Aclaraciones:

1.- Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Reiji Miyajima.

2.- Esté es un One-Shot, así que espero que lo disfruten.

3.- Perdonen por las posibles faltas de ortografía.

4.- La verdad no se me ocurrió una mejor descripción. Solo denle una oportunidad. XD

Chocolates.

Primer San Valentín…

-Toma.- Decía la pequeña niña, extendiendo su brazo con la pequeña bolsa de chocolates que tenía en su pequeña mano.

Frente a ella, Kazuya se quedó sorprendido ante su repentina acción. Titubeando un poco, el pequeño peli-marrón tomó la bolsa y se quedó mirándola con total asombro.

-¿P-Pero… p-por qué me das e-estos…?- Aún seguía sin entender la razón por la cual le daba aquellos chocolates, ya que no se lo esperaba para nada.

-Hoy es 14 de febrero.- Contestó la menor antes de que él terminara de hacer su pregunta. -Es una costumbre dar chocolates en este día a las personas que te importan.-.

Ante sus palabras, las mejillas de Kazuya comenzaron a arder y un brillo se reflejó en sus ojos. Pero antes de que pudiera agradecerle con toda la felicidad que sentía en ese momento, la pequeña Ichinose volvió a tomar la palabra.

-¡Pero no malinterpretes las cosas! Mis abuelitos me dijeron que les diera chocolates a todos mis amigos y eso es todo.- Dijo la niña de larga cabellera, cruzando ambos brazos y desviando la mirada, con un ligero rubor en sus mejillas. -Además, estos chocolates los compramos en una tienda.-.

-Ya me lo veía venir…- Pensó el menor, sintiendo una ligera decepción. De todas formas, se seguía sintiendo feliz por el detalle. Abrió la bolsa y procedió a comerse uno de los chocolates que había en el interior. Su expresión fue más que suficiente para reflejar lo delicioso que estaba el dulce. -¡Están muy buenos!-.

-Me alegra escuchar eso, pues yo los escogí.- Habló Chizuru, con cierto orgullo en sus palabras. -Bueno, tengo que irme. Nos vemos mañana en la escuela.-.

Acto seguido, la menor de los Ichinose corrió en dirección a su abuela, quien miraba lo ocurrido desde la distancia y con una sonrisa.

Kazuya solo la miro alejarse a la distancia, disfrutando de los ricos chocolates que le había regalado la peli-marrón. Pese a que solo fuera por compromiso, él apreciaba mucho aquel lindo detalle de su amiga.

Aunque una duda pasó por su cabeza.

Chizuru había dicho que ella le había dado chocolates solo a sus amigos. Sin embargo, hasta donde pudo ver, Chizuru no le había dado chocolates a ningún otro niño durante la escuela.

Tal vez podría estar equivocado… o quizás no.

Sexto San Valentín…

-Hola, Chizuru.- Saludó Kazuya amigablemente. -Perdón por llegar un poco tarde.-.

-Vaya que te tardaste.- Respondió Ichinose, quien se encontraba recargada sobre el gran árbol que había en el patio de la escuela.

-Lo siento.- Se disculpó el joven Kinoshita, llevándose una mano detrás de la cabeza. -Siendo sincero, no esperaba que me pidieras reunirnos aquí después de clases.-.

-Bueno, no es por nada especial.- Dicho eso, Chizuru sacó de su mochila una pequeña caja, forrada con papel rojo y adornada con un moño blanco. -Toma.-.

-Oh, es verdad, hoy es 14 de febrero.- Dijo el peli-marrón mientras tomaba la pequeña. -Muchas gracias, Chizuru.-.

Como no podía faltar, desde ese primer 14 de febrero cuando estaban en primaria, ya se había vuelto una tradición que la joven Ichinose le diera unos cuantos chocolates para celebrar por el día del amor y la amistad. Claro que lo hacían por esto último, para celebrar un año más de su gran AMISTAD.

De solo pensar que ella, la chica de la cual ha estado enamorado desde hace mucho tiempo, solo lo veía como un amigo… era como otra puñalada al corazón. Pero mientras siguiera recibiendo chocolates de su parte, no podía quejarse mucho.

Abrió la caja con cuidado, notando que los chocolates que había dentro tenían forma de corazón. Este detalle no lo tomó por sorpresa, ya que recibía chocolates con la misma forma desde que entraron a la secundaria. No obstante, aquellos chocolates habían sido hechos por la abuela Sayuri y la peli-marrón (aunque la mayor parte había sido trabajo de la mayor de los Ichinose).

Probó uno de los dulces y, como ya se lo había esperado, tenían un sabor exquisito. Sin embargo, había algo diferente.

-Tú y la abuela Sayuri volvieron a lucirse otra vez. Aunque, no estoy seguro, pero siento que hay algo diferente en estos chocolates.- Dijo el peli-marrón, tratando de averiguar qué era aquella pequeña sensación que hacía saber diferente esos chocolates.

Por otro lado, la joven de larga cabellera solo se mantuvo callada por un largo rato. Al ver que ella no decía nada, y notar que tenía una expresión pensativa en su rostro, Kazuya estuvo a punto de decir algo más, pero ella fue más rápida y habló.

-¿Cuándo dije que me había ayudado mi abuela?-.

Su pregunta lo tomó por sorpresa.

Kazuya dirigió su mirada hacía su amiga de la infancia, solo para toparse con las mejillas de la joven totalmente rojas y haciendo un tierno puchero, mientras cruzaba sus brazos por detrás de su espalda, dándole un vibra de timidez.

Tal vista pareció afectar un poco el cerebro del peli-marrón, ya que trataba de procesar palabra alguna pero era incapaz de hablar. No podía pensar con claridad y los latidos de su corazón iban en aumento con cada segundo que pasaba.

-Chi-Chizuru…- Fue lo único que pudo decir antes de ver como la chica de sus sueños comenzaba a alejarse.

-¡Me tengo que ir, nos vemos luego!- Gritó Chizuru, al mismo tiempo que corría a toda velocidad en dirección a la salida de la escuela.

Ella trató de alejarse lo más rápido posible de aquel lugar, pues no quería que su amigo de la infancia viera como el sonrojo de sus mejillas ahora cubría por completo su bello rostro. Además de escuchar los fuertes latidos de su loco (y enamorado) corazón.

Por otro lado, Kazuya quería perseguirla pero sus piernas no respondían, por lo que solo se limitó a verla irse hasta perderla de vista. Él estaba confundido y no se sorprendería si, al verse en un espejo, su rostro estuviera igual de rojo que un tomate. Sentía que su corazón podía salirse de su pecho en cualquier momento y la felicidad y confusión invadieron su ser.

Esta era la primera vez que comía chocolates totalmente hechos por Chizuru… Y esperaba ser el primero y el único.

Decimo primer San Valentin…

-Perdón por llegar tarde.- Con algo de pena, el joven Kinoshita se disculpó mientras entraba al departamento de Chizuru y se dirigía hacía la pequeña mesa que había en el centro. -Hubo mucho trabajo en el Karaoke.-.

-No te preocupes, es normal que eso ocurra en este día.- Respondió la joven oji-marrón para después dirigirse hacía la cocina. -Además, no es tan tarde.-.

-Sí, lo sé. Es solo que no quería perder ni un segundo más para celebrar San Valentín con mi linda novia.- Confesó Kazuya con una sonrisa pícara, tomando asiento a un lado de la mesa.

Sus palabras surtieron efecto en la joven Ichinose, pues él lo podía notar con solo ver el lindo sonrojo que apareció en el delicado rostro de su amada. Como respuesta, la joven soltó un golpe sobre la espalda de su novio y haciendo que soltara un leve quejido.

-¡No digas cosas tan vergonzosas así de la nada!- Gritó Chizuru, dándose la vuelta para no verlo a la cara y así tratara de calmarse.

Después de unos minutos, ambos estaban sentados y con un plato cada uno, el cual contenía una porción del pequeño pastel de chocolate que había en el centro de la mesa. Kazuya fue el primero en darle un bocado a su porción, solo para sentir un exquisito saber recorrer su paladar.

-¡Está muy delicioso!- El brillo en sus ojos reforzaba sus palabras.

-Entonces sí que valió la pena todas esas horas cocinando.- Dicho eso, la joven peli-marrón comenzó a comer su porción de pastel, sintiéndose alegre por saber que sus esfuerzos dieron frutos.

-Esta vez será muy difícil de superar para el día blanco.- Comentó el joven.

-No te preocupes por eso, estoy bien con cualquier cosa… siempre y cuando venga desde el fondo de tu corazón.- Sintió un leve ardor en las mejillas al decir tales palabras. Pero en eso, se dió cuenta de que una pequeña migaja se había pegado en la comisura de los labios de su novio. Una idea se cruzó por su cabeza y con una sonrisa traviesa se acercó rápidamente al rostro de su novio y le quitó aquella migaja con un beso. Al ver que había aturdido a su acompañante con esa acción, soltó una pequeña risa. -Jaja, esa era mi venganza por lo de hace rato.-.

Kazuya la miró fijamente por unos segundos, provocando que se sintiera cada vez más nerviosa. Antes de que pudiera preguntar el motivo de su mirada, él se lanzó sobre ella y junto sus labios con los de ella en un cálido y suave beso.

Después de unos 5 segundos, aproximadamente, el joven Kinoshita terminó con el beso y se lamió los labios a modo de juego.

-Sip, definitivamente, tus besos siguen siendo mi dulce favorito en todo el mundo.-.

En ese momento, Kazuya sabía que Chizuru volvería a tener ese sonrojo que tanto le encantaba ver. Sin embargo, cuando estaba a punto de tomar su plato para continuar degustando su dulce postre, la joven lo tomó del hombro y, antes de que pudiera reaccionar, se abalanzó sobre él.

Cuando estaba a punto de preguntar la razón de su repentino actuar, fue callado por los labios de su hermosa pareja. Aquel beso que empezó siendo dulce y tierno, pasó a volverse más apasionado y lujurioso.

Kazuya trató de detenerla para que, por lo menos, pudieran acabar su pastel y luego continuar. Pero no tardó mucho en ceder al deseo de su amada.

Esa fue una noche muy especial que él jamás olvidará, no sólo porque hicieron el amor con tanta locura y pasión hasta el amanecer, sino porque todos sus besos estaban impregnados con aquel dulce sabor a chocolate.

Vigésimo sexto San Valentín…

-Ya estoy en casa.- Avisó Kazuya, mientras dejaba sus zapatos en la entrada y colgaba su chaleco y mochila en el gancho que estaba pegado en la pared.

Camino con un poco de pesadez hasta llegar a la sala, donde fue recibido por una pequeña niña de unos 6 años de edad. La menor lo abrazó por la cintura con todas sus fuerzas, levantando la mirada para poder verlo a los ojos.

-¡Hasta que por fin llegas, papá!- Dijo la menor, haciendo un puchero que solo sumaba puntos a su nivel de ternura.

-Perdón por llegar tarde, Sayuri.- Respondió el mayor, acariciando gentilmente la cabeza de la pequeña peli-marrón.

En eso, de la cocina salía una bella mujer con larga cabellera y de una belleza fuera de este mundo. Con un fulgor que la hacía ver como una Diosa llena de amor.

-Bienvenido a casa, cariño.- Saludó Chizuru con una tierna sonrisa y con un dulce tono de voz.

-Lamento la demora, amor.- Dijo el peli-marrón y antes de que pudiera explicar el motivo de su atraso, se dio cuenta de que su esposa tenía puesto un mantel y que estaba ligeramente manchado. -¿Eh? ¿Estabas cocinando?-.

-Sí y no solo yo.- Respondió la oji-marrón para luego señalar con la mirada a Sayuri.

Kazuya bajó la mirada de nuevo para ver a su hija y, ajustando un poco la vista, pude ver unas ligeras manchas café en su pequeño rostro.

-Oh, ¿estuviste ayudando a tu madre a cocinar?- Preguntó.

-¡Sip y espero que te guste mucho!- Acto seguido, la menor salió corriendo en dirección a la cocina. A los pocos segundos, salió un pequeño plato que tenía unos cuantos chocolates con la forma de una cabeza de gatito. -¡Feliz día de San Valentín, papá!-.

-¿Los hiciste para… mí?- Kazuya quedó estupefacto. Con algo de nervios, tomó uno de los chocolates y lo probó, y se llevó una sorpresa por el rico sabor que tenían. -Wow, están muy buenos. Pero… ¿por qué me hiciste chocolates a mí, hija?-.

-Pues porque… ¡Yo quiero mucho, mucho, mucho, mucho, a mi papá!- Declaró la menor, con una mirada que denotaba determinación y afecto.

La actitud de la pequeña Sayuri, más su apariencia física que se asemejaba mucho a la de su madre cuando era una niña, le dieron un ataque cargado de dulzura directo al corazón. Kazuya no pudo resistir más. Tomó el plato que sostenía la menor y la abrazó con su brazo libre con todas sus fuerzas. Sin llegar a lastimarla, claro.

-¡Yo también te quiero mucho, mi pequeña bebé!- Gritó el hombre, quien parecía estar a punto de echarse a llorar por las lindas palabras de su hija.

-Tranquilo, papá. Ya sabes que te quiero mucho.- Dijo la pequeña Kinoshita, siendo presionada por el fuerte abrazo de su padre. -Además, ya no soy una bebé.-.

A lo lejos, Chizuru solo observaba la divertida escena entre padre e hija. Disfrutando de ver a su esposo y a su hija compartir un cálido momento en familia. Y eso llenaba su corazón de pura felicidad.

Luego de algunas horas, la pareja de esposos ya se encontraban en su recamara y preparándose para irse a dormir.

-Vaya que no esperaba que Sayuri me regalara unos chocolates.- Habló Kazuya mientras se acostaba para descansar.

-Bueno, es algo normal, ya que hoy es un día especial.- Contestó la bella mujer, quien se encontraba dentro del baño que había en la habitación.

-Sí… Y también debo de agradecerte a tí, de verdad, los chocolates estuvieron deliciosos.- Dijo el peli-marrón en forma de alagó.

-Gracias, pero ese era el regalo de nuestra hija. Yo todavía no te doy mi regalo.- Declaró Chizuru, aún dentro del baño.

-¿Eh? ¿Aún no me das tu rega… lo…?- Él no sabía a lo que se refería en ese momento y en medio de su pregunta, salió su esposa del baño y estaba vestida con una lencería muy sexy y que hacía resaltar muy bien su bien formada figura. Lo curioso de aquella lencería, era que era un color café obscuro.

-Aún no te doy mi "cho~co~la~te".- Chizuru fue acercándose a la cama, moviendo las caderas de forma provocativa y cruzando sus brazos por debajo de su pecho, haciendo que este último resalte más de lo que hacía antes.

-Ah este paso, terminaré muriendo de diabetes.- Pensó el peli-marrón, pero nunca le diría un no a su esposa. Y más cuando se trataba de algo que ambos disfrutaban hacer.

Kazuya estaba agradecido con la vida por tener a una mujer como Chizuru, tan maravillosa y hermosa, como esposa y a una niña como Sayuri, tan tierna y alegre, como hija.

Sin dudas, era el hombre más afortunado del mundo y el 14 de febrero era un buen día para acordarse de esa suerte suya. El día de San Valentín se había vuelto uno de sus días favoritos del año.

Y lo fue desde aquel primer San Valentín que pasó junto al amor de su vida.

Fin.

Hey, hey, ¡hola a todos!

¿Cómo han estado mis queridos lectores?

Bueno, como se habrán podido dar cuenta, quería subir esta historia como un especial por el 14 de febrero. Pero por cuestiones de tiempo (y porque soy un procrastinador por excelencia :V), apenas es que lo subo.

La verdad, espero que hayan pasado un lindo día de San Valentín, ya sea en compañía de su pareja, de sus amigos o incluso de su familia. :D Lo que importa es que se la hayan pasado bien y que hayan tenido un lindo día.

También aprovecho para agradecerles a todos ustedes, mis queridos lectores, que esperan pacientemente a que suba un nuevo capítulo de mis historias que tengo pendientes. Todas sus palabras de aliento y el saber que les gustan mis trabajos, de verdad, me hacen muy feliz. Ustedes son el motivo por el cual no pienso dejar abandonadas mis historias y sí, sé que puede parecer que en algún momento dejaré de subir capítulos, pero mientras ustedes estén ahí… yo continuaré. Tratando de traerles capítulos que hagan que la espera valga la pena.

Digo esto porque, hasta donde yo recuerde, no les he agradecido correctamente todo su apoyo y quería aprovechar esta oportunidad para decirles: ¡GRACIAS!

Así que espero que hayan disfrutado de este pequeño especial y sin más que decir por el momento, nos leemos pronto. Hasta la próxima. ;)