Día 1: Primer encuentro.
Este escrito se ambienta en uno de los universos infinitos de marvel comics.
Las olas del mar susurraban en sus oídos, la tormenta con cada soplido parecía arrebatarle poco a poco el calor de su cuerpo, el constante crepitar acuoso de las gotas precipitándose por los pequeños lagos que se habían formado causa de la lluvia constante la transportaban a ese tiempo en que fue su primer encuentro.
La camioneta suburban color negro se detenía abruptamente en uno de los suburbios, la casa frente al grupo de cuatro personas que había descendido parecía tener una apariencia identica al resto de aquel vecindario. Dos hombres y una chica descendieron abriendo su respectiva puerta armados con un arma larga que expedía electricidad y un revólver calibre veinticuatro sujeto a la cintura.
— Sanemi, Uzui, son órdenes directas del mayor Trask, capturarlos no matarlos, le preocupa que el camino se pierda y comiencen a vernos como los villanos.— indicó la chica con una sonrisa el rostro discorde a lo que decía.
Uzui se encogió en hombros y activó su arma, Sanemi gruñó y meneó la cabeza adelantándose hacia ella dispuesto a reclamarle, ella le confrontó ladeado la cabeza y enfatizando en ese su gesto sonriente.
— ¿Tienes algún problema Sanemi-kun?— preguntó la chica mientras con maestría pasaba una pequeña navaja entre sus dedos.
— Ninguno Shinobu…
Uzui observaba esta escena por encima de su hombro y meneaba la cabeza con una sonrisa cínica. Ambos eran conscientes de lo amenazante y peligrosa que podía ser la teniente si se le provocaba y como a pulso había escalado para obtener su puesto.
Sanemi se hizo aún lado y cada uno quedó a cada lado de la chica, Kochou con un gesto afirmó con la cabeza y Uzui arremetió con su bota contra la puerta de la entrada que se hizo trizas cayendo con fuerza al piso. Apenas unos segundos después, una rafaga de arena salió expulsada hacia ellos a forma de chorro, Shinobu con la soltura y agilidad de una mariposa saltó en los aires esquivando el ataque e impulsandose hacia adentro del domicilio cayendo sobre su rodilla derecha.
Un hombre moreno y calvo la miraba frente a frente con sus manos extendidas, dispuesto a lanzar un nuevo ataque, detrás de él se encontraba un grupo de personas, en la mayoría de ellos era más destacable la presencia de habilidades especiales; de la frente de una chica surgían algunas antenas, un chico menor, miraba con un solo ojo en su rostro, otro ellos parecía tener la piel reverberando.
— Les aconsejaría que se rindieran, nos ahorrarían mucho esfuerzo— invitó la chica con una sonrisa amplia y falsa.
De una de las habitaciones laterales una mano se estiró hacia ella con la intención de atraparla, pero ella sin girarse hacia esta la esquivó y contraatacó dando un corte ligero con la navaja que llevaba en la mano, al mismo tiempo Uzui disparó al que producía arena dejándolo fuera de combate, la segunda extremidad de la persona intentó alcanzarla pero su golpe había perdido fuerza.
— ¿Qué fue lo que le hiciste?— reclamó una voz.
Un golpe sordo en el piso indicó que se había desvanecido.
— Tiene mucha suerte, es un compuesto nuevo paralizante que yo misma he ideado, tenía mucha curiosidad si funcionaba en cualquier mutación.— explicó Kochou.
La compañera de quien había caído, se lanzó con ella con el rostro lleno rabia pero Shinobu fácilmente la neutralizó accionando su arma, Sanemi recorrió la casa con rapidez arremetiendo contra el resto.
— Hay que revisar cada rincón para no olvidar a ninguno de ellos— ordenó Shinobu mientras avanzaba hacia las escaleras.
Mientras comenzaba a subir los escalones, rememoraba por un momento el rostro de aquella joven y la inevitable y cruel relación en su memoria con ella misma, años atrás, en aquel suceso que la había puesto en ese camino, que le había hecho elegir un bando y capturarlos.
Se les llamaba de muchas formas, pero la más común y aceptada, era nombrarlos mutantes, se hicieron presentes luego de la segunda guerra mundial, aunque muchos sospechan que siempre estuvieron allí, fue palpable lo peligrosos que eran para los seres humanos, cuando varios de ellos proclamándose superiores a la raza humana buscaron desplazarla para tomar su lugar, realizando actos de terrorismo, tomando parte en conflictos como la guerra fría. Del temor colectivo de las naciones había surgido el grupo de choque al que pertenecía, el proyecto Centinela.
Ingresó a la primera habitación encontrándola sola, giró el segundo picaporte y suspiró mirando en el interior, estuvo por cerrar la puerta cuando algo se movió dentro.
Shinobu ingresó al interior alzando el arma de frente para realizar una nueva revisión, pero solo un libro terminó resbalando y cayó hasta el piso, Kochou se giró creyendo que lo había imaginado pero encontró de frente.
A una distancia muy próxima estaba un hombre alto de pelo oscuro y una profunda mirada azul oscuro, su rostro aunque cansado estaba lleno de determinación, ella intentó gritar, retroceder y atacar, pero nada de esto ocurrió, era claro que era uno de ellos.
— No hacían daño a nadie— exclamó con voz grave alzando una de sus manos— solo estaban ocultos—agregó alzando su mano frente a ella.
La palma del muchacho parecía volverse transparente, pequeñas gotitas aperladas como de rocío descendían de la palma de su mano y se alzaban hacia ella.
— ¿Vas a matarme?— preguntó ella sin ofuscarse, lo que desconcertó al chico.
Negó con la cabeza sin hablar.
— Calma…— murmuró.
Shinobu se sintió somnolienta, las fuerzas le fueron abandonando hasta que cayó inconsciente. Apareció entre sus sueños entonces, en el más terrible y recurrente de ellos. Una Kochou más pequeña caminaba entre la lluvia con su brazo izquierdo colgante y herido, frente a ella había un auto volcado y una mano sangrante saliendo del metal torcido.
— Papa…mamá…— susurraba sollozante mientras se tiraba de rodillas.
Con su mano temblorosa intentaba palpar la que salía del auto, pero se abrazaba a si misma sintiéndose diminuta y vulnerable.
Shinobu Kochou alzaba la vista y miraba la silueta de un hombre que se agachaba hacia ella extendiendo su mano flameante como para que se levantará.
La entonces niña, retrocedía aterrada dejando escapar un grito ahogado, entendiendo al unir los harapos de su memoria fragmentada, que este era el responsable de aquel accidente, de arrebatarle a su padre.
— Así que esto es…— afirmó una voz grave ajena a ese momento.
Kochou se giró para ver al intruso en ese momento y se encontró con aquel muchacho de ojos azul oscuro. Su rostro generalmente sereno y sonriente se contorcionó mostrándose furioso hacia el mutante.
— Son tan solo asesinos. — espetó con rabia.
El recuerdo pareció detenerse un momento, otra gota de las manos del mutante y cayó sobre la cabeza de Kochou.
Este nuevo efecto la transportó a lo que había ocurrido unos momentos antes siendo ella una espectadora, revelándole la verdad. Sus padres conducían con la carretera aquel día lluvioso, un trailer fuera de control los impactó de lado, el auto derrapó por varios metros fuera de control, dando varias volteretas luego, de entre el bosque apresuradamente surgió un muchacho asustado buscando ayudarlos. El combustible derramándose del costado del auto encendió entonces con una llamada avanzando hacia el motor del auto, el chico se acercó y con el máximo de su esfuerzo absorbió con las palmas de sus manos el fuego que amenazaba con hacerlo estallar, allí continuó la memoria que tenía de este apareciendo sobre el auto.
Por años las ideas que estaban en tendencia y la ausencia de alguien en su vida alimentaron el odio en el corazón de Kochou hacia los mutantes, se convenció de tener que cazarlos y detenerlos, cuando realmente solo había querido ayudarla.
Volvieron entonces a aquella habitación, uno frente al otro, habían pasado apenas unos instantes desde aquel momento, de los ojos purpura de Shinobu descendían lagrimas que no podía ocultar.
— ¿Cómo podría saber que no me mostraste una mentira?— preguntó la chica por primera vez un tanto vulnerable.
— Confía…— murmuró.
Uzui y Sanemi entonces ascendieron hacia donde estaba, aquel muchacho desapareció en un momento con el sonido de un chapoteo y encontraron a su teniente sola.
La mente de la chica permaneció abstraída en sus pensamientos, sus compañeros le hablaron, alguno de los mutantes apresados le gritó algo, algunas personas del vecindario le cuestionaron sobre algunos aspectos y ella respondió de manera automática e impersonal, era como si estuviera en otro sitio y solo su organismo le siguiera de cerca.
Aquella noche arribó a su casa y se dejó vencer por el sueño en unos minutos. Como si solo hubiera ocurrido un pestañeo reabrió los ojos percatándose que ya habían transcurrido varias horas y estaba por amanecer; se giró para quedar de frente y observar el techo, el halo de luz de día que se filtraba entre las cortinas de su ventana.
— Giyuu Tomioka…— susurró de manera sorpresiva como un secreto descubierto.
Ese era su nombre, el nombre de ese muchacho de alguna forma lo había introducido a su memoria para que se le revelara. Ese mutante había visto su secreto más oscuro, su mayor temor, probablemente le había mentido buscando manipularla, para escapar, al fin de al cabo, lo había conseguido.
Pero ¿y si no fuera así?, si no fuera una mentira… bastó un primer encuentro para por primera vez en mucho tiempo, sus pesadillas, se habían ido, él las había suprimido.
