7. EL RESCATE

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Personajes creados por J.K Rowling, aunque por supuesto yo los he adaptado a mi imaginación...

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Sin palabras válidas para decir...

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15/07/1984

Por suerte, Remus, sabía cómo moverse en el mundo muggle. Por eso, solo le llevó un día averiguar la dirección de Petunia Dursley, la hermana de Lily.

A última hora de la tarde, el castaño observaba el número cuatro de Privet Drive. No podía ocultar su sonrisa satisfecha, su cachorro estaba allí, podía olerlo dentro de la casa, aunque por alguna extraña razón era un aroma muy frágil.

Miró su viejo reloj de pulsera y suspiró, las ocho de la noche, lo que significaba que era demasiado tarde para poder ver a Harry jugando en el jardín o saliendo de la casa. Él ya sabía esto cuando decidió ir a Privet Drive, pero no había podido evitar caer en la tentación en cuanto averiguó la dirección de la casa dónde se encontraba su cachorro.

Estudió la vivienda por fuera, comprobando las barreras y protecciones, esas de las que Dumbledore presumía tanto.

No había nada. Nada en absoluto. No había ningún tipo de barrera o protección en esa casa. No había nada allí que protegiera a Harry.

¿En qué más habría mentido Dumbledore? ¿Y qué más habría callado? No se le olvidaba que él sabía que Sirius era inocente. ¿Por qué permitía que su alma gemela se pudriese en Azkaban? ¿Todo por Harry? Averiguaría lo que tramaba el viejo, pero sería después de rescatar a su cachorro de esa casa, y también a su pareja de Azkaban.

16/07/1984

Al día siguiente, Remus llegó muy temprano a Privet Drive. Quería estudiar los movimientos de los Dursley para poder idear un plan para secuestrar a Harry sin que nadie lo viese.

Poco antes de las nueve, un hombre, con problemas de obesidad, salió de la casa y se subió al coche estacionado en la entrada.
Poco después, una mujer rubia y huesuda, salió con una pequeña pelota rubia. Remus reconoció a la mujer como Petunia, y supuso que el niño era su hijo, y también el primo de Harry. Y hablando de su cachorro... ¿Dónde estaba? ¿Por qué no salía con ellos? Él todavía podía olerlo allí, en la casa. ¿Acaso esa mujer pensaba dejar solo a un niño de tres años?

Media hora después, Petunia regresó sola y pasó el resto de la mañana cotilleando con las vecinas. Al mediodía volvió a salir y regresó poco después con su hijo.
Por la tarde, Petunia se sentó en una silla en el jardín mientras veía jugar a su hijo.
El niño era un pequeño demonio malcriado, que disfrutaba rompiendo sus juguetes, mientras su madre lo miraba como si fuese la octava maravilla del mundo.

Harry seguía sin aparecer por ningún lado, y Remus notaba como su lobo empezaba a inquietarse. El olor de su cachorro seguía llegándole de la casa, pero el niño seguía sin dejarse ver.

Vernon Dursley volvió poco después de las siete, y nadie más entró o salió de la casa.

A las diez, Remus, cada vez más preocupado por Harry, regresó a su habitación alquilada en el Caldero Chorreante.
No entendía qué estaba pasando. ¿Por qué su cachorro no salía de la casa? ¿Por qué los vecinos no parecían saber de la existencia de Harry?

17/07/1984

Remus volvió al día siguiente, casi al amanecer, a Privet Drive. Estaba decidido a entrar a buscar a Harry en el momento que la casa se quedara sola.

Vernon Dursley salió, como todos los días, poco antes de las nueve. El hombre se tambaleó por el camino de piedra, desde la puerta hasta la entrada. No sin cierta dificultad, se subió el coche y arrancó camino al trabajo, o eso suponía el hombre lobo.

Esa mañana, Petunia no abandonó la casa con su hijo, como había hecho la dos mañana anterior. La mujer, tras instalar a su hijo en una manta abarrotada de juguetes, se sentó en un silla del jardín poco después de las once. Observaba distraídamente a su hijo destrozar sus juguetes, mientras leía una revista de sociedad.
Unos minutos antes de la una, volvió a entrar con el niño en la casa.

Vernon regresó a las siete, y poco después Petunia salió sola del número cuatro.
Llegó un par de horas más tarde con numerosas bolsas de la compra.

Remus comenzaba a desesperarse, ¿es que la casa nunca iba a estar sola?

Por suerte, el castaño solo tuvo que esperar una hora más para que por fin los tres Dursley salieran juntos de la casa.

La familia Dursley había decididos cenar fuera esa noche, y por supuesto, como siempre, dejarían a Harry solo en casa, encerrado con llave en su armario.

Cuando Remus dejó de ver la luces traseras del monovolumen familiar de los Dursley, salió de su escondite. Se puso un hechizo de invisibilidad, y se dirigió a la puerta del número cuatro de Privet Drive.
Tras un alohomora, entró en la casa sin hacer ruido.

En cuanto cerró la puerta, el aroma de su cachorro lo sacudió con fuerza.
Su instinto lupino lo dirigió a una puerta debajo de las escaleras. ¿Estaba su cachorro ahí?
La puerta estaba cerrada con un candado, algo muy inusual.

Apuntó con su varita al candado, que se abrió al instante, y lo quitó para descubrir que había tras esa puerta.
El licántropo no estaba preparado ni física ni psicológicamente para lo que vio cuando por fin abrió la puerta.

Un Harry, muy parecido al de su sueño, estaba acurrucado en posición fetal sobre un delgado y sucio colchón diminuto. El niño estaba dormido y temblaba sin cesar.
Se arrodilló en el suelo para verlo mejor, y le tocó la frente para comprobar su temperatura. Se horrorizó al ver que el pequeño estaba ardiendo de fiebre.

Sin saber que más podía hacer, tomó con cuidado al menor en sus brazos, y lo escondió bajo su túnica. Puso un hechizo adherente para asegurarse que el niño no se cayera en ningún momento.
Salió de la casa, tan en silencio como había entrado, y caminó unos metros para aparecerse en el Callejón Diagon.
Una vez allí, entró en el Caldero Chorreante y subió rápidamente a su habitación, ocultando en todo momento el pequeño bulto que llevaba debajo de su túnica.

18/07/84

Remus estaba desesperado, llevaba toda la noche cuidando del pequeño ojiverde, poniendo compresas de agua fría en su frente para baja su temperatura. Ahora era por la mañana, y la fiebre ya no bajaba más, y Harry estaba cada vez peor.
No podía llevarlo a San Mungo, ya que lo meterían en Azkaban, y él no podía permitirse eso ahora. Por otro lado tampoco podía dejar morir a su cachorro. ¿Qué podía hacer? El niño necesitaba pociones urgentemente.

¡Pociones! Solo había una persona en la que podía confiar en que ayudaría a Harry, alguien que sabía mucho sobre pociones y sanación. Puede que ese alguien lo odiase, pero estaba seguro que no dejaría morir al hijo de Lily.

Envolvió al niño en una manta, y sujetándolo firmemente en su pecho, se apareció cerca de la casa donde Lily había crecido.
Solo tuvo que caminar un par de manzanas antes de llegar al lugar donde pensaba que podrían ayudarlo.

Rezaba a Merlín para que la Hilandera fuese la solución para su Harry.

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¡Y Severus entra en escena!

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