"La Curiosidad Mató al Dragón".

. . .

Nota: Ambientado en un mundo futurista, pero tiene detalles de la época feudal, por si hay alguna confusión.

. . .

Había una bestia en su sótano.

Higurashi Rin se había enterado completamente por accidente.

Había estado buscando a su Dragón bebé, Ah-Uhn, y después de estar buscando infructuosamente por toda la casa, Rin había decidido ir a revisar al sótano, que nadie había usado nunca.

No tenía muchas esperanzas: El sótano era tan frio, oscuro y húmedo, que incluso su travieso dragoncito lo pensaría dos veces antes de ir ahí, pero cuando Rin bajó las escaleras, se sorprendió al ver Exterminadores en la puerta. Exterminadores fuertemente armados.

Hubo ruidos sospechosos provenientes de detrás de la puerta.

¿Gruñidos?, ¿Alguien acababa de gritar?

Los ojos de los exterminadores eran cautelosos y preocupados, con las manos ceñidas en sus armas.

Fue más que extraño, considerando que la puerta del sótano era enorme. Nada debería ser capaz de atravesar esa puerta. Entonces, ¿Por qué los mejores Cazadores de Monstruos de la región estaban tan nerviosos?

-¿Qué está pasando? –Preguntó Rin, acercándose un paso.

Los hombres le bloquearon el camino.

-Aléjate del sótano, enana. –Dijo uno de ellos. –Ordenes de tu hermano.

-¡No soy enana! –Dijo Rin, frunciendo el seño. Tenía 19 años, aunque realmente era más bajita que las chicas de su edad, era una adulta. Pero por supuesto, ninguno de ellos la tomo en serio.

-¡Shu! –Dijo, dándole una sonrisa divertida, antes de darse la vuelta y despedirla en silencio.

Esa era la cuestión. Nadie, jamás, la tomaba en serio. De hecho, nadie le había prestado mucha atención. Simplemente no tenía nada extraordinario de ninguna manera. No era la hija mayor: Ese era su hermanastro mayor, Hakudoshi. No era la más fuerte: Ese era su hermano mayor, Sota. No era la más joven, ni la más inteligente: Esa era su media hermana, Kanna, de 17 años. Ella no era la más hermosa: Esa seria Kagome, con su hermoso cabello ondulado y ojos castaños que hacían a todos los hombres, y algunas mujeres, salivar. Ella solo era Rin, la ordinaria y aburrida Higurashi Rini. La niña anodina. La que la gente miraba antes de cambiar los ojos a sus hermanos.

No es que ella fuera fea ni nada por el estilo. Era simplemente: Mundana en comparación con sus hermanos. Nada especial. Sus ojos marrones y su cabello negro lacio no eran terribles, supuso Rin, y su piel era bonita, pero eso era todo. No era el tipo de dama que llamaba la atención de la gente cuando caminaba por la calle. Eso estaba bien.

Rin estaba perfectamente satisfecha con ser la sencilla, incluso cuando a veces se sentía como un mueble cuando Kagome estaba en la habitación. Estaba bien. No era culpa de Kagome el que fuera tan hermosa. Además, casi todas las chicas parecían muebles cuando Kagome estaba cerca, Rin no era especial en ese sentido. De todas maneras, el caso era que ella era la hermana Higurashi que la gente siempre recordaba como una ocurrencia tardía.

Rin estaba bastante segura de que aquel exterminador ya hasta había olvidado que la acababa de ver.

Rin frunció el seño ante la ancha espalda del muchacho antes de volver a mirar a la ancha puerta del sótano, su curiosidad le picaba.

Realmente, realmente quería saber que era lo que estaban protegiendo. Solo quería dar un pequeño vistazo. Seguramente no habría nada de malo en ello...

Muy bien, tal vez si habría algo de malo en ello. Si Hakudoshi se enterara, su reacción no sería agradable. Muso Hakudoshi era todo menos indulgente. Si su hermanastro quería que se mantuvieran alejadas del sótano, ser su hermanastra menor no la salvaría de un castigo.

A menos que no la atrapara.

. . .

Rin había necesitado días de cuidadosa observación antes de saber cuando los guardias cambiaban de turno. Los Exterminadores siempre parecían más distraídos cuando su turno se acercaba a su fin. También se había enterado de que el sótano estaba cerrado por fuera y, para alivio de Rin, gracias al tipo de cerradura, no se notaria cuando la puerta no estuviera cerrada.

Después de algunas maniobras estratégicas, que podrían o no haber involucrado sobornar a Kagome para que pestañeara ante los exterminadores y que solicitara su ayuda –la cara bonita de Kagome podría ser muy útil a veces–, Rin se coló en el sótano, su corazón latía salvajemente de emoción, nervios y ansiedad.

Casi había esperado que el sótano estuviera oscuro y espeluznante, con alguna bestia peligrosa encerrada en una jaula o algo así.

Pero el sótano no estaba oscuro. Estaba completamente iluminado. De hecho, parecía haberse transformado en... ¿Algún tipo de laboratorio?

Rin miró a su alrededor con el seño fruncido, completamente confundida. Hakudoshi era un hombre de negocios, no un científico de algún tipo.

Lentamente, se adentró más en la gran habitación, mirando a su alrededor con recelo. Pero no había ningún monstruo en alguna parte. No lo entendía. Entonces, ¿Qué había estado haciendo tanto alboroto? No fue eso...

Algo gruñó, y Rin se detuvo abruptamente, su cabeza giró hacia el sonido.

Ella lo miró fijamente.

Había un hombre desnudo atado a una mesa de metal.

Esa fue su primera impresión. Fue una equivocada. Porque no era ningún hombre. Era un Youkai. Un Daiyoukai. Un Daiyoukai muy enojado.

Rin se humedeció los labios secos con la lengua y se acercó, curiosa a pesar de sí misma. Nunca había visto a un Daiyoukai... Diablos, nunca se le había permitido acercarse a los Youkais, punto.

-"Basura". –Los había llamado Hakudoshi. –"Abominaciones. Las chicas de buena familia como la nuestra se mantienen alejadas de esos animales".

Rin nunca había tenido una razón para dudar de las palabras de su hermano. Nunca había hablado con un Youkai en los 19 años de su vida, por lo que seguramente su hermano estaba más informado de lo que ella estaba del tema.

Rin ni siquiera había abandonado la propiedad familiar. Su madre había mandado a Kagome a un internado de mujeres cuando se demostró que ella tenía unas habilidades sorprendentes a pesar de que no era Kanna, pero a ella nunca la perdió de vista.

Las señoritas de buenas familias sin pareja no debían abandonar los hogares de su infancia antes de ser presentadas en sociedad.

Se suponía que Rin sería presentada el año pasado, pero luego su madre y padrastro murieron, y...

Rin tragó saliva y apartó el pensamiento. Este no era el momento para deprimirse. Estudió al hombre con curiosidad.

El youkai era... Grande. Era puro músculo en todas partes, de constitución poderosa, con un largo cabello plateado que cubría parte de su cuerpo y que terminaba hacia abajo a una...

Rin se sonrojó y apartó los ojos. Sintió una mezcla de vergüenza, nerviosismo y dolorosa curiosidad.

Nunca había estado tan cerca de un hombre desnudo. Pero... ¿Era un Youkai medio transformado un hombre? La mayor parte de él parecía uno, pero las largas y aterradoras garras en las puntas de los dedos del Youkai parecían apuntar a que la respuesta era: No.

El rostro del Youkai era muy feo, sus rasgos vagamente masculinos, pero distorsionados en algo depredador y bestial. Los colmillos empezaban a asomarse de su boca, lo que lo hacía aún más atemorizante. Y esos ojos, esos ojos rojos brillantes que seguían cada movimiento de Rin no parecían del todo sensibles, aunque estaban extrañamente atentos para una bestia.

El Youkai emanaba fuerza y virilidad, razón por la que probablemente Rin tardó un poco en darse cuenta de que estaba herido. Había magulladuras y cortes en todo el Youkai, y había una fea herida en su brazo izquierdo, larga e irregular, y todavía sangraba lentamente. Parecía... Como si alguien literalmente le hubiera quitado la piel de los Bíceps. Nadie se había molestado tan siquiera en vendar la herida, probablemente esperando que la curación superior del Youkai hiciera el trabajo, eventualmente.

Las nauseas subieron a la garganta de Rin. ¿Fue su hermano responsable de esto?, ¿Por qué Hakudoshi incluso tendría a un Youkai aquí, encadenado, obviamente en contra de su voluntad?

Incluso si su hermano tenía razón y los Youkais eran más animales que hombres, ni siquiera los animales merecían ser lastimados y experimentados, y este laboratorio se usó claramente para algún tipo de experimentos en el Youkai. Había muchas muestras de sangre en los recipientes alrededor de la mesa.

-¿Hola? –Dijo Rin, vacilante. -¿Me entiendes?

El Youkai se quedó mirándola, sus ojos brillantes se entrecerraron, sus fosas nasales dilatadas.

Rin estaba un poco nerviosa, para ser honesta, y estaba un poco contenta de que las cadenas impidieran que el youkai la atacara. Inmediatamente, se sintió terrible por pensarlo. Nadie merecía ser tratado así. Nadie.

Rin se acercó un paso más.

-No me entiendes, ¿Verdad? –Ella suspiró. Esto era tan confuso.

El ciertamente estaba herido, pero no parecían ser heridas mortales como para comportarse de esta manera. Según el conocimiento general de Rin, los Youkais cambiaban de forma cuando se enfrentaban a enemigos especialmente peligrosos... pero ahora él estaba encadenado a una mesa de laboratorio y ciertamente nadie en esta casa era lo suficientemente fuerte como para que este ser tan poderoso –y peligroso–, tuviera la necesidad de medio cambiar para eso. Por supuesto que algunos Youkais tenían garras y colmillos alargados aunque no fueran a cambiar, pero estaba segura que no deberían poder cambiar sus caras de esta manera. Esto era simplemente extraño.

Rin frunció el seño y miró al Youkai con curiosidad.

-Bueno, claramente no estás en condiciones de decirme porque estas así. –Se preguntó si el Youkai podía oler lo confundida y nerviosa que estaba. Probablemente.

Rin había escuchado que los sentidos de los Youkais estaban muy por encima de los de los seres humanos.

Rin sonrió con pesar y miró al Daiyoukai a los ojos.

-Rayos, esto está realmente fuera de mi experiencia... Solo he salvado algunos pajaritos, gatitos y conejitos que encuentro en los jardines. No esperaba, no te esperaba en lo absoluto. No estoy segura de lo que debo hacer ahora. –Simplemente irse y fingir que no había visto al Youkai en su sótano le parecía... Incorrecto. Cruel. Pero... ¿Qué se suponía que debía hacer?

No podía exactamente confrontar a Hakudoshi por esto. No podía decirle que soltara al Daiyoukai. Solo imaginarlo hizo que Rin se estremeciera. Le gustaba pensar que no era una cobarde, pero estaba la valentía y luego estaba la estupidez.

Hakudoshi no era una persona que tolerara las preguntas. Estrictamente hablando, todavía no era el patriarca de la Familia Higurashi y dueño de la casa, pero con sus padres muertos y su hermano mayor desaparecido, Hakudoshi como hermanastro suyo y tutor legal, era por lo tanto el nuevo Patriarca de su familia. Y la cuestión era que, en este punto, ni siquiera ella y Kagome estaban seguras de que Sota estuviera vivo.

Había estado fuera durante tanto tiempo que Rin apenas podía recordar la cara de su hermano mayor. Solo tenía 14 años cuando Sota se fue a la guerra.

Había sido una batalla entre Youkais que involucro a sacerdotisas, exterminadores, soldados y seres humanos. Duró muchísimos años, y se ordenó que cada familia mandara a un varón de cada familia. Nunca supo cómo es que Sota término siendo el elegido en vez de Hakudoshi.

Bueno, la guerra había terminado desde hacía unos meses, pero todavía no tenían noticias sobre Sota. Si no regresaba pronto, probablemente estaba muerto y Hakudoshi se convertiría en el dueño de la casa. La propiedad Higurashi estaba vinculada a los hombres. Con las tres hermanas con sangre Higurashi en las venas siendo mujeres, ellas no podrían heredarla, y estarían completamente a Merced de Hakudoshi si Sota fuera declarado muerto.

Un gruñido saco a Rin de sus pensamientos.

Se estremeció, mirando al Daiyoukai con recelo. El Youkai le enseño los dientes, los músculos se tensaron y tiraron de las esposas.

-¡Oh Dios! Detente. –Rin se cubrió la boca cuando las muñecas comenzaron a sangrar. –Solo te estás lastimando a ti mismo. –Lo agarró del brazo.

El Youkai se puso rígido, sus brillantes ojos rojos fijos en Rin de nuevo.

Con el corazón martilleando, Rin tragó. A pesar de que el Daiyoukai estaba restringido, Rin de repente se sintió como una presa. Pero no soltó el brazo del Youkai, solo suavizó un poco su toque.

-Te estás lastimando. –Repitió, con su voz más dulce. –Dudó que se rompan, no importa lo fuerte que seas. Mira, te prometo que intentare ayudarte.

El Daiyoukai la fulmino con la mirada, su respiración agitada era el único sonido en la habitación. Pero dejo de agitarse. ¿Podría entenderla después de todo?

Rin ladeó la cabeza. -¿Puedes entenderme?

El Youkai seguía mirándola con la misma mirada inquietantemente intensa, no del todo racional. Sus músculos estaban muy tensos a pesar de que estaba quieto. No estaba relajado de ninguna manera. Parecía un animal listo para atacar en cualquier momento. Un animal herido y acorralado.

Los animales heridos eran peligrosos e impredecibles. Eso era lo que Rin sabía por experiencia. Una vez liberó a un ratoncito de una trampa para ratones y este la terminó mordiendo porque estaba asustado. Le había dolido mucho.

Bueno, este no era un pequeño y adorable ratoncito. Pero eso no significaba que él no necesitara ayuda.

Rin miró a su alrededor hasta que encontró una botella de hemostáticos. Haciendo un puchero y un ruidito disconforme, ¿Por qué la gente de su Hermanastro no lo usaría en el Youkai cuando lo tenían allí mismo?, ¿Y por qué rayos lo ponían tan malditamente alto?

Rin tomo un banquito y se paró sobre este, estirándose y parándose sobre las pequeñas puntas de sus dedos de los pies para alcanzar el alto estante. Su sonrisa de alegría que formó al alcanzarlo se transformo en una mueca de miedo cuando el banquito se movió y casi caía de cara al suelo.

Afortunadamente no le pasó nada, lo que fue un alivio, sino ella terminaría usando el maldito frasco.

Vaciló y se encontró con la mirada hostil. Era una buena persona, pero no era suicida.

-No quiero hacerte daño. –Dijo, manteniendo su voz lo menos amenazante posible. -¿Me dejarías que trate tus heridas? Esa herida en tu brazo se ve desagradable.

El youkai no respondió, pero su lenguaje corporal tampoco se volvió más hostil.

-Lo tomare como un sí. –Rin se acercó, pero primero lo cubrió de la cintura para abajo con una sábana que había en la mesa de junto.

El youkai seguía mirando a Rin con cautela, pero ni siquiera se inmuto cuando Rin aplicó la medicina en la herida de su brazo.

Rin se alegró cuando el hemostático hizo su trabajo rápidamente y la herida finalmente dejo de sangrar.

-Aquí vamos. –Murmuró Rin, mirando al Youkai. Este todavía la estaba mirando. De acuerdo, esto estaba empezando a ponerse un poco espeluznante. -¿Tienes un nombre? Si no lo tienes, puedo ponerte uno. Sería muy raro si solo te digo "Youkai". ¿Puedo ponerte un nombre?

El Youkai entrecerró ligeramente los ojos, pero no le dijo nada.

Rin se humedeció los labios y le devolvió la mirada. Esos ojos brillantes eran extrañamente fascinantes. Aterradores pero también paralizantes.

Fue increíblemente difícil apartar la mirada, sus sentidos se agudizaron y se enfocaron solo en esos ojos. Se sentía...

Su teléfono sonó en su bolsillo y Rin apartó la mirada, sintiéndose un poco desorientada.

Cierto. Su teléfono.

Era un mensaje de Kagome, advirtiéndole a Rin que no tenía mucho tiempo antes de que los guardias regresaran.

-Tengo que irme. –Dijo Rin, levantando la mirada de su teléfono. –Tengo que irme antes de que me atrapen.

El Youkai gruñó.

-Volveré. –Dijo Rin. –Te ayudaré a salir de aquí, lo prometo.

El Youkai no respondió, mirándola con extraña intensidad. Hizo que el estomago de Rin se encogiera y su corazón latiera rápido en su pecho sin ninguna maldita razón. ¿Era miedo lo que estaba sintiendo? No estaba segura.

-Nos vemos, Yako. –Rin le sonrió lo más que pudo antes de darse la media vuelta e irse.

Para cuando Rin volvió a su habitación, su corazón aun latía demasiado rápido. Se sintió confundida, nerviosa y muy perdida.

Su dragoncito estaba acostado en su cama, roncando suavemente con pequeñas plumas saliendo de su boca, acurrucado en su suave edredón de felpa. Porque, por supuesto, ahí estaba.

-Todo esto es culpa tuya. –Dijo Rin.

Una de las cabezas abrió un ojo para verla, antes de que el perezoso animal se volviera a dormir.