Las ambulancias sonaron en la entrada del hospital, una pareja que había sufrido un grave accidente automovilístico, se debatía entre la vida y la muerte, la mujer al parecer sufrió golpes más fuertes, porque en un momento los médicos corrían muy apresuradamente hasta el quirófano donde permanecieron por varias horas.

"hola", dijo la enfermera que lo vio abrir los ojos.

"¿dónde estoy?", estaba confundido, no conocía el lugar donde estaba, vestía ropas muy raras, un suero estaba conectado a su mano derecha, también un monitor registraba los latidos de su corazón, tenía mucho frío, la claridad le molestaba en los ojos y la cabeza le dolía mucho.

"en el hospital señor", la enfermera lo dejó aún más confundido, la vio retirarse de la habitación y se quedó completamente solo.

En ese momento comenzó a recordar, todo fue como si una película se reprodujera a altas velocidades en su memoria, se desesperó a tal punto que comenzó a librarse de todos los cables que le impedían levantarse y en ese momento sintió que la puerta se abrió.

"¿qué hace?", el doctor hizo su entrada en la escena.

"mi esposa, debo verla, ¿cómo está?", habló casi sin pausa.

"primeramente debe calmarse", le habló muy pausadamente.

"no, tengo que verla", siguió en su labor por pararse de la cama.

"bien comenzaremos otra vez, soy el doctor Whale y fui quien lo atendió a su llegada al hospital", también atendía a su esposa, pero en estos momentos era muy necesario calmarlo.

"mucho gusto doctor", no sabía por qué, pero, el tono de su voz lo calmaba sorpresivamente, suponía que esa era la magia de la que todos hablaban, los doctores están preparados para enfrentar todo tipo de situaciones y en este momento, calmarlo y relajarlo era una de ellas.

"¿recuerdas tu nombre?", preguntó para comenzar con los exámenes de rutina.

"Robin de Locksley", empezamos muy bien, pensó el doctor mientras revisaba las pupilas de su paciente y tomaba su pulso.

"ahora que está más calmado, conversemos de su esposa, también soy el responsable de atender su caso", lo vio suspirar, sabía que estaba esperando ansiosamente escuchar esas palabras.

"¿cómo está?", comenzó a sentarse en la cama.

"su esposa sufrió un severo golpe en la cabeza, tuvimos que hacer una operación de urgencia, su estado es muy delicado", estaba omitiendo ciertos detalles.

"quiero verla", insistía con mucha vehemencia.

"su esposa se encuentra en estado de coma", tenía que ser sincero.

"¿sobrevivirá?", se angustió cuando el doctor le informó con mucha pena el estado de su esposa.

"no lo sabemos, las próximas setenta y dos horas, son cruciales, debemos esperar", explicó, ¿cómo le dices a una persona que su ser amado puede morir?, nunca estaría preparado para ese tipo de momentos.

"ya lo escuché, ya me calmé, ya no actúo como un desquiciado, ahora, ¿puedo ver a mi esposa?", le preguntó, quería estar con ella, acompañarla.

"venga conmigo", respondió el doctor haciéndole una seña con la mano, invitándolo a seguirlo, como había comprobado que se encontraba en perfecto estado de salud, ya no necesitaba retenerlo en la habitación, ni mucho menos conectado a tantos equipos.

Caminaron por un pasillo muy largo, el olor característico del hospital le revolvía el estómago, seguían caminando hasta que por fin llegaron a un cuarto muy reservado al final del pasillo, abrió la puerta y ahí estaba, se paralizó, su amor, su compañera, su amiga, yacía encima de una camita, conectada a unos respiradores, su cabeza vendada, casi no podía admirar su bello rostro y otra vez esos malditos monitores que emitían sonidos, era el latir de su corazón indicando que vivía, que luchaba por no abandonarlo, estaba dispuesto a quitarse su propia vida para que ella abriera una vez más sus hermosos ojos chocolate.

"¿puedo?", preguntó muy temeroso de la respuesta que recibiría.

"adelante", lo animó el doctor, la palabra no terminaba y ya estaba junto a la cama, se hincó para tomar su mano.

"Regina", las lágrimas comenzaron a caer, se sintió muy avergonzado por la presencia del doctor, pero no le importaba, corría el riesgo de perderla, y no sabía cómo viviría si ella no estaba a su lado.

"los dejo a solas", anunció su salida.

"espere doctor", lo detuvo de inmediato.

"¿sí?", dio media vuelta y preguntó.

"no me quiero desprender de ella", tenía que asegurarse de que le permitiría estar allí.

"puede permanecer el tiempo que usted quiera", esa respuesta fue un total alivio, solo asintió con la cabeza en señal de agradecimiento y el doctor se marchó.

Así pasó el tiempo, no la dejaría, permanecía allí, las horas se volvieron días, no despertaba, no tenía ninguna mejoría, la angustia crecía cada vez más, de vez en cuando tenía largas charlas con el doctor quien le explicaba que los pacientes en el estado de su esposa podrían permanecer así por años y despertarse muy sanos, por un momento se calmaba, hasta sentía que en el doctor había encontrado a un buen amigo, como vivía relativamente cerca del hospital, permanecía la mayor parte del día a su lado, incluso trabajaba desde allí, solo se iba a su departamento para tomar un baño refrescante, cambiarse de ropa y regresar, no permitía que nadie la tocara, él mismo se encargaba de cambiar la ropa de la cama, la bañaba y como los días habían pasado su venda en la cabeza ya no estaba, por lo que también se tomaba su tiempo para cepillar su corto cabello, no separase de ella ni un segundo era su nueva vida.

Pronto y sin que lo advirtiera, transcurrió un año, un año en el que prácticamente vivía en el hospital haciéndole compañía a su esposa, quería asegurarse de que fuera la primera imagen que viera en el momento preciso que abriera sus ojos, no estaba dispuesto a perderse ese gran acontecimiento que llenaría su vida de luz nuevamente.

Esa mañana, hizo lo de siempre cuando la luz del sol se colaba por la ventana de aquel pequeño cuartico de hospital que ya era su pequeña casa, pero ese día era especial, al regresar, bañó, vistió y perfumó a su esposa con mucha dedicación y ternura, se dispuso a cepillar su bella cabellera que ya no era tan corta y comenzó con su rutina de hablarle de la misma forma que sabía que ella amaba, en una de sus tantas charlas con el doctor, supo que a los pacientes en coma se les debe platicar, es una muy buena terapia y que ayuda en su pronta recuperación, no era que quisiera apresurar el proceso, pero estaba dispuesto a hacer todo lo que estuviese a su alcance para su bienestar.

"amor de mi vida, felicidades", era su cumpleaños y tenían la costumbre de ser los primeros en felicitarse, "quiero que sepas que fui de compras como tanto te gusta y compré un vestido nuevo para la ocasión", continuaba con su labor y por un momento se perdió en un recuerdo hermoso.

Llevaban dos meses saliendo y no podía esperar para dar el próximo paso, por lo que con mucha exquisitez ayudó a preparar una fiesta sorpresa para agasajarla por su cumpleaños, su papá Henry la mantendría ocupada para que ni pudiera sospechar lo que ocurría en la mansión Mills, donde todos habían acordado hacerle creer que no recordaban la fecha.

Tenía planeado pedirle que se casaran, su emoción fue tanta que no podía esperar, quería que el tiempo volara para tenerla entre sus brazos y asegurarse de que este cumpleaños fuera muy especial.

Durante el día recibió miles de llamadas y de mensajes de ella, sabía muy bien que ocurriría, era costumbre pasar el día entero juntos y ni siquiera un mensaje de felicitación le envió, era lógico que querría una explicación por su actitud.

Cuando terminaron la decoración de la mansión se fue a su departamento para alistarse, se había comprado un traje nuevo, para estar a la altura de la ocasión, cuando estuvo listo se perfumó y manejó de regreso a la mansión.

Siempre recibía un mensaje de felicitación de Robin en su cumpleaños, pero no tuvo noticias de él durante todo el día y eso no era lo peor, nadie de su familia se había recordado de la fecha y estaba muy angustiada por eso, por lo que tuvo que enfocarse en un nuevo proyecto que estaba trabajando para la empresa familiar.

Las horas pasaron y su tristeza creció, ni su padre quien pasó todo el día a su lado mencionó el tema, lo amaba con todo su corazón, por lo que su indiferencia le dolió aún más.

Las horas pasaron, el agotamiento y el cansancio se apoderaron de ella por lo que decidió retirarse.

"papá es hora de marcharnos", anunció mientras se dispuso a dejarlo todo recogido en la oficina de su padre.

"todavía no terminamos", fue el único pretexto que se le ocurrió, no recibía la señal desde la mansión, por lo que su misión de mantenerla entretenida no terminaba.

"terminamos otro día, por hoy fue suficiente", era su última decisión y la mantendría sin cambiarla.

Henry sabía muy bien que cuando su hija Regina tomaba una decisión, ni, aunque fuera la incorrecta, daba su brazo a torcer, por lo que debía pensar con rapidez para evitar que llegara a la mansión, "entonces vamos", aceptó por el momento para que no sospechara de su actitud.

Se montaron en el auto de Regina, por el camino a Henry se le ocurrió una brillante idea.

"te invito a tomar helado", pasaban por delante de la heladería que la llevaba cuando era niña, todo el día había estado en un puro nervio, porque ocultarle a su hija el secreto de la fiesta y además ni si quiera felicitarla, fue un esfuerzo muy grande, Regina era su única hija y la amaba con su vida entera.

"papi, ¿tú estás bien?", le preguntó muy confundida.

"perfectamente, solo se me antojaron unos heladitos, no creo que eso sea extraño, ¿o sí?", la disuadió para espantar toda su confusión.

"no es nada extraño, de hecho, te confieso que había extrañado tus invitaciones para ir a la heladería", la actitud de su padre le seguía pareciendo extraña, pero le siguió la corriente.

Por fin fueron a tomar helado, Henry la hizo sentir como una niña nuevamente, por un momento se le olvidaron las angustias del día, se divirtieron mucho, debía reconocerlo, en un abrir y cerrar de ojos, había oscurecido y su padre en un momento que no esperó, la hizo salir del lugar sin previa explicación.

Manejaron hasta la mansión y al llegar todo esta apagado, nunca ocurría, siempre había movimiento, los amigos de su padre se las arreglaban para visitar a deshoras, estacionó el auto, se bajaron y su padre abrió la puerta para que ella entrara y…

"¡SORPRESA!", gritaron todos los invitados al unísono, las lágrimas de felicidad y de emoción salieron de sus ojos, pero fue sorprendida por un apasionado beso del hombre que tanto amaba, al parecer, todos se habían coludido en su contra ese día, el beso hizo que los presentes aplaudieran, en un momento la mansión había cobrado vida.

"ve a tu cuarto, otra sorpresa te aguarda", la animó Robin cuando el beso terminó.

"no tardo, ni se te ocurra irte, que bastante me has hecho sufrir hoy", su tono de amenaza, intimidó a Robin.

"nunca se me ocurriría eso, es más, no planeo despegarme de ti en toda la noche", le guiñó el ojo y la dejó ir.

De camino a su habitación, todos querían saludarla a la misma vez, ella correspondió muy alegre, era amigos de la familia y estaban allí para homenajearla por su día, por tanto, ser cortés era lo menos que debía hacer.

Finalmente llegó a su habitación y su madre, a quien no había visto en el trayecto, la esperaba silenciosamente allí, su sorpresa fue inmensa cuando encendió las luces y estaba sentada en el borde de su cama.

"¡felicidades mi amor!", exclamó, estaba hermosa, llevaba un conjunto de pantaloneta marrón oscuro, recordaba que se lo había regalado en el último aniversario de bodas con su padre y lucía un hermoso collar de brillantes que casualmente, también había sido uno de sus regalos, de solo verla su rostro se llenó de satisfacción y corrió para abrazarla.

Mientras se abrazaban se echaron a llorar, pero hoy no era un día para llanto, si no, de completa felicidad y emociones positivas.

"gracias mamá, esta sorpresa ha sido de los mejores regalos de mi vida", respondió cuando el abrazo terminó.

"todavía los regalos no terminan", apuntó hacia la cama y sus ojos se abrieron de par en par cuando pudo ver el vestido que yacía allí, junto a un conjunto de hermosas joyas y un par de zapatos, todo en perfecta combinación.

"gracias mamá", su madre le dio un último beso y la dejó sola para que se arreglara.

No tardó mucho, echó un último vistazo al espejo y salió de su habitación.

Al llegar a la escalera, los invitados advirtieron su presencia y la mansión volvió a silenciarse, bajó las escaleras con sumo cuidado, los zapatos eran demasiado altos, y el vestido muy largo, debía procurar no hacer el ridículo en su día, además, Robin la estaba esperando con una amplia sonrisa en su rostro y le brillaban los ojos con cada movimiento que hacía al bajar cada escalón.

"estás preciosa", comentó cuando estuvieron cerca.

"gracias, algo me dice que eres el responsable de todo esto", unos días antes ese vestido había llamado su atención, pero por la urgencia que llevaba, no pudo comprarlo y para colmo de males, al regresar por él, no pudo hallarlo.

"me declaro culpable", levantó los brazos en señal de rendición y no recibió respuesta, solo una mirada de amor que disparó su corazón, "aunque no me arrepiento, confieso que en la tienda todo lucía hermoso, pero verlo en ti es como estar en el paraíso, superaste mis expectativas", le dijo atrayéndola hacia su cuerpo para darle otro beso.

Así pasaron el resto de la noche, sin separase ni un momento y cuando era necesario por cualquier motivo, inmediatamente se extrañaban mucho.

La música tan contagiosa los hizo bailar hasta el cansancio, bien avanzada la noche cuando casi todos los invitados se habían retirado y solo quedaban los miembros de la familia, Robin aprovechó para escapársele con cualquier pretexto, era momento de que su plan se pusiera en marcha, el DJ era su amigo de la prepa y había accedido a deleitarlos con sus habilidades, entonces, Robin aprovechándose de esa cobertura, habló con su amigo para que hiciera sonar una canción bien romántica y suave, fue en busca de Regina quien conversaba con sus amigas.

"con permiso de las damas, pero esta preciosura las abandonará por un momento", todas le sonrieron, era imposible resistirse a sus encantos, sus ojos verdes hechizaban a cualquiera.

Con una sonrisa, Robin sostuvo a Regina por la cintura y la llevó al centro de la pista de baile.

"mi hermosa dama, ¿me concede este baile?", extendió la mano e hizo una reverencia que dibujó una hermosa sonrisa en el rostro de Regina.

"encantada", tomó su mano muy gustosa y comenzaron a bailar.

El vestido verde que lucía, dejaba al descubierto, sus espaldas, del precioso collar de rubíes que adornaba su cuello, colgaba libremente del cierre, una ligera cadenita plateada que le daba a su atuendo un toque muy elegante, su cabello completamente recogido, del cual caían pequeños mechones en su rostro, permitiendo que no se escondieran los aretes perfectamente combinados con el collar, estaba preciosa, era la sensación de la fiesta y a Robin se le hacía la boca agua de solo mirarla, era su fruta prohibida.

Estar allí rodeada de su familia y bailando con el hombre que siempre había amado, eran un sueño hecho realidad, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Robin detuvo el baile mientras la música no terminaba, se soltó de sus brazos y se hincó ante ella.

"Regina Mills, ¿aceptas comprometerte conmigo en matrimonio?", sacó de su bolsillo una cajita blanca y la abrió, dejando ante sus ojos un anillo de oro con una pequeña piedra negra, que la obligó a cerrar los ojos por su belleza, conocía perfectamente sus gustos.

No podía hablar de la emoción, solo le extendió una mano a Robin para que se levantara y lo sorprendió con un beso que le dejaba bien claro todo el amor que sentía por él.

"acepto, acepto", sus únicas palabras y Robin no perdió el tiempo para colocar el anillo en el dedo anular de su mano izquierda.

A partir de ese momento ya no pudieron desprenderse nunca más, querían vivir juntos para el resto de sus vidas.

"¡Robin!", la voz de su amigo, lo sacó de sus recuerdos.

"hola doctor, ¿cómo usted está?", saludó, recordar ese día tan especial lo hizo llorar.

"vengo para la revisión de mi paciente más querida", bromeó un poco, su estado de tristeza era totalmente comprensible.

"lo espero afuera entonces", respetaba mucho a su amigo, consideraba que era una persona muy sabia para su corta edad, porque debía ser de su misma edad aproximadamente.

Pasado un momento, el doctor salió del pequeño cuartico con una expresión de pocas esperanzas.

"¿cómo la encontró?", preguntó muy afligido.

"no tengo buenas noticias, debemos administrar otro tipo de medicamento, que estamos utilizando no le está haciendo el efecto esperado", explicó, e interpretó que Robin no entendía nada en lo absoluto, pero como era una persona educada, no interferiría en las decisiones médicas .

"usted haga lo que se deba hacer, la vida de mi esposa está primero", afirmó y era cierto, sus esperanzas comenzaban a caer, pero el amor por Regina lo mantenía de pie y luchando por ella hasta las últimas esperanzas.

El doctor solo le dio un asentimiento con su cabeza y se marchó.

Después de ese día, su rutina continuó, la intensa lucha por no separase del lado de la mujer que amaba se complicaba cada vez más, era casi imposible no llorar por verla así, casi sin vida, Regina era una mujer llena de vigor, su sola presencia irradiaba luz por doquier, todos la admiraban por su inteligencia y habilidad en el negocio familiar, hechizaba a todos a su paso, cada ropa que usaba lo dejaba sin aliento, en los momentos de extrema tristeza en los que creía abandonar toda esperanza, su corazón lo sorprendía con un recuerdo distinto de su vida juntos, recordaba que el día de su boda fue extraordinariamente feliz, era imposible no recordar ese día cuando se paseó por el altar del brazo de su padre y con el ramo de flores, las que ante su belleza resplandeciente dejaron de tener importancia, cada paso que daba su aliento abandonaba su cuerpo y su corazón quería salir volando por los cielos, profesaron su amor verdadero para toda la eternidad y fueron la envidia de la fiesta porque se respiraba amor a su alrededor, luego la luna de miel en Venecia fue de ensueño, prometieron que en cada aniversario visitarían una ciudad distinta, donde pudieran disfrutar de su amor como el primer día.

Tres años habían transcurrido de aquel trágico accidente que le arrebató de las manos a sus más grandes tesoros, regresaban de visitar París, por su cuarto aniversario de bodas y de camino al departamento donde vivían, Regina decidió confesarle que estaba embazada, le dio mucha emoción, quería brincar de la felicidad tan grande que estaba sintiendo, pero se esperaría a que llegaran a su nidito de amor como ambos lo llamaban, para disfrutar con plenitud, pero desafortunadamente, al pasar la luz verde un camión se saltó El PARE e impactó su auto, haciéndolos volar por el aire varias veces, de ahí sus múltiples golpes en la cabeza y el bebé no sobrevivió, sus lágrimas caían deliberadamente, salió del cuarto para no transmitirle tristeza a su esposa y pudo ver claramente que el doctor se acercaba, pero no venía solo, lo acompañaban otros doctores.

"Robin, tengo malas noticias", el corazón se le subió a la garganta, se quedó sin habla y el doctor lo interpretó muy bien, "ha pasado el tiempo reglamentado por las normas del hospital y debemos desconectar a Regina", la noticia no puso ser peor.

"pero…", solo esa palabra pudo salir de sus labios y de inmediato los doctores entraron al cuarto, al parecer no era una petición de permiso, la decisión estaba tomada, al darse cuenta, corrió tras ellos y vio que ya habían comenzado todos los preparativos para ejecutar su misión, las lágrimas no cesaban, su nerviosismo solo le permitió hincarse ante la cama de Regina y tomarle la mano, la cual besaba con mucha tristeza, definitivamente ese accidente lo hizo perder su vida entera, no lo podía creer, las últimas esperanzas de tener a Regina de vuelta se le estaban esfumando como si sostuviera entre sus dedos, un puñado de arena.

De pronto, los equipos que la mantenían con vida se apagaron y procedieron a desconectar cada cable y cada suero, junto al respirador artificial, para declarar la hora de su partida definitiva, pero Robin no se resignaba, no podía hacerlo, su corazón no se lo permitía, entonces se levantó de su posición para hablarle muy pegadito a su oído.

"vuelve a mí amada mía", fue un susurro que solo ellos pudieron escuchar, nada ocurrió, al doctor que tanto cariño les tenía, se le partió el corazón.

"vamos Robin", le extendió la mano para sacarlo de la habitación y darle apoyo, no era fácil lo que estaba viviendo.

"no, de aquí no me muevo, no puedo aceptarlo", ahora la sostenía de su mano nuevamente, "¡Regina mi amor!", exclamó al sentir un ligero apretón en sus dedos que le erizó toda la piel, su atención se desvió hasta ella, el cuarto quedó en total silencio, Regina lentamente abría sus ojos, era un verdadero milagro que ninguno podía creer.

"a… agua", fue su primera palabra, la que le costó mucho trabajo para decir, le dolía todo y su garganta ardía en llamas.

Estaban en paro, no sabían qué hacer, pero solo fue unos segundos porque reaccionaron para poder revisarla y con mucha sutileza y maestría profesional le pidieron a Robin que esperara a fuera.

Aunque se fue en contra de su voluntad, porque no quería separarse de ella, la sonrisa no se le borraba de los labios, sus ojos parecían dos estrellas y su corazón corría a kilómetros por segundo.

La impaciencia porque los doctores terminaran, lo estaba consumiendo, no podía esperar un segundo más para tenerla entre sus brazos, así transcurrió aproximadamente una hora, ya no sabía qué haría, si caminar, correr, pasar sus manos por su cabeza, ir a la cafetería por un té frío que lo relajara, o si saltar, gritar o cantar, pero ninguna de estas tres últimas estaban permitidas, estaba en un hospital, debía comportarse, entonces cuando estaba al borde de una crisis por la desesperación, la puerta del cuarto de su esposa se abrió y la cabeza del doctor Whale se asomó haciéndole un gesto de mucha alegría para que entrara, no perdió ni un segundo para obedecer.

Cuando estuvo dentro los ojos de Regina lo miraron intensamente, quería ir a su lado, pero los doctores tenían otro plan.

"hemos acordado que permanecerá internada unos días más para practicarle varias pruebas, pero lo felicitamos, lo peor ha pasado", le informó uno de los doctores y como si todos se hubiesen puesto de acuerdo para impedirle el paso cada uno comenzó a darle un informe detallado sobre el estado de salud de Regina después de salir del coma, lo supo porque ella y Whale, de vez en cuando se miraban y discretamente sonreían, sinceramente no entendía nada de lo que escuchaba y la verdad era que ni atención estaba prestando, solo quería que terminaran con su clase magistral de medicina para comerse a besos a su esposa, de solo pensar en saborear nuevamente sus labios, se perdió en su propia mente haciendo cuenta de todos los besos que en estos tres años no habían podido darse, deuda que pensaba compensar con éxito y lo más pronto posible.

"¡Robin!", la voz que tanto había ansiado escuchar, lo sacó de su sueño para de pronto mirar a su alrededor y ver que los doctores ya no estaban.

"amor", corrió hasta la cama, muy despacito se sentó a su lado como ella le indicaba con sus manos, "todavía no puedo creerlo", seguía hablando sin darle oportunidad de nada, "saberte perdida fue la peor sensación que he sentido en mi vida", estaba eufórico y las palabras salían como un baile de carnaval, "no pude separarme de ti", no respiraba, seguía hablando, "me dolía dejarte aquí, solita, sin mí, ¿y si despertabas y no estaba para ser la primera imagen que vieras?", las lágrimas comenzaron a mojar sus mejillas, sin previo aviso silenciándolo de inmediato y Regina le sostuvo las manos para acariciarlas con mucha delicadeza.

"me salvaste, tu amor me devolvió la vida", se miraron con mucha intensidad y Robin no perdió ni un segundo más para besarla, fue un beso hermoso que ambos disfrutaron porque al fin, la vida había sido bondadosa y les permitió reunirse nuevamente, para nunca más separarse.