- Duérmete de una vez… - exclamó Souichi.

- Aún no termino, senpai… - comentó Morinaga.

Morinaga llegó horas atrás a Nagoya con la intención de pasar un fin de semana junto a su senpai; y como el destino lo odiaba, sus empleadores le solicitaron trabajo de último momento. Había terminado gran parte, pero realizar y grabar una presentación para un nuevo curso de inducción.

- Mañana lo terminas, estás que te duermes encima de la mesa. -

Y no exageraba, Morinaga hacía días que no dormía bien, unas notables ojeras resaltaban en su cara.

- Estoy bien, quiero terminar lo antes posible para tener el fin de semana libre. - Morinaga seguía tecleando, dando pequeños sorbos a su taza llena de café.

Souichi dejó que siguiera, continuó con su lectura, ocasionalmente alzaba la mirada para vigilar a su tonto ex kohai. Se concentró mucho en cierta parte de la lectura, entonces escuchó un ronquido; viendo hacia Morinaga lo encontró recargado en la mesa, claramente dormido.

- Increíble… -

Levantándose del sofá caminó donde su ex kohai, levantó el libro y lo dejó caer en la cabeza de Morinaga, provocando que este se despertara rápidamente.

- ¡Ay! ¿Por qué…? - se sobó la zona afectada.

- Ve a dormir, ahora. - cerró su laptop.

Morinaga trató de argumentar, pero una mirada desafiante le hizo pensar si valía la pena en hacer enojar a Souichi; decidió no tentar su suerte y se levantó lentamente, agarró de la mano a Souichi y lo jaló rápidamente al sofá, quería probar algo.

- ¡¿Qué diablos?! - Souichi trató de retirar el agarre, sin éxito.

- Ya no trabajare, te lo prometo. A cambio, quiero que me dejes tomarte de la mano hasta que me duerma. - sonrió.

- Morinaga, no. - comenzó.

- Morinaga, sí. - se relajó en el sofá, pero con un agarre firme.

Por más que Souichi trataba de zafarse de la mano de su ex kohai, no tuvo éxito, y por más que pensó en propinarle un golpe, decidió que la mirada triste de Morinaga no valía la pena. Decidió ignorarlo y continuar con su lectura.

Cuando Morinaga sintió que su senpai ya no daba batalla, comenzó a jugar con la mano de su senpai. Comenzó a jugar con sus dedos, doblándolos suavemente, analizando los pliegues en la palma de la mano, notó que sus manos eran mucho más grandes, causándole ternura. Observó que las uñas de Souichi eran blancas y bastante duras, a comparación de sus uñas que se quebraban al más mínimo golpe. Exploró el dorso de la mano, notando las venas en aquella mano, con un dedo las recorrió, hasta llevó la mano de Souichi hasta su cara, notando que esta no cubría del todo su cara, rio con eso; sintiéndose cansado, terminó agarrando con ambas manos la mano ajena, se acomodó mejor en el sofá y dejó sus manos apoyadas en su abdomen, quedando dormido en segundos.

Souichi sintió como el agarre de Morinaga se perdió, volteó a verlo y lo encontró dormido; estuvo tentado en dejarlo allí, en cambio, logró quitar una mano de Morinaga. Algo aburrido, agarró la mano de Morinaga y la estudió, notó la evidente diferencia de tamaño, las uñas perfectamente recortadas, unos nudillos ligeramente marcados, también encontró un lunar entre los dedos de aquella mano. No supo que le hizo hacer aquello, pero entrelazó sus dedos con la mano de su ex kohai; fueron solo unos segundos, pero provocó que Souichi se sonrojara.

Rápidamente deshizo eso cuando Morinaga se removió, se golpeó mentalmente por su infantilismo y soltó la mano de su ex kohai. Souichi bajó la mano y la dejó apoyada en el sofá, con la otra volvió a tomar su libro y retomó la lectura, que fue interrumpida cuando sintió unos dedos sobre los suyos. Miró que su ex kohai seguía dormido, y sintiéndose confiado, colocó su mano encima de la de Morinaga, entrelazó sus dedos y apretó la mano con suavidad; y sin más, continuó con su lectura.