10. LUNA LLENA

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Personajes creados por J.K Rowling, aunque por supuesto yo los he adaptado a mi imaginación...

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El único fracaso que conozco es el de los que se quedan esperando a que algo simplemente pase...

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10/08/84

Los días pasaban rápidamente en la Hilandera, mientras los dos adultos ultimaban los detalles de su plan de fuga.

Harry estaba completamente recuperado de su neumonía, y se encontraba en proceso de curarse de su desnutrición.
Severus le había impuesto un estricto régimen de pociones y comidas.
El niño se lo estaba haciendo realmente fácil a los adultos, se comía sus verduras y se bebía sus pociones sin una sola protesta.

Pero lo que más feliz hacía a los dos magos, era que Harry había dejado de estremecerse cada vez que lo tocaban. El ojiverde se había ido transformando día a día, pasito a pasito. Quedaba ya muy poco de aquel niño triste y asustado que había llegado semanas atrás, en su lugar, un menos esquelético niño sonreía haciendo preguntas a cada minuto, a no ser que estuviera enfrascado en un libro o en un rompecabezas.

Severus había estado trabajando en algunas modificaciones de la poción para animagos, intentando que con dichos cambios, la poción ayudara a Remus a conectar con su lobo.

Una semana antes de la luna llena, el pocionista comenzó a darle al castaño, una versión mejorada de la poción Matalobos.
Había conseguido agregar a la poción, sin que perdiera su eficacia, las hojas de una planta de nombre impronunciable. Esas hojas agregan un efecto anestesiante, que ayudaría con el dolor de la transformación.

Eileen Prince había creado mágicamente un sótano bajo su casa para construir un laboratorio de pociones. Había protegido la puerta con un hechizo antimuggles.
Allí era dónde Remus pasaría su transformación. El hombre lobo había querido irse lejos, temía hacerle daño a Harry o a Severus. Pero el ojinegro, lo había convencido de que podían descubrir que Harry había desaparecido, y que fueran a buscarlo acusándolo de secuestro.

La noche de luna llena, tras tomar la nueva poción de Severus, además de la Matalobos, Remus se encerró en el sótano para pasar, como cada mes, por su "pequeño problema peludo".

El licántropo ni siquiera sintió dolor al transformarse, todo sucedió de forma rápida y natural. Se conectó plenamente con Moony, y ésto ayudó a que la transformación fuera totalmente natural.

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En medio de la noche, el pequeño Harry se despertó en su cama. Había soñado con su primer amigo, el lobito del bosque. Bajó de su cama, y salió, en silencio, de su dormitorio, su amigo se sentía solito, y él iba a buscarlo para hacerle compañía.

Sin ser consciente del peligro que había en el sótano, cruzó la puerta y se acercó a Remus en su forma de lobo.
El ojiverde, ajeno a todo miedo, se acurrucó en el pecho del licántropo, que había permanecido sin mover un solo músculo, y se durmió.

El lobo se mantuvo inmóvil durante varios minutos, observando como el niño dormía.
Finalmente, movió su morro alargado sobre el cuello del menor, inhalando el aroma infantil que desprendía. Se perdió en ese aroma durante varios minutos más, embriagándose con él.

Ese era el olor de su cachorro, su cría. Él era su mayor tesoro, no había nada más importante o preciado que ese pequeño, pensó mientras lamía sus desordenados mechones azabaches.

Un par de horas más tarde, fue Severus el que se despertó en su dormitorio. El pocionista no sabía por qué se había despertado, pero sentía una sensación rara en su pecho.
Salió de la cama para comprobar cómo estaba Harry. El niño tenía a menudo pesadillas a causa del trato de sus parientes, y quería asegurarse de que todavía dormía.

Su corazón se detuvo cuando no encontró a Harry en su dormitorio. Lo buscó por toda la casa, pero el niño seguía sin aparecer.

Finalmente, se dirigió al sótano. Con la mano temblorosa, abrió la puerta y asomó la cabeza para echar un vistazo sin tener que entrar.

Sus peores temores se hicieron realidad cuando vio que Harry estaba allí.
La escena era realmente surrealista, el niño estaba usando el pecho de un hombre lobo como almohada, y durmiendo como si ningún peligro lo rodease.

¿Qué hacía ahora? No había nada sobre eso en los libros sobre niños y sus cuidados, libros que había estado leyendo a escondidas cada noche desde poco después que Remus y Harry irrumpiesen en su solitaria vida.

¿Y ahora qué? ¿Despertaba al hombre lobo y le pedía, amablemente, que le devolviese al mocoso? Sí, claro, eso era el plan más inteligente...

Y si los tres sobrevivían a esa noche... ¿Castigarían al mocoso al día siguiente? ¿Cuál era el castigo adecuado para algo así? No había visto nada remotamente parecido en esos libros.

Decidido, esos libros eran un auténtico desperdicio. No habían conseguido resolver ninguna de sus preocupaciones. No decían qué hacer con un niño profético, con tendencia a juntarse con licántropos en noches de luna llena. Ni tampoco enseñaban a decir "no" o castigar al primer niño que le había sonreído en su vida, uno que lo abrazaba y los miraba con sus orbes esmeraldas brillantes.

Por fin, tras su conversación interna de preguntas y respuestas, se calmó lo suficiente como para empezar a actuar.

Dio un paso al frente sin que ninguno de los otros dos se moviese o se despertara.
Unos sigilosos pasos más tarde, y ya estaba a medio camino, pero fue entonces cuando el licántropo se movió y abrió sus ojos.

Severus se detuvo y lo miró, conteniendo la respiración, atemorizado por lo que podría pasar ahora.

El hombre lobo se puso en guardia, y le gruñó, mostrando una actitud protectora con el niño que tranquilizó mucho al pocionista, hasta que se dio cuenta que era mago muerto.
El lobo lo veía como una amenaza para su cachorro, y no dudaría en destrozarlo para protegerlo.

El licántropo, sin dejar de gruñirle, olió hacia él, e inmediatamente se relajó y dejó de mirarlo como una amenaza.

Remus había reconocido el olor del ojinegro como el de un miembro de su manada.
Empujó con su hocico el pequeño cuerpecito, que dormía tranquilamente a su lado, hacia el mago.

Severus entendió lo que el lobo trataba de decirle, quería que se llevara a Harry.
Se acercó lentamente hasta la inmensa criatura, y arrodillándose ante él, esperó el siguiente paso.
El hombre lobo volvió a empujar al niño hacia él, y el pelinegro extendió una mano hacia el ojiverde y acarició sus desordenados cabellos.
El licántropo lamió la mejilla del niño primero, y después la del pocionista, como si estuviera despidiéndose de ellos.
Extrañamente, Severus no se sintió asqueado por ello, en realidad, se sentía agradecido por la confianza que el lobo estaba depositando en él.

Agarró delicadamente al niño, para no despertarlo, y tras acariciar brevemente la cabeza del licántropo, se incorporó y salió del sótano.

Llevó a Harry a su dormitorio, y se acostó con él en su cama. Tras arroparlos a ambos, se durmió, demasiado agotado para pensar en los acontecimientos de esa noche.

Al día siguiente, un ojiverde se despertó muy feliz en la cama de su tío Sev.
Nunca había dormido con él antes por la noche, aunque él siempre acudía cuando tenía un sueño de los malos, pero siempre se iba a la cama de Moony.

El niño bajó, muy orgulloso en los brazos de su tío, a desayunar, y allí se encontraron con Remus, que ya tenía el desayuno listo en la mesa.
Comieron, escuchando los chapurreos del azabache, quien le contaba al castaño, como había dormido con su tío Sev.

Cuando terminaron, los tres se fueron al salón, y mientras Harry armaba un puzzle, envuelto en una burbuja de silencio, los adultos se sentaron para hablar de lo ocurrido.

Remus le confesó al pocionista todo lo que vivió y sintió desde el momento de su transformación.
Empezó contándole que las mejoras de la poción habían funcionado, no sintió ningún tipo de dolor.
El castaño explicó, muy emocionado, lo diferente que había sido esta vez, y como no sintió ningún tipo de rabia o ira, como era habitual en las noches de luna llena.

Severus pensaba que, de alguna manera, se había reconciliado con su lobo, y que quizás el unificarse a él, habían domado a la bestia, despojándolo de la ira y la sed de sangre.

Remus creía que tal vez fue porque en su anterior luna llena soño con Harry en su forma de lobo. Le contó al ojinegro como en ese sueño el lobo y él eran uno.
También le confesó algo, en lo que no había pensado en el último mes, pero que ahora tenía mucho sentido.

En ese sueño, Harry, un niño débil y asustado, lo había abrazado. No había tenido miedo de él, y eso había hecho que por primera vez no se sintiese como un monstruo.

— Es curioso, mis amigos y mi pareja se pasaron años diciéndome que no era un monstruo, pero yo jamás pudo dejar de verme así. Pero cuando Harry no se asustó de mí, algo cambió. Supongo que me hizo aceptarme — confesó, con las mejillas enrojecidas, el castaño.

— Los gryffindor siempre tan lentos... — se burló, sin maldad, el pocionista.

— Creí que éramos impulsivos e irracionales — replicó, con una sonrisa, el licántropo.

— Sí, eso también — asintió, devolviéndole la sonrisa, el ojinegro.

— Siento que hayas tenido que pasar por esto otra vez. La próxima luna llena no correremos riesgos, lo prometo. Me iré a... — cambió de tema Remus, preocupado por haberle gruñido al pelinegro, antes de reconocerlo.

— No hace falta. El único riesgo fue que a mí me diera un infarto — lo interrumpió Severus, poniendo una mano sobre su corazón.

— Lo imagino. Por eso... — asintió el castaño, agachando la cabeza.

— Has demostrado que no supones ningún peligro para nosotros — volvió a interrumpirlo el pocionista, logrando con sus palabras hacer que el hombre lobo irguiese su cabeza de nuevo para mirarlo a los ojos.

— ¿Estás seguro? — preguntó, muy sorprendido, el licántropo.

— Lo estoy. Nunca te culpé por lo que pasó en la Casa de los Gritos, solo guardo rencor a dos personas por lo qué pasó esa noche, y con una espero arreglarlo pronto — respondió el ojinegro, poniéndose serio.

— Sirius — asintió Remus, antes de aventurarse con el segundo — ¿Es James el otro?

— No, es Dumbledore. Él me obligó a guardar silencio, además de darme detención y quitar puntos a Slytherin. Pero jamás quitó puntos a Gryffindor, ni dio detención alguna, ¿verdad? — preguntó, alzando su ceja, Severus.

— No, no lo hizo. Y no me puedo creer lo que hizo contigo. ¿Cómo puede ese hombre actuar con tal impunidad? — deseó saber el castaño, levantando las manos hacia el cielo, como si alguna divinidad tuviese la respuesta.

— Dejará de hacerlo, créeme. Yo mismo buscaré la manera de que todos descubran su verdadera cara — aseguró el slytherin, dejando ver su rabia interior por su jefe.

— Cuentas con nosotros para lograrlo — se apuntó, de inmediato, el hombre lobo.

— Bien, tres cabezas piensan mejor que una, aunque una de ellas sea la de Black — asintió Severus con una sonrisa burlona.

— No te creas, Sirius puede ser bastante creativo cuando quiere, y no olvides que lleva en él el gen vengativo de los Black — le recordó Remus, mostrando su lado travieso.

— Supongo que será una buena adicción, entonces — admitió el pocionista, él mismo había sufrido en persona la creatividad de los Merodeadores. Sería justicia poética que ahora él los sufriese, teniendo en cuenta que no había hecho nada por ayudarlo cuando él los sufría.

— Sobre esa noche... Aún tengo pesadillas sobre lo que podía haber pasado — volvió a cambiar de tema el castaño, confesando algo que solo Sirius sabía.

— Yo también, pero algo me dice que ya estoy curado de ellas — aseguró, con una amplia sonrisa, el ojinegro.

— ¿Por qué? — preguntó, desconcertado, el gryffindor.

— Porque ya no tengo que preocuparme por un ataque, anoche demostraste que puedes controlar al lobo — respondió, muy seguro de si mismo, Severus.

— El lobo te reconoció como parte de la manada, por eso te entregó a su cachorro — confesó Remus, sin saber cómo se tomaría el otro esa información.

— Bien — asintió el pocionista, sin querer mostrar lo mucho que significaba para él esa declaración. Se había unido a los mortífagos buscando pertenecer a algo, y pronto se había dado cuenta de su error, pero pensó que ya era demasiado tarde. Ahora tenía lo que siempre había querido, una familia. Esperaba que la llegada de Black no arruinase su felicidad.

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Espero que os haya gustado.

Gracias por leer...

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