Disclaimer: Esta historia no me pertenece. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de TouchofPixieDust, yo únicamente traduzco.
Kagome rota
Se le paró el corazón.
Kagome…
Sus pies descalzos estaban clavados al suelo, demasiado petrificados por la avalancha de emociones mientras permanecía mirando a Kagome. Tenía los miembros girados en direcciones extrañas mientras yacía bocabajo en el suelo, parecía una muñeca tirada.
Rota.
No había aliento en su cuerpo mientras la miraba fijamente desde el otro lado de la habitación. No había estado ahí para salvarla. Le había fallado. Lo siento tanto, Kagome. Lo siento tanto. Su persistente orgullo… oh, dioses… ¿qué había hecho? Era culpa suya, era culpa suya que ella… ella… ¡todavía respira!
Inuyasha se estaba arrodillando a su lado antes de darse cuenta siquiera de que había recuperado el control de su cuerpo. ¡Estaba viva!
—Kagome… —Su nombre lo suspiró de forma ronca y rota. ¿Cómo podría perdonarle por haberle fallado? Otra vez—. ¿Qué pasó? ¿Estás bien? ¿Quién te hizo esto? —Un repentino pensamiento le hizo ver rojo y temblar de ira—. ¿Todavía está aquí?
—In… ¿Inuya… sha? ¿Qué…?
—Shhh. Quédate quieta. No te muevas.
Tenía miedo de tocarla por si empeoraba sus heridas. Pero no podía NO tocarla. Se dispuso a tocar ligeramente su coronilla. Se enfrentaron sentimientos de orgullo y terror cuando tocó su húmedo pelo. Kagome había peleado, y mucho. Estaba empapada de sudor, su sangre bombeaba a través de sus venas y sus músculos todavía daban sacudidas.
¡Eso significaba que el atacante aún estaba cerca!
Inuyasha se puso en pie de un salto. Lo mataría. Tal vez primero lo torturaría y LUEGO lo mataría. Estaba casi en la puerta cuando oyó que Kagome lo llamaba débilmente.
—Agua… —rogó.
Se encontró dividido entre la necesidad de vengarla y la de consolarla.
—Por favor…
Con una violenta maldición, Inuyasha salió disparado hacia la cocina. No podía negarle nada. Y menos ahora. Abrió con tanta fuerza la puerta de la nevera, que rompió las bisagras. Allí encontró varias botellas de agua de diferentes sabores, así que las cogió todas. También las tiró todas cuando vio que Kagome luchaba por incorporarse.
—¡NO!
Llegó hasta ella antes de que pudiera incorporarse del todo. Los brazos le temblaban por el esfuerzo e hizo una mueca de dolor.
—¡No te muevas, idiota! ¡Quédate quieta!
Él ignoró su propia orden de que se quedara quieta al atraerla hacia sí suavemente para que pudiera tener algo en lo que apoyarse. Para poder abrazarla, sabiendo que su cuerpo estaba cálido y con vida, no frío y… y… había estado tan cerca de perderla.
¿Por qué la había dejado volver sola? No habían discutido ni se habían peleado. Ella solamente necesitaba volver a casa para entregar trabajos. Daba la casualidad de que estaban cerca de la cabaña de Kaede y de que los demás también se estaban quejando de que tenían que descansar y reabastecerse. Se había ido alegremente y se había despedido de él con un gesto de la mano antes de desaparecer por el pozo. ¿Por qué no la había seguido? ¿Por qué le había permitido que se las arreglara sola en este peligroso mundo suyo? ¿Cómo podía haberla abandonado así después de haber jurado que la protegería con su vida? Solo porque no quería que se burlaran todos de él por no poder soportar separarse de ella durante más de diez minutos.
Kagome lo miró con los ojos muy abiertos, rogándole:
—Agua…
Una botella había rodado hasta quedar a su alcance. Usó su pie para acercarla, luego la cogió y desenroscó el tapón. Le rompió el corazón ver la avidez con la que bebió el agua, aunque sus brazos estaban casi demasiado débiles para mantener en alto la botella. Se apoyó contra él mientras bebía. Le cayó un poco por la barbilla, pero no tenía la energía para limpiarse, así que Inuyasha usó el borde de su manga para secar el líquido.
—Bebe más despacio —le persuadió en voz baja mientras agarraba la botella y bajaba un poco la parte de abajo para reducir el flujo—. Te vas a poner enferma.
Sus ojos se arrugaron un poco en las esquinas cuando le sonrió alrededor del cuello de la botella. Esa era una buena señal. No sería capaz de soportar que estuviera sufriendo tanto como para que desapareciera su sonrisa. Y sería todo culpa suya.
Sabía que no debía dejarla sola. Si alguien podía encontrarse con problemas, esa era Kagome. No es que fuera culpa suya. Pero los problemas parecían perseguirla. Y era SU trabajo mantenerla a salvo. Reposó su frente en su coronilla. Menudo trabajo de protección, se burló de sí mismo.
—¿Quién te hizo esto, Kagome?
—Tae… —Ella inhaló profundamente, sus dedos temblaban mientras volvía a poner el tapón en su ahora vacía botella de agua—… Bo.
Sabía su nombre. Era una buena noticia. Haría más fácil la búsqueda del tal Tae Bo. Entonces, Inuyasha le haría pagar con creces lo que le había hecho a Kagome. Una vez se asegurase de que estaba a salvo, comenzaría la búsqueda. Nada evitaría que lo destruyera.
—¿Sabes dónde está?
Kagome giró la cabeza y señaló en dirección a la televisión. A Inuyasha le resultó extraño no haber notado siquiera que la caja mágica estaba encendida. Todo su mundo se había centrado en la chica, en nada más. El demonio perro olfateó el aire con la esperanza de captar el olor del intruso. Pero el único olor que pudo encontrar fue el de la familia de Kagome. Revisó la zona, esperando captar un indicio de él en el caso de que no pudiera confiar en su nariz.
Nada.
A lo mejor Kagome estaba confusa. A lo mejor se había dado un golpe en la cabeza.
Alarmado ante la posibilidad, Inuyasha enredó sus dedos en su pelo y empezó a palpar su cuero cabelludo, buscando un chichón o un corte, teniendo cuidado de no arañarle con sus garras. El sonido que empezó a hacer Kagome solo podría describirse como un ronroneo… lo que lo puso un poco incómodo, aunque no estaba seguro del porqué.
—¿Sabes dónde está, Kagome?
Ella se apartó muy a su pesar. Inclinó la cabeza a un lado y lo miró con curiosidad.
—¿Qué?
—¿Sabes dónde está el tal Tae Bo? Le haré pagar. —La volvió a atraer hacia sí para acariciarle el pelo—. Te lo juro, se lo haré pagar.
Sus labios se movieron en un breve gesto mientras volvía a apartarse.
—Inuyasha… Tae Bo no es una persona… es un ejercicio. —Volvió a señalar hacia la pantalla—. Estaba descansando de estudiar y pensé en hacer un poco de ejercicio. Ya sabes, para ponerme más en forma. ¿Me ayudas a levantarme?
Todavía sin comprender qué farfullaba, Inuyasha le ayudó a ponerse de pie. Estaba un poco nervioso con lo falta de equilibrio que parecía estar, como si fueran a cederle las piernas en cualquier momento. En lugar de arriesgarse a que se hiciera más daño, la cogió en brazos y la sostuvo un momento. Ella había dejado de hablar y ahora lo miraba de una forma que le hacía sentir… raro. Poderoso. Inmune. ¡Muerto de miedo! Así que corrió hasta el sofá y la dejó allí.
Miró la pantalla donde el hombre estaba dando patadas y golpes al aire, dando instrucciones para que lo siguieran los demás, aunque le estaba hablando a la pantalla. Kagome debía de haber estado observándolo y siguiendo las instrucciones.
—¿Estabas practicando pelea? —Qué extraño. ¿Por qué iba Kagome a practicar el combate cuerpo a cuerpo? Seguro que sabía que él nunca permitiría que estuviera en medio de todo ese derramamiento de sangre. Era demasiado peligroso. Y, bueno, no quería que viera nada de aquello tan cerca en una carnicería, si podía evitarlo.
—No —negó ella con un movimiento de sus manos—. Sí. Bueno… en realidad, no. —Bostezó e hizo un sonido murmurante—. Aunque das patadas y golpes como parte del ejercicio, en realidad eso no es pelear.
—No lo entiendo, Kagome. ¿Por qué estás haciendo esto?
Olvidó su pregunta cuando sintió que su cabeza aterrizaba sobre su hombro. Se había quedado dormida. No, se había agotado hasta el punto del desmayo. Esto no era aceptable en absoluto. ¿Por qué se estaba haciendo esto? Se estaba haciendo daño y él no sabía por qué. Le hacía enfadar. Parte de él quería zarandearla para despertarla y hacer que se explicase, la otra parte quería que descansase un poco, como se merecía.
—¡Eh! Despierta, niña.
No pudo evitarlo. Tenía que obtener respuestas.
En lugar de despertarse, Kagome se acurrucó más contra él, prácticamente escondiéndose. Una vez más, estaba teniendo problemas para decidir qué hacer… o no hacer. Despertar a Kagome significaba que se apartaría de él. No despertarla significaba que no obtendría sus respuestas. Rechinó los dientes, oponiéndose a lo que estaba a punto de hacer. No podía proteger a Kagome para que no se hiciera daño si lo dejaba estar sin más.
—¡Despiértate!
Sintió la pérdida de su calor mientras se apartaba gruñendo y se lamentó. Esta vez, Kagome se dejó caer hacia atrás en el sofá. Todavía media dormida mientras subía las piernas para ponerse en una posición reclinada más cómoda. Esto significó, no obstante, que sus piernas terminaron en el regazo de Inuyasha. Suspiró.
Sí que debía de estar cansada.
Mientras dormía, le quitó los zapatos, pero decidió dejarle los calcetines puestos. Había algo en quitárselos que parecía como si se estuviera aprovechando de ella, a pesar de cuántas veces se dijera que era inocente. Le dio una palmadita en la pierna como lo había hecho cuando había estado enferma. Dejó vagar a su mente hacia las razones de por qué estaba aprendiendo a pelear.
¿No confiaba en que la protegiera?
¿Pensaba que tendría que protegerse de él?
¿QUERÍA empezar a pelear?
¿Quería dejar de usar el arco porque… porque era el arma que usaba Kikyo?
Pero ninguna de las razones en las que pensó tenía mucho sentido. Claro que la protegería hasta su último aliento, seguro que eso lo sabía. Era estúpido considerar siquiera que tendría que protegerse de él. Además del hecho de que se arrancaría el corazón antes que hacerle daño, tenía la protección del rosario. Y Kagome era demasiado blanda de corazón como para un combate cuerpo a cuerpo. Le daría un puñetazo a un enemigo y luego probablemente se disculparía con él.
El arco parecía el arma perfecta. Podía luchar desde la distancia, así que era menos probable que se hiciera daño. Pero si hacía que se sintiera demasiado incómoda… bueno, entonces encontraría otra clase de arma que pudiera usar en su lugar.
—¿Estás bien?
Inuyasha se giró hacia Kagome. Casi se rio, ya que esa era su frase.
—Sí. —No le apartó las piernas de su regazo y dejó que su mano se quedara donde estaba. No iba a moverla ni a atraer atención sobre ella. Tal vez no se daría cuenta de que estaba allí…—. ¿Por qué? —Decidió aclararlo—. ¿Por qué te haces eso?
—Mmm. ¿Te refieres al Tae Bo?
—Sí.
Suspiró. Luego, lamentablemente, apartó las piernas de su regazo y se incorporó. Gruñendo y haciendo una mueca mientras lo hacía.
—Pensé que me pondría en mejor forma. —Se sonrojó—. El resto de vosotros sois grandes luchadores y podéis correr durante largas distancias. Si tenemos que ir lejos, siempre me tenéis que llevar.
—A mí no me importa.
Sonriendo, dejó caer la cabeza sobre su hombro.
—Pero debería ser más fuerte. Más rápida. No hago mi parte en la batalla. Siempre hay alguien que tiene que cuidar de mí.
—A mí no me im…
—Lo sé —le interrumpió—. Pero me siento culpable. Una amiga me habló del Tae Bo y pensé que sería una gran forma de aumentar mi fuerza y mi resistencia. Pensé que, con todo lo que corro y ando en la época feudal, estaría en la suficiente buena forma para soportarlo. Pero usó un conjunto de músculos totalmente diferente. —Gruñó y se estiró—. ¡Me duelen músculos que ni siquiera sabía que tenía!
Inuyasha se quedó un momento en silencio. Intentando encontrarle el sentido a lo que estaba diciendo. Al final, decidió que la única forma de responder a sus preguntas era haciéndolas.
—¿Confías en mí? —preguntó—. Para cuidar de ti, digo.
—Confío en ti, Inuyasha.
Se sentó más recto, intentando contener la sonrisa ante su confianza en él.
—¿No quieres pelear cuerpo a cuerpo?
Ella se rio entre dientes mientras se inclinaba y cogía otra botella de agua que estaba tirada en el suelo.
—Creo que no me iría muy bien con eso. Os lo dejaré a Sango y a ti. Yo me quedaré con el arco, muchas gracias. Pero debería estar preparada por si acaso tengo que hacerlo.
Tuvo que estar de acuerdo con eso. Tal vez debería enseñarle algunos movimientos básicos de autodefensa. Decidió no hacer preguntas sobre el arco.
—¿No te gusta que te lleve en mi espalda?
—Mmm… no es eso. —Se estaba sonrojando. Le encantaría preguntar por qué, pero estaba casi seguro de que él mismo estaba sonrojado—. Sí que me gusta. Es solo que no quiero ser una carga. Quiero aportar. Hacer mi parte.
—Keh. Haces tu parte, niña. Nos das de comer. Nos curas las heridas. Te aseguras de que descansemos. Escuchas sus problemas. Cuidas de nosotros. —No se podía creer que no creyese que estaba haciendo su parte. Solo porque no tuviera un gran papel en las peleas, no significaba que fuera una holgazana—. Oh, encuentras fragmentos. Y cuando pones esa energía purificadora en tu flecha, puedes librarte de docenas de demonios al mismo tiempo. —Negó con la cabeza mientras la miraba—. Eres estúpida si crees que no pones de tu parte.
Se atragantó un poco con el agua que estaba bebiendo. Se rio y se limpió la barbilla.
—Es el insulto más dulce que he oído nunca.
Tras enroscar el tapón de su botella de agua, se volvió a desplomar hacia atrás en el sofá. Inuyasha le levantó las piernas y se las puso en su regazo. Ella lo miró con asombro, pero él no dijo nada. Ella no se quejó y no las movió. Finalmente, suspiró y cerró los ojos.
—Estoy taaaan cansada.
—Entonces, no vas a volver a hacerte esto, ¿verdad?
Kagome se encogió de hombros, somnolienta.
—No sé. Fue un buen ejercicio. Y fue divertido.
—Estabas desmayada en el suelo. —Pensaba que estabas muerta y que mi vida ya no valía la pena.
—Bueno, tal vez debería haberme contenido un poco. La próxima vez me aseguraré de descansar cuando lo necesite.
Inuyasha gruñó un poco.
—Me aseguraré de ello.
DOS SEMANAS MÁS TARDE
—¡Cielos!
Inuyasha levantó la mirada de su lugar en el suelo y vio a una sorprendida señora Higurashi mirándolo. Kagome estaba respirando pesadamente mientras yacía como deshuesada a su lado.
—¿Qué os pasó?
—Tae… —jadeó Inuyasha mientras su pierna se contraía y le daban espasmos—… Bo…
Nota de la traductora: Hacía mucho que no traducía algo de esta autora y es que ahora que ha vuelto a publicar, he aprovechado para pedirle permiso para traducir todos los fics de Inuyasha que me faltaban de ella. ¡Tengo su permiso! Así que pronto subiré más.
