¡RECUERDEN!

A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*

Ha pasado un tiempo desde que escribí un fanfic…

No tengo mucho que decir, salvo…

¡Diviértanse!

Recomendación musical:a playlist for tim burton vibes

Notas:

Presente

[Pasado]

"Pensamientos"

[Teléfono/Mensajes/Cartas]

Narrador extra

Los personajes de The Abandonned Empress son propiedad de Jeong Yuna.

Dama bendita.

—He escuchado suficiente de estás tonterías. —Dijo la joven de larga caballera oscura y ojos del mismo color, contrastando con su vestido blanco apenas adornado por una cinta azul atada a su cintura. A pesar de su corta edad y falta de educación oficial, era capaz de comprender el estado de ánimo impuesto en la habitación a causa de los sacerdotes y las únicas dos raíces presentes. Sin solicitar permiso de retirarse o esperar la conclusión de la reunión, se levantó de su asiento en la mesa redonda, comenzando a caminar en dirección a la puerta. Pero, antes de alejarse lo suficiente, escuchó la fangosa voz de uno de los sacerdotes.

—¡Detente ahí mismo! —Señaló con su pulcro dedo, arrastrando la silla hacia atrás y poniéndose de pie, acercándose a la joven que le miraba fríamente. El resto de miembros presentes evitó hablar, ni detener a su impertinente compañero, limitándose a esperar en silencio y dependiendo del desarrollo de la situación, elegirían el bando más favorable.

Por su parte, la joven de cabello negro frunció el entrecejo, molesta consigo misma al detenerse a menos de mitad del camino, girando sobre sus pies viendo al sacerdote acercarse. Dio un paso atrás, evitando que le pusiera su repulsiva mano en su hombro. El sacerdote contrajo los dedos temblorosos, apretó la quijada, recordando, tardíamente, la ridícula prohibición puesta por la cuarta raíz de Vita.

Nadie, salvó las raíces o las doncellas a cargo de los cuidados personales de la hija de la bendición, está autorizado a tocarla.

No sería castigado por tal insignificante desliz, pero, sentir las miradas de reproche de sus compañeros o recibir los regaños de las raíces, tras soportar la inmadurez de una mocosa que ocupaba una posición cercana a un sumo sacerdote mellaba su orgullo. Exhaló profundamente, aligerando la tensión en su rostro, coloco una amigable sonrisa y cambió el tono de su voz.

—Usted es la niña bendecida de Dios. Todo lo que queremos es su bienestar y para ello ha de cumplirse la voluntad de nuestro señor, descrita en la profecía del oráculo.

—¿Y ocupar el cargo de Luna del Imperio? —Interrumpió ella.

El sacerdote asintió, ampliando su sonrisa, aunque fuese una joven inmadura y terca, era lo suficientemente inteligente para comprender su posición. Si continuaba usando el mismo tono moderado y embellecía el resto mediante palabras dulces, la tendrían a su merced, colocándola directamente en el asiento de la Emperatriz con el apoyo de una de las nobles familias del Imperio, la casa Jena.

—Jamás pasara. —Dijo, cruzándose de brazos. —¿Volverme un miembro de la familia imperial? ¡Ni en mis peores pesadillas! ¡Antes tomaría veneno cómo si fuese agua!

El sacerdote vio rojo, las venas en su sien se marcaron, un tic apareció en la esquina de su ojo derecho y olvidando su plan inicial, alzó su voz completamente cegado por la furia.

—¡Mocosa descarriada! ¡Hemos cuidado de ti por la bondad de nuestros corazones y aun así eres incapaz de demostrar la gratitud que merecemos!

—¿Gratitud? ¿Me estás pidiendo que muestre gratitud? Eso es demasiada presunción para un devoto sacerdote al servicio de Vita. —Sonrío de lado, entrecerrando los ojos. —Necesita aprender las escrituras nuevamente, sacerdote.

El hombre se puso rojizo por la vergüenza de ser señalado cómo un ignorante por una malcriada niña y enojado con el resto de sus compañeros que no se atrevían a mover ni un dedo o pronunciar una simple palabra. Eran unos auténticos sinvergüenzas que no deseaban perder el favor de la niña bendecida de Dios. Quien fuese de su agrado, quien fuese su aliado, quien fuese su confidente, se convertiría en la persona capaz de controlarla y direccionar sus acciones hasta que llegase el día anhelado, la boda entre el príncipe heredero y la niña de la profecía.

—Eres insolente. —A él, ya no le interesaba tener su favor. Detestaba a la mocosa con cada fibra de su ser. —¡Una ignorante! ¡El gran creador de la vida te otorgo un importante papel el cual es-!

—Unirme al Emperador, trayendo la paz y prosperidad al Imperio, volviéndose una era dorada. —Completó ella con aburrimiento, incluso bostezando al final.

—Lo sabes.

—Claro que lo sé. Es todo de lo que hablan desde que me trajeron.

—Bien. —Tomó una segunda respiración, usando lo último que le quedaba de paciencia para intentar razonar con ella. —Veo que no eres un completo caso perdido. Si lo comprendes, también debes comprender que muchas personas dependen y confían en ti. Tú cargas con sus esperanzas. Más bien, eres la esperanza de todos los ciudadanos del Imperio. ¡Eres la única niña bendita de Vita!

El pecho del sacerdote subía y bajaba al haber agotado todo el aire en sus pulmones, la garganta algo seca por el uso excesivo de sus cuerdas vocales al enfatizar su punto. Sonrío orgullosamente, haciendo que las arrugas de su rostro se ampliaran. Con ese largo y cursi discurso penetraría en el corazón de la impertinente mocosa de cabello negro, ya que, ella es incapaz de ignorar a los insignificantes plebeyos del Imperio.

Cualidades tales cómo generosidad, amabilidad, honestidad, altruismo y apreció que debían formar parte de los sacerdotes al servicio de Vita se convirtieron en la mayor debilidad de la joven de cabello negro. Una maldita soga alrededor de su cuello, que poco a poco, iba asfixiándola y le recordaba su lugar cómo prisionera del templo de Sanktus Vita. Y estos hombres, al servicio de Dios, envestidos con largas sotanas blancas y diversas decoraciones ostentosas para diferenciar su rango eran sus enemigos, sus carceleros, sus verdugos. Los titiriteros de su destino a cumplir dentro de las paredes del templo erigido para Vita.

—Está en lo correcto, sacerdote mayor. Soy la niña bendita de nuestro señor Vita. Hay deberes y responsabilidades a cumplir. E ignorarlos sería una insensatez de mi parte. —Dijo la joven de cabello negro bajando la cabeza.

—Por supuesto, por supuesto. —Siguió sonriendo, uniendo sus manos y entrelazando los dedos frente a él. —Finalmente ha recapacitado y eso me alegra. Enviaremos una carta-

—¡Pero! —Interrumpió, elevando su voz y enderezando su postura. Los ojos negros opacados ante las imágenes de inocentes personas sufriendo constantemente, recibiendo las migajas ofrecidas por los sacerdotes con sus falsas promesas, hicieron hervir su corazón, trayendo de regreso la determinación que ha mantenido invicto a su espíritu en estos tres años de encierro, engaños y chantajes. —¡Soy capaz de ofrecer más que un simple matrimonio para apaciguar las inquietudes de aquellos confiando en mí!

El silencio en la habitación perduro, las quijadas de los sacerdotes se abrieron ante la obstinación de la joven de cabello negro, siendo solo dos miembros, es decir, las raíces de Vita, quienes disimulaban su diversión ante la espontaneidad de la joven. En cambio, el viejo sacerdote que estúpidamente creyó convencerla, titiritaba de furia, deshaciendo la sonrisa triunfante, apretando los dientes y el entrecejo fruncido. Gritó, harto de la desobediencia de la joven de cabello negro.

—¡IRRESPETUOSA CHIQUILLA! ¡¿QUIÉN TE HAS CREIDO PARA-?!

—Ni siquiera te atrevas a tocarme, viejo asqueroso. —Dijo ella, golpeando la mano del sacerdote.— Aparte de repulsivo, también eres senil. Me preguntas ¿Quién soy? ¡¿Cuándo tú mismo osas tocarme?! —Coloco una mano sobre su pecho. Estirando su mano libre al otro lado. —¡Soy quien posee la bendición y atenciones directas de Vita! ¡Mi poder, conocimientos y habilidades están más allá de un viejo bruto y su grupo de peleles!

—¿Q-qué-? ¡Tú malcria-!

—Y les diré otra cosa. —Interrumpió, ya no queriendo escuchar las estupideces que salían de la boca del sacerdote. Giró a ver a cada miembro de la mesa en el centro de la habitación. —Es mi deseo y elección rechazar el matrimonio con su alteza el príncipe heredero. Además, tengo razones de sobra. La primera es la ley imperial, olvidada convenientemente por ustedes junto a los nobles de alto rango. —Los sacerdotes se estremecieron, mirándose entre sí, negándose a creer que ella supiera tanto de sus planes en asociación a la familia Jena y el conocimiento de las regulaciones imperiales. Ha vivido encerrada los últimos tres años, teniendo paseos a la capital acompañada y oculta de la vista. Sólo puede pasear en los interiores del santuario y jardines. Tenía que ser imposible. —Y la segunda, bueno, está bastante entrelazada a la primera. ¿De verdad pensaban que no he escuchado acerca de Lady Monique?

Los semblantes de todos los sacerdotes palidecieron, siendo de un tono más blanco que sus envestiduras. El viejo sacerdote no consiguió mantenerse de pie, derrumbándose sobre sus rodillas, viendo, la verdad dentro de esos horripilantes ojos negros, recordándole la advertencia del Duque de Jena respecto a la participación cooperativa de la niña bendecida.

—"Estamos… en problemas… "

La joven de cabello negro aprovechó la distracción de los sacerdotes, dio media vuelta y a grandes pasos abandono la habitación. Cuando la puerta se cerró tras su espalda, la golpeó con su puño, mordiendo su labio inferior. De todos esos temerosos hombres patéticos, los únicos que mantuvieron la serenidad e incluso se atrevieron a sonreír cómo si concordaron con sus acciones y pensamientos. Sólo otro grupo de hombres centrados en sus propios intereses, sin mirar al prójimo, actuando en nombre de Dios a conveniencia.

—Hipócritas. —Dijo, escupiendo en el piso. Ella avanzó por el largo pasillo sin detenerse ni volver su mirada atrás, pronto llegaría al pasillo principal y de ahí, directamente a su invernadero personal en el límite entre el jardín interior con el exterior.

Los sacerdotes podían malgastar su tiempo discutiendo respecto a un matrimonio que jamás sucedería, planear estrategias para convencerla, tretas o trucos, más mentiras a base de la esperanza y fe de las pobres personas que visitaban el templo diariamente por la oportunidad de conocerla. Las raíces asistirían a las reuniones por mero protocolo, al ser, sus supuestos guardianes, pero, ellos no estaban de su lado, ni el de los sacerdotes, sólo ocupaban un asiento vacante en la sala de reuniones, escuchando con un rostro amable, dirigiendo sonrisas cálidas sin un significado concreto, salvo el de conseguir sentirse incomodo a su alrededor. Su respuesta continuaría exactamente igual, mientras, descubriría la forma de cumplir—bajo sus términos— la absurda profecía del oráculo. Sólo esperaba no encontrarse con alguna de las raíces hasta pasado mañana, quería descansar de escuchar las estupideces de esos viejos tercos y concentrarse en sus propios deberes personales en la comodidad de su invernadero personal.

—Buenas tardes, joven ilustrísima.

—Hoy el clima es agradable.

—¿Está yendo a alguna parte?

—¿Desea que la acompañemos?

—Buenas tardes, tenga usted, niña bendecida de Vita.

—¿Podemos ayudarle?

—¿Quiere algún bocadillo para la hora del té?

Entre los blancos pasillos con puertas abiertas y secciones directas a los jardines interiores, una gran variedad de sacerdotes se detenían en su camino o pausaban sus labores para obsequiarle un saludo efusivo y respetuoso junto alguna pregunta que indagase sobre sus actividades del día o una necesidad por cumplir y facilitárselo, todo, con el fin de obtener su favor.

La joven de cabello negro con una mueca tensa, apretó la palma de su mano abierta contra su vientre, dando una serie de masajes circulares, limitándose a devolver el saludo, sin responder a sus preguntas, ni dar detalles al respecto de su destino original. Ignoró las llamadas de los sacerdotes apresurando el paso, convirtiéndose en un trote, agitando el largo de su vestimenta y las mangas, finalmente, los perdió en la vuelta de una esquina en un pasillo que conectaba a otros dos, escondiéndose dentro de un armario de suministros de limpieza. Cuando escuchó sus voces preocupadas a la vez que se dispersaban en su búsqueda, se permitió respirar de alivio, deslizándose contra la puerta, presionando ambas manos contra su estómago, concentrándose en el masaje que aliviara los gruñidos y las punzadas.

—"Si no son esos embusteros, los hipócritas o ambos… ¡Es la indigestión!" —Pensó, levantando el rostro, en dirección al oscuro techo del armario. Una serie de ejercicios de respiración más tarde, con presiones y masajes constantes, calmaron sus calambres. Después de pasar diez minutos sentada en el suelo, con la oreja pegada a la puerta, escuchando cualquier sonido o paso cercano, no había indicios de los sacerdotes o algún alma. Asintió, creyendo en su intuición abrió lentamente la puerta, dejando una rejilla para ver, nada. Tragó saliva, calmando los resonantes latidos de su corazón, obligando a sus tensos músculos moverse y abandonar su escondite improvisado. Luego de dos pasos temblorosos y pesados sin un ruido o tropiezo, inhalo profundamente, levantó el largo de su vestido y con el sonido de su corazón martilleando ruidosamente, arrancó en carrera por el pasillo que tomó al huir de los sacerdotes. Cuando llegó a la parte conectada a los jardines interiores, dio un salto, enterrando ambos pies en la hierba, tambaleándose debido al impulso, por su periferia distinguió vestimentas en color blanco y verde, sin perder un segundo más, comenzó a correr, agradecida por la comodidad en sus zapatos, sólo debía preocuparse por lo estorboso del largo de su vestido.

Respirando agitadamente, entró a los arbustos cómo medio de escondite y su atajo personal, un par de ramas se atoraron en la tela blanca, pero, solo un movimiento de su mano o un jalón logro liberarla, después se preocuparía por los pedazos rotos o los pequeños agujeros. Hojas cayeron en su cabello, enredándose y perdiendo la presencia pulcra y celestial con la que había salido de la sala de reuniones, convirtiéndose en una simple jovencita que jugueteaba entre la naturaleza, ignorando completamente su apariencia. Apartó los arbustos de su vista, revelando una peculiar casita de cristal hecha a partir de vidrios en forma hexagonal brillando por los rayos solares chocando directamente sobre esta. Sonrió complacida, aguantando el grito de la victoria, cruzó por en medio de los arbustos, agitando las ramas pequeñas atoradas y las hojitas caídas, limpiando la tierra y una oruga escondida en la manga de su vestido.

Calmadamente recorrió la distancia restante, sacando una llave de un bolsillo oculto en su ropa, introduciéndola en la puerta que no era de cristal sino metálica, escucho el sonido del seguro siendo retirado y presionando la perilla con un buen jalón, abrió la puerta, miro sobre su hombro entrecerrando los ojos, inspeccionando cuidadosamente el área en busca de personas en investidura blanca o puntos blancos contrastando con colorido paisaje del jardín.

Exhalando de alivió, entró a su invernadero privado, cerrando despacio, colocó nuevamente el seguro.

—Misión cumplida. —Dijo, apoyándose contra la fría puerta metálica.

Parándose derecha, dio media vuelta, admirando la belleza de diversas plantas, flores y algunos árboles decorando su invernadero, arrojo los zapatos a una esquina, cambiándolos por un par de sandalias, llegando hasta una zona oculta por un árbol y algunas masetas, una mesa de madera larga, con muchas plantas pequeñas, anotaciones en pergaminos, sacos de semillas, vasos de vidrio de diferentes tamaños y grosores junto a botellas pequeñas apiladas en cajas de madera dividida por secciones. Empezó ordenando sus pergaminos con el juego de pluma y tinta abandonado, pasando una revisión rápida a las fechas estipuladas la semana pasada junto a una lista de pendientes por cumplir. Tomó una de las plumas, mojando la punta en el tintero para poner una marca sobre los que se habían completado y una nota en los que están en proceso, sin embargo, algo cubrió sus ojos, dejándola en completa oscuridad, saltó por la impresión, nadie aparte de ella debía estar en el invernadero, consideró una opción tras otra, planteándose la aterradora posibilidad de algún asesino enviado por alguna de las familias nobles queriendo eliminar del camino. Pero, al escuchar la voz de su captor, el temor paso a ser alivió y una gran irritación.

—¿Adivina quién soy?

—¿Cómo te colaste?

—Vamos. Aún no respondes a mí pregunta.

—No pienso responderte nada. —Dijo hurañamente, cruzando los brazos. —Llamare a los sacerdotes, ellos te sacaran y bueno… eso no hará feliz a tú madre.

Los próximos segundos fueron silenciosos, hasta que sus ojos recuperaron la visibilidad y escucho el chasqueo de dientes a su espalda. Bufando por su nariz, se giró, encontrando a su indeseado invitado.

—Eres una aguafiestas, Jieun.

—Y tú, un mocoso, Sir Rass.

—¡Oye! Viene a visitarte, deberías ser más amable.

—¿Por qué? Yo no te pedí que vinieras y no eres bienvenido, tampoco.

—Eres peor que la hierba. Y nadie es peor que esa hierba.

—La relación de amistad y rivalidad que mantengas con Sir Verita no es de mi interés. Hazme el favor de irte. —Señaló un lado del invernadero donde los arbustos eran espesos y las flores grandes y coloridos con sus pétalos suaves.

—No quiero. —Dijo él, colocando los brazos detrás de su nuca. —Fue difícil escabullirme para llegar y recordar dónde está el agujero en la pared.

—… ¿Qué?

—Dije que olvide-

—Esa parte la entendí. Me refiero a lo de escabullirte, la fecha del examen de caballeros es próximamente. Tienes que estar en tú mejor condición si pretendes aprobar, si te confías- ¿Por qué me miras así?

—Nada, nada. —Dijo él, sin ocultar su enorme sonrisa divertida. —Sólo, pareces estar muy preocupada por mí. Es raro.

—No estoy preocupada por ti. —Corrigió rápidamente, desviando el rostro hacia unas enredaderas.

—Claro, claro. Lo que digas.

—Es la verdad. Además, no tengo porque estar complaciendo los caprichosos de un mocoso, lárgate. —Jieun regresó a recoger los documentos dispersos en la mesa, ahora manchado con gotas de tinta por la pluma que se resbaló de su mano. Pasaron diez segundos de paz y tranquilidad para concentrarse en reducir mentalmente su lista de pendientes, hasta que vio una mano desconocida interponiéndose en recoger un pergamino con varias notas, tachones y algunos garabatos.

—¿Qué idioma es este? Parecen símbolos de algún tipo.

—¡Dame eso!

—¿Es importante? —Preguntó, alejando la hoja del alcance de Jieun, elevándola sobre su cabeza, viendo sólo trazos sin sentido y dibujos simples. —No tiene sentido. Y tampoco eres una gran artista. Un niño dibuja mejor que tú.

—Devuélvemelo. —Dijo, parándose de puntillas, estirando su brazo para intentar tomar la hoja, cuando estaba cerca, él la cambiaba de mano o lo escondía detrás de su espalda. El rostro de Jieun se coloreo por el enojo mientras que una sonrisa divertida iba creciendo en el rostro del joven, olvidando su interés por el manuscrito misterioso y centrándose en el nuevo juego que acababa de crear accidentalmente. Esquivando los intentos de Jieun en recuperar su documento, fueron alejándose de la mesa, rodeando algunas de las macetas y llegando al camino central del invernadero.

—¡Alcánzame si puedes! —Una gran sonrisa se forma en el rostro del joven, agitando la hoja al frente usándola de señuelo. Jieun apretó los puños, lanzándose hacia adelante con las manos extendidas para capturarlo, pero, logró esquivarla, rodeándola por atrás y empujándola levemente por el hombro, haciendo que perdiera el equilibrio. Su estruendosa risa se escuchó en todo el invernadero.

Sin retener más las lágrimas, Jieun explotó, tomó la sandalia que se había salido por su penosa caída y sin miramientos se la arroja, impactando directamente contra su pecho, deteniéndolo de reír. Eran demasiadas emociones acumuladas y ella, solo deseaba estar sola.

—¡Eres un idiota, Carsein! ¡Lárgate de mí invernadero! —Sorbió la mucosidad de su nariz y tallo fuertemente sus ojos, limpiándose las lágrimas.

El brazo de Carsein descendió y la gran sonrisa envuelta en diversión se desvaneció, pasando a una mueca de incomodidad, sin saber que decir o hacer al respectó, ya que, no tenía intención de hacerla llorar. Jieun se puso de pie, quitándose la otra sandalia, abandonándola en un rincón, camino descalza regresando al escritorio, ya no le interesaba recuperar su hoja.

Carsein observaba a Jieun moverse a lo largo de la mesa, cambiando de sitio las hojas, el juego de plumas y tintero, repitiendo ese patrón al menos tres veces, devolviendo las cosas a su sitio o dejándolos en una esquina sin propósito, se estaba esforzando por aparentar e ignorarlo. Una punzada de culpa caló sobre él, recordando su encuentro posterior a Aristia al conocer su identidad cómo la prometida de Ruveliss.

—"Lidiar con mujeres es complicado." —Exhaló, rascándose la nuca. Dio otro vistazo a Jieun, luego a la hoja de manuscrito arrugada en su mano. Lo que sea que estuviera escrito le era incomprensible, el dibujo simple parecía ser la interpretación de una especie de planta con pétalos grandes, un tallo ancho y cubierta de hojas en la parte inferior. No podía ver su valor, sin embargo, para Jieun poseía valor y significado. Y él, tontamente hizo una broma de ello para divertirse un poco y quizás, conseguir una sonrisa verdadera de Jieun. Lo que obtuvo, fue todo lo contrario. Alisó la hoja en su mano, estiro levemente los bordes, enderezándolos tanto cómo podía y a torpes pasos se acercó a Jieun. —Oye. No era mi intención hacer llorar-

—No estoy llorando. —Dijo rápidamente, dando la espalda en todo momento a Carsein. —Solamente tengo irritados los ojos, debe ser el polen.

—Perdón. —Dijo Carsein, sin aceptar la excusa de Jieun. Dejó la hoja de manuscrito en el escritorio, lo bastante cerca para que Jieun la viera sin voltearse. —Realmente lo siento. Simplemente intentaba… bueno… —Las palabras se enredaron en su lengua, la idea de revelar la verdad le avergonzó, no entendía la razón, optando por otro tipo de verdad. — Últimamente, pasamos menos tiempo junto, y supongo que… te extrañe. —Los segundos pasaron. Las pálidas y lisas mejillas de Carsein se colorearon de un rosado que llegó a la punta de sus orejas. Al levantar su vista, se encontró con los ojos negros de Jieun mirándolo fijamente, le recordaba a un búho en medio de la noche observando sus alrededores en busca de una presa, pero, poseían un matiz distinto, era pura curiosidad.

—¿Me extrañaste? ¿Tú? ¿A mí?

—S-sí.

—Hm. —Con un simple pasó Jieun redujo la distancia entre ellos, subió la manga de su vestido y dejo caer su palma sobre la frente de Carsein.

—¿Q-qué h-haces?

—Revisó tú temperatura corporal.

—¿Para qué…?

—Asegurarme de que estás alucinando por la fiebre. ¿Has comido algo extraño en las últimas 24 horas? ¿Un olor? ¿Se confundieron con el azúcar en tú te?

—¡N-no tengo nada! —Apartó la mano de Jieun. Sus mejillas rosadas se volvieron rojizas y usó su antebrazo para cubrirse la mitad de la cara.

—¿Seguro? Podría ser alguna especie de alucinógeno o una infusión venenosa. Llamar a una de las raíces sería peligroso. Mejor regresa a tú casa, necesitas ser examinado por un médico.

—¡No necesito un médico! ¡Y tampoco he bebido nada! —Exclamó, dejando caer el brazo que usaba de escudo.

—Mentira. Claramente estás bajo los efectos de una droga. Si no, ¿Por qué dirías esas tonterías?

—…

—…

Las rojizas mejillas brillaron más intensamente, recordándole el tono de las rosas en el invernadero. Jieun parpadeó estupefacta.

—Tú. ¿Lo decías enserio?

—… Sí. ¿Te molesta?

—Honestamente no me lo esperaba. ¿Estás borracho?

—¡Maldita sea, no! ¿Tanto te cuesta creerme?

—Sí. Tú y yo no somos lo que llamaría amigos, además, si esa es tú forma de mostrar algún tipo de afecto o extrañar mi presencia, supongo que el termino de amistad significa algo distinto para los dos.

—Lo… lo siento. —Se disculpó apenado. —No hay excusa en lo que te hice y puede parecer infantil o una pésima justificación, pero, realmente no estaba seguro de cómo acercarme a ti.

—¿Y molestarme te pareció la mejor opción?

—No la mejor, si la más efectiva. —Jieun levantó una ceja, permitiéndole a Carsein continuar. —¿Recuerdas cuando nos conocimos? —Ella asintió. —A pesar de saber tú secreto, no se lo dije a nadie y estaba un poco intrigado por ti. La autentica niña bendecida de Vita, traída por la cuarta raíz. ¿Serías una santa? ¿Una amable y bondadosa persona? ¿O estarías asustada? Justo cómo hoy, me dijiste que me largara. No eras nada parecida a la imagen autoimpuesta por tú nombre.

—Obviamente. Te colaste por el agujero en la pared del templo. Si un sacerdote te encontraba estaría en problemas.

—Fuiste grosera y malhumorada.

—¿Y qué esperabas? Me empujaste contra el suelo.

—Pensé que eras una ladrona.

—Y yo que tú eras un secuestrador. Siendo justos, estamos a mano. —Carsein asintió. —Entonces, si todo se ha tratado de una especie de curiosidad por mí. ¿Por qué continúas viniendo? Está muy claro que no soy quien esperabas.

—Sobre eso. —Rasco su nuca en señal de nerviosismo. —Tal vez… me pareciste presuntuosa.

—¿Perdón? —Dijo irritada.

—Ya sé, ya se. Supuse que esa forma huraña tuya era por sentirte superior a otros y no dejar que se te acercarán ya que eres la hija de Dios y todo eso, pero, también me equivoque.

—Parece que tienes una larga lista de equivocaciones e ideas preconcebidas. ¿Algo más que necesite saber?

—Te vas a molestar más si te lo digo.

—He estado lo suficientemente molesta y ofendida por un largo tiempo, en este punto lo que me digas o no, me da igual.

—Eso no es cierto, hace un instante estabas llorando.

—Por favor, Sir Rass. ¿De verdad te crees con la importancia suficiente para ocasionar ese tipo de reacción en mí? — Carsein no le respondió. Jieun exhaló, presionando sus dedos en el centro de su frente. —Nos estamos desviando del tema principal. Sólo dime, ¿Por qué el querer acercarte a mí te llevó a ser un tarado?

Carsein permaneció en silencio un momento, Jieun no despegó su mirada de él, por el fruncimiento de sus labios y el leve movimiento en sus ojos, debía estar ordenando sus pensamientos para que su lengua no fuera más rápida que su cabeza. Él exhaló, volviendo a levantar la mirada en dirección a Jieun, el tinte rojizo esparcido en sus mejillas disminuía en intensidad.

—Nos conocimos por accidente. Mi curiosidad me impulso a regresar y hablar contigo, incluso disculparme, pero, en cuanto me viste, dijiste que me largara cómo si fuese insignificante para ti. De verdad me enfade, quería darte una lección, así que, me propuse a venir todos los días hasta conseguirlo.

—"Lo dicho. Se porta cómo un mocoso."

—Continuabas ignorándome y las únicas veces que me hablaste fue para decirme que me largara. Y un día, mientras esperaba a que aparecieras, encontré un plato llenó de galletas y caramelos, junto a una nota. —Carsein sonrió ligeramente. —Tienes una caligrafía tosca y eres muy grosero al escribir. Come y después lárgate. Ni siquiera un posdata, ni una firma.

—No sé de qué hablas.

—Entonces, ¿De dónde salieron esas galletas y la nota? —Jieun se encogió de hombros. —Tú sabías que vendría o lo anticipaste por lo menos, pero, la parte que no concuerda tanto para ti como para mí, es el acto de dejar una compensación al no estar presente ese día.

—Una hipótesis considerable, Sir Rass, desgraciadamente, no estás pensando con claridad. Comiste algo que una persona desconocida dejó, podrían haber estado envenenadas. O ser para alguien más.

—Es verdad. Tome un gran riesgo a cambio de comer deliciosas galletas con chocolate y caramelos. Si el veneno es así de dulce, no me importaría repetirlo.

—Ja. —Rio Jieun. —Eres un completo tonto. ¿Sólo basta comida para que cambies de parecer?

—"Lo admitió" No, no es suficiente, pero, ayuda.

—¿En qué forma?

—Entender tú comportamiento irritado y desdeñoso. Me decías, lárgate, no porque me odiaras o menospreciarías. Lo hacías para protegerme de los sacerdotes.

—… —Jieun suspiró, pasando una mano por su rostro. —Qué tontería. Sir Rass, le pediré que se vaya y-

—Eres alguien atenta y considerada, puedes aparentar ser desagradable, pero, sólo es un disfraz. Ahora, lo sé.

—Sir Rass. Estás malinterpretándolo.

—Prohibiste a los sacerdotes entrar aquí.

—Es mi invernadero privado. Yo decido quien es mi invitado y quién no.

—Cada vez que vengó hay dulces, pasteles o galletas preparados junto al té.

—Es mi merienda. Tú la tomas sin mi permiso.

—Recuerdas cómo es mi relación con Allendis.

—Los rumores llegan incluso a estos sagrados terrenos. Enserio, Sir Rass, dejemos de perder nuestro tiempo en una conversación sin sentido. —Dijo Jieun. Dio medio vuelta, caminando a un grupo de macetas con brotes a punto de florecer. Carsein la siguió de cerca, deteniéndose a su lado, viéndola verificar el estado de sus plantas. —Eres muy insistente.

—Por eso no me he dado por vencido contigo. ¿Lo sabias? Después de dos semanas de escucharte repetir la misma palabra una y otra vez, continúe volviendo, el encontrar galletas con una nota fue inesperado, pero, me agrado. Parecía que estaba superando una especie de barrera que nunca note.

—Eso suena bastante poético, Sir Rass. ¿Se volverá novelista si falla lo de ser caballero?

—También tienes un sentido del humor retorcido.

—Usted es excesivamente sincero con sus palabras. Seguro eso le hará popular con las mujeres. —Escuchó un gruñido a su espalda, causando que sonriera involuntariamente. — O al menos, con una mujer. —Susurró eso último. —He escuchado suficiente Sir Rass. —Dijo, poniéndose de pie, girando a ver a Carsein. —Entiendo que tiene extraños métodos para formar amistades, no soy quien para juzgarlo, pero, le agradecería si se detiene conmigo. Siendo muy honesta, es poco probable que congeniemos.

—No te has dado cuenta, ¿verdad? —Sonrío de lado, mirándola con un extraño brillo amistoso en sus ojos.

—¿Del qué? —Preguntó ella, levantando una ceja, colocándose a la defensiva.

—La siguiente vez que vine, luego de la nota y las galletas, hablaste conmigo, cara a cara y después dijiste que me largara. Visitarte cada tarde, para molestarte—Dijo Carsein, haciendo comillas en la palabra. —Ha pasado a convertirse en parte de mí día, junto al propósito de tratar de mantener una civilizada conversación sin sacarte de quicio. Lo cual es difícil, me divierto peleando contigo. Claro qué, no lo es, sí te hago llorar.

Jieun le miró un momento, frunciendo el entrecejo y los ojos a medio cerrar, puso las manos sobre su cintura, juzgando si mentía o decía la verdad. El sonrojo que parecía desvanecerse, recuperaba su tonalidad en las mejillas de Carsein. Ella exhaló, dejando caer su cabeza hacia adelante, con la mano puesta en su nuca agitó su cabello, despeinándose. Volvió la vista a Carsein, seguidamente de un largo suspiró.

—Decides tus momentos de sinceridad sin considerar el ambiente, Sir Rass. ¿Quieres que tú y yo seamos amigos?

—Si.

—¿Olvidando lo que ha pasado entre nosotros?

—Podría ser, pero, tengo la sospecha de que olvidar no es de tus palabras favoritas. En cuanto a mí, prefiero lidiar con ello de frente, sin importar si es complicado o simple.

—Cuanta grandeza y nobleza, Sir Rass. Eres el modelo ideal de un caballero. Comienzo a sentir algo de respeto por ti.

—Gracias. Un momento. —Parpadeo, sosteniendo su barbilla con una mano, notando la peculiar sonrisa adornando los labios de Jieun.—¿Acabas de insultarme?

—¿Tú que crees? —Respondió burlonamente, inflando su pecho.

—Lo hiciste.

—Es posible.

—De verdad tienes un sentido del humor horroroso. —Bufó, agitando los cabellos de su flequillo. La tensa expresión de Jieun se relajó y una pequeña risa se le escapaba. Carsein parpadeo asombrado, era la primera vez que ella se reía frente a él. —"Es linda… ¡¿Uh?!" —Repentinamente Carsein tosió aclarando su garganta, esfumando los raros pensamientos que tomaban forma en su cabeza.

Está era la primera conversación decente que mantenían sin el recordatorio constante de marcharse o terminar discutiendo por nada. Era una sensación agradable. Miro a Jieun una vez más, usaba su cabello largo a la mitad de la espalda, un vestido blanco con solo una cinta cómo decoración, sus zapatos habían desaparecido en algún lugar del invernadero al ser empleados cómo armas en su contra. Ella en definitiva era lo contrario a la pura y angelical imagen de la niña bendita de Dios, sí no se hubiera encontrado con ella en aquella ocasión, seguiría pensando que Aristia es la única hija de Dios. En su lugar, diría, que Jieun es una persona muy común y ordinaria, resaltando sólo su cabello y el poder divino albergado en su interior. Tal vez, sólo tal vez, ella pudo vivir una vida muy simple, lejos de destinos impuestos, religión, realeza o una lucha por el puesto de Emperatriz. —"Pero… Nunca nos habríamos conocido."

—¿Sir Rass? —Agitó su mano frente a los ojos de Carsein, devolviéndolo de su discusión interna. —¿Todo en orden?

—¿He? ¡Ah! ¡Sí! Todo está bien. Sólo recordé qué— Dijo, buscando alguna excusa qué no delatara sus pensamientos más privados. —Sigues sin darme una respuesta. —Se felicitó mentalmente antes su genialidad brillando en las más desesperadas situaciones.

Por su parte, Jieun pensó que el ilustre caballero, en un futuro no muy lejano, genio de la espada, es una persona peculiar, desde un comportamiento torpe e infantil al tener poca experiencia en establecer relaciones personales cercanas, hasta alguien con una clara sinceridad y honestidad que es terrible en esconder sus verdaderos sentimientos en su expresión, especialmente sus ojos, puedes adivinar lo que está pasando por su cabeza. Aun así, también se esforzaba en ocultarlo, con tal, de no preocupar a otros o tener atención de más puesta sobre él. Una persona muy amable. Gracias a él y todo este absurdo lio creado entre ellos, pudo sentirse en paz, liberada del recordatorio constante de los sacerdotes presionándola a darles la respuesta que tanto anhelaban, en convertirse en la prometida de Ruveliss y cumplir con la profecía del oráculo.

Jieun sentía, muy profundamente en su corazón y su alma, que todo sería diferente, que las tornas dejarían de girar en la misma dirección y finalmente su vida le pertenecería únicamente a ella. Con la mano puesta en su pecho, dirigió su mirada a Carsein. ¿Podría confiar en él? ¿Aceptar la amistad que él ofrecía? ¿Y creer por sólo una vez que le importaba a alguien? No por un destino impuesto. No por un poder desconocido. No por un deber y responsabilidad. Solamente por ser, ella.

Respiró profundamente, dejando salir el aire despacio, estaba nerviosa y su boca se secó, una sola palabra lo cambiaria todo. Para bien o para mal, está era su momento.

—Necesito pensarlo, Sir Rass. —Dijo, sintiendo el peso de sus hombros aligerarse. Había sido una vaga respuesta, pero, tenía que ser sincera, por primera vez, no quería temerle al poder de sus acciones. — Es… una de las decisiones más difíciles en mi vida. Y-

—Solo estoy pidiendo que seamos amigos, no matrimonio. —Interrumpió Carsein. —Quiero decir. —Se arrepintió a los pocos segundos, por la extraña mirada temerosa en el rostro de Jieun. De nuevo estaba metiendo la pata. — ¿Cuánto tiempo necesitas? Porque, estoy siendo muy serio al respecto contigo. ¿Entiendes?

Un pequeño puchero se formó en los labios de Carsein, el tinte rojizo combinaba con su cabello y causaba que las manchas de tierra esparcidas en su antes pulcro traje, le recordaran a un niño pequeño esforzándose en ser maduro y pensar cuidadosamente sobre la otra persona. La agitación en el corazón de Jieun se calmó, sus nervios a flor de piel se disolvieron y el temor por el futuro menguo. Las dudas y preocupaciones existirían siempre, se presentaría sin falta, pero, dependía únicamente de ella el ser consumida por estas o afrontarlo.

Ahora, daría el primer paso a su futuro. Uno futuro, dónde tendría un amigo y sería feliz

—No me lo has preguntado correctamente, por eso dudo que estés siendo serio conmigo. —Dijo empleando un tono meloso. Resistió reírse al ver el rostro de Carsein deformarse en una mueca de desagrado.

—¿Qué te pasa? Yo no- —Vio las comisuras de los labios de Jieun elevarse. —¡No lo hagas sonar así! —Reclamó, señalándola con su dedo índice.

—¿Así, cómo? —Pregunto Jieun, fingiendo no entenderlo. —Simplemente estoy enfatizando algo muy obvio. ¿O, todo se trató de una mentira y sólo estabas jugando conmigo?

La ceja de Carsein tembló, sin lágrimas en los ojos Jieun se tapaba el rostro con ambas manos. Si está era su idea de cobrársela por hacerla llorar, admitiría que tiene un extraordinario talento en la actuación, pasar de gruñona malhumorada a una delicada y frágil dama en un parpadeo. Carsein cerró los ojos, masajeando la parte posterior de su cuello, sólo necesitaba decir una pregunta, muy fácil. Mucho más que escapar de su casa, recorrer el tramo hasta el templo de Sanktus Vita y entrar por un agujero en la pared escondido entre piedras, ramas y un arbusto.

Exhaló largamente, inclinándose al frente, adoptó una postura recta, levantó su brazo derecha y con la palma abierta, la llamó por su nombre. Las manos cubriendo su rostro se deslizaron y dos ojos negros redondos, brillantes y traviesos se asomaron. Una inesperada ola de nerviosísimo tomó por sorpresa a Carsein, sintió su temperatura corporal aumentar y la humedad acumulándose en sus manos. Y al hablar su voz salió entrecortada, casi mordiéndose la lengua.

—¿Q-Que-Quieres ser mi… mi… a-amiga?

Es sólo hasta que Jieun ríe una vez más, que Carsein se dio cuenta qué aparto la vista de ella desde el principio, su propia mano temblando y húmeda. ¿Por qué? Es una pregunta totalmente normal y casual. Consiguió entablar una amistad con Aristia e incluso esa molesta hierba. ¿Había alguna diferencia respecto a Jieun? Le dijo la verdad e incluso se disculpó. Por lo que, no debería significar un gran esfuerzo ni dificultad. Pero, se sentía de esa manera extraña, algo presionando su pecho, los latidos de su corazón aumentando, respirando más rápido y el sudor deslizándose por su piel.

—Wow. —Dijo Jieun, dando un paso delante, acortando la distancia entre ellos. Carsein reacciono, volviendo a retroceder. —¿Te dio pena? —Preguntó con una enorme sonrisa, presa de la diversión. —Imagina cuando le propongas matrimonio a Lady Monique. ¡Parecerá que acabas de salir de bañarte por todo el sudor!

Fue gracias al comentario espontaneo de Jieun que el cerebro de Carsein pudo reiniciarse, apartando las sensaciones y dudas ocasionadas por ella, centrándose en el descubrimiento de su enamoramiento por la dama más especial de su corazón.

—¿Quién-? Quiero decir, ¿D-de dónde sacaste una idea tan absurda? Aristia y yo sólo somos amigos. —Se excusó. Jieun negó de un lado a otro, las manos puestas en su espalda.

—Sir Rass. Sir Rass. —Dijo con una sonrisa que no se borraría fácilmente. —Le daré un consejo, cómo su amiga, debería procurar evitar suspirar al mencionar a la persona que le gusta.

—¡Yo no suspiro por-! ¿Acabas de decir amiga? —Preguntó, olvidando el tema de su enamoramiento ya no tan secreto.

—Es una buena pregunta. —Dijo Jieun, apoyando su dedo índice en la punta de su barbilla. —Tristemente, la respuesta quedará en espera. Es hora de marcharse, Sir Rass. —Apuntó la misma zona cubierta de flores y árboles del invernadero. Carsein se cruzó de brazos frunciendo el ceño.

—¿Todavía vas a seguir con eso?

—Esta vez lo dije amablemente.

—¿Cuándo te volviste tan descarada? —Preguntó, mirando de arriba abajo a Jieun, cómo si se tratara de una completa desconocida.

—Otra buena pregunta que-

—Su respuesta deberá esperar. —Interrumpió, usando la misma frase. Resoplo por sus fosas nasales. —Haces todo muy complicado.

—¿Y quién eligió molestarme para ser mi amigo? Si, tú. —Le recordó, presionando su dedo índice en el hombro. Carsein rechino los dientes y Jieun negó, volviendo a señalar la zona que ocultaba su salida secreta del invernadero conectando al sendero hacia el agujero de la pared externa permitiéndole ir y venir sin que nadie se percatara de su ausencia al pasar la mayor parte del día encerrada entre plantas y flores. —Ahora, márchate. Los sacerdotes vendrán a buscarme y quiero ordenar, tanto cómo pueda, mis documentos.

—Bien. —Aceptó, guardando las manos en sus bolsillos. — ¿A la misma hora mañana? —Preguntó, empezando a caminar.

—Tienes que entrenar. —Dijo Jieun, acompañándolo a la salida. —Podemos hablar cómodamente luego de que te conviertas en un caballero. A cambió te dará muchas galletas y dulces. —Propuso, haciendo que Carsein se detuviera y girara a verla con los ojos entrecerrados y las cejas fruncidas.

—¿Es… una especie de soborno?

—Sí. —Dijo Jieun, imitando la acción de Carsein al mirarle. —¿Funciono?

—Sí. —Asintió, volviendo a caminar. —Ojala hubiera un modo de mantenernos en contacto que no fuesen cartas, los sacerdotes las leerían primero y no tendríamos privacidad.

Jieun estuvo de acuerdo con Carsein. Las cartas son el único medio de comunicación conocido y actual en todo el Imperio, incluso los Reinos del continente empleaban el mismo método, a falta de tecnología o magia, sólo podían depender de la escritura en papel, guardado en sobres y entregado por algún sirviente o trabajador responsable del correo para hacer llegar sus mensajes. En otro tipo de circunstancias no le importaría enviar cartas y evitar que descubrieran a Carsein uno de estos días por entrar al templo sin anunciarse y hablar directamente con ella. Pero, él mismo lo dijo, las cartas terminarían en manos de los sacerdotes quienes las inspeccionarían y decidirían si dejarlas pasar o no, también la cuestionarían acerca de su amigo por correspondencia, alguien a quien técnicamente conoce de nombre, más no en apariencia.

Realmente extrañaba la practicidad y facilidad de los mensajes de texto y las llamadas al celular.

—Ahora eres bienvenido a mi invernadero, a esta hora, todos los días. —Dijo Jieun. No podrían contar con un canal secreto de comunicación, pero, si establecían un horario de reunión, tendrían la mitad del problema resuelto. —Por ahora, concéntrate en tú práctica y el examen.

—Tienes razón. —Carsein sonrió, sintiéndose satisfecho en obtener la autorización de Jieun para visitarla por la tardes. Ya no le sería un incordio y sus discusiones absurdas con el objetivo de hablar con ella disminuirían, podrían tener conversaciones sin la necesidad de pelear o querer arrancarse el cabello uno al otro. Aunque, una pequeña riña, sólo por el placer de verla molesta, podría permitírsela de vez en cuando. —Conozco al camino a partir de aquí. —Dijo, despegando un vidrio hexagonal del invernadero.

Jieun dio un paso atrás, moviendo su mano en señal de despedida, pero, antes de que Carsein se agachara para cruzar por la puerta trasera improvisada, se levantó de golpe, asustando a Jieun.

—¡Casi lo olvido! —Rebuscando en los bolsillos internos de su chaqueta, extrajo una bolsita decorada en colores lila y azul claro, atada por un moño rojo mal hecho. —Toma.

El curioso paquete se extendió a los ojos de Jieun, ella paso la vista de la bolsita a los cristalinos ojos eufóricos de Carsein. Ahora, eran amigos. No debería temerle. Estirando su mano sujeto la bolsita por la esquina superior de la tela atada con el moño rojo, su peso era considerable, por lo que, puso su otra mano, retirándola del agarre de Carsein. En su interior se podía escuchar el movimiento de varios objetos cristalinos chocando entre sí y al palpar con las yemas de sus dedos, su forma era un tanto redonda, mayor al tamaño de una perla o incluso una canica.

—¿Y esto? —Preguntó llena de curiosidad ante el misterioso paquete que se hallaba en su posesión.

—Es un regalo. —Dijo, sin dar más detalles.

—¿Un regalo? ¿Por qué? —Ladeo el rostro. Ciertamente ya estaban en el camino a convertirse en amigos, pero, era demasiado pronto para intercambiar obsequios.

—Tú cumpleaños. —Jieun abrió los ojos tanto cómo sus parpados se lo permitieron. Su mandíbula hubiera caído al piso sino estuviera pegada a su maxilar superior. Técnicamente era improbable, no, imposible que él supiera acerca de su cumpleaños. Nadie conocía la fecha, ni ella misma podía recordarlo. ¿Era realmente un regalo sincero? ¿O una trampa de la cual no se percató? Extrañamente tenía más ganas de llorar que asustarse del significado de esa bolsita con un colorido moño. —La fecha no la conozco con exactitud. —Dijo Carsein. Jieun volvió a mirarlo, sus ojos empezaban a humedecerse. —Escuche que los sacerdotes celebran el día que conociste a Cuartus como si fuera tú cumpleaños. También, que el Emperador y el Príncipe Heredero enviaron sus felicitaciones junto a regalos, incluso algunas familias nobles y plebeyos enviaron algo para ti. —Jieun asintió en silencio. Si, recordaba los variados presentes envueltos en grandes papeles, en cajas de pobre manufactura, las largas cartas con palabrería barata y notas pequeñas con agradecimientos. Todo lo que se envió de parte de la familia imperial y la nobleza se guardó en su armario y no era usado, mientras que los regalos de los plebeyos fueron usados, ya que, la mayoría era comida, excepto, por el listón que decoraba su vestido. Provino de una pequeña niña a la cual ayudo durante su viaje al lado de Cuartus. Cuando se estableció formalmente en el templo y la celebración llegó, Cuartus apenas paso a visitarla, entregándole el paquete de la niña, quien, le agradecía por las medicinas y curar a su hermano menor. Jieun fue tan feliz que derramó lágrimas y abrazó el listón azul, el único lujo que la niña pudo permitirse para obsequiarle. Gracias a ella, pudo soportar los siguientes dos años encerrada en el templo.

—Ese día no pude venir, porque le prometí a Aristia entrenar juntos. —Explicó Carsein, rascando su mejilla con su dedo índice. —Y cuando me entere, ya había pasado una semana, entonces, decidí esforzarme este año en recordarlo, pero, de nuevo, no pude venir el día correcto.

Carsein estaba acostumbrado a dar obsequios debido al concurso establecido en el cumpleaños de Aristia, dónde el ganador se decidiría por la impresión que causara en la antes mencionada. Era una competencia dura, sus rivales consistían en los empleados de la casa Monique, los caballeros del segundo pelotón, el propio Marqués Monique y el propio instigador del evento, Allendis. Desde que formalizo su amistad con Aristia y tuvo conocimiento del concurso, junto a la especial personalidad de Allendis, tuvo el objetivo primordial de vencer al hierbajo en su propio juego y a su vez obtener la brillante sonrisa de Aristia cuando recibiera su regalo. Por ello, al aplicar la misma lógica en el regalo de cumpleaños de Jieun, su mente quedó en blanco. ¿Qué le podría obsequiar? ¿Qué le gustaba? ¿Qué le disgustaba? Y si elegía lo básico para obsequiar a una mujer. No sabía su talla para un vestido o zapatos. Ni podría ir a una tienda a comprar joyas o adornos, sin que le preguntaran a quien se lo daría. Eso levantaría sospechas y nuevos rumores andarían a su alrededor. Su otro problema fue el tipo de obsequios que los nobles y la familia imperial enviaron a Jieun. ¿Qué le enviarían? ¿Le impresionarían? ¿Serían de su agrado por una coincidencia? No podía perder contra un montón de nobles desconocidos, el viejo zorro del Emperador y ese imbécil del Príncipe Heredero.

¡Obtendría el mejor regalo de todos! Y cuando ganara, tendría su revancha contra el hierbajo.

Desafortunadamente entre su búsqueda implacable por el regalo perfecto, sus entrenamientos personales, las reuniones con Aristia y el hierbajo, el tiempo pasó volando. Sólo pudo darse cuenta de su garrafal error cuando su madre mando a un mensajero al templo con el obsequio de parte de la familia Rass a la niña bendita de Vita.

En su agitación dejó su casa, yendo directamente a la zona comercial de la plaza principal, observó cada escaparte, cada vestido, cada joya, cada pieza creada para un adorno, hasta muebles que en definitiva no podría cargar o llevar consigo al entrar secretamente al templo. Y al estarse dando por vencido, pasó frente a una tienda de materiales para bolsos simples, los que son usados en las fiestas de jardín por las damas nobles, justo en la ventanilla de la tienda se exhibía una nueva selección de telas brillantes y coloridas, la combinación de lila y azul atrajo su mirada al instante y una idea nació. Compró la tela y un listón rojo, por suerte, en su rápida salida imprevista, contaba con suficiente dinero en sus bolsillos, después hizo una parada en una tienda de dulces que frecuentaba durante su niñez. La persona quien atendía era un viejo hombre ayudado por su hijo mayor, ambos le saludaron amablemente y preguntaron lo que se le ofrecía. Con una mirada alrededor, Carsein sintió el sabor de la victoria, literalmente era dulce y delicioso. Solicitó una docena de caramelos redondos con los colores del arcoíris. Era un dulce muy famoso entre los niños, especialmente por el efecto que tenían de colorear de diferentes colores la lengua con cada capa de azúcar que se deshacía en el paladar.

—"Será un buen regalo" —Pensó Carsein en ese momento. Ahora, viendo a Jieun con los ojos fijos en los caramelos entre sus manos, ya no opinaba lo mismo.

El silencio podía ser el arma más incómoda y mortal del mundo y acompañado por un aparente rostro sin expresión ponían en alerta al joven futuro caballero.

—¿No te gustó? —Preguntó, cortando la tensión a su alrededor. —¿Hubieras preferido joyas o un vestido? —Tal vez elegir la opción básica, al no conocerse tanto, era la opción segura. Podría ser que a ella, si le gustaran ese tipo de cosas y él solo lo ignorara por su propia comodidad.

—Uhm, no, no es por el regalo. —Dijo Jieun despacio, su flequillo cubriendo parte de sus ojos y un sonroso débil alrededor de sus mejillas. —No hay algo especial que quisiera, sólo… —Mordió su labio inferior, levantando su vista hacia Carsein. Grandes y brillantes ojos negros le miraban con agradecimiento y alegría. —Sigues sorprendiéndome una y otra vez, Sir Rass.

Carsein ya había perdido la cuenta de las veces que se ha sonrojado a lo largo de esta, aparentemente, corta visita. Los latidos de su corazón aumentando una vez más, como si quisiera escaparse de su pecho. Era muy extraño. Hoy estaba fuera de sí mismo.

—… Si… ehm… no es nada. —Dijo Carsein, despeinando sus cabellos en la parte trasera de su cabeza. —Creo, que no se comparan a lo que esos estirados nobles o el pomposo del Príncipe Heredero junto al viejo te enviaron, pero-

—Estoy bien con este tipo de regalo, Sir Rass. —Interrumpió Jieun, cerrando la bolsita con caramelos, haciendo un moño que resaltaba por la tela de colores combinados. Apretó el paquete entre sus palmas, apoyándolo contra su mejilla y cerrando los ojos. — Puedo sentir tus cálidos sentimientos a su alrededor.

Por una fracción de segundo Carsein desconoció la capacidad de respirar, dejó de escuchar el latido de su corazón, el sudor de su piel se esfumó y en todo lo que podía centrarse era la mujer envestida en ropas blancas, de cabello negro, poseedora de una sonrisa dulce y reconfortante.

—Ah… ah… —El sonrojo estalló en todo su rostro. ¿Qué estaba pensando de nuevo? —¡YA ME TENGO QUE IR! —Gritó repentinamente, dándole la espalda a Jieun. Ella abrió los ojos, extrañada del actuar de Carsein —¡LA PRACTICA!

—"Es cierto. Por poco lo olvide." —Asintió, empezando a mover su mano en despedida, aunque Carsein no estaba viéndola. Al notar el paquete envuelto, Jieun tuvo una idea. —¡Espera, Sir Rass! —Carsein dejó el vidrio hexagonal a un lado, apenas dejando que su expresión se viera, todavía tenía la cara caliente. —Dame… Dame un segundo.

—Claro.

Jieun desapareció entre el paisaje verde y colorido, dándole un tiempo a Carsein para calmarse, paso su manos por sus mejillas a la vez que respiraba en lapsos de diez segundos y bajar el calor de su cuerpo.

La cabellera negra emergió de entre aun lado de una planta con hojas grandes y gruesas, cambiando la bolsita colorida por una caja de madera rectangular partida en dos secciones para una bolsa gris y un frasco transparente con un líquido anaranjado. Se arrodilló en el suelo, dándole la caja a Carsein.

—Llévate esto. Hay hierbas aromáticas para un buen sueño. Necesitas mantener toda tú energía en los entrenamientos.—Señaló la bolsa gris—Solo pones la cantidad de la yema de dos dedos en un platito de cerámica y la enciendes con una vela. Mantén la ventana abierta. —Aconsejó. Después sacó el frasco con el líquido anaranjado espeso por el suave movimiento en el interior. —Está una rica jalea de naranja con miel, es buena para la garganta, aunque, también puedes comerla cómo postre. Sólo tomas un poco en una cuchara y haces algunas bolitas, las dejas secar al sol. ¡Y listo! Un delicioso caramelo instantáneo.

Carsein sostuvo la caja, apretándola entre sus dedos, miro a Jieun que jugueteaba con algunos mechones de su cabello y parecía un tanto nerviosa. El zumbido de sus múltiples pensamientos se calmó y una cálida sonrisa se extendió por los labios de Carsein.

—Gracias. Los usare.

—Bien. Uhm… Perdón por retenerte más tiempo.

—Nah. Tienes sus beneficios. —Toco la tapa del frasco con la jalea. —Podre comer algo delicioso. —Jieun asintió, indecisa sobre qué hacer a continuación. Carsein decidió no postergarlo más y se despidió de ella. —Nos vemos, Jieun.

—Sí. Nos vemos, Sir… Ahm… Carsein.

Con una última sonrisa intercambiada entre ellos, Carsein cruzó por el hueco del invernadero. Jieun colocó el vidrió en su lugar, quedándose unos instantes hasta que vio la figura de su amigo desaparecer por el hueco en la pared exterior.

Exhalando, se puso de pie, sacudiendo la tierra en su vestido blanco. Mirando con mayor atención su apariencia, estaba hecha un desastre, la ropa manchada, el cabello alborotado y los pies descalzos. Se rio de sí misma, negando de un lado a otro. Todo lo que duró su conversación con Carsein estuvo con una apariencia impresentable y poco digna de quien carga con el título de hija de la bendición de Dios. Ha ella no le importaba y si Carsein no dijo nada al respecto, quizás a él tampoco, pero, la pulcritud seguía siendo algo esencial para su salud y su educación. Tomaría un largo baño, mandaría lavar el vestido y cambiaria sus ropas del templo por algunos trajes de jardinería.

De vuelta en el escritorio de su invernadero, comenzó a recoger los documentos con la escritura que Carsein fue incapaz de reconocer, pero, que ella aprendió en sus primeros años de vida en Corea. Todos los resguardo en una caja metálica, enterrándola en una de las masetas más grandes. Después recogió los documentos con escritura convencional de Castina, arrojándolos a un contenedor, encendió un cerillo y sin miramientos lo tiró encima, prendiéndoles fuego. Observó cómo iban convirtiéndose en pedazos carbonizados, tomó una de las regaderas de sus plantas y roció el agua, apagando el fuego. Eso también lo enterraría en alguna maceta sin usar.

—¡Señorita Grasper! ¡Señorita Grasper! —Escuchó la voz inquieta de una de las mujeres encargadas de ayudar en sus necesidades básicas.

Finalmente habían ido a buscarle, tardando más de lo que anticipó, tampoco se quejaba, tuvo el margen suficiente para arreglar sus malentendidos con Carsein e incinerar algunas pruebas comprometedoras y resguardar sus investigaciones privadas.

Puso la bolsa de caramelos en el bolsillo de su vestido, agitó muy poco su cabello para ordenarlo y sin ir por las sandalias, fue a abrir la puerta.

El tiempo continuaba corriendo, la alineación de las piezas en el tablero era diferente y podía ver una ruta ganadora a su favor. La confianza en esa afirmación se hallaba en unos dulces coloridos y un muchacho de brillante caballera rojiza y reconfortantes ojos azules.

Por primera vez, se sentía una mujer bendecida.

Recientemente vi Fullmetal Alchemist Brotherhood y sigo manteniendo la firme opinión que es una de las mejores historias que he tenido el placer de leer en manga, ver el anime tanto la primera versión cómo la segunda (Y la película Live Action… Qué bueno, esta entretenida). Cada pequeño aspecto está firmemente conectado con el otro para dar una resolución tan épica, conmovedora y satisfactoria, que puedes decir, está bien, está bien y ya terminó, gracias por este viaje. Si desean leer algo un poco más emocionante, definitivamente se los recomiendo.

Otra historia que ha capturado mi corazón y de la que soy una fiel devota es Kill the Villainess, la forma en que la autora escribió la novela es tan frío y a veces seco, que realmente puedes llegar a sentir y entender el mundo de la historia a pesar de que es narrada desde el punto de vista de la protagonista. Podría decir que es "objetiva" al momento en que ella va contando lo que ocurre a su alrededor. Esa sería mi segunda recomendación para ustedes.

Bueno, sin más, les agradezco que le dieran una oportunidad a esta historia.

Muchas gracias y hasta la próxima.