- Esto es estúpido, Morinaga. -
- Son solo un par minutos, senpai. No tengo segundas intenciones, por favor… - Morinaga tomó gentilmente la mano de su senpai, invitándolo a sentarse en la cama.
- Explícate de nuevo, ¿por qué motivo tenemos que hacer la tonta prueba que encontraste en internet? - preguntó irritado.
- Me pareció divertido, además, según esto dice "refuerza la confianza en usted y en su compañero". - explicó.
- Yo ya confío en ti. - argumentó.
Morinaga le sonrió con ternura.
- Y yo en ti… por favor, y no vuelvo a molestar hasta mañana. - le suplicó.
Souichi rodó los ojos, dejó salir un suspiro irritado, y se sentó a un lado de Morinaga. Este se emocionó y leyó en su celular las instrucciones.
- Okey, aquí dice que por tres minutos debemos mantener la mirada y sin tocarnos, si nos apartamos antes debemos de volver a empezar. -
- Repito, una estupidez. - frunció el ceño. Vio a su ex kohai poner el temporizador.
- En tres, dos, uno… inicia. - un ligero pitido sonó, ambos científicos se vieron a los ojos.
Estuvieron callados al inicio, viéndose con tranquilidad; Morinaga sonrió de manera involuntaria, causando en Souichi nerviosismo, apartó la mirada rápidamente.
- ¡Senpai! Apenas fueron veinte segundos. - rio el ex kohai.
- ¡Si dejaras de hacer caras me podría concentrar! - contestó nervioso.
- Ya, ya, otra vez. - dejó nuevamente el temporizador en ceros y comenzaron.
Esta vez Morinaga trató conscientemente de no reflejar emoción alguna, dando un semblante demasiado serio, casi robótico.
- ¡Uy!, pero que seriedad… - este pensamiento logró hacerlo carcajear.
- No se ría, senpai… - Morinaga trató de reprimir una sonrisa.
- Pfff, si pudieras verte la cara… - Souichi no apartó la mirada, pero comenzó a temblar, conteniendo la risa cada vez menos. Morinaga notó que su senpai estaba nada de explotar, decidió darle un empujón. Torció los ojos y le sonrió en grande.
Souichi rompió en carcajadas, tocándose el abdomen por el dolor. Morinaga le siguió.
- No puede ser, fue nada más un minuto con diez segundos. - de nuevo, temporizador listo.
- Sigue haciendo bizcos y te quedarás así. - limpió un par de lágrimas y se mentalizó nuevamente. El pitido sonó nuevamente, después de la incomodidad inicial, ambos se observaron en un tranquilo silencio.
Morinaga observó cada pestaña de su rubia obsesión, notando una que otra rebelde alejada de la línea poblada; aquellos ojos ámbar lo miraban con tranquilidad, sin signos de molestia. Souichi estaba bastante cómodo ahora, notó como en la base de la nariz de Morinaga había una diminuta peca, como sus pestañas contrastaban con la claridad de sus ojos.
- Esto es agradable. - pensó Souichi.
- Está tan relajado… nunca me cansaré de sus ojos, son tan bonitos, tienen un brillo tan inusual. - exhaló de manera profunda.
- ¿Desde cuando Morinaga tiene las pestañas tan largas? -
- ¿Será grosero de mi parte pedirle a Souichi que use lentes de contacto? -
- ¡Oh! Tiene un lunar en su ojo derecho, nunca lo había notado. -
- Se ve adorable cuando frunce la nariz… -
La alarma del celular sonó, trayéndolos nuevamente a la realidad. Aún sin romper la mirada, Morinaga logró tomar su celular y bajar el volumen.
- Tres minutos exactos. - comentó Morinaga, aunque se sintieron más.
- Tienes un lunar en el ojo derecho, ¿sabías? -
- Ah, sí. El oculista me lo comentó, por fortuna son bastante comunes. - explicó. - ¿Sabías que arrugas la nariz cuando estas concentrado?
- No, eres el primero que lo comenta. -
De alguna manera, ambos terminaron acostados en la cama, tumbados de lado, sin romper la mirada. Hablaron del trabajo, de trivialidades, hasta de anécdotas graciosas del pasado.
La plática terminó, pero siguieron mirándose con intensidad. Souichi dio el primer paso, llevó sus dedos a las oscuras pestañas de su ex kohai y las tocó suavemente, Morinaga cerró el ojo y se dejó hacer, sonriendo por el tacto.
- ¿No te molestan? -
- No mucho, estoy acostumbrado. - llevó su mano y tomó un mechón de cabello de la cara de su senpai, lo llevó detrás de la oreja del rubio y lo acomodó. Terminó posando su mano en la mejilla de Souichi, acariciando su mejilla con la parte interna del pulgar.
Sin inmutarse por el repentino tacto, Souichi comenzó a delinear las cejas de Morinaga, peinándolas suavemente. Por su parte, el ex kohai tomó el mechón de cabello que había peinado hace poco y comenzó a enredar sus dedos. Estuvieron un largo rato de esa manera, disfrutaron las caricias del contrario, se relajaron cada vez más hasta terminar dormidos aún vestidos con la ropa del día. Naturalmente sus cuerpos se buscaron, quedando así abrazados por el resto de la noche.
