Otra mañana tranquila en Nagoya, Souichi extrañamente se levantó antes que Morinaga, se bajó de la cama lo más lento posible para no levantarle y dejó el antiguo cuarto de su ex kohai, cerrando la puerta sin emitir ruido, caminó al baño a lavarse la cara.

Una vez aseado se dirigió a la cocina y colocó la tetera para hervir algo de agua y prepararse un merecido café; en cuanto la tetera empezó a emitir su clásico silbido apagó la lumbre para evitar que el escándalo levantara a su ex kohai. En un principio quería un café negro sin azúcar, pero decidió consentirse un poco.

De una gaveta sacó su bote de café molido y cinco frasquitos herméticos, en ellos había: canela, clavo de olor, cardamomo, nuez moscada y jengibre, todo molido; agarró una taza más grande que las que solían usar. Dos cucharadas de café, una de canela, media cucharada de clavo de olor y de cardamomo, un cuarto de cucharada de nuez y jengibre, añadió muy poca azúcar; vertió el agua hirviendo y mezcló lentamente los ingredientes. Un aroma agradable de canela y nuez se extendió lenta y constantemente en el departamento.

Souichi tomó aquella taza e inhalo su atractivo aroma, sonriendo de gusto; como estaba caliente tomó pequeños sorbos, iba a menos de un cuarto de taza cuando el timbre de llamada de su celular sonó.

Dejó el café en la mesa y fue hasta su habitación para atender la llamada, cerrando la puerta tras de él.

Morinaga abrió la puerta de su habitación, quedándose unos segundos apoyado en la entrada; logrando escuchar como Souichi hablaba con alguien en su habitación; fue entonces que el olor a canela logró llamar su atención. Medio dormido, se dejó guiar por el olfato hasta la mesa del comedor, encontrando allí la taza que desprendía aquel olor.

La tomó con ambas manos, acercó su nariz e inhalo los dulces vapores; curioso, sopló un poco el líquido para enfriarlo y probó el contenido, apoyando sus labios en el borde de la taza, justo en el mismo sitio donde Souichi había bebido hace poco. El sabor era bastante bueno, y tomó un poco más.

Despertando casi por completo, dejó la taza en su lugar y se encerró en el baño para acicalarse un poco.

Souichi salió de su habitación, la llamada no fue de mayor relevancia y volvió a la mesa, tomando nuevamente la taza y bebiendo de ella, apoyando sus labios contra el borde donde Morinaga también había bebido, increíblemente sin notar que había menos contenido cuando lo dejó. En su segundo trago por accidente degluto mal, haciendo que tosiera y manchara su pijama bastante. Dejó salir una maldición y regresó a su habitación a cambiarse.

Morinaga salió del baño, completamente despierto. Se estiró levemente mientras regresaba al comedor, tomó asiento y siguió tomando aquel rico café. Souichi salió con otro pijama, pues no tenía que trabajar ese día, y grande fue su sorpresa al ver a su tonto ex kohai bebiendo el café que se había preparado.

- Oye… - dijo Souichi.

Morinaga volteó la mirada, encontrándose con su senpai con los brazos cruzados, más no se veía enfadado.

- Buenos días, senpai. ¿Cómo durmió? - saludó alegremente Morinaga.

Souichi se acercó extendiendo una mano y, con cuidado, le retiró la taza de las manos; Morinaga solo lo vio confundido.

- Te estas bebiendo mi café. - recalcó el "mi"; su taza ahora solo tenía un cuarto del contenido.

Morinaga abrió los ojos en asombro, sonrojándose por mera vergüenza.

- Ah… ¡perdón!, olía tan bien que decidí en probarlo y me fui de largo… - se disculpó.

- No te disculpes, no es la gran cosa. - y terminó tomándose el resto del contenido, que ahora estaba tibio.

Morinaga volvió a abrir los ojos, notando que él y su senpai habían estado tomando de la misma taza, ¡sobretodo del mismo lado!

- ¡Un beso indirecto! - pensó con incredulidad.

- ¿Por qué tienes esa tonta expresión en la cara? - preguntó Souichi, dirigiéndose a preparar otra taza.

- Tuvimos un beso indirecto, senpai. -trató de explicar sin enfadar a la bestia.

- No seas infantil… - tomó una nueva cuchara, repitiendo procedimiento.

- ¡No soy infantil! -

- Estás sonrojado como chico de secundaria que se avergüenza cuando la chica que le gusta bebe de su mismo trago. - terminó de preparar su café con especias.

Morinaga no pudo argumentar una respuesta lo suficientemente adulta, vio a su senpai tomar de su café, sonriendo por ver que Souichi estaba relajado.

- Okey, si… soy infantil. - admitió.

- Aunque me pareció algo tierno compartir la misma bebida. - esto fue más un pensamiento para él, que terminó en un susurro que Souichi pudo escuchar, rodó los ojos por ello. Le dio un trago nuevamente a su café y le tendió la taza a Morinaga.

- Es demasiado café para mí, y no pienso en preparar otra taza. Así que, no te lo acabes. - dijo Souichi mientras regresaba todo de vuelta a la gaveta.

Los ojos de Morinaga tomaron un ligero brillo, asintió en silencio y tomó del café, sintiéndolo más dulce que la primera taza.