9. HARRY SE DESPIERTA
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Personajes creados por J.K Rowling, aunque por supuesto yo los he adaptado a mi imaginación...
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—¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué?
— Así. Ahora. Aquí. Porque sí.
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19/07/1984
Harry se despertó al día siguiente poco antes del mediodía. Los dos adultos lo observaron atentamente, mientras el niño abría los ojos y miraba a su alrededor, intentando averiguar dónde estaba.
En cuanto vio a Remus, una enorme sonrisa apareció en su cara, despejando el miedo y la incertidumbre que se habían instalado en ella cuando se dio cuenta que no sabía dónde estaba.
— ¡Noony ministe! — gritó de felicidad el pequeño ojiverde, rebotando en la cama.
— Claro que sí, pequeño. Te dije que volvería a por ti — sonrió el licántropo, acariciando su mejilla.
— Aquí no es casa de senores — balbuceó el niño, mirando a su alrededor con curiosidad.
— No, esta es la casa de Severus. Él era muy amigo de tu mamá — informó el castaño, sentándose en la cama junto a su cachorro.
— ¿No velvo allí? — preguntó Harry, ignorando por ahora al ojinegro. Había algo mucho más urgente ahora: saber si tendría que volver a su armario.
— No, no volverás allí nunca más — respondió el pocionista, interviniendo en la conversación.
— H-hola — saludó con timidez el ojiverde, escondiéndose tras Remus.
— Hola, Harry — le devolvió el saludo el pelinegro.
— ¿Él malo mavado? — preguntó el niño al licántropo, señalando al hombre de negro.
— No, Severus no es malo. ¿Por qué piensas eso? — se sorprendió el castaño, sentando al pequeño azabache en su regazo.
— Senora dijió mami mala y él amigo mami mía — se encogió de hombros Harry. ¿Acaso los malos no eran amigos de los otros malos?
— Tu mamá no era mala, era muy buena y muy lista — aclaró Severus, no permitiría que la memoria de su mejor amiga fuese mancillada por una arpía como Petunia.
— ¡Beeen! — aplaudió el ojiverde, recuperando su buen humor — Mami muena. ¿Y papi?
— Tu papi también era bueno, aunque no era tan listo como tu mami — río Remus, haciéndole cosquillas a su cachorro.
— ¿Quieres ver fotos de tu madre? — sugirió, sin pensar antes de hablar, el pocionista.
— ¡Sííí! — aplaudió el niño, saltando en el regazo de su tío.
Severus sacó un viejo álbum de fotos del cajón del escritorio, y mientras le enseñaba al pequeño ojiverde fotos de su madre y él desde su niñez hasta su adolescencia, ambos adultos le explicaron quién era y quiénes habían sido sus padres.
No se olvidaron de hablarle de la magia, y del mundo en que viviría a partir de ahora.
Harry estaba entusiasmado, y solo podía desear ser mayor para poder hacer magia como esos hombres que estban siendo tan buenos y amables con él.
Finalmente consiguieron que el niño comiera algo antes de que volviese a dormirse otra vez.
Los dos sabían que el niño necesitaría un tiempo para recuperarse de su precaria salud, pero los dos estaban muy satisfechos con como empezaban a ir las cosas.
21/07/84
Harry ya estaba completamente recuperado, y Remus y él se habían quedado con Severus desde esa mañana en la que habían irrumpido en la casa del pocionista.
El niño aún se mostraba tímido, y era bastante asustadizo, pero siempre era muy cariñoso con ellos, además de mimoso, le encantaba que lo abrazaran y lo llenaran de besos.
Severus no había podido enviar encariñarse con el niño en apenas un par de días. ¿Cómo no hacerlo cuando se acurrucaba en su pecho? ¿Cómo evitarlo cuando te sonreía y te miraba con sus enormes ojos verdes, tan parecidos a los de Lily, pero aún más hermosos y brillantes?
Harry no le recordaba a Lily, pero tampoco a James. Y eso estaba bien, porque el mocoso era un ser único que debía ser visto por quién era el y no sus padres.
Remus estaba ansioso por irrumpir en Azkaban y liberar a Sirius cuanto antes. Por suerte, Severus era un Slytherin y logró convencerlo para que usara su cabeza y pensara un poco antes de actuar.
Entre los dos, lograron trazar un plan para entrar en Azkaban y sacar a Sirius de allí.
Llegarían a la isla en barca por la noche, que es cuando hay menos guardias. Lanzarían un potente hechizo de sueño sobre los guardias, y con la ayuda de sus patronus ahuyentarían a los dementores, y llegarían hasta la celda de Sirius.
Tendrían que esperar a que pasase la luna llena, para que Remus estuviese lo suficiente fuerte para usar mucha magia.
Los patronus necesitaban mucha fuerza mágica para ser convocados, y eran fundamentales en este plan.
A ambos les preocupaba llevar a Harry con ellos a Azkaban, pero no podían dejar solo a un niño que ni siquiera había cumplido los cuatro años. Además, el pequeño ojiverde todavía se sentía demasiado inseguro, y podía pensar que lo estaban abandonando.
Severus ya había empezado a planear todos los hechizos de calor que usaría en la ropa del niño para protegerlo del frío, además de crear un colgante con hechizos de protección para ayudarlo con el efecto de los dementores.
25/07/84
Severus llevaba un par de días dándole vueltas a algo, le preocupaba que pasaría cuando sacasen a Sirius de Azkaban. ¿Y si Black le prohibía ver a Harry? Tendría que esperar siete años para volver a ver al niño? ¿Y si para entonces ya había envenenado su mente en contra de él? ¿Y si Harry lo odiaba?
No, él no iba a permitir eso. Arreglaría ese problema en ese mismo momento.
Se sentó en el escritorio de su dormitorio, y sacó un pergamino del cajón. Pasó casi cinco minutos escribiendo en él, y después lo leyó detenidamente dos veces. Cuando se sintió satisfecho, lo firmó y se levantó. Salió de su cuarto y caminó al salón, para hablar con Remus.
Harry estaba durmiendo la siesta, y el castaño se encontraba sentado en el sofá, leyendo un libro sobre Historia de la Magia.
— Necesito que firmes esto — habló con tono firme, extendiéndole el pergamino.
— ¿Qué es? — preguntó Remus, cerrando el libro después de poner un trozo de pergamino para marcar la página.
— Un contrato mágico — respondió Severus con cara de póker.
— ¿Para qué? — se sorprendió el hombre lobo, tomando el pergamino y leyéndolo por encima.
— Quiero asegurarme que no se me prohibirá ver a Harry, cuando Black esté libre — aclaró el pelinegro, sin mover un solo músculo de su cara.
— No sabía que te preocupaba eso — murmuró, con gesto distraído, el castaño.
— ¿Qué quieres? No puedes traerme al niño, dejar que me encariñe, y esperar después que me olvide de él — se encogió de hombros el pocionista, sin querer dejar ver cuánto deseaba estar en la vida del pequeño ojiverde.
— Esa jamás ha sido mi idea — replicó el gryffindor, un poco ofendido por la desconfianza del ojinegro.
— Puede que la tuya no, pero Black... ¿Qué haces? — preguntó el slytherin, al ver como el hombre lobo rompía el pergamino a la mitad.
— Juro por mi magia que Severus Snape formará parte de la vida de Harry James Potter mientras ambos sigan queriéndose tanto como lo hacen ahora — juró Remus, apoyando la punta de su varita sobre su corazón.
— Los gryffindor son siempre tan dramáticos... — rodó los ojos el pocionista, pero en su interior se sentía terriblemente aliviado.
— Habló en serio, Severus. Podrás permanecer en la vida de Harry tanto como tú desees. Nadie te impedirá verlo, ni mi cachorro ni yo lo permitiríamos — le aseguró el licántropo, levantándose del sofá para mirarlo a los ojos.
— Muy bien — asintió Severus, ofreciéndole su mano — Por mi parte, dejaré todo lo que ocurrió en el pasado donde debe estar, en el pasado. Quiero estar mucho en la vida de Harry, y no quiero que crezca viéndonos pelear. Yo viví eso con mis padres y no puedo permitir que mi sobrino se crie así.
31/07/84
El treinta y uno, ambos adultos se levantaron muy temprano para prepararle un desayuno de cumpleaños a Harry.
Cuando tuvieron todo listo, fueron al cuarto en el que dormía el niño, el mismo en el que había dormido Severus toda su infancia y parte de su adolescencia.
Despertaron al pequeño ojiverde con suavidad, ya que éste se sobresaltaba con facilidad.
El niño los miró con curiosidad, mientras se frotaba sus ojitos con cara de sueño.
— Felicidades, cachorro — lo felicitó Remus, besando su frente.
— ¿Po qué? — preguntó Harry, mirándolo con curiosidad.
— Porque hoy es tu cumpleaños y cumples cuatro añitos — explicó el licántropo, alzando la mano del niño para mostrarle con sus dedos cuantos años cumplía.
— ¿Mi cumpelaños? — se sorprendió el ojiverde, mirando sus pequeños deditos anonadado.
— Cumpleaños, Harry — lo corrigió Severus, usando un tono cariñoso que ninguno de sus alumnos escucharía jamás.
— Cump-pla... C-cumpleñ... C-cumpleaños... ¡Cumpleaños! — gritó el niño, alzando sus manos para celebrar su pequeña victoria.
— Bien hecho — lo felicitó el pocionista, revolviendo su cabello — Es una fiesta en tu honor.
— ¡Y tendrás muchos regalos! — exclamó el castaño, haciéndole cosquillas al menor.
— No se pede — negó con su cabeza el pequeño azabache.
— ¿Por qué? — preguntó el hombre lobo, extrañado por la respuesta del niño.
— Yo no teno cumpelaños, los mostuos no tenen cumpelaños... — informó el menor, en su propio idioma, mirando al suelo.
— Todos tenemos cumpleaños, Harry — le aseguró el gryffindor, levantando la cabeza del niño.
— ¿Sí? — preguntó el ojiverde, mirándolo con gesto de duda.
— Claro, para celebrar el día que vinimos al mundo — asintió Remus, acariciando su mejilla.
— Pero ellos dijieron que... — replicó Harry, frunciendo el ceño, y arrugando su carita con confusión.
— Ellos son unos sucios mentirosos, pequeño. Nada de lo que te dijeron es cierto — siseó Severus, intentando mantener el control.
— ¿Sabes? Habrá tarta... — cambió de tema el licántropo, ese no era un día para la venganza, era un día para festejar.
— ¡Talta! — aplaudió, entusiasmado, el niño.
— ¿De que te gustaría que fuese? — preguntó el castaño, sintiéndose muy feliz al ver lo emocionado que estaba su cachorro.
— ¡Cocholate! — gritó el ojiverde, su tío ya lo había introducido en el mágico y placentero mundo del chocolate.
— Creo que tío Moony te ha sorbido el cerebro... — se burló el ojinegro, rodando los ojos con suficiencia.
— ¡No! Tío Nony es mueno — replicó , arrugando su frente y apuntándole con el dedo.
— Claro que sí, cachorro. Y si el tío Severus se porta mal no le daremos tarta — río el hombre lobo, sacándole la lengua al pelinegro.
— ¡No! Tío Sev es nueno tamén. Come talta cocholate — exigió el menor, regañando a Noony por no querer darle tarta a Sev.
Los dos adultos pasaron todo el día jugando con el niño, cumpliendo sus deseos y contándole historias de sus padres.
Harry recibió algunos juguetes mágicos, con los que jugó mirándolos fascinado. También recibió libros y ropa, ésta última la necesitaba con urgencia ya que hasta ese momento había estado usando ropa encogida de Severus.
El niño se fue a dormir con una enorme sonrisa en su cara, y esa noche los abrazó un poco más de tiempo cuando lo acostaron en su cama, después de leerle uno de los libros que le habían regalado.
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Y hasta aquí puedo leer...
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