En el Hospital de la Muralla María, el capitán Levi era conocido como un hombre de pocas palabras.

Cualquier persona observadora y perceptiva – como lo habían sido las enfermeras que lo asistieron en el año que llevaba allí – sabría que el capitán era de aquellas personas que escuchan antes de hablar o que simplemente escuchan, cuando consideran que no es necesario aportar más letra al asunto.

Y a lo largo de esos doce meses, Levi había escuchado toda clase de cosas.

"Creemos que este tratamiento puede funcionar"

Palabras que lo esperanzaron, aunque no lo demostrara exteriormente.

"Es normal que sea difícil al comienzo"

Palabras que lo frustraron.

"Me temo que los resultados no han sido lo que esperábamos"

Palabras que lo atravesaron al igual que un arma filosa.

"Todavía hay otras alternativas"

Frases que se había cansado de oír una y otra vez. Frases que siempre terminaban en aquellas palabras que primero lo esperanzaba, para luego frustrarlo y finalmente atravesarlo.

Después de tres intentos con distintos tratamientos, el cuerpo y -principalmente- mente del hombre de ojos fieros estaban totalmente negados a soportar, de nuevo, el camino del entusiasmo hasta la desesperación.

Ya llevaba un año ahí, si en todo ese tiempo no había logrado asumir de una vez por todas el hecho de que no volvería a caminar y viviera aferrado a la ilusión de que ocurra un milagro… no podría llamarse a sí mismo Levi Ackerman.

Por lo que, al mismo tiempo que aceptó su realidad -sin penas ni remordimiento, por el contrario, con el orgullo de saber que fue producto de su destino y lucha- se negó a seguir escuchando ideas y propuestas relacionadas con cambiar aquello que, de una vez por todas, asumió con simpleza y altura (del ego, por supuesto).

"Señor Capitán, han venido a ofrecerle un puesto en el ejercito a cambio de que acepte realizar este nuevo tratamiento"

Esas eran las palabras que estaba harto de oír. Fastidiado, pero no lo suficiente como para que llegasen a molestarle.

Aun así, había comentarios que -involuntariamente- llegaban a sus oídos y sí lograban enfurecerlo.

"Él se niega a cualquier nuevo tratamiento y ella sigue sin despertar… bastante débiles resultaron ser los Ackerman"

Lo enfurecían, de sobremanera. Pero no reaccionaba; no eran necesarias las palabras. Sabía que, algún día, demostraría lo contrario con hechos.

Levi no ignoraba la situación de Mikasa. Por más que odiase a los tipos que los llamaban débiles a ambos, lo cierto es que eran los únicos que seguían allí como soldados sobrevivientes de la guerra.

El resto de los soldados fueron dados de alta a los pocos meses de ingresar y a menudo los veía regresar por alguna revisión o consulta.

El que se pasaba más seguido por el Hospital era Kirstein, con el evidente motivo de lograr ver a Mikasa; aunque por alguna razón llevaba varios meses sin aparecerse. Tal vez se resignó, de una vez por todas, que intentar conseguir el amor de esa chica era un asunto perdido.

De nuevo, Levi no ignoraba la situación de Mikasa. Aunque entre los pasillos del Hospital la llamaban como "loca" o "muerta en vida", no le hizo necesario verla para darse cuenta de que la joven estaba pasando por un profundo estado depresivo.

No era necesario verla, ni tampoco podía; la habían llevado al tercer piso junto con otros pacientes que tuvieron secuelas traumáticas de la batalla.

La última vez que la vio fue mientras los trasladaban a ambos en carreta. Le pareció increíble que, a pesar de estar entera -físicamente- parecía más golpeada y rota que él, que estaba perdiendo la sensibilidad de casi todas sus extremidades, al igual que sus signos vitales.

La vio derramar un mar de lágrimas y no hacía falta preguntar el porqué. Eso habría sido ofensivo. Para Levi preguntar una obviedad era algo sumamente insultante.

Aun así, tenía que decir algo. Por más que el capitán ya supiese que la joven estaba rendida ante la desolación y sería muy difícil sacarla de allí; tenía que decirle algo antes de que alguno de los dos cayera en la inconsciencia y probablemente no vuelvan a verse.

"Hiciste lo que debías" Le dijo el capitán con la poca fuerza que le quedaba.

Tras eso, la escucho decir "¿Eren, eres tú? ¿Estás aquí?" antes de desmayarse y el pelinegro entendió que -a pesar de estar a punto de morir- la joven estaba en una situación mucho peor que la de él.

Por eso, se sorprendió enormemente -sin demostrarlo, claro- cuando una mañana mientras esperaba a la enfermera para comenzar el día, ésta llego acompañada de Mikasa.

Había en ella cambios radicales: llevaba el pelo largo hasta la mitad de la espalda, tenía puesto algo de maquillaje que de seguro no se lo había colocado ella y llevaba puesto el tradicional delantal de las enfermeras. Cambios radicales externos, por supuesto. Lo que le hizo darse cuenta a Levi de que se trataba de ella era la expresión inalterablemente melancólica que la caracterizaba.

- Buen día señor, vine con una acompañante ¿La recuerda?

Qué pregunta estúpida – pensó Levi – fue mi soldado, por supuesto que la recuerdo. Pero simplemente se limitó a asentir.

La enfermera que era pocos años menor que él, pero más adulta que Mikasa; suspira con aire de frustración: - No es muy conversador, pero de seguro eso ya lo sabes- Le dice a la pelinegra.

Mikasa se queda en silencio, ella tampoco era demasiado conversadora. Y menos con el capitán.

Ambas lo ayudaron a reincorporarse para ir hacia el patio del Hospital. Era algo habitual que hacía Levi todas las mañanas, detestaba estar dentro del establecimiento y por esa razón había pedido poder pasar fuera la mayor parte del día, todos los días.

Cuando llegaron hasta -el árbol- que el hombre había elegido en exclusiva para pasar el resto de sus tardes hasta el día en que muriera, Levi sacó un libro del bolsillo de su chaqueta y retomó la lectura del día anterior, como si nada nuevo hubiese ocurrido.

La enfermera estaba roja del enojo por la frustración. Esperaba un encuentro emotivo entre dos compañeros de batalla que habían superado complicaciones y demás cursilerías, pero se encontró con dos corazones de hielo incapaces de demostrar algún atisbo de emoción o sorpresa.

Estos Ackerman – Pensó, luego recordó que por ir a buscar a Mikasa a la habitación había olvidado el desayuno del capitán: - Voy por el desayuno del señor, Mikasa quédate aquí hasta que vuelva y luego comenzamos tus prácticas con los demás pacientes ¿Si?

Mikasa vio a la enfermera irse y apoyó su espalda sobre uno de los costados del árbol donde Levi estaba sentado. Miró de reojo para ver de qué se trataba el libro, por lo poco que pudo ver a la distancia -ya que no quería que el otro se de cuenta- parecía un libro sobre criaturas o bestias.

- Son animales – Le dice de repente Levi como si estuviese leyendo la mente de la joven – Aquí dice que estos animales viven en el océano – Extiende la mano acercando el libro a Mikasa para que pueda ver. Ella se pone cuidadosamente de rodillas para no ensuciar su delantal y observa el libro. Así es, según decía allí el océano estaba habitado por todo tipo de animales: ballenas, peces, delfines, tiburones, etc.

Mikasa se quedó en esa posición, a medio metro de distancia de Levi, viendo como pasaba las páginas del libro. Se quedaron en silencio y ambos agradecieron en lo más profundo que así fuese.

El capitán no quería que Mikasa fuese otra enfermera más que le insistiera hacer otro tratamiento, aunque sabía que eso no sería propio de ella. Y por su parte, Mikasa no quería que el pelinegro le hablara sobre lo que le había ocurrido, ni mucho menos, lo que sucedió en el campo de batalla; por lo que fue una grata sorpresa saber que Levi no tenía la más mínima intención de hacer menciones sobre el pasado.

La enferma llega finalmente para cortar con ese silencio que a cualquiera le hubiese parecido de lo más incómodo pero fue un alivio para sus participantes y, tras dejarle el desayuno a Levi, le dice a Mikasa que la acompañe. Ésta se incorpora y antes de tomar camino de regreso al Hospital se gira para decir: - Fue bueno verlo, capitán.

Levi asiente sin cambiar ninguna expresión de su rostro y las ve a ambas retirarse- la enfermera con el consuelo de haber escuchado esto último al menos.

Los siguientes días fueron igual. Llegaban ambas y lo acompañaban hasta el jardín donde pasaría el resto del día, de a poco la enfermera lograba sacar alguna que otra frase de uno o de otro sobre lo extrañamente soleados que eran los días y, a raíz de ello, la probable sequía que debía haber en los campos.

Esa mañana había sido igual a las otras. Llegó la enfermera junto a Mikasa, lo ayudaron a incorporarse y se dirigían al jardín cuando se cruzan con un desconsiderado niño que pateaba una pelota contra una de las ventanas del Hospital "Oye, deja de hacer eso, vas a romperlo" ven como se acerca a recriminarle otro niño. Los tres pasan junto a ambos y Mikasa se queda viéndolos.

"No me digas lo que tengo o no que hacer" Le responde el niño desconsiderado al otro y lo golpea fuertemente en la nariz, haciendo que este comience a llorar.

- Ahora los alcanzo – Mikasa se aparta de Levi y la enfermera para dirigirse al niño que había sido golpeado. Los otros dos hacen caso y continúan su camino hacia el jardín.

"Pídele disculpas y vayan ambos a jugar afuera" Escucha Levi que Mikasa le dice al niño que golpeaba la pelota, seguido de un "Pff, de acuerdo, lo siento" resignado. Luego, ve como los niños caminan en dirección al jardín al igual que él.

De repente, los cuatro -Levi, la enfermera y los pequeños- se giran para escuchar a Mikasa decir "Sin la pelota", haciendo señas con las manos al niño para que la devuelva.

El mencionado, claramente molesto, bufa alto y lanza la pelota con fuerza y desdeño… pero no hacia Mikasa, sino hacia la ventana que estaba golpeando antes, que -ante este impacto final- comienza a quebrarse justo frente a la pelinegra.

Algunos testigos dicen que corrió, otras personas creyentes de la fantasía dicen que voló y los que estaban bajo los efectos de medicaciones aseguran que se teletransportó.

Nadie está seguro sobre cómo, pero en el momento en que los gruesos cristales de vidrio iban a caer sobre Mikasa, el capitán logra llegar a tiempo hacia ella para tomarla de los hombros y empujarla lejos para que ningún vidrio impacte sobre ella, a costa de que uno de los trozos de cristal roce su brazo provocando una herida no muy profunda pero sí extensa.

Instante siguiente, el suelo del pasillo está repleto de vidrios partidos, la enfermera y los niños con cara de espanto por lo que acababa de ocurrir y Levi de cara al suelo con una importante herida en el brazo que comenzaba a sangrar.

Mikasa, conmocionada y algo en shock, se acerca al pelinegro incrédula de que haya podido alcanzarla en semejante velocidad, teniendo en cuenta su estado actual.

Levi, por su parte, observa como la joven desorientada intenta revisarle si tiene más heridas además de la del brazo.

- No puedo creer que deba seguir salvándole la vida, Ackerman- Dice a Mikasa, antes de perder el conocimiento.


¡Hola! Actualizando - lo sé, tarde... pero seguro- Espero que les haya gustado este capítulo, me tomó un tiempo pensarlo bien, el cómo sería la personalidad de Levi luego de haber quedado muy mal herido de la guerra. Pero decidí por mantener su templanza, es lo que adoramos de él.

Y bueno, a estas alturas las parejas pueden que resulten algo obvias - MikasaxLevi e HistoriaxJean. Sé que no están entre las favoritas (a mi me gustan *llora*) pero mi intención es darles un desarrollo y contexto que justifique el porqué de cada pareja.

En fin, espero que les haya gustado. Desde ya aclaro que, no se tratará solo de parejas sino que también me gustaría incluir otras problemáticas como sería un conflicto en Paradis (algo se empezó a ver en el capítulo anterior) pero iré viendo.

Por lo pronto, gracias por leerme :)

Shingeki no Kyojin no me pertenece, pertenece a Hajime Isayama.

Besos y les dejo mi IG por si quieren pasar a visitar: ashuzuri.