Capítulo 2
Descargo de responsabilidad: Death Note y Jujutsu Kaisen no me pertenecen
Yuuji se detuvo frente a una floristería con el fin de comprar un ramo de flores para su abuelo, que se encuentra en el hospital.
Sabía que a su abuelo no le gustaban las flores pero aun así eso no lo detendría de comprarlas.
Siguio su camino hacia el hospital hasta detenerse frente a la puerta 301.
Quería entrar y visitar a su abuelo, después de todo él era la persona más importante que tenía en la vida, pero a la vez no deseaba entrar y verlo en ese estado cercano a la muerte.
Sabía que no le quedaba mucho, incluso el anciano se lo grababa constantemente diciéndole que su hora se acercaba y que lo aceptaba, pero no quería aceptarlo.
Una parte de él le decía que todo esto era solo un mal sueño y que no era real, otra parte le decía que esto era real y así era la vida. Estaba tan confundido consigo mismo que no sabía qué hacer.
Pero quería vivir una vida sin arrepentimientos, tal y como le decía su abuelo. Y eso significó que a pesar de sus inseguridades y pensamientos no iba a echarse para atrás. Iba a avanzar, hacer lo que quería para no arrepentirse más tarde.
Era mejor elegir y lamentarse, qué no elegir y lamentarse.
—Te dije que no vinieras —no se sorprendió en absoluto al escuchar a su abuelo cómo lo regañaba por visitarlo, más bien, lo esperaba y deseaba—. Y deja de traerme flores.
Sabía que iba a ocurrir. Sucedía todos los días sin excepción. No entendía por qué a su abuelo no le gustaban las flores, así que usaba la excusa de que no eran para él, sino para las enfermeras, y así que podrían permanecer en el cuarto.
—¿Qué pasa con el club? ¡Vete a tu club!
—Termina antes de las cinco. Si te visito es porque tengo tiempo libre.
—Ya que te sobra el tiempo, escúchame un rato. Presta atención, tengo algo que decirte antes de morir.
—Abuelo, ¿por qué no dejas de hacerte el guay antes de morir? —Yuuji no lo decía por eso, lo decía porque no quería escuchar de su propio abuelo que no le quedaba tiempo, no quería aceptarlo.
—Todo hombre quiere morir con estilo, ¿no? Lee entre líneas. Nieto de porquería.
—No seas cascarrabias —su voz no sonaba alegre o enfadada, simplemente monótona, al igual que su rostro—. Puedes ser el de siempre.
Itadori Saitou, abuelo y tutor legal de Itadori Yuuji tras la muerte de sus padres, se encontró hospitalizado en el hospital, después de toda la enfermedad y la edad le habían alcanzado.
Se acercaba su hora, lo sabía, y lo aceptaba. No tenía arrepentimientos en su vida, pero si hay algo de lo que se podría llegar a arrepentir es de que abandonara a su nieto una vez que haya soltado su último aliento.
Yuuji era como un hijo para él, tras la muerte de sus padres cuando era un bebe,se hizo cargo de todo y lo crió como si fuera su hijo viéndolo crecer como una gran persona.
Amaba a Yuuji más que nada en el mundo. Sabía que él podría arreglárselas con el dinero y ahorros que guardo en la cuenta de su Yuuji. Sabía que en algún momento llegaría su hora, y siempre la estuvo esperando y preparado para aceptar que su vida había terminado, pero, ahora estando tan cerca del final, todo ese valor y aceptación que ha estado cargando comenzó a vacilar. No quería dejar a Yuuji solo, quería verlo formar una familia y regañarlo cuando hizo una estupidez.
Odiaba las flores que le traía Yuuji, después de todo, le recordaban que pronto dejaría el mundo.
Odiaba tener que llamar a las enfermeras, porque eso demostró que estaba débil y no quería mostrarle ese lado suyo a Yuuji.
Odiaba que Yuuji preguntara por él, porque quería que Yuuji continuara su vida con sus amigos, pasara el tiempo en clubes y actividades extraescolares sin tener que preocuparse por un viejo decrépito como él.
Sabía que no aguantaría hasta la mañana siguiente. Sentía cómo no le quedarían fuerzas. Y cuando vio cómo Yuuji entró a su habitación, y tras unos regaños habituales hacia su nieto, decidió hablar. Iba a decir todo aquello que nunca pudo decir, algo que Yuuji debería saber, y que no podría contar si no era en ese mismo momento.
—No mares cascarrabias. Puedes ser el mismo de siempre.
Saitou se giró cambiando la espalda a Yuuji, que se encontraba al lado de la ventana arreglando las flores.
—Yuuji. Eres un chico fuerte, ayuda a los demás. No tiene que ser a todo el mundo, pero ayuda a los que puedas. Puedes dudar si quieres, pero nunca esperes nada a cambio. Solo te pido que ayudes a los demás cuando puedas. Cuando mueras, deberías estar rodeado de gente. No acabes como yo.
Cerro los ojos.
—¿Abuelo?
Y dejó de respirar
