Una lección en la derrota para Erina Nakiri
Por Fox McCloude
Disclaimer: Shokugeki no Soma y todos sus personajes son propiedad de Yuuto Tsukuda y Yuki Morisaki. Todos los derechos reservados.
Academia Culinaria Tootsuki, oficina del director…
Erina Nakiri estaba frente a su escritorio, con una enorme pila de papeles que debía revisar y firmar. Normalmente, estaría ocupada y concentrada en su trabajo, pues era su deber como directora de esta prestigiosa institución, pero en ese momento su mente estaba dando vueltas y desvariando demasiado como para siquiera pensar en ello.
De hecho, solamente había una cosa, o más bien una persona, que en aquel momento ocupaba sus pensamientos. El chico que en más de una ocasión puso su vida, su mundo y todo aquello en lo que creía patas arriba. Ese pelirrojo cuya presencia era capaz de animar hasta el más oscuro de los lugares, el primero que se atrevió a desafiarla abiertamente… y el primero que durante toda su vida le infligió una derrota en aquello que más le enorgullecía, la cocina. Soma Yukihira.
Aunque habían transcurrido ya dos semanas desde entonces, el recuerdo estaba muy vívido en su mente. Tanto la imagen como el nombre del plato resonaban fuertemente en la cabeza de la rubia. "Huevos Benedictos dignos de una reina, estilo Yukihira". Resultaba irónico que el chico la hubiese derrotado con el mismo plato que le vio preparar a ella en la concentración. Pero en vez de simplemente copiarlo, lo modificó a su propio estilo, llevándolo más allá de una manera que para ella habría sido impensable.
- "Una oportunidad en un millón. Si hubiese fallado aunque fuese por un milímetro cubico de más en los ingredientes, el resultado habría sido desastroso. Pero lo logró."
Y así era. Aunque hubiese tratado de negarlo, igual como lo hizo el día que se conocieron, el pulso que tanto ella como su madre emitieron, y que terminó destrozando las ropas de todos en las cercanías del evento la habría delatado igualmente. El pelirrojo había tomado la cocina de ella, haciéndola suya, y con ello la había superado.
¿Hasta allí podía llevarla su talento natural? Siempre había hecho todo sin esfuerzo, porque le resultaba demasiado fácil, tanto que incluso era aburrido no tener ningún desafío, ni ningún rival que fuera capaz de desafiarla. Eso claro, hasta que apareció él.
- "No importa cuánto se esfuercen, nadie jamás podrá superarme. Eso fue lo que me dije a mí misma."
Desde muy niña era plenamente consciente del don con el que había nacido, que la pondría un paso por encima de cualquier otro chef por encima de su generación, y que sin importar cuánto lo intentasen, nadie podría jamás estar a su nivel, mucho menos superarla.
Y ese fue su error. Mientras ella continuó dependiendo de su don y su talento natural, igual que siempre lo había hecho, Soma Yukihira trabajó duro para cerrar la brecha entre ambos. Ciertamente, cuando se conocieron era abismal, pero mientras él avanzaba, acercándose cada vez más, ella se había quedado estancada.
Durante las últimas dos semanas, en la academia no se hablaba de otra cosa. Era lógico: ella, la gran prodigio de su generación, la heredera de la familia Nakiri, había sufrido su primera derrota ante la persona menos esperada. El joven que vino desde abajo, desde un humilde comedor familiar en un distrito de clase media, al que ella le quiso negar la entrada por no reconocer que se equivocó al prejuzgarlo, y sin tener la más mínima idea de la sangre que corría por sus venas y el legado que ocultaba detrás de él. El chico al que toda la escuela odió por pensar que era un simple fanfarrón que decía que llegaría a la cima, y que luego lo odiaron por darse cuenta que no era solo palabrerías de dientes para afuera. El chico que se había propuesto algún día derrotarla y destronarla, y que eventualmente lo consiguió.
No importaba cuantos intentos le tomara, Soma Yukihira siempre cumplía lo que se proponía.
Todavía recordaba el rostro del chico cuando fue anunciado como el campeón. Ella creyó que él se regodearía en su cara, riéndose de ella y restregándole el trofeo del primer lugar mientras ella recibía el del segundo. Y para ser sincera, habría preferido eso mil veces a ver aquella expresión solemne y decepcionada en su rostro. Cualquiera habría pensado que en realidad había sido él quien perdió la competencia, si no lo hubiesen visto allí mismo y en vivo.
Ese no era el Soma Yukihira que ella conocía. El que había terminado cautivándola con su carisma y carácter alegre, a pesar de esa actitud tan irreverente que tenía.
- "Me derrotó por completo. Y entonces… ¿por qué no está feliz por ello? Mejor dicho… ¿por qué no estoy yo molesta por haber perdido contra él?"
Erina no lo admitiría en voz alta, pero había algo por lo cual ella sentía una gran envidia. Una cualidad que a ella le faltaba, y que Soma tenía de sobra. Ella había crecido como una perfeccionista al extremo, alguien que no debía cometer errores ni mostrar debilidad ante nadie, alguien que debía estar por encima de todos. A resultas de eso también se había convertido en una persona arrogante y de la que todo mundo, con contadas excepciones, mantenía su distancia por temor a recibir un mal comentario que pudiese arruinar su carrera culinaria. Y estaba tan acostumbrada a que la gente le temiera, que confundía el miedo con el respeto, aunque en parte eso era culpa de su propio padre, a quien ella a partes iguales respetaba y temía, y terminaba proyectando eso en los demás. Algo de lo que no se dio cuenta hasta que esa actitud también afectó a la única persona a quien ella consideraba una amiga, y la alejó de ella por un tiempo.
Pero bajo ese exterior, en el fondo ella era una persona frágil emocionalmente, como cualquier adolescente de su edad. Sentía miedo de fracasar, de no llenar las expectativas que todos, su abuelo, su padre, su madre, y el mundo culinario habían puesto sobre ella. Se veía forzada a mantenerse en la cima para evitar que se derrumbara esa imagen que ella misma y todos los demás habían creado, y no podía permitirse que se agrietara ni un poco.
Soma, por otra parte, no le temía en absoluto al fracaso. De hecho, no le importaba admitir que en su haber tenía muchas más derrotas que victorias, si bien la mayoría habían sido contra su propio padre, el chef a quien él (como ella misma) deseaba emular. Pero Soma quería ir más allá, ya que nunca hablaba de igualar a Joichiro Saiba, sino de superarlo. Él se beneficiaba de sus fracasos, aprendía de ellos, y volvía con más fuerza al volver a intentarlo. Y no le importaba lo que los demás pensaran: hacía lo que quería, como quería, hasta que le saliera bien. Y en el camino, siempre se divertía con sus fracasos. Algo que ella habría considerado impensable para un chef.
Era un muchacho irreverente, tosco y poco formal, pero tenía muchas cualidades de un verdadero chef que a ella le faltaban, como esa creatividad y el deseo de satisfacer a sus comensales. Algo que, por mucho que odiara admitirlo, ella había perdido de vista por un tiempo.
- "De muchas maneras, él es un mejor chef que yo. Y no sólo eso, sino que saca lo mejor de otros chefs a la vez que se mejora a sí mismo."
Esa era otra cualidad que ella admiraba y envidiaba de él. Tal vez en cuestión de habilidad o talento no fuese el mejor, pero sí tenía el carisma para ganarse a las personas, para motivarlas a seguir su ejemplo e ir más allá. Algo que ni ella, ni el resto de los antiguos consejeros tenía, por ser todos una bola de arrogantes que veían desde su pedestal al resto del alumnado como si fueran simples e insignificantes insectos.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando las puertas de su oficina se abrieron bruscamente, y entró una muy agitada chica de cabello azul amarrado en una coleta de lado sobre su hombro.
- ¡N-Nakiri-san!
- ¿Tadoroko-san? – Erina se paró de su escritorio y corrió a verla. Parecía como si hubiese corrido una maratón; estaba sudando y jadeando. – ¿Qué te sucede?
- Tienes… tienes que venir… a la Estrella Polar… Soma-kun…
- ¿Yukihira-kun? ¿Qué sucede con él?
- No hay… tiempo… solo… ven…
La chica apenas tenía aliento para hablar, pero el mensaje era claro. Algo estaba pasando con el chico Yukihira, y ella tenía que ir de inmediato. Sus deberes podían esperar; si Megumi Tadokoro había venido a verla con tanta prisa, debía ser algo muy urgente.
Dormitorio de la Estrella Polar, poco después…
Para llegar más rápido y que Megumi pudiese descansar, Erina hizo que el chofer las llevara al dormitorio en su auto. Eso le permitió a la joven décima consejera explicarle lo que estaba sucediendo, y no hacía falta decir que la rubia se quedó en shock, para luego ponerse muy, muy furiosa. Conocía al chico Yukihira el tiempo suficiente como para no sorprenderse del todo, pero nunca creyó que sería capaz de hacer algo como esto.
- "Ese idiota… ¿cómo se le ocurre hacer algo así, y justo ahora?"
Apenas el auto se detuvo frente al edificio de la Estrella Polar, Erina no esperó a que le abrieran la puerta. Salió ella misma y echó a correr hacia la entrada a toda prisa, sin detenerse a saludar a los residentes que estaban en ese momento trabajando en el jardín.
- ¡Ah, Nakiri-kun! Buenos días…
- Lo siento, no tengo tiempo ahora. – dijo mientras pasaba de largo a Isshiki, e ignorando que otra vez estaba arando sólo con su fundoshi y sombrero. Tenía un solo objetivo fijo en la mente.
Abrió las puertas de la residencia de un empujón y corrió escaleras arriba, hacia la habitación del chico. Era una suerte haber estado ya antes en ella, ya que así sabía dónde buscarlo y no se le escaparía. Con suerte, quizás no fuera demasiado tarde.
Y efectivamente, al abrir la puerta número 303, allí estaba él, empacando sus últimas cosas en su maleta. La habitación estaba totalmente despejada excepto por lo que era propiedad de la residencia, muy diferente a aquella vez que lo visitó para hablar, aquella fatídica noche.
- Oh, hola, Nakiri. – dijo él sonriendo al verla. – ¿Qué hay de nuevo?
- ¡Nada de "qué hay de nuevo"! – exclamó ella a todo pulmón. – ¿Se puede saber qué estás haciendo?
- Empacando mis cosas, ¿a ti qué te parece? – respondió él, con su típico tono despreocupado y sin dejar de lado esa sonrisa, que le era a partes iguales tan molesta y tan encantadora.
- ¡No me refiero a eso! Lo que quiero decir es… ¿por qué piensas que puedes irte así nada más? ¡¿Y planeabas hacerlo sin decirme nada?!
- Ja, bueno, nunca fui bueno para las despedidas. – dijo él, empacando su cuchillo favorito en su caja antes de meterlo a su maleta. – Y también sabía que, si te enterabas, tratarías de detenerme.
- ¡Por supuesto que lo haría! – gritó ella, todavía enojada. – ¡Eres el primer consejero, no puedes abandonar la academia así como así! ¿Has olvidado tus responsabilidades?
- Oh vamos, te las podrás arreglar sin mí. Lo has hecho bien hasta ahora, ¿o no, señorita directora?
Erina se mordió el labio para no soltar otro grito de rabia, tratando de mantener su compostura. ¿Por qué tenía que ser así? Era un rasgo de él que la cautivaba y a la vez le desesperaba, y no sabía cómo lidiar con ello.
La Nakiri respiró profundamente, tratando de recuperar la compostura. La rabia no funcionaba, tal vez preguntarle con calma le daría respuestas.
- ¿Por qué has decidido marcharte?
- Bueno, he estado pensando, después del BLUE, siento que la academia me ha quedado pequeña. – respondió él. – Así que me dije, voy a hacer lo mismo que mi papá. Viajar por el mundo, expandir mis horizontes, aprender cosas nuevas para mejorar mi cocina.
Erina se encontró incapaz de refutar eso. Sin dudas era el hijo de Joichiro Saiba, y ahora estaba buscando seguir el mismo ejemplo de su padre. Pero a su propia manera, obviamente.
- Y después, cuando haya mejorado, regresaré para que tú y yo nos volvamos a enfrentar.
Los ojos de Erina ensancharon brevemente. Nada podría haberla preparado para esa declaración. ¿Quién en su sano juicio retaría de nuevo a alguien a quien acababa de vencer? No tenía ningún sentido.
- ¿Enfrentarnos de nuevo? – preguntó ella. – No lo entiendo. ¿Acaso no estás satisfecho con haberme derrotado en el BLUE, delante de mi madre y de todos? ¿O acaso es que quieres humillarme más?
- ¿Humillarte? Todo lo contrario. El que se siente humillado… soy yo.
Su tono amigable y despreocupado había desaparecido, siendo reemplazado por uno frío y serio. Aquel que reservaba para sus oponentes más despreciables en el momento en que los ponía en su lugar. Excepto que esta vez, no había un ápice de burla en él, y eso, combinado con la mirada penetrante de sus ojos ambarinos, hizo que le diera un escalofrío por toda la espina.
No obstante, así como él no se dejaba intimidar por ella cuando se conocieron, ella tampoco podía permitirse ser intimidada por él, así que lo confrontó con sus propias palabras:
- ¿Por qué ibas a estarlo? ¿No era eso lo que querías, desde que ingresaste a esa academia? ¿No habías prometido derrotarme para convertirte en el número uno?
- Eso fue lo que dije. – respondió él. – Pero lo que sucedió en el BLUE… no era lo que yo quería. No era así como deseaba vencerte.
Erina se quedó pasmada. ¿A qué se refería? Para ella, una victoria era una victoria, sin importar cómo se lograse. Por eso mismo, en las semifinales de la Selección de Otoño, pese a los métodos tan cuestionables, y la actitud tan deshonrosa de Mimasaka con sus oponentes, en ese encuentro ella esperaba verlo perder. En esa academia sólo se juzgaba la cocina, y lo demás no importaba.
Pero claro, Soma Yukihira no era ese tipo de chef. Más de una vez había demostrado que, para él, no existían reglas explícitas o implícitas sobre lo que era bueno y lo que no. Menos todavía de lo que era raro, si contaba sus "experimentos".
- No sé si fue porque estabas agotada, por los nervios, la presión o lo que sea. Pero lo que sí sé, es que la Erina Nakiri que vencí en la competencia no era a quien yo deseaba derrotar. No era la que nos hizo ganar en el Shokugeki Regimental, a la que nombré como nueva directora de esta academia. Aquella que se ganó mi respeto como chef cuando vi realmente cuánto estaba por encima de mí.
El corazón de Erina dio un vuelco. Jamás se imaginó que Soma le tuviese en semejante pedestal. Siempre pensó que esa actitud irreverente suya, que al principio pensó que era un insulto hacia su persona, era porque la veía como otra más de sus amigos, como su igual, excepto quizás en lo que a cocina se refería. Después de todo, él siempre había sido de trato muy casual hacia todas las personas, independientemente de su estatus, conexiones o cualquier otra cosa.
Algo que con el tiempo ella llegó a apreciar, al darse cuenta realmente de cuán sola se encontraba en la cima. Todo lo que tenía, y nadie con quien compartirlo.
- Mira, tal vez no sepa todo lo que ha pasado en tu familia, o por qué eres tan obsesiva. Pero nunca entenderé por qué le tienes tanto miedo al fracaso. Mi mamá siempre decía "el fracaso es la madre de los grandes éxitos", y creo en esas palabras. No habría llegado tan lejos si no me hubiese aferrado a ellas.
- Para ti es fácil decirlo. – dijo ella, cruzando los brazos. – Ya sabes lo que sucedió con mi madre, ¿o acaso lo olvidas?
- ¿Entonces qué? ¿Te darás por vencida sólo por haber fallado una vez?
- ¿Y quién te dijo que quiero darme por vencida? ¡Tú no sabes nada! ¡No sabes lo que es cargar con toda la presión de ser quién soy, de lo que significa llevar el apellido Nakiri! ¡De que todos siempre esperan de mí lo mejor, ser perfecta y nada menos!
El silencio cayó entre ambos. Extrañamente, se sintió muy liberada luego de dejar salir todo. Esos sentimientos que había embotellado durante tantos años, finalmente pudo ventilarlos. Igual que cuando se enfrentó a su padre, desafiándolo abiertamente en vez de ser la niña buena y sumisa que siempre le obedecía sin rechistar.
Soma finalmente volvió a sonreírle, lo que la hizo sentirse más irritada de nuevo. ¿Por qué siempre tenía que ser así?
- No, no lo sé. Pero te apuesto lo que quieras a que mi papá sí lo sabe. Lo que se siente estar en la cima, totalmente solo, y tratar de mantenerte allí. Ese es uno de los peligros de ser el mejor, el miedo a perderlo todo solo por fallar una vez, ¿verdad?
Erina no respondió, pero había dado en el clavo. Eso era lo que ella sentía. Que todo su mundo se derrumbaría, que su vida se haría pedazos si sólo fallaba una vez, y por eso buscaba evitar el fracaso y la imperfección a toda costa. Pero todavía estaba aquí. A pesar de haber perdido contra él, seguía siendo la directora de la academia, y el respeto y admiración que todos le tenían no había disminuido ni un poco. De hecho, hasta habría aumentado, podría decirse. E incluso aunque perdió, su madre elogió su plato, diciendo que "con un poco más de empeño" ella podría haber ganado.
- Me pregunto… ¿tal vez debí decirte algo en ese momento? Algo para sacarte de ese trance en que estabas. Porque claramente no estabas concentrada. No estabas allí. Y eso es lo que más me molesta, ¿sabes?
- ¿A qué te refieres? – preguntó ella.
- Tú sabes mejor que nadie lo mucho que odio perder. ¿Pero sabes qué odio más? El saber que gané únicamente porque mi oponente no dio todo lo que tenía. Podrías haberlo hecho mejor que eso, y tú lo sabes.
Erina bajó la cabeza. No tenía defensa alguna contra eso. La mayor señal de respeto hacia un oponente era dar lo mejor, algo que ella no hizo por estar demasiado concentrada en su miedo a fallar. Era comprensible que Soma se sintiera insultado; ella se habría sentido igual si no lo hubiera visto esforzarse con todo lo que tenía, cómo siempre lo había hecho desde que lo conoció.
- Te diré algo que me dijo mi papá. Él me dijo, que el secreto para ser el mejor chef, es encontrar a una persona especial a quién ofrecerle toda mi cocina. El plato que preparé en el BLUE, quise dedicárselo a esa persona, a la que me motivó a superar mis límites como nunca en toda mi vida. Estoy seguro que tú también tienes una persona importante para quien cocinar, ¿o me equivoco?
Erina sintió como si un relámpago la hubiese golpeado de lleno en ese instante. ¿Una persona especial? ¿Acaso estaba hablando… de ella? Ya había dicho una vez que "Nakiri y su lengua divina me pertenecen", pero no se imaginó que lo diría en "ese" contexto. ¿Y a qué se refería con que ella también tenía una persona importante para quién cocinar?
Soma cogió su maleta y se la echó a la espalda, empezando a caminar hacia la puerta. Al pasar junto a ella, la Nakiri sintió que su corazón se apretaba. El chico se estaba yendo y no había nada que pudiera hacer para detenerlo, aunque ella deseaba con todas sus fuerzas que no se fuera. Y no sólo por ser el primer consejero de la academia, sino porque en ese momento, no había otra cosa que deseara más que tenerlo, como su mayor apoyo… y algo más que no podía explicar.
- Nos veremos, Nakiri. Más vale que te prepares, porque cuando nos volvamos a ver, seré incluso mejor que ahora. Y si no te esfuerzas… te voy a superar de nuevo.
Y con esas palabras, abandonó la habitación, la residencia, y a ella. Por un instante, ver la espalda del chico le hizo ver la imagen de Joichiro Saiba, igual que aquella vez que se despidió de ella. Ni se molestó en salir corriendo; estaba demasiado en shock como para hacerlo. Simplemente se dejó caer de rodillas, y se llevó las manos al pecho. Apretó los párpados con todas sus fuerzas, buscando reprimir esas lágrimas que forcejeaban para salir de sus ojos. Aunque nadie la estuviera viendo, no podía permitirse expresar esa clase de sentimientos. Ni aquí, ni en ninguna otra parte.
Unos días después, en el hogar de los Nakiri…
- Quiero que me des otra oportunidad.
No estaba en su naturaleza suplicar por algo. Ella era más del tipo que daba órdenes o demandaba cosas para que le fuesen entregadas en el acto, y estaba acostumbrada a que se lo dieran. Pero la persona frente a ella no iba a ser tan fácil de convencer.
- ¿Por qué piensas que será diferente esta vez, Erina?
- En ese momento no estaba concentrada. – dijo Erina. – No te pido esto como la Bookmaster de la WGA, sino como mi madre. Por favor.
Dos semanas habían transcurrido desde que el chico Yukihira se había marchado. En ese tiempo, había podido pensar en lo que le había dicho. Estaba en lo correcto: Erina también tenía una persona importante para quién cocinar. Su propia madre, Mana Nakiri.
Pero su madre no iba a dar su brazo a torcer tan fácilmente.
- Sinceramente, no entiendo por qué estás tan insistente ahora. En el BLUE estuviste hecha un completo caos, no parecías tú en absoluto. No parecía que tuvieras la voluntad necesaria para ganar.
- ¿Y de quién es la culpa? – espetó Erina. – ¿Quién fue la que trató de ponerme obstáculos para desgastarme? Pero debes admitir que no todo salió como tú lo planeaste, ¿verdad? Tú tampoco esperabas que Yukihira-kun fuese capaz de derrotar a Asahi Saiba.
La sonrisa arrogante de la mujer se desvaneció al instante. Había dado en el clavo y naturalmente eso le molestaba. Eso era un rasgo inherente de los Nakiri; siempre les dolía el orgullo cuando alguien les demostraban que estaban equivocados, y no se lo tragarían para admitirlo de dientes para afuera. Ella misma recibió varios por parte de ese pelirrojo, después de todo.
- He tenido mucho tiempo para pensarlo, y entiendo por qué perdí. ¿Sabes qué es lo que nos diferencia a Yukihira-kun y a mí? – preguntó Erina. – ¿Sabes por qué derrotó a Asahi Saiba a pesar de tus expectativas?
- Lo dije enfrente de todos, ¿o no? – dijo Mana. – Tomó la cocina de otros chefs, pero en ningún momento la hizo suya. En el fondo estaba vacía.
- Sí, en parte tienes razón. – dijo Erina. – Pero también, ¿sabías que ellos se habían enfrentado una vez? De manera extraoficial, obviamente, pero yo estuve allí. En ese momento, Yukihira-kun fue completamente aplastado.
Mana levantó una ceja. Parecía que no tenía nada que decir con respecto a eso. Ahora que tenía su interés, era momento de dejar claros los puntos.
- Pero eso no lo desanimó ni un poco. Siempre que pierde, hostiga a su rival para que le dé una revancha, y no descansará hasta obtenerla. – dijo Erina. – Y cuando se levanta, vuelve con más fuerza y determinación.
- Hmm… ¿y supongo que ahora tú querrás intentarlo con más empeño? – La mujer miró a su hija de manera inquisitiva. – ¿Crees que podrás hacerlo mejor ahora luego de tu fracaso en el BLUE?
- Haré mucho más que eso, madre. – dijo levantando la mano y se echaba atrás su pelo con altivez. – Te haré probar un plato que haría que el de Yukihira-kun te parezca repulsivo en comparación.
- Qué interesante. – dijo Mana. – Muéstrame de qué eres capaz, Erina.
Mana chasqueó los dedos para hacer venir a los sirvientes, que aparecieron al instante, y ordenó que preparasen la cocina y todos los ingredientes y equipamiento que hubiera disponibles. No cabía duda que había aceptado el desafío, y Erina no iba a desperdiciar la oportunidad. Tal como le había dicho Soma, su madre era una persona importante para ella, alguien a quien ella deseaba dedicarle su cocina.
Mientras aguardaba, Erina salió un momento hacia el jardín para observar hacia el cielo. El aire aquel día era relajado y cálido, bastante agradable para la época, pero era demasiado tranquilo para su gusto. En aquel momento, ella sentía que algo le faltaba. O más bien, alguien.
Era cierto lo que decían; no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.
- "Yukihira-kun… jamás voy a perdonarte por haberme dejado así. Cuando regreses… te daré una lección que nunca olvidarás. Si me superaste con tu duro esfuerzo, entonces yo tendré que superarte con mi talento y mi propio esfuerzo."
No supo en qué momento pasó, pero después de que se enfrentaron juntos al padre de ella, dio por sentado que él seguiría a su lado. Sin darse cuenta, Soma había hecho mucho más que satisfacer su paladar. Había empezado también a alimentar a su corazón, haciéndole probar por primera vez algo que nunca creyó encontrar.
Hasta que el pelirrojo regresara, ella lo esperaría. A él y a sus platos. E igual como él le dedicó su cocina, ella haría lo mismo por él, algún día.
FIN.
Notas del autor:
¿Qué tal, gente? Bien, mi segunda publicación de hoy, mi segunda historia de Shokugeki no Soma, o tercera si cuento el shot crossover que hice con Gotoubun no Hanayome. Piensen en esto como una conclusión alternativa al BLUE, si Soma no hubiese sacudido a Erina de ese trance en el que estaba para que se pusiera seria.
Sé muy bien que Erina es un personaje bastante divisivo en opiniones, y que los argumentos tanto de sus fans como de sus detractores son bastante válidos. En cuanto a mí, al principio me caía bastante mal por su actitud arrogante, pero gradualmente eso fue disminuyendo al irla conociendo más y ver que en el fondo no era que quisiera ser mala, y me llegó a gustar al punto de que salté del Team Megumi al Team Erina con los ships de Soma casi a mitad de la historia. Me estaba gustando su desarrollo, hasta que lamentablemente en el arco final tuvo una regresión total que, aunque fuese momentánea, me llevó de vuelta al tiempo cuando la detestaba. Una de las cosas que más me desagradaron del arco final, que no fueron pocas y no me molestaré en listarlas porque estoy seguro que tendrán una idea de a qué me refiero.
Creo que, narrativamente hablando, a Erina le habría venido mejor ser derrotada al menos una vez, así fuese porque no estaba concentrada. De esa manera, Soma técnicamente lograría la meta que se propuso al menos en parte, y ella aprende la lección de que una derrota o fallar en algo una vez no es el fin del mundo. Incluso en esas condiciones, y viendo que Soma no estaría satisfecho venciéndola de ese modo, le daría el empujón que necesita para volver a levantarse y empezar a esforzarse más para ser la cocinera que puede y desea ser. Así, cuando se vuelvan a enfrentar, ella le da la revancha que él se merece.
En fin, no me queda más por decir, espero que lo hayan disfrutado, y si fue así, coméntenlo en un review. ¡Hasta la próxima!
