Quizás alguna vez cuando era niño pensó que era fascinante tener el poder de leer mentes.

Quizás lo siga pensando en su adolescencia, pero si él lo tiene al poder, no su novia, quien con ella, se sentia como si estuviera desnudo -figurativamente hablando. No es que tuviera algo que ocultar, pero se avergonzaba de que supiera lo que esta pensando... como ahora.

-¡Volviste a leer mi mente! -espetó Damian con su cara de un color carmesí. Era mejor para controlar sus rubores, pero aun seguían algo visibles para su frustración.

Ella rió suavemente.

Él no pudo evitar pensar que era muy linda. ¡Diablos!

Mente en blanco. Se decia, pero siempre terminaba pensando en algo mas y mas bochornoso.

-Estas invadiendo mi privacidad-tapandose la frente como si evitara que ella se adentrase a sus profundos pensamientos. Luego de que ella exclama: ¡Vamos a hacerlo!

-No estoy leyendo tu mente -aseguró Anya.

-Pero... pero como...

-No necesito leer tu mente para saber que estas pensando-dijo sonriente.

Damian se sintió un completo pervertido, a pesar de que no era algo que pensaba todo el tiempo.

-¿Lo vamos hacer?

Ella extendió sus mano. Damian se le quedo mirando la extremidad.

¿Tomarse las manos? Uff...Realmente no habia leido su mente.

A pesar de que estaba aliviado, estuvo un poco decepcionado de que no fuera lo que verdaderamente estaba pensando. Aunque tomarse de las manos era algo que también quería. Pero aun asi...

¿Que estaba pensando? ¡No, no quería que leyera su mente!

Tomó su mano y entrelazó sus dedos. Pero aun así no pudo evitar mirar sus labios y pensar en el beso que quería. Porque un beso de Anya ansiaba.

Beso. Beso. Beso.

Mente en blanco. Se dijo cuando su mente se invadio con esa clase de pensamientos.

Siguio caminando como si nunca tuvo segundas intenciones cuando de pronto Anya acercó su rostro al de Damian lo suficiente para que sus narices se rocen.

-¿Donde quieres el beso?

Su cara y orejas se pusieron rojas. Dio un paso atrás de la impresión.

-¡Dijiste que no leerias mi mente! -exclamó-La leiste.

-¿No quieres el beso? -preguntó con sus ojos fijos en él. Damian lo tenia en sus labios.

-Si, lo quiero -afirmó antes de atraerla y pegar sus labios con los de ella. Porque lo ansiaba y mucho. Y sino se le preguntaba, quizás lo hubiera terminado haciendo.

Anya pronto sabría que el beso que quería su novio Damian era en la boca y con lengua.