- …y así fue como Tadokoro se quemó las cejas. - comentó Souichi con una sonrisa maliciosa.

Morinaga no pudo hacer nada más que reír, aquello era un error de novato clásico.

Souichi había viajado a Hamamatsu a una convención de agricultura, aprovechando que la residencia de Morinaga estaba cerca del auditorio en cuestión, decidió pasar su estadía junto a su molesto ex kohai. Antes del atardecer lo fue a recoger de la estación de tren y tomaron el metro para llegar más rápido, pero debido a un infortunio tuvieron que bajar a dos estaciones de su destino.

Sin más, decidieron caminar el resto del tramo, sin notar que el cielo empezaba a perder su hermoso color naranja por nubes de un gris muy oscuro. Como Morinaga conocía más la zona, tomó un atajo, este era un parque muy bonito. Souichi no pareció darse cuenta del nuevo escenario y siguió conversando con su ex kohai.

Morinaga asentía con alegría a su senpai, era inusual que Souichi estuviese tan comunicativo.

De repente, sintió una gota chocar en su cabeza, alzó la mirada y notó las claras nubes de lluvia cubrir el cielo; también vio que se había oscurecido notablemente, siendo las luces del alumbrado público la única fuente de luz; as gotas comenzaron a incrementar, eran finas, pero estaban incrementándose. Sacó un paraguas del bolsillo de su mochila, lastimosamente este era individual, observó a su senpai, que estaba ensimismado en su celular con datos relacionados a la convención, y vio que él no traía su paraguas. Como pudo, se sacó el saco y se lo pasó a su senpai, que sin decir nada lo agarró y se lo colgó en el brazo.

Extendió su paraguas, y sin decir nada, cubrió lo mejor que pudo a Souichi, mojándose de poco en poco.

- ¿Cómo te va en el trabajo? - preguntó Souichi.

- De maravilla, tiene su dificultad, pero somos un buen equipo y podemos lidiar con todo. - contó feliz.

- ¿Cómo van con el desarrollo de sus medicamentos? -

Morinaga explicó todos los procedimientos que habían estado desarrollando, obviamente omitiendo detalles confidenciales, mientras la lluvia parecía ganar fuerza. Souichi escuchaba la serenidad en la voz de su ex kohai, relajándose considerablemente. Su tranquilidad duró poco cuando pisó un charco bastante profundo.

- ¡Mierda! - exclamó enojado.

- Rayos, no vi ese charco, perdóneme senpai. - se disculpó.

Souichi iba a reprenderlo por esa estupidez, él no tenía la culpa de su descuido. Allí notó que su ex kohai estaba empapado por completo, hasta su cabello estaba goteando.

- ¿Cómo terminaste así? - preguntó sorprendido.

- Es que está lloviendo, senpai. -

Souichi extendió su mano, logrando sentir las gotas de lluvia, cuando las sintió fue como si el ambiente volviese a hacerse presente. El viento comenzó hacía sonar la copa de los árboles, y las gotas ahora hacían ruido al chocar contra el suelo. El rubio se preguntó momentáneamente cómo es que él estaba seco, allí notó el paraguas arriba de él, y que su ex kohai era quien lo sostenía.

- ¿Por qué no me dijiste que estabas mojándote? - le recriminó.

- No quería interrumpirte, además, estoy bien. Solo es lluvia. -

- ¡Nada de eso! Te vas a enfermar… - una fuerte ráfaga logró voltear el paraguas, haciendo que se rompiera, Souichi pudo sentir las frías gotas comenzar a empaparlo.

- Cúbrase con el saco, senpai. - trató de tomarlo con la intención de cubrir a Souichi.

- ¡No! Cúbrete tú, te vas a volver a resfriar… - explicó con algo de enfado.

Morinaga tuvo una idea, tomó el saco y lo extendió lo mejor que pudo sobré él y su senpai; aunque solo pudo cubrir su cabeza y la otra. Souichi se sonrojó por la repentina cercanía y trató de alejarse, siendo alcanzado rápidamente por su ex kohai.

- Nos iremos así hasta el apartamento, punto. - declaró Morinaga. Souichi solo desvió la mirada avergonzada, esperando que nadie los viese.

La lluvia caía con menor fuerza, pero gracias al frío clima y a la poca iluminación, los lentes de Souichi se empañaron, y por más que los limpiaba, seguían siendo inútiles, y como era prácticamente un murciélago sin ellos, agarró la camiseta de Morinaga, a la altura de su cintura. Morinaga le enterneció aquella acción, y dejó salir una risita.

- Lo estás disfrutando, ¿verdad? - la rabia se podía escuchar en su voz.

- Como no te imaginas, si llego a ver a alguien, le avisaré. - Souichi asintió satisfecho.

Sorpresivamente estuvo desierto todo el camino hasta el departamento de Morinaga.