Resumen: Saitama siente que cada día es más difícil contenerse y tratar de vivir en paz, su voluntad se debilita ante la duda de si todo su esfuerzo ha valido la pena. Sabe que, en cualquier instante, ante el mínimo toque, él se quebrará y se desbordará destruyendo todo y entonces nadie podrá detenerlo, ni siquiera él mismo.


- Anime: One Punch-Man (ワンパンマン)

- Todos los personajes le pertenecen a su creador: ONE®


Notas del autor: Saitama tiene tanto poder y ha estado tan solo por tanto tiempo que me cuesta creer que nunca haya tenido pensamientos destructivos/pesimistas.

Espero que les guste esta cosa que escribí mientras escuchaba "Monster" de Imagine Dragons y "Amor Camaleón" de Coco Jadad. :D


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El aburrimiento es peligroso, es una tortura, nadie podría saber de eso más que Saitama.

Es un hueco que siente en su pecho, es la carencia de emociones que lo lleva cada vez a ver el día más parecido al anterior donde lo único que cambia es que él simplemente no deja de volverse más fuerte.

Aunque Saitama ya es demasiado fuerte, su entrenamiento diario no es más que una gota vertida en el inmenso mar.

Agua salada llena de vida, indispensable para la supervivencia del mundo entero.

Pero dentro de Saitama no hay nada de vida. Sus manos están llenas de sangre de monstruos, su cabeza está calva y su cuerpo se siente tan cansado.

Dormir nunca es placentero, leer mangas y ver televisión nunca es suficiente distracción. Hay momentos en las que hasta el aire le irrita.

Además, Saitama tampoco es indispensable para la supervivencia del mundo, porque sigue siendo un completo desconocido y ese mundo sigue girando, los pájaros siguen cantando y la gente sigue con sus vidas con normalidad.

Todo ese tiempo sin siquiera saber de él.

Todo este tiempo.

El mundo ya tenía héroes a los qué amar, él llegó tarde y ya no había espacio para personas como él.

Él tampoco es como ellos, nadie quiere a la gente calva y tonta. La fuerza no lo es todo para las personas. Ellos quieren un héroe estrella, no importa qué tan orgulloso o egoísta sea. El mundo los quiere.

Saitama no es nada de eso, probablemente nunca lo será, no puede permitirse ser libre de esa forma, él necesita límites en cuerpo y mente.

Por mucho que lo desee, él nunca podrá disfrutar de una buena pelea en ese mundo ni en ningún otro.

El denominador ese, el extraterrestre, ¿cuál era su nombre? Él es la prueba de que Saitama podría viajar durante décadas por el vasto espacio y nunca podría encontrar a un digno rival.

Todo lo que quedaba era esperar, porque la pérdida de millones de vidas humanas no vale el cumplimiento de un capricho.

Claro, porque eso sería egoísta y absurdo y Saitama simplemente no puede ser esa clase de héroe; él nunca tendría su club de admiradores, pero, de todas formas, Saitama nunca comenzó su entrenamiento por ellos. Él lo hizo para divertirse y acabar con los monstruos y así poder contribuir a crear un mundo sin maldad.

Pero, han pasado años y la maldad en el mundo no ha disminuido en absoluto.

Es como si, por cada pequeña pizca de bondad, el cielo se volviera más oscuro y más profundo. Tan profundo y agresivo como el mar.

Sin embargo, puede ser que esto no sea así y sólo sea Saitama el que cada vez pierde más y más luz y se hunde cada vez más y más y más en las profundidades de aquello que esconde el corazón de todo hombre desdichado y derrotado y consumido por la vida monótona, aquella carente de diversión, porque la vida ya nunca más volvió a ser divertida desde que consiguió esa fuerza.

Saitama es fuerte, él quiso serlo, pero...

Si Saitama hubiera sabido que "fuerza" sería todo lo que su cuerpo tendría y que eso mismo le haría perder todo lo demás, entonces tal vez lo hubiera pensado dos veces antes de seguir entrenando.

Tal vez.

Sólo tal vez.

Porque él sabe que no tenía opción, Saitama necesitaba una luz y esa fue la única forma de conseguirla. Él no necesitaba una familia, ni un trabajo, ni amigos, él ni siquiera necesita nada de eso ahora.

Él necesita adrenalina, él necesita un motivo para despertar y levantarse cada mañana de la cama sin lamentarse por todo aquello que lo rodea y sin desear algún día encontrarse a alguien o algo que por fin sea capaz de matarlo.

Él aún puede encontrar algo como eso, ¿verdad?

Saitama mira a la gente cuando sale de su casa, por la calle, los pequeños animales, como aquél gato que siempre huye cada vez que intenta acariciarlo y también a las personas con las que acaba de chocar al entrar al supermercado.

El mundo está repleto de cosas extraordinarias, algún día encontrará algo que valga la pena, ¿verdad?

Y si no lo encontrara…

Y si eso que busca no existiera…

Y si él decidiera rendirse y decidir que ya no soportará otro rechazo más como el de ese gato callejero…

Si alguna vez él decidiera ponerse en contra del mundo, no habrá nada ni nadie que sea capaz de detenerlo.

Nada ni nadie.

Pero eso está bien, ¿verdad?

Porque él al menos no es un monstruo, sus límites están más allá de lo que un humano cualquiera soñaría, pero no es un monstruo. Él es natural y fuerte y ya, como lo es el viento cuando se molesta y se vuelve tornado, como lo es la tierra cuando actúa de forma impulsiva y sin aviso y destruye todo lo cimentado durante años por alguien más; o mejor como el mar, el profundo, oscuro, desconocido, inmenso y amenazante mar.

¿Qué es lo que mueve el mar?

No importa, igual el mar puede desbordarse cuando quiera y destruir todo y nadie podría culparlo porque es algo natural.

Y si eso es algo natural, ¿por qué Saitama no puede hacer lo mismo?

Desbordarse, destruir, consumir sin reparo ni discriminación.

Pero, así como hay tierra y viento y mar, también debe haber más seres como Saitama, ¿verdad?

Aún hay salvación para él, ¿verdad?

¿Verdad?

Así como hay monstruos de diferentes niveles de amenazas, también lo debe haber para los humanos.

Hay seres más fuertes que otros, aunque eso sólo sea para ellos; los humanos y los monstruos. Porque algo como esa clasificación funciona diferente para Saitama, él sólo puede saber qué tan fuerte es alguien dependiendo de cuántos golpes pueda resistir antes de morir.

Sin embargo, al final no importa cuánto hablen o hagan, siempre son fáciles de matar. Así ha sido siempre con cada monstruo que ha matado.

¿Será lo mismo si lo intenta con humanos?

Saitama detiene su paso en seco en medio del pasillo y sostiene su nariz entre sus dedos.

Esa clase de pensamientos han estado rondando en su cabeza desde hace mucho tiempo, cada vez se hacen más fuertes y más difíciles de ignorar.

Tratando de distraerse, Saitama mira de nuevo su lista de compras y se dirige al siguiente pasillo donde están las ofertas en mariscos. Está lleno de gente. De alguna forma, Saitama consigue acercarse lo suficiente mientras trata de no perder de vista la última charola de cangrejo.

Sus dedos apenas tocan la charola cuando una mano, más pequeña y arrugada, lo toma y lo aleja. —Yo lo vi primero. —Dice la anciana.

Saitama no dice nada ante esto.

¿Qué es lo que diría de todas formas?

A veces se gana, a veces se pierde y a él siempre le toca perder en todo lo que quiere.

La anciana se aleja, indiferente a Saitama, como todos los demás.

Saitama mira sus manos e intercala su vista entre la anciana y el puesto de mariscos vacío de charolas. No es la primera vez que se siente decepcionado de esta forma, pero esta clase de situaciones parecen que se han ido acumulando con el tiempo y esa puede que sea la razón por la que estas pequeñas tragedias se hacen cada vez más evidentes y cada vez menos tolerables. Como si siempre fuera lo mismo.

Para eso también hay solución, ¿verdad?

Saitama aún puede ir y quitarle el producto, romperle el brazo a la anciana sería demasiado fácil.

Seguridad o la policía intervendría, pero Saitama sabe muy bien que no podrán hacer nada.

Alguien llamaría entonces a los héroes y Saitama tendría que pelear, pero de nuevo no pasaría nada.

Saitama ganaría el producto y la batalla.

Obviamente sería odiado por todos, por algo tan estúpido como herir a muchos sólo por una charola de cangrejo en oferta, pero él ya es odiado de todas formas.

Tampoco es como que los héroes puedan reclamarle, muchos de ellos son peor que él y nunca fueron odiados. Eso incluye a aquellos a los que nunca puede quitarse de encima.

Como Genos, el cyborg que vive lleno de rencor buscando venganza.

Como King, el farsante que vive de mentiras y a costa de los logros ajenos.

Como Fubuki, la mafiosa aplasta novatos y destructora de carreras.

Incluso hay personas que han llegado más lejos, como el asesino de Sonic.

Ninguno de ellos ha pagado por sus crímenes, ninguno de ellos será tan odiado como lo ha sido él, ninguno de ellos sabe lo que es tener que contenerse en todo momento.

Ellos no pueden saberlo porque nunca lo han hecho, Saitama puede recordarlo.

Si no fuera porque Saitama es fuerte, Sonic lo hubiera matado sin ninguna clase de remordimiento el día en el que lo conoció.

O hubiera muerto incinerado por Genos.

O hubiera terminado con las piernas rotas por el Grupo Fubuki.

Si él no fuera fuerte, ¿qué hubiera pasado?

Hubiera muerto, por supuesto.

Así como todos hubieran muerto si el denominador, el extraterrestre ese, hubiera destruido la tierra. Él sí pudo haberlo hecho porque él tampoco sabía lo que era vivir conteniéndose a cada segundo de cada día durante años y seguramente por el resto de su vida. Hasta su muerte, él nunca se contuvo.

Si él no fuera fuerte…

Si él no lo fuera, los extraterrestres hubieran destruido la tierra.

¿Y qué?

De igual forma, Saitama ya hubiera estado muerto desde antes por Genos, por Sonic, por Fubuki, por cualquier otro monstruo o persona o héroe.

Todos ellos son de pronto lo mismo, ninguno es como Saitama.

Si él no fuera fuerte, su sueño de ser héroe nunca se hubiese cumplido.

Claro, si él no fuera fuerte, no tendría a nadie a su lado tampoco porque Genos y Fubuki y King y Sonic y el copete brillante y el tipo este y el tipo aquél, todos ellos, cada uno de ellos, están con él porque él es fuerte, porque el mundo es peligroso y la gente necesita héroes fuertes pero también quiere héroes egoístas como todos ellos y no como Saitama, nunca como Saitama, porque Saitama se contiene demasiado y gana tan poco y todo ese poco antes era suficiente hasta que dejó de serlo y ahora Saitama siente que el cielo se nubla y el aire es pesado y él necesita salir con urgencia del supermercado porque está lleno de personas y las personas son tan fáciles de matar como lo son los monstruos, pero Saitama no les hará lo mismo que hace con los monstruos porque él es bueno, él no puede permitirse ser libre ni en su propia mente y mucho menos con esa clase de pensamientos, pensamientos malos que definitivamente no le pertenecen, él no es eso, él en verdad no piensa eso, él no quiere nada de eso, él nunca ha considerado la simple idea de hacerle caso a esos pensamientos, ¿verdad?

La canasta de sus manos cae al suelo y los pies de Saitama se apresuran a salir de la tienda, él se va sin comprar nada.

No importa, de todas formas ni siquiera trae su cartera consigo, probablemente la ha dejado en casa o la ha perdido otra vez.

Saitama espera que sea la primera opción.

Saitama no tiene ni idea de qué es lo que lo está llevando a tener esa clase de ideas retorcidas, pero tampoco es como si supiera qué es lo que lo está reteniendo de no tenerlas en primer lugar.

Es decir, el mundo ha estado mal desde antes. Todos han estado mal desde antes en todo, para todos. Es difícil ser una buena persona con la mente limpia en un mundo así.

Bueno, quizás unos más para otros. Puede que haya sido la suerte que a Saitama nunca se le concedió y a otros sí. Saitama siempre ha pagado caro sus errores y esto parece que no es una regla que todos deban obedecer.

El ejemplo de eso era Genos, King y Fubuki y Sonic y todos, todos, todos, todos menos él.

Él no.

Él sólo es alguien que perdió su cartera, ellos son personas que se autoinvitan a su casa y hacen ruido y se comen su comida y que no se han aparecido para nada en la última semana porque parecen haber estado ocupados en cualquier otra cosa más importante que él.

Saitama esperaba que su humor mejorara al llegar a casa, pero eso no pasó.

Sus manos tiemblan y sus dientes están apretados, su cabeza comienza a doler y él está tan cansado, tan harto.

Busca en todas partes y se da cuenta que su cartera no está ahí, la realización de haberla perdido de nuevo no le causa dolor, porque el dolor siempre ha estado ahí. Eso que siente es algo más profundo, agresivo y salado como el mar.

Ese sentimiento se mece en su interior y amenaza con romper su libertar y liberarlo, es algo que va y viene, que lo arrastra al lado más profundo.

Con ese veneno en sus venas, Saitama se dirige a la puerta dispuesto a volver a la calle a buscar su cartera que debió haberse caído en algún lugar. Pero él no está pensando bien, no debe de estarlo, él sabe que esto no es él, él no es eso.

Saitama se siente molesto consigo mismo, sus manos tiemblan pero siguen siendo fuertes, tan fuertes e incontrolables y sedientas de vida, manchadas de la sangre de tantos monstruos, sangre roja como sus guantes.

Saitama azota la puerta.

Lo hace tan fuerte que el metal se desprende de la pared y cae al suelo.

Saitama vuelve a sentirse enojado, ahora deberá perder más tiempo en reparar su maldita puerta tumbada.

Como no hay tiempo suficiente y Genos no se ha aparecido en todo el día y Saitama no tiene el dinero suficiente para reemplazarla, decide que puede tomar alguna de las puertas de los departamentos abandonados del piso de arriba, donde no vive nadie, donde no le pueden reclamar de nada, donde una abollada puerta de metal es lo mínimo que Saitama debería obtener como premio, ¿verdad?

Saitama sube las escaleras e intenta tomar la primera puerta que ve, pero termina abollándola y destruyéndola de forma terrible.

No lo hizo con intención, es sólo que su fuerza está incontrolable.

Lamentablemente, lo mismo siguió ocurriendo con las demás puertas. Saitama no podía dar un pequeño empujón sin romperlas, sus puños temblaban por la furia, por el miedo, por la duda.

Duda de si será capaz de seguir conteniéndose. Estaba claro que no lo estaba consiguiendo.

Sus manos se mueven por su cuenta y sus puños comienzan a estrellarse contra la pared, Saitama hace un gran agujero en esa parte pero esta vez no se lamenta, no se arrepiente, él sabe que se está conteniendo.

Porque si él quisiera, oh, si él quisiera, podría partir el mundo de un solo golpe.

Y nadie podría culparlo.

Y nadie podría reclamarle nada.

Y nadie podría detenerlo.

El departamento abandonado que se asoma dentro de la pared no es muy diferente al que tiene actualmente Saitama. Es pequeño, sucio, solitario, deprimente… Él ha dado tanto por otros y eso es lo mejor que ha conseguido. Un departamento que no le pertenece y cajas llenas de cartas de odio.

Conseguido, no otorgado.

Es algo que él robó, porque parece que esa es la única forma en la que se puede ser feliz en ese mundo.

Parece que el ruido atrae la atención de algo en la calle. Al asomarse, loga visualizar un monstruo doblar la esquina y dirigirse hacia su complejo de departamentos.

Saitama no lo piensa, no le presta atención, no lo escucha. Él salta, corre hacia él y le encesta un buen puñetazo.

Tal como se esperaba, el consuelo de haber ganado no fue suficiente.

Los restos del monstruo terminan más desparramados de lo normal, sus ropas y guantes están manchados de sangre.

Sangre roja.

El monstruo tenía sangre roja.

Justo como la sangre de los humanos.

Después de eso, todo sonido enmudece. Saitama se mantiene en silencio y alza su cabeza para mirar al cielo en busca de algo de color, algo de vida, algo de aire fresco, un azul claro que le haga olvidar el rojo oscuro y envenenado que manchan sus manos.

Para su mala suerte, el cielo está nublado, como si en cualquier momento fuera a llover.

Saitama suspira resignado, trata de no gruñir, los humanos no gruñen.

Con eso en mente, y otras cosas más, emprende su camino en busca de su billetera.

No importa, él siempre ha vivido bajo un cielo gris y ha soportado eso durante años, puede hacerlo por un día, por un instante más, ¿verdad?

El tiene que contenerse.

¿Vale la pena contenerse?

Él siempre fue una buena persona.

¿Eso es injusto?

¿Él podría considerarse un esclavo de la vida?

¿Su existencia es simplemente vagar por el mundo y destruir seres poderosos?

¿Qué pasará cuando él muera?

¿Quién hubiera salvado el mundo si no hubiese sido él?

¿Por qué tiene que ser él quien tenga que llevar esa carga sobre sus hombros?

Él ya cumplió su sueño de ser héroe, él cree eso.

Incluso ya tiene un trabajo, le pagan por hacer lo que le gusta: ser héroe y salvar personas y derrotar monstruos.

Eso debería ser suficiente, es su trabajo soñado, su pasatiempo favorito.

Pero los pasatiempos deberían dar satisfacción y ese ya no lo hace.

Ese pasatiempo sólo le ha provocado sentir más odio. Le ha arruinado la vida y lo ha maldito con esa fuerza inconmensurable.

Saitama sólo quería ser fuerte, no obtener una gran fuerza, no perder sus emociones, no ser imparable.

La calle de pronto parece más estrecha y más larga, el cielo ya estaba gris por las nubes.

Saitama camina mientras siente que sus pasos se vuelven más lentos y pesados, arrastra los pies contra la acera y las calles están vacías, debe ser porque Saitama ha nacido para estar solo.

¿Verdad?

Escucha un auto frenar en seco justo a su lado, tan repentino e inesperado que consigue captar la atención de Saitama.

—¡Saitama! —Grita Fubuki asomándose por la ventana del auto negro. —¡¿Dónde te habías metido?!

Saitama se plantea la idea de ignorarla e irse.

Pero Fubuki abre la puerta del auto. —En cualquier momento comenzará a llover y necesito que vengas conmigo. Ahora.

Las palabras se sienten pesadas y su garganta seca, Saitama lucha por hablar. —La verdad es que no-

—Por favor, sube al auto.

Los ojos de Fubuki, verdes y brillantes, lucen más amables de lo normal. Saitama no tiene fuerzas para hablar y el cielo sigue estando gris.

Verdes y brillantes.

Saitama acepta subir al auto con Fubuki porque sus ojos son verdes y brillantes y él necesita algo de color en su vida.

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El trayecto es lento, silencioso pero cálido comparado con el frío del viento fuera de ahí. Fubuki lo mira de reojo una y otra vez con cierta inquietud. Debe ser por la sangre de monstruo en sus ropas. Saitama empieza a sentirse incómodo, pero no dice nada.

Entonces Fubuki detiene el auto y apaga el motor. Después le extiende unas llaves y una caja grande y bonita adornada con un listón. —Estamos en uno de los puntos de reunión del Grupo Fubuki, entra y ponte lo que hay en la caja.

Saitama frunce su ceño en confusión. —¿Qué hay en la caja?

—Un regalo de mi parte, más te vale apreciarlo.

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El traje es bonito, Saitama esperaba un color negro como los que los integrantes del Grupo Fubuki usan, pero este es un color dorado oscuro y elegante. Tela suave, adornos discretos. Camisa y zapatos y corbata negra con bordados escarlatas.

Todo el conjunto parecía costoso. Saitama conoce a Fubuki y sabe que eso es costoso.

Al salir de la casa, Fubuki está hablando por teléfono.

Ella cuelga, lo mira sorprendida y luego se coloca una mano en su mentón y otra en su cadera, se ve satisfecha y orgullosa. Saitama se siente ligeramente intimidado bajo su mirada, así que baja la mirada a sus pies y se pregunta si algo está mal con él.

Fubuki le llama y, al voltear, Saitama ve la cámara de Fubuki apuntando hacia él.

Es un movimiento rápido, Fubuki mueve un poco sus dedos sobre el celular antes de guardarlo, Saitama se siente avergonzado.

—Te queda mejor de lo que imaginé. —Dice Fubuki desviando la vista y regresando al auto. —Sube, se está haciendo tarde.

Saitama se limita a obedecer. —¿A dónde vamos?

Fubuki sólo lo mira y le sonríe.

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El trayecto no es tan silencioso como lo imaginaba. Fubuki tararea una canción alegre y lenta, como una canción de cuna o un consuelo. Así lo siente Saitama.

Como se predijo, del cielo comienzan a caer gotas que se estrellan contra los vidrios de la ventana en la que Saitama ve el gris oscurecerse y mojarse, mancharse de agua sin sal, porque la sal no puede ir al cielo, la sal no puede abandonar el mar.

Conforme se acercan al centro de la ciudad, las personas llenan más las calles y los paraguas comienzan a verse en todos lados, como pequeñas manchas de colores fuertes que contrastan con el gris, el verde de los ojos de Fubuki no es el único color que puede ver ahora. Le alegra no tener que caminar más, sus pies se sienten pesados.

La canción, el traje, la lluvia, el color, todo eso se siente como un consuelo para Saitama.

Sus manos aún tiemblan y su corazón late con fuerza, pero al menos ya no está destruyendo cosas.

Fubuki detiene el auto frente a un restaurante y le ordena que se baje. Saitama se siente confundido e intenta preguntar pero ella ya se ha bajado del auto y se encuentra entregado las llaves a alguien más y a lado de él se encuentra Genos tocando con sus dedos el vidrio de la ventana y sonriéndole de forma tenue pero sincera mientras sostiene un paraguas en sus manos. King está detrás de él.

Saitama sale del auto y sus ojos se sienten intimidados por las miradas brillantes de sus "amigos", por las luces del restaurante y de los faros y de la pulcritud de su propio traje.

—¡Maestro, se ve mejor que en la foto! —Casi grita Genos.

King se acerca también. —¿Dónde estabas? Te estuvimos buscando.

Saitama no sabe qué responder. No quiere recordar los pensamientos en el supermercado, ni a la anciana, ni búsqueda de una nueva puerta, la de su cartera…

Saitama no dice nada.

Genos y King no están molestos, ellos le sonríen y Fubuki se une a ellos y todos se adentran al restaurante.

Está vacío.

Hay muchas luces y los camareros parecen amables y huele a comida caliente y hay una mesa con seis sillas y el piso está limpio.

Fubuki se detiene de pronto en la entrada para mirar a todos lados. —¿Eh? ¿Por qué somos los únicos clientes aquí? No recuerdo haber pedido que reservaran todo el restaurante.

—Quizás ellos sabían que vendría el maestro Saitama y decidieron reservarnos todo el lugar. —Sugiere Genos.

—No… —Comienza King. —En realidad yo sólo les pedí un poco de privacidad porque hoy es un día importante, pero creo que se lo tomaron demasiado en serio. El gerente se volvió loco cuando le dije eso y comenzó a correr a todos los clientes, aunque la mayoría se fueron por su cuenta… Espero que no sea incómodo para ustedes.

Fubuki resopla y se encamina dentro del local con pasos firmes, quitándose su abrigo y dejándolo sobre una de las sillas de junto. —Para nada, más espacio para nosotros, ¿verdad, Saitama?

Saitama no responde. En realidad, nadie espera que él realmente tenga algo por decir, Saitama nunca ha sido alguien muy hablador.

Genos lo empuja hacia una de las sillas y King hace la señal de que traigan la comida.

—Udon. —Comienza Fubuki, tomándose el papel de anfitriona como siempre. —Genos dijo que era tu favorito, además de que es barato y es fácil de conseguir.

Genos asiente. —Pero este es el mejor udon. Así que no se preocupe si el lugar es nuevo para usted, le aseguro que este le gustará.

—¿Vendrá Silver Fang? —Pregunta Fubuki.

—Oh, no, olvidé mencionarlo. —Dice King. —Dijo que no podría, pero envió una dotación de carne como regalo para Saitama.

Saitama no entiende, su cuerpo se mueve con lentitud.

—Es un buen regalo, supongo. Aunque considero mejor regalo el traje que le di, le queda perfecto.

Genos frunce el ceño ante el comentario de Fubuki. —Yo te ayudé a escogerlo.

—No dije que no lo hicieras.

—Mi regalo es mejor. —Genos le extiende una gran bolsa de papel a Saitama. —¡Acepte este obsequio con amor, por favor!

Saitama la toma entre sus manos y mira el interior: una sudadera, un sobre y una gorra... y más sobres.

Eso también parecía costoso, ¿por qué?

La comida llega al poco tiempo. No sólo huele bien, también se ve bien y, según todos, sabe bien. Todos comienzan a comer excepto Genos, él parece estar esperando a que Saitama de su primer bocado, pero Saitama no lo hace, él mira su plato con preocupación mientras presiona sus puños sobre sus piernas. Su estómago comienza a gruñir.

—¿Qué sucede, maestro? ¿No le agrada el olor de su plato? —Es Genos, tan preocupado y atento con él como de costumbre. —¿Quiere que me queje con el cocinero? —Genos se pone de pie.

—No es eso, —lo detiene Saitama antes de que provocara una vergonzosa escena, — es sólo que… yo, eh… no tengo… mi dinero estaba en la cartera y y-yo…

—¿Perdiste tu cartera? —Dice Fubuki, más como afirmación que como pregunta. Ella, tan intuitiva como siempre. —¿Acaso es una costumbre tuya perder dinero?

Las palabras de ella suenan severas y un poco acusadoras, pero sus ojos se mantienen amables y su sonrisa es tenue, sus labios suaves le sonríen y eso también, de alguna forma, le sirve de consuelo.

Ella suspira ligeramente. —Ah, eres todo un caso, Saitama. Pero hoy no debes de preocuparte por eso, King se ofreció a pagar.

Saitama abre sus ojos con sorpresa y mira a King.

Él también le sonríe y asiente. —No te preocupes, es lo menos que puedo hacer por ti. Te lo mereces.

De pronto, Saitama siente que sus hombros y sus pies son más ligeros. El aire es menos denso y el aroma de la comida deja de parecerle prohibido y pecaminoso.

Saitama quiere agradecerle pero su garganta se siente seca, no puede responder. La repentina conmoción se mezcla con el aturdimiento de antes y eso se hace bolas en su interior y deja algo similar a un nudo en su garganta. Esto lo provocó Fubuki, luego Bang, luego Genos y ahora King.

Es gratitud, es alivio, es amistad.

Saitama sigue en silencio, él mira sus manos y luego alrededor, a todo el lugar con detenimiento. Él se siente ajeno a tanta cosa brillante y limpia y cálida.

Porque el pecho de Saitama es todo menos cálido, sus manos son todo menos limpias y su mirada nunca ha tenido ese brillo que todos poseen.

¿Por qué está él aquí?

—¿Por qué estoy aquí? —Saitama pregunta con un hilo de voz. —¿Por qué me dan esto?

Fubuki alza una ceja, Genos lo mira extrañado y King alza sus hombros, pasmado.

—¿Cómo que por qué? No me digas que ni siquiera lo recuerdas. —Dice Fubuki tratando de sonar más molesta que preocupada.

—No me diga que…

—Hoy es tu cumpleaños, Saitama. —Dice King. —Estamos aquí para celebrarlo.

Saitama se queda en silencio otra vez. Él en verdad no lo recordó.

En su mente no hay espacio para esa clase de cosas banales de humanos y gente buena, Saitama nunca celebra sus cumpleaños, no tiene sentido hacerlo cuando se está solo en la vida, cuando todos te odian o nadie te reconoce.

Genos arrima su plato hacia él con lentitud y cierta insistencia. —Coma todo lo que quiera… por favor.

Saitama baja la mirada al plato y desea que todo aquello acabe pronto. Él no está acostumbrado a esa clase de atención y compasión, sus manos no están limpias y él no es egoísta, él no debería alimentar a un cuerpo con una mente que no hace más que darle la visión de un mundo oscuro y profundo y frágil y lleno de destrucción natural como la tierra, el viento y el mar.

Pero la comida huele bien, se ve bien y sabe bien. Saitama la prueba y no puede dejar de comer, eso es más que un consuelo o un regalo o una recompensa, eso es una pequeña alegría, tan pura como el alma de una buena persona que sólo quería ser fuerte para convertirse en héroe.

Saitama come en silencio mientras deja que el caldo caliente y de buen sabor deshaga el nudo en su garganta y acabe con su hambre.

La compañía de ellos también es cálida y también le deja un buen sabor de boca, sus sonrisas y sus miradas brillantes consiguen deshacer, poco a poco, la opacidad de su mirada aburrida y perdida, acabando así con su hambre de sangre y emoción.

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Saitama camina a casa cuando el sol ya se ha puesto. La billetera perdida ya no importa, King le había regalado una nueva, Fubuki los había dejado a unas cuadras de su casa y Genos había insistido en acompañarlo el resto del trayecto.

El ciclista sin licencia había sido el último en llegar a su pequeña reunión. Él llegó tarde y con un pastel en sus manos, la sonrisa en su rostro también era brillante y tranquilizadora.

Saitama también quiere sonreír así, hoy más que nunca se siente capaz de conseguirlo.

Genos apunta al cielo y Saitama se da cuenta que, sin importar lo nublado y gris que antes estaba el cielo, aún se es capaz de visualizar pequeños fragmentos pulcros donde se cuela la luz de la luna y el azul de la noche y, por muy oscuro que esté, se expone un hermoso conjunto de estrellas.

Saitama se siente incapaz de dejar de verlo, así que comienza a caminar con la cabeza en alto, en sus manos yacen los regalos que le dieron las personas que se autodenominan sus amigos.

Entonces Genos señala algo en el suelo y Saitama mira hacia la misma dirección.

Es el gato de antes, maullando y mirándolo fijamente.

Saitama se debate entre acercarse o ignorarlo. No quiere ser rechazado de nuevo, pero en esos momentos se siente ligero, aliviado y paciente.

Saitama rebusca entre una de las bolsas que tiene en sus manos y encuentra la carne que le dio Bang. Consigue tener un trozo y lo coloca bajo sus pies. Genos mira la acción en silencio.

El gato se acerca con lentitud y con cuidado, como si supiera lo que se esconde en las profundidades del mar que es Saitama.

Saitama no lo culpa, él también ha llegado a temer de sí mismo.

El pequeño gato come la carne y ronronea al instante, Saitama se agacha y acerca su mano y el animal se deja acariciar.

El gato se deja acariciar.

Saitama siente que cierto hueco en su pecho se ha llenado un poco más, el hueco sigue ahí, pero ya no duele tanto como antes.

Eso es bueno.

Parece que Saitama todavía tiene algo bueno y brillante dentro de sí.

Después de todo, puede que sí valga la pena seguir intentándolo, seguir conteniéndose por el bien de todos y de sí mismo.

Si su versión de hoy es mejor que la de ayer, significa que sus días futuros todavía pueden ser menos oscuros que los presentes.

Aunque sea un poco de luz, un poco de color, un poco de paz y alegría. Eso deberá de ser suficiente, al menos así lo siente Saitama.

El mar se mece pero aún no se desborda, el agua salada también tiene vida y Saitama aún tiene salvación.

Porque, si Saitama aún es capaz de encontrar algo de emoción dentro de todo ese inmenso y profundo aburrimiento, entonces todo lo pasado habrá valido la pena.

¿Verdad?

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