"Este fic participa en el minirreto de marzo para La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

Beteado por Nea Poulain

Reto: objeto mágico / mitológico

Personaje: Hannah Abbott

Objeto:

La casa de Baba Yaga

Palabras: 477


En el bosque

Estaba perdida. Se había adentrado al bosque para buscar hongos y flores y ahora no encontraba el camino de regreso.

De pronto, vio una luz a lo lejos. Ilusionada, apresuró el paso, pero se dio cuenta que no era su casa, sino un claro donde se encontraba una cabaña.

Al acercarse descubrió que, en la valla que rodeaba la casa, había cientos de cráneos humanos. Corrió para alejarse, pero tropezó a los pocos pasos, raspándose la rodilla. En ese momento vio descender del cielo una anciana montada en una tinaja de madera que aterrizó a un lado de Hannah con una sonrisa que dejaba ver sus dientes afilados.

—Vaya, vaya —dijo con voz aguda—, ¿qué tenemos aquí?

Hannah estaba muda del susto, con los ojos desorbitados mirando a la anciana acercarse. La mujer chasqueó la lengua.

—Te hiciste una herida muy fea. Ven, vamos a mi casa, te curaré.

Caminó hacia la casa y cuando vio que Hannah no la seguía se giró para decirle:

—No voy a comerte.

—Los… los cráneos —atinó a decir Hannah señalándolos.

La vieja bufó y siguió caminando.

—Sólo me como a las personas malas y se ve que tú eres una niña buena. Anda, se hace de noche y seguro tienes hambre. Acabo de hornear una tarta de manzana.

Ante la mención de comida el estómago de Hannah rugió, decidió que se iba arriesgar y siguió a la vieja al interior de la cabaña.

—¿Cuál es su nombre, señora?

—Me dicen Baba Yaga, pero así nos dicen a todas en mi familia.

Baba Yaga curó su herida; como la tarta estaba deliciosa, dejó de tener miedo y se quedó dormida.

Despertó de madrugada y al no tener sueño decidió que quería pagar la amabilidad de Baba Yaga. La casa estaba sucia y desordenada así que decidió limpiarla. Para cuando el sol salió, la casa estaba reluciente.

—En agradecimiento por tu trabajo te ayudaré a volver a tu casa —dijo Baba Yaga. Se agachó y dio unas palmaditas en el piso—. Vamos, holgazana, tenemos que movernos —murmuró.

Y al instante la casa comenzó a vibrar, como si hubiera un temblor. Hannah se aferró al marco de la ventana y vio asombrada como la casa se elevaba. La casa siguió agitándose, y Hannah notó que avanzaba a paso veloz por el bosque. En un santiamén llegó a la orilla del bosque. Y de nuevo se asentó en el piso.

—De aquí seguro que podrás llegar a tu casa sin problemas —dijo Baba Yaga, ayudándola a levantarse, pues se había caído por el movimiento.

Hannah salió y apenas estuvo fuera escuchó un ruido y vio que la casa volvía a elevarse. Boquiabierta notó que por debajo de la casa salían dos largas patas de gallina. Y tuvo que reprimir la risa por la curiosa imagen que daba corriendo al interior del bosque.


Notas:

Ojalá tener una casa con patas de gallina.