En mi defensa, solo puedo confesar con mucha fidelidad hacia mi estupidez, que no tenía la más mínima idea de que Alya publicaría el blog en la internet abierta. Ella me comentó en todo momento, que era un proyecto de universidad. Por lo que asumí que el bendito "Ladyblog" sería subido dentro de la intranet del mismo establecimiento educacional. Lo primero que sentí cuando leí la columna, fueron ganas de tragarme una caja de Clonazepam y adiós vida. Lo vi fatal. Cuando creí que no podía ser más deshonroso, examiné los comentarios; todos repletos de bromas y socarronerías en contra de Félix. Fue aún peor. Lo despellejaron en chistes humillantes, como a un conejo para el asado. Se me acobardaron las ganas de ir a trabajar.

La he cagado.

La he cagado en grande. Si mi jefe llegaba a leer esto, era mi fin. No me imaginaba ni por un segundo, de que sería capaz. Sé lo que hizo con Luka. Y también se que eso no fue nada. Agregando a ello, mi mejor amiga publicó el articulo con su nombre. Joder… ¡Joder! El ingles no tiene ni un maldito pelo de tonto. Sabe que ella es mi amiga. ¡Estuvo en mi casa! ¡Compartieron juntos!

Le marqué a Alya rápidamente, rogándole que lo bajara de la web. Pero no me hizo caso. Se carcajeó, repitiéndome una y otra vez que exageraba. Que dudaba que Graham de Vanily fuera a tener tanta suerte como para toparse con la página. Era algo que verían jóvenes, críos, chismosos. No él. Un hombre tan ocupado con su empleo y sus quehaceres de adulto responsable. Lo profesaba viendo la bolsa de valores y no un blog de pendejadas.

¿Qué tan cierto será eso? Quise tranquilizarme. Pero me fue imposible.

Me quedé en el estacionamiento de la torre Eiffel por lo menos una hora. No sabía si salir del auto y subir o simplemente largarme a la mierda. Vi el reloj de mi móvil y marcaba 16:59PM. A un minuto de entrar a turno. Jamás llegué tarde. Ni una jodida vez. Si lo hacía ahora, sería super sospechoso. Me temblaron las manos. Percibí un sudor helado recorriendo mi espalda. ¿Y si Félix ya se enteró? No tenía ningún mensaje de él. ¿Qué probabilidades había de asegurarme de ello? Ninguna. Eran cero en un millón. Me cabecee contra el manubrio una y otra vez, hasta romperme la frente. ¡¿Por qué mierda me tienen que pasar estas cosas a mí?! ¡Dios! ¡Apiádate de mí! ¡Kendall Jenner no es tu única hija!

¿No me escuchas, cierto? ¿Es porque soy una pecadora? ¿Me has abandonado porque le vendí mi alma al diablo? ¿Te estás vengando? Ni si quiera soy creyente. Pero ahora mismo, te haría una manda.

17:00PM.

No puedo seguir aquí. Me bajé, inhalando profundo para no cagarme en el proceso de lo que subía por el ascensor. Cuando este se abrió, vi que todo seguía con regularidad. Un ambiente sensato y elegante. Demasiado…normal.

Tragué saliva y me acomodé el delantal como era habitual. Me fui directo hacia la oficina de contabilidad, pasando de largo por la de mi jefe. Hoy era día de inventario. Procuré concentrarme solo en mi trabajo hasta al menos, notar algún atisbo de actitud sospechosa por parte de Félix. No lo vi salir de su despacho en toda la tarde. ¿Por qué tanto silencio? Me estoy comiendo las uñas por dentro…

Una de las meseras se me acercó para preguntarme sobre unas diferencias de precios en la carta de las tortas. Mientras charlaba amenamente con ella sobre el asunto, alrededor de las 19:20PM lo vi brotar de su oficina. Me giré violentamente, haciéndome la desinformada. Le miré por el rabillo del ojo de vez en cuando, tratando de prever que cara traía. La de siempre, para ser sincera. Estaba de mal humor. Y eso para mí, ya es signo de que está en modo normal. Es raro verle feliz en el trabajo. Pasó directo hacia la cocina de la cafetería, luego a la caja registradora y en seguida, hasta la barra de los tragos. Tomó una botella de coñac para consumo propio y un vaso de vidrio.

Bueno, me tranquilicé. Son cosas que por lo general hace. ¿Estaré paranoica? Tranquilízate, Marinette. Respira mejor. Creo que está todo bien. Reparé en observarle charlar bastante enérgico con uno de los mozos, por algún problema relacionado con la forma en la que los manteles estaban puestos sobre las mesas. "Te dije que los quería cruzados, no abiertos. ¿No quedó claro?" le escuché protestar. Exhalé aliviada. Mi jefe es el mismo como de costumbre.

—Señorita Dupain-Cheng —le llamó el rubio, a lo lejos— A mi oficina, por favor. No olvide traer el archivo para el inventario.

Asentí sin mayores miramientos, entrando con el a su despacho. Noté que el cuadro de Adrien ya no estaba en la pared. ¿Qué ocurrió? Lo miré buscando respuestas.

—Le cayó agua del aire acondicionado —suspiró con hastío— Lo mandé al Louvre a restaurar.

—Las instalaciones son algo viejas por acá —comentó Marinette, entregándole la carpeta en las manos— Cuida mejor mi cuadro, eh.

—No me lo entregues a mí. Léemelo —demandó Graham de Vanily, sirviéndose un trago para pasearse por la oficina mientras ella hablaba.

Le comencé a enumerar los productos, los números en verde y los gastos del mes para el pedido. El gerente asintió con la cabeza, conforme con lo que le relataba. Se arrimó a su estero, buscando tranquilamente una canción de su agrado. De vez en cuando me hacía una que otra pregunta, pero todo relacionado con lo mismo.

De pronto, escuché como le subía el volumen a una canción en particular.

Rammstein – Du Hast.

No sabía que a Félix le gustara el rock industrial. Me pareció bastante atractivo de su parte. Aunque la canción estaba en alemán y no entendí un carajo. Me pregunté que decía la letra, para tener un acento tan agresivo. El ritmo era muy pesado y pegajoso. Lo vi mover la cabeza de arriba hacia abajo con sutileza, depositando su vaso en el escritorio. Prosiguió paseándose, al vaivén violento de la música. Y en algún punto, me percaté que estaba quitándose el cinturón del pantalón.

¿Qué hace…?

Me minimicé en mi lugar, un tanto intimidada. ¿Qué está haciendo? Seguía caminando con total naturalidad, golpeando el cinturón contra su mano derecha, tentando a su suerte. Por la mierda…no me digan que a este tipo le gusta el sadismo. Se aproximó hasta mí, empujándome contra el escritorio.

—Félix…—musitó Dupain-Cheng, ruborizada con fuerza— ¿En serio quieres hacerlo ahora?

Ni si quiera se dignó a responderme. Si quería probar una modalidad nueva para nuestros encuentros, agradecía que por favor no fuera en horario laboral. Porque nos podrían escuchar. Me comenzó a desvestir sin ningún ápice de timidez. Sentí sus manos contra mis glúteos. Las que fueron cambiadas por el roce duro de su cinturón. Que ni se le ocurra, eh. Ya sé que quiere hacer. ¡Que ni se le ocurra!

—Oye…no me-…

¡Nein!

¡¿Me acaba de azotar?! ¡OUCH! ¡Ah…! ¿Qué? ¿Por qué no me dolió…?

—¿Qué mierda crees que estás haciendo? —gruñó la ojiazul, apretando los puños con fuerza— Para ya.

¡Nein!

Otro golpe. ¿Alguien me quiere explicar por qué me gusta esto?

—¡Ya basta! —pidió, entre jadeos calientes— No es cierto…no pares…

Me estremecí a mas no poder. Maldita sea. ¡Maldita sea! Te odio. Te amo. Y te odio. Iba a voltearme para golpearlo en el pecho, pero me jaló del cabello y sin tomarse la molestia de preguntarme, entró de lleno. Me metió los dedos en la boca por unos momentos, solo para ahogarme en ellos. Los siguientes golpazos seguramente adormecieron mi piel, porque en definitiva no los llegué a sentir. No puedo. Es imposible. No puedo resistirme a este cabrón. ¿Qué tiene? Le tenía la mano íntegramente baboseada de tantas embestidas que me dio. Distinguí un objeto helado envolver mi cuello. En un abrir y cerrar de ojos, ya tenía el cinturón estrujándome la tráquea, el muy enfermo. Era la primera vez que me ahorcaban. Fue la sensación más placentera y al mismo tiempo dolorosa de todas.

Bueno…ya fue. Si me moría aquí, no me importaba. Moriría feliz. Solo, no te vengas dentro. Ya te lo dije. Cuando todo acabó, yo apenas podía moverme. Me dejó como la primera vez, solo que esta vez, sentí una de mis pompis ardiendo. Me dolía de la puta madre. Ya no podré sentarme del lado derecho.

—Esta vez…te has excedido —farfulló con molestia la estudiante de arte, sobándose el trasero— Me duele.

—Te hice llegar, que es lo importante —comentó con altanería, mientras leía el informe de inventario.

—Si, pero te has excedido he dicho —rezongó, palpándose el cuello también.

—Pero llegaste —Félix se encogió de hombro, restándole importancia— Deja de quejarte. Eso es todo por hoy, señorita Dupain-Cheng. Puedes volver a tus labores miserables.

—Tch…—Marinette frunció el ceño con desazón y se marchó, dando un portazo al salir.

Me paré afuera de la puerta de su oficina, pensando en algo en particular. Algo tuvo de distinto hoy. Lo pensé. Y lo pensé. Y lo pensé. Hasta que al final, meramente lo olvidé y lo pasé de largo. Le resté categoría. No recordaba que era lo que quería saber. Supongo que debe de haber sido una menudencia. Me encogí de hombros y regresé a mis labores.

[…]

En cuanto a Graham de Vanily. Tras escuchar como su amante se alejaba de la puerta, se levantó de su asiento para servirse otra copa de coñac y hurguetear dentro de una planta que yacía sobre un reposador de helechos. Del interior, sacó una pequeña cámara, que marcaba en rojo un punto parpadeante.

Una mueca maquiavélica se ciñó sobre sus labios, ladeando la cabeza hacia un costado con expresión trastocada.

—Este va para el Ladyblog también. ¿No, Marinette? —su celular vibró con insistencia sobre la madera de su pupitre, desplazándose hacia un lado. Era una llamada de Adrien Agreste. Que oportuno ¿No? — ¿Qué tal, primo querido? ¿Cómo va el trabajo? ¿Te diviertes atornillándote la verga?

Bonsoir (Buenas tardes) Félix —le habló Adrien al otro lado de la línea— Claro que no hago eso ¿Qué cosas dices? Eres tan raro —carcajeó— Todo bien por acá.

—Debes tener cuidado, no se te vaya a perder un martillo en el culo —bufó.

—Eso ni si quiera cabe ahí —el Agreste soltó otra risotada— ¡Deja las bromas! No te llamo para eso. En realidad, es porque quiero invitarte a una fiesta.

Si que cabe, je —Graham de Vanily hizo una pausa prolongada antes de aceptar— ¿Fiesta? ¿Estás seguro de que quieres que vaya? Soy una muy mala influencia.

—Otra vez con eso —el ojiverde rodó los ojos— Deja de decir que eres una mala persona.

—No sé por qué no me crees, pero bueno. Allá tú —exhaló derrotado el inglés— ¿Y en donde es la celebración?

—En casa de Marinette.

—Ah —Félix arqueó una ceja, con malicia— ¿Y la señorita Dupain-Cheng está de acuerdo con que yo asista? ¿Ella ya lo sabe?

—No, no lo sabe. Pero no me dirá que no —aclaró con voz jovial el francés.

—Yo no estaría tan seguro de eso, Adrien —manifestó con dejo de duda— Deberías hablarlo con ella primero. No quisiera que se enemistaran —mintió.

—No pasa nada, primo. Tu eres familia —exclamó con júbilo— Y Marinette ya lo sabe todo. Sabe de nuestra relación.

—Si, ya me lo imaginaba. Sé que tu y Marinette no se guardan secretos —siseó.

—¿Vendrás? —insistió, con melancolía— Por favor di que sí. En verdad me sentiría muy bien con tu presencia —expresó más calmado— Además…la última vez que me viste en una celebración, las cosas terminaron medio mal y quisiera repararlo.

—Tranquilo, Adrien. No me debes nada —le aclaró Félix— No fue tan malo. Siempre podría ser peor —añadió, para finalmente aceptar— Con gusto iré a tu fiesta.

—¡Genial! Es mañana sábado —balbuceó contento al otro lado del teléfono— Te veré ahí entonces a las 21:00. No llegues tarde.

—Jamás llego tarde. Adiós —se despidió.

[…]

Cuando regresé a casa, Adrien aún no había llegado. Me preocupé bastante. Se supone que el sale a las 16:00PM de su empleo y sagradamente regresa a casa, si es que no pasó a comprar algo. Aun así, debería estar si o si por estas horas acá. ¿Se habría perdido? El hecho de conocer el itinerario de mi compañero de piso, era algo medio perturbador. De cierta manera, me volví controladora con él. Y aunque nunca se mostró molesto o en desacuerdo, sentí que si lo presionaba mucho se molestaría.

Me di un par de vueltas por la casa. Ordené, hice aseo, limpié el baño, hice la cena. Y aun así no llegaba. Ok. Esto no está bien. Tomé mi móvil para marcarle, cuando de pronto sentí el rugido sonoro de un vehículo estacionar en la entrada del apartamento. Me asomé por el balcón, de chismosa que soy. Y vi que era una moto de esas clásicas, conducida por alguien que no distinguí porque traía casco. Adivinen quien se bajó detrás. Sip. Adrien Agreste en persona.

¿Qué demonios? ¿Y ese quien es? Yo espero que sea hombre al menos. Como me entere de que es una chica que no conozco, se las verá conmigo. De plano lo digo. No sé por qué, pero tuve que tomar una actitud de esposa molesta por su marido. Me paré al frente de la puerta, cruzando los brazos como una amargada y zapateando el suelo. Al verle entrar como si nada, me saludó con cariño. Pero yo solo buscaba respuestas.

—¿Me quieres contar por qué has llegado más tarde? —cuestionó Marinette.

—Ah, mi lady —murmuró el rubio, sin un ápice de culpa en su mirada— Discúlpame, es que me fui a dar una vuelta en motocicleta.

—Ya —le interpeló— Me parece bonito. Pero yo te di un teléfono. ¿No crees que debiste haberme avisado que al menos tardarías? Me preocupé.

—Dis-Disculpame…—Adrien se rascó la nuca, abochornado— Es cierto. Debí avisarte. Pero es que estaba tan entretenido paseando, que-…

—¿Y quien te trajo? ¿Mh? —arqueó una ceja, con actitud desafiante— ¿Estás saliendo con una chica?

—¡N-no! Pero claro que no —negó con nerviosismo— Es Nino. Nino Lahiffe, el novio de Alya, tu amiga.

—¿Tu y Nino son amigos ahora? —consultó Dupain-Cheng, con dejo de recelo.

—Eso creo —confesó con humildad— Compartimos el gusto por las motos. Me ha dado su número y quedamos de-…

—Está bien, ya no hace falta más explicaciones —farfulló con molestia, dándose media vuelta— Ve a asearte, quiero cenar.

—Pero…Marinette —el joven Agreste le detuvo de golpe, sujetando su brazo sin ejercer real fuerza en el— Oye… ¿Podemos hablar? Yo en verdad quisiera contarte lo que hice hoy. ¿Puede ser?

Vaya escena de celos le monté. Sé que me pasé de vergas. Pero necesitaba descargar mi frustración con alguien y bueno, Adrien tiene la cara de que se las va a bancar. Exhalé, tratando de tranquilizarme en el asunto. Vale. Si podemos hablar.

—Tengo hambre —rezongó la sub gerente de Le Miraculous— Podemos platicar mientras comemos ¿Te parece?

—Si. Veo que cuando tienes apetito te pones de mal humor —bufó con voz agraciada— Iré a lavarme las manos.

Nos sentamos a comer con normalidad. Por esas horas, mi carácter ya no daba luces de seguir tirando chispas. Permití que se explayara a gusto y me relatara sus anécdotas sobre aquel paseo. Resultó ser, que Nino se ofreció a enseñarle como montarlas en agradecimiento por haber reparado su medio de transporte. Adrien me confesó su amor por las motocicletas y manifestó con aspiración, su anhelo por adquirir una. Yo por mi parte le expliqué mis aprensiones. Consideraba que eran un vehículo bastante peligroso. No es como un auto. Le mostré los índices de accidentes y la taza de muertes por conducir motos. Pero al cabo de un rato, vi que era imposible ya cambiarle de opinión. Se le había metido la idea en la cabeza y no había quien lo discutiera.

¿Habría sido una idea del tonto de Félix? Yo esperaba que no. ¿Qué ganaba con exponer así a su primo hermano? Bueno, con mi jefe, nada se sabe. Acabando de alimentarse con mis preparaciones, Adrien se dio una ducha. Me profesé algo terrorífica por mi actitud. ¿Realmente era celosa? Lo pregunto porque…diablos. Si hubiera resultado ser cierto lo de la chica. ¿Cuál hubiera sido mi condición? ¿En serio iba a reaccionar violentamente? Sé que le dije que lo amaba, cuando ni yo estaba del todo segura. Pero el sentimiento de posesión con mi compañero de piso, crecía conforme pasaban los días. Y había alcanzado niveles industriales; al punto de hacerme cometer una locura si la situación lo ameritaba.

Era viernes por la noche. Me di el lujo de quedarme hasta mas tarde, viendo TV en el cuarto. El señor Agreste tenía trabajo al otro día. Una estupidez trabajar en sábado. Me molestaba mucho. También se lo hice saber, pero solo me respondió con una sonrisa melancólica. ¿Y que va a hacer al respecto? Nada, señores. Nada.

Procuré dejar el volumen medio bajo, para no incomodarlo. Mi amante ya no dormía en su cama nicho. De un tiempo a esta parte, se había acostumbrado a compartir mi lecho de dos plazas. Me percaté de que había comenzado a llover, porque el viento y el aguacero dieron contra mi ventana. Era la primera vez en mucho tiempo, que el rubio se iba a dormir primero que yo. Le sentí removerse inquieto en más de una ocasión. El reloj marcaba las 00:30AM.

De pronto, se giró hacia mí. Yo estaba metida de lleno, viendo una telenovela italiana que seguía hace meses. Percibí que escabulló su mano por debajo de las sábanas, tentado a tomar la mía. Soltó un quejido. ¿Estaba teniendo alguna pesadilla? Acaricie su brazo para darle de mi calor, a lo que respondió arrimándose aún más a mí. Era como un niño pequeño, buscando a su madre. Todo parecía ir de maravillas hasta que de un momento a otro, dio un brinco violento, despertando de golpe.

—¡Gah! —jadeó, con expresión anonadada— Ag…dios…

—Hey. ¿Que tienes? ¿Te encuentras bien? —Marinette le examinó el rostro, observando con la luz que emitía la TV como sus ojos verdes se humedecían— ¿Has tenido un mal sueño?

—Eso creo —Adrien se tomó la cabeza, bastante aturdido— Soñé con mi mamá.

—¿Emilie? —curioseó.

—Si —murmuró trémulo.

—Tranquilo, todo está bien —la ojiazul le abrazo con cariño, apegando su mejilla a su pecho cual protectora— Yo estoy aquí. Puedes contarme.

—Vi que me buscaba en medio de una tormenta de nieve. Y lloraba…lloraba mucho —balbuceó, con la voz acongojada y entrecortada— Me estaba llamando. Decía mi nombre a lo lejos.

—Me enteré por internet que tú madre te estuvo buscando, Adrien —expresó Dupain-Cheng con templanza— Al parecer, ella jamás se rindió. Estaba segura de que seguías con vida. No me imagino lo que debe de haber sentido esa pobre mujer al perder a su pequeño.

—De todo el tiempo que pasé en la aldea, viviendo entre gatos pallas, jamás soñé con ella —reveló con timidez— Hasta ahora…

—¿Crees que signifique algo? —examinó Dupain-Cheng, a la par que enredaba sus dedos contra sus hebras amarillas— ¿Como alguna señal?

—Si —masculló— Creo…que significa que la necesito.

—Todos necesitamos en algún punto a nuestras madres.

—¿Tú tienes padres, Marinette? —preguntó, subiendo la mirada.

—Si. Aunque algo abandonados ahora mismo —Ahora que lo pienso bien, soy una hija media desnaturalizada. No los he visto hace tiempo —pensó, esbozando una sonrisa dotada de serenidad— Mi madre se llama Sabine y mi padre Tom.

—Deben de ser muy buenas personas —comentó el rubio.

—Ellos son un amor —se echó a reír tras mofarse de sí misma— No tienen la culpa de que yo sea una estúpida.

—¿Por qué dices eso de ti? No lo hagas. Yo te amo así —el primogénito de los Agreste se deslizó hacia arriba, brindándole un beso en la mejilla— Aunque…debe de ser genial tener mamá.

Es cierto. Adrien no conocía del todo lo que era el calor de una familia. Lo más parecido a ello era yo. No mencionaré a Félix porque el hecho de que compartan línea sanguínea no lo hace merecedor de ese título. No creo que le importe del todo su primo. Seguro se lo pasa por el forro.

Pero yo tampoco era su madre. Y no pretendía ser una figura materna como tal. ¿Tal vez era hora de presentarle a mi familia? No era mala idea. Aunque…mamá no sabía que yo vivía con un hombre. ¿Lo tomaría bien? De alguna forma anhelaba que mi camarada experimentara lo que se sentía tener detrás, dos adultos responsables que te expresaran cariño. Y que mejor forma que empezar por mis viejos.

—¿Te gustaría conocer a mis papás, Adrien? —sugirió la estudiante de arte.

—¿Podré hablar con la señora Sabine y el señor Tom? —dijo, con júbilo desbordante de sus ojos.

—No hace falta que les digas así. Pero si…—rio— Si puedes.

—Para mí sería un honor conocer a los padres de la mujer que amo.

Comienza a gustarme de una forma enferma, la manera en la que repite constantemente que me ama. Espero sea normal —Marinette exhaló complacida con sus intenciones— Y créeme que para mí también sería un honor presentarles al chico que me gusta.

—Mañana es la fiesta —expresó el joven mecánico— Pero podemos ir el domingo. ¿Puede ser?

—Sería genial pasar un domingo en familia —le concedió con voz afectuosa.

Nos quedamos un rato mas en completo silencio, mirándonos a los ojos. El modo tranquilo y amoroso que tiene Adrien para examinar cada centímetro de mi rostro, me conmueve el corazón. Solo con él, concibo sentir esa conexión espiritual, traspasando el muro del deseo que me une a Félix, por ejemplo. Nos besamos por unos minutos, frotando nuestros cuerpos sin atisbos de lujuria; tan solo para desearnos las buenas noches. Se que estaba viendo una serie. Pero cuando nos agasajamos como dos ositos en primavera, al diablo con la televisión.

La alarma en el celular de mi compañero comenzó a molestar mis oídos a eso de la 7:00AM. Quise agarrarle el móvil y tirarlo a la mierda. Era sábado, demonios. ¿Por qué tenía que trabajar los sábados? Me detuvo, agarrando mi mano. Yo estaba bien enfurruñada, así que forcejeamos un poco debajo de las colchas, hasta que comenzó a hacerme cosquillas y ya no pude resistirme. Lo tuve que soltar.

—No vayas a trabajar hoy —exigió Marinette, aferrándose a su cintura— Quédate conmigo.

—Jajaja…sabes que no puedo hacer eso, mi lady —El menor de los Agreste besó su boquita— No puedo faltar. O no conseguiré el empleo definitivo.

—Quédate —siseó, frotando su cabeza contra la suya— Mhm…por favor —le rogó, cual niña pequeña— Un poco mas entonces.

—Pe-pero…llegaré tarde —bufó con timidez,

—Si lo haces rápido, no pasará —sugirió con la voz aterciopelada, recorriendo el cuello anémico de su amante— Tómame, date prisa.

Vi como al principio se resistía. No me importó. Le quité la polera y los boxers, envolviéndolo con mis piernas para arrimarlo a mí. En algún punto, estiró el brazo hacia el velador, por lo que supuse que estaba buscando algún preservativo. No lo permití. Le tomé del rostro con ambas manos y le planté un beso ahogado, de esos que te dejan sin aliento. Me daba lo mismo si se lo ponía o no. Al diablo. Tampoco soy tan tonta. Yo también me estaba cuidado.

Lo único que quería, era sentirlo mío esa mañana. Y ese, era un apetito que no saciaría con nadie más que con él.

[…]

Taller de Mecánica Integral, Miracle Queen, 9:00AM.

—Muuuuuuy bueeeenos días a todos, muchachos —saludó el rubio con ambas manos— Hoy es una excelente mañana ¿No creen? ¡Qué día más maravilloso!

Y un carajo. Estaba nublado y lloviendo. Adrien había llegado muy contento esa mañana. Cosa rara. No era como si el fuese amargado o hiciera las cosas de mal gusto. Pero en particular ese día, si estaba más animado. Algo que llamó la atención de sus colegas y sin duda, de su jefa. Luego de cambiarse de ropa y tomar sus herramientas, se fue directo hacia la sección de motocicletas. Se sentó en el suelo a trabajar, mientras tarareaba una canción de Queen y de vez en cuando, silbaba. Max Kanté, fue el primero en aproximarse a él.

—Buenos días, a mi compañero de excelencia —Max bufó, ladeando la cabeza con mucha templanza— Te veo de muy buen humor. ¿Estuvo bueno el desayuno?

—Eh…se podría decir que si —el rubio se rascó la nuca, sutilmente ruborizado— Es solo que hoy tendré una celebración en la tarde y estoy muy feliz por eso. Es la primera vez que organizo algo así —se hizo el desentendido.

—Ya veo —Kanté se acomodó los anteojos sobre el puente de la nariz— Nunca he ido a una fiesta.

—¡Oh! Es cierto —espetó con goce— ¿No quieres ir?

—No creo que sea lo mío, realmente —se negó de forma afable— Soy mas bien de jugar videojuegos, leer libros y bueno…evitar lugares donde haya mucha gente.

—A mi si me gustaría ir —les interrumpió Chloé, con total irreverencia. Si. La muy pilla había escuchado todo como una psicópata— ¿No quieres invitarme, Adrichu?

—Eh…realmente no —se disculpó burguesamente el Agreste— No creo que sea buena idea, Chloé. Tu y Marinette no se llevan bien.

—Puedo llevarme bien con ella, si tu me lo pides —sugirió Bourgeois, haciéndole ojitos.

—A la próxima podría ser —soltó una risita nerviosa.

—Chloé —rezongó Zoé detrás de todos, con actitud amarga— Regresa a recepción. Tenemos clientes esperando.

Siempre era lo mismo. De un tiempo hasta parte, Lee se comprometió de una manera muy insigne a lidiar con su hermanastra. Ella mejor que nadie conocía la actitud cargante de la rubia y, por otro lado, la situación sentimental de su mecánico estrella. Lo cual, Adrien agradecía muchísimo. La gerente si era una persona de confianza y digna de tratar como una amiga.

—Muñequito —la dueña del taller, le lanzó a las manos un sobre color amarillo— Llegó correspondencia para ti. Es de tu primo Félix. Me pidió que te la entregara de su parte.

—¿Félix? —parpadeó confundido, levantándose del suelo. Se limpió las manos contra el overol y abrió el paquete— ¿Y por qué no me lo dio el mismo en persona? —dudó— Es un documento —leyó el papel: "Aprobación de nacionalidad francesa" — ¡No puedo creerlo! ¡Me aceptaron mi solicitud! ¡Ya tengo ID! —saltó en una pata, repleto de júbilo— ¡YA SOY CIUDADANO!

—La verdad es que yo tuve que presionarlo —farfulló con expresión hosca la ojiazul— No quiero tener problemas con los malditos del sindicato.

—¡Muchísimas gracias, señorita Lee! —alardeó el Agreste, dándole un abrazo apretado de la euforia— ¡Es lo mejor!

—¡Epa! No me toques tanto —le apartó de un manotazo— Me arrugas la ropa.

Tras disculparse por demostrar aquella muestra de cariño, tomó su carnet y lo guardó en su bolsillo. Iba a arrugar el sobre, cuando se detuvo de golpe. En el fondo de este, había yacía un objeto pequeño, de material duro.

—¿Mh? ¿Qué es esto?

—Eso es un Pendrive —explicó Max Kanté— Son dispositivos de almacenamiento de información con conexión USB.

—¿El que? —no entendió un carajo.

—Por lo regular los conectas a un computador y traen información dentro —dilucidó el moreno— Archivos. ¿Entiendes? Puede ser un documento importante, fotos, videos, etc.

—Ah. Ahora entiendo mejor —se tocó la mejilla, un tanto liado— ¿Por qué me habrá enviado esto?

—Quizás desea que lo revises —agregó el ingeniero— Puedes verlo en mi computador si quieres.

—Eh…no, está bien —se negó con cordialidad, guardando la memoria en su bolsillo— Lo veré en el ordenador de casa. Si me lo mandó mi primo, debe de ser algo privado.

—¡Bueno! ¡A trabajar señoritas! —Zoé se golpeó las manos con fuerza— ¡No quiero retrasos!

En realidad…la curiosidad se lo estaba comiendo por dentro. ¿Qué querría Félix que viera? ¿Tal vez era información de sus padres? El solo hecho de llegar a pensar esa posibilidad, lo sacó de sus casillas durante toda la jornada. Su personalidad impulsiva no le permitía aguantar hasta regresar a casa. Así que aprovechó la hora de almuerzo; momento en donde todos vaciaban la planta para escabullirse hasta la laptop de Max y conectar el dispositivo de memoria en la entrada derecha. Hurgueteando por aquí y por allá, notó que era un archivo en formato MP4. ¿Un video?

Se mantuvo en silencio unos segundos. El dedo índice, inmóvil sobre el mouse a punto de darle clic. Cuando sintió que la inquisición venía por él, lo seleccionó y le dio play. Lo primero que vio, fue a Marinette entrando a la oficina de Félix.

¿Qué es esto?

Expectante, el registro filmográfico avanzó. Pasmado, con los músculos rígidos y los labios entreabiertos, observó con lujo y detalle lo que ahí acontecía.

Marinette…tu.

Balbuceó, con expresión insensible dibujada en el rostro. No demostraba ni un ápice de malestar. Ni mucho menos tristeza. Tragó saliva con lentitud, mientras las escenas se reflejaban en sus orbes esmeralda como si hubiera estado usando anteojos. Los primeros gimoteos se saturaron en sus cavidades auditivas. Le detuvo, tan solo para conectar los auriculares y continuó examinando el registro. Se cruzó de brazos con total normalidad, como quien ve un documental. Tras finalizarlo, desvió la mirada unos instantes. Cerró los parpados, exhaló con fuerza y retiró el dispositivo, cerrando la tapa del ordenador.

Comprendo, Félix.

[…]

Estaba muy nerviosa. Era la primera vez que hacíamos una fiesta organizada por mi compañero de piso. Aproveché la tarde para limpiar el apartamento e ir de compras al supermercado para hacerme de las cosas que harían falta. Por supuesto que mis amigos estaban invitados también. Lo único que rezaba, era de que a Adrien no se le hubiera ocurrido la brillante idea de invitar a mi jefe. Porque eso…no era buen presagio. Aunque bueno…conociéndole con lo ingenuo que es, seguro lo hizo ya, con la excusa de que es "familia". Dah. ¿Cuándo se dará cuenta? Mi compañero de piso era un ciego. Creo que ni, aunque nos viera cogiendo, despabilaría. Hay muchas cosas que no comprende. Y sé que Félix no se las hará entender mejor que yo. Él tiene métodos mucho más sucios de actuar.

Miré la hora. Eran las 17:00PM. Recibí un mensaje de mi chico, avisándome de que llegaría un poco mas tarde porque deseaba pasar la tarde con Nino. Luego de hacer sus cosas, ambos se vendrían directo a casa. ¿Qué iba a decirle? ¿Negarme? El tiene derecho a hacer amistades. Es solo yo y mi inseguridad, de que se suba a esas cosas tan peligrosas. Por la mierda. ¿Por qué tenían que gustarle las motocicletas? Había oído cosas horribles de gente con accidentes sobre ellas. Recordé que la única moto que tuve, me la regaló mi abuela. Pero vamos, era de esas Scooter que alcanzan solo 70 kilómetros. A menos que alguien te atropellara en ella, era imposible matarse.

Como no tenía mucho mas que hacer, me tomé la libertad de llamar a mis padres. Si deseaba presentarles a mi nuevo "pseudo-novio-relacion-abierta", la mejor forma era juntarnos todos a un almuerzo dominical. Me senté frente al ordenador y les llamé por videollamada.

No recordaba cuando fue la ultima vez que los vi o hablaba con ellos. ¿Se dan cuenta lo basura que soy? Viviendo en la misma ciudad. Arg… ¿Por qué no me abortaron? Al par de segundos de ver a mamá en la pantalla, comencé a sollozar. Conocer la trágica historia de la familia Agreste, me dio un sentido visceral del amor familiar que antes detestaba. Adrien me había enseñado tantas cosas maravillosas. Y una de ellas, era el apreciar a tus padres. Sobre todo, si te llevas bien con ellos. Me sentí agradecida de tener a mis padres con vida. Ya que siempre estuvieron ahí, hinchándome las pelotas. Pero ahí. Atentos a mí. No me daba la cabeza para imaginarme a mí misma, sola, en medio de los Himalayas, criada por gatos Pallas.

—Nos alegra tanto verte hija —comentó Sabine Cheng, con un pañuelito en sus ojos— No había hablado contigo desde que me hiciste esas preguntas sobre los niños.

—¡Te lo dije, cariño! —Tom berreó a su lado, saludando a su pequeña— Te dije que llamaría. Eso significa que nos trae noticias.

—¿Eh? —parpadeó atónita la pelinegra— ¿Noticias de qué?

—¿Ya estás embarazada? —aulló el señor Dupain, con los ojitos brillosos.

—Uhg…—Marinette desvió la mirada, un tanto ruborizada— No, papá. No pretendo tener hijos aún. Soy muy joven. Primero quiero hacer más cosas…

—Ouch…—el joven panadero se aferró a la cámara, mostrando su bigote al hablar— ¡Bueno no importa! ¡Igual queríamos verte!

—No tan cerca, cariño —Sabine le apartó de la pantalla— La dejas con baba.

—Es que quiero besarla —besuqueó la cámara— ¡Moack!

—Papá…mamá —la hija del matrimonio, hizo una pausa, soltando un sollozo aún más audible— Perdón…

—¿Estás bien, Marinette? Te noto afligida —la señora Dupain-Cheng apartó a su esposo del foco, muy preocupada— ¿Por qué lloras? ¿Te duele algo?

—Los extraño…muchísimo —balbuceó, hipando— Solo quiero decirles…que en serio lamento mucho haberlos dejado de lado por tanto tiempo. Sé que no me he comportado de la mejor forma con ustedes.

—Es cierto que siempre fuiste muy rebelde —asintió Tom, cruzándose de brazos— Pero eso no nos molesta. Te amamos como eres.

—Siento mucho no llamar tan a menudo…—musitó acongojada— ¿Cómo han estado de salud? ¿Cómo va todo en la panadería?

—Todo está bien por acá, mi niña —contestó la progenitora— Tu abuelo y tu abuela estuvieron anoche aquí. También preguntaron por ti. ¿Cuándo vendrás a visitarnos?

—Es lo que pretendo hacer —admitió la ojiazul, limpiándose la nariz con un pañuelo— Es que…les tengo algo muy importante que contar.

—¡¿Eso significa que si estás emb-…?! —el señor Dupain calló de golpe, al ver la mirada asesina de su esposa— Jejeje…perdón. Soy algo intenso.

—No. No es eso…pero…—Marinette se tocó las mejillas, sintiendo el rostro febril— Quisiera verlos y presentarles a alguien especial para mí.

—No me digas que ya te casaste y no nos avisaste —le regañó la mujer.

—¡Mamá! —carcajeó la menor— ¡Claro que no! Si fuese ese el caso, por supuesto que los invito.

—Bueno, si te gustan las mujeres a mi no me molesta tampoco —agregó Tom.

Le llegó un baguette en la cabeza. Era de esperarse. ¡Que imaginación tiene mi papá! ¡Literal piensa de todo menos lo que quiero decir! Aun así, lo amo.

—¿Les parece si mañana los visito? —sugirió con una sonrisa cariñosa— Así puedo contarles mejor.

—¡Me parece una estupenda idea, hija! —Sabine contestó con júbilo— ¿Nos vas a presentar tu sorpresa?

—Si —asintió, con ternura— Así que, por favor, preparen dos puestos.

—¿Es tu novio? —insinuó el panadero, esta vez muy templado y serio— Porque si es así, yo aquí lo espero con un banquete de aquellos. ¡Tu sabes que tu papá es el mejor panadero de todo Paris!

Ay...dios. Bueno, eso si suena mucho mas mesurado de su parte. No quise aceptarlo ni desmentirlo. Solamente asentí y les prometí llevar a un "acompañante más". Es todo. Los vi mirarse entre ambos y asentir gustosos. No tenía miedo ni mucho menos desconfianza. Cuando sales con un hombre como Adrien Agreste, no hay forma de que tus padres te rechacen. Sería una locura si así fuese. Estaba confiada de que mis padres aceptarían a mi compañero de piso.

Nos divertimos mucho charlando. Hablamos desde cosas triviales hasta mis avances en mi carrera y en mi trabajo. Les comenté lo del cuadro y de mi nuevo puesto en Le Miraculous. Vi el orgullo en sus ojos y con eso, me di por pagada. El tiempo vuela cuando te diviertes, dicen por ahí. Y sin darme cuenta, el reloj ya marcaba las 19:00PM. El primer invitado llegó, tocando el timbre del apartamento. Tuve que despedirme de ellos, pero con la promesa de que nos veríamos al día siguiente.

Corrí a recibirle. Eran Rose, Juleka, Iván y Kim. No pasó mucho tiempo más, que llegaron Nathaniel y Marc. Mas atrás, venia Alya y finalmente, Nino y Adrien se incorporaron a la fiesta. Hasta el momento, me estaba salvando. No noté ni por asomo al gerente de la cafetería. ¿Me habré salvado?

Lahiffe ya había puesto algo de música y los muchachos se acomodaron cada uno sirviéndose un par de tragos y comiendo algo del picoteo que preparé. Adrien se dio una ducha y se vistió acorde a la ocasión. A eso de las 20:00PM nos sentamos todos en el living. Aprovechando la ocasión les expliqué a todos que Chat Noir en realidad era Adrien Agreste y este último, se dedicó a contarles a todos sobre su verdadera historia. Quedaron vueltos locos con semejante relato.

Hasta el momento, mi mejor amiga era la única que conocía la relación intima que mantenía con el rubio. En ningún momento me encargué de revelarles mis sentimientos al mundo ni mucho menos mi camarada. Fue algo así como un pacto tácito entre ambos. De esos que no se dicen con palabras, pero se resguardan con recelo. Íbamos a comenzar el karaoke, cuando alguien llamó a la puerta.

Ah. Ok. ¿Quién mas faltaba? Era demasiado bueno para ser cierto. Sorpresivamente, Adrien me tomó de la mano delante de todos y me jaló hacia la puerta, literalmente obligándome a acompañarle para abrir. ¿Qué hace?

Félix Graham de Vanily, llegó a las 21:00PM en punto. Ni un segundo mas ni un segundo menos. Maldito inglés. Me trajo flores, como habitualmente lo haría en calidad de jefe. Solo que esta vez, Adrien le recibió apretando mi diestra con aún más fuerza. Quise soltársela, en el instante en que sentí la mirada inquisitiva de mi jefe en aquel apretón de manos. Me sentí muy incómoda. Pero no me lo permitió, hasta que me arrimé a darle dos besos solapados en las mejillas. ¡¿Qué hace, dije?! ¿No va a…?

—Amigos de Marinette —exclamó Adrien Agreste— Amigo Nino —añadió— Ya sé que conocen desde antes al jefe de mi lady, pero esta vez la presentación la haré yo —declaró— El es Félix Graham de Vanily. Mi primo hermano.

¡¿Qué dijo?! ¡¿Qué necesidad había?! Observé la cara desfigurada de Alya, seguida de la expresión jubilosa de mis camaradas. A todos les pareció una asombrosa noticia. Una rueda del destino, increíble. A todos, menos a mí.

—Yo lo invité personalmente, porque es parte de mi familia —expresó el francés, esbozando una sonrisa sincera— Por esas cosas de la vida, resultó ser mucho más cercano a mí.

—Asadasdaj asdasjd —murmuró Juleka.

—Los dos primos, son hermosos —acotó Rose, arrimándose a ellos— ¡Pero si son iguales!

—¡Genial, viejo! —exclamó Lahiffe— ¡No tenía idea de que eras primo de Félix! ¡Es una pasada!

Félix estaba de piedra. Pero no era una piedra muy dura. Es como de esas de granito, que si las tocas se deshacen. No era como que se mostrara inconforme con que le revelara a todo el mundo su parentesco. Si no más bien, como si hubiese querido esperar otra reacción distinta a esa. ¿Por qué? ¿Pretendía que Adrien fuera un perro con él en vez de ser cariñoso? Lo examiné, clavándole una mirada penetrante. ¿Qué estaba tramando?

—Vaya, Félix —Alya Césaire se aproximó a él, saludándole con dos besos en cada mejilla— Ahora eres un jefe mucho más famoso de lo que pensé.

—Un gusto en volver a verte, Alya —respondió con cinismo de vuelta— Zorra.

—El gusto es mío —sonrió la morena— Pito roto.

¡¿Alya que haces?! ¡Se supone que Félix no sabe lo de tu blog! La tomé del brazo y me la llevé del lugar, arrastrándola hasta la cocina con la excusa de necesitar ayuda con algunos platos. Lo vi de reojo. Por unos segundos, me percaté como su rostro se desfiguró. Mierda. ¿Será que lo sabe? No…no creo. Si no, no hubiera venido ¿O sí?

—Gracias por asistir, primo —el agreste le dio una palmada en la espalda como muestra de amistad— Pensé que no vendrías.

—¿De casualidad no recibiste mi paquete hoy? —consultó con voz hosca el gerente.

—Si, claro que lo recibí —asintió como si nada el ojiverde, mostrándole su carnet— Gracias a ti, ahora tengo ID.

—Ah. ¿Solo la ID?

—¿Por qué? —examinó con inocente curiosidad— ¿Debías darme algo más?

—No…nada mas —masculló entre dientes— ¿Qué? ¿Entonces no vio el video?

—Son unas flores muy lindas las que le trajiste a Marinette, por cierto —comentó Adrien, tomando el ramo entre sus manos— Las pondré en agua de inmediato —agregó, tomando un jarrón— Se parecen mucho a las que le regalé el otro día. ¿Verdad que también están lindas? —apuntó hacia la mesita de centro.

Graham de Vanily se desfiguró. ¿Qué mierda le pasa a Adrien? Aquí hay algo que no cuadra. Había cierto aroma en el ambiente, similar a una sábana. Percibí tensión hormonal entre los dos primos. Pero no una que los llevara a la violencia o algo así. Si no mas bien una pugna de territorios. Vamos, yo en verdad no buscaba que se pelearan por mi ni nada parecido. Lo que sucede es que mi compañero de piso, de un momento a otro actuaba muy autoritario; dominante, queriendo marcar un territorio que claramente sentía amenazado por su familiar. Sé que eran gestos sutiles que solo yo captaba, pero en algún punto, todo se tornó más obvio.

—Faltan hielos, chicos —murmuró Marinette.

—Yo iré por ellos, Marinette —determinó Félix, levantándose del sofá.

—No. Tranquilo, primo Félix —le interceptó Adrien— Eres mi invitado de honor. Por favor siéntete en tu casa. Yo iré por ellos.

—Tsk…—chasqueó la lengua el británico, bosquejando una sonrisa ladina— Que servicial, primo. Creo que te tomaré la palabra —acto seguido, tomó a Marinette de la cintura y la atrajo hacia el sin mostrar vergüenza en su actuar— La señorita Dupain-Cheng será mi camarera entonces. ¿Me serviría un trago?

¿Qué haces, idiota? Me toma delante de todos como si fuese de su propiedad. Quise acusarlo con el menor de los Agreste, pero no logré conectar mi mirada con él. Se hizo el desentendido. Poco a poco, la rigidez fue creciendo entre ellos, construyendo así una muralla invisible sobre lo que podían expresar y lo que no deseaban callar. ¿Podía ser posible que mi colega de vida…estuviese celoso de mi jefe?

—Aquí tienes, Félix —murmuró con hastío la ojiazul, entregándole el vaso— Comportante delante de mis amigos ¿Quieres? —gruñó en su oído.

¿De que hablas? Pero si yo soy un caballero —masculló con picardía, relamiéndole la orejita.

¡¿Qué estás…?! —instintivamente, le apartó de golpe; con el rostro ardiendo en color carmesí— Oye…

—¡Ya que todos tienen sus vasos llenos! —aulló Nino Lahiffe— ¡Vamos a bailar!

El novio de Alya ya había comenzado con su tanda de canciones electrónicas. El chico era todo un experto en lo relacionado con hacer de un pequeño espacio de apartamento, una disco real. Por lo regular traía consigo un equipo estéreo de alta generación y luces de neón para iluminar el ambiente, de esas que parpadean constantemente y te dejan epiléptico. En lo personal, a mí me encanta DJ Tiesto. Y para mi sorpresa, a Adrien también le gustaba ese estilo de música. Lo que no me esperaba…era que a Félix igual le agradara. Al cabo de una hora de baile, la mayoría de mis amigos estaban algo ebrios. Por supuesto que yo también. Pero la cantidad de alcohol por litro de sangre en mi cuerpo, no era suficiente como para no darme cuenta de lo que estaba ocurriendo.

En algún punto de la noche, me vi acorralada entre los dos. ¿Maravilloso, no? Par de primos desquiciados. ¿Era acaso una estrategia de ambos? ¿Se habían puesto de acuerdo? Félix intentó raptarme en más de una ocasión, a lo que Adrien le detuvo de forma astuta, tironeándome hacia atrás como si fuese parte del ritmo de la melodía. Literal, soy un pedazo de carne entre dos cazadores hambrientos. Así me sentí.

Justo cuando creí que estaba viviendo un suplicio, vino lo peor.

—¡One, two, three! —Vociferó Nino.

—¡Yahoooo! —gritaron al unísono.

¡¿El idiota acaba de apagar la luz?! No…ayúdenme. Me van a…

No alcancé ni a terminar de pensar, que alguien me besuqueó como si el mundo se fuese a acabar esa misma noche. Me separé como pude, tratando de agarrar algo de aire. Pero nuevamente, dos manos vigorosas me estrujaron contra sí, comiéndome la boca con aún mas intensidad. ¿A quien estoy besando? ¿Quién es quién? ¿Es mi amante o mi otro amante? No. Esperen…reconozco este aroma. Creo que es…

La luz se encendió de golpe. Y como una payasa, me vi sola en medio del living. ¡Ninguno de los dos tontos estaban conmigo! ¿Qué rayos está pasando aquí? Me cabeza estaba estrellada como un huevo frito sobre una paila. Nadie parecía percatarse de que ambos desaparecieron de la fiesta. ¿Es en serio…?

—¡Vamos Marinette! —le jaló Alya del brazo, saltando con ella— ¡Anímate! ¡Baila con nosotras!

—Alya…espera…—intentó frenarle.

Fue imposible. Juleka y Rose también me habían arrastrado hacia ellas. Bailar entre amigas es mil veces más cómodo que hacerlo entre dos chicos, debo confesar. Pero la pregunta del millón seguía siendo una sola: ¿Dónde están los rubios? Tan pronto pude escaparme, observé por el balcón que el Mini Cooper de mi jefe no estaba. No entiendo nada…

[…]

A las afueras de una botillería sin nombre, 1:20AM.

Félix Graham de Vanily regresaba al vehículo con una bolsa de papel entre las manos. Se subió al carro y sacó dos botellas pequeñas de whisky, una para cada uno. Adrien cogió una y bebió de la boquilla, arrugando la nariz en el proceso. Le había quemado la garganta.

—Arg…esto está muy fuerte —expresó con amargura, el Agreste— ¿Cómo puedes beberlo así nada más?

—Es agua. No te quejes ahora —bufó con aires de egolatría— Yo te dije que era una mala influencia.

—Sé lo que has dicho, pero eso no justifica lo que estás haciendo —se defendió el rubio— No me parece correcto.

—Si no querías acompañarme, no hubieras aceptado —espetó Graham de Vanily, tomando un sorbo de la suya— Pero aquí estamos.

—Tu sabes por qué lo hice —el mecánico frunció el ceño con molestia— Creo que tu y yo tenemos que hablar de esto y aclararlo como familia que somos.

—¿Y qué quieres decir con eso? —Félix arqueó una ceja, con actitud defensiva.

—Quisiera que dejes de coquetear con ella, por favor —admitió Adrien, con sinceridad— Si Marinette es deseada por dos hombres al mismo tiempo, se confundirá mucho. Necesito tener exclusividad para cortejarla. De esa forma, se aclarará.

—¿Y qué te hace pensar que yo aceptaría algo así? —carcajeó— Que absurdo.

—Porque soy un buen hombre para ella —declaró— y porque la amo de verdad.

—Yo también la amo —declaró el ojiverde de nacionalidad inglesa.

—Entonces, como la amas, la dejarás ser feliz conmigo —siseó el portador del anillo del gato.

Eso jamás.

—Félix…Marinette es una buena mujer —exhaló el galo, con frustración— ¿Por qué quieres hacerle daño?

—No he dicho que quiera hacerle daño —masculló con desazón— Pero esto es su culpa. Sabe que, si me rompe el corazón, habrá consecuencias.

—Nadie te está rompiendo el corazón, Felix. Tú te lo estás rompiendo solo.

—Entonces deja que ella decida con cuál de los dos se quiere quedar —Graham de Vanily se encogió de hombros, sin mostrar remordimientos o culpa en sus palabras. Su egocentrismo le daba por ganador en esa batalla.

—Eso es ridículo —gruñó Adrien— No expondré a Marinette a tomar una decisión así. No es de caballeros —espetó— Se honorable y date cuenta.

—"Caballeros" —redundó con hipocresía— Mira, primito. Me da lo mismo tus valores de aristócrata al pedo —el gerente de Le Miraculous le amenazó con la mirada— Tu no tienes derecho a reclamar nada aquí. Marinette y yo nos conocemos desde mucho antes de que tu llegaras. Si ella quiere coger conmigo, es problema de ella.

—Ya vi tu video, Félix. Aunque no sé qué querías conseguir con eso, pero no dio resultado —el heredero del matrimonio Agreste desvió la mirada, con congoja— La verdad es que no me parece bien. Estabas siendo muy violento con ella —farfulló de manera áspera— Incluso la golpeaste con tu cinturón y le dejaste marcas en su piel. ¿Cómo llamas a eso? ¿Amor?

—Se llama sexo, niño. Pero tu entiendes nada sobre eso —Félix rodó los ojos, bebiendo de golpe de la petaca— No te creas hombrecito solo porque ahora ganas algo de dinero y tienes una ID. A Marinette le gustó.

—Tal vez le haya gustado esa vez —expresó con melancolía el francés— Pero no necesito ver un video de todas las veces que te acuestas con ella, para saber que ni una sola vez, le has hecho el amor. Solo piensas en ti.

—¡No hables por mis sentimientos! —berreó colérico— No te atrevas…

—¿Que sentimientos? —le interpeló, esta vez con mirada penetrante y voz metalica— ¡¿Qué sentimientos?! ¡Si tú mismo me has dicho que ni los tienes! —se arrimó a su compañero, tomándole del pecho— Tú solo amas a tú madre y posiblemente a la mía. ¿Por quién me tomas? ¿En verdad crees que porque me crie con gatos no sé nada de lo qué haces? ¡¿Me quieres hacer ver un imbécil?!

Félix Graham de Vanily apretó los labios, guardando silencio sin dejo de desacato. Era una situación muy distinta a la ultima vez que se enfrentaron en su casa. No se iría a los golpes, puesto que ya conocía sus trucos y mañas sobre manipulación psicológica. Supo de inmediato, que no lograría sus objetivos. No con su primo al menos. Adrien era inquebrantable.

—Escucha, te lo estoy pidiendo de Mufasa a Scar —agregó Adrien Agreste, fulminándole con los ojos— De brothers como dices, tu. Por favor —masculló entre dientes— deja de acostarte con la chica que amo. Yo ya no puedo compartirla contigo.

—Ok…—Félix le empujó hacia atrás de manera violenta, soltándose de su agarre— Para un poco. Tenme respeto —se mofó— ¿Te da celos acaso?

—El único que siente celos, eres tú —aclaró el mecánico, apretando los puños— A mí me da pena, la verdad. Marinette acabara destruida aquí.

—Claro. Me lo imaginé —balbuceó Félix, gesticulando un mohín de obviedad— Tú no sabes lo que son los celos. Te muestras bien seguro de ti mismo.

—Es que eres mi primo hermano…Félix —declaró finalmente, bajando la cabeza con las mejillas rojizas y las escleróticas humedecidas— No entenderías jamás lo que siento por ti. Vi las grabaciones de papá. Y no tienes idea…del vínculo que forjamos de pequeños.

Eso si le había llegado muy profundo. Silencio sepulcral entre ambos. La lluvia comenzaba a abalanzarse por las calles de parís a esas horas. Adrien se acomodó en su lugar y mágicamente, se tomó de golpe la mitad de la botellita de Whisky. Era anestesia fija para sus emociones. Se profesó en llamas, de la frustración que sentía. No era solo rabia contra su primo, si no…por las trágicas situaciones que separaron sus caminos de antaño. Si tan solo no se hubiese ido a ese viaje ni se hubiera perdido en los Himalayas, ellos serían como los hermanos que en algún momento se sintieron.

—No puedo…hacer lo que me pides —declaró Graham de Vanily, rehuyendo de su mirada con voz de soledad— No sé qué hacer…

—¿No puedes o no quieres?

—No. Esta vez…va en serio —explicó el magnate— En verdad no puedo. Es una fuerza que me supera. Yo la veo…y quiero hacerla mía.

—Eso se llama obsesión. ¿Sabias? —cuestionó Adrien.

—Ja…Marinette me dijo lo mismo una vez —soltó una risita solapada— Pero si…puede ser que tengan razón.

—Félix, ¿Marinette te busca para hacer el amor? —curioseó— Porque a mí si…

No. Claro que no. Ella en ningún momento se mostró dispuesta a exponer tales intenciones. Era bien sabido que ambos se deseaban físicamente. Pero algún punto, Félix se vio así mismo como un mejor amigo. De esos que te quieres coger, claro. No había falta que ella lo aclarara, porque él lo tenía tranquilo en la mente. Tonto no era. Es solo que se había aprovechado de la ocasión para seguir buscándola. Cazarla y apoderarse de ella como un depredador salvaje lo haría en medio de la jungla. Constantemente la muchacha se resistía. Y con el cansancio y la insistencia, se dejaba llevar al final del día. Luego Marinette se vengó y le quitó su virginidad de vuelta, sin si quiera pedir permiso; porque el tampoco lo había hecho. Aquel jueguito de intenciones libidinosas, acabó por envolvernos en un trato a puertas cerradas en donde le ataba a seguir acostándose con él, hasta sentirse bien consigo mismo. Si. Claro que era enfermizo. No lo negaría, pero tampoco lo aceptaría. Su orgullo masculino estaba en juego.

Félix Graham de Vanily soltó un suspiro extenso, tomando otro sorbo de su bebida alcohólica. Tras varios minutos en competo mutis, se giró a su familiar.

—Escucha…Adrien —murmuró con dolor en sus palabras— Yo sé que Marinette te ama a ti. Es cosa de ver cómo te observa. Ella…jamás me ha mirado de esa forma —admitió— Pero no puedo pedirte disculpas por esto. Porque no me arrepiento de nada. Soy un hombre que busca goce en sus actos —añadió— Dupain-Cheng me ha proporcionado mucho placer. Me volví adicto a eso. Y te puedo asegurar, que ella siente algo similar a lo que yo.

—Lo sé —aclaró Adrien Agreste, esbozando una sonrisa jovial; diluida con tristeza— Yo sé que a ella también le gusta mucho estar contigo. Y no soy quien, para juzgarla, porque como bien dijiste, yo llegué después —exhaló— No puedo culparte ni a ti ni a ella. Es parte del pasado. Solo quiero concentrarme en el presente y el futuro.

—Ella no va a dejarme ir, primo —espetó con voz templada.

—Lo tengo asumido —proveyó el galo— Es por eso que quise hablarlo contigo. Y no con ella. Marinette…verás. ¿Cómo lo explico? —cerró los parpados, con expresión cariñosa— Es una chica increíble. Joven, soltera, muy hermosa. Tiene todo el derecho del mundo a experimentar la vida. De pronto llegué yo y…bueno, puse su vida de cabezas. ¿Sabes? He tomado la responsabilidad de mis actos sobre su mundo. Yo-…

Nadie vio venir ese gesto elocuente de amor. Félix Graham de Vanily, estaba abrazando a su primo con mucha fuerza, mucho antes de que acabara de hablar. Fue imposible para el rubio zanjar la frase. Se internó en un bosque profundo de melancolía, en donde las lagrimas brotaron como llovizna de otoño sobre sus pómulos. Por supuesto que correspondió su apretón, minimizándose sobre sí mismo. Después de todo, ambos estaban bien borrachitos.

—Te equivocas, Adrien —musitó Félix con padecimiento, contra su oído— Yo si tengo sentimientos. Me pasé más de 15 años investigando tu desaparición. Y lo hice por amor. No por bolitas de dulces —añadió, en un sollozo— Por amor a ti y a mi tía Emilie.

Le desarmó. No le cabía duda alguna de que así fue. ¿Cómo podría poner en tela de juicio su declaración? Fue el mismo quien lo buscó para mostrarle su pasado. Le consiguió empleo e incluso, una identificación. ¿Para que se molestaría en hacer algo como eso, si no sentía nada? ¿Por qué habría de conservar un autito de modelo escala, si no era de el? Un recuerdo…muy atesorado de su infancia juntos. No había necesidad de cuestionarlo. Las cosas se tornaron turbias cuando una mujer se interpuso entre ambos. Pero en ese mismo instante, el inglés estaba dejando en claro, que nadie podría romper el vinculo que los unía. Ni si quiera Marinette Dupain-Cheng. Tras separarse, el gerente de la cafetería sentenció.

—Quise destruirlos a ambos. Sabiendo que en el proceso de dañaría a ti. Y es todo lo que diré.

—¿Marinette te hizo algo, Félix? —cuestionó Adrien, removiendo las lagrimas de sus parpados con el dorso de su mano. No era normal que quisiera hacerles daño. Su compañero, asintió— ¿Qué sucedió?

Félix extrajo desde el interior de su bolsillo su móvil. Googleó por la internet, mostrándole el Ladyblog. Y la columna que había escrito: "El día que le rompí el pito a mi jefe" Escrito por: Alya Césaire.

Vale. Comprendió sus motivaciones al pie de la letra. ¿Era una venganza? Era obvio que esa reseña fue dictada por su compañera de piso. Adrien Agreste apretó los puños. No de molestia. Si no mas bien, de claras intenciones de no entender cual era el motivo de algo como eso.

—Hablaré con ella. Prometo solucionar el tema —determinó el mecánico, posicionando su diestra sobre su hombro— Pero por favor, no hagas mas nada. Las cosas se solucionan conversando. ¿Sí? Déjamelo a mí. Esto debe de ser un error. Ella no es una mala mujer. Solo es algo torpe.

Para sorpresa de muchos, Félix aceptó sus términos. Posiblemente, porque su primo era un talón de Aquiles para él. Dentro del Mini Cooper, ambos jóvenes se terminaron la botella de Whisky de golpe. El tema estaba zanjado al fin. Aunque era la fiesta del rubio francés, ninguno de los dos quiso volver esa noche al apartamento. Adrien sintió dentro de su corazón, que le debía años de amistad y comprensión a su familiar. Y deseaba recuperarlos a como dé lugar. Lo mismo haría si tuviera a sus padres en frente.

—Hey…—bufó con gracia el heredero de los Agreste— ¿Conoces algún lugar divertido para ir?

—¿Te refieres ahora, primo? —sugirió Graham de Vanily con voz picara.

—Ahora, primo —Adrien estiró la mano, girando la llave del vehículo para encendérselo el mismo— Arranca.

—Tus palabras, son ordenes para mi —acató Félix, guiñando un aspaviento alborozado— Te voy a llevar mi club favorito.

—Muéstrame tus lugares favoritos —le cerró un ojo, sacudiendo la botella de whisky vacía— Hay que ir por más.

¿Qué es la reconciliación? ¿Alguien lo sabe realmente? Los entendidos dicen:

Es un proceso y un componente imprescindible para construir y mantener la paz entre los diferentes actores involucrados o afectados por el conflicto armado. Se entiende "armado" porque mientras no exista tal cosa, hay una disputa o guerra de por medio. La palabra como tal, viene del latín. Del re al sustantivo concilium (asamblea, reunión, unión). Es así como reconciliare en origen, es hacer volver a alguien a la asamblea, a la unión y al acuerdo con otros. Volver al vinculo. En este caso, a la familia. Al proceso que en algún punto los unió y que de pronto, se quebró producto de una desconfianza o altercado sin sentido.

¿Se habían reconciliado entonces Adrien Agreste y Félix Graham de Vanily? Juzguen ustedes.

[…]

Club Discoteca Parisina, Supersonic. 2:10AM.

Esto era otro nivel. No se asemejaba en nada a las fiestas en casa de Marinette. Para Adrien, fue entrar a un agujero de gusano de esos que te transportan a otro multiverso. Félix era miembro VIP del local, por lo que sin mucho problema se saltaron la fila. Era muy exclusivo por lo demás. Tanto los meceros, como los guardias y los mismos asistentes le conocían. ¿Así que esto era lo que hacía solitariamente en sus noches de fines de semana? Le pareció increíble que su primo hermano tuviera tanto mundo, siendo tan reservado con su vida privada. Graham de Vanily le había contado en mas de una ocasión, que extrañaba Londres a veces. Pero que, sin duda, Francia, sobre todo esa ciudad tenía lugares nocturnos increíbles para pasar el rato.

El gerente de la cafetería, solía contarle con mucha diversión el como sus propios trabajadores inventaban historias absurdas de él. En mas de una ocasión, lo tacharon de frígido. Pero a el no le molestaba del todo. El británico entendía que cuando te desenvuelves en el mundo, sobre todo en un puesto tan importante, daba lo mismo como actuaras. Su lección del día fue: Hagas lo que hagas. Incluso si no te metes con nadie, siempre habrá alguien que se quiera meter contigo. ¿En verdad pensabas vivir tranquilo siendo callado y reservado? Eras un ingenuo. Nunca va a faltar al que le moleste tu presencia. Seas extrovertido o introvertido. Así que, sin más, se tú mismo. Al diablo la gente y su envidia. Entendió que, si iban a hablar mal de él, mejor darles razones de sobra para hacerlo, que no mostrarlas. Era una forma muy extraña para el mecánico de expresarse. Pero su primo era tan genial a sus ojos, tan fuerte y enérgico con el mundo, que no dudaría ni un segundo en seguir sus pasos en ese sentido. Necesitaba un modelo masculino a seguir, a falta de su padre. Aunque no sin antes advertirle.

—Jamás copies todo lo que hago. Soy un bastardo. Trata de sacar lo bueno. ¿Queda claro?

—Queda claro —asintió Adrien.

Esa noche se deleitaron con la barra de tragos. El portador del traje, bebió y comió lo que hizo, cortesía de la casa. Después de todo, era su fiesta ¿No? Por esas horas, la mayoría de los comensales estaban ebrios o de plano drogados. Félix le advirtió de que, en esos lugares, habría gente que le ofrecería aspirar por la nariz harina cruda y posiblemente fumar comino molido. No entendió un carajo, pero le haría caso. El sabe de lo que habla. Obedientemente tomó sus consejos. También le habló sobre jamás aceptar vasos de bebidas de extraños. Si iban a pedir algún trago, que lo prepararan delante de él. Donde sus ojos lo vieran.

—Nunca sabes lo que te pueden echar en el vaso —acotó el británico— ¿Queda claro?

—Queda claro —asintió.

Charlaron un poco, se contaron chistes y bailaron sobre la pista. Tal y como lo leen. Dos rubios solitarios, en medio de todos. La música tecno era la debilidad de los primos. Fue una noche memorable. El primer reencuentro después de casi 21 años en donde gozaron de la compañía de ambos, a rabiar. En mas de una ocasión, mujeres se les acercaron para cortejarles. Pero Félix era experto en espantar chicas.

—Hey, chicos —vociferó una guapa muchacha de cabellos bermejos— ¿No prefieren bailar con nosotras? Estamos solas con unas amigas por acá.

—No gracias, soy maricón —espetó Félix, apartándola.

—Pff…aguafiestas —chistó la fémina, retirándose de ambos con expresión asqueada.

—Eh…—Adrien se rascó la nuca, confundido— ¿Qué es ser maricon?

—Nada. Tu solo bésame —gruñó molesto.

—¿Cóm-…?

Sip. Le plantó un beso en los labios, de aquellos que te dejan flipando. A la madre. Adrien se ruborizó a mas no poder, intentando contener la risa en el proceso. ¿Pero que mierda fue eso? Félix carcajeó delante de él, dándole una palmada en la espalda.

—¡Jajaja, se espantaron todas! —vociferó Félix, como un mocoso— ¡NO PUEDEN DOMINARNOS, CARIÑO!

Al diablo. No iba a cuestionarlo por eso.

El tiempo pasa volando cuando te diviertes. El alcohol ya había hecho estragos en su cuerpo. A diferencia de su familiar, Adrien no tenía tanta resistencia a esa sustancia etílica, por lo que, al cabo de unas horas, comenzó a dormirse. Bueno, no podía dejarle en ese estado. Lo arrastró hacia el auto, percatándose de que eran pasadas las 4:05AM. Algo vibraba con insistencia en su bolsillo. El celular de su compañero marcaba 20 llamadas perdidas de Marinette, 13 mensajes de texto y 2 audios en el buzón de voz. Al diablo. Lo cogió y lo apagó de golpe.

—¿Te encuentras bien? —consultó Félix, conduciendo por la gran avenida.

—Estoy bien, primo —hipó el Agreste, bastante embriagado— ¿Me llevas a casa?

—Eso estoy haciendo, bobo. Ni modo que te lleve al espacio —se mofó en el proceso.

—Mi auto, mi música —comentó Adrien, mientras reía idiotizado

—No es tu auto —Graham de Vanily rodó los ojos con expresión juguetona.

—Pero si mi música.

El mecánico encendió la radio, buscando con el dedo índice la lista de reproducción que mas se asemejara a sus gustos. Tras estacionarse fuera del apartamento, Adrien Agreste se bajó del auto, tratando de no tambalearse mucho.

—Félix, quiero orinar —expresó el ojiverde.

—Vamos —Félix exhaló rendido— Te llevo arriba.

Demasiado tarde.

—¡No me mees las ruedas, pedazo de imbécil! —aulló furioso el rubio.

—¡Marinette! —aulló el Agreste hacia el cielo, abriendo la puerta del vehículo— ¡Marinette Dupain-Cheng!

[…]

Los voy a matar, señores. Los voy a matar, par de rubios. ¡¿Cómo se atreven a irse sin si quiera avisar?! Llevo mas de una hora llamándolos y ninguno se digna a contestar. Como los vea, yo voy a-…

—¡Marinette! —vociferó Kim, en el balcón— ¡Son Félix y Adrien! ¡Han vuelto!

—¡¿Cómo?! —saltó de su sofá— Vale. Me los voy a comer vivos.

En verdad deseaba tomarme la situación con normalidad. Pero estaba tan encabronada, que todo se me vino a rojo. Ardí en las llamas de la furia, por el solo hecho de dejarme tirada sin darme si quiera una explicación lógica luego de tratarme como un bocadillo. Me habían repartido entre ambos y no se los perdonaría tan fácil. Mis amigos se arrimaron todos al balcón, como si presenciaran un espectáculo o una orquesta. ¿Qué sucede? Rose me jaló del brazo con júbilo.

—¡Mira que tierno que es! —chilló Levillant— ¡Es una serenata!

¿Qué?

Queen – Love of my Life.

No puedo creer…que está sonando aquí. Adrien tenía las puertas del auto de Félix abiertas, con la música a todo dar. Se escuchó en todo el barrio seguramente. ¿Adrien…está cantándome una canción? Que…vergüenza…por dios. Mátenme.

Love of my life, you've hurt me (Amor de mi vida, me has herido)

You've broken my heart, and now you leave me (Me has roto el corazón y ahora me dejas)

Love of my life, can't you see? (Amor de mi vida, ¿No te das cuenta?)

Bring it back, bring it back (Tráelo de vuelta, tráelo de vuelta)

Don't take it away from me (No lo alejes de mi)

Because you don't know (Porque no sabes…)

What it means to me (Lo que significa para mi…)

Ok. Se cancela el suicidio. Me acabo de derretir a mas no poder. Sentí como mis pómulos se iluminaron con fulgor. Mi ritmo cardiaco aceleró considerablemente, sin poder determinar si era vergüenza lo que sentía o cariño. Cada palabra que recitaba con angustia y dejo de amor, me hizo estremecer. ¿Qué demonios pretendían? Observé a Félix, queriendo acuchillarlo con la mirada. Pero en vez de ello, me tope de frente con un muchacho de expresión derrotada.

Félix Graham de Vanily ¿Que estás queriendo decir? Mierda.

Me respondió con los ojos. ¿Estás renunciando a mí? Alzó la mirada, clavándome con toda la intención del mundo, su respuesta en mi corazón. Fue una estaca en él. Era la primera vez en meses, que le vi tan osado. Si tan solo hubieran visto su decisión, su templanza. Me dejó sin aliento. Un par de orbes esmeralda, inyectados de sangre, inflamada por la sentencia de muerte que me daba.

¿Félix? ¿Qué estás haciendo…?

Rompí en llanto. Algo se apretó en mi pecho, generando un nudo en mi garganta con tormento. Estaba tan enamorada de Adrien, por la mierda. Pero ahora mismo, escuché como mi corazón se partía en dos; mientras una parte de el se diluía en el olvido. Nadie jamás entendería lo que sentí esa noche. Pero se los diré ahora mismo. Félix acaba de terminarme, sin si quiera decírmelo en la cara. Bastó con una sola mirada perspicaz, certera, concisa, para entenderlo todo. No soy estúpida, por la chucha. No lo soy. Yo nunca quise esto. Voy a confesarme frente a la iglesia de mi providencia y al cura de mi propia conciencia. No lo creía capaz. Pensé que mi jefe estaba obsesionado conmigo y dentro de mi egocentrismo, me aferré a eso. Profesé con narcisismo que no sería competente de abandonar el placer que yo le propinaba. Creí que de verdad que no sería capaz. Pero ahora mismo, lo acaba de hacer. Ha dejado que su primo hermano, tome la delantera, la iniciativa del acto y se lleve el premio mayor.

Entonces está hecho. Félix sabía de mi relación con Adrien. Félix sabía de mis sentimientos. Félix, sabía lo del Ladyblog. Y también, le contó a Adrien lo nuestro. Maldito judas traidor.

Adrien Agreste estaba pasado de copas. El gerente de Le Miraculous le tomó de las axilas y le condujo hacia el apartamento. Lo llevó en silencio hasta la habitación y se despidió de todos en un acto de honorable caballerosidad. Para mi no era suficiente. ¿De que me he perdido? Le seguí enloquecida hasta el auto, pero me detuvo en la puerta con mucho estupor. Un aguacero gélido se ciñó sobre ambos, seguido de un trueno que arrastraba toda mi frustración hacia él.

—¡Eres un bastardo! —berreó Duáin-Cheng, empujándole con ambas manos hacia atrás— ¡¿Por qué hiciste esto?! ¡¿Ah?! ¡Te dije que no le contaras! —volvió a espolonearle, hasta azotarlo contra el vehículo— ¡Eres un maldito, Félix Graham de Vanily!

—Ya te lo dije. Si no lo hacías tú, lo haría yo —respondió con voz inclemente— Se acabó, señorita Dupain-Cheng.

—No tenías ningún derecho…—tembló trémula bajo la lluvia— ¡No tenía que enterarse de esta forma!

Lo siento. Pero tuve que abofetearle. Realmente se lo merecía. ¿Creen que hizo algo al respecto? Nah. Impávido, regresó la vista con total insensibilidad, mientras el agua mojaba sus cabellos sobre su frente. La decisión estaba tomada. Aunque lo hubiese golpeado ahí mismo, cambiaría de opinión.

—Félix…—balbuceó, con la vista humedecida— No hagas esto…

—Marinette —agregó Graham de Vanily, tomando su rostro con ambas manos— Tenias razón. Yo estaba obsesionado contigo. Y creo…que tú también lo estás —explicó— Tu y yo jamás iremos a ningún lado, que no sea quitarnos la ropa.

—¡Félix! —rogó— ¡Por favor! Yo te necesito…

—Adrien te ama —aclaró, esbozando una sonrisa cariñosa como nunca antes le brindó— No seas tonta, niña. Date cuenta, que debes estar con quien amas. No con quien necesites.

Les juro que no me lo esperaba de él. Lo cual no quiere decir, que no fuese a pasar. Es solo que me confié. ¿Ok? Creí que no podría dar el paso. Y eso me destruyó por dentro. Tantos años…idealizando a un chico que no resultó ser lo que creí. ¿Cómo se lo tomarían? Era normal que me doliera. Aunque fuese solo físico, yo en serio lo quería. De verdad este hombre, me removía las hormonas. Pero supongo…que era solo eso. Mi capricho.

Me abrazó con una dulzura que jamás antes sentí de su parte. Era sincero. No quiero ir en contra de él. Es mi jefe…es el gerente de la cafetería Le Miraculous. Esa noche, tendría que asumir que murió mi amor de quinceañera por aquel hombre inalcanzable que, en algún momento, me hizo suya. Dentro de aquel gesto de cariño, quise aclararle mis intenciones desde un comienzo.

—Lo que yo hice por ti, era real —aclaró Marinette, separándose de él; tras mantener distancia con sus brazos— No quiero que pienses que me obligaste.

—Lo sé, Marinette —expresó Graham de Vanily con mesura— Se que, en el fondo, para ti era amor lo que hacíamos. Es solo…que yo no sé lo que es eso.

—¿Y es por eso que nunca me llevaste a tu apartamento? —consultó con expresión malograda en el rostro— ¿Por qué yo era solo una entretención?

¿Es eso lo que estabas buscando? —Félix hizo una pausa, abriendo la puerta del copiloto sin ningún miramiento adicional— ¿Me dejarías ir, si lo hago?

—¿Cambia en algo, todo esto?

Me negó con la cabeza. Fuese lo que pasara esa noche, la disposición seguiría siendo la misma al salir el sol. Yo, dentro de mi opresora insuficiencia de afecto, necesitaba a gritos de él. Lo único que quería, era su amor. Vi en todos nuestros encuentros, parte de su cariño por mí. Aferrándome a la idea de que este chico supliría mis carencias como persona, acabé enredada en un bucle de situaciones y sentimientos que me terminaron por enamorar. ¿Recuerdan cuando dije que amaba a Adrien y ya? No fue así.

En realidad, yo estaba enamorada de ambos. Y sí. Si se puede amar a dos personas al mismo tiempo. Lo importante es saber diferenciar, quien es finalmente el indicado para compartir tu vida. Siempre puedes elegir a uno. O en resumidas, optar por quedarte solo. Que también es tan valido como lo demás. Llegué a replantearme aquello, cuando entré al apartamento de mi jefe esa noche. ¿Y si solo me separo de ambos y ya? ¿Podría soportarlo?

Me tomó de la mano y me condujo hasta su habitación. Ya no tenía ganas de seguir pensando. Solo…desconéctenme y ya.

5:10AM.

—Yo espero que te haya gustado, porque esta vez si le puse ganas —murmuró Graham de Vanily, llevando ambas manos detrás de su nuca— Admito que superé mis expectativas.

—Desearía poder volver el tiempo atrás —musitó Marinette, aferrada al pecho desnudo de su amante.

—¿Y por qué querrías hacer eso? —le consultó el ojiverde, con la mirada pegada al techo.

—Para no haber aceptado este estúpido trabajo —rezongó, con lágrimas en los ojos— Quisiera dejarlo.

—Me pediste que te hiciera el amor, con amor. Y ahora que lo hice, quieres renunciar —exhaló el inglés, bosquejando un mohín de desagrado— No te entiendo, Marinette Dupain-Cheng.

—Lo sé, Félix —se levantó de la cama, sentándose al borde de esta para buscar su ropa interior— Sé que no me entiendes. Y que nunca lo harás —le observó por sobre el hombro— ¿Me llevarías a casa por favor? Adrien está durmiendo solo y estaba ebrio. Me preocupa.

—Y ahora te preocupa mi primo —rodó los ojos.

—Siempre me ha preocupado tu primo —espetó con voz metálica, acomodándose el pantalón — Pero ahora es distinto. Todo será distinto…

[…]

Tras volver al apartamento, me hallé a solas en la penumbra del living. Los rastros de una celebración animada se dejaron ver por la cocina y el comedor. Mi jefe me había enviado un mensaje deseándome las buenas noches. Pero ni si quiera me atreví a dejarlo en visto. Caminé sin muchas ganas hasta la habitación, despojándome de la ropa en el camino. Estaba temblando de frio. Solo quería meterme a la cama con mi chico. Con el único que, a partir de hoy, sería mi razón de vida.

Sin embargo, nada sale como debería ser, en mi mente. Adrien estaba sentado al borde de la cama, con expresión furibunda. Vale. Supuse que tendría que enfrentarme a el y darle un montón de explicaciones. Abrí los labios para excusarme, pero el solo se limitó a decirme:

—Hueles a Eau de Parfum, Sauvage, de Dior.

Me paralicé unos instantes, tragando saliva con dificultad. Ok, Marinette. Tómalo con calma. Ni si quiera es capaz de mirarte a los ojos. Por lo tanto, se siente tan frustrado como tú. Si no pones paños fríos, el muchacho se te irá de las manos envuelto en una ola de fuego que no va a parar ni dios.

Me subí a la cama, gateando hasta él. Le abracé por la espalda con mucho cuidado, depositando mi frente en su hombro.

—Si, Adrien. Es el perfume de Félix —confesó sin tapujos.

Sentí como aflojaba los músculos, cuando le revelé aquello. Comprendí que su enojo no radicaba en el engaño en sí. Si no, en no tener la fortaleza ni la valentía de contarle realmente lo que sentía por su primo. Era natural que se profesara abrumado y desolado. Pero tampoco estaba dispuesta a permitir que ese sentimiento se anidara en su pecho por mucho tiempo. Sé como hacerlo sentir mejor.

—Todo estará bien a partir de ahora, mi gatito —musitó contra su oído, frotando su pecho con ambas manos— Eso se acabó.

—¿Me amas, Marinette? —volteó la cabeza, solo para observarle a los ojos.

—Te amo…Adrien —declaró, depositando un beso casto en sus labios— Mas que a nada en este mundo.

Compartimos aquel ósculo por varios minutos más, hasta que finalmente percibí un relajo total por parte de mi compañero. Tanto su destemple corporal como su mirada, se volvieron dóciles y sumisas. El me abrazó en medio de la oscuridad. Y para darle mas potestad a mis intenciones, me levanté de la cama para ir a darme una ducha. Ya no quiero oler a Sauvage. Quizás sería tiempo de conseguirle un aroma propio, distintivo y único a mi chico. Luego le plantearía la idea de ir a comprar un perfume para él.

Cuando me quité la ropa, noté que Félix me había dejado una marca carmesí en el cuello. Arg…el maldito me mordió o me succionó sin que me diera cuenta. Era algo que esperaría de él. Como supo que sería la ultima vez, me marcó como un ganado. Tsk…no aprenderá jamás. Quise olvidarme de ese asunto, pero las imágenes de nuestro ultimo encuentro relucían con mayor intensidad, cada vez que miraba esa estampilla rojiza en la piel expuesta. Una emoción nauseabunda me incomodó, sacudiéndome el vientre con fuerza. Ah. Genial. Creo que tomé demasiado. El alcohol, la comida, más todas las emociones juntas y el revoltijo de aquí para allá, me hicieron vomitar hasta el alma. Literal, sentí como si el intestino fuera expulsado por la boca. Cuando por fin acabé y logré tirar la cadena, me quedé desnuda contra la baldosa, abrazando mis piernas y lloriqueando en silencio.

No es que esté arrepentida de lo que hice. Pero…aún me dolía. Y por nada del mundo, dejaría que Adrien compartiera ese dolor conmigo. El ya había sufrido suficiente por mi culpa. Era muy tarde y debía dormir lo suficiente como para levantarme al otro día e ir donde mis padres. Se los había prometido.

Abrí el botiquín y me tragué dos pastillas de metoclopramida. Un medicamento que usaba para las náuseas. Me cachetee. ¡Despabila, Marinette! ¡Que todo estará bien! Tú estás bien. Adrien está bien. Félix está bien. Todos estamos bien. Si. Eso.

Metí la cabeza debajo del chorro de caliente de agua, enjuagándome el cuerpo de los residuos de jabón, cuando de pronto sentí un fuerte dolor punzante en el pecho. Me ahogó a mas no poder, como si me faltara el aire. La vista se tornó nebulosa y cuando quise sujetarme de la cortina, no tuve fuerzas para hacerlo.

Me desmayé.

Seguramente el ruido hueco de mi caída alertó a mi compañero, porque lo ultimo que alcancé a divisar fue verle entrar en pánico hacia el baño y luego…nada. Un silencio mortuorio. Todo se vino a negro.

Genial. Me llegó la hora de morir al fin. Eso me pasa por andar jugándole al vergas.