El séptimo: Nueva mirada

Con el pedazo de papel en su mano cerrada, mecánicamente una Misa aturdida hace todo lo que allí dice, esperando así terminar de aclarar la información dada por Rem poco tiempo atrás.

A diferencia de Light, en Misa no existen dos entes luchando por continuar siendo ellos.

Mientras se encuentra en su departamento, lejos de cámaras, de las miradas escrutadoras de L y los intercambios de miradas significativas y con cierta empatía entre ella y Light, Misa escribe nombres con una pulcritud automática y repasa el pasado con nuevos y renovados ojos, aunque humanos, no de Shinigami, y graciosos, no analíticos... como si presenciara una tonta película.

—Ja.

Pasando una roja manzana por sus gigantes garras, Ryuk no deja de sonreír, expectante. Muerde la manzana, y entretanto los ojos nublados de la humana desaparecen bajo sus párpados y reaparecen con menos rojo carmesí y más azul eléctrico y chispeante como la misma inquietante risa que se hace oír.

Hay un lado de Misa que ni siquiera apareció en aquel período de tiempo construido con sus asesinatos, todos previamente planeados a excepción de aquellos cometidos con el deje de la desesperación que le indicó que debía conocer a su adorado Kira.

Este lado, que se ve en los oscuros y encogidos ojos de la rubia radiante, en sus dedos alargados que sueltan la lapicera y rasgan las páginas del cuaderno maldito con plena consciencia y cuidado, es el de una Misa que se vio haciendo el ridículo y no va a perder el tiempo en nada más que borrar de la mente del resto tal hecho. Cueste lo que cueste.

Cuando la carcajada cesa y Ryuk va por la cuarta manzana, la modelo observa con mirada crítica el desastre que hizo por el solo hecho de reírse de sí misma y hace oídos sordos a las preguntas del Shinigami mientras agarra uno de los pedazos de papel de Death Note y su mirada se detiene casi diez segundos en el mismo.

Una sonrisa, pequeña, rara, se forma con la velocidad de su nueva idea.