—¡QUE VIVAN LOS NOVIOS!
Uno de los mozos agitó con crimen una botella de champaña, reventándola delante de todos nosotros. Yo me había bañado recién. Pero el imbécil de Félix no halló nada más divertido que rociarme con la espuma por todos lados de forma descontrolada.
¿Qué edad tienes? ¿12?
¿Pueden creerlo? Porque yo aún no lo digiero. En serio…Félix Graham de Vanily y Kagami Tsurugi se casaron. Cerré los parpados, esperando sentir la alarma de Samsung para despertarme de esta pesadilla. Lástima que no llegó. La cafetería y el restaurante se unieron esa noche de enero, atestando el lugar de personajes que ni en pelea de perros llegué a conocer. ¿De dónde salió tanta gente? Si mi jefe no tiene amigos, joder. ¿Serán bots contratados por el mismo? ¿Jugadores de Fortnite? Y vamos, su sonrisa era tan fingida. ¿Es que acaso nadie se da cuenta que esto es un montaje? Tan falso como el culo de las Kardashian y los labios de Paris Hilton juntas.
A mi no me quieran engañar. Yo creo que firmaron en Las Vegas, en un cuchitril vestido de una capilla "nupcias a 10 dólares"; con tal de succionarse sus millones como las sanguijuelas que eran y luego separarse con la excusa de que, si te he visto, ni me acuerdo.
—¿Qué pasa, Marinette? —aplaudió Adrien, con la inocencia que le acaecía habitualmente. El pobre no se da cuenta de nada— ¿No estás feliz?
—Me alegro por tu primo…—mintió Dupain-Cheng, sosegada hacia un costado— ¿Y quienes son estas personas? ¿Los conoces si quiera?
—Claro —acotó Agreste, señalando con el dedo— Los de allá son los abogados de Félix y de Kagami. Ese de ahí, es el alcalde Bourgeois con su esposa Audrey. Mi jefa Zoé y su media hermana Chloé. Y ese otro…—ladeó la cabeza, no muy convencido— Creo que es un vagabundo que pillé en la calle.
Me lleva la que me trae.
—¿Así que tu ayudaste a montar esta mierda? —gruñó Marinette, con cara de malos amigos.
—¿Mierda? —carcajeó el rubio con normalidad— A mí me parece bonita.
—Una mierda bonita —se encogió de hombros.
—No seas tan cruel con Félix y Kagami —añadió con júbilo el ojiverde— ¡Se ven felices juntos!
—Claro —rodó los ojos con ironía— Tan felices, que están tirando dinero a los invitados.
—Son billetes falsos —murmuró en su oído— Es una propaganda para anunciar la fusión de las dos franquicias.
Encima estafadores. Parcito de cabrones burocráticos.
—Muñequito —Zoé Lee se les acercó, dándole un puñetazo en el hombro al mecánico, bien rudo— Esta fiesta es una basura. Pero hay mucho alcohol gratis y por eso te perdono.
—¿Te ha gustado? —bufó Adrien.
—No —espetó la rubia, tragándose de golpe un vaso de coñac— ¿A qué hora vienen los vedettos? Me urge uno.
—Ah. Eso es para más tarde —Chat Noir le dio un codazo picaresco— Aún es muy temprano.
—¡Adrichu! —Chloé se abalanzo al hijo de los Agreste, colgándose de su cuello— ¡Agradezco que me hayas invitado! Sabía que te gustaba en el fondo, pillín.
—Pero no te invité, Chloé —Adrien se rascó la nuca, confundido con lo que le contaba— La invitación fue para toda la familia.
—¡No finjas! —chilló— Yo sé que sí. Posiblemente mi invitación se perdió en el correo. ¡Pero no importa! —intentó besarle en las mejillas— Yo te perdono todo.
—Aparta —Marinette le empujó, alejándola violentamente de su pareja— O te meo.
—¡Siempre tan vulgar, Dupain-Cheng! —berreó hastiada Bourgeois— ¡¿Cómo te atreves a tratarme así delante de todos?!
—Anda, ve a llamar a los soviéticos para que me echen —se mofó la estudiante de arte, agarrando el brazo de su chico— Adrien es mi novio. Demándame por eso.
—¡Ridículo! —vociferó, gesticulando un mohín— ¡Totalmente ridículo!
—¡Oh my god! —exclamó Amelie Graham de Vanily, atiborrada de alegría sarcástica— ¡Pero que matrimonio más productivo! Justo hoy, la bolsa de valores de Nueva York se levantó en números verdes. ¡Jaja! Pero claro, eso solo fue una coincidencia —ladeó la cabeza, tomándose las mejillas— ¡Es un signo!
—Con forma de $, claro…—Marinette siseó, escuchando lo que hablaba un poco más allá.
—¿No le parece genial, señora Tsurugi? —añadió la rubia, mirando con felicidad a su compañera no vidente— ¿Cómo ve el futuro de nuestra nueva alianza?
—Negro —espetó Tomoe, dándole un bastonazo a su guardaespaldas en el proceso. No ve un carajo— Necesito una silla —demandó.
—¡Tome, por favor! —Amelie le ofreció la suya, sentándola en ella— ¿Cómo se encuentra ahora?
—Sentada —espetó, sacando un lápiz desde el interior de su kimono— Y lista para firmar su cheque.
—¡Eso es estupendo! —Graham de Vanily le acercó una hoja, junto a un documento financiero— ¿Necesita ayuda?
—Soy ciega, no estúpida —le palmoteó la mano, firmando directamente sobre la mesa y no el papel.
—Eh…un poco más a la derecha —Amelie soltó una risita sutil.
—¡これはです! —masculló molesta Tsurugi.
Solo dios sabe que dijo. Su pobre ayudante, le condujo con la mano para plasmar su sello sobre el documento. De igual forma recibió un garrotazo en las canillas.
—Ya está —sentenció la japonesa, estirando el cheque hacia el aire.
—Por acá…estoy —la británica corrigió la postura, tomándolo entre sus dedos— Jeje…muchas gracias, señora Tsurugi.
—Ramen —ordenó la nipona— ¡YA!
—Eh… ¿Cómo lo quiere? —consultó nervioso su asesor, sobándose las manos con respeto— ¿Con el huevito revuelto o pochado?
—私は気にしない.
—A la orden —asintió.
—Huele a delfines —Amelie olfateó el cheque.
Esto es un circo, señores. No sé si reír o llorar. Y ninguna de las dos, es de alegría. Esto apesta. No quiero por nada del mundo que mi matrimonio sea como este nefasto fiasco del universo conyugal. Lo mínimo que esperaba, era muestras de cariño. Si algún bastardo osaba en mostrar un maldito billete delante de mí, lo echaba cagando a patadas. De plano lo digo. Observé durante todo el proceso, como los novios se desligaban de sus partes nupciales. Kagami por un lado, parecía más fascinada hablando con Luka Couffaine que su propio esposo en papel. Mientras que Félix, se dedicaba a platicar con sus abogados. Posiblemente para zanjar los términos de su gran acierto económico. Yo me quería ir. Pero Adrien insistía en que nos quedáramos hasta la fiesta.
A eso de las 22:30PM, Nino Lahiffe ingresó a la celebración, en compañía de Alya. ¡¿Incluso mi amiga se prestó para esto?! No me jodan. No supe si regañarla de inmediato o esperar a que toda la algarabía pasara. Pero ella sola se aproximó a mí, excusándose por su presencia.
—Déjame adivinar —balbuceó hastiada, la barista— ¿Adrien también te citó?
—Al contrario —esclareció Césaire, tomando fotografías por todos lados— Me llamó el abogado de Félix esta mañana, invitándome a participar.
—¿De que estás hablando, Alya? —refutó con amargura la sub gerente— Félix te detesta.
—Para nada —aclaró— Luego de que retirara la demanda, me envió un cheque a mi casa, invitándome a ser parte de mi proyecto de la universidad.
—¡¿Cómo?!
—¿Puedes creerlo? —aulló febril— Se ha ofrecido a financiar el Ladyblog. Siempre y cuando, publique cosas de gusto público —murmuró más bajito— Me prometió muy buenos chismes para difamar. Ya tengo un par de hecho. ¿Sabías que el conserje y la señora Bleur de la florería, se acuestan?
Este tipo…cree que puede comprar a todos con su dinero. Literal, mi mejor amiga se vendió por plata. No quise ni preguntarle si Félix le había hecho firmar algún papel, porque el no hace nada si no está legalizado por un documento notarial. Era absurdo cuestionar algo, que sabía de lleno era así. Lo fulminé con la mirada. Se que el notó mi molestia a mas no poder, pero le valía veinte hectáreas de ano bovino. ¡Maldita liendre apestosa! No dejaré que toque ni un centavo del dinero de mi novio. Primero muerta. Y contaba con mi propio AS bajo la manga. Adrien me había dado su palabra de que no intervendría ni sus narices en su cuenta.
Nino sería el DJ de la noche. Vale. Con él, sé que puedo sentirme mas tranquila. El si fue invitado por mi pareja. Así que de alguna forma me sentí cómoda con su presencia. Estaba entre los míos.
Rick Astley – Never Gonna Give You Up.
¿Otra vez esa puta canción? Yo sé que está tentándome a matarlo. Vi como me sonreía con soberbia desde el otro rincón del salón. Las intenciones no eran cosa de revelarlas con palabras. Félix era un hombre que hablaba poco, pero maquinaba muchísimo en silencio. Tampoco es que no lo conozca. Hoy se cumple un año de haber aceptado este maldito empleo y sé muy bien, con quien estoy tratando. Es un lobo con piel de oveja. Vete con cuidado, o acabarás faenada.
Era su fiesta, su matrimonio ilusorio; sistematizado. Natural para el elegir la música. Kagami era lo mismo que chupar un clavo. Fría y de pocas locuciones corporales. No por eso, debía juzgarla. A pesar de que ella no fuera muy expresiva, sé que era mucho más humana que este bastardo. El concepto quimérico que tenía de la unión matrimonial, me laceraba por dentro. ¿Todas las bodas son iguales? Pensé. Era la primera vez que aceptaba ir a una. Se que en el pasado lo deseaba. Pero me resultó funesto ahora que estaba en una. Y mientras me encontraba ensimismada en mis pensamientos más tenebrosos, detestando el proceso de él, alguien jaló de mi brazo.
Adrien Agreste. ¿Quién más? Me invitó a la pista a bailar. Era la primera vez que ambos confluíamos en un mismo sentimiento. Se que muchas veces pudimos haberlo hecho en mi apartamento, pero ahora era distinto. Él había pedido una canción para ambos. Y ya que estamos con temática de los 90s…
Chris de Burgh – The Lady in red
Nunca había escuchado una canción más romántica que esta. Bueno, a excepción de la que me dedicó mi novio esa noche. Todo encajaba conmigo, porque curiosamente, yo vestía un atuendo rojo; ceñido en un vestido. Con su mano derecha me tomó la mano y con la izquierda, sujetó mi cintura. Suavemente, arrimó su mejilla contra la mía y danzamos pausados al ritmo placentero de la melodía. El siempre encuentra como desarmarme…
Logró lo que siempre acometía, desconectarme de mi mal humor para llevarme a su paraíso privado. Su jardín personal. Nos mecimos sobre la sala, mientras el me cantaba parte de la letra en el oído; todo en inglés. La letra, es perfecta. Tanto como él. ¿Cómo le hace? ¿Cómo le hace para encajar siempre en el momento preciso? Por algo es mi novio…
The lady in red (La dama de rojo)
Is dancing with me (Está bailando conmigo)
—Adrien…—musitó Marinette contra su oído, depositando un beso casto en el lóbulo de este— No sabes…cuanto te amo…
—Y yo a ti, mi lady —murmuró de vuelta con calidez— Me siento afortunado de que hayas aceptado bailar conmigo esta noche.
—Contigo bailaría toda mi vida —se aferró a él, rodeando su cuello con ambas manos— Aquí es donde quiero estar por siempre —agregó, pegando su rostro a su pecho— Muy cerca de tu corazón…
—Luces preciosa esta noche —murmuró el rubio, halagando de manera sutil su forma de vestir— Me encanta como te queda tu vestido.
—¿Te gusta? —examinó Dupain-Cheng, con los pómulos enrojecidos.
—Mucho —admitió con dulzura— Me vuelve loco.
Continuamos bailando plácidamente hasta que la canción se desvaneciera en nuestros oídos. Cuando estaba con él, yo me perdía. Era como si tuviera el poder de transportarme a otro mundo, un universo paralelo. En algún momento, nos vi solos en medio de la sala. No quiero a nadie más a mi lado…solo a este hombre. Y que, por siempre, me ame y me desee como ahora. Pido perdón por todos mis pecados anteriores, porque estaba aprendiendo. Si tengo que morir en sus brazos, moriré esta noche. Me aferré con aún más fuerza a él, enredando mis dígitos contra sus cabellos amarillos. Era tan sedoso su pelo, que me hipnotizó. Mi corazón latía a mil por horas. Creí que se me escaparía un gemido de los labios, delatando mis intenciones de amor incondicional por él. Me siento muy abrumada. Muy acalorada. Muy febril. Siento que me voy a desmayar. ¿Es el alcohol? Solo me tomé una copa de vino. Madre mía, mis piernas no me responden. Estoy temblando por completo. ¿Es amor esto u otra cosa? No puedo moverme.
Yo…me…voy…a…desvanecer.
—Adrien…—jadeó Marinette, turbada por tantas sensaciones— Yo…
—¿Marinette? —consultó Adrien, gesticulando una mueca aterrada— ¡¿Marinette?! ¡Hey!
Si. Me desmayé. Otra vez, por la mierda. Y en medio del matrimonio de mi jefe. Que bochorno.
Un poco más allá, Zoé miró su vaso y tiró el líquido hacia una plantita, disimuladamente. Quizás que cosas les están echando a los tragos, jeje.
[…]
Clínica privada Du Mont Louis de Paris, 23:45PM.
Un hombre de cabellera bermeja y bigote prominente salió de la habitación. Vestía una bata blanca y una mascarilla azulada. Alya, Nino, Félix y Adrien se pararon de golpe al verle. Si. Los cuatro estaban ahí. El doctor se paralizó unos momentos, carraspeando en el proceso. Tomó una tableta en sus manos, leyendo un texto.
—¿Algún familiar de la señorita Marinette Dupain-Cheng?
Los cuatro permanecieron erguidos. Vale. Mala pregunta. Hay que recapitular y reformular. No pueden ser los cuatro. El especialista se tocó la mejilla, haciendo amago de incredulidad.
—Un varón, muy cercano a ella —solicitó.
Alya y Nino se sentaron. Félix y Adrien se quedaron de pie. Ok. Vamos a intentarlo otra vez.
—¿Quién de los dos a intimado con ella?
Ninguno de los dos se movió. Adrien y Félix intercalaron miradas entre sí. Esto si es un problema. Ok. El sujeto se atragantó unos momentos, volviendo la cabeza a su tableta.
—Eh…ok. ¿Quién es su pareja?
Nop. No funcionó. Seguían parados de piedra, como dos estatuas endurecidas. El medico se rascó la nuca, soltando una risita nerviosa.
—¿Nombres…muchachos?
—Adrien Agreste —reveló uno.
—Félix Graham de Vanily —reveló otro.
—Félix y Adrien —volvió a toser, ruborizándose en el proceso. Ya lo veía venir— Por favor, acompáñenme adentro los dos.
Los dos rubios se internaron en la oficina privada del hombre. Adrien se sentó a la derecha y Félix a la izquierda. Ninguno de ellos dio atisbos de impresión o precaria conmoción. Los dos por igual, querían saber que demonios pasaba con la salud de la muchacha. El hombre hizo una pausa, mirándolos con incredulidad. En algún momento, se echó a reír, sin poder creer realmente lo que pasaba. Pero debía poner paños fríos al asunto o no sería serio su diagnóstico. Deslizó sobre su escritorio un análisis de imagen ecográfica, solo para que pudieran apreciar el preciso examen realizado con anterioridad.
—¿Qué tiene Marinette, doctor? —consultó Adrien, angustiado— ¿Está enferma?
—No —sentenció el médico.
—Está embarazada —determinó Félix, con seriedad— ¿Es eso?
—Si —reveló el doctor.
Silencio misterioso en la habitación.
—¿Qué significa eso…? —cuestionó el Agreste, sin entender mucho.
El obstetra observó al francés con melancolía, mientras que al británico solo le fulminaba con la mirada. Aquí había alguien que no entendía y otro que sí. Vamos a ir aclarando los puntos. Félix cruzó una pierna sobre otra, llevando su diestra sobre su sien con actitud abochornada, como quien se quiere ocultar de un hecho embarazoso.
—¿Me pueden explicar? —demandó Adrien, con el ceño fruncido— Déjense de bromas.
—Adrien Agreste —determinó el hombre de salud— Marinette Dupain-Cheng está embarazada. Lleva en su útero, un embrión de 15 semanas.
—¿Marinette…tiene un cachorro en su panza? —parpadeó el mecánico, estupefacto.
—Si. Es un cachorro, por así decirlo —explicó de la mejor manera posible— Un bebé con división celular de dos meses.
—¿Dos meses? —redundó, en shock.
Nuevamente un mutis lúgubre. De un momento a otro, Adrien se levantó de su silla con actitud errática, sujetando a su primo del cuello de su camisa, con violencia desmedida.
—¡Félix! ¡¿Qué hiciste?! —aulló con los ojos inyectados de sangre— ¡FÉLIX!
—¡¿Qué haces, estúpido?! —se defendió el inglés, intentando defenderse con pavor— ¡Es-Espera! ¡PARA! —si estaba asustado.
Ok. Era la primera vez que lo veía enfurecido de esa forma. Adrien era un energúmeno humano. Salvaje e imponente, se abalanzó a él, importándole un carajo la presencia del doctor. Lo tiró al suelo y comenzó a golpearlo en el rostro con crimen.
—¡Calma, señores! —el doctor se levantó de su silla, tomando el teléfono— ¡Llamaré a seguridad!
—¡No! —le advirtió Graham de Vanily, deteniéndole en el acto— ¡No hagas nada! Déjamelo a mi —detuvo a su familiar, escupiendo algo de sangre en el proceso— ¡Adrien! ¡Escucha al médico!
—¡¿Por qué debería?! —vociferó con ira— ¡Acabas de embarazar a mi mujer!
—¡Eso no lo sabemos! —se excusó como pudo el británico, magullado hasta la madre— ¡Contrólate y escucha, estúpido salvaje!
—¡TE VOY A MATAR FÉLIX! —berreó con furia, propinándole otro puñetazo en la mejilla— ¡TE DIJE QUE DEJARAS DE ACOSTARTE CON ELLA!
—¡ADRIEN! ¡YO NO HE TOCADO MARINETTE DESPUES DE QUE HABLAMOS! —Félix se defendió como pudo, sujetando sus puños con ambas manos— ¡Primo, te lo juro! ¡Mátame si quieres! ¡Pero jamás sabrás la verdad si no te calmas! ¡¿Quieres asesinarme o aclarar esto?! ¡Es un error!
—¡Las dos me valen! —tembló enfurecido, empuñando otro golpe.
Por esos momentos, recordó los consejos de Marinette. "La violencia de golpes no soluciona nada. Por favor, no le pegues a nadie. Conversa como hombre civilizado". Adrien hizo una pausa de amago febril, desviando la mirada. Lo soltó finalmente, reincorporándose en su asiento. Se cruzó de brazos, sin sentir ni un ápice de culpa por sus actos. El especialista intentó parar al inglés, pero su orgullo varonil no se lo permitió. Félix se paró solo, limpiándose la sangre de la boca. Su primo hermano le había roto el labio inferior. Ambos rubios se sentaron nuevamente en sus asientos.
—Vamos a ser maduros, jóvenes —aclaró el obstetra— ¿Quién de los dos tuvo relaciones con ella hace dos meses?
Ambos levantaron la mano.
—Les voy a ser muy sincero y por favor, no mas violencia delante de mi o en serio llamaré a la Nasa de ser necesario —advirtió el profesional— Yo no puedo determinar quien es el padre de la criatura. Solo les puedo decir, que Marinette está en cinta. Eso ha provocado sus mareos y sus vómitos. Sus malestares, son a causa de su embarazo —añadió— Si quieren saber de quién, tendrán que someterse a una prueba de ADN. Después de las 20 semanas. Lo siento mucho.
Listo. No había nada más que decir. Ambos primos salieron de la oficina del doctor, con actitud acabada. Adrien, más que Félix para ser sinceros. Alya dentro de su infinita actitud feminista y su calidad de amiga, sabía con creces que había pasado con el diagnostico de su mejor amiga. Marinette estaba esperando un hijo. La pregunta era ¿De quién? Ahora se venía un mundo encima de todos.
Una tensión incomoda se gestó en medio de ambos rubios. Césaire corrió hacia la sala para cerciorarse del estado de salud de su amiga, mientras que Nino, solo se limitó a excusarse con que iría a la máquina de bebidas por un café. En realidad, solo buscaban dejarlos a solas un momento.
Félix se tomó la mandíbula con un paño blanco, sobando la zona con expresión adolorida. Se observó con la cámara del teléfono. Estaba todo magullado. ¿Qué necesidad?
—No te voy a pedir disculpas si es lo que quieres —gruñó Adrien sentado a su lado, mientras se tomaba la cabeza.
—Yo me imagino que así es como se resolvían los conflictos entre gatos montañeses ¿No? Estúpido bárbaro —farfulló molesto el inglés— Joder, Adrien. Tienes que creerme cuando te digo esto. Yo no me he acostado con ella desde que hablamos —explicó con desazón— Y tampoco me vine dentro.
—Arg…ya cállate, Félix. Eres un puerco —el Agreste se tapó los oídos con hastío— No me interesa saber dónde tiras tu cosa. Ahora mismo lo único que me preocupa es Marinette. ¿Te das cuenta? —le regañó— Está esperando una cría y ni tu ni yo estamos capacitados para eso ¡Ni si quiera ella! —se abrazó así mismo— Además "los bebés son humanos muy caros", dijeron en la Dama y el Vagabundo.
—¿Y entonces que sugieres? —Graham de Vanily arqueó una ceja— Porque si es mío, ten por seguro que Marinette va abortarlo.
—¡Ni se te ocurra decir esa palabra otra vez! —se expulsó a él, mostrándole los puños nuevamente— ¡¿Me oyes?!
—Ya, ya, ya —el británico alzó las manos, formando una pared para evitar la golpiza— ¡Ya deja los golpes, mierda! —se levantó de golpe— Necesito un trago. Esta situación no puede empeorar.
—Eres un desalmado —le reprochó Adrien— Queriendo matar a tu propio cachorro.
Mala idea a ver dicho eso, porque definitivamente empeoraría ahora que Luka Couffaine brotaba desde la entrada del pasillo.
—Ah. Genial, lo que faltaba —Félix alzó la vista al techo— ¡Gracias! —y regresó al peliazul— ¿Qué haces aquí, Luka? ¿Tú también te acostaste con Marinette?
—¿Qué? —resopló en respuesta, sobándose la nuca con vergüenza— No. Aunque lo intenté varias veces —admitió como si nada— Nuestras melodías interiores son incompatibles. Ella es más bien una cumbia villera.
—¿Qué dijo? —le increpó Adrien, con talante enervada.
—Calmado, Mufasa —Félix le interceptó con el brazo.
—Les traigo algo de opera —añadió Couffaine. Sip. Era nada más y nada menos, que Kagami Tsurugi la que entraba triunfal por la mampara de la sala. Literalmente podías oír como una voz soprano te cantaba en el oído— Me pidió que investigara en que clínica estaban y pues, eso hice.
—Despedirte no fue suficiente ¿Verdad, Rolling Stone? —el gerente se tronó los dedos con inminente impaciencia— Yo creo que estás buscando que me haga una chaqueta con tus pulmones.
—¿Eres mafioso acaso? —se intimidó Luka— Además tu no me despediste. Yo renuncié.
—Para el gobierno es la misma mierda —gruñó el rubio.
Kagami se paró delante de los primos, con la mirada mustia y una mueca imperiosa en los labios. Primero se giró hacia su cónyuge, sujetándole el mentón parar examinar que tan magullado se encontraba. Acto seguido, regresó la vista hacia Adrien, soltando un suspiro sutil.
—Señorita Kagami, yo-…
—No digas nada, Adrien Agreste —Tsurugi le paró, mostrándole la palma derecha— No te equivoques conmigo. No vine aquí a defender a mi esposo. Se que, si lo golpeaste, es porque se lo merecía —explicó con voz áspera— Solo quiero pedirte un favor. De ahora en adelante, necesito que escojas otras partes de su cuerpo para apalear. No puedo permitirme el presentarlo con el rostro así, delante de los inversionistas turcos esta noche —y decretó, frunciendo el ceño— ¿Queda claro?
—Queda claro…—tragó saliva, asintiendo obedientemente.
—Andando, marido —demandó la japonesa con altivez— Tenemos cosas que hacer aún.
Si. Increíblemente, Félix aceptó su orden. ¿Quién lo diría? Cabizbajo y bastante magullado, la pareja de recién casados se detuvo en el estacionamiento. Atajó a Graham de Vanily en la entrada del vehículo, volteándolo bruscamente para mirarlo. Le pidió "estuco" a Luka, quien le ofreció base en crema y maquillaje. Su compañera estaba dispuesta a hacer lo que fuese necesario, con tal de obtener el éxito que le había prometido. Partiendo por cubrir
—Escúchame bien, Félix. Porque no te lo voy a volver a repetir —murmuró Kagami, clavándole una mirada certera mientras ocultaba los moretones con aquel cosmético— Mas te vale que ese bebé sea tuyo. Conoces la letra chica. Si Adrien no se casa ni tiene herederos, se acabó.
—Tú sabes perfectamente que no me haré cargo de eso —sentenció el ojiverde, rehuyendo de sus inquisitivos ojos— Conoces las consecuencias de algo así. Marinette es la madre.
—Nos iremos a juicio de ser necesario —proveyó Tsurugi, abriendo la puerta del vehículo.
—No voy a quitarle a su hijo —Félix le agarró del brazo con fibra— ¿Te estás oyendo? Es la mujer de mi primo.
—¿Es la mujer de tu primo? —redundó la nipona con sarcasmo, dándole un palmetazo en el brazo para que le soltara. Le fulminó con la mirada— Solo cuando te conviene —chasqueó la lengua— No quieras dártelas de hombre honorable conmigo. No te sienta. Ahora súbete al maldito auto. Nos esperan de vuelta en la fiesta —exigió, dándole la orden a Luka de conducir.
—Tch…—su cónyuge hizo amago de mortificación, tomando asiento del otro lado— ¿Estás disfrutando tu venganza?
—¿Tu de verdad crees que aún sigo molesta por lo que pasó en japón? —le consultó, sin llegar a mirarle si quiera de reojo— No soy tan rencorosa como crees.
—Yo creo que si lo eres —dijo Graham de Vanily, cruzándose de brazos— Y sé que haces todo esto porque no me quise acostar contigo ese día.
—Me da lo mismo eso —rodó lo ojos con obviedad— Si de todas formas tendrás que hacerlo ahora que estamos casados.
—¿Y por qué haría esa estupidez? —le endosó con humor.
—¿Por quién me tomas? —bufó Kagami, regalándole una sonrisa sagaz— Yo ya sé lo de tu problemita. Sé que no lo hiciste porque te cagaste de susto, como el niño cobarde que eres.
—¿Qué estás…? —Félix mostró los colmillos con ira— Ten cuidado con lo que dices.
—Pero esto ya no es problema ¿O sí? Esposo mío —Tsurugi cruzó una pierna sobre otra con delicadeza, observando el camino por la ventanilla polarizada— Porque tu sub gerente se encargó de curarte a sentones. O algo así leí…en un blog. No recuerdo bien.
Ok. Alguien le puso el bozal a su perro al fin. Félix ebullición como un volcán en erupción de lo encabronado que estaba. Empuñó la mano, golpeando reciamente la puerta del vehículo mientras reclamaba detener el trayecto. Se iba a bajar y listo. Se irí a la mierda misma. Pero el berrinche le duró poco. Kagami se abalanzó a él, apuntando un "Tanto" a su cuello. Una pequeña daga japonesa con la cual, fácilmente destriparías a un cerdo. El filo resplandecía entre la penumbra. El rubio se paralizó de golpe, tragando saliva con dificultad. Vale…hora de relajarse.
—Tu no irás a ninguna parte, Félix Graham de Vanily —le amenazó— Me darás mi parte de la franquicia de Le Miraculous como me prometiste, o me aseguraré de regresarte en pedazos a esa pútrida isla de la cual nunca debiste haber salido.
—Te recuerdo que tú también naciste en una isla…—musitó, con el culo apretado sobre el asiento. Un rubor furioso se apoderó de sus mejillas— Y se hundirá antes que la mía.
—Yo no soy Marinette Dupain-Cheng —decretó con ojos afilados, empequeñeciendo a su esposo mientras ella, se volvía más y más grande— Conmigo tus manipulaciones no van a funcionar. Así que compórtate o me haré una Piña colada con tus bolas.
—Se…se me acaba de poner dura —enunció el ojiverde, en un intento fallido por robarle un beso. Pero su compañera, les clavó el puñal a tan solo centímetros de su mejilla, justo en el asiento de cuero— Y ahora me vine…—balbuceó, en un jadeo caliente. ¿Alguien dijo sado masoquismo?
—Me alegra por ti —regresó a su lugar, dando un golpe para que el auto avanzara— Continua, Couffaine. Estamos retrasados.
Por eso siempre dicen que al diablo con los suyos y que los buenos se hagan los ciegos.
[…]
—No estoy segura de esto, Alya —murmuró Marinette, con sus orbes humedecidos.
¿Qué les puedo contar? Estoy de muerte. Esto no era para nada lo que yo tenía planeado. Quiero decir, está bien. Se que soy joven aún. Pero por lo mismo, tampoco me sentía ni si quiera lista de conllevar una responsabilidad como esta. Yo deseaba vivir mi vida de noviazgo con mi chico, los dos juntos, como una pareja normal. Viajar al menos fuera de Francia que sea. ¿Que se supone que haga yo con un crío? ¿Irme a los himalayas y que se me pierda como Adrien? Ahora que lo pienso mejor, sus padres tenían mi edad cuando esto ocurrió. No. ¡Arg! ¡NO!
¡Yo tomé precauciones! ¿Saben? No fallé ningún maldito día esa jodida pastilla. Si. Sé que mi pareja hizo lo suyo y no se cuidó. Pero vamos, tampoco fueron tantas veces. Me sentí traicionada por la ciencia y mi propia fertilidad. Para agregarle mas suspenso al drama, ni si quiera sé quién es el progenitor biológico es esta pequeña criatura que crece en mi vientre. Los tiempos coinciden en todo. Vamos, no bromeen. Mi cabeza no lo procesa. Si no estaba segura de querer tener un bebé de Adrien, menos lo estaría de Félix. No estoy dispuesta a tener al hijo del hijo del diablo. Mierda, señores. De verdad…no sé que hacer ahora.
—Aún estás a tiempo —musitó Césaire, abrazándola con cariño— Es tu cuerpo, Marinette. Es tu decisión. Creo que tienes toda la potestad responsable de hacer con él, lo que gustes. Pero…—agregó, con voz acongojada— solo quiero recordarte, que hay un chico afuera esperando en el pasillo. Y creo que tiene derecho a conocer tu veredicto final. ¿No te parece?
Por algo Alya es mi mejor amiga, a pesar de todas sus pendejadas. Ella siempre sabe que decirme en momentos como estos. No era un tema menor. Realmente debía darme mi tiempo para recapacitar la situación. Y por supuesto que mi novio debía estar al tanto de todos mis movimientos.
Cuando salí de la habitación, le vi charlando con Nino. Parecía un niño pequeño, tecleando en su teléfono móvil mientras le hacía preguntas a Google. Por un lado, me gustó y por el otro, me aterré. Si decidía tener a este pequeño, sabía que era imposible criarlos a los dos juntos. Necesitaba un hombre a mi lado, no otro hijo. ¿Qué tan grave podría ser la cosa?
—No, amigo. Así no funciona en humanos —bufó Lahiffe, dándole una palmada en la espalda— Eso solo pasa en los mamíferos animales.
—¿Estás seguro, Nino? —le explicó el rubio, mostrándole un video en YouTube— Aquí dice que es posible. En mi tribu, mamá Manul se cruzó con dos gatos más. Y sus crías salieron de distintos colores.
—Si, entiendo lo que me mencionas —carcajeó el moreno, bastante entretenido con su conversación— Pero como te insisto, en humanos eso no corre. ¿Comprendes? La genética es distinta. Mira —el joven DJ le mostró otro video de división celular— Es un solo espermio el que fecunda un ovulo. Los demás muren en el camino.
—¿Por qué harían algo tan trágico como eso? —murmuró melancólico el ojiverde— No les hacen ni un funeral si quiera. ¿Y qué pasa con el resto?
—A mí ni me preguntes a donde acaban los demás —sonrió con nerviosismo, el novio de Alya.
—En un papel higiénico posiblemente o el WC —expresó Marinette, interrumpiéndoles con actitud abochornada— ¿Qué tonterías están hablando ustedes dos? No hagan esto delante de otros, por dios.
—¡El comenzó! —se defendió Nino, bastante jovial— Admito que me reí ¡Jajaja! Este chico se pasa de veras.
—¡Mi lady! —Adrien se arrojó a ella, rodeándole con ambos brazos— Estaba tan preocupado. Creímos que te había pasado algo horrible —exclamó— Félix dijo que necesitabas un exorcismo. Pero yo determiné que era mejor traerte a una clínica en vez de una iglesia.
Estoy rodeada de idiotas. ¿Y estos dos zopencos son los posibles papás de mi hijo? De haberlo sabido antes, mejor me volvía lesbiana.
—Estoy bien…Adrien —Marinette le dio una palmada sarcástica en la nuca— No es ninguna posesión demoniaca. Es solo un feto.
—¿No son lo mismo? —consultó, estupefacto.
Ok. ¿Quién fue ese? Alya y Nino se miraron entre sí, apretando los labios en un intento de no romper en carcajadas. Muy graciosos, muchachos. ¡MUY GRACIOSOS!
—Adrien…será mejor que dejes de juntarte con algunas personas —le advirtió, tomándolo del brazo— Te van a terminar pudriendo el cerebro.
Observé a todos lados, pero no pillé rastros de mi jefe. Claro. Muy típico de él. Seguramente se enteró que estaba en cinta y salió corriendo el muy cabrón. ¿Por qué no me sorprende? Es un sinvergüenza sin cara para hacerse cargo de sus cagadas. Ya lo veía venir, obligándome a firmar otro jodido contrato en donde yo me hiciera un aborto. Ni en sus sueños, lo permitiré. Por el momento, solo quería irme a casa y descansar. Seguía muy mareada y los medicamentos que me recetaron para las náuseas me dejaron media tonta. Me despedí de mis amigos, agradeciendo en el fondo su preocupación, aunque fueran unos bromistas. Adrien me llevó hasta el estacionamiento. En aquel lugar, las piernas me fallaron. Me detuve, observando como encendía el motor de su moto.
—¿Mi lady? —consultó afligido— ¿Pasa algo?
—¿Será seguro? —musitó, intimidada.
—Jamás te dejaría caer y lo sabes —el menor de los Agreste le estiró la mano para que la tomara— ¿Confías en mí, Marinette?
—No he dejado de hacerlo —le contestó, bosquejando una sonrisa cariñosa. Acto seguido, se empotró en su espalda.
No sé qué clase de sentimientos o experiencias me depararían el futuro. Pero si de algo estaba segura esa noche, es que lo necesitaba solo a él, para despejar todos mis miedos y mis dudas. Me puso el casco como solía hacerlo. Nos dimos un choque de cabezas, en gesto juguetón. Envolví mis brazos alrededor de su cintura y partimos en dirección hacia mi apartamento. Le pedí que pasara la noche conmigo. El aceptó, prometiéndome que, de ahora en adelante, no me dejaría sola. Estaría ahí para mí, si llamaba por su cariño hacia la luna. Un maullido para una serenata. Como en los viejos tiempos. ¿No?
[…]
—¡Buaawhg!
Si. Esa soy yo, regurgitando mi desayuno, mi almuerzo y la cena de la semana pasada. ¿Quién dijo que este sería un proceso hermoso? Creo que fue a mi mamá quien se lo escuché decir. Estaba muy lejos de la realidad. Los siguientes dos meses fueron un calvario mortuorio para mí. Luego de haber decidido que me quedaría con mi bebé, comencé a cuestionármelo en cada día que pasaba respirando. Mi vientre se abultó, mis pechos dolían de la mierda, me volví el triple de cachonda y la mitad del día pasaba con cambios de temperatura exorbitantes. Sentía frio, calor, escalofríos, sudor, todo en menos de una hora. Definitivamente mi cuerpo no está hecho para la maternidad.
Por supuesto que seguí trabajando en la cafetería como era habitual, pero ya todos mis compañeros estaban acostumbrados a verme correr al baño de vez en cuando.
—La otra noche vi una película muy chistosa —murmuró Graham de Vanily con normalidad, bebiendo un sorbo de café— Se llama Alíen Resurrección. ¿La conoces? Yo creo que deberías replanteártelo, Marinette.
La repulsión hacia Félix creció en mi interior, con cada broma de mierda que me gastaba. Esos comentarios ridículos que me daba, me revolvieron las entrañas.
—La otra noche hice un 69 con Kagami. Uff…estuvo muy bueno —balbuceó con picardía, gesticulando una típica sonrisa de bribón— Pero no creo puedas hacerlo. La panza no te da.
Sentí unas ganas horribles de tirarlo por la torre Eiffel y ver su cabeza reventada en el pavimento.
—¿Estás segura que es un bebé y no un tumor? —carcajeó, soltando manotazos sobre la barra.
Lo jalé del cuello envuelta en llamas, dándole una última amenaza da muerte.
—Una puta broma más de esas —berreó, con los ojos inyectados en sangre— y te juro ¡TE JURO! Que me haré una corbata con tus tripas.
—¡Vamos! —se defendió, bufando con actitud infantil— ¡No seas tan dura con tu padrino!
—¿Mi qué?
¿Qué?
¡¿QUE?!
¡Fuera de discusión! ¡Por supuesto que no! ¡¿Quién decidió esto?!
—Yo fui —murmuró Adrien a su lado.
—¡¿Y tú qué demonios haces aquí, Agreste?! —vociferó, colérica— ¿Y de donde salió además?
—Mi lady, sabes que vengo a esta hora los miércoles por lo del retrato —explicó con timidez, sobándose la mejilla derecha— ¿Acaso ya lo olvidaste?
—Es natural, primito —Félix le dio una palmada en el hombro— ¿Sabías que los embarazos provocan Alzheimer? —se burló, agachándose en el acto para esquivar un vaso volador— ¡Ups! ¡Y las vuelve agresivas igual!
—¡Ya cállate, Félix! —chilló Dupain-Cheng, enfurruñada— ¡Deja de meterle mierda en la cabeza a tu primo! ¡Y aléjate de el!
—Marinette, cálmate por favor —le rogó el francés, tomando sus manos con dulzura— Lo que sucede es que, decidí que ya que fui el padrino de bodas de Félix. Quise que el fuera del mío.
—¿Boda? ¿De qué boda hablas, Adrien? —protestó la fémina, soltándole las manos— ¿Con quién te vas a casar?
—Pues… ¿Contigo? —insinuó.
—¿Ja? —chistó, sonrojándose de un momento a otro— ¿Pero que tonterías estas hablando? A mí no me han preguntado nada.
—Es cierto. Pero te lo iba a preguntar hoy —suspiró rendido el galo— Aunque Félix se me adelantó, porque es un chismoso según veo.
—Pues no. No me parece correcto —Marinette se cruzó de brazos, completamente en desacuerdo— Tú y yo somos novios. ¿Por qué me casaría contigo tan pronto? —raudamente observó a Félix, quien se hacía el loco con el asunto— Esta es idea tuya. ¿Verdad? No quieras hacer ver a Adrien como un estúpido.
—Pero si tú ya lo sabías, Marinette —Graham de Vanily se encogió de hombros con cinismo— Kagami ya te mostró el contrato.
—¡No me voy a casar por un jodido contrato! —objetó.
—Basta, los dos —el joven mecánico les paró en seco, frunciendo el ceño con desagrado— No sé de qué contrato hablan. Pero yo no estoy metido en ello —se giró hacia su compañera— Marinette, escucha. Considero que tu estado es propicio para que seamos un matrimonio. Estuve estudiando el tema estos últimos dos meses y los especialistas, piensan que sería bueno que los hijos nacieran en relaciones consolidadas.
—Adrien, eso es muy cliché —renegó Marinette, estrujando las cejas con incoherencia— No hace falta casarse para criar a un hijo. Nuestra relación ya está consolidada —se arrimó a su compañero, tomándole de sus mejillas— ¿No nos amamos acaso? Yo no necesito que seas mi esposo para tratarte como uno.
—¿Qué quieres decirme con esto, Marinette? —cuestionó el rubio.
—Te está rechazando, tonto —agregó Félix, como el cizañero que era— ¿Qué no te das cuenta?
—Félix, lárgate por favor —gruñó Adrien, hablando muy en serio— Esto es entre Marinette y yo.
Uy. Bueno. Nunca le vi hablarle así a su primo. Pero de cierta forma, me gustó mucho que fuera firme con él y le diera sus límites. El inglés se retiró de mala gana, como un perro a su casa. Anda a echarte, Félix.
—¿Él tiene razón? —examinó, con la voz templada.
—No. No la tiene. Nunca la tiene —farfulló de vuelta la sub gerente, agarrándole la cara con más fuerza— No te estoy rechazando. Te estoy diciendo, que no hace falta que tomes una decisión así, para una ocasión como esta.
—Pero yo quiero hacerme cargo del bebé, Marinette —testificó el mejor de los Agreste— Quiero que lleve el apellido de mi familia.
—Vamos…Adrien —la ojiazul dejó escapar una risita sagaz, restándole importancia al tema— Ni si quiera sabemos si es tuyo. ¿Por qué te estresas?
Ah.
Concha de mi madre.
¿En serio le dije eso?
La he cagado otra vez ¿Verdad? Como siempre. Por la chucha. No debí haberle dicho eso. Adrien bajó la mirada, en tono afligido. ¡Arg! ¡Marinette eres tan tonta! ¿Qué necesidad tengo de hacerle daño? Tan solo mírenlo. Mientras yo continuaba dudosa de no saber quién era el padre de mi criatura, mi propio novio lo había asumido como suyo sin si quiera ponerlo en tela de juicio ni un segundo. Pero no estaba bien. No está bien que, en caso de que no sea así, se haga responsable de algo que no es suyo. ¿Qué merito tendría? Dios santo. Acabo de meter la pata a fondo. Pude escuchar como su corazón se quebró delante de mí. ¿Cómo puedo explicárselo de mejor forma? No quise decirle eso. ¡No puedo!
—Mi amor, discúlpame —se atemorizó la barista, intentando conectar su mirada otra vez; con insistencia— Adrien, yo-…
—Quiero hacerme el examen —sentenció.
—Por favor —bufó— No estás hablando en serio ¿O sí?
—Muy en serio, Marinette —determinó, con voz agria y mirada sombría— No pienso quedarme con la duda toda mi vida. Y creo que tú tampoco deberías. Hay que hacer las cosas bien. ¿No eras tú la que siempre me repetía eso?
—S-si…lo sé…—titubeó, un tanto asustada— Pe-pero…es que —Madre mía. En que lío me he metido— No sabemos si Félix va a acceder.
—Lo hará si yo se lo pido —reveló— ¿Lo harás sí o no?
—Yo…
Maldita sea. ¿Cómo podía negarme? Era una de las tantas canalladas que le hago a este pobre hombre, que ni culpa tiene que haya salido tan fanática de lo sensual. La ultima vez que le vi observarme de esa forma fue cuando se independizó de mí. Coño, si que estaba hablando en serio. No se iba con rodeos. Vale. Y si aceptaba ¿Qué pasaría si no fuese de el? ¿Me iba a dejar? ¿Esta vez para siempre? Me entró un pánico horrible. Todo mi cuerpo se estremeció de la ansiedad. No quiero perderlo. Me muero. No lo soportaría otra vez. Mucho menos en el estado en el que me encuentro. Yo creo que sufriría un aborto sentimental de ser así. Literal.
Exhalé rendida, asintiendo. Alya tiene razón. Adrien tiene derecho a saber la verdad. Quise preguntarle qué acciones tomaría si no fuera de él. Pero, me contuve del pánico que me invadía. Prefiero dejárselo al universo.
—Está bien —accedió Dupain-Cheng— Lo haremos. Para que todos estemos más tranquilos, si es lo que deseas. Veremos si es un Agreste o un Graham de Vanily.
Estoy cagada de susto. No voy a negarlo. De hecho, me atrevería a decir que la única razón por la cual no lo hice antes, es por ese mismo miedo que me atormentaba. Pero qué diablos. No me puedo pasar la vida entera en vela.
A la mañana siguiente y con el consentimiento absurdo de mi jefe, los tres fuimos a un laboratorio de genetistas profesionales en el rubro. Bastaba con que les hubieran tomado una muestra de cabello, pero ninguno de los dos aceptó condiciones tan paupérrimas y prefirieron donar su sangre. Yo por mi parte, hice lo mismo. No habría márgenes de error. Los resultados estarían en una semana.
¿Y que hice toda esa semana? No dormir. No pegué un maldito ojo en todas esas noches. Tuve que medicarme para poder conciliar el sueño.
Laboratorios BioGenetics, una semana después. 15:16PM.
Esa tarde, una mujer de estatura mediana y bata blanca, se encaminaba con normalidad hacia su despacho. Cargaba consigo el documento que revelaría el resultado de la paternidad mediante exámenes de ADN muy certeros. Como todo día corriente en su rutina, pasó al baño, luego a la maquina a servirse un café latte con exceso de azúcar, saludó a un par de colegas y sea adentró en su oficina, sentándose tras su escritorio.
Cogió el teléfono y marcó.
—Buenas tardes, Anita —balbuceó con naturalidad— Por acá todo bien, gracias. Mire…ya tengo los resultados de la paciente 104 —aún tras el teléfono— ¿Sería posible que agende una hora para que vengan a retirarlos? —asintió— Mi nombre es Mylène Haprèle. Yo puedo-… ¿Hola? —marcó otra vez, sin resultados— ¿Eh? ¿Se ha cortado?
La puerta se abrió y cerró de un momento a otro. Delante de ella, una mujer de anteojos oscuros y ropas asiáticas entró sin anuncio alguno. Con total desplante, se sentó delante de ella.
—Disculpe… —examinó aturdida la especialista— ¿Tiene alguna cita?
—Por supuesto —expresó Kagami— Soy la señora Dupain-Cheng. Me avisaron que hoy tendrían listo mi examen de paternidad.
—¡Oh! Señora Dupain-Cheng —rio jovial la menor— Si. Justo estaba avisándole a mi secretaria que le informara. Que rápido vino…por cierto —agregó, con dejo de duda.
—Así soy yo —murmuró con serenidad, acomodando una pierna sobre la otra— ¿Tiene mis resultados, señorita Haprèle?
—Claro que si —aceptó.
—¿Puedo verlos?
—Eh…claro que puede —accedió la rubia— Pero primero debe presentarme su ID. Comprenderá que nuestra confidencialidad es importante.
—Por supuesto —Kagami Tsurugi hurgueteó sin resultado dentro de su cartera— Oh, pero que despistada soy. La he olvidado en casa.
—Ah…—Mylène apretó el sobre entre sus dedos, recelosa de la mujer que yacía delante— Lo siento mucho, señorita Dupain-Cheng. Pero no puedo hacer ninguna excepción sin una identificación. Comprenderá qu-
—Si, ya comprendí la primera vez, mocosa —la japonesa se levantó de la silla, apuntándole con un arma entre ceja y ceja— Ahora me dirás el resultado, si no quieres que tus hermosos casos se esparzan por la persiana.
—¡Us-Usted no es Marinette! —reveló, aterrada en su silla— ¡¿Y cómo entró aquí?!
—Por la puerta, tonta —chistó— ¡No! ¡¿En serio?! No me digas que no soy Marinette —recargó el arma con ironía— Abre el sobre.
—¡Se meterá en graves problemas, señora! —le advirtió, temblorosa.
—¡Abre el sobre! —demandó con furia, presionando con violencia el cañón sobre su frente— ¿Quién es el padre? ¿Félix Graham de Vanily o Adrien Agreste?
¿Qué otra opción tenía? Seguramente ella misma había cortado su teléfono. No tenía como llamar a seguridad y la puerta de su oficina estaba cerrada con el pestillo abajo. Estaba perdida. O accedía o no la contaría dos veces. La genetista tragó saliva con nerviosismo, abriendo el documento para revelarle el interior. Comenzó a sudar con notoriedad.
—E-este…—leyó como pudo— Según la compatibilidad de gametos en la sangre de los dos hombres, con el cigoto del embrión en grado Telofase de división celular, el resultado es irrefutable —sentenció— Solo una de las muestras reveló una concepción bio celular del 99,9999% de semejanza. El señor Adrien Agreste es el progenitor del bebé. Con una fecundación del 100% sin margen de error.
—Tch…genial. ¿Por qué no me sorprende? Ni para hacer hijos eres bueno, Félix —gruño en voz alta, retirando el revolver de su frente. Lo guardó, sacando a cambio una chequera— Muy bien. ¿Cuánto quieres?
—¿Disculpe? —parpadeó Mylène.
—Que cuánto dinero quieres —aclaró— Cuanto debo pagarte para que cambies esos resultados y pongas que Graham de Vanily es el padre.
—Me ofende —refutó con irritación— ¡Eso jamás!
—¡¿Quieres morir?! —berreó eufórica la japonesa.
Demasiado tarde. Haprèle había accionado un botón de pánico debajo de su escritorio, alertando a los guardias de seguridad. Las alarmas se encendieron de lleno, espantando a la nipona. O huía ahora o sería portada de revistas al día siguiente. Le lanzó un graznido colérico de vuelta, saliendo disparada de la oficina. Solo para ese entonces, la chica pudo respirar tranquila. Tuvo que sacar un inhalador de su cajón y tirarse un par de pufs dentro.
—Madre mía… ¿Qué fue eso? —exhaló estupefacta mientras observaba los resultados— ¿Qué tan importante será esto? Que miedo…
[…]
Esa tarde, me estaba tragando un kilo de helado en el living mientras lloraba a mares con el final de Betty la Fea. Yo creo que don Armando es un puto. Cuando recibí la llamada del laboratorio, me caí de culo del sofá. No puede ser. Al fin están los resultados. Me levanté como pude y me fui corriendo hasta el recinto médico. Cuando por fin tuve el documento en mis manos, cité a los dos primos. En esos momentos, me profesé dentro de una telenovela latinoamericana. Era yo, versus mi novio y mi amante. Nos reunimos los tres en una plaza cercana a la torre Eiffel. Aviso desde ya, que estaba temblando. Ni si quiera yo me atreví a abrir el sobre antes de que ellos llegaran. Cuando vi a Adrien, algo potente en mi vientre se removió con fuerza. Sentí un calor potente lacerarme por dentro. Algo en mí, desde un tiempo a esta parte, me daba por hecho que el era el padre de mi bebé. Pero dentro de mi inmadurez y mi estupidez, seguí adelante con este juego enfermizo de duda.
Ya para cuando divisé a Félix a lo lejos, acercarse con actitud soberbia, todas mis dudas se desvanecieron, esfumándose como un fantasma en un oasis. No…este hombre, no puede ser el progenitor. No hay forma de que así sea.
Los dos primos se pararon frente a mí, expectantes de que les revelara la verdad al fin. ¿Qué es lo que quieres para ti misma, Marinette? Me cuestioné. No me había hecho esa pregunta en los meses que llevaba en cinta. Y consideré que era un buen momento para disputarlo. Cerré los parpados, dejándome llevar por los latidos de mi corazón y una corazonada femenina, que solo nosotras las mujeres tenemos. Ese sexto sentido que maravillosamente dotamos las madres embarazadas. Es como magia ¿Saben? Magia arcana que de antaño nos llevó a la hoguera, al tratarnos de brujas solo por tenerla con nosotras. Comprendí que cuando la sangre tira en tu interior, no debes ignorarla. Escuchen siempre a su alma. Ella tiene mucho que revelar.
—¿Marinette? —consultó Adrien, curioso.
—Vamos, mujer —pidió Félix.
Rasgué el sobre, sacando del interior el texto que determinaría mi futuro. Miré a mi derecha. Adrien estaba ahí. Miré a mi izquierda. Félix estaba ahí.
¿Realmente necesito este resultado? Silencio sepulcral entre los tres. Desplegué la primera página y luego la segunda, sin llegar a leer realmente su contenido.
—Bien…yo…
No. No lo necesito. Extraje desde mi bolsillo un encendedor y sin el consentimiento de nadie, quemé el documento desde la punta hasta que este se incineró por completo.
—¡¿Qué mierda haces, Dupain-Cheng?! —berreó Félix— ¡¿Has perdido la cabeza?!
—No. Estoy más cuerda que nunca —espetó.
—Pero mi lady…—murmuró Adrien Agreste, preocupado— ahora no sabremos quien es…
—Ya basta de esta estupidez, niñitos —exhaló con serenidad— No necesito un absurdo examen de ADN para saber quién es el padre de mi hijo —aclaró, observando a su novio— Y ese eres tú, Adrien Agreste.
—¿Pero…como estás tan segura? —pestañeó el francés.
—Porque te amo —se apegó a él, abrazándole en el proceso— Siento en mi corazón, que soy tu mujer y tu mi hombre. Adrien…—agregó, depositando un beso casto en sus labios— Yo confió en ti. ¿Tu confiarías en mí, a partir de ahora?
Lo desarmé. Félix soltó un suspiro aliviado. Hubieran visto como se desinfló delante de mí. Siempre lo supe. Este hombre no es el padre de mi bebé. Estaba tan cagado de miedo como yo. Y por supuesto que ninguno de los dos estaba de acuerdo con algo así. Por fin, concordamos en algo con mi jefe. ¿Curioso, no? Además, vamos…seamos sinceros. Ya que yo había tomado la determinación de parir a esta criatura, deseaba con ansias que fuese producto una de las tantas veces que hice el amor con mi novio. Un resultado hermoso, del amor que nos teníamos. Y no a consecuencias fatídicas de una noche de sexo fútil, en un Mini Cooper gélido. Lamentaba admitirlo, pero con Félix, nada sería bueno.
Adrien rompió en llanto. Para mi sorpresa, me besó con ímpetu de deseo a mas no poder. Estaba tan contento, que no dudó en agradecerme entre sollozos con la humildad que le acaecía, que de verdad le hubiera escogido a él, como el padre biológico. Se que, en el fondo, el también lo presentía así. Una burbuja invisible se formó entre ambos, apartando a todo mal de nuestra sombra.
Sentí una mano sincera tocar mi hombro, que me despabiló. Era Félix Graham de Vanily.
—Nunca creí decir esto —admitió el inglés, esbozando una sonrisa cariñosa— Pero me alegro muchísimo, de que mi primo sea el indicado para ti. Se que te hará muy feliz.
Me quebró. ¿Quién lo hubiera imaginado? Lucifer ahora se quiere evangelizar. Se arrimó a mí, tentado a abrazarme. Pero era tan orgulloso que no quiso demostrarme tal afecto. ¡Bah! Al diablo con el diablo. Le abracé en respuesta, esperando que al menos conmigo dejara de ser tan compuesto y se mostrara tal como era. Un hombre de buenos sentimientos, con un carácter y actitudes de la mierda. Así mismo lo llegué a amar. Nada cambiaría eso.
¿Pueden creerlo? No era un beso de a tres. Era un abrazo de a tres. Y muy pueril por lo demás.
—Ok. Se cancela el matrimonio entonces —exclamó Félix, rodando los ojos con soberbia— Aun así, ya que no seré el padrino de boda. ¿Puedo ser el padrino del bebé?
—¿Sabes si quiera lo que significa eso? —rezongó Marinette, con voz templada— Ninguno de nosotros es católico. Yo no pienso bautizarlo ni mierdas.
—¿Qué más da? —exclamó el gerente, trazando una sonrisa morbosa— ¿Te suena Vito Corleone de casualidad?
—Félix, debes dejar de ver películas antiguas —bufó— No lo sé, cariño —Dupain-Cheng lo consultó con su novio— ¿En serio quieres a Félix como el padrino de nuestro hijo? Yo creo que es una mala influencia.
—Hey —se quejó Graham de Vanily— No soy tan enfermo. Con los niños me llevo bien.
—Ni si quiera te gustan —aclaró la ojiazul.
—Cierto. Pero este puede que me caiga bien. Después de todo es el hijo de Adrien —aclaró, desviando la mirada con engreimiento— No tengo problema con ser El Don.
—"El don" —carcajeó Marinette, rodeando el cuello de su pareja— ¿Te apetece?
—Me apetece —diseñó una sonrisa apacible de vuelta, el mecánico— Se que Félix se va a comportar con él.
—Ok. Una duda, par de tortolos —aclaró, haciendo énfasis a esto último— ¿Y qué tal si es niña? ¿No lo han pensado?
Cierto. ¿Por qué tan machista Marinette? ¿Y si resulta ser una niña? ¿Permitiría que su tío Félix fuera su padrino?
—Depende —aclaró la estudiante de arte— Nos vamos a ver la trilogía del padrino y te comentamos. ¿Queda claro?
—Queda claro —aceptó Graham de Vanily.
¿Me van a creer que en serio nos vimos las tres malditas películas esa noche? Cada una duraba como 3 horas, la puta madre. Pero valió la pena. Nunca me vi The Godfather. ¿Ustedes sí? Háganlo. Es una locura. Y ahora que tenía una idea de cómo sería, confiaría ciegamente en Félix. Vito Corleone era un capo de la mafia italiana, del lado siciliano. Se que suena ridículo, pero ¿Saben que les hacía a los hombres que les faltaban el respeto a sus mujeres? Destripados, siendo comida de los peces. Literal, era un bastardo sin alma. Era lo más similar a Félix Graham de Vanily.
Los siguientes meses pasaron como días para mí. Adrien ahora tenía un puesto prodigioso en el taller de Zoé Lee. En poco tiempo, lo ascendieron como sub gerente tanto como a mí. Era un chico tan estudioso, que no me sorprendía para nada la decisión. Si no era el, nadie más lo sería. Como yo estaba embarazada, Adrien me rogó que me mudara a vivir con él. Tuve que dejar mi apartamento de soltera, para irme con él. Ese año ganó lo suficiente como para comprar un apartamento en el piso número 6, en la avenida Saint Michel. Se que Félix invirtió dinero en él, pero nunca se atrevió a revelarlo. Era demasiado costoso como para pagarlo por sí solo. Para los 7 meses de mi estado, nos instalamos los dos en un loft muy bonito. El condominio era tranquilo, ideal para que los niños pudieran salir a jugar. Incluso tenían piscina, gimnasio y centro de eventos. Me gustó bastante. No era viejo
Yo nunca pensé que me enamoraría de un hombre de familiar rica. Alya solía apolillarme con esa idea, pero mi chico era tan humilde que nunca lo necesité realmente. Vivíamos bien. Ninguno de los dos profesaba sueldos millonarios. Pero nos sentimos cómodos y satisfechos con nuestros empleos.
Curiosamente, la actitud de Félix hacia mi persona cambió radicalmente conforme vio como mi vientre se abultaba más y más. Sus primeras muestras de aprecio sutil las vi un día cuando llegué al trabajo y noté una silla muy cómoda en el lugar donde solía estar parada. ¿Quién dejaría algo como esto para que descansara? El, sin duda. ¿Me habría visto cansada?
Lo siguiente que experimenté, fueron preguntas bastante curiosas de su parte. Solía pasearse más de lo habitual por la cafetería. Se daba un par de vueltas sagaces, observándome de reojo en el proceso. Me preguntó si tenía frio para encender la calefacción centralizada del recinto o si sentía calor para mandar a prender el aire acondicionado. De vez en cuando, me ofrecía prepararme agua de hierbas medicinales que su madre bebía cuando él estaba en su vientre. En alguna parte leyó algo similar. ¿No?
—"Una mujer que se siente bien, siempre va arriba" —citó Graham de Vanily, carraspeando con vergüenza.
—¿Cómo? —no entendió un carajo— ¿De dónde sacaste eso?
—De un manga Yuri que tenía Kagami —reveló, desviando la mirada— Pero fue muy productivo ¿No crees?
—No leas esas mierdas, por favor —se dio una palmada en la cara, un tanto divertida— Te van a derretir el cerebro.
—¿Prefieres el Yaoi? —sugirió con picardía— Aunque me gusta mucho mas el Futanari.
—Prefiero que te calles —le lanzó un paño de cocina en la cabeza— Estoy bien, tonto. No hace falta que esfuerces.
—No es ningún esfuerzo —admitió Félix, rodando los ojos con obviedad— En realidad solo estoy ampliando mis conocimientos con el tema. A todo esto…tengo curiosidad —murmuró, inclinándose más hacia la barra— ¿No te da miedo que un día estes cagando y te salga el bebé?
—Si. Definitivamente quiero que te calles.
No puedo con este chico. Ni si quiera sabe cómo tratar a una mujer en cinta. Con Adrien las cosas mejoraron bastante, por otro lado. Como nunca nos cansamos, pero si me preñé de él, el contrato quedó anulado. Con el paso del tiempo, Félix y Kagami se pelearon con el asunto. Salió a la luz que ella había intentado adulterar el examen de ADN, revelándole a su marido que Adrien era el padre biológico. A mí me daba lo mismo ya. Yo siempre supe que él era el indicado. Por supuesto que no presenté cargos legales por su boicot. Era una tontería de críos. Jamás depondría mi felicidad por sobre el dinero. Muéranse en el intento. Adrien fue un padre presente en todo momento. Me acompañó a todos los controles, costeó mis gastos médicos, armó una habitación para el bebé. Incluso, se reunió con mis padres un viernes por la noche, dándoles la esperada noticia.
Adivinen quien fue el más feliz. Si. Exacto. Mi papá.
—¡Gran hombre! —aulló Tom, tomándolo en brazos para darle un par de giros— ¡Adrien Agreste es digno de nuestra familia!
—Tom…—gesticuló Sabine con pena.
—Tranquila, mamá —la detuvo Marinette, sin ánimos de ofender a nadie— Deja que, por esta vez, se explaye. Está contento. Y tiene derecho.
Yo ya estaba muy panzona. Y más caliente que nunca. No lo desmiento. Era algo que de verdad me sobrellevaba. Mis hormonas tiraban como de un jinete a su caballo, dando espolones para que corriera más rápido. El último mes de embarazo, me violé sin recriminación a mi novio. Pero hubo momentos épicos que debo relatar, sin ofender a nadie. No pude evitarlo. Y el tampoco. Fue tan gracioso…
Hubo una vez, que Adrien tuvo que parar en medio del acto, muy angustiado.
—N-No puedo seguir…—argumentó Adrien jadeante, encima de ella.
—¿Qué haces? ¿Por qué te detienes, tonto? —Marinette le apretó el trasero, empujándole hacia adentro— Hazlo ya. Me estoy muriendo.
—Siento que le estoy picando el ojo…—explicó, abrumado— No puedo.
—¡¿Pero qué dices, bobo?!
—¡Marinette! ¡No! —se detuvo, con expresión aterrada— ¡¿Y si estoy taladrándolo en la mejilla?!
—¡¿Cómo se te ocurre que llegas ahí?! —espetó, entre risas y vergüenza— ¡No le entierras nada, baboso!
—¡¿No un acto muy violento, dijiste tu?! —berreó, asustado.
—¡Ya lo sé! —espetó, jalándole el cabello con ansiedad— ¡Pero no te atrevas a detenerte!
—¡¿Y si le hago daño?! —chilló el Agreste, despavorido.
—Te juro que, si no lo haces ahora, te mato.
Fue una amenaza certera, porque a partir de ese momento, se dejó de mamadas y me trató como corresponde. Por la mierda. ¿Por qué me hace esto? Era la primera vez que se comportaba tan infantil.
El día del parto, chillé de la puta madre. Cuando los doctores sacaron a mi cría del interior, no escuché llantos abrumadores como solían mostrarme los doramas coreanos. Todo era una farsa. ¿Quieren que les cuente quien asistió ese nacimiento? Adivinen. No. No lo hagan. Es obvio. Solo dos hombres entraron a ese quirófano. Félix Graham de Vanily y Adrien Agreste. El primero se desmayó en el intento. Mientras que el segundo, se mantuvo estoico y muy hidalgo para ver qué pasaba.
—¡Ya casi viene! —advirtió la partera— ¡Solo un empujón más!
—¿Ya nació el bebé? —revivió Félix— ¿Qué es eso…? ¿Sangre?
Y se volvió a desmayar. No sabía si reír, llorar o seguir gritando. ¡No puedo concentrarme, mientras veo como el idiota de mi jefe se prende y se apaga como un Windows XP!
—¡Es una niña! —aulló una de las enfermeras.
Yisus de Vanily resucitó al tercer vahído, al escuchar aquello. ¡¿Qué mierda?! ¿Le tocaron su punto G? Al can se le activaron todas las hormonas masculinas.
—Ni me la toquen, bastardos —gruñó el inglés, apartando a los doctores— Adrien, llévala con Marinette. Podrían cambiártela.
¡¿Qué tan paranoico podía ser?! Pero vamos, no era tan descabellado. Estaba de moda cambiar bebés. Vi casos como esos en Caso Cerrado con la Doctora Polo
—Disculpe, señor Graham... —una de las enfermeras se acercó de manera tímida— Tenemos que revisar a la bebé.
—Vale, lo dejaré pasar por esta vez —le advirtió, fulminándole con la mirada— Solo si usas guantes y no la miras mucho. Podrías darle mal de ojo.
Adrien no entendía mucho las aprensiones absurdas de su primo. En esos momentos, lo único que podía hacer era llorar de la emoción. Era una niña. Grande, sana y con unos ojitos brillantes que apenas llegó a abrir. No pude sostenerla por mucho tiempo, ya que los doctores me la arrebataron sin ninguna primicia de entre mis brazos. ¿Era un procedimiento normal? Yo era primeriza. Aún me sentía adolorida y confundida con todo lo ocurrido.
—No se preocupen —sentenció el gerente de Le Miraculous— Yo los tengo vigilados. Si veo algo raro…—he hizo un gesto de degollamiento con la mano.
Dios santo. No. No te vuelvas un asesino, con un demonio. Este chico se había tomado demasiado en serio el papel de padrino. Ya no era Vito Corleone. ¡Era el maldito Al Capone! ¿Habría sido correcto elegirlo como un gorilón guardaespaldas? Me plantee la idea de retractarme de tal decisión. Pero cuando sentí el beso sincero de mi novio contra mi frente, todo temor o duda me abandonó.
—Eres una mujer increíble, Marinette —esbozó el rubio, brindándole una sonrisa amorosa— Gracias…es una niña muy hermosa, tanto como tú.
—¿Puedo elegir el nombre? —consultó Félix.
—No —respondieron los padres, al unísono.
—Amargados —masculló.
—Creo…que esa tarea se la dejaré a su papá —murmuró Marinette, observando con júbilo a su pareja— ¿Te gustaría hacerme el honor?
—Eh…y-yo no sé…como llamarla —Adrien se tomó la sien, haciendo amago de pensar muy bien en su cometida— Me gusta mucho tu nombre.
—¿Marinette? Pff, es horrible —acotó Graham de Vanily.
—El tuyo es peor —refutó Dupain-Cheng— Tienes nombre de gato travestiado.
—Si lo dices por su bolsa, Dupain-Cheng —se defendió el inglés— es mágica.
—Solo traes cocaína ahí, gato drogado —carcajeó la ojiazul, en un intento por ponerse seria— Por favor, muchachos. Hablo en serio. ¿Qué dices, Adrien? ¿Ya pensaste en alguno?
—A mí me gusta mucho el nombre de mi madre —sugirió con timidez el francés— ¿Crees que se pueda llamar así?
—Emilie suena muy bonito —balbuceó contenta la fémina.
—Si a mí me lo preguntan, me gusta Mia Khalifa—expresó el británico.
—Que bien, Félix. Pero nadie te lo preguntó —le regañó, aún más enfurruñada que antes— ¡Arg! ¡No le pondré el nombre de una actriz porno, maldito enfermo!
—No dije que le pusieran así. Dije que me gusta —el ojiverde se encogió de hombros con sarcasmo.
—¡A nadie le importa lo que te gusta! —Marinette ya estaba perdiendo la paciencia— ¡Solo-…!
—Emma —sentenció el Agreste, con voz decidida y audaz— Quiero que se llame Emma. ¿Está bien así?
—No —dijo Félix.
—Si —dijo Marinette, complacida con su decisión— Su nombre será Emma.
—Ningún respeto por el padrino —exhaló frustrado el primo, cruzándose de brazos— Pésimo servicio.
Si no se calla, le haré comer mi placenta. Ah. ¿Dónde habré escuchado algo similar? Emma era un nombre perfecto. No pudo haber escogido uno mejor. Emma Agreste. Suena bonito ¿Verdad? Mi chico es lindo hasta para escoger nombres. Lo amo como no se imaginan. Al cabo de unos minutos, la pequeña regresó en brazos de uno de los doctores. Ya estaba limpia, con todos sus chequeos al día y envuelta en una manta. Sé que tengo experiencia nula en partos, pero me llamó mucho la atención que estuviera despierta. Unos enormes orbes esmeralda nos observaron a todos, como si quisiera examinarnos con suma curiosidad. Por lo regular los bebés que vi en videos, eran horribles. No les miento. La mayoría nacen arrugados, con cara febril y rostro alienígena. Pero ella…ella era una pequeña princesita de cuento de hadas. Acaricié su cabecita, frotando la poca pelusa de pelo que tenía encima. Era exquisita.
—Muy bien señores, es hora de dejar descansar a la madre y a su hija —explicó el especialista, invitándoles a dejar la habitación— Luego podrán venir a verlas, cuando las enfermeras hayan acabado el trabajo con la señorita.
—Vamos, primo —Félix le dio una palmada en la espalda, empujándolo hacia la salida— Dejemos que Marinette y Shakira descansen.
—Su nombre es Emma, Félix —exhaló rendido el mecánico, permitiendo hacer abandono del cuarto. Aunque no sin antes, darle un último vistazo a las chicas— ¿Estarás bien…?
—Todo está bien, gatito —la progenitora le sonrió con dulzura, asintiendo con la cabeza— Ve. Luego podrás venir a estar con nosotras. Lo prometo.
—Bien…
[…]
Esa tarde, no logré pegar un ojo de encima de mi pequeña. Cuando la anestesia dejó de hacer efecto, los primeros retorcijones de útero me atolondraron. Nadie me dijo que la entrepiernas se te destruía como un tomate estrellado en el pavimento. Me cosieron, como un pavo de navidad y me recetaron morfina hasta por los codos. Los doctores me recomendaron no moverme mucho para que los puntos se absorbieran bien. Pero dentro de mi cabeza, solo me veía a mí misma meando parada, porque sentarme ni hablar. ¿En serio esto les pasaba a todas las mujeres? Debí haberme hecho una cesárea, como me advirtió Alya. No me sentía cómoda con el parto. Un tajo en el vientre me hubiera dejado con la sanidad mental más oportuna. Pero agradecía la mano experta que me curó. Estos obstetras eran dioses en la materia. Sentir la respiración calmada de mi bebé me dio tanta paz, que en algún punto me dormí, cayendo en un sueño profundo del cual no desperté hasta que los primeros rayos del sol dieron en mi cara. Ahora, venía la segunda parte de mi proceso, amamantar a mi retoño. Una de las enfermeras trató a duras penas de enseñarme como era el proceso. Yo ya había leído muchos libros junto con Adrien de varios temas. Sobre todo, como lograr que no me hiciera mierda los pezones en el intento. Curiosamente, Emma fue muy indulgente conmigo. No me apretó mucho. Era una niña tan callada, que no recuerdo haberla escuchado llorar.
Estuve en la clínica una semana y media hasta que, por fin, me profesé apta para ir a casa. Ver a Félix apostado en la entrada con anteojos de sol, me hizo reír bastante. Se veía tan ridículo, que compararlo con los hombres de negro fue lo mínimo que se me pasó por la mente. Se ofreció a llevarnos a casa, haciendo de chofer para asegurarse, de que ningún cartel ruso nos chocara en el trayecto. Yo…en serio necesito que deje de ver tantas películas. No éramos gente tan importante ¿O sí? Al principio creí que exageraba, pero cuando recordé lo que Kagami había intentado hacer, me lo tomé más personal. De cierto modo, él tenía razón. Ya no podía fiarme tanto de aquella mujer. No quería volverme paranoica, pero seguramente haber perdido esta ronda no le dejó satisfecha.
Cuando se estacionó afuera de la vivienda que compartíamos con mi novio, se bajó del auto tomándose el oído.
—Todo despejado —gruñó.
—Ni si quiera tienes un audífono ahí, payaso —se mofó Marinette.
—Tu solo hazme caso ¿Capisci? —farfulló Félix, frunciendo el ceño— Nunca sabes cuando te puede pisar un canguro.
No comprendo el humor inglés, pero supongo que, si Adrien no se quejaba de ese comportamiento tan absurdo, estaba bien para mí. El avalaba todo este circo.
Tras ingresar al apartamento, mi aura sufrió un despertar cósmico de evolución nirvanesca. Si. Me sentí muy bien estando en un hogar, con Adrien y Emma en mis brazos. Inhalé el aire de mi nueva casa, con la esperanza de atiborrarme los pulmones del amor que profesaba por la familia que juntos habíamos construido. No pude haber tomado una mejor decisión. Y sé que mi compañero de vida lo compartía también. Me miró y nos besamos en la entrada, solo para asegurarnos de que no era un sueño; si no un hecho real y tangible. Era demasiado bueno para ser cierto.
Con Adrien solíamos dormir en el segundo piso del loft. Ahí, teníamos una cama de dos plazas. Procuré instalar la cuna a su lado, ya que sentí que de alguna manera debíamos permanecer juntos incluso si tuviera que subir corriendo las escaleras a verle. Luego de darle de comer, la mecí con suavidad, con la intención de hacerla dormir mejor. Sin embargo, una mirada inquisitiva y dotada de curiosidad llamó mi atención, era mi camarada. Le note muy ansioso por la pequeña criatura que bostezaba placida entre mis brazos.
—¿Quieres cargarla? —le consultó con ternura.
—¿Puedo?
—Por supuesto que puedes, tontito —bufó Marinette, traspasándole la carga a su pareja con mucho cuidado— Ella es tuya también. ¿Lo sabias?
—Ella es mía también…—repitió.
Percibí un aura nostálgica en sus sentidos, mientras inspeccionaba incauto a su hija. Su expresión era mas hosca y aguda que antes. No pude evitar preguntarle si le había molestado algo o si le inquietaba alguna cosa. Creí que estaba enojado. Pero nada mas lejos de la realidad, fue su respuesta.
—¿Pasa algo, Adrien? —escrutó con voz aprensiva la fémina.
—Es solo…—el joven Agreste hizo una pausa, cerrando los parpados con aires de melancolía— que estaba pensando en mamá. Me pregunto si ella también se habría sentido tan bendecida como yo me siento ahora.
—¿Bendecida?
—¿No te parece increíble, mi lady? —murmuró en tono aterciopelado. Acto seguido, se arrimó a ella, para que juntos examinaran con lujo y detalle a la pequeña— Yo no sabía que los bebés se hacían de esta forma. Y ahora que ya lo sé, me cuesta trabajo comprender que esto lo hicimos tú y yo.
Nunca lo vi de esa forma. Adrien tenía una concepción de la vida completamente distinta a la mía. Posiblemente porque como se crio con los gatos Pallas en los himalayas, había desarrollado cierto grado de maestría al momento de conseguir conclusiones. O porque quizás, al no tener contacto con humanos no llegó a contaminarse de la malevolencia o de las monomanías de la gente. Si lo veía desde un punto de vista esotérico, por supuesto que era lo mas parecido a la magia. Sé que biológicamente no lo era, pero concebir el resultado de la unión de dos personas en el cosmos mismo, era casi como el concepto de Café Ladybug que hice para la cafetería de Le Miraculous. La creación, manifestándose en Emma.
—Definitivamente la bendecida soy yo —expresó Dupain-Cheng, acariciando la mejilla derecha de su retoño— Agradezco mucho haberte conocido. De no ser por ti, ella no estaría aquí. Y tampoco yo.
—Quiero reparar el error —siseó Adrien, con rendición— No deseo que ella pase por lo mismo que pasé yo. Pero me da muchísimo miedo, porque no sé nada, Marinette —añadió, agrietando la voz— No sé nada de cómo ser padre. Temo fallarle y no ser la imagen que yo no tuve, para que no se sienta sola ni desamparada. ¿Es normal sentirme así?
—Es normal sentirse así —Marinette le dio la razón, posando una de sus manos sobre su hombro— En verdad está temblando— Tranquilízate, tu no estás solo. Somos dos ahora.
—Tres, con Félix —endosó con una risa infantil.
—A Félix se le mueren hasta los cactus ¿En qué podría ayudarte con un bebé? —bufó, rodeándole en un abrazo fugaz— Estaremos bien los dos.
—Como me gustaría que mis padres pudieran conocer a Emma…
Sentí que la vida estaba siendo muy indulgente conmigo, pero injusta con mi pareja. El se había sacrificado tanto como yo para que esto resultara. Mis padres podrían conocer a su nieta, pero los suyos no. La imagen de Kagami Tsurugi vino a mi mente como un haz de luz blanca en medio de una tormenta. Recordé lo de su maldito contrato y el como me había revelado que ella si tenía información valiosa del paradero del matrimonio.
Arg…me era un dolor de culo tener que aliarme con una mujer como esa. Era una chica de armas tomar, yo siempre lo supe. Si le das la espalda, seguro te apuñala. Pero si quiero ayudar a Adrien, tendría que subirme al carro de la perdición, tal cual lo hizo Félix al casarse con ella. Quiero hacerlo feliz por el resto de mis días. Sin tener la necesidad imperiosa de destruir mi vida en el camino. La japonesa solo buscaba la fortuna de los Graham de Vanily y de paso, la de los Agreste. Había leído en la secundaria, en un texto de mierda algo así que decía como: Cuando la ambición y la codicia superan a la propia expectativa de la vida, caerás en la ruina de la soledad.
¿Estaría Kagami dispuesta a eso, con tal de llenarse los bolsillos con el patrimonio de su esposo? Si, por supuesto que sí. Pero yo…no dejaría por nada del mundo que tocara la del mío.
Si. Tal como lo dije. Porque esa misma tarde, decidí que aceptaría casarme con él. Era la única opción que me quedaba para entrar al juego. Mi carta, bajo la manga. Solo para saber algo mas de la verdad y traerle paz al corazón de mi amante.
¿En donde demonios están Emilie Agreste y Gabriel Agreste?
