No, no soy rubia, tampoco inglesa y mucho menos millonaria, por lo tanto no soy J. K. Rowling y ninguno de estos personajes me pertenece.


Capítulo Uno.

I Miss You.

(Te extraño)


"Andábamos sin buscarnos,

pero sabiendo que andábamos

para encontrarnos."

Julio Cortázar.


Octubre, 2003

Falta un minuto para las seis de la tarde del viernes.

En la estación de King's Cross la gente entra y sale sin prestar mucha atención a su alrededor; la mayoría tiene prisa por llegar a su hogar después de un largo día de trabajo. Nadie nota al hombre rubio que se para junto a la puerta de entrada, con las manos metidas dentro de su chaqueta de cuero negro. Tampoco notan al hombre de cabello negro y gafas que se acerca a él, pocos segundos después. De la que algunos si se percatan, es de la mujer con cabello castaño y alborotado que, gritando sus nombres y saludándolos desde la distancia, corre hacia ellos haciendo su mejor esfuerzo para evitar a la multitud. Al distinguirla, ambos hombres sonríen, correspondiéndole el saludo alzando sus manos.

Justo cuando el reloj marca la hora, ella llega hasta a ellos.

—Ni un minuto —dice la mujer—No me retrasé ni un minuto. ¿Cómo es posible que sea la última en llegar?

—Nuestra puntualidad ha mejorado con los años —contesta el hombre rubio, encogiéndose de hombros y después dándole un corto beso en la mejilla.

—¿Nos vamos? —pregunta el hombre con gafas, después de abrazar a la mujer.

Ella asiente y sin contestar, los toma a ambos de las manos, para dirigirnos hacia un callejón solitario dónde puedan aparecerse sin el riesgo de ser descubiertos por un muggle.

Mientras caminan, ella mira las extrañas formas que sus sombras proyectan en el suelo de asfalto. "Seguimos siendo los mismos" piensa, recordando las sombras que alguna vez vio por los suelos de su colegio.

No es una afirmación que sea cierta, por supuesto.

Ellos se conocían de toda la vida. Ella los conoció durante el primer jueves que pasaron en Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería. Han pasado doce años desde ese día y los adultos que son ahora, no podrían ser más diferentes de los niños que fueron en ese entonces. Aún así, a ella le gusta jugar con el pensamiento de que siguen siendo los mismos, intentando estirar al máximo la verdad, sin llegar a convertirla en una mentira. Le gusta intentar convencerse de que es cierto.

Al llegar al punto de aparición, se toman de las manos; algo innecesario, pues todos son expertos en hacerlo, pero lo hacen por costumbre. Piensan es su destino y después de que la familiar sensación de ser sujetados por el estómago desaparece, los tres alzan la vista, observando el lugar al que han llegado. En él se encuentra la prueba máxima de lo mucho que han cambiado. Suspirando, la mujer atraviesa la reja negra que resguarda la entrada. No hace falta caminar mucho para llegar hasta la placa de mármol blanco dónde pueden leer la siguiente inscripción:

Ronald Bilius Weasley.

1 de Marzo de 1980 – 8 de Octubre de 1997

Querido Ron, ¡allá nos vemos!

Tus padres, hermanos y amigos.

—Perdona que no hayamos podido venir el miércoles —comienza a disculparse Harry, quitándose las gafas, evitando ver la lápida que hay frente a él —Pero tú sabes… ahora tenemos vidas de adultos.

—No porque así lo queramos —continua Draco, sentándose en la tumba y sacando un pañuelo de su chaqueta para limpiar la placa de mármol dónde está escrito el nombre de su amigo.

—Pero, aunque sea dos días después, aquí estamos —finaliza Hermione, sentándose junto a Draco. La castaña saca su varita y conjura una corona de flores.

Completar las frases los unos de los otros, es sólo uno de los efectos secundarios que ha tenido el haber sido amigos durante tanto tiempo. Aunque sus años en Hogwarts han quedado atrás, Harry, Draco y Hermione se las han arreglado para mantener viva su amistad. Y aunque durante todos estos años se han enfrentado a algunos altibajos, ninguno ha sido tan grave como lo fue la muerte de su amigo Ron al inicio de su séptimo y último año.

Todos son capaces de recordar la tarde en que ese segundo eterno, cuando Ginny les dijo que su hermano había muerto, les detuvo la vida. Segundos antes habían estado discutiendo por un asunto que ahora les parece casi ridículo. Han pasado seis años desde ese momento y, con excepción del primero, Draco, Harry y Hermione han ido juntos al cementerio cada año, tomándose un día para recordar a su amigo fallecido.

Aunque la primera vez que fueron se sintió extraña, no les tomó mucho tiempo acostumbrarse a platicar frente a la tumba, como si el pelirrojo aún estuviera con ellos y pudiera opinar sobre sus vidas. Harry, Draco y Hermione se sienten tan cómodos los tres juntos, que llegan hasta a reír junto a la lápida, disfrutando casi tanto como lo habían hecho en los jardines del colegio, durante los años que los cuatro estudiaban ahí.

—A partir de este año, habré pasado más tiempo sin él que con él —dice Hermione fingiendo tranquilidad, mientras arregla las flores que conjuró —A veces siento cómo si la vida que teníamos en Hogwarts hubiera quedado tres mil años atrás, pero al mismo tiempo, también siento que fue apenas la semana pasada que estábamos sentados bajo nuestro árbol favorito, haciendo los deberes.

Como no recibe respuesta alguna, Hermione desvía su mirada de las flores y la posa en sus amigos. Draco está observando la lápida, retorciendo el pañuelo con el que sigue limpiando y Harry finge estar entretenido viendo cualquier cosa que no sea la tumba, tocando distraídamente sus gafas. Ella se incorpora y apoya su mano izquierda en el hombro derecho de Harry, intentando brindarle algún consuelo. Él se está secando una lágrima con la mano izquierda, pero tanto ella como Draco, fingen no verlo; ambos saben que, a pesar de los años, la pérdida de Ron aún sigue siendo muy dolorosa para Harry. Cuando Draco termina de limpiar la tumba, se levanta para colocarse a la derecha de Hermione. En silencio, ambos esperan que sea Harry el que vuelva a hablar.

—Todo ha estado bien últimamente… —dice Harry, y comienza a hacer una recapitulación de los últimos meses en la vida de sus amigos y de él mismo —Hermione está a punto de obtener su diploma en Estudios Mágicos; si durante el colegio teníamos problemas entendiéndola, ahora no entendemos sobre lo que está hablando la mitad del tiempo. Con decirte a que veces comienza a hablar en latín —ella se ríe con el último comentario y apoya su cabeza en el hombro de Harry.

—Draco, por otro lado, se encarga de que sepamos exactamente de qué está hablando todo el tiempo —sigue Hermione —Sentimos que está a cargo de la mitad de las iniciativas que entran al Ministerio y, juro por Merlín, son las más polémicas de todas. Sus artículos normalmente llegan al Profeta y nosotros no somos los únicos que las discuten. Si no se cuida, va a acabar quitándole a su padre su silla en el Wizengamot —ante esas palabras, tanto Harry como Hermione voltean a ver a Draco, orgullosos, mientras él finge no darse cuenta.

—Potter está a punto de terminar el entrenamiento para ser inefable —dice Draco. —Ahora no puede platicarnos sobre nada de lo que hace; o eso dice él, porque yo creo que en realidad nunca lo aceptaron en el programa y se pasa sus días escondido en Grimmauld Place desde que termino en la Academia de Aurores—termina a tiempo para esquivar un hechizo que Harry finge lanzar en su dirección.

—Como puedes notar, Hermione sigue siendo la más inteligente y Draco el más idiota —Harry continúa hablando, ignorando las risas de su amiga y las quejas de su amigo —La realidad es que cada vez me va mejor en el entrenamiento; tanto que me acaban de asignar mi primera misión en el extranjero. Es una buena misión, además, porque van a ser seis semanas en una locación desconocida.

Al terminar de hablar, Harry siente como Hermione jala de su mano derecha. Al voltear, se tiene que enfrentar a las expresiones desconcertadas y preocupadas de sus dos mejores amigos.

—Salgo el próximo domingo a las siete de la mañana —les informa.

—¿Y esperaste hasta este momento para decírnoslo? —reclama Hermione, sonando enojada, pero Harry sabe que siempre usa ese tono cuando quiere ocultar su preocupación.

—Espero que te manden a una playa… —dice Draco.

—No quería preocuparlos —dice Harry, intentando calmar a sus amigos —No voy de vacaciones, Draco.

—Ya lo sé, Potter. Es para que te quemes con el Sol —completa Draco, negando con la cabeza.

Sin decir nada más, Hermione se lanza al cuello de Harry. Lo abraza con fuerza y susurra a su oído "Vas a estar bien" en un tono que al moreno le suena como a una orden. "Lo prometo" le responde mientras ella asiente, ocultándose en su cuello. Después de que pasan más de treinta segundos, y ella sigue sin soltar a su amigo, Draco hace un ruido de molestia con la garganta.

—¿Piensas dejarlo ir en algún punto o mejor me volteo para darles privacidad? —dice con un tono irónico.

—Oh, cállate —contesta Hermione levantando la cabeza de su escondite para ver a Draco a los ojos, mientras extiende un brazo para jalarlo y unirlo al abrazo.

—Pero que cursi te has vuelto con la edad—protesta Draco, aunque se deja llevar, y los tres permanecen unidos por un par de segundos.

Cuando tanto Harry como Draco se sueltan, Hermione le toma una mano a cada uno, para no dejarlos ir completamente. Aprovecha para observarlos, comparando su imagen actual con la que ella tiene en la memoria. A veces aún se sorprende cuando ve a dos hombres, en vez de a dos niños de once años.

—¿Vamos al pub? —pregunta.

—Vamos al pub —responden Draco y Harry, al mismo tiempo.

Todavía tomados de la mano, le dan la espalda a la tumba, para dirigirse a la salida del cementerio, y aparecerse en el callejón solitario más cercano a su pub favorito.

De regreso en el centro de Londres, los tres amigos caminan sin conversar mucho. Las visitas al cementerio siempre les dejan ese daño colateral, ese amargo sabor en la garganta al hacerse notoria la ausencia de su amigo pelirrojo. El silencio y la pesadez del ambiente hacen que Hermione recuerde brevemente la tarde de hace cuatro años, cuando se reencontró con sus amigos después del año en que estuvieron llegar a su destino, el ruido hace que ese recuerdo vuelva a quedar relegado en fondo de la memoria de Hermione.

Siguiendo su rutina, Draco se acerca a la barra a pedir sus bebidas, mientras Harry y Hermione buscan una mesa en la cual sentarse. Después de encontrarla, la chica deja sus cosas en ella y corre a alcanzar a Draco en la barra para pedir algo de comer y ayudarlo con las botellas de regreso a la mesa.

—Te toca la segunda ronda —le dice Draco a Harry al dejar una botella frente a él —Si te mueres en tu misión, no quiero quedarme con el remordimiento de nunca haberte invitado un trago.

—No bromees con eso, Draco —lo regaña Hermione, completamente seria, pero Harry acepta la botella con una sonrisa y brinda con él.

—Me alegra ver que la posibilidad de mi muerte te orille a ser tan generoso —dice Harry.

—Nah, ya quisieras —contesta Draco —Lo que pasa es que estoy festejando que termine mi relación con Millicent —dice mientras vuelve a chocar su botella contra la de Harry, repitiendo después el gesto con la de Hermione —Mi yo de trece años fue muy sabio al nunca hacerle caso. Esa mujer no es normal.

—Sabes que no me gusta que hables así de las mujeres —lo vuelve a regañar Hermione, aunque sin poder evitar sonreír, contenta de que su amigo haya terminado con (a su juicio) esa relación tóxica.

—Lo que usted pida y exija, mi señora —contesta Draco sin voltear a verla. La realidad es que a él le duele haber fracasado en otra relación —Cuando me pongo a pensar en qué pensaría él (es decir, mi yo de trece años) de lo que me he vuelto, no estoy seguro de estar haciendo lo correcto con mi vida.

—Tú yo de trece años estaría más que orgulloso de ti —lo consuela Hermione.

—No es cierto —la contradice Harry —Él querría patearte el trasero —la chica lo ve mal, pero él no se inmuta —¿Estudios terminados con honores, el inicio de una carrera brillante, llevándole la contraria a tu padre? ¡En qué te has convertido! —ironiza horrorizado, logrando que el rubio ría.

—Supongo que he cambiado un poco en los últimos diez años —concede Draco.

—Sólo un poco —dice Hermione, poniéndose nostálgica. —¿Qué estábamos haciendo en este momento a los trece años?

Ambos hombres comienzan a hacer memoria.

—Estábamos a inicios de tercer año —dice Draco.

—Fue cuando Ron empezó a juntarse con Lavender Brown —aporta Harry.

—Eso fue divertido —dice Hermione recordando como su amigo pelirrojo se hacia el valiente frente a Lavender, sólo para emprender la retira lo más rápidamente posible cuando había una araña involucrada —Fue el año en que besaste a ambas hermanas Greengrass, ¿no, Draco?

—Si y eso definitivamente no fue divertido. —responde Draco comenzando a reír.

Hermione recuerda otra cosa importante que pasó ese año. Fue el año en que compartió su primer besó con Harry, bajo el pretexto de que ambos necesitaban aprender a besar. También recuerda como antes de hacerlo, prometieron no enamorarse del otro. Aunque el recuerdo de su primer beso le provoca una sonrisa, se tiene que tragar un sentimiento amargo al pensar como fue esa una de las promesas que a la larga no pudieron cumplir. Se le queda viendo a Harry y cree que él está pensando lo mismo que ella, pero cuando él habla, lo hace sobre un tema completamente diferente.

—Al finalizar ese año, fue cuando tus padres nos llevaron a la final del mundial de quidditch.

—Recuerdo los asientos en el palco de honor —dice Draco.

—Lo que yo más recuerdo de ese día, fue como casi los tuve que amarrar para que no se fueran de boca cuando salieron las veelas —dice Hermione.

—Por favor —contesta con ironía Draco —Si alguien casi se va de boca ese día, fuiste tú.

Hermione lo ve interrogativamente, sin entender a qué se refiere.

—Ese fue el primer día que viste a Krum —le aclara Harry.

—Ah, cierto —dice Hermione, un poco seria e intentando no ponerse roja —Krum.

—Era un pelón odioso —dicen Harry y Draco al mismo tiempo, logrando que su amiga alce las cejas.

—Es lo que solía decir Ron —vuelve a aclarar Harry —Cuando tratamos a Krum durante nuestro cuarto año.

—No me quiero acordar de ese año —dice Hermione.

—¿Fue cuando nos mentiste a todos y te fuiste con él a Bulgaria en traslador? —dice Draco, ignorando su petición.

—No —contesta Hermione, rodando los ojos, enojada consigo misma —Eso lo hice en quinto.

—Fue cuando llegaste con vestido largo a la sala de espera de San Mungo —recuerda Harry.

E día de año nuevo, durante las vacaciones de su quinto año, el señor Weasley había colapsado y terminado en el hospital. Hermione había dejado plantado a Viktor en Bulgaria para regresar y poder apoyar a su amigo en ese difícil momento. Así es como ellos tres habían terminado recibiendo el año nuevo en esa sala de espera, junto a todos los Weasley.

—Ese también fue el día en que Ron y Luna se hicieron novios —dice Hermione. Sus amigos se quedan callados, probablemente sintiéndose un poco culpables por haber perdido todo el contacto con Luna –Hace poco me escribió una carta —les cuenta —Está feliz. Sigue viajando, en busca del "Snornack de cuerno arrugado"… y conoció a alguien.

Esa noticia si llamó la atención de sus amigos.

—¿En serio? —pregunta Harry, sintiéndose genuinamente feliz por ella.

—Se llama Rolf —dice Hermione —Se conocieron en una conferencia de magizoologia. Es nieto de Newt Scamander.

—¿No es ese el autor de los libros que se la pasaron mordiéndonos durante toda la materia de "Cuidado de Creaturas Mágicas"? —pregunta Draco.

—Ese mismo —confirma Hermione.

—Sólo Luna Lovegood pudo haber encontrado a su nieto —se ríe Harry.

—Quinto fue un año complicado —dice Draco bebiendo un sorbo de su botella.

—Fue la primera vez que nos dejamos de hablar —dice Hermione.

La pelea que tuvieron los cuatro amigos, justo antes de las vacaciones decembrinas de su quinto año, fue de lejos la peor que tuvieron. No había sido culpa de nadie, aunque lo que la había desencadenado fue un comentario a la ligera hecho por Hermione. Ella a veces aún se siente culpable por eso.

—Pero tú te encargaste de que volviéramos a ser amigos —le recuerda Harry.

—De la peor manera posible —dice Draco con tono recriminatorio —Pero lo conseguiste.

—Aún no puedo creer que en serio me hayan perdonado por haberles hecho tomar amortentia —dice Hermione, cubriéndose la cara con sus manos —Sólo a mí se me ocurría hacer ese tipo de cosas. ¿Cómo era que me aguantaban?

—Porque estábamos enamorados de ti —dice seriamente Draco.

Después, él y Harry comienzan a reír con carcajadas mientras Hermione sigue tapándose la cara con las manos, pero ni eso evita que ambos noten que está completamente roja de la pena.

Después de un minuto, o algo así, cuando las risas se acaban y Hermione por fin decide descubrirse el rostro, un silencio algo incómodo se queda posado sobre ellos. Ninguno de los tres ni siquiera hace el mínimo intento por mencionar sexto año. Está prohibido.

—¿Reconocen esa canción? —dice Hermione súbitamente, levanta la mano derecha con el dedo índice levantado hacia el techo, como si la canción fuera algo tangible que pudiera señalar.

—No —contestan ambos en automático, lo que hace sospechar a la castaña.

Don't waste your time on me (No pierdas tu tiempo conmigo)
You're already the voice inside my head (Ya eres la voz dentro de mi cabeza)

I miss you, I miss you. (te extraño, te extraño)

Sin presionarlos, Hermione deja pasar el momento y cambia de tema. Sabe que los chicos si reconocen la canción y también recuerdan la primera vez que la escucharon y es por eso mismo que niegan saber cuál es. Mientras ellos continúan con la conversación, cambiando de tema y quejándose de los trámites burocráticos del Ministerio, Hermione sigue escuchando atentamente a la música perdiéndose en su memoria. Más precisamente, en el recuerdo de hace cuatro años. La tarde en que se reencontraron después de un año separados y caminaron por las calles de Londres hasta dar con este mismo pub.


Octubre, 1999.

Sólo porque hoy es jueves.

Cuando Harry dijo el motivo para querer verlos, a Hermione y Draco les pareció perfecto.

Después de que Ron falleciera al inicio de su séptimo año, los tres habían permanecido juntos más con costumbre que por otra cosa. El remolino de emociones que había sido su sexto año, aún no los dejaba tranquilos y ninguno se sintió con la fuerza necesaria para mencionar lo que sentía durante sus últimos meses en el Colegio. Creyeron que, si lo ignoraban con la suficiente fuerza, el "asunto" quedaría olvidado.

Por supuesto no fue así. Haberte enamorado de tus dos mejores amigos; haberte hecho novio de la chica de la cual tu mejor amigo estaba enamorado desde los doce años: o haberte atrevido a besar a la novia de tu mejor amigo (dependiendo de a quién le preguntaras) no es algo que se olvide fácilmente.

Su último año se sintió más como una ficción, durante la cual los tres fingían estar bien. Comían juntos, estudiaban juntos, pasaban su tiempo libre juntos, pero siempre en un estado de permanente tensión. Pasaron casi la mitad del año sentados juntos en la biblioteca, sin hablarse, con el pretexto de estar estudiando para los E.X.T.A.S.I.S. Lo único bueno fue que gracias a eso los tres obtuvieron calificaciones inmejorables. Al final estaban tan hartos que cuando terminó el año escolar, mientras todos sus compañeros estaban hundidos en la nostalgia, lo que ellos sentían era alivio.

Sólo hubo un momento, durante la ceremonia de graduación, que se dejaron llevar por la emoción y lloraron abrazados al igual que sus compañeros de generación. Hicieron las promesas de escribirse, frecuentarse y no perder el contacto, pero cuando dejaron el castillo, ninguno de ellos pudo cumplirlas.

El tiempo que pasaron alejados les hizo bien a todos. Para empezar, gracias a la perspectiva que brindaba el distanciamiento, habían tenido la oportunidad de perdonarse a sí mismos. Después, también les había ayudado para comenzar a perdonar a los demás. Pero lo más importante fue que el tiempo les había dado la oportunidad de extrañarse.

Por eso fue que a pesar de que había pasado poco más de un año sin tener contacto, cuando Harry decidió mandarles una lechuza a ambos pidiéndoles encontrarse a las afueras de King Cross, ninguno dudó en ir.

Era jueves. Esa era tan buena excusa como cualquier otra para juntarse.

Así que ahí estaban. A las seis de la tarde, afuera de la estación de King's Cross. Después de haberse saludado, no necesitaron de ninguna otra palabra para echarse a recorrer las calles londinenses, hombro con hombro, intentando platicar como lo habían hecho desde los once años.

Sin embargo, el contraste de las bulliciosas calles de la ciudad, a comparación de los tranquilos jardines del colegio, les hizo reconocer que las circunstancias habían cambiado. Una incomodidad comenzó a hacerse presente y sintieron como si les hiciera falta recobrar la práctica necesaria para comunicarse entre ellos.

En su desesperación por encontrar algo sobre lo que hablar, entraron al primer pub muggle que encontraron. Para su suerte o desgracia, casi no había gente y la banda que estaba en la improvisada tarima que había en un rincón, apenas estaba afinando sus instrumentos.

—Hola —dijo una chica con cabellera negra y sudadera roja acercándose a ellos —¿Les ofrezco algo de tomar?

—Una cerveza —contestaron al unísono Harry y Draco.

—Que sean tres, por favor —pidió Hermione, ignorando las miradas incrédulas de los muchachos.

La chica asintió con la cabeza y se dirigió a la barra para conseguir el pedido. Cuando regresó, los tres amigos seguían en silencio. Fue hasta después de que Hermione le dio el primer gran trago a su botella, que Draco encontró algo para decirle.

—¿Y tú desde cuándo bebes alcohol? —su voz aún tenía un tono de incredulidad.

—Han pasado muchas cosas en los últimos meses —contestó Hermione.

—Secundo eso —dijo Harry.

—¿Qué cosas? —preguntó Draco con la voz seca. Ninguno de sus amigos supo que contestar.

El silencio se estaba volviendo largo e incómodo y ellos estaban comenzando a pensar que quizá después de todo si había sido una mala idea volver a juntarse, cuando uno de los integrantes de la banda tomó el micrófono para hablar.

—Espero que les guste la siguiente canción —dijo simplemente, mientras sus compañeros comenzaban a tocar los acordes.

Hermione les prestó atención, agradecida por la distracción. Al escuchar la letra, volvió a creer en la magia. La canción no podría haber habido sido más ideal para la situación en que habían estado viviendo durante el último año.

I miss you, I miss you (te extraño, te extraño)
I miss you I miss you (te extraño, te extraño)

Where are you? (¿Dónde estás?)
And I'm so sorry (Lo siento tanto)

—Joder —murmuró Hermione, antes de comenzar a hablar en voz alta, en medio de un impulso de valor —Si ninguno se atreve a decirlo, lo diré yo: los he extrañado demasiado a ambos.

—Vuelvo a secundar eso —dijo Harry, comenzando a sonreír.

—No hay dos sin tres —confirmó Draco y la incomodidad se esfumó. Comenzaron a hablar de sus vidas en la Academia de Aurores y en la Facultad de Magia. Contaron algunas de las cosas que habían vivido durante su año separados, a quejarse de sus compañeros, a reír despreocupadamente y recordar la placentera sensación que era el estar juntos.

—Había olvidado lo fácil que es hablar con ustedes —dijo Harry.

—¡Por la mala memoria de Harry! —propuso Draco, alzando su botella.

—¡Salud! —contestaron los otros dos, haciendo chocar sus bebidas.

Don't waste your time on me (No pierdas tu tiempo conmigo)
You're already the voice inside my head (Ya eres la voz dentro de mi cabeza)

I miss you, I miss you. (Te extraño, te extraño)


Cuando la canción termina, los recuerdos de la castaña se alejan. Se concentra de nuevo en la realidad, dónde muchas risas y varias botellas más, hacen que la noche pase rápidamente.

—A veces todavía me cuesta creer que una noche antes de entrar a primer año, pensé ese sería probablemente el momento más difícil de toda mi vida —dice Hermione.

—¿Por qué? —pregunta Harry.

—¡Porque tenía once años y no sólo estaba dejando atrás a mis padres, sino todo lo que conocía! Nunca imaginé que cada año sería un poco más difícil.

—¿Cómo que más difícil? —Draco estaba deshaciendo una servilleta entre sus dedos.

—Piénselo. Primer año fue pan comido. Pero luego vino segundo, tercero…

—Cuarto —dice Harry riendo.

—Quinto —ironiza Draco, por seguir la gracia.

—Sexto —susurra Hermione, pero ambos fueron capaces de oírla.

Ninguno de los tres se molesta en mencionar séptimo año.

—Y seguimos creciendo —vuelve a decir Hermione, intentando recuperar el hilo de sus ideas —Y cumpliendo años. Salí de Hogwarts y fui aceptada en la Facultad y ahora estoy a punto de terminar mis estudios en la facultad. ¡Y Draco ya terminó sus estudios en la facultad! Y Harry no sólo terminó en la Academia de Aurores, sino que volvió a empezar y ya está a punto de volver a terminar, pero ahora con la diferencia de que ni siquiera nos va a poder decir en que trabaja, porque ¡sorpresa! Ahora tenemos que trabajar y… y… y…

—¿Cuál es tu punto? —la interrumpe Harry, intentando no reírse.

—Mi punto es…—comienza Hermione, pero parece no encontrar las palabras adecuadas para expresar sus sentimientos —Mi punto que la vida es mucho más complicada a los veintitrés que a los trece años y ¿saben? En serio hubiera querido que alguien me lo advirtiera. ¿Por qué nadie nos lo advirtió?

—Si lo hicieron —contesta Draco —Todo el tiempo. Sólo que elegimos no creerlo.

—La vida es mucho más complicada a los veintitrés —dice Harry acercándose a Hermione y susurrando como si lo que está por decir fuera un gran secreto —Pero también es mucho más divertida. Complicada y llena de responsabilidades, pero divertida.

—Y aterradora—completa Hermione —Pero disfrutable. Y horrorosa, aunque agradable en cierto sentido. Y…—mientras intenta pensar en más formas de describir la vida los veintitrés años, se distrae momentáneamente con un ruido que sale de la barra y vuelve a perder el hilo de sus pensamientos —¿Qué estaba diciendo?

—¿Cuántas de estas te has tomado? —se burla Draco, agarrando su botella. Harry se une a su risa —Nunca te había visto así. Creo que ya deberíamos pedir la cuenta.

—Dividámosla entre dos —propone Hermione, volteando a ver a Harry —Considéralo un regalo ante "la posibilidad de tu muerte".

No sin algunas protestas, Draco acepta. Toma el dinero que Hermione le ofrece y se para ir a la barra a pagar. Aprovechando los breves instantes de relativa soledad ella se voltea y le habla a Harry con la voz más amenazante que puede lograr.

—Sabes que si te mueres, te mato ¿cierto? —dice.

—Lo sé —contesta él y se acerca para abrazarla y repetirle la promesa que le hizo horas antes —Voy a estar bien.

—Sé que no puedes comunicarte con nosotros cuando estás en alguna misión —dice Hermione haciendo su máximo esfuerzo por sonar tranquila —Pero vas a estar lejos por seis semanas y la última vez que estuvimos tanto tiempo sin saber del otro fue… —no se atreve a mencionar el año que estuvieron sin hablarse —Así que si tienes la más mínima oportunidad de mandar una lechuza, o de llamar por teléfono, o mandar una carta, un telegrama, una señal de humo, lo que sea —Hermione se separa un poco para poder verlo a los ojos —Por favor, hazlo.

Harry sólo atina a asentir con la cabeza. No puede hablar, porque está luchando con todas sus fuerzas para no seguir un impulso que no había sentido en mucho tiempo. El impulso de besarla.

Por un segundo, se alegra de que va a pasar las próximas seis semanas separado de ella. Va a tener tiempo para volver a convencerse a si mismo de que ella es sólo su mejor amiga y de que la actual relación de amistad que mantienen actualmente los tres es lo mejor a lo que pueden aspirar, además de que es lo mejor para todos. No quiere ni imaginarse lo que podría pasar si alguno de los tres vuelve a hacer lo que hicieron durante su sexto año en Hogwarts. Se separa de Hermione, porque sólo pensarlo lo aterra.

Aterrado es como se siente Draco, cuando termina de pagar la cuenta y se dirige de nuevo hacia su mesa, porque la manera en que sus amigos están abrazados amenaza con soltar algunos de los recuerdos que se ha esforzado por enterrar en lo más profundo de su memoria. Cuando llega junto a ellos, Harry se está terminado de soltar de Hermione y ella tiene una expresión de susto, como si le acabaran de decir que está por reprobar una de sus materias.

—¿Listos? —dice Draco sonriendo, pretendiendo no darse cuenta de nada.

—Listos —contestan ambos, tan sonrientes y animados como el rubio los había dejado.

Negación. Tienen tantos años practicándola y perfeccionándola, que para cuando salen del establecimiento, todos están riendo de nuevo. El aire que corre evidencia cuantos tragos tomaron, y especialmente cómo dichos tragos afectan a Hermione.

—Tú no te vas a aparecer en ese estado —le dice Draco —Vas a tener que tomar un taxi.

—O o o… —contesta Hermione —Tú podrías aparecerme en la facultad.

—Podría —razona el rubio —Pero no voy para allá. Tengo que ir a casa de mis padres.

—Así que, me apareces en la facultad y luego te vas a casa de tus padres—dice ella, intentando poner cara de súplica.

—Olvídalo —niega Draco —No tengo fuerzas para hacer eso. Y deja ya de verme así. —termina. "Esos ojos, que hace mucho tiempo que dejaron de surgir efecto en mí" piensa decir. Normalmente, lo hubiera dicho. No sabe por qué se lo calla.

—Ni lo pienses —dice Harry, al ver que la mirada de su amiga se dirige ahora hacia él —Si nos aparezco en la facultad, vamos a terminar jugando Scrabble en tu cuarto, viendo películas muggles. Mi misión es el domingo por la mañana, en serio no me puedo desvelar contigo hoy.

—Mi vida es en serio mucho más complicada ahora que a los trece —se rinde Hermione, haciendo un mohín. Recuerda como una década atrás sus amigos hacían todo por ella y un sentimiento de culpabilidad cae en su estómago, al ser consciente de que extraña esos momentos.

En la esquina del pub hay un sitio de taxis, así que ambos magos la acompañan a tomar uno. Hermione abraza a ambos a modo de despida; primero a Draco, recordándole los planes que tienen para comer juntos la semana que viene; y luego a Harry, apretándolo sólo un poco más fuerte, haciéndole jurar por enésima vez que le envíe una lechuza tan pronto como su misión termine. Por fin, se sube en el taxi diciendo adiós con la mano, mientras le indica al chofer la dirección a la que va.

Cuando el taxi desaparece de su vista, Harry aprovecha para preguntarle algo a Draco.

—¿Millicent de verdad fue tan mala pareja?

—No —contesta negando con la cabeza Draco —Pero no logramos terminar de conectar. Algo hacía falta, y ella lo sabía y yo lo sabía, así que decidimos que era mejor terminar. Es simplemente que ella no era… —deja la frase incompleta y Harry no hace un intento por adivinar la última palabra —¿Y tú? ¿De verdad no hay ninguna bruja en la Academia que cumpla con tus expectativas? La última vez que me contaste de alguien fue… —intenta hacer memoria.

—Hace casi un año —contesta Harry, escondiéndose de hombros —Ya sabes cómo es.

Draco permanece callado. Si hay alguien en el mundo que puede entender cómo se siente salir con diferentes brujas y nunca encontrar la indicada, es él.

Caminan juntos hasta el punto de aparición autorizado más cercano y Draco le desea a Harry buena suerte en su misión antes de despedirse. Piensa si debería o no abrazarlo, y aunque se inclina por la segunda opción, un breve recuerdo de Ron, hace que lo abrace rápidamente, antes de que cada uno se desaparezca hacia su destino.

Durante el trayecto del taxi hacia la Facultad, Hermione no puede sacar de su cabeza la canción que oyó el pub. Aunque quiere evitarlo, comienza a hacer algunas comparaciones de diferentes momentos de su vida.

Ahora su relación de amistad con ambos es bastante estable, pero a veces no puede evitar la rara sensación de extrañar a sus amigos. Al Harry a quién besó en tercer año, mientras ambos prometían no enamorarse entre sí. Al Draco a quien besó en quinto, sólo porque quería saber como se sentía. Es un sentimiento egoísta, lo sabe; quisiera dejar de sentirlo, pero no puede. Los últimos cinco años son prueba de eso.

Después del tiempo que pasaron separados, aunque se las arreglaron para recuperar su amistad, nunca volvió a ser igual. ¿Cómo podría haberlo sido, después de tantas experiencias y sentimientos compartidos? ¿Cómo podría haberlo sido, cuando aún ahora, cuatro años después siguen sin ser cien por cierto honestos con ellos mismos? ¿Cómo podría haberlo sido, cuándo la muerte de Ron los obligó a madurar de golpe?

Hermione siempre tiene un sentimiento agridulce cuando se acuerda de su amigo pelirrojo. Por un lado, lo extraña y siente que su pequeño grupo de amigos nunca podrá superar del todo su pérdida. Por otro, a veces se sorprende demasiado acostumbrada a la vida que tiene ahora, casi sin recordarlo, como si le hablaran de un completo extraño.

Después de tantos años lo que verdaderamente la hace sentirse culpable (y que nunca le ha podido decir ni a Harry ni a Draco), es que piensa que quizá Ron murió en el momento oportuno para que ellos pudieran salvar su relación amistosa. Con su fallecimiento, cortó de golpe y tajo el peligroso triángulo amoroso en el que se habían metido.

De la tarde en los jardines de Hogwarts, cuando parecía que estaban teniendo la conversación más importante de sus vidas, saltaron directamente a la Madriguera para el funeral. Después, acabaron el colegio a rastras, y ahí comenzó su alejamiento. Usaron los meses en los que no se hablaron para curarse y cuando por iniciativa de Harry volvieron a reunirse, fingieron que no había pasado nada.

El taxi se detiene y ella espera que se aleje lo suficiente para entrar a la Facultad, la cual recuerda bastante a la entrada del Caldero Chorreante por la manera en que funciona. Al llegar a su recámara y entrar a ella, la oscuridad hace que recuerde el breve momento que compartió con Harry cuando estaban abrazados en el pub. Piensa si debió acercarse y besarlo. En otro momento, en otro lugar, lo hubiera hecho. Era tan fácil…

Hubiera sido tan fácil, y al mismo tiempo hubiera mandado todo a la mierda. Hay días en que está segura de que lo mejor que pudieron haber hecho no nunca más hablar del tema. Hay otros, como hoy, es que está segura de que ha sido uno de sus más grandes errores.

Cinco años después, y ninguno de los tres menciona el tema.

No pueden, es tabú.

Al igual todos los besos que han compartido en esos mismos cinco años.

Siempre los justos para no olvidarse, nunca los necesarios para arriesgarse a más.

Porque no pueden volver a arriesgase a perder su amistad.


Si han llegado hasta aquí, ¡muchas gracias!

Si se preguntan si esto es un harmony, un dramione o un dramionarry la respuesta es… no lo sé. Aunque esta historia es, en teoría, la continuación de mi historia "Hoy es Jueves" está escrita de tal manera que no necesitan leer la primera parte.

Si quieres saber como es que Blink-182 estaba en un pub inglés en 1999, tocando una canción que no sacarían hasta cinco años después, la respuesta es… magia.