Mikasa se despertó con su propio grito.

Se había incorporado abruptamente en su cama, su nuca sudaba y podía sentir un par de lágrimas que comenzaban a caer desde sus ojos.

Era la quinta vez que tenía pesadillas esa semana; y aunque hubiese estado seis meses completos en el más oscuro, tenebroso y largo de los sueños, era algo de lo nunca se terminaba por acostumbrar.

Como ya era de día, por más que fuese muy temprano para su turno como ayudante de enfermería, decidió que no volvería a dormir y comenzó a alistarse para trabajar.

Se dirigió al baño privado que tenía en su habitación y mientras limpiaba las lágrimas secas de su rostro, suspiró profundo.

Recordó el instante de felicidad que tuvo el día que los médicos le dijeron que dejaría de dormir en una habitación para pacientes. Luego de tres meses en plenas prácticas y habiendo demostrado -al menos por fuera- cierta estabilidad emocional, los médicos decidieron que lo correcto sería que se mudase con el resto de los residentes que hacían prácticas de enfermería. Pues, en verdad era lo justo, aunque sabía que hubo alguien más que hizo algo de presión y amenazas para que eso ocurriese…

En fin, Mikasa se sentía bien por ya no tener que vivir en el tercer piso, donde estaban los pacientes con secuelas traumáticas mentales. No niega que por mucho tiempo ella fue de las pacientes que en peor situación se encontraba, pero tras "su despertar" y su voluntad por seguir un nuevo propósito que la habían impulsado a seguir adelante con su vida, escuchar lamentos y gritos por las noches no la ayudaban demasiado.

Pero ahora era ella quien gritaba por las noches.

Como ya había dicho, para Mikasa las pesadillas eran recurrentes, aunque nunca se acostumbrara a ellas.

En un comienzo, esos sueños repetían una y otra vez la misma escena: Eren está sentado junto a ella a las orillas del mar, puede ver su perfil que está serio, ella le pide que lo perdone, pero él no responde ni cambia su semblante… ni aún cuando la escucha llorar a su lado. Luego despierta.

Hubo algunas ocasiones, en donde ese mismo sueño se presentaba de una forma mucho más cruda e hiriente: el Eren que está sentado junto a ella a orillas del mar, de repente empieza a sangrar por los ojos, oídos y boca hasta desvanecerse por completo. Las veces que Mikasa tenía ese sueño, no volvía a dormir en cuatro días.

Luego de que finalmente -despertara- e intentase seguir con su vida tratando de perdonarse, el sueño tuvo un nuevo giro: Eren finalmente le devuelve la mirada, le sonríe y le dice "Es hermoso el océano, ¿No crees?" No contesta su pregunta, no le dice que la perdona; pero para Mikasa esa sonrisa y que Eren vuelva a mirarla lo ha sido todo para ella.

Hasta ahora.

Lo más curioso de sus nuevas pesadillas, es que Eren no está en ellas.

Comenzaron luego del incidente con el ventanal del Hospital. Aquel desdichado e, irónicamente, afortunado incidente. Desdichado por las muertes que casi provoca y afortunado porque dejó en evidencia la posibilidad del capitán de recuperarse.

Cuando Mikasa ve a Levi en el suelo con el brazo ensangrentado comienza a conmocionar, más aún cuando ve que el pelinegro pierde la conciencia. Rápidamente, los médicos y enfermeras comienzan a actuar: regañaron al niño que rompió la ventana y se llevaron a los Ackerman para revisarlos.

En la sala de revisación, Levi vuelve en sí una vez que los médicos logran parar la hemorragia y vendar la herida "Ha sido una herida profunda, pero no letal. Sólo debe recuperar la sangre que perdió" dijeron los médicos, pero luego advirtieron "Una vez recuperado, haremos nuevos estudios sobre sus piernas capitán, no podemos hacer la vista gorda a lo que acaba de ocurrir, aunque usted no quiera" a lo que el pelinegro bufa alto, pero no responde nada más. Luego los médicos se fueron, dejándolos solos.


- Lo lamento mucho, capitán – Habla primero una apenada y torturada Mikasa.

La habitación queda en silencio unos largos segundos hasta que el mayor habla.

- ¿Qué lamentas? No ha sido tu culpa, Ackerman – Dice en voz baja, casi imperceptible, pero Mikasa puede oírlo - No debes cargarte en los hombros la culpa de todo lo que ocurre – puede oírlo, y sabe que no solo se refiere al incidente que acababa de ocurrir – Pero ahora, déjame dormir.

- Gracias, capitán – Y realmente lo hace. En todo ese tiempo necesitaba oír a alguien decirle que no era la única responsable – Gracias – vuelve a decir en voz baja, y aunque Levi tiene los ojos cerrados fingiendo estar dormido, la oye perfectamente.


Pero eso no evitó las pesadillas.

Ya había transcurrido un mes desde el incidente y, desde esa noche, una nueva pesadilla interfería con frecuencia en su descanso: Revive la escena en la que ella está junto a Levi, el brazo del pelinegro comienza a sangrar, los médicos se acercan, pero a diferencia de lo que realmente ocurrió, le dicen a Mikasa que ya no hay nada por hacer, haciendo que ella termine por colapsar y se despierte con sus propios gritos.

Como ese día.

Mikasa termina de vestirse con su delantal de enfermera mientras trata de convencerse a sí misma de que sólo se trata de un sueño producto del sentimiento de culpa: por más que el capitán le haya dicho que no había sido su responsabilidad, no puede evitar sentirla de todas formas. También existe la posibilidad de que el miedo que haya sentido cuando vio a Levi en el suelo se haya reproducido en su cabeza en forma de pesadillas, pero lo curioso es que pese a que el capitán se haya recuperado y de hecho haya avanzado mucho en el tratamiento de sus piernas, las pesadillas no cesaron. Por un segundo, a Mikasa se le vino otra razón a la mente.

- ¿Acaso será que….? – Piensa en voz alta, pero se ve interrumpida por Tora, que llega corriendo a su habitación.

- ¡Mikasa, qué bueno que estás despierta! – Tora siquiera la saluda y la toma del brazo para que la siga – Sé que aún no es tu turno, pero es que…. Oh dios – Se la ve alterada y emocionada – Hacía tiempo que no venía, y de seguro quiere verte ¡Está más apuesto que nunca! – Mikasa no tiene ni la menor idea de lo que Tora está diciendo hasta que la lleva a unas de las salas de enfermería donde lo primero que ve es a un hombre de espaldas. Y lo reconoce. Mikasa reconocería esa silueta, aunque no la viera en diez años.

- Jean – Dice, en forma de saludo. Y no puede evitar esbozar una enorme sonrisa cuando el susodicho se gira y confirma que efectivamente se trata de él.

El castaño no responde porque no puede salir de su asombro. Mikasa está bien, está entera, está saludable y está… hermosa. Piensa y se percata de que lleva el cabello largo como cuando la conoció.

Al salir de su asombro actúa rápido y en un instante de segundo se acerca a ella y la abraza: - Mikasa, estás… estás bien – dice mientras se humedecen sus ojos – no sabes lo feliz que me hace eso – La pelinegra se enternece y le devuelve el abrazo.

- El joven ha venido a verte casi a diario los primeros meses que estuviste aquí – interrumpe el momento una emocionada Tora – pero luego por alguna razón dejó de venir.

- Sí, es cierto, lo siento – responde un apenado Jean, mientras se separa lentamente de Mikasa, pero no suelta el agarre de sus manos con las suyas – Venía seguido, luego no pude por… temas laborales – dice simplemente y mira de reojo a Tora – pero nunca perdí la esperanza, sabía que algún día te vería así… y no me equivoqué – Sonríe.

- Bien, los dejaré solos para que charlen – Dice Tora antes de salir de la sala – Le avisaré a tu paciente favorito que estás aquí, Mikasa, para que venga a buscarte por su rutina.

Mikasa simplemente asiente, pero Jean no puede evitar cuestionarse internamente: ¿Paciente favorito?

- ¿Estás haciendo prácticas de enfermería?

- Sí – Afirma Mikasa – Los médicos lo tomaron como parte del tratamiento por el… problema que tuve- se queda pensativa un rato – Pero ahora ya soy una residente más – Sonríe – ¿Qué hay de ti?

- Pues, sonará algo descabellado– Jean no sabe como decirle a Mikasa que ahora trabaja en la casa real – Pero es la razón por la que estuve tanto tiempo sin venir… soy el consejero real de la reina.

- ¿Trabajas para Historia? ¿Cómo está ella? – Le pregunta Mikasa, pero Jean ve como está pendiente de la puerta de la sala ¿Está esperando a alguien?

- Bien, ella ha venido a verte también – Mikasa lo mira fijamente a los ojos y Jean no puede contenerse – Maldición, no puedo mentirte – Baja la mirada y chasquea – No está del todo bien, me ha pedido que sea su nuevo consejero porque tuvo problemas con el anterior y con sus ministros – Jean sabía que podía confiar en Mikasa, al fin y al cabo, él había ido hasta allí a tomar una decisión y para eso era necesario que Mikasa supiera la verdad – Están planeando destituirla.

La sala queda en completo silencio durante unos largos segundos. Jean levanta la mirada y nota a Mikasa mirando hacia la puerta, otra vez. ¿A quién espera?

- Es una pena – dice finalmente – Si todo resulta haber sido en vano – Jean puede notar el desánimo en la voz de la pelinegra.

- ¡NO LO SERÁ! – Se reincorpora rápidamente el castaño y la toma de las manos – Mikasa, te prometo que no permitiré que nada haya sido en vano – dice – te prometo que serás feliz y que la seguridad de Paradis estará a salvo.

Mikasa levanta la mirada y sus ojos se topan con los de Jean; es un momento único e íntimo… que se ve interrumpido por una conocida voz.

- No debería hablar de asuntos confidenciales de manera tan deliberada, Kirstein.

Mikasa rápidamente se da la vuelta y -casi- corre al portador de la voz: - Capitán – Lo saluda.

¿Era a él a quien esperaba? Piensa un molesto Jean mientras se da cuenta de que su ex comandante lleva solo un soporte en su lado izquierdo para mantenerse de pie. Vaya, realmente se había perdido de mucho durante los meses que no visitó el Hospital: - Capitán, me alegra verlo.

- Lo mismo digo, Kirstein – Le responde el pelinegro – De acuerdo, podemos dejar el tratamiento para mañana, Ackerman, no quiero interrumpir la conversación.

Ya lo hiciste, imbécil. Piensa Jean.

Mikasa iba a decir algo pero aparece nuevamente Tora por detrás de Levi: - De eso ni hablar, con lo rápido que está avanzando, Capitán, un día es un desperdicio.

- Tiene razón – Le dice Mikasa a Levi y luego se dirige al castaño – Jean, me gustaría seguir hablando contigo; ¿Podrías venir de nuevo otro día?

- Claro, no te preocupes – Le responde Jean – El trabajo en la casa real es un poco demandante, pero trataré de hacerme un lugar para venir a verte… a verlos – termina por decir. Levi enarca una ceja.

Jean se dirige a la puerta y Mikasa toma del brazo derecho a Levi para ayudarlo a incorporarse, hasta que se escucha a Tora decir:

- ¡Vaya! ¿Trabajas para la Reina? ¿Has visto a la princesa? ¿Es cierto lo que se dice? – Jean queda estupefacto al oír esto.

- ¿A qué te refieres? – Pregunta Levi mientras Mikasa lo ayuda a incorporarse, algo curiosa también.

- A lo que se rumorea por todo el pueblo – Dice Tora con suma franqueza y tranquilidad – que la princesa Ymir es un monstruo.

- ¿Monstruo? – Repregunta Mikasa, pero antes de que nadie más pudiera decir algo Jean se adelanta al desastre.

- Disculpe, como consejero real no puedo permitir semejantes agravios hacia la reina o su hija.

- Oh, lo siento – Responde una apenada Tora – Soy una simple chismosa, no quería ofender. Espero que esto no cambie su decisión de volver.

- No dejaré de visitar a Mikasa… ni a mi antiguo capitán, pero por favor, exijo que deje de divulgar falsos y agraviantes rumores – Responde un serio Jean, que ni Levi ni Mikasa habían visto nunca.

Tora se disculpa varias veces más antes de retirarse y luego le siguen Mikasa junto a Levi.

- Jean, quisiera hablar contigo de nuevo, vuelve pronto por favor – Le dice la pelinegra, y Jean sabe muy bien que es lo suficientemente inteligente para darse cuenta de a qué se referían con el término "monstruo", sabía lo que ella quería preguntarle y él a toda costa tratará de evitarlo, pero asiente mientras la ve marcharse junto a Levi, a quien ayuda a caminar mientras lo toma de la cintura con sus brazos. Los pelinegros ya están a unos cuantos metros de distancia por el pasillo cuando ve que ante un comentario del capitán -que no llega a oír,- Mikasa se ríe y ruboriza al instante.

Parece que siempre llego tarde a tu vida, Mikasa. Piensa Jean para sí.

Por su parte, Mikasa no pudo dejar de pensar en todo el día lo que Tora había mencionado sobre la princesa Ymir. Sabía que preguntarle a la enfermera sería inútil, ya que había quedado muy avergonzada por haber quedado como una chismosa frente a Jean.

La pelinegra también sabía que, aunque no lo dijese, el capitán estaba al tanto de los pensamientos que rondaban por su mente y había tratado de desviar su atención durante toda la tarde haciendo bromas y hablando más de lo usual sobre temas triviales. Ella le agradeció internamente, porque, sin quererlo ni pensarlo, el tiempo que pasaba con Levi se había convertido en el único espacio que no era un tormento para Mikasa.

Y entonces, retomó su pensamiento de la mañana, antes de que Tora la interrumpiera.

¿Acaso será que no quiero perderlo? Se preguntó.


¡HOLA! Aquí les traigo otro capítulo - lo sé, lo sé, tarde pero seguro - Como mencioné en el capítulo anterior, tal vez me lleve más tiempo actualizar, pero no pienso dejar el fanfic ya que me gusta mucho escribirlo.

Algunas aclaraciones:

1* Mikasa sigue muy traumatizada, y no deja de sentir culpa por todo lo que pasó y pasa.

2* Como se mencionó en unas pocas palabritas Jean fue a visitarla al Hospital para tomar una decisión que veremos en el próximo capítulo.

3* Shingeki no Kyojin no me pertenece, pertenece a Hajime Isayama.

Ahora si, me despido hasta la próxima !

Les dejo saludos y gracias por seguir leyendo esta historia :)

IG: ashuzuri