Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K. Rowling.

Hola, tiene años que no me aparezco por aquí, he regresado por que se lo debía a mi chica especial, ella me regreso la inspiración para escribir esta historia, todo comenzó con un reto y... espero que les guste tanto como yo disfrute escribiéndola, pero sobre todo, espero que a Fibi le guste, la chica mas especial que he conocido, la chica que siempre tendrá una parte de mi corazón, mi primer amor, mi alma gemela. Y recuerda, tu siempre podrás, siempre Fibi.

DESTELLOS DE LUNA

Hermione Granger & Luna Lovegood

De: Alets.

Para: Mi pequeña Fibi.

Los ojos grises con destellos celestes estaban atentos y vigilantes de los movimientos de la chica de cabello marrón y esponjado, miraban como mordisqueaba su pluma de pavo real llenándose los labios de tinta mientras entrecerraba los ojos al ver algo que llamó su atención en el libro, pronto escribía algo en su pergamino de manera furiosa y apurada.

Luna Lovegood, dueña de aquellos ojos observantes, dio un pequeño suspiro… Hermione Granger tenía ese algo que Luna no podía explicar, le parecía una chica extremadamente maravillosa pero no sabia la razón, por eso la miraba en la biblioteca para encontrarle una causa al revoloteo de su estómago y a sus manos húmedas cada vez que se la cruzaba por los pasillos de Hogwarts y en las clases del E.D., o al menos era el pretexto autoimpuesto para hacerlo; Luna a sus 14 años y pesar de que aparentaba ser una chica distraída del mundo exterior, sabía que posiblemente estaba enamorada de Hermione Granger, era eso o los torposoplos estaban haciendo de las suyas en su cabeza, pero descartaba lo último ya que ella siempre usaba su collar de corchos para precisamente eso... ahuyentarlos.

Luna sufría, sabía que la castaña nunca le correspondería, la había visto observar con amor al pelirrojo Ronald Weasley y nunca la había visto observar a alguna chica de esa manera, la entendía un poco ¿por qué se fijaría en ella? Una chica con el cabello más pálido que su rostro sin color, sin ningún don en especial, sin contar que la mayoría la consideraban un chiflada por ver y hablar de criaturas que nadie más podía ver… y por otro lado estaba Ron, un chico con un sentido del humor envidiable, con un rostro lleno de vida por aquellas pecas que se extendían por su nariz y mejillas, sin mencionar los hoyuelos graciosos que se formaban en sus mejillas, sin olvidar el cabello lleno de vida color fuego y por supuesto, su don especial; el ajedrez mágico, nadie lo vencía.

La rubia dio un suspiro aun mas fuerte, se armó de valor y caminó con pasos titubeantes hacia la mesa que acogía a Hermione, cuando llegó, sin hacer ruido corrió la silla que tenía a un lado la castaña, aun así, la chica reparo en su presencia levantando los ojos del pergamino y miró a Luna.

-Hola Hermione Granger- saludo Luna con su voz alegre, ella siempre tenía esa voz, sin embargo, al dirigirse a Hermione se añadía un timbre aún más cálido.

-Hola Luna- contestó la castaña de forma neutral- Puedes decirme solo Hermione, no es necesario que digas también mi apellido, somos amigas- añadió.

-¿Somos amigas?- preguntó incrédula, con los ojos bien abiertos de par en par.

-Claro, somos amigas- aseguró Hermione con una pequeña sonrisa asomando entre sus labios, Luna al ver aquel gesto su pecho se llenó de calidez, ella le sonrió de vuelta. - ¿Que necesitas Luna?- preguntó mientras le hacía un gesto para que Luna se sentara.

-Oh si, disculpa por interrumpirte, te veías muy concentrada- menciono la chica mientras obedecía a la castaña sentándose a un lado de ella - Pero quería darte esto- añadió mientras sacaba una pulsera de su túnica y se la tendía a la chica.

Hermione tomó la pulsera de la mano de Luna de manera curiosa, al hacerlo rozó suavemente la palma de su mano, la rubia ahogó un suspiro. La castaña analizó la pulsera con real interés, era una pulsera demasiado interesante, parecía que estaba tejida a mano, con colores cálidos… con colores del otoño, se enroscaban el café, verde, naranja y amarillo de manera armónica, por en medio había un corcho de cerveza de mantequilla y en el centro de esta, había una nutria pintada con acuarelas, Hermione sonrió al ver la criatura y miro a Luna con agradecimiento.

-Por tu patronus- aclaró la rubia con nerviosismo - ¿Te gusta?- añadió en voz baja.

-La amo- dijo Hermione con una sonrisa resplandeciente- ¿Tu la hiciste?

-Si, he visto tu patronus en las clases del E.D., así llevaras a tu patronus siempre, la he hecho para que te proteja.

-Pues muchas gracias, me ha gustado mucho, ¿me la pones?- pidió mientras le tendía la muñeca, Luna lo hizo con gusto.

-Bueno, me retiro para que sigas con tus pendientes Hermione- mencionó Luna mientras se levantaba de la silla

-Gracias Luna- volvió a agradecer Hermione con un asentimiento de cabeza.

-Nos vemos más tarde con el E.D., Hermione- se despidió la rubia con un movimiento de muñeca perdiéndose entre los estantes de la biblioteca.

Más tarde, en la sala de menesteres, Harry, Hermione y Ron, preparaban la sala para la clase de ese día del Ejército de Dumbledore, mientras esperaban a los demás.

Hermione miró las muñecas de Harry y Ron, ninguno de los dos traían las pulseras de Luna, rodó los ojos, que maleducados eran.

-¿Por qué ninguno de los dos traen puestas las pulseras de Luna?- los regaño Hermione, llamando la atención de ambos.

-¿Las pulseras de Luna?- preguntó un Harry visiblemente contrariado, Ron se veía confundido. Hermione cayó en cuenta de que ellos no habían recibido una pulsera de Luna, ella solo supuso que también les había obsequiado una pulsera, al parecer no fue así.

-Oh no, no me hagan caso- añadió Hermione con voz arrepentida, girándose para darles la espalda para dirigirse al fondo de la sala -Ronald ¿Ya terminaste de acomodar los muñecos de prueba?- añadió la castaña para cambiar el curso de la conversación.

Harry y Ron se miraron contrariados sin entender nada, el pelirrojo se encogió de hombros olvidando el tema y el pelinegro decidió ahondar en el asunto más tarde. Los miembros del E.D. comenzaron a llegar y pronto la silenciosa sala se llenó de bullicio. La clase comenzó retomando el tema de la clase pasada, la ejecución del patronus.

La mitad de los estudiantes ya habían logrado hacerlo, Hermione una de ellas, se paseaba entre los alumnos ayudando a Harry, el pelinegro observó que la castaña se acercaba a Luna que le ayudaba a su vez a Neville con su patronus, Hermione al parecer estaba felicitando a la rubia, Harry aprecio que ante las palabras de su amiga, Luna se sonrojaba. Él las miró con suspicacia.

Los días corrían y Luna se permitía observar a Hermione en clases del E.D., solo ahí no se le miraría con sospecha, sin embargo, cierto pelinegro estaba atento a cada mirada que le lanzaba la rubia a su amiga que parecía no darse por enterada de nada, Luna le agradaba mucho, era la única que no lo miro raro alguna vez y siempre le creía y Hermione era como una hermana, pero a la que le tenía pena era a Luna, ella podría salir lastimada de este enamoramiento.

Más tarde en la sala común de Gryffindor, sólo se habían quedado Harry, Hermione y Ron, habían estado discutiendo sobre Umbridge y sus nuevos estúpidos estatutos, el pelirrojo había sucumbido a su sueño y estaba tendido sobre uno de los sillones de la sala dormido profundamente, Harry supo que era el momento.

-Hermione- llamó el pelinegro a su amiga, la chica alzó la mirada de su libro -¿A ti... ?- comenzó titubeando y se calló de golpe.

-¿A mi que?- exigió saber Hermione mientras entrecerró los ojos, Harry desvió la mirada incómodo -Harry James Potter, ya has comenzado a decir algo, dimelo- insistió la chica mientras se cruzaba de brazos, odiaba que una vez comenzado algo no se terminara.

-¿A ti alguna vez te ha gustado una… chica?- preguntó Harry dejando salir un suspiro aliviado, bien ya lo había dicho.

-¿Que?- Hermione se veía realmente confundida

-Si, bueno tu sabes… una chica… a ti - volvió a comenzar Harry mientras se pasaba la mano por su cabello, despeinadolo aún más, era un gesto que hacía Harry cuando estaba nervioso.

-Harry, por supuesto, mis amigas me gustan, como tú me gustas a mi, por algo son mis amigos- explicó Hermione confundida a qué punto quería llegar su amigo.

-No, no, no, no me refiero a eso, me refiero que si te ha gustado una chica no como tu amiga, sino como mujer… - aclaró Harry nervioso. Hermione se veía sorprendida, abrió y cerraba la boca como pez fuera del agua.

-¿Qué? no entiendo por qué me preguntas eso Harry - mencionó la chica visiblemente contrariada.

-Solo contesta la pregunta Hermione- pidió Harry ya más seguro.

-Umm no Harry, no me ha gustado una chica como mujer- aclaró la castaña más decidida, pero no pudo evitar aquel recuerdo de cuando tenía cerca de 9 años y como había una niña en su clase a la que había admirado de vez en cuando en los recreos, le gustaba mucho su cabello. -Ahora dime, ¿Por qué me has preguntado aquello?- exigió la castaña

-Creo que le gustas a Luna- soltó de golpe Harry.

Pasaron los días y Hermione no podía dejar de pensar en aquella conversación con Harry, el asunto le daba vueltas en su cabeza una y otra vez, su amigo aseguraba que Luna tenía comportamientos distintos con ella y que mas de una vez la había pillado mirándola con ojos soñadores… pero Luna siempre tenía esa mirada, pero Harry insistió que aun así era diferente… ¿Cómo era posible que Luna tuviera sentimientos por ella?

Un día mientras Hermione se encontraba en la biblioteca pensando de nuevo en el asunto de Luna, la chica se acercó como la vez pasada, de manera sigilosa, la castalla inmediatamente sintió como las aletas de su nariz captaban aquel olor familiar a manzana con canela, pasto y tierra, cerró los ojos instintivamente como si quisiera guardar su aroma en su mente.

-Hermione, se que realmente estás ocupada con tus deberes, pero quisiera que me ayudaras con algo, he intentado leer varios libros pero sigo sin comprenderlo bien, de verdad no te quitaré…- soltó Luna de golpe sin respirar y con las mejillas arreboladas como si acabara de correr por los pasillos.

-Luna, Luna. Alto, respira y dime en que quieres que te ayude, no es una molestia para mí- interrumpió Hermione de forma amable pero firme.

-En runas antiguas, aun no llevo la materia pero quiero adelantar para el siguiente año cuando la escoja, se que es tonto por que aun no la tengo, pero...

-No es tonto- interrumpió la castaña de nueva cuenta con voz maternal -Es muy responsable que quieras adelantar para comprender desde ahora- Luna al escuchar aquellas palabras su pecho de hincho de orgullo.

-Gracias Hermione, de verdad- agradeció Luna con sus grandes ojos acuosos, Hermione le dio una pequeña sonrisa.

-Comenzamos mañana a las 9 después de la cena, aquí en la biblioteca.

Después de aquella plática, no era nada raro ver a Hermione y a Luna en la biblioteca estudiando juntas o en los pasillos platicando o tal vez también desayunando muy temprano en la mesa de Ravenclaw. Al inicio fue extraño para los demás alumnos, Hermione Granger; la bruja más brillante de su generación a lado de Luna Lovegood; la loca que ve criaturas que no existen, pero después de unos días la gente ya ni siquiera lo notaba y así transcurrió el resto del año, pero no para Harry Potter, él si se daba cuenta del acercamiento cada vez más estrecho que había entre las dos chicas.

Llegó sexto año y si le preguntabas a cualquier alumno de Hogwarts sobre Hermione y Luna, te dirían que son mejores amigas, pero los amigos cercanos a ellas no estarían tan seguros de que responder, o sea claro que eran mejores amigas, pero al estar cerca de ellas se notaba un aura diferente, como de complicidad y anhelo…

Hermione muy en el fondo ya lo sabia, sabia que su amistad con Luna no era una simple amistad, no era una amistad si se quedaban hasta tarde en la biblioteca bajo cualquier excusa, a veces fingiendo que se quedaba dormida solo para poder sentir los dedos suaves de Luna acariciar su rostro o para escuchar cómo le confesaba su amor pensando que estaba dormida, también si rozaban sus manos debajo de la mesa mientras almorzaban y a veces dejaba descansar su mano sobre la pierna de Luna solo para observar como sus mejillas se teñían de un adorable carmín.

Pero Hermione por primera vez no se sentía merecedora de ser una Gryffindor, no estaba siendo nada valiente al evadir las platicas de Luna sobre su relación, tenía mucho miedo. Una noche Hermione se quedo hasta tarde en la sala común leyendo uno de sus libros favoritos, solo quería pensar en otra cosa que no fuera Luna, cuando escucho como la puerta se abría de par en par, soltó un respingo y vio a su mejor amigo entrar por ella, él la miró un momento y caminó con decisión hacia ella.

-Tienes que parar con esto Hermione- exigió Harry -Tienes que aceptar que estas enamorada de Luna y decírselo o alejarte de ella, si no es así- Hermione abrió la boca para replicar, pero el pelinegro no la dejo -No, no me interrumpas Hermione, acabo de estar con Luna, no paraba de llorar por que tu evades todo lo que tenga que ver con ustedes dos, está desconsolada. Eres mi mejor amiga, como mi hermana pero no dejaré que le sigas haciendo esto a Luna, no se lo merece- a estas alturas Hermione ya tenía los ojos llenos de lagrimas -Lo siento Hermione, pero alguien te lo tenía que decir.

Y así como Harry Potter entró a la habitación de forma repentina, de la misma manera subió las escaleras hacia los dormitorios de los varones.

Hermione se quedó mirando el fuego de la chimenea que estaba en medio de la sala común de forma fija y sin parpadear, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas como dos pequeños arroyos. Harry tenía razón, era la peor persona por hacerle eso a Luna, claro que lo sabía, todas las noches su mente la torturaba, pero por mucho que quería ser honesta con su pequeña Luna, no podía, ya que ni siquiera podía ser honesta consigo misma, entonces ¿Cómo podría serlo con Luna? Pero era momento de parar con esto, de intentar parar el dolor de Luna y dejar de crearle aún más. Respiro, se limpió las lágrimas y con firme determinación subió a su habitación. Mañana sería otro día, podría comenzar de nuevo, ya sabía lo que tenía que hacer.

Luna tenía el corazón totalmente roto, tenía quince años, pero sabía que este sería el dolor más grande que experimentaría en su vida. Se había internado al bosque prohibido; los árboles y las pequeñas criaturas que vivían ahí la tranquilizaban siempre y le despejaban su mente, Hermione le había dicho que su amistad era sólo eso; una amistad, que nunca pasaría a nada más, que Hermione no estaba enamorada de ella, que lamentaba si la había dado señales erróneas, pero que la castaña no le atraían las chicas. Luna soltó un llanto aún más desolador recordando sus palabras.

Pero lo que la pequeña rubia no entendía era porque al escuchar a Hermione decirle todo eso no la sintió sincera, ni por que tenía los ojos cristalizados como si estuviera a punto de llorar, ni por que le dio un pequeño beso sobre la comisura de sus labios, tan rápido que solo fue un roce.

Luna nunca entendería que sucedió exactamente esa noche, pero su dolor fue inmenso, lloro cada gota que su cuerpo pudo expulsar y las criaturas vivientes del bosque ni siquiera se atrevieron a interrumpir el llanto de la pequeña rubia.

Paso el año y también la guerra, y al finalizar, llego con ello la reconstrucción del castillo, en todo ese tiempo Luna y Hermione habían tenido escaso contacto, de mejores amigas pasaron a ser simples conocidas, Luna aunque sufrió mucho volvió a recuperar su brillo poco a poco. Y Hermione simplemente aprendió a vivir con su elección y con Ronald Weasley…

En uno de aquellos días de reconstrucción al inicio del verano del 98, Hermione se encontró de pronto sola en aquel pasillo donde solía aparecerse una de las entradas de la Sala de Menesteres, respiro agitadamente y de pronto a sus fosas nasales le llego aquel olor a manzana con canela, pasto y tierra, cerro los ojos mientras se sostenía de la pared.

-Hola Hermione, no sabia que estabas aquí- saludo la pequeña voz suave de la rubia. -No te apures, solo vengo de paso.

-Espera- pidió de forma suave. -No tienes que irte- añadió la castaña. Luna solo la miro con sus grandes ojos soñadores.

-Lo siento- susurro Hermione con la mirada gacha.

-¿Por que?- contesto Luna con voz tranquila.

-Por todo lo que te hice, por haber dejado que avanzara cuando sabia que no me dejaría llevar, por haberte roto el corazón, lo siento mucho mi pequeña Luna- suplico Hermione con la voz cortada y sus ojos color miel acuosos.

-No te tortures Hermione, ya te he perdonado y también a mi, no fue culpa de nadie- le sonrió Luna, mientras le limpiaba una lagrima a la castaña que había escurrido por su mejilla -Estoy bien, todo esta bien.

-Siempre has sido un ángel- menciono Hermione, mientras sonreía de forma suave. Luna le devolvió la sonrisa con si supiera algo mas. Se quedaron un rato en silencio

-Tengo que irme, solo vine a despedirme del castillo- menciono de pronto la rubia, interrumpiendo aquel silencio cómodo.

-¿Irte? ¿Despedirte?- contesto Hermione contrariada y con tristeza.

-Me iré de Inglaterra con Rolf, vamos a buscar criaturas mágicas por todo el mundo. Tenemos un largo viaje- comento Luna como si hablara solo del clima. -Fue hermoso haberte conocido Hermione, que seas muy feliz- añadió con cariño, Hermione soltó las lagrimas que había estado reteniendo de forma silenciosa.

-¿Rolf?- pregunto Hermione con la voz rota.

-Si, el nieto de Newton Scamander, lo conocí hace poco y comparte mis teorías sobre las criaturas mágicas aun no descubiertas.

-Suena a todo lo que habías soñado a hacer, Luna. ¿Puedo abrazarte?

-Claro que si, Hermione.

Ambas se envolvieron en un abrazo que expreso todo lo que no se estaban diciendo, todo lo que habían vivido juntas y todo aquello que no pudieron vivir, se llenaron del aroma de la otra y guardaron todo el amor que se tenían en aquel pasillo del tercer piso de Hogwarts.

Luna fue la primera en separarse, le acaricio la mejilla a Hermione y se dio la vuelta para terminar su recorrido por aquel pasillo.

Hermione la vio partir sin que Luna girara a mirarla.

Y susurró una última palabra para sí misma, presintiendo que probablemente era la última vez que la veía.

-Adiós.