nuevo apodo. Y no creas que lo saqué de algún guion, hecho por un barbón que no les da desarrollo a sus personajes.

Noticia de última hora: Thomas Astruc es demandado por copyright y lo pierde todo.

No, señor. Esto no se va a quedar así. Tengo que averiguar como sea, más acerca de esta historia. Aquí metió la cola el diablo. ¡Yo lo sé! ¡Voy por ti, Satanás!

[…]

—¡ACHU! —estornudó Félix— Arg… ¿Qué fue eso? —se limpió los mocos— ¿Me voy a resfriar? Me pasa por andar follando en mi auto.

—O quizás alguien está hablando de ti —murmuró Kagami Tsurugi, bebiendo una taza de café con normalidad.

—Todo el mundo habla de mí —comentó con altanería— Soy lo máximo.

—Claro. Eres al primero que escogen para hacerle vudú —arqueó una ceja, muy serena— Me gusta este concepto. ¿Cómo lo has llamado?

—Sass —explicó el inglés— Dicen que, si lo tomas, tu primer amor te dará una segunda oportunidad.

—Con permiso —la japonesa dejó la taza en el escritorio, levantándose— Debo ir a vomitarlo.

—Que tierna —él es su primer amor— No olvides hacerte un lavado de estómago igual.

[…]

Me quedé con Alya hasta eso de las 13:00 aproximadamente. Como dije anteriormente, iba a ayudarle con un proyecto de su carrera. Me comentó que necesitaba hacer una página web en formato blog, para los chismes de la Universidad. Y requería de ideas para rellenar las columnas. Algo así como vivencias anónimas, relatos chistosos y alguna que otra vulgaridad. A mí me pareció de mal gusto, pero si pensó en mí, era por algo. Que mejor que mi vida privada para burlarse ¿No? Canalla.

Si lo llevaba al papel, desde que Chat Noir apareció en mi vida, todo se había vuelto de cabezas. Tanto como para bien, como para mal. Muchas cosas pasaron y la mayoría de ellas, eran dignas de llevarlas a una historia cómica de entretención. Fue entonces cuando mi imaginación salió a flote. Solté una risita endeble para mí misma, ruborizándome en el proceso.

—Creo que puedo darte tu primera cuña —murmuró con picardía la artista— Te voy a contar de la vez que le rompí el pito a mi jefe.

[…]

Taller de Mecánica Integral, Miracle Queen. 13:50PM.

—¿Tu otra vez aquí? —Chloé frunció el ceño, interceptándola en la entrada— Bueno, al menos hoy no vistes con ropa de remate.

—Escucha, niña plástica —Marinette estaba hasta la mierda de sus actitudes. Esta vez, no se contendría. La tomó del pecho y la jaló hacia ella— Vas a tener que empezar a acostumbrarte a mi presencia, porque vendré las veces que se me cante el culo.

—¡¿Cómo te atreves a hablarme así?! —se defendió en un chillido, empujándole hacia atrás— ¡Voy a llamar a seguridad para que te saque a patadas!

—No. Vas a llamar a Adrien Agreste —la tironeó hasta el teléfono, para que hiciera su maldito trabajo— ¡Ahora!

—¡Ni de ensueño! ¡Tú no me das ordenes! —berreó Bourgeois.

—¡Pues entonces llama al que si te las da! —le amenazó— ¡Porque no me moveré de aquí hasta que venga Adrien Agreste!

—¡¿Y tú que quieres con Adrikins?! —le repelió— ¿Eres su novia acaso?

—¡Soy-…! —calló de golpe, apretando los labios y los puños. Bueno, si hace falta decirlo, lo haría— Soy su novia. Si. Eso —No sé qué dije— ¡Llámalo!

—¡Hasta crees! —Chloé cogió el teléfono, llamando— ¿Seguridad? ¡Vengan de inmediato!

—¡Argg! —Dupain-Cheng dio un golpe violento contra el vidrio— ¡Tu-…!

—¿Se puede saber que carajos está pasando aquí? —Zoé Lee, les interrumpió de sopetón.

—¡Estoy llamando a seguridad ahora mismo! —la rubia marcaba insistentemente en el fono— ¡Seguridad! ¡Vengan ya!

—Cuelga esa mierda, Chloé. Sabes muy bien que no tenemos guardias de seguridad aquí —Zoé le arrebató el artefacto de las manos, colgando violentamente.

JAJAJAJA. ¿Y a quien chucha estaba llamando entonces? ¿A los de la Nasa?

—¿Qué demonios pasa? ¿Por qué estos gritos en mi planta?

—¡Es esta mujer descarada y vestida con ropa americana! —vociferó Bourgeois, apuntando a Marinette— Dice que es la mujer de Adrichu.

—Estoy buscando a Adrien Agreste —sentenció la sub gerente de Le Miraculous— Hoy quedamos de almorzar juntos. Pero Barbie recepcionista no me deja entrar.

—Eso está bien —admitió Zoé, con actitud subversiva— No se permiten mujeres en mi taller.

—¿De qué hablas? —bufó la pelinegra— Tu eres mujer.

—Solo por fuera —arqueó una ceja con soberbia.

—¿Qué? —parpadeó, sin entender un carajo— ¿Eres travesti?

—Por supuesto que no, bombón —la gerente Lee se aproximó a ella, apretándola contra el vidrio con actitud amenazante— Pero te aseguro, que tengo más cojones que cualquiera de estos pendejos aquí.

Santa madre…casi me mie. Cuanta rudeza. Me hizo dudar de mi orientación sexual. No les miento.

—¿Mi lady…? —Adrien Agreste, quien se había alertado por los gritos en la entrada, se acercó— Viniste al fin.

Silencio incomodo entre todos. ¡Ja! ¡Al fin alguien que si me entiende!

—Adrien —masculló entre dientes, la dueña del taller— ¿Conoces a esta muñeca?

—Si, claro que sí —consintió con júbilo— Es Marinette Dupain-Cheng. Mi-…

Su novia —aclaró Marinette, febril— ¿No se los dije desde un principio?

—Eh…—el rubio se enrojeció desde los pies hasta la cabeza— ¿En serio…? Iba a decir que era mi compañera de piso…pero bueno. No me molesta —esbozó una sonrisa cariñosa— Eso mismo. Ya es mi hora de almuerzo. ¿Puedo ir, jefa? —consultó, limpiándose las manos con un paño.

—Ni modo que te cagues de hambre —aceptó de mala gana, permitiéndole salir— Media hora. Y te quiero ver en bolas, terminando el cambio de bugías de los B-12. ¿Queda claro?

—Queda claro —asintió el rubio— Marinette, iré a lavarme las manos. Espérame —y corrió al baño.

Que intenso todo. ¿Eso de ver en bolas era broma, cierto? Ojalá…

Ni yo me lo creo. ¿En serio les dije que era su novia? ¿De dónde saqué tanto valor? Bueno, aunque no fuese así, está bien de vez en cuando marcar territorio. Sobre todo, cuando tu chico trabaja con un par de hermanas locas. Se me infló el pecho de orgullo. Adrien tiene que saber quién manda. Mejor dicho, todo el mundo. Cuando regresó, nos fuimos a sentar a una plaza para poder cenar a gusto. Yo había traído sushi frio y unos palillos. Nos acomodamos en una banca y el, comenzó a comerlos con muchísimo apetito. Lo noté algo exhausto. Supuse que le estaban dando como cajón que no cierra en el trabajo. Pero era un chico que se esforzaba tanto…sabiendo que tenía padres multimillonarios. ¿De dónde había sacado tanta humildad? Simplemente no le daba importancia. Se lo pasaba por el forro. El prefería trabajar duro por sus logros.

—Lamento mucho lo de hace un rato…—musitó Marinette, desviando la mirada con actitud sofocada— De verdad no quería montar esa escena. Vas a pensar que soy una celopata o algo así…

—Por favor, no te disculpes. No fue ningún problema para mi —acotó, tomándole de las manos como era habitual— Ha decir verdad…—se sonrojó con notoriedad— Me gustó mucho. Se sintió bien que dijeras algo así.

—¿Aunque sea mentira? —observó sus ojitos verdes con desazón.

—Para mí no hace falta eso —negó con la cabeza, depositando un beso casto en sus labios— Que el mundo lo piense o no, me da igual. Yo te amo…y nada cambiará eso.

Otra vez diciéndome que me ama…y yo como huevona. Solo atiné a abrazarlo de vuelta, aferrándome al calor tibio que desprendía su pecho. Esta vez sí estaba un poco más oloroso a grasa. Pero no me molestó en lo más mínimo. Por el contrario, se sentía bien.

—Mira esto —Adrien se metió las manos en el overol y sacó un fajo de billetes. Eran bastantes— Hoy he recibido mi primer sueldo. ¿No te parece genial?

—Estoy orgullosa de ti, mi hombrecito —emitió con ternura la ojiazul— Pero…no muestres esto al público. ¿Sabías que hay ladrones que asaltan chicos como tú? No es bueno andar con efectivo.

—Ups…si…tienes razón —rio con torpeza— Perdóname, soy nuevo en esto de la paga y eso.

—No pasa nada. Con los siguientes meses, te irás acostumbrando a recibirla así —agregó la estudiante de artes, untando una pieza de sushi en salsa de soja.

De pronto, Adrien se ruborizó a mas no poder. Colocó sus dos manitos en forma de puño sobre sus muslos y apretó los labios. Percibí que algo quería decirme. Pero no se atrevía. ¿Sería malo? Le noté muy ansioso.

—¿Qué pasa? ¿Quieres preguntarme algo? —consultó, curiosa.

—Marinette…

—¿Sí? —le sonrió.

—¿Tú me harías una mamada?

¿Escuché bien o sufro de disociación de los sentidos? ¿Qué mierda me dijo? El sonido de mi mano, plasmándose en su mejilla, seguro se escuchó a un par de kilómetros a distancia. Me retraje en mi lugar, sujetándome el pecho con ambas manos.

—¡¿Qué me estás pidiendo?!

De pronto, los ojos se le inundaron de líquido. ¿Iba a llorar? ¡N-no! ¡No llores! ¡Pero es que! ¡¿Cómo me pides algo así, mientras me como un sashimi?!

—¡Y-yo! ¡No sabía que era malo! —Adrien se disculpó, sujetándose la mejilla, totalmente pasmado.

—¡Eso está mal! —espetó, envuelta en llamas.

—No creí que era una mala palabra —espetó, estupefacto.

—¡Es una muy mala palabra! —gruñó la ojiazul.

Désolé (Lo siento) —volvió a repetir con frenesí— ¡Pensé que estaba bien!

—¡¿Y dónde aprendiste eso, además?! —aulló.

—Eh…—tragó saliva con dificultad, desviando la mirada— Zoé me dijo que así se llamaba la cuestión…— Lo escuché de mis compañeros…—mintió. ¡Mintió! ¡Adrien Agreste miente! La ptm. Ay, ya— Un muchacho dijo que una chica le hizo una mamada.

Vale. Vamoh a calmarnoh. ¿Qué me pasa? Primero que todo, tengo que dejar de cachetear a todo el mundo. Maldita loca violenta. Necesito terapia.

—¿Sabes si quiera lo que significa eso que me pediste? —consultó, ya más calmada.

—Si…eso creo…—musitó— Es cuando tu boca…—gesticuló hacia abajo.

—Está bien. Seriedad —Marinette carraspeó, tomando una postura mucho más serena y templada. Iba a explicarlo con altura de mira— Se llama Sexo Oral. Esa es la palabra correcta. Nunca más digas "mamada". Podrías ofender a una chica.

—Está bien…—le devolvió la mirada, con mucha ansiedad.

Ok. El realmente quería eso. Lo vi en sus ojos. De pronto me sentí muy estúpida. Y no porque no lo sea, porque lo soy. Si no más bien, porque le juzgué otra vez como el orto y necesito relajar las hormonas si quiero tener una relación abierta con el de forma natural.

—Entonces si ya sabes lo que significa, por mí no hay problema —reveló sin más tapujos, tratando de cortar el hilo de la conversación— Por ahora, vamos a comer nuestro almuerzo con tranquilidad. ¿De acuerdo? Luego…vemos ese asuntillo en casa —carraspeó, muy compuesta en su lugar— No es bueno hablar de eso mientras comemos. Podría darme indigestión.

—Si, mi lady —asintió, obedientemente.

Solo hasta que mi compañero relajó el semblante, pude respirar bien de nuevo. Le pedí disculpas por el golpe, porque en serio debo dejar esa pendejada. Creo que necesito deconstruirme de muchas mierdas. Yo mejor que nadie sabía que la violencia no resolvía nada. Y no debes golpear a la gente solo porque no manejas tus mecanismos de defensa psicológicos. ¿O quieres terminar fuera de la Academia de los oscares como Will Smith?

No. Nadie quiere eso.

Terminamos de comer tranquilamente. En lo personal, creo que 30 minutos para almorzar es muy precario. Sospechaba que en su empleo lo explotaban. Además, ese horario del carajo que tenía, era una tontería. Adrien era muy capaz para hacer otras cosas con mejores salarios. Lo pensé, pero no se lo dije. Estoy en modo zen, apoyándole.

Cuando regresamos al taller, me aseguré de que Chloé y todos, vieran con lujo y detalle como lo besaba en los labios. Este hombre es mío. Sépanlo desde ya. Le comí la boca, sin ninguna reserva ni error. Al separarnos, le entregué su credencial de vuelta. Adrien me miró con estupor. Percibí a flor de piel su terror. "Te descubrí, eh" Pero ya hablaríamos de eso. Por el momento, solo le advertí.

—Tú y yo tenemos una conversación pendiente, Adrien Agreste —manifestó con seriedad.

—Puedo…explicarlo —se retrajo con temor.

—Se que lo harás —le tomó del rostro con ternura— Por el momento, no te asustes. Concéntrate en tus deberes aquí. Ya hablaremos.

Chloé Bourgeois me miró por la ventanilla, mordisqueando unos papeles con muchos celos. Le mostré el dedo de en medio, como una maldita vulgar. Toma ya, rubia. A tomar por culo. Ni se te ocurra algo, porque te sacaré los ojos y me haré un Martini con ellos.

Conduje hasta la Universidad, a tomar mis clases de la tarde. A eso de las 17:00PM ya me encontraba de vuelta en la cafetería. Ahora me toca lidiar con el enfermo de mi jefe. Maravilloso. Cuando llegué, Kagami Tsurugi salía desde el interior de la oficina de Félix con actitud altanera. Solo me limité a saludarla cordialmente. No tenía la más mínima intención de intervenir en su relación con el gerente. Pero algo no le gustó de mi cara. Posiblemente mi delineado. No lo sé. Se detuvo en medio del restaurante. Volteó a verme y regresó.

Ah…coño. ¿Ahora qué?

—Me he enterado de que Félix Graham de Vanily te ha nombrado subgerente de Le Miraculous —enunció con apatía— ¿Es eso verdad?

—Es eso verdad —sentenció, sin intimidaciones.

—Luka Couffaine me habló de ti —reveló, frunciendo el ceño con amargura— Mas bien, me advirtió de ti. Se que estuviste detrás de su despido.

—No sé de qué me habla, señorita Tsurugi —se hizo la desentendida— Yo no tuve nada que ver con el comportamiento de Luka. El simplemente no aprovechó su oportunidad.

—Eres un arma con mucho temple, Marinette Dupain-Cheng —esbozó, con una sonrisa maquiavélica en los labios— Tu hoja es afilada. Capa por capa, has sido forjada en la fragua de la adversidad —añadió— Y déjame decirte, que me gusta tu técnica.

¿De qué me habla? ¿Está hablando de esgrima o algo así? No supe que responderle. ¿Era un halago o una amenaza?

—Mis intenciones han sido reveladas y tu bien lo sabes —dijo sin más, inclinándose hacia el mesón para hablar más de cerca— ¿Qué eliges? ¿Quieres que Longg absorba Le Miraculous o al revés?

—¿Eh…?

Me paralicé. Era una pregunta muy directa. Muy incisiva. Esta chica no se iba con rodeos. Hasta el momento, creí que los Tsurugi querían quitarle la franquicia a los Graham de Vanily. Pero plantear algo contrario…era medio descabellado. ¿No? De igual formas, no me desagradó su planteamiento. ¿Por qué no? Solo una duda me asaltaba.

—¿Por qué querría que Le Miraculous se quede con Longg? —masculló, confundida.

—Porque no hay otra opción, Marinette —aclaró Kagami, empequeñeciendo los ojos— Es una o la otra.

—¿No podrían solo…trabajar juntos? —sugirió con inocencia.

—No es posible —negó con la cabeza la japonesa— Su grupo sanguíneo es B- y el mío es A+. Es incompatible.

¿Qué me cuenta?

—Pero tú eres AB —determinó la nipona— Lo veo en tus ojos. Estás en el desequilibrio perfecto entre el caos y la perfección. Tu cabeza es una tormenta. Y tu corazón un tranquilo estanque de aguas cristalinas. ¿Entiendes?

Me leyó como la palma de la mano, sin si quiera saber nada de mí.

—Creo…que entiendo…

—Ten —Kagami escribió en un papel su número telefónico. Lo extendió por la mesa— Escríbeme si no sabes que hacer. Confía en ti misma —le dio una reverencia honorable— Sayonara, Marinette-chan.

—Sayonara…Kagami-sama.

Le reverencié de vuelta. Joder…que chica tan intensa. Me dejó sin palabras. Me robó el aliento. Era muy imponente. Como una muralla impenetrable. Respetable por donde la vieras. Un modelo a seguir. De pronto, quise ser como ella. Despabilé en cuanto vi a mi jefe salir de su despacho. Guardé con temor el papelillo dentro del bolsillo de mi mandil. Aquí nada ha pasado.

—¿Qué te dijo? —la interpeló el rubio, con desconfianza.

—¿De qué hablas? —tomó el paño y limpió el mesón— Solo me agradeció por los cafés. Dijo que le gustan los conceptos nuevos. Y espera ver otros mejores.

—Mientes de la mierda, Marinette —rezongó, frunciendo el ceño.

—Eres un paranoico, Félix —rodó los ojos, quitándole importancia.

—Cómo lo era con Luka, ¿no? —gruñó— No me quieras ver la cara de imbécil.

—Esa es la única cara que te ves al espejo —bufó.

—A mi oficina. Ahora —demandó.

Por la mierda.

Pensé que me iba a regañar o algo así. Se que no se tragó mi excusa. Soy una basura mintiendo. En serio creí que solo me citó para eso. Pero…dios. No era ni de cerca sus intenciones. Estaba tan enojado, que terminó cogiéndome como de costumbre. Pff…que cagada. ¿Te enojas y te descargas con sexo? Eres un enfermo.

Lo bueno, es que entendió mis advertencias y acabó afuera. Mas le vale. Porque en serio, soy capaz de renunciar si no me hace caso. Mientras él se subía el pantalón, noté algo curioso que en los meses que llevaba trabajando en la cafetería, no vi. Que no les extrañe mucho. Estoy media ciega. Por no decir, completamente. Félix tenía un cajón oculto debajo de su escritorio. Lo vi guardar unos papeles ahí. ¿Qué ocultas, cabrón? Nunca confié en él. Pero ahora, tenía motivos de sobra para hacerlo con creces.

—Quiero un café Ladybug con doble crema encima —sentenció Marinette.

—Pues ve y prepáratelo —se encogió de hombros.

—No. Házmelo tu —ordenó.

—¿Y por qué haría eso? —arqueó una ceja, con actitud infantil.

—Porque soy el subgerente ahora —le amenazó— Y me harás caso. O no te daré tus malditos conceptos.

Silencio entre ambos. Lo siento. Estoy siendo una perra. Pero era la única forma de tratarlo. Porque él también era un perro. Y entre canes nos entendemos. Me obedeció. ¿Pueden creerlo? Se peinó un poco, disimulando que hace poco había echado su semilla en cualquier lado y se fue de la oficina en dirección a la barra. Supuse que tendría el cajón con llave. Era Félix. ¿Cómo no? Para mi sorpresa, era tan soberbio, que su propio ego no le permitía ver que yo no era de fiar. Estaba sin seguro. Claro. ¿No pensabas que alguien podría traicionarte? Típico de ti. Calculé el tiempo que tenía entre la preparación de la infusión y mis ganas de hurguetear en sus cosas. Busqué rápidamente entre papeles y cosas raras, hasta dar con una fotografía. Era un retrato familiar. Voltee el retrato y firmaba: "Recuerdo de nuestro último encuentro. Con amor, Emilie Graham de Vanily".

Emilie…

¿Dónde leí ese nombre? Un momento. Paren todo. ¿Cómo…? Volví a repasar el nombre. Emilie Graham de Vanily. Eran dos castas juntas. Ambos, cargando a dos niños rubios. Esos ojos…esa mirada. ¿Ese bebé era Adrien? ¿Qué me acabo de encontrar? Era el matrimonio Agreste y el matrimonio Graham de Vanily, juntos. Firmaba al final: Londres, 1997.

Yo no era detective. Pero era cosa de sumar 2+2. Emilie Graham de Vanily. Amelie Graham de Vanily. Félix Graham de Vanily. Gabriel Agreste. Adrien Agreste. Listo. Acabo de dar con el tercero. El, cola de flecha. El entrometido de la historia. Judas…

Temblé a mas no poder, cubriéndome la boca con la mano. ¿Félix y Adrien son…primos? Escuché como los tacones de los zapatos de mi jefe se aproximaban a la oficina. Guardé la foto rápidamente y me senté en el sofá, cruzando una pierna sobre la otra como una jodida desentendida.

—Toma, lo que pediste —Félix le dejó la taza en la mesilla de centro.

Quiero…matarte. En serio quiero hacerlo. Sé que no tenía como ocultar mi odio. Pero debía disimularlo cuanto pudiera. Mientras el hacía sus cosas, como si fuese muy normal, yo juguetee con mis dedos, encabronada a full. Me apreté los labios, presionando las muelas de arriba con las de abajo. Maldito seas…así que tu estabas detrás de todo. Ya me parecía raro, que Adrien me mintiera. Seguramente Félix le convenció de ocultar la verdad. Observé el cuadro que yo misma pinté y me compungí en mi asiento. Claro, para eso quería el puto retrato. ¿Qué intenciones tenía? ¿Qué lo motivaba a hacer esto? Todos los eslabones perdidos, se conjugaron en una sola verdad. Verdad, que también decidí callar. Ya que quería jugar a las mentiras, yo entraría en el mismo campo. El trabajo de mi compañero de piso, el iPod, sus nuevas técnicas de seducción, su forma madura de ver la vida.

Lo fulminé con la mirada.

Eres…un bastardo, Félix. Adrien es tu primo hermano. Sabes que está enamorado de mí y te importa una mierda. No sé hasta qué punto pretendes llevar esto. Me tomas como si fuese un juguete tuyo, cuando sabes que no lo soy. Y yo, como imbécil caigo. Ni si quiera sé por qué me sigues gustando tanto. Pero sea lo que quieras conseguir, no lograrás separarme de Adrien. Morirás en el intento.

—¿Qué te pasa? —Graham de Vanily, examinó con extrañeza. Él había captado con creces su mirada amarga— Te noto pálida. ¿Tienes diarrea?

—No me pasa nada —mintió Marinette, esbozando una sonrisa solapada de cinismo— Es que creo que me voy a enfermar del periodo.

—¿Te duele el útero? —consultó con normalidad.

—¿Qué?

—Ten —el rubio sacó desde el interior de uno de los cajones, una caja de Acido Mefenámico. Un medicamento que por lo regular se toma en periodos de menstruación. Dupain-Cheng no respondió nada— Que. ¿Te extraña que sepa de esto? Mi madre sufría de cólicos. Siempre tengo para ella.

Me desarmó. ¿Por qué mierda…eres así? ¿Por qué intentas hacerme creer que te preocupas por mí, cuando solo soy una degustación? ¿Qué haces? ¿Me quieres cagar la vida más de lo que ya me la cagas? Me levanté de golpe. Me miró con expresión aturdida. ¿No sabes? ¿No te enteras? Le quité la caja de las manos y me encaminé hacia la salida.

—Marinette —le detuvo en la puerta, sujetando su brazo.

No sé qué cara le habré puesto, para serles sincera. Pero se asustó como nunca. Yo creo que, en el fondo, sabía que yo ya sabía, lo que él sabía. Y todos sabíamos. Fin del asunto. Me soltó de golpe, gesticulando una mueca de temor. No pude emitir palabra alguna. Ni el tampoco. Solo nos observamos por unos segundos más, en completo mutis. Creo que este chico me tiene miedo. Pero no es un miedo del tipo: Te voy a quitar la empresa y tus millones. No. Lo percibí, como si de verdad su vida dependiera de ello. ¿Es que acaso si tenía corazón y sentía remordimiento por lo que le estaba haciendo a su primo hermano? Arrastrándome a mí en el proceso, claro. Algo quiso decirme. Noté como su mentón titubeó, abriendo y cerrando los labios.

Lo asesiné con los ojos. En mi mente, cometí homicidio como ocho veces. Dímelo. Joder…Félix. Dime la verdad. Lo exijo. Ahora o nunca. Si no…te arrepentirás por el resto de tus malditos días. Prometo destruirte psicológicamente, tanto como te gusta hacerlo conmigo. Y con todos. Eres un bastardo sin corazón. Y te estoy dando la oportunidad de redimirte. ¡Dímelo, cabrón!

—Adrien Agreste es mi primo —reveló.

Listo. Es todo lo que quería saber. Ya lo sabía. Solo quería confirmarlo. Alejé mi mano de la manilla y me giré a verlo. Permití que él se explayara como quisiera. Este hombre no es tan fuerte como creen. Cuando lo aprietas un poco, escupe. Pero no porque fuese débil. Su primo…era su talón de Aquiles.

—Te escucho —musitó Marinette, con voz sombría.

—Ya lo sabías ¿No?

Asentí.

—¿Él te lo dijo?

Negué con la cabeza. Se largó a reír de manera ilógica. Así es, Félix. Cavaste tu propia tumba. Adrien no me contó nada. Tú mismo lo acabas de hacer.

—Que pasada…—murmuró, tocándose el puente de la nariz.

—Habla.

—Solo si dejas esa actitud y me escuchas con atención. Si no —sentenció— Tendrás que verme en una corte.

Ok. Seamos maduros. Relajé los hombros y me incorporé nuevamente al sofá. Él se sentó a mi lado, como nunca antes lo hizo. Mas allá de que fuera inglés y esos tipos sean tan fríos para demostrar emociones, tan…empaquetados en sus modales, vi atisbos de cariño y cercanía en su actuar. La primera huevada que me dijo, me sacó de contexto.

—¿Sabías que Freddie Mercury, el líder de Queen, murió de sida?

No. No lo sabía. Pero seguro más de alguno sí. Se que hicieron una película de su vida. Solo que aún no la veía. Quizás sería bueno verla con Adrien. Porque él es fan de esa banda. Pero ¿Por qué me dijo eso?

—Queen era la banda favorita de mi tía Emilie. Ella estaba enamorada de ese tipo. Aunque era gay, claro —siseó Félix, con dejo de vergüenza y ápices de cariño— Pero cuando el murió, ella se puso muy triste. Y a raíz de ello, Gabriel, su esposo, tomó la decisión de viajar por el mundo. Te voy a contar…como sucedieron las cosas. Solo si me permites poner una canción de fondo, en honor a ella.

Asentí, anonadada. ¿Félix…está siendo sincero de corazón? No puedo ignorarlo. Tiene un corazón. Y sentimientos. Algo se apretó en mi pecho. ¿Eran mis emociones? De pronto…sangraba como el suyo. No viví en esa época como ellos. Pero algo tocó mi alma. Cuando encendió su estéreo, me vi a mí misma volviendo a los años 90. Quiero aclarar que este hombre siempre me hizo sentir como una película porno de los 80. Pero ahora mismo, me vi a mí misma en Londres, en 1997. En la finca de la familia Graham de Vanily. Freddie Mercury falleció en 1991. Pero el legado que dejó, era un endiosamiento único para ambos primos. Y quise empaparme de sus sentimientos más íntimos. Lo anhelaba.

Queen – Somebody to love.

La escuché con atención. De fondo, con su relato. Todo comenzó, cuando Adrien nació en medio del océano atlántico. Y me atiborré por completo…de amor idílico.

[…]

Félix me ofreció llevarme a casa, sin la necesidad de intimar conmigo. La canción sonaba en la radio y el, con mucho jubilo se reía y me contaba anécdotas de pequeño junto con Adrien y su tía querida. Su tía del alma. Le agarré un cariño bizarro a su Mini Cooper. Lo admito. Cantaba en el proceso. No era el maldito Rick Astley. Era una canción rockera, muy pegajosa.

—Escucha esta parte…—agregó, entonando con alegría— Find me somebody to love, Find me somebody to love, Find me somebody to love…—carcajeó, ruborizado a mas no poder, repitiendo una y otra vez— Es un temazo…

¿Alguien puede…encontrarle alguien a quien amar?

Nunca lo vi cantar, de esa forma. Era…perfecto. Eminente. Félix se gana el premio de los karaokes. Su voz me dejó anonadada. Se estacionó afuera de mi apartamento, con las mejillas rojizas y la respiración agitada. Estaba excitado a mas no poder. Pero no de energía sexual. Era…cariño. Un tipo de amor puro que jamás vi en él. ¿Amaba a Queen o su tía o su primo?

—Amo a mi familia, Marinette —sentenció.

Me respondió, sin si quiera preguntárselo. Y me dejó muy en claro, que vendería su alma por proteger su secreto. Cuando quise bajarme, me retuvo del brazo. Dándome una advertencia que no vi peligrosa del todo, hasta que terminó de hablar.

—Adrien sabe que soy una mala persona —gruñó, sin muchos miramientos— Le advertí que se alejara de mi…pero no me hizo caso. Solo te escucha a ti. Es muy terco —agregó, abrumado con sus palabras— Ahora que sabes toda la verdad, usa esta información con responsabilidad.

—¿Vas a dejar de cogerme entonces? —espetó la estudiante de arte.

—No —declaró, sin atisbos de culpa— Lo siento, Marinette. Pero te deseo mucho. Eres mi primera mujer.

—¿Me amas, al menos? —consultó la ojiazul.

—Tal vez —desvió la mirada con apocamiento— La verdad es que me siento incapaz de amar a una chica como pareja.

Ouch. Me dolió, lo admito. Pero era una tontería de quinceañera. Porque siempre lo idolatré como algo que no era. Y ya lo veía venir. Este niño, no sabe lo que era el amor de pareja. Nadie se lo enseñó. Y no lo culpo por ello. Aun así, sabiendo que no me amaba como una pareja, sabía que me quería como mujer. Por algo aún seguía prendido a mí. Pero agradecí su sinceridad. Ahora…todo dependía de mí. En realidad, todo estaba en mis manos, desde el principio. Dentro de todo lo maldito que lo creía, me rayó la cancha desde un comienzo. Ya me lo advirtió Luka. Félix sería mi eterno amante…si yo no lo cortaba de raíz. El judas de mi historia.

—Gracias, Félix —asintió Marinette con angustia.

Lloré. Lo admito. Solté un par de lagrimones, porque en el fondo, sabía que en algún punto debía deshacerme de este capricho pecaminoso. No saben cuánto agradecía su sinceridad. Aunque me lastimara en el alma. Mi amor por Félix Graham de Vanily murió esa noche. Él lo sabía. Y no mostró padecimiento alguno. Me tomó del mentón y me dio un beso ahogado en los labios. No opuse resistencia. No era una despedida, solo me estaba dando las directrices de mis próximos movimientos. Ahora todo dependía de mí.

—Debes detenerme…—agregó, con lujuria dotada en sus palabras. Se arrimó a ella— Yo seré tu sombra. Tu verdugo. Tu némesis. Pero si me rompes el corazón, los voy a destruir a los dos —agregó, advirtiendole— Debes apartarme de ti. Soy un imbécil sensible, con sentimientos.

¿Pero que me estás diciendo? ¿Qué mierda pretende con decirme todo esto? Me siento horrible. Me quiero bajar…

—Abre la puerta, maldita sea—demandó la ojiazul.

—Marinette —esclareció, esbozando una sonrisa derrotada— Debes decirle a Adrien que eres mía.

Eso jamás —sentenció la pelinegra— Y no soy tuya. No le voy a mentir.

—Si no lo haces —masculló entre dientes— Lo haré yo.

—¡No te atrevas! ¡Infeliz! —exclamó, con los orbes humedecidos— No…por favor.

—Hazlo —demandó el rubio— Él tiene derecho a saber. No es estúpido.

—¡¿Qué quieres de mí, bastardo?! —clamó, a los vientos.

—Ya te lo dije. Quiero comerte la boca —Félix se recargó sobre su hombro, intentando besarla— Dame un beso.

¡No! —berreó la ojiazul, apoyando ambas manos contra su pecho— Ya basta. Detente.

—No puedo con esto, Marinette — Graham de Vanily gruñó acongojado.

Se quitó el cinturón de seguridad, tirándose sobre mi como un perro sediento. Nunca lo vi tan desesperado en mi vida. ¿Qué le está pasando? Siento como si…hubiese enloquecido. Volví a retenerle. Quería abofetearlo. Pero me prometí a mi misma, no seguir con esos actos de violencia. La anatomía de mi jefe ardía en llamas. Jadeó con fuerza, dejando salir vapor de entre sus labios. Estaba temblando con violencia.

—No puedo dejarte ir —gimoteó el rubio, escondiendo el rostro en su cuello— Te buscaré, en los rincones más oscuros de nuestras fantasías, solo para hacerte mía —manifestó, con la respiración agitada— Dame de probar de ti…

Vale…creo saber que pasa aquí.

—Tú estás obsesionado conmigo, Félix…—Marinette relajó los músculos, limpiándose los parpados— Debes darte cuenta de eso.

No me contestó.

Bingo. Le había dado en el clavo. Tras oír aquello, se reincorporó en su asiento, mostrando una actitud templada y muy cabal. Soltó un carraspeo suave y encendió el motor. En cuanto noté que seguro del vehículo se abría, me bajé. Lo vi marcharse en medio de la acera fría en su puto Mini Cooper. Agarré una bola de nieve y se la lancé, sin llegar a darle. Genial…mi jefe está obsesionado conmigo a un nivel enfermizo. Tiene una fijación retorcida y encima es mi culpa. Supongo que ambos debemos ir a terapia entonces.

Me di un golpe en la cabeza con los puños, queriendo sacarme de encima todo lo que conversamos. Pero me era imposible. Mi único objetivo era alejar a Félix de Adrien. El no era una buena influencia para mi compañero de piso. Y ahora resultaba ser que eso sería imposible. Porque son familia. ¡Son primos, maldita sea! Observé en medio de la penumbra la luz encendida de mi apartamento. Mi hombre ya no solo me espera esta noche. El gerente de Le Miraculous era parte de su círculo más íntimo ahora. ¿Cómo demonios voy a separarlos…?

Es una canallada. Y sé que Adrien no va a aceptar. Me va a mandar al carajo. Lo veo venir. Que haya recurrido a Félix en vez de mi para salir al mundo, marcaba un precedente. Ilumínenme por favor…

[…]

Cuando ingresé a la casa, me di de lleno con un enorme ramo de flores en la mesa del comedor. Por favor díganme que no fue Félix el que me trajo esto, porque lo cago a palos. Traía consigo una pequeña notita. Curiosa como siempre lo fui, me aproximé a leerla. ¿Estas flores…me las compró Adrien? A su lado, un sobre con dinero en efectivo en el interior. Me dejó helada.

—No sabía muy bien si te gustaban las rosas o los claveles o las orquídeas —habló el Agreste, tras de ella— Así que elegí todas las que pude y las traje.

—¿Son para mí? —contestó, con los pómulos febriles de rubor.

—No veo a otra chica por aquí cerca, como para dárselas —bufó con ternura el rubio, abrazándole por la espalda. Rodeó su cuerpo con sus brazos y besó su mejilla— Son para la mujer que amo. Y esa…sin duda eres tú, mi lady.

Yo no me merezco a este chico. Quise romper en llanto, de la culpa que me cargaba en el pecho. Pero me contuve con mucho dolor. Sentí como mi corazón se apretaba en mi garganta. Me estrujé por completo.

—Son hermosas, mi niño lindo —agradeció la fémina, girando el rostro para besar sus labios— ¿Pero y este sobre…? Quedamos en que no me devolverías el dinero que te pasé.

—Y no lo hice —sonrió con templanza el ojiverde— Ya que somos compañeros de apartamento y yo trabajo, lo normal es que aporte con los gastos de la casa. ¿No crees? —añadió— No es mucho, pero aportaré.

—Pero Adrien…no hace falta esto —se compungió, escondiendo el rostro en su flequillo— Yo gano suficiente para ambos…

—Que alguien gane suficiente para dos, no quiere decir que yo no haga nada —murmuró Adrien, con júbilo— ¡Además! Adivina que…—siseó con picardía, sacando de su bolsillo una tira de preservativos— Lo correcto es que yo me haga cargo de comprarlos a partir de ahora.

No pude. Perdón. Las lágrimas rodaron por mis mejillas como las benditas cataratas del Niágara. Lo siento tanto…Adrien…yo…

—¿Marinette? —se asustó— Oh…no. ¿Dije algo malo?

¿Algo malo? ¿Podrías hacer algo malo tú? Arcángel divino caído del paraíso. Tu único pecado es haberte enamorado de mí. Porque yo soy una basura. Y no te merezco. Me cubrí la cara con ambas manos y lloré con fuerza, desahogando todo lo que tenía dentro. Me dejé caer sobre mis rodillas, sollozando. Adrien no supo que carajos pasaba. Solo se limitó a abrazarme. No tengo consuelo ni perdón de nadie. Yo debo…

Debo…

Tengo que una decisión. O termino con Félix. O termino con Adrien. No puedo seguir metida en esta red de mentiras y traiciones. En el preciso momento en que llegué a esa conclusión, lloriqueé, gimoteé, gruñí con angustia desmedida como nunca antes. Me llegó a doler el vientre de tanto padecimiento. Estaba tan confundida, que no logré concebir a ciencia cierta, el por qué de mi dolencia. Me ardía el pecho. Me vi a mí misma crucificada en el infierno. ¿Por qué lloro de esta forma? Me observé las manos, buscando desesperadamente una respuesta. ¿Es que acaso…no quiero? Atrapada entre ser feliz o encajar en la sociedad. Así de simple. No voy a poder quedarme con ambos. Y es eso, lo que me tenía de la mierda. Se que suena horrible, pero ya no puedo engañarme. No quiero hacer esto. Los quiero a ambos. Les juro que, si pudiera, los meto a una juguera a los dos, los mezclo bien y me bebo feliz el resultado.

Pero si lo llevo a un contexto real, eso es homicidio doble. La puta madre. Ya basta, Marinette. Madura de una buena vez. Debo hacerlo. Antes de que esto escale a niveles excesivos en donde todo se salga de control. Me sequé los ojos con el dorso de mi brazo y me aferré a Adrien con fibra.

—Tranquilo…es solo que estoy muy feliz —siseó, gesticulando una mueca de afecto; en lo que miraba a los ojitos— Gracias, Adrien.

—Te amo, Marinette —reveló con amor.

—Yo…—Marinette tomó sus mejillas con ambas manos, depositando un beso casto en sus labios en respuesta— Yo también te amo…Adrien.

Ya fue, señores. Ya fue. Judas, me has vendido. Y no por 30 jodidas monedas de plata. Si no, a cambio del hombre de mi vida. Tu traición, nos condenó a ambos. Te veré en la hoguera, quemándote a mi lado.

Mi compañero me miró con radiante anhelo en sus orbes. Escuchar de mis labios que sus sentimientos eran correspondidos, le atiborró de placer. Me tomó de la cintura y me besó largo y extenso, por al menos unos 10 minutos. Cuando la respiración no le dio abasto en los pulmones, se detuvo. Estaba tan contento, que incluso soltó un par de risas en el proceso. Me recordó a la vez que hicimos el amor por primera vez. Es precioso. Por favor, no dejes de sonreírme así…

—Señor Agreste —musitó Marinette— Usted y yo, tenemos un tema pendiente.

El me concedió la plática, levantándonos del suelo para sentarnos en el sofá y charlar sobre el tema. Me hice la ignorante en todo momento. Todo cuanto me quiso revelar, yo ya lo sabía a boca del obsesivo de mi jefe. No falseó la información, no ocultó nada, se que fue sincero. Mi chico es bueno. Yo no temo de él. Es el quien debería temer de mí. Yo soy la antagonista de la historia. Acepté con parsimonia su historia, dejándole en claro desde un principio que no estaba de acuerdo con la amistad con Félix. Le advertí de cosas, que el seguro ya tenía en conocimiento. Además, rayé la cancha con la trama de que pasara lo que pasara, el señor Graham es mi jefe directo. Él lo sabe. Debía aprender a separar las cosas. El hizo amago de desazón, pero no discutió conmigo el tema de inmediato. Optó por hacerse el huevón también. Yo sé en el fondo, que Adrien está consciente de los peligros que corre al pisar descalzo sobre espinas. El gerente de Le Miraculous era un arma de doble filo para mí. Se lo expliqué con peras y manzanas. Pero, así como Félix era mi verdugo, para él también lo era. Ambos nos vimos involucrados, pesarosamente en territorio hostil. Era vivir a la suerte del universo. El que la cagara primero, se iría decapitado.

Nuestra conversación fue una montaña rusa de emociones. Hubo momentos en los que nos sentimos arriba, otras veces abajo, de lado, en diagonal. De todos lados. Mas entrada la noche, nos abrazamos finalmente y reconfortamos con nuestro calor corporal. Estoy aquí para lo que necesites…no lo olvides. Independientemente de todo, sentencie una cosa: Su primo es una cosa. Pero yo soy otra. Sépanlo.

A eso de las 23:40PM, Adrien corrió a la habitación y sacó un montón de bolsas de tienda. ¿Se fue de compras? Mírenlo…

Se compró ropa por el mismo. ¿Quién lo diría? Era la primera vez que le veía componiendo su propia vestimenta. Un sello único de él. Pensé que no le gustaban las prendas "burguesas". En algún momento me dijo que era incomodo. Pero ahora mismo, parecía un verdadero modelo de Gucci. Vamos, que insisto. Este hombre debería ser rostro de una marca prestigiosa. Lo que se pusiera encima, le hacía ver exquisito. Adrien Agreste se profesó fanático del estilo rockero. Vi atisbos de su fanatismo por Queen. Seguramente, su cualidad de música lo impulsó a aquello. Agradecí al universo que le gustara usar pantalones ajustados. Rasgados, pero apretados. Porque remarcaban muchísimo su parte posterior. Y no saben lo bien…que se ve ese trasero. Duro, apretado, bien hecho, esculpido por los dioses, contra la tela. Era un modelo.

Mi gato, se viste a la moda. Su propia moda, claro. Era atrevido, taquillero, versátil. Muy francés. Me volvió loca. Desde las chaquetas de cuero, hasta los zapatos. Me gusta. Me encanta. No tengo nada que reclamar, de mi mecánico favorito. Desee, que me revisara los niveles de aceite. Hazme un chequeo completo por favor. Esta máquina necesitaba con urgencia su revisión técnica de kilometraje.

Me mostró doce Outfits de su gusto. Pero yo ya estaba en llamas con la quinta. En cuanto vi mi oportunidad, me abalancé a él con dominio y lo senté en el sofá, encaramándome sobre sus piernas como un gato en celo.

—Si no me haces el amor ahora mismo…me pondré triste y voy a llorar —advirtió Marinette, en un jadeo caliente contra sus labios.

Fue la primera vez que lo vi sonreír con lascivia. Se parecía mucho a las miradas morbosas que me pegaba Félix cuando me hacía suya. ¿Por qué de pronto los comparo de esa forma tan ordinaria? ¿Será el resultado de saber que eran primos hermanos? Al diablo. Quiero que sea atrevido conmigo. Vulgar. Que me falte el respeto. Que no me tenga compasión.

—Sexo oral —demandó el rubio, tomando a su pareja de la cintura— Lo prometiste.

Vale. Te chupo el alma si quieres. Me bajé rápidamente de sus muslos y me arrodillé como una maldita sumisa. No puedo con esto. Me supera.

—¿Condón? —sugirió, ruborizado. Alzó el plástico en sus dedos.

—Que condón, ni que nada —espetó, quitándoselo de las manos.

Era la primera vez que hacía algo así en mi vida. Pero no me arrepiento de nada. Con Adrien no me sentí un pedazo de carne. Al contrario. El me hacía ver, que yo era su dueña. Su diosa. Y sería yo, la encargada de hacerlo mío. El rubio permitía que yo me empoderada. Lo gocé como quise. Entendí finalmente, la obsesión enfermiza que tenía Félix de meterse cosas en la boca. Porque esto que succioné, era divino. ¿Puede que yo también sufra de lo mismo? Me volví…adicta a ese sabor. Fue una sensación muy extraña. Pero a la vez muy sagaz. Descubrí, que cuando alzaba la mirada para verlo, más gemía. Y cuando apretaba sus piernas, se estremecía el doble.

—Es tan lindo —musitó Marinette con deseo, examinándolo desde abajo hacia arriba— Le tejería un gorrito.

Ok. ¿Qué me pasa? Eso fue enfermo. Mi amante se apernó contra el sofá, muy confundido. Tenía un colorcito rosadito tan lindo. No puedo verlo con lujuria. Era tan tierno. Félix era muy silencioso a la hora de intimar conmigo. Adrien no. Él se dejaba llevar por el momento. Era muy visceral y auditivo.

¿Cómo es que no hice esto antes? Que ingenua soy…

—¿Te lo puedo morder? —balbuceó la ojiazul.

—¿Qué? —se espantó.

Me mamé. Perdón. ¡¿Para qué me invitan si ya saben cómo soy?!

[…]

Taller de Mecánica Integral, Miracle Queen, 09:20AM.

—Ya te lo dije, Chloé —rezongó Zoé Lee con hastío y dejo de asco— Deja de acosar al nuevo. El muchacho tiene novia.

—¡No me importa! —chilló la rubia, inflando las mejillas— ¡Déjame salir con el hoy!

—No. Fuera de discusión —negó con la cabeza, encendiendo un cigarrillo en el mismo instante en que protestaba— Déjalo en paz. No quiero problemas con el sindicato. ¿Quieres que nos clausuren? No seas zorra. Compórtate.

—¡Eso lo dices porque te los cargas a todos! —reclamó Bourgeois— No es justo. Siempre te los llevas.

—Eso no es cierto —farfulló.

—No te hagas —masculló entre dientes la rubia, con frustración— Yo sé lo que haces cuando bajas las persianas.

—Escucha —Zoé se levantó de su silla, amenazándola con la mirada— Un escándalo como esos otra vez y te irás a juicio. ¿Entiendes? Ya sé lo que hiciste con el otro chico nuevo. No quieras verme la cara de estúpida.

—¡Este es distinto! —bramó Chloé.

—No te lo niego —bufó Lee, gesticulando una mueca de bribona— Está muy bueno el muchacho…—solo quería provocarla.

—¡¿Qué?! —aulló.

—Buenos días…señorita Lee —Adrien se presentó en su oficina, como todas las mañanas. Desconocía el tema de su disputa. Por lo que se minimizó en su lugar— Perdón… ¿Interrumpo algo?

—Nada. La recepcionista ya se va —la gerente fulminó a su hermanastra con la mirada, permitiendo que se fuera a sus labores diarias. Aunque se retirara hecha una bola de fuego— Esta chica necesita ordenar sus prioridades.

—¿Me llamó? —analizó, imprudente.

—Si, Adrien Agreste —la ojiazul le convocó con el dedo para que se avecinara hasta su despacho— Tienes mejores resultados en el área de Motocicletas que en los autos. Veo que lo tuyo son las motos.

—Me encantan, lo admito —aclaró el ojiverde, rascándose la nuca con humildad— Quisiera adquirir un modelo en algún momento.

—Cuatro clientes de la semana pasada, escribieron para felicitarte por tu desempeño —aclaró Zoé— Dijeron que eres un experto. Y solo piden atenderse contigo ¿Entiendes? —Adrien Agreste esbozó una sonrisa satisfecha, sacando pecho con jactancia— Creo que si lo entiendes. Por lo mismo, te dejaré a cargo de esa área. Los chicos que tengo ahí, valen mierda.

—Valen mierda —repitió, obedientemente.

—Eres una exquisitez, Ken Mecánico —bufó la dueña, entregándole una carpeta— Hoy te encargarás de esto. Ah…—se encaminó a mirar por la ventanilla— Nuestro primer cliente. Ve y atiéndelo.

—¡A su orden, señorita Lee! —obedeció como un soldado, siendo interceptado de golpe por la dueña— Eh…

—Hace bien tu trabajo, si no quieres recibir una mamada de castigo —sugirió con altivez.

—No…—se negó el Agreste, apartándola con mucho respeto y destemple— Mi novia ahora me hace mamadas. Me ha dicho que son un regalo. No un castigo.

—¿Qué? —masculló.

—Ella y yo nos amamos, señorita Lee —aclaró el Agreste, regalándole una sonrisa afable— Se llama sexo oral, por cierto. Y no quiero que nadie más lo haga, a excepción de ella. ¿Puede ser? Lo pido con mucha humildad.

—Claro…—Zoé Lee soltó una carcajada absurda— ¿De qué planeta viene este hombre? No parece pariente del perro de Félix— Eres un buen hombre, Adrien. Respetaré tus intenciones. Marinette tiene mucha suerte de tenerte.

—Agradezco su acato del alma, señorita —el primogénito de los Agreste reverenció con honor— ¡Le traeré más clientes! ¡Soy bueno!

—Eres bueno…no me cabe duda alguna —chistó Lee— Y fiel por lo demás. Lamento haberte violado jajaja.

[…]

—Buenos días, señor —expresó Adrien Agreste con jovialidad— Miracle Queen está aquí para resolver sus problemas a la brevedad posible.

—¿Chat Noir? —exclamó el chico, brindándole un a brazo potente— ¡Oh por dios! ¡Si eres tú!

—¿Nos conocemos…? —parpadeó, atónito con lo que le contaba. Se supone que nadie conocía su identidad de gato.

—¡Amigo! ¡Soy yo! —vociferó con entusiasmo— ¡Soy Nino! ¡Nino Lahiffe! Soy el novio de Alya Césaire. La mejor amiga de Marinette. ¿Te acuerdas? ¡Yo era el encargado de la música en tus fiestas!

—¡Nino! —en cuanto escuchó su nombre, le abrazó de vuelta con cariño— ¡Perdón! Es que…no pensé que me reconocerías en mi forma civil.

—¡Es una pasada! —berreó el moreno— ¡Alya lleva meses investigándote!

¿Cómo…? —tragó saliva, muy incómodo. Despabiló, negando con la cabeza. ¿Cómo que su Lady lo investiga? Luego hablaría de eso con Marinette— ¿Qué te trae aquí?

—Nada, hermano. Es que traigo a mi "bebé" —acotó.

Si. Adrien entendió que esa palabra, no era necesariamente a un hijo. Nino Lahiffe le mostró su motocicleta. Un clásico. Adrien la reconoció de lleno, apenas la vio.

—¡Cielos! Si es una motocicleta clásica…—aulló el rubio, dándole un vistazo por fuera— ¿Qué le ha pasado? Es una Triumph Bonneville Bobber 1200.

—¡¿Cómo sabes que es una Triumph Bonneville?! —vociferó, entusiasmado— Extraordinario. La traje porque se me ahoga cuando freno por la derecha. Yo creo que necesita cambio de pastillas. Pero…que sepas del tema, me deja loco. ¿Te gustan las motos, amigo?

Adrien hizo una pausa en sus pensamientos. Félix le advirtió que los amigos de Marinette no serían sus amigos. Aunque Nino le trataba como uno. ¿Se habría equivocado? Alya era amiga de Marinette. Pero Nino no lo era. ¿Podría formar su propio circulo?

—Me gustan —admitió Adrien Agreste— Amigo.

—¡Excelente! —rezongó con añoranza el chico de anteojos— ¿Cuál es tu favorita?

—Me gustan más las de carrera. El modelo Suzuki GSXR750 —declaró el ojiverde, sin vergüenza— Daría lo que fuera por tenerla.

—¡Es un pedazo de maquina moderna! Estas hablando con el hombre indicado entonces —Lahiffe le dio una palmada amistosa en la espalda— Tengo contactos con el club de motos de Paris.

—¿En serio? —expresó Adrien, con ansiedad dotada en sus ojos— ¿Y crees que puedan enseñarme a conducir una?

—Por supuesto. Asiste a las clases los martes y jueves a las 18:00PM —Nino tomó su celular y agendó su número— Toma, contáctame. Estaremos al habla.

—¡Muchísimas gracias, amigo! —el joven mecánico chocó su puño contra su camarada, en son de amistad. Le gustaba como sonaba esa palabra por lo demás. "Amistad". Félix tenía razón, el necesita formar su propio circulo, distinto al de Marinette— Félix es muy sabio. Me alegra tenerlo de mi lado —murmuró para si mismo.

Ay…Adrien…yo que tu me pensaría dos veces aquello.

[…]

Por la tarde y luego del almuerzo, el gerente de Le Miraculous volvía a sus funciones con un denso malestar estomacal. Supuso que la ensalada de palmitos le dio una acidez horrible, por lo que se limitó a pedir un vaso de agua en la cocina y una píldora de recubrimiento gástrico. Aprovechando su visita, verificó que los alimentos no estuvieran dentro de su fecha de caducidad y como era habitual en él, metió sus narices en el congelador. Estaba de muy mal humor. El fuego de aquel alimento le quemaba desde el intestino, subiendo por el esófago como quien escupe llamas. La acidez es una cagada cuando no se trata a tiempo.

Al regresar, se percató que algunos chefs encargados de la pastelería, junto con unos mozos y jóvenes observaban sus celulares entre risas y cuchicheos. Graham de Vanily ha dejado en claro que odia verlos con el móvil en horario laboral. ¿No quedó claro?

—¿Quieren perder sus empleos acaso? —les regañó, con el entrecejo fruncido— Guarden eso.

—Lo sentimos señor, Graham —bufó una muchacha, mientras muy divertida guardaba su celular— Estábamos leyendo algo en internet.

—Es muy gracioso —chilló otra, con mirada juguetona.

—Que —el ojiverde arqueó una ceja— ¿Ya se murió la Reina Isabel? Vieja inmortal.

—No, señor —negó la muchacha, mostrándole el articulo en la pantalla de su artefacto— Es un blog de chismes, que sacó la facultad de periodismo. Se llama "Ladyblog".

—¿Lady…blog? —parpadeó, intrigado con la información— Bueno, ya fue. Luego siguen con sus tonterías. A trabajar —las alertó, aplaudiendo con las palmas.

Por supuesto que no se quedó cruzado de brazos. Tras salir de la cocina, notó que más de alguno de los comensales también miraban sus teléfonos móviles y soltaban carcajadas. ¿De qué iba todo eso? Sacó de su bolsillo el móvil y buscó en el navegador sobre el tal Ladyblog. Se dio de lleno con plena columna remarcada en negrillas; título estrafalario y una bajada burlesca.

"El día que le rompí el pito a mi jefe" Escrito por: Alya Césaire.

¿Dónde había escuchado ese nombre?

Bienvenido, Félix —expresó Alya Césaire con naturalidad— ¡Oh! Estas flores son preciosas ¿Verdad Marinette?

Esa Alya Césaire.

Era un texto extenso, dotado de una anécdota acalorada que solo buscaba sacarles risas a sus lectores. La mayoría de los comentarios, se basaban en memes y caracterizaciones absurdas de la situación.

"No me imagino la cara que debe de haber tenido. Me da pena el sujeto"

"¿Se imaginan? Yo me muero de la vergüenza y no me meto más con ese tipo"

"Jajaja me he reído toda la mañana, que gracioso"

Félix Graham de Vanily bloqueó la pantalla del móvil, regresando en completa mudez hacia su oficina. Se sentó en su silla tras el escritorio, se sirvió un vaso de whisky y se mantuvo inmóvil por unos momentos más.

Acto seguido, azotó violentamente el vaso contra el cuadro de Adrien Agreste, explotándolo en mil pedazos. Los trozos de vidrio se esparcieron por la alfombra, mientras el liquido diluía parte del retrato.

—Te lo advertí —masculló, mostrando los dientes con expresión rabiosa— Te dije que los destruiría a ambos, Marinette Dupain-Cheng.

Te arrepentirás de esto.