Mikasa POV

Los recuerdos que tenía Mikasa luego de la "muerte" de Eren se habían esfumado en su inconsciente. Es probable que haya sido el dolor en su pecho, en el corazón y en todo el cuerpo lo que la hizo poner su mente en blanco y olvidar hasta incluso quién era, para poder al menos mantenerse en pie luego de lo todo lo que había ocurrido… y la decisión que tuvo que tomar.

Mikasa volvió en sí misma cuando reconoció las inconfundibles calles de la Murralla María, mientras la trasladaban en carreta hacia el Hospital. No quiso mirar hacia alrededor de la carreta, pero sabía que a poco menos de un metro de distancia de ella había alguien recostado, probablemente sin poder moverse y con la respiración entrecortada.

Miró de reojo al cuerpo que tenía al lado y, a pesar de que estaba completamente cubierto por una manta y lo poco que se veía del rostro estaba bañado en sangre, se dio cuenta en seguida de que se trataba del capitán Levi.

No está nada bien – pensó por dentro. Luego se preguntó cómo estarían los demás, si habían logrado sobrevivir. Se le vino a la mente los rostros de cada uno de sus compañeros: Armin, Connie, Jean… y, finalmente, el rostro de Eren.

El recuerdo de Eren en la mente de Mikasa le generó tal conmoción que cayó desmayada hacia uno de sus costados.

"Hiciste lo que debías" oyó decir antes de que su cabeza tocara el suelo.

- ¿Eren, eres tú? ¿Estás aquí? - Apenas pudo murmurar, pero no obtuvo respuesta. Luego perdió la consciencia por completo.


Cuando Mikasa despertó de nuevo, esta vez se encontraba en una de las habitaciones del Hospital. La cama estaba junto a la ventana: el día era abrumadoramente soleado y caluroso y, por la distancia en la que veía el jardín delantero de la entrada del Hospital, pudo calcular que su habitación estaría entre los pisos más altos.

Notó que sus heridas externas habían sido tratadas e incluso le habían cambiado la ropa. Miró hacia un pequeño espejo que había sobre una mesa y vio su reflejo. Estaba bien, todo en ella se veía normal. Excepto que no lo estaba.

Por fuera podía parecer que Mikasa estaba en perfectas condiciones, pero por dentro cada suspiro era una agonía. Se le hacía muy difícil siquiera mantener los ojos abiertos, aún con ese increíble sol rozándole el rostro.

Se recostó nuevamente sobre la cama, cerró los ojos y no los volvió a abrir en seis meses.

Podía oír a los médicos que iban a visitarla todos los días y que sabían que ella estaba consciente. Al comienzo intentaban hacerle preguntas por si llegaba a responder alguna, pero Mikasa estaba hecha una muerta en vida, ni una sola palabra salía de ella; apenas se limitaba a negar con la cabeza alguna sugerencia de los médicos, como cuando le propusieron que saliera al jardín durante el día.

Al cabo de unas semanas, cuando sus heridas habían sanado por completo, los médicos dejaron de ir a verla. Las que seguían yendo todos los días, e incluso más de una vez por día, eran las enfermeras. Por alguna razón había dos jóvenes muchachas que no perdían la esperanza de que Mikasa algún día saliera sola de ese terrible laberinto mental. Hablaban y hablaban, no precisamente a Mikasa, hablaban en general, por lo que, de manera involuntaria, Mikasa se enteraba de todos los chismes que poco y nada le importaban. Por último, cada tanto recibía la visita de un odioso científico que aseguraba que había perdido la cabeza.

Mikasa, en su viaje interior, de alguna manera agradecía la voluntad de los médicos y enfermeras que hacían lo que estaba a su alcance para que ella pudiera salir de su penosa situación, pero lo cierto es que, para ella, los más acertados eran los científicos: estaba totalmente perdida.

Durante esos seis meses, Mikasa podía sentir como el sol salía y se escondía por los destellos que sentía en su rostro e ingresaban en la habitación, ésta era su manera de contar los días con los ojos cerrados, que se negaba profundamente volver a abrir.

Mikasa no quería ver cómo era el mundo sin Eren. La era de los titanes había terminado, la humanidad se encontraba en paz y Paradis se estaba reconstruyendo… para todos eso podía ser como el paraíso, pero, para ella, sin Eren ese era un paraíso sombrío.

No quería siquiera vivir en un mundo sin Eren. Por lo que pensó en más de una oportunidad terminar con esa agonía por sí misma.

No lo hizo por temor. No por temor a morir, sino por el temor de qué ocurriría después. ¿Cómo podía ver de nuevo a Eren a los ojos, luego de lo que había hecho?

Y algo peor aún ¿Y si, al morir, no iba al mismo lugar que Eren? Ese temor le helaba la sangre, la idea de -no solo una vida sin Eren, sino una eternidad sin Eren- era desgarradora.

¿Qué pasaría si Eren no la estuviese esperando del otro lado? No podría soportarlo. Esa idea le atemorizaba aún más que seguir viviendo con la carga y suplicio de lo que había hecho.

"Hiciste lo que debías" Esas palabras que había oído en la carreta también reaparecían en la mente de Mikasa: Dime Eren, ¿Qué es lo que debería hacer ahora? Pensaba, pero no recibía respuesta.


Una mañana, mientras una de las enfermeras cambiaba el ramo de flores que Armin dejaba cada semana, Mikasa abre por primera vez los ojos y la enfermera se exalta -dejando caer el florero al piso- cuando la oye decir: "Feliz Cumpleaños"

- Vaya, gracias – responde confundida al mismo tiempo que recoge las flores que se habían esparcido por todo el piso de la habitación, era obvio que no era su cumpleaños, pero qué va, mejor seguirle la corriente – me has asustado, es la primera vez que te escucho hablar.

Mikasa la mira y le hace una sonrisa. La enferma comienza a atemorizarse cuando la ve reincorporarse, pero se calma cuando ve como comienza a ayudarla a recoger los trozos del florero que había quedado completamente roto.

- Lo siento, el saludo no fue para ti – Le dice. Según sus cuentas, era 30 de marzo, el cumpleaños de Eren y aunque sabía que no la escucharía, no pudo evitar no decir esas palabras – no fue para nadie. Tal vez no fue la mejor manera de iniciar una conversación – Se sonríe y sonroja Mikasa mientras ve como la enfermera se va relajando de a poco. Era lógico que estuviese asustada, de seguro había oído por todos lados que estaba loca.

- No te preocupes por eso – Dice la joven mientras levanta la última de las flores – Supongo que sabes que debo llamar a uno de los médicos y decirle que estás despierta.

- Lo sé – Le responde Mikasa – Pero antes déjame ayudarte con eso – dice mientras le señala una herida que sangraba en la mano de la enfermera. Seguramente había sido uno de los trozos del florero cuando se rompió… o lo dejó caer del susto.

La enfermera asiente sorprendida pero aún así la deja que haga lo suyo. Mikasa toma los vendajes que estaban en la mesa de la habitación, pero primero le coloca agua con alcohol en la herida para desinfectarla.

- Vaya, sí que sabes sobre esto – Le dice la enfermera mientras observa como Mikasa, cuidadosamente, cubre con vendajes la herida con extrema prolijidad.

- Pues sí, cuando era niña tenía que curar a mi… - hace una pequeña pausa- hermano y amigo que siempre se metían en problemas – Le costó no caer en llanto al recordar sus momentos felices de infancia- Además, mi padre adoptivo era médico y a veces lo acompañábamos a ver a sus pacientes.

- Mmm…- Queda pensativa la enfermera – ¿Te gustaría aprender más? ¡Yo podría enseñarte! Y luego podrías ayudarme, tengo muchos pacientes para atender y cada día llegan más.

Mikasa se quedó atónita por lo repentino que se estaba desarrollando toda la situación. Apenas había despertado de un largo sueño – o pesadilla – de seis meses y lo primero que le ofrecen es ponerse al servicio, una vez más.

Aunque ¿Acaso no era eso lo que hubiese querido Eren?

Recordó lo que le había preguntado mentalmente algunas noches atrás: Dime Eren, ¿Qué es lo que debería hacer ahora?

¿Sería esta su respuesta?

- Pues.. – Dice dubitativa Mikasa pero la interrumpe rápidamente la enfermera.

- ¡Excelente! Llamaré inmediatamente a los médicos y le comentaremos nuestro plan ¿Qué te parece? - ¿Nuestro plan? Ella siquiera había aceptado. – Además, el apuesto joven de cabello castaño vendrá aún más seguido al Hospital si sabe que estás trabajando con nosotras - ¿Estaba hablando de Jean?

El médico llegó a la habitación incrédulo, pero se sorprendió al ver que, efectivamente, Mikasa había despertado de su largo trance de tortura mental. Estuvieron de acuerdo con el que aprendiera enfermería y le encargaron la tarea de enseñarle a tres enfermeras, incluida la que había hablado con ella, que al parecer se llamaba Tora.

- Bien, - comenzó a decir el médico – debo irme, mi próximo paciente es un poco… difícil – dice al mismo tiempo que se toma la frente – desearía que pronto él también tome la voluntad de seguir adelante como tú, Mikasa. Pero aún así ¿Qué es lo que te ha motivado? ¿Qué cambió? ¿Por qué hoy? – Mikasa se quedó en silencio y el médico entendió que las respuestas a esas preguntas eran reservadas únicamente para ella.

Se retiró de la habitación y tras él se fueron las dos enfermeras más jóvenes de las que ahora sería su nueva aprendiz. Con ella se quedó la más adulta, aunque tendría apenas unos pocos años más que ella.

- No sé que habrá ocurrido en ti, Mikasa – comienza a decirle mientras se dirige a la puerta para seguir a los otros tres – pero me alegra que haya pasado. ¿Sabes? Hay alguien que ha estado muy preocupado por ti todo este tiempo, pero hablaremos de ello otro día – termina por decir y sale de la habitación.

¿Qué había ocurrido? Pues, ni ella misma podría decirlo. Simplemente despertó sabiendo que ese día sería el cumpleaños de Eren y a modo de regalo quiso rememorarlo haciendo lo que él habría hecho si estuviese en su lugar.

Miró por la ventana de su habitación y vio gran cantidad de enfermeras con sus pacientes, tratando de curar sus heridas y su alma. Tal vez habían sido egoístas en pensar que eran los únicos que velaban por el bien de la humanidad, aquí la gente trabajaba día y noche por mejorar la vida de las personas; de alguna manera también contribuyeron y contribuían en la construcción de una humanidad solidaria y pacífica. Seguir aquí sería continuar con el propósito de Eren: salvar a la humanidad.

Ese había sido el motivo. Mikasa decidió que dedicaría lo que quedaba de su vida en continuar con el propósito de Eren de salvar a la humanidad. Esta vez, tal vez desde un rol más imperceptible, pero un rol al fin y al cabo.

Gracias, Eren – Dice a la soledad de la habitación, por haberle dado la razón para seguir viviendo que había buscado durante meses.


¡Hola! Lamento haberme tomado tanto tiempo en actualizar. Quedé un poco estancada con el POV de Mikasa, pero me sirvió de mucha inspiración para hacer este capítulo la canción de Lana del Rey "Dark Paradise" que siento que va perfecto para ella -los invito a escucharla, por supuesto-

Comento un poco cosas que olvidé mencionar en el primer capítulo: Los personajes principales de esta historia serán Jean, Mikasa, Levi e Historia. Los POV serán principalmente de ellos. Habrá algún que otro de Connie, tengo una historia algo especial preparada para él, pero que vendrá más adelante.

Agradezco MUCHÍSIMO los follows, favs y reviews - me hacen feliz y me ayudan a seguir escribiendo y mejorando la historia.

Algo importante: Habrá parejas, por supuesto, pero aún no quiero darles spoilers de cuales son... se irán desarrollando de a poco. Aunque de seguro en el próximo capítulo ya puedan darse una idea.

Ahora sí, me dejo de tanta palabra y aclaro: Shingeki no Kyojin no me pertenece, pertenece a Hajime Isayama.

Si les interesa, pueden pasar a visitarme por mi IG ashuzuri, subo memes y demás cosillas.

Besos!