Maid Shinji (O cómo nuestra confesión fue muy rara)


El sonido de sus tacones golpeando contra el piso era lo único que lograba escuchar. Todo el departamento estaba en silencio y el desorden que debía recoger era enorme. La vida muchas veces era injusta, pero esto era el colmo.

—¿Por qué debo usar esta clase de zapatos? ¡Dudo que ellas si quiera tuvieran un par de mi talla!

Para Shinji Ikari la vida a veces era muy cruel e injusta. Un día se encontraba todo tranquilo, cocinando y al día siguiente se encontraba vestido con un traje de sirvienta muy obsceno del cual no recuerda nada. ¡Se lo habían comprado exclusivamente a él!

—Sé que hicieron trampa—se quejó mientras daba unos pasos cortos, pero seguros—, es imposible que ellas lograran ganarme en la cocina.

Había apostado en frente de muchos testigos su esclavitud a manos de Asuka Langley Soryu. Pero la condición de que fuera su sirvienta era por medio de un concurso justo. Ella tenía todas las de vencer en una competencia física en dónde su cuerpo fuera sometido a realizar actividades deportivas; pero ella misma acordó una competencia de cocina.

Si algo había aprendido de la pelirroja es que su comida era buena, pero la suya era mejor. Podía deducir que Misato había escuchado todo sobre el acuerdo, incluso estaba seguro de que fue ella quien trajo el vestido y los zapatos. Sin embargo, eso no explicaba el cómo Asuka le dio la vuelta a la competencia en dónde él llevaba la delantera.

—¿Sigues pensando que hice trampa, tercero?

Esa voz que tanto amaba, pero que ahora detestaba con toda su alma había decidido hacer acto de presencia. No quería voltearse, iba a seguir con sus deberes de limpiar la casa aún cuando estaba usando unos tacones de casi veinte centímetros de altura.

—Asuka, yo-

—Asuka-sama para ti—interrumpió ella logrando molestar aún más al castaño.

—Asuka-sama… Aún no he terminado de limpiar, además de que aún faltan varias horas para que usted se levante de su cama—expresó él de forma muy cortés antes de arrodillarse para poder levantar algunas prendas.

Tenía mucho trabajo por delante y la presencia de su compañera era un fuerte distractor si buscaba estar calmado ante esta extraña situación.

—Te mueves muy bien en esos tacones, creo que debí darte unos míos hace mucho si eso significa ver cómo se mueven tus pompis.

El comentario de Asuka logró hacer que dejara de lado su tarea. De inmediato tomó la falda del traje buscando bajarla lo más que pudiera a fin de evitar otro comentario de su actual dueña. Sería una larga semana y no veía cuando acabaría el día.

—Quiero que te voltees a verme, Shinji—pidió ella en un tono menos autoritario.

—¿Para qué? ¿Para que te burles de mi?

—Solo voltea, Baka Shinji.

No quería girarse y encararla, pero sabía que era mucho peor hacerla enfadar. Con cuidado se movió para ver a la chica que siempre lograba sacarlo de quicio. Al verla se quedó sin palabras y por unos momentos pensó en lo afortunado que era al ser él quien compartía techo con ella.

—¿Acaso tú…?

—Aposte con Misato a qué no cumplías la apuesta… —dijo ella un tono tan calmado mientras modelaba un traje similar al que traía puesto solo que en un tono carmesí y no negro—. La verdad no esperé que lo hicieras, aunque puede que te gusten este tipo de cosas. ¿No?

—¡N-No es eso! —exclamó él con pena y no pudiendo evitar que su rostro se pusiera rojo—. Creí que era lo mejor, después de todo Misato tenía mucha ilusión y tú…

—¿Yo qué, Baka Shinji?

—Y tú también parecías feliz con la idea.

Existía algo en el rostro de Asuka que lo calmó. No despertó con el típico humor pesado con el que solía recibir a la gente. Al mirarla con más cuidado logró notar que ella estaba arreglada con mucho cuidado, casi como si la petición de vestirse de sirvienta fuera para ella. Odiaba cuando ella lograba algo como esto, porque al final no lograría negarse a sus encantos por más absurda y ridícula que fuera la petición.

Ya conocía sus sentimientos y sabía perfectamen

te que estaba enamorado de la segunda niña. No existía otra razón por la cual estuviera de pie y usando tacones de la vida galante en medio de la sala que compartía con más personas. De no ser por ese rostro lleno de ilusión que le insinuó que buscaba verlo así, lo más seguro es que estuviera sufriendo la ira de la persona más importante para él.

—Baka…

—¿S-Sí?

—No te has puesto las calcetas blancas que dejamos en tu habitación—comentó Asuka en un tono más irritado—. Esas las escogí yo para combinar contigo.

Y justo ahora comprendía la razón de todo esto. Si todo se trataba de un sueño, la vida sería muy injusta.

Con movimientos coquetos ella se acercó, moviendo sus muslos de forma sensual mientras hacía uso de sus brazos para realzar el poco pecho que tenía dejando sobresalir sus rosados pezones por encima del transparente encaje. Si de verdad esto era un sueño raro, no dudaría en lanzarse del balcón si terminaba de forma abrupta.

—Yo quería combinar contigo, Baka—susurró ella a la vez que tomaba las manos de él y se alzaba con las puntas de sus pies para estar más cerca de su rostro—. Quería que vistieras igual a mí.

—A-Asuka…

—¿Crees que soy bonita? —preguntó ella un tono casi suplicante mientas se dejaba caer en él—. ¿Crees que merezco la pena ser salvada a costa de tu vida?

De alguna forma ella se enteró de toda la verdad. Por un par de días suplicó para mantener oculta la información sobre el incidente del volcán lo cual logró a duras penas. No quería que la información se filtrara, al menos no hasta poder resolver sus diferencias con las segunda elegida. Fue un acto de cobardía en su momento, pero ante los ojos del mundo se requiere mucho valor para salvar a la persona más importante de un volcán activo.

Buscó cómo salir de esta situación, pero al ver esos orbes celestes de Asuka brillar con la tenue luz del lugar provocó que se rindiera. Ya no le importaba si era una ilusión de un ángel, quería disfrutar cada segundo sin importarle el futuro.

—Me gustas…

—¿Shinji?

—M-Me gustas, Asuka—confesó él con un miedo que consumía su corazón—. Sé que esto es un sueño, pero aún así lo dije: me gustas.

Ya no existían más sonidos que inundaran el ambiente de ruido. Solo eran ellos dos, de pie y mirándose fijamente a la espera de que algo más sucediera. Ninguno supo en que momento sucedió, pero estaban dándose un beso lleno de cariño y honestidad. Esto solo terminó por confirmar de que no se trataba de un sueño, era la realidad.

Muchas noches se imaginó como sería besar a Asuka. Siempre negó sentir algo por ella, incluso cuando era Hikari quien le preguntaba al respecto. Sin embargo, ahora podía asegurar de que el beso era real y no era para nada algo estúpido. Existían muchas cosas que ella le transmitía a través del acto, pero entre todas ellas destacaba solo una…

Asuka sufría mucho al igual que él.

Pronto terminaron con el beso, ya era mucho tiempo después de todo. No sabía que decirle, pero notaba que su rostro estaba más complacido. Era imposible negar que ella lo disfrutó, estaba escrito en todo su rostro y esa mirada temerosa le indicaba que era su turno de tomar las riendas de la conversación.

—¿Beso mal?

—No, me gustó mucho.

Quería sonreír para siempre. Ese rostro lleno de alegría le daban ánimos para seguir adelante.

—¿Por qué te alzaste sobre las puntas de tus pies? —era una pregunta tonta, pero al menos sacaba algo de conversación con ella.

—Existen diecinueve centímetros de diferencia ahora—respondió ella a la vez que usaba sus pies para tocar sobre los zapatos que traía puestos—. Más o menos es la altura que me sacarás un día de estos y solo los compré para darme una idea de como sería llegar a ese punto de mi vida.

—¿Ya habías planeado esto?

—Sabía que si te hacía enojar aceptarías el reto—confesó—, pero no sabía que iba a ganar, estaba segura de mi derrota y es por eso que tengo este atuendo.

Eso explicaba algunas cosas, pero le era imposible creer que fue mera cuestión de suerte. Ya había perdido y no existía manera de cambiar el resultado.

—Por esa razón he decidido pasar mi semana al igual que tú.

—No tenías porque hacerlo.

—¿Y dejar que la tonta de Misato me llamara cobarde? Ja, como si eso fuera a suceder.

—Es cierto, la increíble Asuka Langley Soryu no es una cobarde.

—Tampoco lo es el invencible Shinji—dijo ella en un tono sensual—. Por cierto, esta fue la confesión más extraña de todas. ¿No lo crees?

Por un momento olvidó que había confesado sus sentimientos por ella. Uno se hubiera imaginado el típico cliché del anime bajo la lluvia o tras una pelea. Él, por increíble que parezca, lo hizo usando una falda muy corta y con un par de tacones sin perder ni una pizca del coraje que obtuvo para hacerlo.

Desconocía por completo si alguien más lo hizo al igual que él, pero eso no importaba en lo absoluto. Ahora solo tenía una cosa en mente y era disfrutar de la compañía con Asuka.

—Sí, fue muy extraña.

—Pero fue única, Baka Shinji.

—De eso no hay duda—y antes de poder decir algo más recibió un pequeño golpe de parte de Asuka quien mostraba una gran sonrisa llena de orgullo—. ¿S-Sucede algo?

—¿Y bien? ¿Vas a decirlo o tengo que ser yo quien tome la iniciativa?

Y en este momento deseaba que todo fuera un sueño. Entendía muy bien a lo que se refería, pero todo ese valor que tuvo al confesarse se esfumó de su alma, desapareciendo por completo y dejándolo a merced de una chica que sentía lo mismo por él, pero cuyo temperamento podía cambiar de un segundo a otro.

Por unos segundos cerró sus ojos esperando a que las palabras salieran de ente sus labios. Todo era más sencillo cuando era un sueño, pero ahora estaba de frente a la realidad. Sus piernas temblaron como gelatina y el sonido de la tacones impactando el suelo de madera comenzó a molestar a la pelirroja. No debía perder más tiempo.

—Y-Yo… —y antes de poder decirle algo, ella lo interrumpió al hablar en su lengua materna.

—[Yo, Asuka Langley Soryu, confieso ante ti Shinji Ikari mi amor por ti. Me disculpo por todas mis acciones pasadas, pero no por aquellas que me hicieron entender lo valioso que eres. Deseo seguir siendo tu amiga mientras camino como tú pareja. Yo, Asuka Langley Soryu, prometo serte fiel a ti y solo a ti, mi Baka Shinji].

Su voz mostraba orgullo y alegría; su rostro dejaba ver su corazón a través de una gran sonrisa y su mirada le daba un vistazo a su alma. Asuka Langley Soryu había confesado su sentimientos por él…

—A-Asuka… —decidió hablar con algo de pena mientras jugaba con sus dedos.

—Eso es lo que siento por ti, Baka Shinji—interrumpió ella con mucha ilusión mientras lo tomaba nuevamente de sus manos parando así con ese estúpido movimiento—. ¿Acaso no te gustaría eso?

—Y-Yo si quiero, pero…

—¿Pero que…?

—N-No sé alemán…

Ninguno dijo nada después de eso. La vergüenza que sentían por arruinar el momento los obligó a resguardarse en el silencio para así poder calmarse. Estaban abrazados, de pie y disfrutando del contacto con el otro. Muchas veces soñó con esto y ahora podía estar seguro de que tenía un motivo para seguir adelante.

Tras un par de minutos ella se separó de su lado. No estaba molesta, mucho menos disgustada por lo que había sucedido. Su sonrisa era suave y muy digna de ella; podía ver qué estaba feliz.

—Vamos a mi habitación—pidió ella en un tono un poco más autoritario—. Necesito que me ayudes a terminar de vestirme.

Ya habían iniciado su juego y no podía estar más feliz.

—Ya voy, Asuka-sama—respondió, antes de seguir a su ama dejando así que el sonido de sus tacones fueran la única prueba de su castigo y recompensa.

(ADVERTENCIA: CONTENIDO SEXUAL)

Finalmente estaba nuevamente en lo que alguna vez fue su habitación. No era una habitación enorme, mucho menos ahora que estaba tupida de cajas sin abrir que trajo la segunda niña y que jamás se dignó en abrir. Por unos momentos pensó que este sería su castigo, porque en parte lo recibiría, pero se sorprendió al ver cómo Asuka lo atrapó en otro abrazo.

—Aún faltan muchas horas para que Misato despierte y yo…

—Asuka…

—… yo quiero agradecerte por todo lo que has hecho, Baka Shinji.

Por unos momentos pensó en recibir otro beso ya que deseaba probar nuevamente esos labios tan exquisitos. Su sangre pronto rocío sus mejillas tras ver lo que ella le estaba ofreciendo cómo recompensa.

Recostada en su cama, con las piernas abiertas, le mostraba su virgen intimidad. Retrocedió unos cuantos pasos por la impresión que se llevó, pero conociendo como es ella, lo tomaría a mal. Debería pensar mejor las cosas, pero el tiempo que tenía era muy escaso y la mejor opción era actuar tal y cómo ella deseaba.

—Asuka…

—Quiero que me hagas tuya… es una orden.

Apreció por completo el cuerpo de su amiga. No solo se trataba de una orden la cual debía seguir, sino que además era la manera de ella de pedirle estar juntos. Esta ocasión no iba a correr, después de todo no había forma de que llegara muy lejos con los tacones que traía puestos.

Se acercó con cuidado y tomó ambas piernas logrando sentir como se tensaron con su tacto. Ninguno pensó en llegar tan lejos, pero ahora que estaban aquí ya no había vuelta atrás.

Según el porno podía llevarla hasta gemir de placer únicamente con su lengua, pero para eso necesitaba saber cómo complacer al clítoris. Se inclinó un poco, pegando sus rodillas sobre la cama para estar más cómodo. Sus labios pronto conectaron los con la intimidad de ella de manera torpe.

—B-Baka…

Tras esas palabras vino un pequeño gemido que lo maravillo. Alzó su vista para apreciar aquel rostro lleno de emoción y que lo invitaba a seguir con una sonrisa cálida.

Siguió besando aquellos labios íntimos, siendo cuidadoso y escuchando con atención las recomendaciones de su compañera para así darle el mejor —y único— sexo oral que ha tenido. Al poco tiempo sintió más húmeda la vagina dándose cuenta de que iba por el buen camino. Tal vez perder la apuesta no fue algo tan malo después de todo.

Así estuvieron por un tiempo hasta que las palabras de la segunda niña se transformaron en gemidos cada vez más puros. Todos los sonidos que salían de aquella boca se volvían una sinfonía ante sus oídos. Adoraba este nuevo lado de ella, pero para apreciarlo mucho mejor debía poner de su parte.

Pasaron los minutos y finalmente ella cedió. Su cuerpo se arqueó mientras se corría en toda su cara probando así sus jugos de manera mucho más pura. El sabor era maravilloso y cada vez que su lengua entraba en contacto con ellos anhelaba seguir lamiendo toda su intimidad. El mundo estaría celoso de conocer lo que realizaban esta madrugada.

—M-Me t-toca

—S-Sí

Eran inexpertos, pero irían aprendiendo sobre la marcha. Le tomó uno segundos a Asuka reincorporarse descansando un par de minutos antes de seguir con lo suyo. Él se bajó la tanga que también había sido obligado a llevar durante su tiempo como sirvienta. No estaba del todo seguro si fue escogida por Misato o por Asuka, pero el diseño de piedras preciosas era único y extrañamente cómodo.

Pronto su miembro fue tomado entre un par de manos suave. El tacto fue tal que este comenzó a llenarse de sangre haciendo que creciera en tamaño. No era la primera ocasión en que tenía una erección, la presencia de su tutora en casa las provocaban todo el tiempo; pero esta era la primera vez que su pene estaba en la manos de alguien y ese alguien resultó ser la chica con la que tanto soñaba desde que la conoció.

Asuka era cuidadosa, era una inexperta al igual que él, y por ello buscaba ir de forma lenta. Primero fueron las caricias que motivaron la salida de gemidos de su boca. Su ayuda le permitió guiarla hasta el punto de perder el temor para así comenzar a besar la punta del pene. No era una diosa, pero sin duda sabía cómo excitarlo.

—¡Ah! ¡L-Lo haces bien!

—E-Eso… eso quiero…

De los besos pasaron a las lamidas. Todo su miembro era tratado de la mejor forma y no tardó mucho tiempo antes de darse cuenta de que este se encontraba dentro de la boca de su querida germana. En cualquier momento cedería y todo su semen sería liberado dentro de la boca a la que tanto quería volver a besar. Quería decir algo, gritar que se detuviera, pero simplemente el placer que sentía era mayor a su conciencia dejándose caer a sus instintos más básicos.

Finalmente se había corrido al igual que ella. Su eyaculación terminó por ser demasiada al punto de que Asuka tuvo que sacar el miembro de su boca para no ahogarse con la descarga. Una vez más se preguntó si era un sueño, pero al bajar su rostro quedó maravillado con una escena tan dulce la cual quedaría grabada para siempre en su memoria.

A sus pies estaba ella, llena de su semen regado por su rostro como por su cuerpo. El líquido contrastaba con el sudor de su cuerpo y le daba un aura única que lo dejaba asombrado. Desconocía por completo lo que sentía en esos momentos, pero el tan solo verla lo ayudaba a seguir sacando energía como para estar toda una noche en vela recibiendo sexo oral de su parte.

—¿T-Te gustó su sabor? —preguntó con timidez mientras alzaba su falda a fin de no mancharla.

—Me haré adicta a ti; eres demasiado dulce con un toque de amargura.

—Lo mismo digo de ti

Sus palabras tuvieron un efecto positivo. Ahora darían el siguiente paso con el tiempo que tenían y la poca privacidad que les permitía la vivienda. Sus besos mezclaron todo aquello que se quedó en sus bocas probando así sus propios fluidos. Debían estar locos, pero al final lo único que les importaba era seguir.

Y eso es lo que harían…