Disclamer: Dragon Ball no es mío.
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Lado A, lado B
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Bulma tenía entre sus manos un arma letal, que confeccionó con algunas piedras minerales y cristales preciosos, obtenidos en sus viajes a distintos planetas. En busca de diversas fuentes de energía que pudiesen servir al maldito imperio del Gran Freezer.
Noches sin dormir confeccionando aquel artilugio capaz de inmovilizar a un saiyajin o soldado de Freezer. Pensaba escapar, matando a cuanto soldado se le pusiese en frente, y, con algo de suerte (y ayuda de sus amigos terrícolas), eliminar al príncipe Vegeta. Su más grande obstáculo para abandonar Vegita.
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Freezer logró hacerse de diversos planetas a lo largo de su reinado del Universo. Entre ellos, se encontraba la Tierra, un lugar que logró doblegar sin mucho esfuerzo.
Realmente, no era él quien realizaba el "trabajo sucio", sino los guerreros saiyajin a quienes tenía entre sus tantos súbditos.
Los saiyajin saqueaban los planetas, mataban a su gente y establecían colonias. Pero, en algunos casos, secuestran a habitantes "útiles" a sus fines.
Los esposos Briefs, fueron algunos de los rehenes que el imperio de Freezer requería para reforzar su área tecnológica.
Al saber de sus inventos y gran inteligencia, fue obligado a ir junto a su esposa e hijas (una recién nacida de cabellos lilas y una niña rubia).
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Y así vieron los días los Briefs, en Vegita, entre laboratorios tecnológicos y una pequeña casa, estratégicamente ubicada lejos de la ciudad saiyajin, y fuertemente custodiados.
No fue fácil "convivir" con los saiyajin y los soldados de Freezer. En principio, nadie quería trabajar, a la par o bajo, las órdenes de un humano, catalogado por todos como una "raza inferior" en fuerza e intelecto. Pero con el paso del tiempo y los resultados de su trabajo, pudo lograr cierta importancia en un planeta tan hostil. La familia Briefs se hizo indispensable.
Mientras Bulma crecía, sus ansias de liberar a su familia crecieron día a día. Tanto como sus conocimientos en tecnología e ingeniería, junto a su padre… Y es que su interés por la profesión de su progenitor le fue heredada, pero, por otro lado, se le hizo indispensable aprender todo lo posible para ser útil al imperio, pues no deseaba terminar vejada o muerta por no "ser importante" para el Gran Freezer.
Odiaba sentir esa presión sobre sus hombros; pero debía sentirla para continuar con vida, ella y su familia. Había visto a gente ser asesinada por el soldado Zarbon, Dodoria y demás lacayos serviles a la dictadura de Freezer; murieron aquellos que dejaron de ser útiles, quisieron escapar o simplemente le negaron algo al Imperio. O simplemente por el placer de hacerlo.
Otro era el caso de las mujeres (de la especie que fuera), que les servían como concubinas a los saiyajin, esclavas sexuales o simplemente como complemento en la limpieza y el orden del planeta.
Su hermana Thights, por sus altas capacidad, fue enviada a la habitación de controles. Allí ella desarrolló todo el sistema electrónico que permite el funcionamiento de los ascensores, cámaras de recuperación, iluminación y demás funciones en el planeta. Además de encargarse de la construcción de naves espaciales y su mejoramiento. Definitivamente su familia estaba destinada a destacar en las ciencias. Por ello, anhelaba escapar con su familia de las garras del imperialismo saiyajin y el de Freezer.
Thights y ella pasaban semanas enteras ideando distintas formas de escapar de Vegita, pero ninguna destinada al éxito sin la ayuda de la "fuerza bruta". Ninguna arma le permitiría escapar sin alertar a los soldados.
Ni la ayuda de Krillin, Yamcha y algunos otros humanos de gran fuerza era suficiente, aunque ellos vivían en el planeta como esclavos del Imperio para conseguir diversas fuentes de energía para el planeta. Eran enviados a minas lejanas con un único fin. Y, aunque se hicieron fuertes peleando contra los habitantes de los planetas a los que viajaban, jamás sus habilidades se comprarían con la gran fuerza de Freezer. O los aliados de este: el joven príncipe Vegeta, el Rey Vegeta o los soldados saiyajin. En todos los escenarios perdía la contienda.
Destinados a servir, de una forma u otra. Pero Bulma no estaba dispuesta a continuar ese legado, pero sí su idea de escapar, por imposible que pareciera en sus estadísticas.
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Un día, a sus 24 años, se le presentó una oportunidad "de oro".
No sabía exactamente qué capricho nuevo había cruzado la mente del príncipe Vegeta, que, aunque fuese un soldado de Freezer, no dejaba de darse la importancia que le otorgaba el fenecido reinado de su padre muerto.
Envío a un soldado saiyajin exigiendo la presencia de su padre ante la el príncipe heredero. Pero ella se opuso rotundamente, pues su padre era un hombre de tercera edad y temía que fuera maltratado por él. Kami sabe que no sería la primera vez que algo así sucediera. Ya había visto a su padre sufrir ataques de ellos al oponerse a ideas imposibles o mal planteadas.
¡Eso no y de ser necesario ella ocuparía su lugar!, aunque eso la expusiera a una gran amenaza.
Pero no fue necesario llevarla a los cuarteles del planeta Vegita, porque la reunión se daría en ¡su propia casa!
La sala fue registrada para comprobar que nadie escuchara la conversación.
−¡No se dan cuenta que solo estoy yo, idiotas! −soltó ella, mientras era sujetada del brazo por uno de los saiyajin. El desorden que habían impuesto los soldados era una burla a su tranquilidad y obediencia al Imperio. Sus muebles fueron girados de lado opuesto; su mesa de centro yacía tirada en un rincón de la sala. Y sus lámparas rotas en el suelo.
−¿No son ustedes tan brillantes para hacer unas nuevas? −pregunto Vegeta al notar la insistente mirada de la joven sobre las lámparas rotas.
Levantó la mirada, sorprendida. Allí estaba él, con los brazos cruzados sobre su pecho, frente a Bulma, sin mayor ceremonia. No lo oyó entrar.
−Soy una genio, no me preocupa poder hacer otra... −la lámpara había sido un regalo. Su ceño se frunció más al recordar.
−¡Hum! No vine aquí a discutir estupideces. ¡Salgan! −ordenó a los soldados que que entraron a los soldados.
Libre, Bulma se frotó las muñecas de las manos, con una expresión de dolor que satisfizo a Vegeta por breves momentos. −¿Qué rayos quieres de mí?
−¿Cuántas veces debo decirte, mujer terrícola, que no somos iguales? −dijo mientras se acortaba peligrosamente la distancia entre ellos.
−No veo muy distintas nuestras funciones en este planeta: ambos le servimos a Freezer −replico mirándolo a los ojos, sin miedo a su suerte. No veo porqué deba tratarte distinto.
−¡Debería matarte por desafiarme de esta forma! −tembló frente a aquella amenaza y el grito desaforado de su interlocutor. Pensó en cuidar su lengua o su vida acabaría ahí mismo, sin siquiera haber intentado su objetivo: escapar junto a su familia.
Vegeta consiguió relajar su postura y expresión al ver el temor que impuso en la muchacha. Era lo que buscaba: imponer miedo. Era su única forma de conseguir sus propios objetivos.
Aunque ante Freezer debía dejar de lado su ego y seguir ordenes para sobrevivir.
Pero estaba harto de aquella vida de subordinación, él era un príncipe saiyajin, su lugar era el que tenía Freezer. Eso buscaba, derrocar a ese insecto a como dé lugar. Conseguirlo no sería fácil, pero tenía que intentarlo.
Sabía que ni todos los saiyajin juntos que quedaban en Vegita lograrían acabar con él en batalla. Solo había un camino. La inmortalidad.
Hace unas semanas, al invadir y saquear un planeta llamado Namekusei, escuchó de unas esferas del dragón, que, al ser reunidas, podían cumplir cualquier deseo. Pero no sería fácil ubicarlas, y para ello, necesitaba ayuda de la tecnología.
−Escúchame bien, terrícola le espetó mientras apretaba uno de sus puños frente al rostro de la aterrorizada mujer−; nada de lo que se diga en esta casa debe ser repetido en ningún lugar del planeta o acabare con tu vida y la de tu familia. Para mí, seria como acabar con un montón de insectos.
No obstante, sabía que aquello le traería un serio problema con Freezer; estaba seguro de poder conseguir reemplazo para esa familia. Aunque sabía también que seria muy difícil, por la fama de eficiencia que los Briefs habían adquirido, no lo podía negar.
−¿Q-Qué es exactamente lo que necesitas? −preguntó haciendo un enorme esfuerzo por no llorar, conteniendo la rabia de verse a sí misma, una vez más, en la posición de una subordinada.
Vegeta sonrió maquiavélicamente.
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El radar estaba sobre la mesa, junto a una pistola de energía, capaz de crear un campo magnético que paraliza a quien lo reciba.
Antes de que Vegeta pudiera reunir las esferas del dragón, estalló una guerra sin igual en el planeta.
Los saiyajin se habían enterado de los planes de Freezer para eliminar el planeta. Ni ellos, ni Vegeta estaban dispuestos a permitir que eso sucediera.
Nunca había visto determinación tal en ningún ser humano o saiyajin que hubiese conocido. Vegeta le había pedido construir una cámara de entrenamiento portátil, capaz de graduar la gravedad en su interior.
Él quedó maravillado con sus capacidades y con la nave.
−Me hare más fuerte −le aseguro, mirándola sus ojos azules, con absoluta seguridad− y conseguiremos derrotar a Freezer. Seré el super saiyajin al que tanto le teme.
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Y la guerra había estallado.
Vegeta la miró con una sonrisa curva, impregnada de incertidumbre, intuyendo que tal vez, sería la ultima imagen que vería en su vida.
Bulma lo observó con el mismo anhelo contenido en su mirada azul y sus labios. No había vuelta atrás, sería morir o morir. Había oído siempre a todos los saiyajin mencionar lo invencible que era Freezer. Que su verdadero poder era desconocido por todos.
Tocó el rostro de Vegeta con sus finos dedos, un toque a cada lado. Al no hallar rechazo en su mirada, se armó de valor y lo besó.
La recibió y fue correspondida. Su mejilla contra la de ella, cálida, más cálida de lo que imagino tantas veces. O quizás era el frio de la muerte que comenzaba a cernirse en el viento.
La necesidad de oxigeno se hizo sentir en sus pulmones. Al separarse y aspirar el aliento del otro, sabían que quedaba menos tiempo para continuar juntos.
No hablaron. Todo estaba dicho.
Lo vio emprender vuelo hacia el campo de batalla. Mientras su corazón se iba con él.
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Notas de autor:
Hola. Sean bienvenidos a mi primer fic AU VegexBul (y espero sea el primero de muchos). Este corto escrito está inspirado en múltiples historias narradas a puño y letra de fickers que están retirados de este mundillo.
Y es precisamente la ausencia de ellos lo que me impulsó a escribir el mío, para cubrir esos vacíos en mi camino como lectora.
El nombre de mi fic está inspirado en aquellos casetes que se usaban, hasta finales de la década del 90, para escuchar música. Ambos lados del álbum de un artista.
Bueno, mi fic, evidentemente tiene dos lados.
El lado de Vegeta en este AU, lo escribiré en cuanto tenga tiempo XD.
En AU Freezer logra conquistar la tierra antes del nacimiento Goku.
Lamento cualquier error escrito o respecto a la historia de Dragon Ball, realmente estoy a años luz de igualar los conocimientos de los verdaderos fans de la serie. Pero me gusta la idea de intentar hacerme de cierta importancia aquí, respecto a lectores. Por ello, estoy predispuesta a recibir criticas que me ayuden a conducirme mejor en Fanfiction.
Espero les guste este primer avance.
Gracias por leer.
Tati.
