DISCLAIMER: Los personajes y lugares le pertenecen a Jane Austen. Este fanfic va dedicado para Aurora Marsha Poirot.


LA CUENTA LARGA


Después de una larguísima jornada con sus parientes y amigos, la reciente pareja de Pemberley finalmente pudo gozar de privacidad. Sin embargo, su paso ligero por los corredores y las sonrisas cómplices delataban su emoción indescriptible, tras llegar al inicio de las escaleras que conducían a las habitaciones principales, William cargó a Lizzy con gran delicadeza, como parte de los honores previos a su primera noche de bodas. La joven sólo pudo aferrarse al cuello de su ahora esposo y aspiró su olor con tal profundidad que Darcy casi tambaleó en los escalones finales, causando nuevas risas entre ambos.

Sin demora, ambos ingresaron al cuarto que compartirían de ahora en adelante y el silencio los invadió de golpe. El intenso perfume de la cera derretida los recibió y conforme caminaban en su interior, se detuvieron ante un lecho grande y bien acomodado; un espacio en el cual darían rienda suelta a las nuevas libertades adquiridas con su matrimonio. A su modo, William y Lizzy eran conscientes de lo pasaría en los próximos minutos y la idea los sonrojó en demasía: en toda su vida, jamás habían imaginado llegar a semejante situación. La timidez y el intenso deseo luchaban sin tregua, hasta que el último ganó la partida con el coraje que demostró Darcy al momento de acercarse a su esposa. De espaldas, Lizzy dejó que su espíritu se perdiera en el mar de sensaciones que le causaban sus caricias, suaves suspiros abandonaron su garganta y no dudó en tomar las manos de William para que éste recorriera su cuerpo por encima de la tela de su vestido.

Sus corazones latían con fuerza, sus manos ya no se contentaban con sólo tocarse y cuando Lizzy volvió a mirar a su flamante esposo, ambos se unieron en un apasionado beso, mientras caían irremediablemente sobre su nuevo nido de amor.

[…]

Los días nublados no eran nuevos en Derbyshire, aunque Georgiana juraba que el cielo lucía más pálido que de costumbre; al punto de compararlo con la blanquecina faz de su cuñada. Sentada sobre un sillón, una descompuesta Lizzy yacía sobre un sillón mientras la abanicaban con mucha dedicación.

—¿Te sientes mejor? —la voz de Georgiana delataba inquietud.

—Por supuesto que sí —Lizzy intentó expresar fortaleza, en vano—. Mis vahídos no deben alterar tu espíritu pacífico.

—A menos que sean tres seguidos en una sola mañana —le recordó los otros dos mareos que sintió durante el desayuno—, ¡y casi te desmayas en el último!

—Entiendo, cuñada —reconoció tal detalle—; pero de verdad, no quiero causarte molestias.

—Todo lo contrario —sonrió la hermana de William—: ahora que somos hermanas desde hace cuatro meses, es nuestro deber cuidar la una de la otra, y lo haré con gusto por el resto de mi vida.

—A veces siento que no te merezco —agradeció Lizzy, bastante conmovida—. Creo que ya me siento mejor, Georgiana. ¿Te parece si me acompañas a tomar el fresco en los jardines?

—No hasta que el médico diga si es correcto —se levantó la muchacha—. Te atenderá muy pronto.

—Pero… —la señora Darcy no pudo terminar su frase, luego de ver al ama de llaves anunciar la llegada del galeno de su familia.

Poco habituada al diagnóstico particular, Lizzy saludó con torpeza al doctor y trató de responder a su chequeo de rutina, dando varios detalles de sus mareos y otros "síntomas" que había padecido en las últimas dos semanas. Georgiana asintió para confirmar algunos de sus malestares, al mismo tiempo que tres criadas esperaban tras la puerta, ansiosas por saber del estado de la nueva señora de la casa. Fue en los siguientes diez minutos cuando oyeron pasos apresurados en las escaleras y las mujeres no pudieron contener su asombro: era el señor Darcy, cuyo rostro asustado daba a entender que ya se había enterado de la noticia, gracias a otros empleados de la mansión.

—¿Dónde está? —preguntó rápidamente.

—En la habitación, señor —dijo una criada, en tanto hacía una reverencia junto con las otras dos, y lo vieron pasar con gran urgencia.

—Doctor Castlewood —fue lo primero que dijo William, ya dentro de la estancia—. ¿Pasó algo con mi esposa? Dígame, ¿se encuentra bien?

—Buenos días, señor Darcy — se levantó junto con Lizzy y Georgiana—. Todo marcha perfectamente, su esposa le explicará mejor el asunto.

—Tiene mucha razón —sonrió Georgiana—. Permíteme salir, acompañaré al doctor hasta el primer piso. Hasta luego, hermano.

William asintió con gran confusión y al contrario de la escena preocupante que ya había armado en su mente, se sintió abrumado por una extraña paz que no lo convencía del todo. Luego de que su hermana y el doctor cerraran la puerta, el señor Darcy enfocó su mirada en Lizzy, tan reservada y a la vez sonriente como la primera vez que la conoció. Examinándola a gran velocidad, trató de encontrar la causa de sus repentinos mareos, hasta que su mirada captó cómo las manos de su esposa acariciaban su vientre delgado. Pocos segundos tardó en atar los cabos y la inquietud en sus facciones se fue diluyendo, para después sonreír tanto como el día que se casó con Lizzy.

William abrazó muy fuerte a su esposa y le prodigó cuantos besos pudieran expresar la inmensa alegría que llenaba su corazón. Sus manos temblaban por efecto de la sorpresa y la catarsis emocional, mientras las lágrimas desbordaban de sus ojos azules: ¡finalmente tendrían un hijo!

—Es el mejor obsequio que un hombre podría recibir, amor mío. Muchas gracias por todo, señora Darcy —la envolvió una vez más entre sus brazos y Lizzy también lloró contenta al escuchar el sobrenombre que su esposo prometió usar sólo cuando se sintiera "completamente feliz".

[…]

El graznido de los patos resonó cada vez más lejos del corral, luego de que la señora Bennet fallara en coger una de esas aves para incluirla en su exquisito guiso; pero aquella acción no se debía a una mera casualidad. Desde el interior de su oficina, el señor Bennet sacudió su cabeza tras comprobar el poco sutil propósito de su esposa en hacer corretear a sus animales por el pavimento que conducía hacia el lago, lugar por el que Lizzy y William habían decidido pasear como parte de su visita a Longbourn.

—¿Tienes fuerzas para continuar? —habló Darcy, a la izquierda de Lizzy.

—Es la tercera vez que me lo preguntas —rio su mujer.

—Lo siento —se avergonzó—. Sólo me aseguro de que no estés muy cansada.

—¡Por Dios, William! —se aferró más a su brazo derecho, conmovida por sus cuidados— El que esté embarazada no me impide hacer caminatas.

—Sí, pero nuestro bebé querrá que guardes fuerzas —contempló el vientre de cinco meses de su esposa—. ¿No es cierto, James?

—¿Ya tiene nombre? —arqueó las cejas.

—Claro que sí —se enorgulleció—. Algo me dice que será un niño y mi padre estaría muy contento si uno de sus nietos llevara su nombre… a menos, claro, que quieras que se llame como tu padre. No tengo inconvenientes con eso, lo que importa es que nazca sano. ¿Sabes qué estaba pensando? Sería increíble hacer una fiesta a la semana de su nacimiento, quiero que todas las comarcas se enteren…

De repente, Darcy sintió un tirón en su brazo y dejó de hablar, viendo cómo su esposa detuvo la marcha y acarició su barriga, con una expresión indescriptible.

—¿Lizzy? —masculló.

—W-William… —después de largos segundos, lo observó.

La muchacha tomó la mano de su esposo, la puso sobre su vientre y empezó a reír cuando notó el estupor de William por sentir lo mismo que ella. En la cumbre de su asombro, Darcy se arrodilló ante ella y tan feliz como Lizzy, apoyó su cabeza para escuchar las primeras pataditas de su hijo.

[…]

Un nuevo coro de gritos y jadeos resonó en el segundo piso de la mansión, aumentando la ansiedad de William. Sus pasos iban y venían, mientras Charles lo observaba caminar en círculos: tan nervioso como su amigo, el señor Bingley no sabía qué discurso brindarle para devolverle la calma, pues sabía que en pocos meses, él también experimentaría lo mismo con su amada Jane.

—¿Brandy? —levantó una botella gruesa.

—Hoy no, Charles —suspiró muy fuerte, peinando en vano su cabello ya acicalado—. Por todos los cielos, ¿cuánto más debe soportar?

—Le prometiste a Lizzy que serías fuerte —le recordó.

—¡Y es lo que intento hacer! —se exasperó, para luego sentarse al lado de su amigo, cabizbajo y muy apenado— Perdón, amigo.

—Olvídalo —lo reconfortó con unas palmadas en el hombro—. ¿Estarás conmigo cuando llegue el momento?

—Por supuesto —sonrió, evocando el poco tiempo que le faltaba a Jane para dar a luz—. Hablando así, parece que hubiéramos hecho un acuerdo para tener hijos al mismo tiempo.

—O tal vez fue obra de nuestras esposas —bromeó, haciendo reír a su mejor amigo—. ¿Ves? Al fin sonríes.

—S-sólo quiero que mi esposa y mi hijo estén bien.

—Y así será, William —le habló Charles con bastante seguridad—. Te apuesto que no pasarán ni cinco minutos y abrirán esa puerta para decirte que…

—¡Ya nació! —Georgiana cortó la charla, saliendo de la habitación tal como Bingley lo había predicho— ¡Es un hermoso varón!

—O cinco segundos —el pelirrojo miró a su amigo y los dos corrieron hasta la puerta, ingresando con bastante sigilo.

Jane recibió a su esposo con un fuerte abrazo y Georgiana hizo lo mismo con su hermano, a quien condujo lentamente hasta el lecho de su esposa. Frente a él, una agotada Lizzy sonreía entre lágrimas mientras cargaba al fruto de su matrimonio: James Darcy, el primogénito de la familia.

William quedó en suspenso por la pureza de aquella criatura, consciente de que ninguna palabra suya le haría justicia a la bendición que el mismo Dios le había otorgado, a través de su unión con Lizzy. Se armó de valor para acariciar la fina piel de su cabecita y en ese instante, recordó la declaración que le permitió abrir su corazón. El juramento de amor incondicional volvió a revelarse ante Darcy, esta vez bajo la forma de un bebé: un ser de luz al que ahora le dedicaba la silenciosa promesa de amar tanto como a Lizzy, la mujer que le había dado un nuevo sentido a su vida.


N.A.:

¡Buenas noches a todos! Después de mucho tiempo, estoy escribiendo un fanfic para el fandom de "Orgullo y Prejuicio", justo en honor al Día de San Valentín (aunque lo estoy colgando dos horas después :'v).

Me siento muy emocionada por haber escrito este one-shot, es hermoso imaginar cómo Darcy y Lizzy forjan su nueva vida juntos, experimentando la llegada de su primer retoño (sí, mi headcanon con ellos es que tuvieron tres 7u7 pero no me quería apresurar tanto XD), así que quise partir con algunos retazos en los nueve largos meses que William y Lizzy tuvieron que esperar para el nacimiento del pequeño James, ¡y estoy segura que la mansión de Pemberley relucirá mucho más, gracias a ese bebé! 3

Aurora, espero que esta historia te haya gustado y disculpa si lo estoy colgando un poco tarde, la inspiración me dio mucha batalla y valió la pena TwT, ¡muchas gracias por sus lecturas y reviews, buena suerte a todos! :D