El tercero: Luz es vida

La luz no es sinónimo de sufrimiento: su falta, sí.

Los rayos de sol caen sobre Misa mientras escribe, acariciándola casi con ternura. Se desparraman por la habitación, pero se concentran en donde está ella.

Sus dorados cabellos tocan sus dedos, sus rasgos decididos permanecen así hasta tornarse radiantes al ver a Light-kun...

Luego, se halla en una habitación sin ventanas. Misa tiene puestas unas vendas negras, apretadas en sus sienes, incómodas de usar, y prohibiéndole ver. Sin embargo dejar de ver rojo no le es importante incluso antes de renunciar al Death Note.

Por cincuenta días Misa siente la ausencia de los rayos de sol picando su piel; de la luz real iluminando su visión; de Light, casi tan distante como para extrañarlo, con un brillo en su cuerpo rayando a lo peligroso...

...

Light luce cauteloso, con el cabello un poco largo y a la espera de simplemente cualquier cosa (menos, por supuesto, de algo tan increíble como Shinigamis y cuadernos asesinos).

Misa, resistiendo el impulso de abalanzarse sobre él, luce pálida, como si algo le faltara.

Solo una vez que Yagami-san deja de fingir que van a ocurrir dos asesinatos y un suicidio dentro de unos segundos, Misa y Light-kun se permiten un abrazo que ambos necesitan.