Jean abrió los ojos y se preparó para otro día en las ruinas de Paradis.
Así la llamaba internamente él, a ese lugar porque el que tanto luchó, perdió, ganó y lloró. Ese lugar por el que lo dio casi todo y muchos de sus allegados lo dieron literalmente todo: la vida. Ese lugar que, aunque en la superficie estuviese reconstruyéndose, en las sombras no estaba más que planeando su inminente final.
Miró por la ventana de su casa a los hombres del palacio que tenían la tarea de "custodiarlo" por motivos de seguridad, aunque Jean sabía que la custodia era para vigilarlo a él y no a quien quisiera acercársele.
Esa semana había cumplido diez meses en su cargo como consejero real, a pedido de la mismísima reina, Historia.
Jean supo de inmediato que la decisión había sido equivocada, que se dejó llevar por las emociones del momento y el shock de ser -probablemente- la única persona que sabía que aún quedaba algo de Eren en este mundo.
Sabía que, en gran parte, la sugestión de saber lo que nadie sabía repercutía en su forma de ver todo y a todos, pero desde aquella confesión, cada vez que Jean veía a la pequeña Ymir no podía evitar pensar que se parecía más y más a su tan odiado padre.
Nadie parecía dar cuenta de ello, solo limitaban sus conclusiones a un "no se parece a su madre" por tener los ojos de un llamativo color verde profundo en lugar de celeste y el cabello castaño en lugar de rubio. Pero para Jean, eso no era todo: no eran unos simples ojos verdosos, eran esos ojos verdosos; esos que había visto en un humano y en un titán. Esos ojos que, en ocasiones, le causaban escalofríos.
Suspiró y se alejó de la ventana para tomar un abrigo y dirigirse hacia la puerta, donde sus "custodios" lo esperaban para llevarlo al palacio donde trabajaría hasta altas horas del día, como había ocurrido a lo largo de esos diez meses.
La mente del joven no dejaba de repetirle que había tomado una de las peores decisiones de su vida y que las consecuencias de ello apenas estaban saliendo a luz; un gran sentido de la percepción que había heredado de su madre le decía que se estaba por venir algo grande y no precisamente bueno… y él quedaría pegado en medio.
Pero ya era tarde para lamentos y arrepentimientos. Además, no solo estaba en juego el futuro de Ymir y de Historia, sino el de todos los habitantes de Paradis, entre los que se encontraban muchos de sus colegas y amigos y, por supuesto, Mikasa. Si había algún motivo por el que Jean lucharía hasta el final, sería por crear un mundo mejor para Mikasa.
Pero la situación muy lejos estaba de ser un mundo mejor. No le tomó demasiado tiempo a Jean percatarse de que los miedos de Historia no eran suposiciones ni paranoia, efectivamente planeaban destituirla.
Al día siguiente de que Historia se presentará en su casa para pedirle que fuera su consejero real, ella citó a una reunión a los principales ministros para informar las novedades.
- Reina, reconocemos su jerarquía, pero no podemos asistir al palacio a diario, debemos atender los asuntos de nuestra función – Le reprochó uno de los ministros apenas vio ingresar a Historia a la sala de reuniones, pero se quedó en silencio cuando vio a Jean detrás de ella.
- Lo tengo muy presente, señor ministro – Le contestó Historia, en un tono severo al que Jean jamás la había oído hablar – Será breve. Les presento al nuevo consejero real: Jean Kirstein.
Los presentes quedaron medio atónitos. Estaban al tanto de que la reina había despedido en un impulso de furia al consejero real – y cómplice de ellos en el plan de destituirla – pero pensaron que sería no más que un capricho pasajero, ya que no contaba con la cercanía ni confianza de nadie para asumir semejante cargo. Lo que no esperaban es que, en una cuestión de horas, haya logrado convencer a uno de los héroes y sobrevivientes de la guerra contra los titanes y salvación de la humanidad.
Por esto último, a Jean se le guardaba sumo respeto en el palacio. Se le reconocía su hazaña y compromiso con el bien del pueblo de Paradis, pero a las espaldas se comentaba que por más valerosa que fuera su presencia, ello no bastaba para salvar a Paradis de una guerra civil.
Por supuesto, no todos en el palacio complotaban contra la reina. Había quienes sabían de los planes de los ministros -que no se tomaban demasiada molestia en ocultarlo- pero no se atrevían a tomar riendas o acción propia para impedir el desastre político. ¿El motivo? Muy simple: miedo. Aquellos hombres que hacía tiempo se regocijaban en pensar cómo llevar a Paradis directo al fuego, no eran cautelosos cuando de amenazar o intimidar a alguien que quería interferir en sus planes se trataba, y Jean lo había vivido en carne propia.
- Oiga, Kirstein – Lo interceptó otro de los ministros a una semana de asumir el cargo de consejero. Jean levantó una de sus cejas y lo miró con desprecio luego de notar el tono amenazante con el que el hombre vino a encararlo – No sabemos el motivo por el que está aquí, pero ello no va a cambiar el curso del río – Jean entendía el mensaje, pero le parecía ridículo que para hacer una amenaza recurrieran a indirectas y frases hechas ¡Pues si te vas a hacer el cabrón hazlo de manera directa! – No sabemos el motivo, pero lo sospechamos y creo que esa es razón suficiente para que te limites a observar y no hagas nada.
¿Acaso oyó bien? ¿Sospechan el motivo por el que aceptó el puesto de consejero real? Sí. Al cabo de unos meses y tras oír los rumores que se replicaban entre las paredes del palacio y jardines, Jean entendió a lo que se referían.
El rumor era bien explícito, descabellado y atrevido: El nuevo consejero real, Jean Kirstein, ex soldado y héroe de Paradis, era el padre de la princesa Ymir y amante de la reina Historia Reiss.
Historia le pidió disculpas a Jean una tarde de invierno: - No puedo creer que hayan inventado eso, realmente Jean, lo siento tanto. Estar aquí solo es desafortunado para ti – Dijo a los sollozos, para luego ahogarse en sus propias lágrimas. Jean la abrazó para consolarla "No te preocupes Historia, dirán muchas cosas, esto solo ha sido el comienzo; pero a mi no me interesa, yo estoy aquí para cuidar de Ymir… y para cuidar de ti" Jean se sorprendió cuando su voz se quebró al decir esto último, aunque la rubia no lo notara porque solo oía su mente lamentarse de causar tanto dolor a quienes la rodeaban.
Cuando Jean estaba a punto de abrir la puerta de su hogar, escucha unos golpes del otro lado y una voz familiar, muy familiar: Jean ¿Estás en casa o te has escapado?
Jean abrió de un golpazo la puerta al reconocer la voz y en cuanto estuvo frente a su portador lo abrazo tan fuerte que pensó que le quebraría los huesos - ¡Tanto tiempo, Armin! ¿Dónde demonios te has metido todo este tiempo?
- Oh, tú sabes, trabajo – Le contesta el rubio zafándose del amistoso abrazo. Armin tenía la difícil tarea de ocuparse de los vínculos de Paradis con otras ciudades y pueblos; es decir, de insertarla en el mundo luego de más de cien años de haber estado completamente aislada.
- De seguro ya lo sabes, pero yo también trabajo para la reina ahora – Le contestó Jean, saliendo y cerrando la puerta de su hogar.
- Oh, claro que lo sé y por eso estoy aquí – Armin le sonríe amistosamente – Nos iremos de viaje a una ciudad al norte, creemos que tienen la intención de invadirnos. Le consulté a la Reina, ella quiere que vengas, para así también te liberas un poco de estas sombras – Armin señala a los custodios al decir esto último, los hombres que lo escucharon lo miraron con cara de pocos amigos.
- De acuerdo ¿Cuándo partimos? – Asiente el castaño de mala gana. No es como si fuesen unas vacaciones ¡Iba a viajar a un territorio enemigo!
- Ahora – Jean comienza a sospechar que esa sonrisa amistosa de Armin era el arma más manipuladora que había visto.
El viaje fue de aproximadamente treinta horas en carreta, ambos colegas se pusieron al tanto de lo que había ocurrido en sus vidas durante todo el tiempo que llevaban sin verse. Armin había visto Connie hacía apenas unas semanas y a Jean le alegró mucho saber sobre su viejo amigo.
Hubo ciertos temas que, intencionalmente, no trataron en la charla: Mikasa y Eren.
Al no haber oído a Armin decir nada sobre Mikasa, supuso que la situación de ella no habría cambiado demasiado… y eso le ocasionaba un dolor en el pecho a Jean. En cuanto a Eren, el castaño había contenido en varias ocasiones la intención de preguntarle a Armin si estaba al tanto sobre la paternidad de su difunto amigo. Armin lo sabía todo, era imposible que no supiese la verdadera filiación de la pequeña Ymir; aún así, Jean no podía arriesgarse por lo que era casi evidente y traicionar la confianza que Historia le había dado, así que optó por el silencio.
Llegaron a la ciudad -enemiga- de noche. Les habían reservado habitaciones exclusivas en alojamientos de excelente categoría, que incluían mucha bebida y buena comida. Jean pasó un noche como las de su juventud: comiendo, bebiendo y hablando tonteras con un viejo amigo. Casi pareciera que llevaba la vida de cualquier otro hombre… pero la realidad tarde o temprano golpea y no es cualquier hombre, es Jean Kirstein; destinado -por una cuestión u otra- a ser el sustituto del mítico Eren Jaeger.
Al día siguiente, cuando despertó con resaca, se percató de que Armin ya se había marchado para reunirse con las autoridades de esa ciudad para establecer los vínculos de paz con Paradis.
Jean lo esperó en la sala de entretenimiento del alojamiento, mientras jugaba cartas con unos tipos que parecían ser de la clase adinerada de ese lugar.
Armin llegó poco antes del atardecer, cuando el cielo se tornaba de unos colores rosados y la gente se apresuraba para volver a sus hogares. Jean ya se había cansado de perder contra esos tipos y estaba escuchando a una joven que, sin el permiso de nadie, había comenzado a tocar una canción en el piano de decoración de la sala.
- Ven Jean, daremos un paseo – Le dice Armin con tono serio y ambos se dirigen a la puerta para comenzar a caminar por las calles de esa lujosa ciudad.
- ¿Tan mal ha ido todo? – Pregunta un preocupado Jean al ver el rostro de Armin.
- Firmamos un acuerdo de que ninguna ciudad intentará invadir la otra – Responde secamente el rubio.
- ¿En serio? ¡Excelente! Eso es algo bueno, no deberías estar tan serio – Jean ríe y trata de hacer reir al otro.
- No van a cumplir – El menor se pone aún más serio – Tomaron la decisión de invadirnos desde que Paradis se abrió al mundo. No lo harán mañana, tal vez en unos meses… con suerte un año.
- ¿QUÉ? – Jean no sabía como reaccionar - ¿Y ya lo sabías? Entonces ¿Para qué estamos aquí?
- Para ver contra qué vamos a tener que enfrentarnos – Termina por decir Armin y Jean se percata de que el camino estaba colmado de soldados de esa ciudad. Tenían armas sofisticadas, mucho más que las que había en Paradis, aun cuando estaban en pleno proceso de modernizarlas.
Jean entendió por qué Armin había sido elegido para ocupar ese puesto. Era sumamente estratégico; aun sabiendo que no había oportunidad alguna de lograr un acuerdo real, hizo ese viaje con esa excusa para saber qué tan por encima de ellos estaba el enemigo. Pero… esa no era la única intención en el plan del rubio.
- Aun así – Armin interrumpe el silencio y llama la atención del castaño – Por más que intentemos prepararnos, no tendremos ninguna oportunidad si hay conflictos internos en Paradis.
- Lo sé – Le responde Jean – Eso tampoco se ve demasiado bien, Historia tiene enemigos dentro y fuera del palacio…- Armin lo interrumpe.
- Jean…- Armin deja de caminar y se queda pensando unos segundos, Jean comienza a impacientarse – Oí los rumores, debemos usarlos, por el bien de Paradis.
- ¿A qué te refieres, Armin?
- Tienes que casarte con Historia, reconocer a Ymir como hija y convertirte en el rey consorte de Paradis.
¡Hola! Debo confesar que el POV de Jean es mi favorito para escribir, no sé por qué. Me gusta mucho ese personaje, debe ser por eso - A QUIEN ENGAÑO ME GUSTAN TODOS LOS PERSONAJES -
¿El título del capítulo es por la canción "Karaoke" de Gustavo Cerati? Efectivamente, sí.
En fin, no prometo actualizar pronto - no porque no tenga intenciones de hacerlo, sino porque siempre lo prometo y luego no llego - pero lo que sí prometo es que no voy a abandonar el fanfic porque me gusta mucho escribirlo y amo estas parejas.
Aclaración: Shingeki no Kyojin no me pertenece, pertenece a Hajime Isayama.
Les agradezco MUCHO seguir el fanfic, darle follow, fav o reviews (de verdad que me super alegra leerlos) por lo que... Gracias :)
Mi IG: ashuzuri y mis saludos a ustedes ! Hasta la próxima!
