Disclaimer: la historia que leerás es totalmente una idea que surgió de mi cabeza. Los personajes no son de mi propiedad.

Inspirado totalmente en un evento NPC de Red Dead Redemption 2, en Mafia Definitive Edition y en Far Cry 3.

Un agradecimiento súper especial a las amigas muy queridas de mi parte y autoras de nombre Lovepeachy y LadyDi-Moon, por presentar sus propias versiones de este fanfic, pueden pasar a leer sus fanfics tanto aquí en Fanfiction como en Wattpad.

La imagen que representa la portada no es mía, es del artista Arctic Scarf.

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Disfruten

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ADVERTENCIA: CONTENIDO VIOLENTO Y SUBIDO DE TONO.

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(Sugerencia: colocar el tema de Mafia definitive edition Theme)

Década de 1950, Nueva Orleans.

Un tiempo próspero para el mundo en desarrollo.

La tecnología yendo hacia los hogar.

Los sueños del hombre cada día disparándose más y más.

La mujer obteniendo poco a poco un poco más de privilegios y la sociedad ya casi completada en un rompecabezas para lo que sería el futuro.

El amor en su máxima representación.

Un mundo donde la humanidad había vivido en el pasado con la guerra.

Un mundo de frutos que nacían de manera nueva y esperanzadora.

La ciudad de Nueva Orleans siendo la cima en cuanto a la urbanización, el jazz, la comida y la extravagancia que jamás se hubiera logrado, sino fuera por el emprendimiento de parte de miles de hombres y mujeres emprendedores.

La vida como la tranquilidad para muchos.

Y el amor… Solo de una y de nadie más…

Comenzando así está historia…

AMOR MÍO Y SOLO MÍO.

La vida de Elsa Arendelle era de las más pacíficas y glamorosas que tenía.

Afortunada en el amor y en la vida.

Hermosa, atractiva y siendo el sueño de todo hombre…

¿Qué podía faltarle? Nada en absoluto.

Toda su historia comienza siendo desde que era una niña muy enfermiza y débil.

A temprana edad, intentaba sobrevivir pero constantemente se enfermaba.

Había perdido a su padre en la segunda guerra mundial, cuando ya no era del todo una niña, ahora siendo una hermosa joven que ya era vista por algunos adultos, como la única para que algún afortunado pretendiera conquistarla.

Siendo desde que era esa niña enfermiza, la afortunada en tener a Hans Westergaard como su único amigo.

Pero llegó el tiempo exacto en que se habían enamorado ambos a tal punto que intentaban verse de vez en cuando para salir a pasear, divertirse, bailar, comer en los pequeños restaurantes que había en su pequeña localidad, y porque no, besarse aunque fueran sus besos torpes e inexpertos.

Con la segunda guerra mundial y teniendo que ir tanto su padre, como su novio, Elsa se quedó sola, afrontando las consecuencias de lidiar en un mundo un tanto hostil y para nada agradable.

Con su novio de vuelta a casa y sabiendo que su padre había muerto en combate, gracias a una carta, Elsa había dejado la timidez y se había vuelto mucho más extrovertida a tal punto que había aprendido varias cosas y manualidades mientras los hombres en los que había confiado, habían estado matando Nazis en Europa.

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Regresando de un largo camino de patriotismo y honra al país que en parte lo había mandado a la guerra, Hans llegó a su hogar que había empezado a compartir con Elsa, antes del comienzo de la guerra y que ahora había vuelto porque ya había concluido con todo.

Tocando el timbre del que había sido su hogar anteriormente, rápidamente escucho como alguien bajaba por las escaleras para abrirle la puerta y dejarlo ingresar al lugar.

Esa tal persona, se escuchaba elegante en su andar y en sus pasos, los cuales eran producto de sus refinados tacones de la época.

Esperando como todo un caballero, al abrirse la puerta, está última acabo revelando a la anfitriona.

Dicha persona era ni más ni menos que la hermosa chica rubia que tiempo atrás había dejado, con el fin de cumplir su palabra de hombre en la guerra ante el gobierno norteamericano.

Al abrirse la puerta y vislumbrar a la joven platinada, no pudo evitar saludarla de manera dulce y coqueta – Hola… Elsa– quedando un poco atónita ante la llegada de su antes novio, la mencionada joven tímidamente le levantó su mano y lo saludo al muchacho de cabello colorado – Hola...–.

Nerviosa ante el hombre que aún amaba, Elsa termino retrocediendo para dejarlo entrar a su hogar.

Al entrar, Hans cerro la puerta mientras lentamente la arrinconaba a la joven.

Mientras estaba por quedar atrapada en los brazos fuertes y ejercitados de Hans, en cada lado de su cabeza, Elsa lo empezó a mirar con bastante lujo de detalle, observando su pronunciada barbilla, sus ligeras pecas, sus ojos verdes esmeraldas, su piel de un casi tono durazno y su indumentaria militar.

Chocando contra la pared, la joven acaba quedando a partir de ese momento a merced del atractivo pelirrojo.

Observando cada parte perfecta del cuerpo de la joven, Hans rápidamente no duda mientras la acorrala a la muchachita, en unir sus belfos y tomarla a la chica como suya.

Pactado su amor en un deseo cargado de lujuria, y estando a poco de empezar con lo más salvaje y lujurioso, se ven interrumpidos ambos, debido a que la misma chica lo logra detener al apuesto cobrizo antes de siquiera intente este último tirarle el vestido al suelo.

– Espera… ¡Hans! ¡Je, je, je!– intentándolo detenerlo entre risas mientras el mencionado la toma de las caderas y la espalda para darle varios besos y chupetes en el cuello, Elsa lo interrumpe antes empiece el pelirrojo a desnudarla.

Deteniéndose a pedido de la jovencita, Hans se digna a separarse y a cuestionarla por aquello – ¿Qué pasa? ¿Acaso no deseas que lo hagamos?–.

Tomando a la joven platinada de la cadera mientras la mencionada chica se apoyaba en su pecho del muchacho; ambos se observan con detenimiento, en tanto desean intentar quitarse sus propias prendas y unirse hasta el amanecer del siguiente día.

Estando un poco despeinada, Elsa le responde con un titubeo – No es eso, simplemente que… Vienes de muy lejos y por lo que veo, lo mejor será que comas algo, para recuperarte–.

Asintiendo ante la cuestión por la cual se detuvieron, Hans le dice mientras lentamente baja su mano hasta el trasero redondo de la muchachita, y lo empieza a tocar con intenciones de desprenderla de sus prendas finas y glamurosas – Está bien. Adoró tus platillos. Mientras estaba en combate deseaba volver a probar tu comida pero no podía porque… Ya sabes, un chico en la guerra, no puede desertar–.

Separándose de forma cordial de la joven y arreglándose tanto él como la chica, ambos se dedican una sonrisa y rápidamente la mismísima chica lo lleva a la cocina para prepararle algo delicioso para ese día.

Volviendo otra vez después de muchísimo tiempo que Elsa le volviera a cocinar a Hans, este queda cautivado con el sabor y el aroma de lo que la dulce joven platinada le empieza a preparar.

Preparándose Hans para comer después de que la muchacha le avisa que la comida ya está lista, Elsa le entrega el platillo para que el mismísimo pelirrojo se deleite con la delicia que hay.

Uniéndose al joven pelirrojo, Elsa también se consigue servir de comer y empieza a degustar el mismo tipo de platillo que Hans degusta.

Entre risas, platicas, el compartir pequeños pedazos de alimentos con los cubiertos y dándose besos como verdaderos novios, la tarde termina transcurriendo tranquila y con un aire frío que les quema los pulmones con cada inhalación mientras por fin se habían puesto a platicar amenamente, y después de haber concluido en la mesa.

Mirándolo a Hans y sin quitarle un ojo de encima, mientras se acaba mostrando interesada, la joven blonda termina escuchando todo lo acontecido que Hans hizo durante y después de la guerra.

Enternecida mientras lo mira fijamente a Hans y sin interrumpirlo, en ese instante, Elsa termina anhelando lanzársele y tener relaciones íntimas hasta el hartazgo, pero prefiriendo mejor respetarlo hasta que el pelirrojo deseará tener relaciones o hacer otra cosa.

Mientras cada palabra que Hans pronuncia, acaban siendo música para sus oídos, Elsa en el fondo de su corazón, confiesa lo mucho que lo extraño.

Por fin teniéndolo de vuelta en su hogar.

En tanto platica, el pelirrojo, sin detenerse, de alguna manera, el teléfono empieza a sonar.

No queriendo ninguno de los dos levantarse para responder el teléfono, al final es Hans quién viendo que su novia estaba más concentrada en la plática que en lo que acontecía a su alrededor, decide él mismo, levantarse de su asiento y tomar el teléfono para ver de que o quién se trata.

Sonriendo la muchacha mientras su pareja se dirige a contestar el teléfono, Elsa da las gracias de que por fin lo tenía a Hans, para ella.

Los planes que tenía eran muchos: Tener hijos a futuro, mejorar su hogar, y porque no, buscar amigos en otros lugares.

Habiendo concluido con su llamada, Hans acaba regresando hasta donde esta la joven, aunque su regreso al final no es para nada alegré.

Viendo lo decepcionado que esta el pelirrojo, Elsa le consigue preguntar con un pequeño miedo que probablemente aumentaría en su ser – ¿Sucede algo, amor mío?– mirándola fijamente y tomando asiento, Hans le confiesa con un trago amargo (y arrepintiéndose de haber dado el número de teléfono de su hogar) – Tengo que volver al cuartel–.

Abriendo sus ojos como platos al escuchar la tremenda confesión que el mismísimo pelirrojo le termina dando, Elsa no puede evitar casi saltar de su silla, puesto que ya lo tenía a Hans y ahora lo iba a volver a perder.

Mostrándose un tanto incrédula, Elsa le termina diciendo – ¿Qué? Pensé que…–.

Casi incapaz de no creer nada de lo que le acaba confesando el atrevido pelirrojo, Elsa comienza a entristecerse al punto de que está casi a punto de empezar a llorar, pero por algún motivo las lágrimas se quedan atoradas en sus párpados.

Sabiendo que lo tenía y lo iba a volver a perder.

Al igual que la joven, Hans también acaba quedándose triste, pero no quedándole otra alternativa, y teniendo que cumplir con su país y con su gobierno – Elsa, mi deber como soldado es cumplirlo a como de lugar. Todo lo que te dije de la guerra era verdad– le termina diciendo mientras la toma a la muchachita de ambas manos.

Negándose rotundamente a mirarlo debido a la decepción que empieza a sentir, Elsa le responde con sus ojos ya derramando las primeras lágrimas – ¿Me dejaras sola? Todo este tiempo he estado sola. No he dejado que ningún hombre me toque por desear que vuelvas a casa. Ahora que te tengo me vas a volver a abandonar, solo por demostrarle a esa gente que los quieres más que a mí–.

Intentando Hans, comprenderla a su amada chica, mientras tiene ambas manos de la mencionada joven en sus manos, Hans les deposita un beso para intentar al menos apaciguar el daño que lentamente le ha provocado a su amada.

Sollozando a tal punto de pensar que Hans no le interesa y no la ama verdaderamente, Elsa escucha atentamente a este último, decirle con decepción y mientras intenta limpiarle las gotas saladas de sus ojos – Te amo mucho, Elsa, pero no tengo elección. Soy sargento, ahora. Me gane ese privilegio después de cumplir muy bien mi papel en la guerra. Créeme que me decepciona no estar contigo… Pensé igual que tú mi dulce copito, pensé que estaría a tu lado, pero…– incapaz de concluir con sus palabras, Hans se le hace un nudo en la garganta e intenta después de unos segundos, abrazar a la joven con el único fin de calmarla a su amada.

Inconcluso por la tristeza, Elsa toma la palabra para decirle mientras logra separarse del fuerte muchacho – Está bien, vete, Hans. Cuando vuelvas, seguramente ya habrá alguien que me haya tocado y amado, más de lo que tú, Hans, puedes–.

Decepcionada la joven platinada, se levanta de su asiento para al instante irse corriendo hasta su habitación; habitación que deseaba compartir con Hans, una y mil veces.

Hans al observar como la joven huye de él, intenta en vano llamarla y perseguirla – Elsa…–.

Habiéndose encerrado en su habitación, la joven le dice mientras produce fuertes sollozos, producto de que Hans la ha abandonado – Déjame, sola…–.

Intentando ingresar a la habitación donde la chica se ha encerrado, Hans empieza a forzar la puerta, pero en vano, no consigue abrir ni entrar a la dichosa habitación.

Triste al darse cuenta de que alejo a la mujer que amaba, Hans se retira lentamente del sitio hasta dirigirse a la sala principal, para y únicamente descansar con tanta tristeza.

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Con la noche habiendo llegado.

Hans consigue entrar a la habitación de la chica, a través de la ventana.

Elsa habiéndose quedado dormida producto de sus pequeños y deprimentes sollozos, despierta algo asustada, al darse cuenta de que Hans está en la habitación.

Un tanto paralizada, escucha el momento en que el pelirrojo toma asiento en el borde de la cama y le dice con decepción – Te amo, Elsa. Discúlpame, mucho–.

Inclinándose hasta la susodicha jovencita, Hans logra acercar su rostro hasta la joven rubia, y al instante le planta un beso dulce en la mejilla.

Sintiendo la amargura que su chica posee, Hans se reincorpora, para rápidamente dirigirse a la puerta y quitarle el seguro y luego abrir la dichosa puerta para casi estar a punto de abandonar la habitación.

Parándose en la entrada y casi listo de irse, finaliza el pelirrojo con – Te veré en unos días–.

No escuchando una respuesta de parte de la joven platinada, el colorado al final y definitivamente decidido, abandona la habitación, cerrando la puerta y empezando a derramar unas dos lágrimas de un mismo ojo, producto de que la ha nuevamente abandonado a la joven blonda.

Estando sola en la solitaria habitación, Elsa dice entristecida – Hans. Yo también te amo– cerrando la platinada sus ojos nuevamente y esperando hasta el amanecer.

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Echando de menos ver el rostro de Hans, una vez más, Elsa no consigue quitarse de su mente y extrañar al mencionado pelirrojo, aunque esté último la haya desilusionado.

Regando aquella mañana con agua sus plantas y coloridas flores como siempre y dándose cuenta de que las únicas cosas en la vida, las cuales son más leales que un hombre, son sus hermosas y coloridas plantas que adornan su jardín, es interrumpida por una mujer regordete de nombre Gerda (la cual es su vecina), la cual la termina saludando a la joven platinada, una vez que se recarga en la cerca de madera de la casa de la chica – Vecina, hola…– correspondiéndole el gesto, Elsa levemente alza su mano a nivel de su rostro y le dice – Hola, vecina–.

Habiéndola saludado con desganes y no prestándole atención; tomando inmediatamente relevancia la mujer regordete, está última le termina comentando a la joven mientras se le acerca – Veo que siempre tiene su casa muy bonita–.

Presenciando la joven blonda, el tono de la voz de la mujer, un tanto, nervioso y presumiblemente inseguro, Elsa le acaba respondiendo a su comentario sin denotar casi nerviosismo en su semblante – Uh, gracias–.

Desconfiada la joven en lugar de nerviosa y no queriendo saber nada al respecto de las miles de ocurrencias de la entrometida mujer regordete, escucha a esta última decirle – Oiga, no quiero ser una metiche, pero, siempre la veo sola. Solo el día de ayer, vi al señor Westergaard, regresando y saliendo de su hogar, señorita–.

Sabiendo la chica que su vecina es una mujer un tanto fisgona en el sentido de que se mete donde no la llaman, y recordando el día anterior, Elsa le consigue decir a manera de respuesta a su querida vecina, con un tono entristecido – Si, estaba en la guerra… Una guerra que ya acabo, hace mucho tiempo–.

Comprendiendo la mujer lo dicho por la joven platinada y tragándoselo casi como una verdad, continua la mujer regordete, replicándole – Entiendo. Bueno, no quiero faltarle al respeto y como le dije, tampoco quiero ser una entrometida, pero por un momento se veía triste y luego se mostró alegré, el señor Westergaard–.

Habiéndole mencionado el comportamiento un tanto raro del pelirrojo como si este manifestará otros sentimientos, en ese preciso instante la joven se termina quedando petrificada ante lo que rodea de forma misteriosa a su infalible novio.

Pensando en lo que le había dicho la mujer sobre el cambio de humor en Hans, Elsa empieza a preguntarse de manera mental y sin dudarlo, la siguiente cuestión "¿Tiene acaso bipolaridad Hans?".

– ¿Triste y luego alegré? ¿Qué quiere decir?– inmediatamente y ante su inminente duda, Elsa enarca una de sus cejas al punto de querer cuestionar aún más a la mujer.

Tomando la palabra nuevamente está última, está misma le acaba diciendo a la joven, en tanto mira a otro lado – Bueno, me extraño que haya estado con usted y luego de repente abandonará la casa, como si alguien le hubiera dicho que tiene algo para él–.

Con su sospechosa avisada retumbando en su propia cabeza y pensando que la mujer en efecto está hecha solo para chismorrear y decir una que otra frivolidad, Elsa decide informarle y justificarle de manera clara a la mujer, aunque la duda persista en su cabeza – Fue a su cuartel general, señora Gerda, simplemente. Hans me dijo que tiene un deber–.

Dudando un poco de la aclaración, Gerda rápidamente le dice mientras parpadea confundida; tratando de aclararle mejor – ¿Cuartel general? Con todo respeto, señorita Elsa, pero el cuartel general más cercano, por el momento está casi sin servicio. La mayoría de militares que participaron en la guerra, no han vuelto a pisar otro cuartel general, en lo más mínimo–.

Enalteciendo aún más sus dudas, Elsa empieza a sospechar aún más, por lo tanto le acaba preguntando a la mujer, a lo que se refiere – ¿Qué quiere decir?– tomando un respiro hondo para confesarle que es lo que sucede, Gerda al final le logra decir – Desde que acabo la guerra, mi sobrino, no ha vuelto a pisar de nuevo el sitio que lo reclutó–.

Teniendo más preguntas que respuestas en su inconsciente; Elsa al instante intenta responderse sus propias interrogantes, pero le resulta sospechoso intentar siquiera hacerlo – Es extraño, entonces…–.

Girando su cabeza ante las dudas que persisten sobre Hans, en ese momento Gerda le contesta, continuando con la plática y confesándole – Si, así es. No recuerdo muy bien, pero escuche que decía algo así como, la flor que da fulgor me espera o lo espero. No recuerdo muy bien…–.

Conociendo la joven platinada que cuando eran novios y mucho antes de la guerra, Hans le decía Florecita, no puede evitar cuestionarse tal cosa que Hans pudo decir o decirle a alguien que no fuera ella.

Dudando ante lo compartido como chisme por parte de la mujer, Elsa rápidamente le pregunta – ¿Flor que da fulgor?–.

Asintiendo la mujer e intentando continuar con su chisme después de unos cuantos segundos, pero siendo interrumpida por la joven, escucha como está última le dice mientras baja la mirada – Cuando éramos niños, Hans me decía… Flor y…–.

Incapaz de encontrar respuestas ante lo platicando y casi ya no dispuesta a seguir, Elsa se detiene y no continua lo que estaba diciendo, escuchando en su lugar a la mujer regordete, reanudando y diciendo – Bueno, si estaba alegre, el señor Hans. Tal vez se debía a que estaba por fin absuelto de cualquier deber con el ejército–.

Perdiéndose en las dudas sobre Hans, y mirando en todo momento el suelo, la joven le consigue decir a la mujer con un tono casi serio y confuso – Tal vez– agregando después de unos cuantos segundos y mientras la mujer se le queda viendo esperando a que le diga algo más – Bueno, tengo que irme, señora Gerda. Cuídese–.

Dándose la vuelta para dirigirse nuevamente a su casa y caminando con la cabeza agachada, la joven blonda escucha como última cosa de parte de la mujer – Usted también cuídese mucho, señorita–.

Una vez que entra nuevamente a su hogar y con las miles de cuestiones que se le atraviesan en torno a su novio.

Elsa empieza a sospechar que probablemente Hans la ha estado engañando con alguien más de alguna manera.

Recargándose en la puerta una vez que la termina cerrado y pensando en que hacer, al final decide tomar el impulso suficiente e ir a buscar a su novio al cuartel general del que tanto tenía urgencia ir.

Saliendo de su casa y dirigiéndose en dirección a su vehículo de la época y cuestionándose una y mil veces lo que sucede mientras enciende el motor y avanza, consigue pronunciar en un murmullo – Flor que da fulgor– posteriormente y durante el trayecto de su hogar al cuartel general, dice una y otra vez, el nombre del chico – Hans…–.

Una vez consigue llegar al cuartel general y se detiene para encontrar respuestas, logra observar la ausencia de personas en el recinto.

Asimismo al estar buscando a Hans por todo el sitio, empieza a llamarlo, pero al no recibir una contestación de nadie, decide retirarse del mencionado lugar.

Volviendo a su vehículo y dispuesta a regresar a casa a atender otros asuntos y durante en el corto trayecto que consigue avanzar, se encuentra de forma fortuita con el hombre que estuvo buscando durante ese tiempo.

Agachándose la joven blonda para que no la vea en tanto conduce su vehículo, logra observar como Hans está ayudando a alguien con algunas cosas.

Cargando cajas y llevándolas de un sitio a otro.

Sospechando la joven que Hans le ha ocultado algunos aspectos desde que regresó, decide esconder su vehículo detrás de una de las casas que hay por todo el terreno, y bajar del mencionado vehículo sin que Hans la vea.

Decidida a descubrir sus secretos y escondiéndose en unos arbustos, queda boquiabierta la joven platinada, al observar a una chica rubia casi de su edad que se le acaba acercando a Hans y lo termina ayudando con algunas cajas que contienen algunas pertenencias propias de la chica.

Al mirar con detenimiento a la perfecta chica (que es mejor que ella), Elsa empieza a sentir algo de envidia, pero en ese instante trata de controlarse.

– Me gusta, como se ve, Hans– consigue escuchar de la dulce y refinada boca de la joven rubia dorada, quién lo termina alabando a Hans cuando esté le acomoda algunas de sus pertenencias.

– A mi también me gusta– le dice el pelirrojo a la joven, en tanto finaliza y se le acerca.

Estando cerca uno del otro, la chica con el carácter sofisticado que tiene, le logra decir mientras le coloca sus pequeñas manos en el pecho – Tienes que ver, mi habitación. Créeme te va a gustar–.

Observando en todo momento como Hans y esa chica misteriosa se dirigen miradas de comprensión y placer mutuo, en ese instante, la joven blonda comienza a apretar sus dientes al punto de querer salir y confrontar a su "novio".

Mirando como Hans le da el paso a la joven rubia dorada como todo un caballero hasta el interior del lugar, y entrando después.

Inmediatamente la joven platinada decide ir a asomarse para seguir viendo lo que está pasando.

Al escuchar los pasos refinados de la chica subir junto a los pasos retumbantes de Hans sobre los pisos de madera, en ese preciso momento escucha la joven platinada como Hans le dice a la chica, lo siguiente – Es genial, mi dulce florecita–.

– Gracias, Hans– le acaba diciendo la joven al caballeroso pelirrojo.

Ya no pudiendo captar más al pelirrojo y a la otra chica, Elsa con una decepción infalible, en ese instante empieza a llorar.

Dándose un poco por vencida y sabiendo que Hans la ha estado engañando y siendo incapaz de confrontarlo, decide marcharse del lugar en tanto no deja de lamentarse de manera silenciosa.

Volviendo a su vehículo y dispuesta a regresar de nuevo a su hogar, durante el trayecto empieza a pensar y darse una idea de que debe de hacer.

Nadie le puede quitar a Hans, ni mucho menos una chica como la que había visto.

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Planificando poco tiempo después, ir a ver a Rapunzel a su hogar, en pocas palabras hacerle una visita, Elsa decide que antes de actuar, debe conocer a la persona que probablemente confrontara.

Temerosa la albina, al pensar que encontrará a Hans en la casa de la chica de cabellera dorada, probablemente el pelirrojo estando durmiendo o en la cocina desayunando, al final cambia de pensamientos al darse cuenta de que Hans no se encuentra en ningún lado del mencionado lugar.

Una vez consigue darse cuenta de que Hans no está, mirando la chica para todos lados, decide tocar el timbre del dichoso lugar.

Logrando escuchar los suaves pasos de la joven rubia dorada, caminar hasta la entrada, en ese instante la mencionada chica le termina abriendo la puerta, con un semblante relajado.

Teniendo a la joven cerca, Elsa rápidamente no duda en darle un saludo a la mencionada chica – Hola, vecina. Buen día–.

Correspondiéndole el gesto cordial a la joven platinada, Punzi le dice mientras pestañea suavemente – Buen día–.

Viéndose un tanto nerviosa y no sabiendo que decirle o hacer, Elsa toma un suspiro y luego de eso, le dice a manera de presentación – Eh, soy Elsa Arendelle, vivo a unos cuantos kilómetros de por aquí. Tengo una relación estrecha con algunos de mis vecinos, eh, y cuando te vi, eh… Me emocionó mucho saber que hay una chica como de mi edad… Eh, me gustaría, digo me había preguntado, ¿Por qué no presentarme con una de mis vecinas más desconocidas de toda mi localidad? Y… Bueno, eh… Me preguntaba, si…– mordiéndose el labio la platinada ante los nervios que la acaban invadiendo como piojos en una piel lanuda y mirando a la joven Rapunzel en todo momento, está última la consigue tomar de sus manos mientras la trata de tranquilizar, y en tanto le replica con – Soy Rapunzel Corona, mucho gusto, Elsa. Eh, nunca te había visto, con eso de que hay tantos vecinos, no a todos los conozco, solo algunos, pero si hay muchos–.

Rascándose la nunca y evidenciando algo de ignorancia la dulce Rapunzel, está última le acaba dirigiendo una mirada nerviosa, en tanto la joven blonda le sugiere con algo de tranquilidad – Bueno, como buena vecina que soy, me preguntaba si te apetecería algo de comer, no sé… Tal vez un café o un té, quiero conocerte, teniendo en cuenta que eres nueva, ¿No?–.

Jugando con algunos mechones de su cabello y evidenciando cada vez más algo de miedo, Rapunzel le coloca su mano en el hombro a la joven platinada, consiguiendo calmarla ligeramente.

Negando poco tiempo después la cuestión de que sea nueva en todo el estado, Punzi la termina corrigiendo y puntualizándole – Mmm, no soy nueva, solo estuve remodelando un poco mi hogar y en cuanto a la invitación, hay un restaurante por aquí cerca. Creo que me vendría muy bien conocerte, Elsa–.

– Okey, creo que ambas estaremos encantadas de conocernos mejor– le acaba diciendo la joven blonda a la joven rubia dorada, en tanto le sonríe y se aparta ligeramente para dejarla salir de su hogar.

Tomando como acuerdo dirigirse ambas al restaurante más cercano para hablar y desayunar.

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Habiendo llegando al restaurante que menciono la joven dorada y solicitando una mesa para degustar sus alimentos que ordenaron; no tardan ambas chicas en formalizar lo que en poco tiempo sería sus primeros signos de amistad.

Mientras comen y beben sus tazas de café y/o té, Elsa empieza a avivar la conversación, preguntándole a la joven Punzi, lo siguiente – ¿Vives sola?– dándole una afirmación mientras mastica una galleta, Rapunzel le responde con – Sí, deje la universidad, mis padres murieron y mi madrastra está en un asiló. Estuve en el área de enfermería durante la guerra. Vaya que me sorprendió ver a tantos hombres con las entrañas esparcidas por todos sus cuerpos…–. Añadiendo poco después la joven Punzi, en forma de pregunta – Y dime, ¿Qué hay de ti? ¿También vives sola?–.

Sorprendiéndose la joven blonda ante la pregunta y pensando en Hans, él como este la abandonó y engaño con la chica que yace delante de su asiento, decide contestarle a esta última fingiendo no saber nada sobre Hans – Sí. Mi padre y mi novio estuvieron en la guerra– sin darle tantos detalles la platinada, Rapunzel le dice de forma simple – Oh, ya veo–.

En tanto continúan comiendo sus platillos que ordenaron en el restaurante e incapaz la joven platinada de querer quitarle un ojo de encima a la joven Punzi, Elsa se le cuela por su mente la cuestión del pelirrojo, preguntándole a la joven – ¿Tienes novio?– siendo directamente y demasiado romántica, la chica le acaba informando con enternecimiento – Hay un chico que amo tanto. Es precioso. Ojos verdes, piel casi bronceada, cabello rojizo, estoy enamorada de él–.

Sabiendo que la chica a quién se refiere es ni más ni menos que a Hans, Elsa solo le dice – Entiendo–.

Calándole la frustración y la ira en todo su cuerpo como fuego en una fogata, pero aparentando aún inocencia, Elsa le termina informando a su "Amiga" mientras se levanta de su asiento y se limpia sus finos labios – Bueno, creo que ya me tengo que ir, vecina– replicándole la joven dorada – Bueno, supongo que yo también me tengo que ir, mi novio es probable que no tarde en llegar a casa–.

Incapaz de saber que más decirle o hacer, Elsa concluye con todo, mientras le extiende su mano a la joven, para un apretón – Si, bueno. Fue un gusto conocerte, Rapunzel–.

– No, el gusto fue mío. Me gustó mucho que me hayas invitado a comer. A ver si a la próxima nos volvemos a ver– le corresponde la joven Punzi, mientras le asienta y gira sus orbes de manera coqueta.

Una vez que se dan ambas chicas un apretón de manos, y se despiden de forma cordial, cada una decide irse por su propio lado.

Quedándose en el restaurante a pagar todo lo que pidió la hermosa pero glotona chica, y en tanto la observa salir del establecimiento.

Una vez que se termina retirando completamente, la joven blonda no puede evitar murmurar mientras la mira – Adiós… ¡Perra!–.

Quedándole en claro que debe hacer algo indescriptible antes de que Rapunzel trate de arrebatarle lo que en esencia le pertenece.

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Con el pasar de los días y algunos cuantos meses, ambas chicas formalizan aún más su nueva amistad, conociéndose un poco más, al punto de saber donde vivía cada una y sus propios gustos.

Al mismo tiempo en que se hacían amigas ambas muchachas, la joven platinada ya tenía en mente algo verdaderamente atroz contra su amiga.

Esperando el momento en que llegara y optará por querer pasar a su casa, Elsa preparo un plan que sabía sería el comienzo de algo verdaderamente imparable.

Ese día que había tenido que esperar, había llegado.

Siendo una tarde muy tranquila y sin que nadie estuviera en los alrededores de su casa, en especial sus vecinos, la joven recibió la tan esperada visita de la joven rubia dorada.

Habiendo escuchado el timbre de su puerta y dirigiéndose a atender el llamado de la misma, Elsa recibió a la joven Punzi en la entrada de su hogar, como si ambas fueran parientes.

– Hola, Elsa…– la termino saludando la joven dorada a la platinada.

Correspondiéndole el gesto cordial y respetuoso, la joven platinada le acabo levantando levemente su mano a manera de saludo – Hola Punzi. Buen día. Por lo que veo… Vienes sola, ¿No es así?–.

Una vez que se percata en sus alrededores, que no hay nadie y solo están ellas dos solas, decide la joven platinada abrir un poco más la puerta de la entrada de su casa, con el fin de dejar pasar a Rapunzel, posteriormente.

Antes de tan siquiera dejarla entrar a esta última, está misma le dice a la joven blonda, lo siguiente, y mientras está jugando con sus dedos y algunos mechones de su cabello – Bueno, mi novio desde hace días que no lo veo. Se me hace extraño y pues, aunque lo he estado esperando, él…–.

Conociendo de antemano que Hans es un hombre un tanto extraño y molesto, Elsa logra comprender el punto expresado por su amiga, y sin dudarlo, ahora sí ya, le permite la entrada a su hogar a la joven – Está bien, pasa…–.

Ingresando al hogar de la joven platinada y agradeciéndole mucho con un abrazo a la mismísima platinada, está última le consigue preguntar mientras cierra la puerta con llave – Voy a preparar algo, ¿Te gustaría algo de comer?–.

Siendo como una sugerencia para la joven dorada, está le acaba afirmando en tanto le logra ensanchar levemente una sonrisa – Si… Eres muy amable, Elsi. Estaría agradecida con todo lo que prepares–.

– Está bien, vuelvo enseguida– le acaba diciendo la joven blonda a la joven amante de los camaleones, mientras le asienta con la cabeza y lentamente se termina retirando a su cocina.

En tanto se dirige a su cocina para preparar algo para ambas, la joven blonda consigue decir en un murmullo, lo siguiente y mientras ensancha una sonrisa maliciosa – Bien, ya lo tengo… Es mi oportunidad–.

Sabiendo que solo tiene ese día y no otro, empieza a preparar en su cocina, algunos postres y galletas para pasarla bien, tanto con ella misma como con su amiga.

Ya teniendo y habiendo preparado algo para merendar, Elsa al instante se termina dirigiendo a su mesa para lo que sería degustar lo que preparo ese día.

Dándole el aviso y la señal de acercamiento a su amiga de que ya tiene todo listo, la joven dorada se le acaba uniendo en la mesa, para también degustar los postres que preparo la mismísima platinada.

Quedando cautivada ante los deliciosos panqueques, galletas y el té, la joven Rapunzel le termina agradeciendo a la joven platinada con – Oh, Elsa. Eres tan amable. Gracias–.

Tomando asiento y comenzando a degustar los alimentos como verdaderas amigas que son, por un momento le comienza a extrañar a la joven dorada que su amiga no coma lo que preparo y además le rechace los mencionados alimentos como si estuviera a dieta.

Transcurriendo unos cuantos minutos y sin comer nada de lo que preparo, más que revolver una pequeña cuchara en su taza de té, la joven blonda decide preguntarle a su amiga, la cuestión en cuanto al novio de está última – Me hablas mucho de tú novio. ¿Cómo se llama?–.

– Hans…– le consigue decir la chica, sin dudarlo demasiado.

Sabiendo que a quién se refiere, en efecto es y ha sido su pareja, Elsa termina fingiendo no saber quién es, diciéndole a su amiga – Mmm, me suena, aunque…– incapaz de concluir y fingiendo algunas cuestiones sobre el pelirrojo, Rapunzel toma la palabra y le dice sin demasiado preámbulo, lo siguiente – Siempre está ocupado. A veces pienso que me engaña de alguna forma, pero créeme que yo lo amo y no dejaré de amarlo. Hans es el único hombre que me ha hecho sentir única y aunque me lastimé, no lo dejaré nunca–.

(Sugerencia: Mafia 2 Soundtrack – Main Theme)

Teniendo la joven platinada en claro que su amiga Rapunzel está perdidamente enamorada de Hans, y afirmando como si fuera una chica que le platican de algo que no sabe, rápidamente le consigue preguntar, con una ceja inclinada – ¿Lo amas tanto?– respondiéndole la chica a la joven blonda – Una mujer que ama tanto a un hombre, haría lo que fuera, incluso si eso fuera morir por él–.

Sabiendo la albina que su joven amiga consumió todo lo que ella preparo, incluyendo el postre principal, inmediatamente cambia de tema y sin dudarlo, al instante le acaba preguntando – Otra cosa, dime… ¿Te gusta el sabor de mis galletas que hornee?–.

Dándole una afirmación espontánea con la cabeza, la mencionada chica le logra decir – Me gusta, pero siento que tiene un toque de…–.

Comenzando a sentirse mareada, incapaz de mantenerse estable, acelerándosele su pulso, doliéndole de poco a poco algunas de sus extremidades y viendo todo borroso, la joven Punzi después de unos cuantos segundos al no poder mantenerse estable se termina dando por vencida.

Tirando todo lo que está en la mesa y cayendo al suelo, comienza a arrastrarse mientras no puede evitar vomitar todo lo que ingirió.

– Me está doliendo la cabeza, no me estoy sintiendo bien…– consigue decir mientras se empieza a arrastrar por el suelo.

Al ver a la que fue su "amiga", y levantándose la platinada de su asiento como si nada y cotoneando sus caderas como una verdadera diosa perfecta, está última no puede evitar empezar a mofarse como si nada hubiera pasado – ¡Ja ja ja! Creo que podrías agradecerme mucho, en especial a mis amiguitas Adelfa–.

Observando a la joven platinada reírse y mirarla con presunción y arrogancia, inmediatamente no puede evitar cuestionarla ante lo que utilizo para drogarla o matarla – ¿Qué me hiciste? ¿Y eso qué demonios es?–.

– Te voy a decir lo que es y lo que estás sintiendo… Sientes mi ira por haberte metido con el único hombre que yo en verdad amo…– le consigue responder, la joven platinada mientras levemente se logra inclinar para poder apreciarla mucho mejor a la que estaba considerando su amiga.

Ignorante la joven dorada ante lo dicho por su "amiga", al instante, no puede evitar interrogarla ante eso último – Elsa, ¿De qué estás…?–.

Pegando un pequeño suspiro e inclinándose hasta tocar con una de sus rodillas desnudas por la falda, el suelo, Elsa rápidamente le dice con algo de ira y sarcasmo, lo siguiente – Está bien, te lo diré. Nunca debió haber pasado esto, pero desafortunadamente sucedió. Ahora, lo primero que estás sintiendo son dolores estomacales, luego resequedad y luego al final… Adiós–.

Burlándose su "amiga" del estado por el que está pasando y sintiendo, la misma joven dorada no puede evitar intentar confrontarla a su "amiga", diciéndole con muchísimo dolor y mientras no para de vomitar – ¡Rrrrr! No te saldrás con la tuya, yo… ¡Aaaahhh!–.

Agonizando en su totalidad e incapaz de tan siquiera intentar atacar a la platinada, rápidamente está última se pone de pie para al instante decirle un monólogo – ¡Oh, vamos, por favor! Tú has de creer en mi bondad, ¿Cierto? Bien, te voy a explicar que es la bondad para mí. La bondad es siempre pensar que todos y todas somos buenos, aunque en el fondo seamos unas lacras malditas de mierda. Mira, a veces no creo mucho en ella, porque si creyera en ella, entonces, ¿Por qué hay tanta diferencia y deshonra en este maldito mundo? ¿Por qué hay muchas personas que creemos ciegamente en ellas y siempre somos aplastados por putas como tú? ¿Por qué algunas personas nos ven con malos ojos? ¿Eh?– empezando a moverse de lado a lado y mientras la joven Punzi la continua mirando, la joven platinada continua con – Vives en un mundo donde piensas que todo es color de rosa. Créeme que no es así… Las zorras como tú solo piensan en quitarle los novios y esposos a otras chicas… Chicas como yo, como mi madre y mi abuela… Vienes aquí a mi casa a platicarme unas cuantas mierdas sobre que le haces a Hans. Si sé la chupas, si te la mete en el recto… Créeme que buscaré y si es posible, mataré a cualquier golfa como lo eres tú, así tenga que hacer lo imposible incluso por hacerle ver a ese inútil de Hans, que yo soy su chica y no hay nadie más–.

Ya casi a punto de morir y agonizando en su totalidad, la joven Rapunzel le logra decir con algo de dificultad y mientras ya se le paralizan algunas de sus extremidades por los efectos del veneno – Pagarás muy ca…–.

Aún siguiendo con sus mofas, Elsa reanuda su monólogo, respondiéndole la última cuestión a la joven de cabellera dorada – Je je je. Veo que no solo piensas en la bondad, sino también en la justicia. Lo que estoy haciendo es justicia, pero te platicaré que es la justicia en esa mente de niña que tienes… La justicia es… Es pensar en exactamente la misma mierda de los valores y la lealtad, una y otra vez, y esperar que algo cambie. Es una mierda siempre vista en las películas… ¿Sabes? La primera vez que alguien me la contó, creí que me estaba viendo la cara de puta, pero no era así. Así que lo ignore por un momento. Y bueno, en realidad… Tenía razón. Cada día y a veces se podía ver, una y otra vez, hasta empezar a notarlo. Donde posará mi mirada, casi lo notaba… Ahí estaban esos hijos de perra; hacían exactamente la misma mierda, una y otra, y otra, y otra, y otra vez. Y pensaba; "Esta vez la justicia estará ahí, como siempre. Esta vez será diferente". Lo cierto es que, ¡La justicia solo beneficia aquellos que nunca han sido buenos! Bueno, voy a relajarme. Voy a relajarme. La cuestión es… La cuestión es que ya te maté. Y créeme, aquí la justicia que solo tú te imaginas, está en tus sueños–.

Una vez que concluye su monologo y mira fijamente a su "amiga", se da cuenta al final de que está última ya no pudo más, y en pocas palabras… Está muerta.

Viendo el cadáver de su "amiga" Rapunzel, muerta a causa de una planta venenosa y pareciéndole algo no tan alarmante, la joven platinada en un siseo frustrante, termina diciendo – Menuda mierda…–.

Tomando cartas en el asunto para de una vez por todas deshacerse del cadáver de su "amiga".

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En unos cuantos minutos, Elsa al final acaba llevando el cadáver de Rapunzel al sótano, y ahí lo deja, porque al fin y al cabo, se da cuenta la albina que nadie sospechara, sabiendo que se pudrirá la rubia dorada ahí con el resto de cosas que la misma platinada nunca usa.

Una vez que se deshace del cuerpo de su "amiga" y sonriendo maliciosamente y sintiéndose totalmente liberada, Elsa después de dar un respiro, se termina dirigiendo hasta un espejo empañado en polvo y sin más, se acaba mirando en el espejo mientras se acaricia su aterciopelada piel de su rostro.

Pura como el agua, suave como la seda y blanca como la porcelana.

En tanto se mira y se dice mentalmente muchas palabras halagadoras y conformes, Elsa finalmente se dice ella misma – Era necesario, ¿No lo crees? Te lo pudo haber arrebatado. No seas tonta o ¿Acaso lo eres?–.

Al ensanchar sus labios en una sonrisa malvada, Elsa a partir de ese momento desciende en un punto sin retorno, comenzando así lo que serían los indicios de su locura.

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Un tiempo después y con el paso de los días, las semanas y los meses, Elsa acaba descubriendo que Hans tiene muchas chicas en su haber como Romeo, siendo con cada una un caso distinto a Rapunzel y siendo el colorado todo un Adonis con cada una de las chicas con las que se presenta.

Tal y como descubrió a Rapunzel, Elsa acaba descubriendo a Anna, Aurora, Elena, Sisu, Belle, entre muchas otras más jovencitas que son el interés y distracción romántico del afortunado pelirrojo.

Sabiendo la joven blonda que Hans es suyo y de nadie más, empieza a tapar cabos sueltos y pendientes.

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En medio de la desaparición de muchas chicas tan jóvenes en recientes días, la detective privada y experta en criminalística forense, Caine Quintonia es llamada y ascendida dentro del departamento de policía junto al detective Leopold de Weselton.

Su primer caso los lleva a ambos detectives a un cadáver de una joven.

Encontrado dicho cuerpo en las afueras de la ciudad.

Ahí mientras recaban información y datos de la joven víctima e incluso sospechando los detectives en tanto trabajan, de que semanas antes habían encontrado otros cuerpos de otras jovencitas asesinadas de la misma forma, entablan ambos agentes una conversación – Esto es una completa basura…– le acaba confesando Leopold a su compañera, mientras revisa el suelo por donde arrastraron el cadáver de la asesinada.

Ante la confesión de su compañero, la joven mujer le dice a esté mientras levanta y examina los dedos del cadáver de la joven que habían encontrado – ¿Basura? Es trabajo, nuestro asesino no las viola a las chicas pero al parecer le encanta matarlas mientras agonizan–.

En tanto detiene su labor, Leopold sin más se le termina acercando a la joven castaña y una vez estando cerca e incluso inclinándose ante el cadáver, le dice a la joven detective – Todo eso es extraño. Muertas, sin ningún dato que evidencie si hay muestras humanas como fluidos corporales, si se defendieron las pobres y con días al parecer contados–.

Mientras ambos detectives posan su mirada en el cadáver de la chica asesinada, finalmente ambos agentes se acaban poniendo de pie y en eso la joven castaña y detective le declara a su compañero en tanto se agarra la hebilla de su cinturón cartuchera – Tenemos a un asesino en serie… Suelto por todo el lugar y muy pero muy astuto–.

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Con el tiempo yendo como viento en popa, Elsa poco a poco le comienza a ir encontrando sentido, el ir matando y acumulando tantos cadáveres en los próximos días.

Al ir reuniendo uno tras otro, tras otro y así sucesivamente, la joven platinada cada vez más empieza a buscar la manera de deshacerse de los cadáveres e intenta enterrarlos ella sola en su propiedad incluso sabiendo que algunas chicas tienen meses de muertas y debido a que tiempo atrás no había la misma joven platinada pensado en enterrarlas.

Desesperada empieza a intentar sacar de su hogar los cadáveres que ya no tienen cabida en su hogar, pero su peculiaridad y deleite por seguir matando, lentamente van creciendo como la espuma; en lugar de bajar sigue adelante y sin que nada la paré.

Aquel día en que se disponía a deshacer de uno de los cuerpos de una de las chicas, Elsa se vio interrumpida en su acto debido a que aquel día sin previo aviso y sin ningún compromiso, se acaba topando con una jovencita de nombre Cassandra, la cual es una chica viajera y muy pero muy hermosa, además no tiene nada que ver con Hans.

Al invitarla a comer y sin que se de cuenta la joven pelinegra, Elsa la termina encerrando en su propiedad.

Lo que desencadena que después de que la joven viajera sea invitada a comer, decline la oferta de la platinada.

Una vez que declina el ofrecimiento, la misma jovencita de cabellera pelinegra es atacada por la joven platinada, quién en un intento por obligarla a comer sus postres de adelfa, la persigue por toda su casa, aterrándola a la inquieta pelinegra.

Teniendo a la chica viva y con las ansias de matarla de una vez, la persigue pero siendo la muchacha muy escurridiza logra defenderse con lo que tiene a su alcance, aminorando lo que trate de hacerle la enloquecida albina.

En un intento por esconderse, la joven Cassandra logra ingresar exitosamente al sótano de la joven platinada, y ahí descubre el verdadero terror que representa la antes mencionada chica: Descubre los cuerpos de algunas muchachas regados por todo el lugar e incluso algunas de las chicas ya muertas con claros signos de descomposición.

Al tratar de evidenciar lo inhumano que es la joven blonda, la joven pelinegra de inmediato y con su cámara de fotos que traía consigo durante todo lo acontecido, comienza a fotografiar los cadáveres de las otras chicas ya fallecidas.

En tanto trata de obtener pruebas que le ayuden a ir con la policía (si es que sobrevive) la joven pelinegra es sorprendida por la enloquecida blonda quién nuevamente aparece y comienza otra acalorada persecución en la que está última pretende deshacerse a como de lugar de la invasora de su hogar.

Muy aterrada la pobre pelinegra e intentando quitarse de encima a la enloquecida blonda, la misma joven Cassandra en un descuido y pasando sobre los cuerpos de las demás chicas, se acaba tropezando con uno de ellos, lo cual hace y le da la ventaja a la joven platinada de deshacerse de ella, de una vez y por todas.

En tanto se arrastra y le ruega la jovial pelinegra a la joven blonda, está última mientras se le abalanza, le grita – ¡No seas una puta, maldita zorra!–.

Al conseguir treparse arriba de la desdichada pelinegra y lograr golpearla, está misma le exclama sumamente aterrada, llorando y suplicando, y ya no teniendo escapatoria – ¡Mierda, mierda, por favor, por favor…! ¡No, por favor! ¡No, por favor! ¡No me lastimes por lo que más quieras!–.

Incapaz de detenerse y siendo para la joven platinada un completo estímulo equivalente a alguna droga; le responde sumamente furiosa y a la vez, feliz – ¡Me hiciste correr, maldita perra, pedazo de mierda!–.

Comenzando a golpearla hasta que la pobre pelinegra ya no puede defenderse, Elsa finalmente acaba con la vida de la inocente muchacha de cabellera pelinegra.

Una vez que se empapa en sangre su rostro, se reincorpora, luego toma la cámara y se saca una foto, la misma platinada y en tanto dice – ¡Fue divertido! Todas las zorras serán atendidas…– sonriendo posteriormente y mientras se saca otra foto.

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Con la acumulación de más y más cuerpos unos días después, Elsa finalmente se acaba tomando en serio la idea de en definitiva deshacerse de los cientos de cuerpos que poco a poco van acumulando espacio en el interior de su sótano.

En un intento por deshacerse de todo, a la última de todas las chicas envenenadas con adelfa, la arrastra por el sótano.

Otra la disuelve en agua hirviendo.

A otras chicas las entierra en el sótano y otras encima de las que enterró primero.

Una de las muchachas la incinera con fuego pero eso provoca que casi incendie su casa.

La más reciente (en este caso a la joven Cassandra) la intenta descuartizar para lograr reducir su tamaño dentro de su hogar.

En definitiva y al tener muchos cuerpos apilados sobre algunos muebles, amontonados unos sobre otros, estos al final le terminan cayendo encima.

Mientras trata de buscar una solución al inconfundible número de chicas muertas, y reflexiona mientras le caen encima, el cadáver y una de las manos de la joven Mulan, la acaban rasguñando.

Furiosa al no saber que hacer, Elsa finalmente acaba saliendo de entre los cuerpos y con una pala para cavar, intenta reducirlos, enterrándolos pero en lugar de eso, se termina desquitando contra los cuerpos que tiene desperdigados por doquier.

Al descargar su furia contra los cuerpos que tiene ahí, Elsa en un arrebato de furia le acaba haciendo pedazos la cara a una Pocahontas muerta y descompuesta.

Enojada al ver que todo se le está saliendo de control, Elsa finalmente toma como iniciativa lo que estuvo haciendo meses atrás: Seguir desperdigando cuerpos de jovencitas en los alrededores de Nueva Orleans.

Al salir de su casa, depositar los cuerpos en su vehículo e intentar llevarse varios de los mismos por distintas áreas de Nueva Orleans, recorriendo parques, sitios emblemáticos, lagos, etcétera, descubre la innegablemente soledad que rodean todo el lugar.

Todo con el fin de abrir espacio en su hogar, y con dificultad comienza a hacer el trabajo difícil, el cual es: Tirar los cuerpos en donde sea.

El primero, el cuerpo de la joven Mulan es tirado por la carretera.

El de la joven Aurora, a manera de burla es abandonado por el patio del hogar del novio de esta última (debido a que la platinada después de que la mató, hurgo en las pertenencias de la joven rubia y nunca creyó que fuera a tener novio, a pesar de que la había visto a la muchacha con Hans).

El cuerpo de la joven Blancanieves, Elsa lo acaba lanzando al rio cercano.

El cuerpo de Anna en este caso, Elsa lo termina dejando en la entrada del domicilio de los padres de la chica (como una burla y pues para que los padres de la jovencita dejen de victimizarse delante de todo el mundo).

Su recorrido por tirar cuerpos la lleva a la joven platinada a dejarlos en las entradas de varias casas, en parques, ríos, lagos, monumentos, centros comerciales, turísticos, y entre muchos otros lugares del abundante mundo de la pequeña localidad de Nueva Orleans.

Una vez que regresa a su casa y cansada de no saber cómo deshacerse de los otros cuerpos restantes que tiene en su hogar, Elsa al final se termina recostando sobre algunos de estos y decide tomar una siesta, usando como cobija el cuerpo de una de las chicas asesinadas.

Esperando a que llegue el admirable amanecer.

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Al día siguiente y a las primeras horas del amanecer, la policía de inmediato comienza y es alertada por cientos de ciudadanos de Nueva Orleans que poco a poco van descubriendo los cuerpos de muchas de las chicas que días atrás habían desaparecido.

Al acordonar las distintas áreas donde poco a poco van encontrando los cuerpos de varias de las chicas, algunos peritos y agentes especializados en criminalística debido a sus intuiciones y el como son halladas las muchachas, comienzan a elaborar un perfil descriptivo del criminal.

Creyendo que se trata de un hombre probablemente corpulento, caucásico y con problemas mentales quién está detrás de cada crimen.

Con la marcha, los medios empiezan a trasmitir por la televisión, la radio y los diarios, los continuos seguimientos de cada paso que poco a poco la policía van encontrando e investigando.

Siendo ahora un completo caos al no saber si habrá más sorpresas de parte del asesino que la prensa empieza a apodar como "El Asesino de las juventudes", todo el mundo empieza a estar alerta.

Entre tanto caos, la adinerada familia de la joven Anna (que días antes la habían reportado como desaparecida), al instante se pronuncian sobre el hallazgo y rápidamente en unas cuantas horas aparecen en la televisión evidenciando su tristeza y descontento.

La madre de la joven, de nombre Iduna y el padre de la misma chica, Agnarr, aparecen en los reflectores televisivos llorando a más no poder al no darle cabida ante lo que le pudo haber pasado a su adorable hija.

Siendo ambos entrevistados por la prensa.

En medio de un gran tumulto de gente, Iduna sin siquiera dudarlo, le dice a uno de los reporteros mientras otros periodistas intentan obtener declaraciones de la quebrada mujer – Mi hija era una dulce muchachita, preciosa. No le hizo daño a nadie– añadiendo Agnarr, en tanto la protege a su mujer del incontable número de periodistas que intentan detenerla mientras se dirigen a su vehículo – Cuando nació tuvo problemas de crecimiento pero siempre fue una chica tan enérgica– finalizando definitivamente y una vez que llegan ambos señores a su vehículo y consiguen entrar – Ofrezco una recompensa por quién proporcioné información del bastardo que le arrebato la vida a mi adorable niñita y a las otras dulces chicas que sufrieron–.

Ya estando en su auto, los dos señores, y sin más que añadir, deciden ahora sí ya retirarse y mientras los insistentes periodistas se ven frustrados de obtener alguna declaración.

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Durante el transcurrir de la tarde y en el río cercano, la pequeña pareja de niños conformada por Rancis y Vanellope descubren el cuerpo de la joven Blancanieves mientras pescan pequeños pecezuelos.

En tanto miran mutuamente y atónitos, ambos niños, el devorado cadáver (a causa de los pequeños peces, algunos animales algo grandes como caimanes) de la muchacha de cabello corto y negro, y de piel tan blanca como la nieve, el pequeño Rancis pronuncia – ¡Ay nanita!–.

Ante el descubrimiento sumamente fuerte de parte de ambos niños, a sus espaldas pasa a toda velocidad un vehículo de color beige y con el conductor evidenciando una fuerte preocupación.

Siendo el conductor, ni más ni menos un chico de nombre Aladdin, quién ante la desaparición de su joven novia de nombre Jasmine (días atrás), de inmediato se enmarca el muchacho en una obsesiva búsqueda de su chica la cual estaba embarazada en el momento en que había desaparecido,

El chico ante la última vez que la vio a su hermosa chica, está última le mencionó que iría a ver a una tal Elsa, la cual por cortesía la había invitado a entrar a la joven a su casa, pero después de unas horas e incluso días, ya no le permitió salir a la joven morena del sitio.

Desconociéndose todo lo que sucedió después.

Preocupado el chico por lo que le pudo haber acontecido a su novia, llega a la residencia de la hermosa platinada, esperando encontrarla ahí a la joven.

Con la llegada del muchacho, Elsa recibe a esté último debido a los fuertes golpes que le empieza a dar a la puerta – ¡Abre la maldita puerta!–.

Al ser sorprendida la joven blonda por el comportamiento del chico moreno, rápidamente se dirige a dejarlo entrar a su hogar, mostrándole elegancia a la hora de atenderlo – Buenas tardes, señor. Por lo que veo, ha venido a mi puerta porque busca algo, ¿No?– no importándole la elegancia de la joven y eludiéndola completamente, Aladdin sin más que hacer, entra a la residencia de la chica, por la fuerza.

Mientras se enfrasca en la búsqueda de su amada por todo la casa y la comienza a llamar – ¡Jasmine! ¡Amor!– la joven blonda en cambio, empieza a preparar algo para merendar aquella tarde.

Observando la inmutable platinada como Aladdin busca hasta en las piedras a su amada, de inmediato y en ese momento, la joven albina no puede evitar acercársele al intranquilo muchacho, y decirle – Cálmate, yo creo que será mejor que me acompañes a comer algo. Yo sé que la encontrarás pero no creo que esté aquí–.

Con lo dicho, Elsa rápidamente lo tranquiliza al chico y en tanto consigue tomarlo de su brazo, y lo jala hacia la cocina.

Estando completamente decepcionado y al punto de casi llorar, Aladdin le dice a la joven, mientras toma asiento – Ella estuvo aquí, estoy casi seguro– siendo incapaz el mismo chico de mantenerse estable, al instante empieza a romperse en llanto, lo que provoca que la joven platinada tome asiento en el regazo del muchacho y le pida con un tono comprensivo – Tranquilo, shhh…– y en tanto lo tranquiliza y le da un beso dulce en la mejilla por donde al muchacho le escurren sus inquebrantables lágrimas, Elsa añade con un tono ahora sensual – Eres un hombre tan guapo, ¿Nadie te lo había dicho?–.

Mientras comienza a coquetear con el joven chico moreno, Elsa finalmente y para tranquilizarlo, le acaba dando un beso en sus labios al chico.

Al recibir el beso de parte de la joven y anhelando otro, Aladdin en ese preciso momento termina escuchando de parte de los labios de la muchacha, decirle en un murmullo – Llévame a la cama. Hazme el amor. Soy tuya–.

Teniendo al chico en su dominio total, finalmente la hermosa chica toma las manos del chico y las guía hasta sus esculturales piernas, esperando que el deseo los una a ambos.

Tentándose a otro beso, Elsa antes de nuevamente intentar pactar sus labios con los del chico, rápidamente lo acaba deteniendo, diciéndole – Vuelvo enseguida…– levantándose en ese momento del regazo del muchacho y dirigiéndose la hermosa chica a la cocina de su hogar, y mientras cotonea sus caderas para hacerlo perder la razón al chico.

Al perderla de vista y mientras entra a la cocina, la chica, y cautivándose con la innegable belleza de la misma, Aladdin poco a poco va perdiendo el interés en la joven que con anterioridad fue a buscar, fijándose ahora en la despampanante blonda.

En tanto se gira para intentar planear el como será estar a lado de la joven platinada, Aladdin es atacado por sorpresa y por detrás por un individuo alto y vestido enteramente de negro.

Siendo incapaz de defenderse, Al es asesino brutalmente cuando un hacha impacta en su nuca, esparciendo parte de sus sesos por toda la mesa.

No logrando pegar ni un grito de auxilio, Aladdin sucumbe ante el arma cortante.

Una vez muerto el chico y empañando el mantel de la mesa con su propia sangre, finalmente su asesino revela su verdadera identidad al quitarse su pasamontañas totalmente oscuro.

Siendo ese sujeto ni más ni menos que… La propia, Elsa Arendelle, quién adquiriendo cada vez más el gusto por matar, en ese instante empieza a reírse con total descaro y megalomanía – ¡Ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja!–.

Siendo a partir de ese momento el primer hombre que asesina sin piedad, la desquiciada y enloquecida platinada.

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Una vez que lo termina matando, se burla y hasta fanfarronea con el cadáver del chico, Elsa por fin lo acaba introduciendo en una bolsa negra.

Sabiendo que su colección de chicas muertas no puede ser opacado por un hombre cruelmente asesinado, Elsa intenta llevárselo el cuerpo lejos de su hogar pero mientras trata de cargarlo, la misma platinada se ve imposibilitada por algo que distingue a los hombres de las mujeres: El cuerpo del muchacho pesa demasiado.

Teniendo muy en claro que introducir el cuerpo a la bolsa fue muy fácil, en ese instante se da cuenta la albina que cargarlo es mucho más difícil de lo que en realidad parece.

Tratando de buscar una solución, rápidamente se le ocurre sacar el cuerpo y ver si algún vecino puede ayudarla; conociendo la joven platinada, como usar sus encantos.

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Sabiendo que su vecino es nuevo y todo un galán, Elsa no puede evitar pedirle ayuda a esté mismo de nombre Eugene Fitzherbert, quien al verla a unas dos casas casi cercanas a la de la mismísima blonda, comienza a coquetear con la joven, quién sabiendo que a captado su atención, también empieza a corresponderle sus coqueteos.

Con la mente en claro de que Eugene la puede ayudar, de inmediato y con pasos firmes y muy sexys, Elsa al instante se le acerca al muchacho y sin más lo saluda – Hola, vecino. Creo que eres nuevo y… Me llamo, Elsa– ante el saludo de parte de la hermosa jovencita, Eugene le corresponde el gesto, tomando la pequeña mano de la chica y dándole un suave beso en el dorso – Disculpa, eh… Soy Flynn Ryder y… Pues estás en lo correcto, vecina, soy nuevo aquí. La verdad me mudé hace unos días y pues, me enteré que… Han pasado muchas cosas raras por aquí–.

Con lo dicho y evidenciando algunas rarezas que ha logrado captar, Eugene logra apreciar de un momento a otro como la joven le dice mientras le guiña el ojo, lo siguiente – Si, son simples rumores de un loco que anda suelto por ahí–.

Afirmándole plenamente, el mismo trigueño le responde con – Je, je, je, tienes razón– una vez que mira a lo lejos la bolsa negra que la joven con dificultad cargó, el mismo muchacho le dice – Veo que necesitas ayuda con eso–.

Poniéndola en ese momento un poco nerviosa a la joven debido a que está misma no quiere que se sepa que es lo que verdaderamente hay en la bolsa, de inmediato le contesta con un ligero carraspeó – Sí. Son frutas que se echaron a perder–.

– Ya veo– le contesta el trigueño y agregando una vez que se le acerca a la bolsa con unos cuantos pasos – Te ayudo, ¿Si quieres?–.

Alegrándose ante el ofrecimiento de parte del atractivo muchacho, Elsa al instante le acaba afirmando con su cabeza y en tanto casi quiere brincar del suelo por la alegría – Estaría encantada– antes de regresar a su casa a preparar algunas cosas, Elsa lo termina dejando solo al caballeroso chico, no sin antes darle las instrucciones, las cuales son: Dejar la bolsa en el vehículo – Bueno, déjala en vehículo y a ver si puedo recompensarte–.

Antes de retirarse completamente la joven platinada, está última le acaba guiñando otra vez, un ojo al atractivo muchacho, quién ante el gesto comienza a cargar la bolsa y en tanto también le responde – Okey, lo que mandes, copito de nieve–.

Una vez que lo deja solo y para que lidie el mismo chico con la bolsa; no dura mucho para que su curiosidad por saber porque pesa tanto le haga tener que forzosamente, verificar lo que la bolsa contiene, preguntándose – ¿Por qué pesará tanto?–.

Una vez la empieza a revisar la susodicha bolsa y no encuentra nada particular, al instante se termina dando cuenta de que hay algo verdaderamente espantoso, en pocas palabras, se acaba encontrando con el cuerpo de un chico casi de su edad, cubierto por desperdicios de alimentos.

Justamente y una vez que mira el cuerpo con lujo de detalle, exclamando sumamente asustado – ¡Dios mío!– algo aterrado decide soltar la bolsa y correr al interior del hogar de la joven platinada.

Con la intención de tratar de detenerla o interrogarla por el cuerpo del chico moreno, Eugene no lo consigue debido a que una vez que entra, alguien lo acaba arrinconado contra una de las paredes.

Estando completamente asustado, se da cuenta de quién lo arrinconó, siendo mi más ni menos que la propia platinada, que una vez que la ve, la llama por su nombre – Elsa…–.

Al verlo entrar a su casa, está última, la misma joven lo logra sorprender en el acto y en tanto le tapa la boca a Eugene y mientras consigue hacer lo impensable, lo cual es: Asesinarlo clavándole lentamente y dolorosamente un cuchillo en su vientre mientras lo tranquiliza.

Sintiendo el chico como el cuchillo se remueve por su estómago, y consiguiendo jadear ante el fuerte dolor que siente, una vez que la observa a la joven, está última le dice en un murmullo seductor; como si tuviera relaciones íntimas – Shhhh, eres un buen chico… Ahhhhh, dame más duro… Hasta dentro. Buen chico, je je– burlándose la mismísima platinada, finalmente y antes de matarlo de forma definitiva, le consigue dar un beso en la frente al muchacho, en tanto esté pierde la batalla y finalmente muere.

Teniendo ahora dos cuerpos de dos hombres distintos, entre los muchos cuerpos de chicas que hay por dentro del lugar.

Elsa nuevamente se dispone a que llegue con más calma la larga noche.

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En la noche, y posterior al asesinato del joven Eugene, y de igual forma, un chico joven y rubio, llega a la residencia de la joven platinada con el fin de pedirle ayuda.

Siendo un viajero, el muchacho de nombre Kristoff llega hasta el hogar de la hermosa chica, y sin más se dispone a tocar el timbre de la mencionada residencia.

Justamente y una vez que la joven le abre la puerta, Kristoff le dice a manera de saludos – Oh, hola, señorita…– antes de siquiera presentarse ante la joven desconocida, la misma se le adelanta y le dice en tanto le extiende su pequeña mano – Elsa Arendelle, encantada–.

Confundiéndose el muchacho ante la abrupta presentación de parte de la muchacha, e incluso rascándose su nuca, lo único que llega a pronunciar de sus labios son – ¿Eh? ¿Elsa?–.

Ante su leve nombramiento; de inmediato la joven le dice simplemente – Si…– mostrándose completamente como una buena chica y de respetados valores y costumbres.

No sabiendo que decirle o hacer, Kris al instante le informa y mientras comienza a sudar por los nervios – Eh… Bueno, toque el timbre porque, creí que usted me podría ayudar a continuar con mi viaje a la ciudad más cercana y…– casi antes de concluir, la misma y perfecta chica le responde con – Claro. Por supuesto que lo voy a ayudar, pero antes, ¿No le gustaría beber y comer algo?– con la cuestión y ofrecimiento sobre la mesa, Kristoff le dice a la joven, en forma de respuesta – Tengo prisa, señorita–.

Casi mordiéndose sus labios, Kris recibe como comentario – No hay porque tenerla, además… No demorará muchos minutos en comer y beber algo, ¿Oh sí? Créame que para su viaje, necesitará algo para que su cuerpo resista–.

Afirmándole, Kristoff al final llega a la conclusión de que la muchacha tiene razón, diciéndole – Tiene razón…–.

Aceptando de inmediato su ofrecimiento de la joven, está última lo invita a pasar a su hogar y en tanto le dice – Adelante pasé– justamente y una vez que entra al hogar de la joven blonda, Kristoff pronuncia asombrado al ver el esplendoroso lugar, lo siguiente – Vaya tiene una casa muy bonita, señorita–.

Sintiéndose algo halagada, Elsa finalmente le dice – Gracias. Vuelvo enseguida– con lo último dicho, la joven rápidamente se dirige a la cocina de su hogar; perdiéndose dentro de ella.

En poco tiempo y en tanto el muchacho se dispone a sentarse en la mesa donde hay algunos platos para posibles postres, el mismo chico es sorprendido por un individuo vestido de negro.

Este individuo ataca al muchacho con un martillo en el rostro.

Ante el ataque, Kris cae sobre la mesa, pero rápidamente se reincorpora y sin pensarlo demasiado, consigue defenderse, golpeando al sujeto que por los golpes que recibe se trata de la hermosa chica.

Una vez que la logra noquear, y estando completamente muy asustado, Kristoff procede a ir directamente hasta el teléfono que se encuentra casi cerca de la mesa donde fue estampado.

Decidido en llamar a las autoridades, Kristoff le dice a manera de amenaza a la joven – ¡Maldita! Llamaré a la policía y…–.

Mientras toma el teléfono, marca el número de emergencias y trata de obtener una respuesta de parte de estos, en ese momento, Kris se da cuenta de que las líneas y cables telefónicos están cortados, dándole como resultado que no pueda pedir ayuda.

Intentando en ese instante conseguir ayuda y tratando de reparar lo más rápido que puede los cables del teléfono, en ese preciso momento es sorprendido por la joven blonda quién sin tentarse en lo más mínimo, le acaba cortando de lado a lado el cuello al pobre muchacho.

Degollándolo, Elsa finalmente termina con la vida del chico.

Una vez muerto, y mientras se burla, la joven, está misma logra acumular el cuerpo de otro chico en su colección.

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Con las desapariciones de más jóvenes, en especial jovencitas, y teniendo que buscar al criminal para aplacarlo con el poder de la justicia, la policía empieza a vigilar la zona con más intensidad, al punto de inspeccionar y detener a cualquier conductor que transita libremente por las calles solitarias del estado.

Mientras la misma Elsa se adentra en su vehículo, carga unos cuerpos más en el maletero y en el asiento trasero (escondidos a través de unas bolsas negras), y conduce tarareando unas cuantas melodías en la radio; debes en cuanto se consigue detener con el fin de deshacerse de algunos de los cuerpos que lleva.

Tirándolos uno a uno por donde sea.

En tanto logra avanzar delante de una patrulla policiaca y le presta atención al oficial que le pide que se detenga, Elsa pará la marcha de su vehículo en una esquina de la carretera para que el oficial pueda interrogarla.

Caminando el hombre con un andar elegante y muy confiado en su trabajo, consigue en unos cuantos pasos establecerse delante de la puerta del conductor en el vehículo de la misma joven, y al instante empieza el interrogatorio.

Siendo el hombre de nombre Alistair Krei, un oficial muy caballeroso y respetuoso, inicia la plática, saludando primeramente a la chica – Buenas noches, señorita– ruborizándose la hermosa platinada y pensando en lo atractivo que es el chico, de inmediato le termina correspondiendo el mencionado saludo – Buenas noches, oficial. ¿Algún problema?–.

Con la interrogante a flote, Alistair le acaba respondiendo a la joven, mientras coquetea con está última – Es muy noche para que una mujer joven como usted, ande por sitios tan solitarios como estos–.

Riéndose la chica ante el comentario de parte del atractivo oficial, la misma muchacha rápidamente procede a contestarle de la misma forma en la que el chico le habló – Es muy noche para un oficial que creo que necesita… Un masaje– ante lo último comentado, la joven en ese instante empieza a desabotonar lentamente uno de los botones de su camisa percudida y sabiendo que puede hacer que cualquier hombre caiga en su tentación.

En tanto se logra desabotonar un botón, Elsa inmediatamente y sin dudarlo, consigue desabotonarse otro y luego otro, hasta exponer con asombro y sensual parte de la entrada de sus pechos, evidenciando con estos pasos su increíble figura y belleza.

Atónito y casi muy excitado al punto de querer liberar su hombría, Alistair en medio de un carraspeó, le logra pronunciar a la perfecta jovencita – Está bien, señorita, tranquila…–.

Siendo un hombre honroso y que debe cumplir con su trabajo al pie de la letra, Alistair finalmente le consigue declinar cualquier favor a la joven, añadiendo una vez que la detiene en su cometido – Le recomiendo que vaya con cuidado. El asesino de las juventudes anda suelto. Vaya toda derecha y en ningún momento se detenga–.

Con la información dada por el caballeroso oficial, la joven nuevamente vuelve a abotonarse los botones de su camiseta y una vez que lo hace, le dice – De acuerdo, oficial. Que tenga una excelente noche–.

Dedicándole una sonrisa ladina y un guiño, Elsa nuevamente pone en marcha su vehículo y sin más, vuelve al camino; conduciendo sin mirar atrás.

Por otro lado y con las ansias por un lado de estar junto a la joven platinada, Alistair al final, y una vez que la observa retirarse lentamente a la joven, consigue suspirar, aliviado de que pudo contenerse en sus deseos y en su lugar la pudo orientar.

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Después de horas de haberse deshecho de varios cuerpos de varias chicas que tenía en su sótano, Elsa regresa a su hogar.

Decidida en tomarse un descanso y una posible ducha, Elsa una vez que abre la puerta, en ese momento no puede creer lo que llega a apreciar.

En su hogar se acaba encontrando con su hombre, Hans Westergaard.

Tan solo y una vez que lo ve de vuelta, Elsa se apresura a ir hasta él, no sin antes exclamar muy emocionada – ¡Hans, volviste!–.

Por su parte, Hans cuando la observa llegar y la mira acercársele con tanta emoción, decide corresponderle el abrazo que la hermosa chica, le termina dando.

– Gatita– le logra decir mientras la toma de sus caderas y la gira por los aires, muy feliz de verla nuevamente.

En tanto se miran mutuamente y deseosos de no volver a separarse, finalmente deciden sellar sus labios en un fuerte y apasionante beso que los acaba llevando al momento más grande que cualquier pareja haya y puede tener.

Con sus labios hambrientos de pasión, deseo y amor inigualable, Hans acaba recostando a Elsa sobre el suelo, dejando como espectador un pequeño espejo que está en la casi cercana entrada.

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Ya una vez concluido definitivamente sus momentos carnales, y Hans estando completamente acostado con la chica, y con sus manos detrás de su nuca, le acaba comentando a la muchacha, lo siguiente – Fue el mejor sexo que he tenido. Estuviste sensacional– elogiándola a la jovial platinada por lo sucedido, está última le termina diciendo simplemente – Gracias–.

Mientras se queda mirando el techo, deseando y pensando la misma joven en tener a Hans todo el tiempo del mundo y sin dejarlo ir a ningún lado, esté último le termina casi cumpliendo ese deseo, avisándole en tanto se levanta de la cama – Bueno, voy a arreglar algunas cosas en está casa. Creo que no volveré a abandonarte y ahora sí, estaremos juntos–.

Con lo último expresado por el colorado, la chica le acaba correspondiendo con – Juntos, mi amor– en tanto le dedica una sonrisa coqueta al muchacho y se acomoda mejor en la cama, la hermosa chica lo consigue observar a Hans, en el momento justo en el que el mismo chico se coloca su pantalón y sin más se acaba retirando de la recámara.

Una vez lo pierde de su campo de visión, Elsa sonríe con un semblante tranquilo, sabiendo que todo les irá mejor a ambos de ahora en adelante.

Con la retirada del chico y queriendo revisar esté mismo su sótano para ver si puede mejorar o cambiar algo; empezando primeramente por ese sitio, termina preguntándose asimismo una vez que mira varias bolsas negras y extrañas – ¿Qué es todo esto?–.

En tanto le da un vistazo furtivo a las escaleras que lo llevan hacia arriba, en la habitación principal, y teniendo una curiosidad al cien, rápidamente Hans decide abrir una de las bolsas.

Mientras la comienza a abrir la bolsa y le acaba llegando un olor fétido a sus fosas nasales, Hans al instante queda petrificado al descubrir lo que verdaderamente se encuentra dentro de la bolsa que está abriendo.

Descubriendo el cuerpo de una chica en estado avanzado de descomposición que en ese momento logra reconocer como una de las muchas muchachas con las que coqueteó hace meses.

Quedando estupefacto con el descubrimiento e incapaz de darle un sentido a lo que está viendo, Hans llega a la conclusión de que: Elsa es el asesino de las juventudes.

– ¡Dios mío!– termina exclamando, el colorado, y una vez que se tapa la boca al observar con más detalle pero también con desesperación, el lugar.

Aterrado al no saber que hacer y pensando que Elsa lo podría matar por lo que descubrió, al final se acaba encontrando con está última, y mientras está detrás de él – Hans, mi amor. ¿Por qué bajaste? No debiste haberlo hecho– con la cuestión mostrándose tranquila y para nada incapaz de esconder sus fechorías, Elsa le acaba reconociendo con eso su gustó por matar.

Girándose de inmediato para verla cara a cara y probablemente confrontarla, Hans le acaba diciendo con pánico y mientras la señala – ¡Tú! ¡Tú mataste a esas chicas! ¡Tú eres el asesino del que habla todo el mundo!– en tanto intenta retroceder y pensando que la joven es un peligro incluso para si misma, está última le acaba respondiendo con – Por supuesto, mi amor–.

No mostrándose para nada indignada, la joven, y todo lo contrario; feliz, rápidamente, el pelirrojo procede a preguntarle, el por qué hizo lo que hizo – ¡¿Por qué, por qué las mataste?!–.

Riéndose en un murmullo, Elsa, en ese momento se le termina acercando al muchacho.

Cotoneando la misma chica, sus caderas e intentando seducirlo.

Sabiendo Hans que la chica es demasiado peligrosa y asqueándole el hecho de haber compartido momentos con está última, de inmediato empieza a buscar una posible arma, antes de que la joven probablemente lo ataque.

Ya una vez cerca del colorado y decidida a contarle el por qué de todo, Elsa finalmente le dice mientras se le acurruca en el pecho al chico – Hans Westergaard. No te hagas ni una idea. Lo hice porque supe que es de lo más divertido, nunca antes me había divertido así. Es sensacional estar excitada mientras asesino a otras chicas… O chicos. Nunca me había sentido así de liberada–.

Causándole pavor la presencia de la joven y más por todo lo que hizo, Hans en ese preciso momento le acaba diciendo con miedo – Eres un monstruo–.

Causándole a la joven blonda por otro lado, lo dicho por el pelirrojo, como una bufa, de inmediato decide preguntarle – Lo soy pero, ¿Aún así me amas?–.

Viéndose en aprietos ante la pregunta de la chica, Hans, en ese momento no sabe que decirle, por ello le dice simplemente – Yo…–.

Quedándose en un debate entre dejarla o quedarse para complacerla, Hans al final empieza a reflexionar, si lo correcto será lo indicado y crucial.

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Al final, Hans acaba eligiendo la opción menos favorable: Quedarse, por ello y a partir de ese momento inicia su complicidad con la joven.

Matando y obedeciéndola a la joven en su gusto sádico y enfermizo.

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Una semana después de elegir quedarse y mientras matan los dos chicos a una pareja de novios, estando ambos criminales sobre los cuerpos de los dos jóvenes que asesinaron.

Hans todo ensangrentado y caminando en pasos firmes, se le acaba acercando por detrás a la joven y mientras le da un beso en el cuello y le confiesa con pasión – Te amo, mi gatita hermosa– correspondiéndole está última mientras lo agarra de su cabellera colorida al cobrizo y le corresponde un beso en sus labios – Y yo a ti–.

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Con el paso del tiempo, tanto Hans como Elsa, se dan cuenta que matar es demasiado excitante y muy entretenido, por ello, días después de haber cometido varios crímenes en su hogar y estando llenos completamente de sangre, la chica le comenta – Es hermoso. Es mejor que tener sexo– mientras se encaminan a su mesa para comer algo delicioso y preparado previamente, Hans le dice a manera de respuesta – Efectivamente, aunque también el sexo es de lo mejor–.

Siguiendo en todo momento y en los días posteriores sin parar en ningún momento, Hans empieza a llevar a más personas de su edad y de la edad de Elsa, solo para que la joven las envenene a las chicas y a los chicos los asesine a machetazos o cuchillazos.

En uno de esos días, Hans invita a la pareja de casados de nombre Roland y Miranda, unos chicos que conoció el colorado en un bar.

En tanto los invita a pasar a su hogar, Hans les dice mientras les da su respectivo saludo – Hola…– agregando mientras presenta a la platinada con la pareja – Ella es mi prometida, Elsa Arendelle–.

Siendo cordiales la joven pareja de casados, en ese momento la chica de nombre Miranda, le da su respectivo saludo a la joven blonda, quién la toma de las manos y en tanto le dice – Un gusto conocerlos… A ambos–.

Justamente y una vez que la saluda a la joven castaña, rápidamente Elsa le dirige una mirada y sonrisa suspicaz a Hans, teniendo en claro lo que sucederá en unos cuantos minutos.

Con el paso de los minutos y logrando envenenar a la joven Miranda mientras está última degustaba un plato de pastel, Roland intenta huir al verse incapaz de ayudar a su amada y asimismo, al verse rodeado por los enloquecidos pelirrojo y platinada.

Mientras intenta abrir una puerta que no conduce a ningún sitio (pensando el muchacho que es la salida), Roland logra exclamar con terror un – ¡No!– en tanto detrás de él aparece el pelirrojo, armado con un hacha.

Dándole una mirada mutua a la joven y obteniendo su aprobación de está última, Hans corre hasta el muchacho y sin más, grita furioso – ¡Maldito, hijo de perra!–.

Dejándole a las sombras el momento exacto en que Hans incrusta el arma en el aterrado cuerpo del muchacho.

Matando sin piedad al pobre chico.

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Con la idea de atraer a más jóvenes, Hans y Elsa comienzan a llamar a más jóvenes de distintos lugares, siendo algunos viejos compañeros de escuela, otros amigos cercanos y algunos más familiares; todo con el fin de satisfacerse y continuar con su carnicería.

Siguiendo con cada vez más crímenes, Hans termina instalando una puerta falsa para no dejar escapar a nadie.

Matando a las muchachas con veneno en la sangre y a los chicos con armas punzocortantes, de melee o herramientas de trabajo.

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Con el paso de los meses y las autoridades encontrando más y más cuerpos, incluyendo cuerpos de muchachos destazados, las mismas autoridades empiezan a advertir a sus residentes y visitantes que tengan cuidado.

Siguiendo tanto los ciudadanos como los turistas, las instrucciones y pautas establecidas por el estado, se empieza con estás regularizaciones a disminuir el número de jóvenes afuera de las calles, todo con el fin de protegerlos, por ello, Hans y Elsa empiezan a tener problemas con el buscar y encontrar víctimas frescas.

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A días de no haber encontrado a víctimas para satisfacer sus impulsos y deseos de muerte y destrucción, Hans y Elsa empiezan a hablar y planificar lo que harán.

En una tarde y mientras comen algo en su habitual mesa, Hans le comenta a la muchacha y en tanto lee el periódico – Parece que Nueva Orleans disminuyo de tamaño. No hay jóvenes a quién atraer–.

Elsa por su lado y en tanto juega con su cuchara en su té, le dice con simpleza – Hay ancianos–.

Bajando el periódico para mirarla directamente a los ojos, Hans la cuestiona por semejante idea – ¿Qué, acaso piensas en matar también a otro tipo de personas?– ya siendo que es una mujer completamente descerebrada, le acaba afirmando a Hans – Claro–.

Pensando completamente en que en efecto, se ha vuelto la chica completamente loca, rápidamente, el colorado procede a recriminarle y re memorizarle – Estás loca. Acordamos que solo serían parejas jóvenes. Nada de otro tipo de personas–.

Ya siendo una insensible y no importándole nada en absoluto, Elsa le dice con frialdad – Hans, ¿Sabes qué? Creo que la mejor forma de darle un mundo mejor a este decadente mundo, es matar a todos aquellos que sean débiles y que no puedan sobrevivir. En especial los niños y los viejos de mierda–.

Alarmándose ante lo dicho por la despampanante albina, Hans de inmediato le termina respondiendo mientras la señala – ¡Estás mal de la cabeza! ¡Te dije que solo jóvenes!– puntualizándole aquella cuestión, Elsa le reafirma su decisión de continuar matando pero ahora a otro tipo de personas (niños, ancianos, adultos, familias enteras) – ¡No voy a obedecerte, Hans! ¡Eres un imbécil! ¡Yo soy la reina aquí y tú eres mi súbdito y por ello, se hará lo que yo diga!–.

Indispuesto a seguirle sus pasos a la joven albina, Hans rápidamente se termina levantando de su asiento y sin más le pregunta sorprendido – ¿Qué?–.

Decidida en su firme decisión, la joven le vocifera al pelirrojo – ¡Si voy a matar, voy a matar! ¡No me detendré!–.

No queriendo seguirle esos pasos a la joven, Hans decide que ahora sí, todo debe terminar; de una vez y por todas, por ello le responde con otra exclamación a la chica – No lo haré, no quiero seguir. ¡Ya me cansé!– indispuesto a seguir con lo mismo, Elsa rápidamente lo ataca, diciéndole – ¡Entonces eres un cobarde!–.

En tanto toma la decisión de retirarse y no la deja de mirar, Hans procede de inmediato a comentarle lo que sucederá, si no pará lo que en esencia debe parar – Si, lo soy pero… No seguiré con esto. Ya basta, Elsa, esto se acabó y créeme que no continuaré con más. Más temprano que nunca, la policía nos acabará descubriendo como ratas en una alcantarilla–.

Siendo algo completamente razonable lo dicho por el cobrizo, de inmediato, la joven platinada no puede evitar acusarlo de infiel – Encima de que me engañaste muchas veces, no quieres hacer lo que yo diga– en tanto el muchacho le da la espalda a la joven y se procede a retirar hasta su habitación, la misma chica toma su taza de té y se la lanza a Hans, mientras le pronuncia a esté último – Claro que se hará lo que yo diga, ¡Asqueroso patán!–.

– ¡Te dije que no!– le contesta, Hans sin siquiera girarse e ignorándola.

Mientras lo ve irse y viéndose incapaz de manipularlo, Elsa le acaba diciendo, finalmente – Vas a pagarlo muy caro, ¡Perro!–.

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Con el paso de las horas y finalmente sabiendo el chico que se irá cuanto antes de ahí.

Él mismo muchacho en medio de su siesta, es despertado por la hermosa muchachita, quién entendiendo que si sigue con lo mismo, la policía la encontrará y la arrestara.

Por ello y una vez que lo despierta de su letargo al colorado, le procede a ofrecer una aromática taza de café – Mi amor. Has dormido demasiado tiempo, ¿No quieres un café?– le pregunta mientras le ofrece la taza.

Tomándose un tiempo para levantarse y tomar la bebida que le preparo la joven, Hans de inmediato le termina preguntando – Elsa, ¿Vas a reconsiderar parar y acabar con esto de una vez?– mientras bebe el líquido que hay en el pequeño recipiente, Elsa le dice – Por supuesto, mi amor, en efecto…–.

Comprendiendo, Hans que ahora sí, la chica ha reconsiderado detenerse, finalmente le confiesa a está última – Te amo, mi gatita– correspondiéndole la misma joven, lo dicho al muchacho, con – Y yo a ti…–.

Casi dispuesto a besarla a la joven y apretarla contra su cuerpo caliente, Hans inmediatamente y en ese preciso momento comienza a sentirse más cansado de lo habitual y con deshidratación, náuseas y dolores intensos en su cabeza y estómago.

No sabiendo que le pasa, al instante, se acaba preguntando asimismo – ¿Qué me está…?–.

Por otro lado y levantándose de la cama, la hermosa chica, está última retrocede y mientras lo ve agonizando al pobre colorado.

Sabiendo que no puede moverse rápidamente y tratando de ir hasta la chica con el fin de matarla, Hans en ese instantáneo momento se termina dando cuenta de que es lo que en verdad contenía el café: Adelfa.

Al envenenarlo al colorado, Elsa finalmente se prepara para confesarle sus verdaderos planes, no sin antes dejarlo hablar – ¡¿Por qué lo hiciste?!– le acaba cuestionando mientras a duras penas intenta bajarse de la cama e intenta llegar hasta la chica.

Viéndose ahora sí, dispuesta a contarle todo lo sucedido, finalmente, Elsa le confiesa todo – Hans, Hansy… Estoy cansada de ti. Al principio mataba porque te amaba y porque quería tenerte a mi lado, pero realmente me di cuenta de que en verdad lo que necesitaba no era amor, sino diversión… Estoy fascinada con el asesinato de más y más personas. Esto es el comienzo para mí. Tu muerte me hará libre, mi amor, y créeme no dejaré de divertirme con la muerte de otros idiotas–.

Mientras agoniza y empezando también a llorar, Hans finalmente le dice y mientras reconoce que la chica no es la misma – Tú, no eres la Elsa que conocí, eres un monstruo– respondiéndole está última cuestión, Elsa le dice con frialdad – La Elsa que conociste está muerta desde hace mucho tiempo. Yo soy la nueva Elsa. La Elsa que no parará hasta que se cansé o muera… O sea arrestada, lo cual dudo mucho que suceda eso último–.

Completamente lista, la hermosa muchacha, para irse y dejarlo ahí para que se pudra el colorado; este último antes de dejar este mundo le dice a manera de advertencia – Tu hora llegará y cuando pase… Te esperaré en el infierno– burlándose por lo que dijo, la chica finaliza con – Dudo que eso pasé, Hans. Ya lo veremos, pero mientras tanto. Adiós y nos veremos en otra ocasión–.

En tanto da su último jadeo, Hans por fin dice sus últimas palabras antes de definitivamente dejar este mundo – ¡Maldita, pe…!–.

Cayendo directamente en el suelo, Hans muere definitivamente.

Después de matar a Hans, Elsa se enlista para ahora sí, abandonar la propiedad.

Tomando sus pertenencias y decidida en continuar aventurándose en su travesía criminal.

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Una semana después…

Poco tiempo después y ante los informes de los vecinos aledaños a la propiedad que alguna vez fue de Hans y Elsa, los mismos vecinos le acaban informando después a la policía, de unos olores desagradables en la casa de la pareja antes mencionada.

Una vez que acuden los detectives y encuentran ya la casa con los perímetros acordonados, los mismos investigadores, empiezan a pensar y creer que Hans es y fue el autor intelectual de los cientos de desapariciones y asesinatos.

Mientras rodean su cuerpo del colorado, la joven y experta detective Caine, el veterano y algo bufonesco Leopold y su amigo (igual de cómico), Olaf, empiezan a platicar sobre el culpable.

Empezando, el hombre de cabellera pelinegra, es decir, Olaf, y mientras está revisando la taza en la que bebió Hans – Nuestro asesino. No creí que fuera Hans Westergaard. Y pensar que sirvió en la guerra junto a mi padre–.

Intuyendo que algo no pinta bien y observando la joven castaña que hay objetos de una posible mujer, rápidamente les dice a sus compañeros, sospechando – Algo no cuadra…–.

Pensando en que son patrañas las sospechas de su compañera, Leopold le acaba refutando con un tono burlón a la chica – Vamos, por favor… Hans es el asesino de las juventudes, ¿Qué es lo que no cuadra en él?– con la cuestión rondando en su cabeza, al final, la misma joven castaña le acaba respondiendo sus inquietudes al rubio, mientras descubre indicios de un cómplice – Bueno, explícame, ¿Por qué hay pisadas de tacones por todo el piso, una uña rota aquí como evidencia y un lápiz labial utilizado y desechado?– añadiendo el rubio una vez que llega a la conclusión asertiva y se da cuenta de algo verdaderamente imprevisto – Un cómplice–.

De inmediato y buscando a la mujer que era la compañía del colorado, Leopold les termina ordenando a todos los oficiales – Hagan una búsqueda por toda la casa, ¡Ahora!– empezando los detectives y agentes a buscar más pistas e interrogar a los vecinos de la pareja en cuestión, descubriendo así que la mujer que buscan se trata ni más ni menos que la joven platinada, es decir, Elsa Arendelle.

Ante las sospechas y casi los vecinos intuyendo que la adorable jovencita de cabellera platinada, tenga algo que ver con los cientos de crímenes que se cometieron, algunos llegan a la conclusión de que en efecto, Elsa es una asesina como Hans, mientras que otros creen que Hans es y siempre fue el asesino, trabajando solo y matando a todas las chicas que se le interpusieran en el camino.

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Poco tiempo después y siendo alertadas las autoridades de otros estados y lugares sumamente poblados, los agentes logran detener a la joven blonda y la llevan a la comisaría más cercana.

Esperando su extradición nuevamente al estado de Nueva Orleans, Elsa empieza a preocuparse mucho, ya que en el momento en que fue detenida, estaba regando y ordenando sus plantas en su nueva residencia.

En tanto la joven mira con desesperación hacia todos lados, en ese instante aparecen la joven trigueña, junto a sus compañeros, el rubio y pelinegro.

Al acercársele los detectives y obligándola a la chica a que se ponga de pie, la joven Caine de inmediato le pregunta a la albina por su nombre – ¿Elsa Arendelle?– respondiéndole con algo de miedo la mencionada; está misma vuelve a dirigirle la mirada a la joven castaña – Esa soy yo–.

Con la afirmación de la joven platinada y temerosa ante lo que dijo que nunca le sucedería, en ese preciso momento, la joven detective le pide con autoridad que se giré – Dese la vuelta– pensando que la esposaran, Elsa la cuestiona a la mujer por aquello – ¿Por?–.

Siendo directa y teniendo muy en claro que es culpable, la joven detective le informa con frialdad y mientras en efecto, le coloca las frías esposas – Está bajo arrestó por ser cómplice del asesino de las juventudes–.

Mientras se la llevan a una patrulla cercana a "la inocente joven", está última acaba mirando a su alrededor.

Viendo como una ola de reporteros y periodistas arman un escándalo ante lo que creen sobre la chica.

Se le acaban acercando por todo lo que hizo.

Un poco triste la joven al no saber como descubrieron su paradero y decepcionada con los rumores que la vinculan con Hans, empieza en ese momento a sollozar.

No queriendo fama, sino queriendo siempre actuar en las sombras.

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Nuevamente en Nueva Orleans, pero en está ocasión en una comisaría.

En ese instante, ya está desatado y se logra asomar el intenso interrogatorio sobre la joven blonda.

Replicándole la muchacha al estúpido de Olaf, que ella es inocente, en ese momento la joven empieza a nuevamente irritarse – ¡Yo no hice nada, no tuve nada que ver! ¡Hans tuvo que ver en todo esto! ¡Me obligó a ver como las asesinaba y hasta me obligó a que tuviéramos sexo mientras mataba a esas inocentes jovencitas!–.

Mostrándose como una joven engañada y casi creyéndole, Olaf le dice y a su vez le pregunta – La verdad es un poco confuso. Fuiste su cómplice, ¿Por qué no lo denunciaste?– ante la pregunta formulada, Elsa simplemente le dice con un inevitable llanto – ¡Tenía miedo!–.

Mientras los miran, los otros agentes al detective pelinegro y a la sospecha de cabellera rubia platinada en el intenso interrogatorio, Leopold a través del cristal que impide al sospechoso ver, le termina comentando lo siguiente a su compañera – Es tan buena. Creo que necesitará un abogado– en tanto se deleitan con el fuerte interrogatorio, la joven castaña en ese instante e inmediatamente le dice en un murmullo – Algo no me gusta de esto–.

Manteniéndose callados y con los brazos cruzados y divididos en opiniones sobre la inocencia de la joven platinada, rápidamente la castaña se pronuncia antes que Leopold y le dice a esté último – Hans no es el asesino–.

Levantando una ceja ante semejante idea o sospecha de parte de la muchacha, de inmediato, Leopold, la cuestiona a su compañera por aquello – ¿Qué dices? Es probable que Elsa sea su víctima también. Todo apunta a que Hans era el asesino–.

Incapaz de creerle el rubio a su compañera, está última le puntualiza mientras lo gira para que la mire cara a cara – No es él, y por qué no es él. Sencillo. El esposo de la última víctima, me reporto hace poco tiempo mientras identificaban el cuerpo de esa víctima, que Hans estaba con sus hermanos y parientes durante los crímenes que se cometieron. Todo apunta a que en realidad… Elsa Arendelle es la verdadera asesina–.

Sabiendo la joven detective que en definitiva, Elsa es la que hizo todo; la autora intelectual.

Caine inmediatamente, añade molesta – Ella las mató y juró que lo probaré–.

Confundido por la conclusión premeditada a la que llegó su compañera, Leopold rápidamente, la interroga por lo que tratará de hacer, la chica – ¿Cómo lo probaras?–.

Furiosa la trigueña al darse cuenta que Elsa está engañando a Olaf, al instante le dice al rubio – Dile a Olaf que vuelva para acá–.

Tragando algo de saliva el hombre rubio y no queriendo interrumpir a su compañero, al final no le queda de otra más que complacer a su compañera.

Por ello abre la puerta de la sala de interrogación y luego lo procede a llamar al pelinegro – Olaf…– respondiendo este último la llamada de su amigo, se dirige a ver que es lo que solicita, no sin antes decirle a la blonda – Discúlpame, vuelvo enseguida…–.

Una vez afuera de la sala de interrogatorios, finalmente, Leopold le informa a su amigo – Caine hablará con Elsa–.

Molestándose el pelinegro por la decisión de su compañera, rápidamente le acaba reprochando a Leopold por esa agresiva decisión – Oye, ya casi tenía su confesión…–.

Cruzándose de brazos el hombre y negándose a obedecer, en ese momento, interviene la joven detective y sin pensarlo demasiado, le dice tajantemente – Te está mintiendo. Es una manipuladora experta–.

Inclinando Olaf, una de sus cejas ante semejante cuestión, le termina preguntando algo extrañado a la chica – ¿Qué?–.

Sabiendo por otra parte, Leopold, que se está perdiendo tiempo, rápidamente procede a darle el permiso necesario a la joven castaña para que pueda interrogar a la joven blonda – Okey, adelante… Habla con ella–.

Durando unos cuantos segundos afuera de la sala y pensando la trigueña que Elsa la observará como una posible víctima a matar, de inmediato procede a entrar y sentarse en el sitio donde anteriormente estaba sentado su compañero.

Teniendo una carpeta de evidencias e informes, Caine inmediatamente y en ese instante, comienza a revisar la carpeta de investigación.

Pensando como empezar, Caine se ve interrumpida por la joven blonda, quién nerviosa y sudando excesivamente en su frente le grita inconforme – ¡No hice nada!–.

Teniendo en claro que la muchacha albina ya inicio en ese molesto silencio, la joven detective procede a presentarse e informarle a la chica – Soy la detective Caine Quintonia. Al igual que mis compañeros Leopold y Olaf, estamos involucrados en el caso de tu compañero de crimen, Hans Westergaard–.

Con la inevitable mención del colorado, Elsa de inmediato se altera, señalando al pelirrojo de criminal – ¡Él las mató a esas pobres chicas, lo juró!–.

Pareciéndole sospechoso a la joven castaña mientras hojea cada una de las evidencias que se recopilaron en fotos y bolsas pequeñas, en ese instante procede a preguntarle con firmeza – Si él las mató, ¿Por qué le ayudaste?–.

Siguiendo la joven blonda con el argumento de que Hans la obligó, también continúa con el mismo – Tenía miedo–.

Mirándola fijamente y cara a cara, Caine llega a la conclusión de que la joven la está intentando manipular, por ello, le acaba afirmando con la cabeza y le dice después de un corto silencio – Estás mintiendo–.

Dándose cuenta la albina que es incapaz de hacer que la detective caiga en su trampa, rápidamente, le refuta con desesperación – No, ¡No es cierto!–.

Observándola la castaña, inmediatamente le dice lo que en verdad descubrió y que Elsa no podrá tapar – Claro que sí, Elsa. Si hago una investigación más elaborada y busco muchas más pruebas, todo apuntaría a que… ¡Tu las mataste a todas! ¡A todas esas chicas, incluido, acabaste con la vida de tu novio, Hans Westergaard!–.

Furiosa ante el señalamiento de parte de la joven detective, Elsa lentamente empieza a desatarse – ¡No es cierto!–.

Afirmándole plenamente la castaña que es verdad, le responde con ira, también – Claro que sí. Mataste a Hans porque te engañaba, ¿No es verdad? Y a las demás chicas porque eran algunas más hermosas que tú–.

Desatándose furiosamente y queriendo atacarla a la joven detective, finalmente Elsa dice lo que al final la acaban delatando – ¡No es verdad! ¡Está usted mintiendo! ¡La voy a envenenar tal y como lo hice con esas malditas putas que arruinaron mi vida!–.

Retrocediendo un poco en su asiento y no dándole cabida a la joven platinada por lo que dijo, rápidamente, la castaña la cuestiona con – ¿Qué acabas de decir?–.

Pasando en ese momento de furiosa a asustada, Elsa rápidamente se termina tapando su boca al darse cuenta de que dijo lo que nunca debió haber dicho.

Aterrada por lo que no pudo ocultar, finalmente la chica, dice – Yo… No quería decir eso–.

Mientras la mira la joven castaña a la joven platinada y estando está primera impávida por su asertivo descubrimiento, es interrumpida por la llegada del abogado de la chica platinada.

(Sugerencia: colocar el tema Mafia 2 Soundtrack – Main Theme)

Esté último entra a la sala de interrogación y siendo completamente directo, les dice a ambas chicas – Es suficiente– dirigiéndose posteriormente a la joven blonda, con lo siguiente y en tanto se presenta – Soy Jack Frost, tu abogado, Elsa. No le digas más. Aquí estoy para asesorarte. Las preguntas se acabaron, no más cuestiones a la detective, Elsa…–.

Sabiendo la trigueña que en definitiva, ya tiene la respuesta a todos los crímenes, finalmente abandona la sala, dejando a Jack y a Elsa solos en la dichosa sala.

Una vez que se reúne con Leopold y Olaf, este último le pregunta con simpleza – ¿Entonces?– dándole una mirada sería al pelinegro y luego a la ventana de la sala, Caine finalmente finaliza con – Elsa Arendelle es la reina de la muerte. Nuestra asesina, bella, sensual y perfecta. Espero verla en el jurado… Copito de nieve–.

La dualidad empieza…

Finalizando mientras la castaña observando a través del espejo, logra notar como la platinada también observa el cristal.

Sin que la blonda la pueda ver a la trigueña, está última hace una mueca leve con su mandíbula inferior mientras mantiene sus labios separados levemente.

Logrando fruncir el ceño y dilatando levemente sus pupilas marrones oscuras, Caine se da cuenta de que Elsa no se detendrá y a partir de ese momento serán enemigas.

Como un héroe tratando de salvarle la vida a las personas que el villano quiere matar.

Por su parte, Elsa imaginando que la castaña está detrás del cristal y mientras lo observa el dichoso cristal, le acaba hablando Jack a ella, pero la joven únicamente le da una afirmación y luego vuelve a mirar el vidrio.

Frunciendo su ceño y pestañeando con sus ojos cerúleos de manera instantánea y logrando abrir sus labios hasta formar con ellos una sonrisa malvada, Elsa se da cuenta que en efecto, ella y Caine son a partir de ahora enemigas.

Muy tarde, se volverán a encontrar y una tratará de matar a la otra.

Terminando así está historia.

{-}

Notas del autor:

Hola lector, nuevamente con ustedes. ¿Cómo se encuentran? Bien, yo de maravilla.

Les traigo un fanfic Helsa inspirado en Red Dead Redemption 2, Mafia Definitive Edition y Far Cry 3.

Si bien, aunque hay muchos fanfics Helsa de los cuales inspirarse, este fanfic nació de un evento NPC vivido por mi persona en el título del GTA de los caballos (Red Dead Redemption 2).

Todo transcurrió el año pasado, es decir el 2021, mientras jugaba con John Marston en el epílogo del juego antes mencionando. Mientras recolectaba varias cosas para algunas misiones secundarias y exploraba el mundo del juego, me tope con un campamento de fabricantes de aguardiente. Ellos dos le pidieron a John conseguir unas flores muy extrañas por el pantano que se sitúa arriba de Saint Denis. Al conseguir las flores, uno de los hombres le pide a John agregar su descubrimiento en la máquina que produce el líquido embriagante. Ante la solicitud, John las agrega las rosas de pétalos extraños a la mezcla. Una vez que se hace la mezcla (en unos segundos) uno de los hombres decide probar el resultado. Mientras lo degusta y se impresiona por su sabor, no dura mucho tiempo para que el hombre empiece a regurgitar, vomitar y a caer adolorido al suelo. Posteriormente, muerto. Su compañero al notar lo sucedido, le pregunta "¿Qué te pasa? ¿Qué sucede?" luego dirige su atención a John y le pregunta "¿Qué es lo que le hiciste?" a lo que Marston se excusa diciéndole "Yo solo traje lo que me encargaron". Desenfundando tanto John como el hombre sus pistolas y muriendo este último a manos de Marston. Y así nació esté fanfic.

La primera autora en enterarse de la existencia de este fanfic fue la amiguita LadyDi-Moon, siendo ella una de las que primero se le compartieron las ideas expuestas en este fanfic. De hecho tanto ella como la amiguita y autora Lovepeachy hicieron sus versiones las cuales las encuentran en Wattpad bajo la siguiente información:

-Lovepeachy12: Jelsa one-shots: Spooky-shot: The Bloody Snowflake

-LadyDi-Moon: No Me Olvides, Amor Mío: Veneno En Las Venas.

Ambas autoras que aprecio mucho hicieron sus versiones, obviamente, LadyDi-Moon su versión es Helsa y Lovepeachy su versión es Jelsa, aún así, los invito a todos a pasar a leerlas en Wattpad.

Y bien los cambios:

Primero: inicialmente esté fanfic lo publicaría por partes pero al final decidí completarlo totalmente y como inicialmente se le compartió a la amiga LadyDi-Moon.

Segundo: La parte donde Elsa asesina a Cassandra se inspira en el corto que Michael Mando protagonizo para promocionar el videojuego Far Cry 3. En específico, la parte donde golpea Vaas Montenegro a uno de los amigos del personaje principal de dicho corto.

Tercero: La actitud de Elsa para este fic es el equivalente a Jason Brody del antes mencionando juego, el como enloquece y hace uso de la frase "¿Sabes cuál es la definición de la locura?", siendo demasiado importante ya que denotan el cambio en el personaje y como este de ser tímido e inútil, se convierte por la fuerza, el placer y la perfección, en una verdadera máquina de matar. Repitiendo sus actos, una infinidad de veces.

Cuarto: La ambientación se debe a una imagen del artista ArcticScarf pero también al pantano Bluewater de Red Dead Redemption 2 (donde crece la adelfa en el juego) y también al videojuego de Mafia Definitive Edition, donde la atmósfera de la ciudad está sumida en el terror de la mafia.

Quinto: Casi todas las ideas expuestas en este fanfic fueron utilizadas, lo único que se cambió fue que Elsa en lugar de matar a Jack (como si sucedía en la idea original) mata en su lugar a Eugene, asimismo el fanfic contaba con varios finales donde Elsa no era atrapada por la policía o en ese caso se suicidaba, también un cambio o añadido fue que Olaf y Leopold fueron añadidos a la historia.

Sexto: inicialmente había una escena lemon en el fanfic. Con Hans y Elsa como protagonistas pero al final fue descartada, de hecho estuvo en la idea completa y original pero la eliminé porque alargaría el fanfic.

Séptimo: las muertes en el fanfic eran muy detalladas e inicialmente había más descripciones pero al final las corte para reducir el fanfic y su extenso tamaño que aún presenta.

Y Octavo: la idea de que Jack fuera el abogado de Elsa al final del fanfic es una referencia a la versión de la amiguita Lovepeachy en su fic en Wattpad, donde en su versión es un abogado.

Y bien, lleve casi desde el año pasado intentando terminar este fic y bueno, por fin lo he completado pudiendo incluso subirlo por primera vez en Wattpad.

Nuevamente agradezco a mis amigas LadyDi-Moon y Lovepeachy, las cuales lograron imprimir sus propias versiones de este fanfic en sus perfiles de Wattpad. Nuevamente les recomiendo que las busquen y las lean.

Antes de irme, se preguntan, ¿Por qué este fanfic no lo subí primero en Fanfiction y luego en Wattpad? Uno de los motivos es porque no tengo altas expectativas sobre si tendrá seguidores, favoritos y reviews, y el otro porque la audiencia a quién va dirigido (Es decir las autoras Helsa conocidas), es probable que no les interese.

Así que esté fic se queda aquí y así, como muchos fanfics no apoyados y tristemente abandonados o elegidos como fics olvidadizos, a pesar de que presentan aspectos del mayor juego que puede rivalizar con la película de Frozen, Red Dead Redemption 2.

Pero… Si alguien que leyó el fic y le gustó la historia y le hubiera gustado algo más distinto, puede hacer su propia versión. Yo los invitó y tienen mi aprobación para que cualquiera pueda hacer su propia versión y con mucho gusto la leeré.

Ahora sí, me despido. Cuídense mucho y que estén bien, nos leemos pronto y hasta luego.