12. CHARLA DESPUÉS DE MEDIANOCHE
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Personajes creados por J.K Rowling, aunque por supuesto yo los he adaptado a mi imaginación...
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No solo las chicas tienen permiso para llorar...
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11/08/84
Caminaron en silencio hasta la orilla, Sirius ayudado por Remus, y un Harry muy sonriente, en los brazos de Severus.
Tras llegar a la orilla en la cual habían desembarcado casi dos horas antes, el castaño se apareció con el animago, y el pocionista con el niño. Aterrizaron en un bosque muggle, uno en el que Severus había estado muchas veces antes junto a Lily, los dos solían ir allí durante el verano para buscar ingredientes de pociones.
El hombre lobo soltó al ojigrís, con cuidado, y sacó la tienda que había guardado en su mochila antes de partir. Con unos suaves movimientos de su varita, la carpa estuvo armada y lista para usar.
Severus dejó a Harry en el suelo, junto a Sirius, y se unió a Remus para poner todo tipo de protecciones y hechizos de invisibilidad. No querían ser encontrados por nadie, y menos antes de poder poner en marcha la segunda parte de su plan.
Cuando por fin los dos estuvieron satisfechos con su trabajo, el licántropo ayudó al último Black a entrar, y el ojinegro volvió a tomar al ojiverde en sus brazos caminando tras los dos gryffindor.
Una vez dentro, el pocionista le pasó el niño al castaño, y comenzó a sacar frascos de pociones de su bolsillo, extendiéndoselas de una en una al animago. Éste se tragó cada una de ellas sin preguntas, confiando en su rival en la escuela, pero sin poder evitar el gesto de asco por el desagradable sabor de las pociones.
Sirius se sintió mejor poco después, y empezó a contarles a grandes rasgos cómo había sido arrestado y encerrado directamente en Azkaban, sin un juicio justo o al menos un interrogatorio con veritaserum.
Les confesó que gracias a su forma animaga había podido resistir tanto tiempo al contacto con los dementores. Éstos no afectaban a las emociones animales, por eso se había pasado la mayor parte del tiempo como Padfoot.
Poco antes del amanecer, cuando Harry se durmió, los adultos hablaron de lo que harían a partir de ahora.
Severus y Remus le contaron lo que habían planeado días atrás.
El pocionista volvería a Hogwarts en septiembre y vigilaría todos los movimientos de Dumbledore desde allí. De esa manera se mantendrían informados de los planes del director.
Y ellos tres tendrían que irse del país, al menos mientras no encontraran a Pettegrew, y pudiesen limpiar el nombre de Sirius.
Severus los visitaría cada mes para contarles las novedades.
Además de eso, el ojinegro correría con los gastos, ya que no podían acceder a las bóvedas Black.
El ojigrís escuchó atentamente el plan, sin interrumpir en ningún momento, mientras pensaba en la manera de expresar sus dudas sin ofenderlos.
— Todo eso está muy bien, pero... — asintió, deteniéndose para encontrar las palabras apropiadas.
— ¿Pero? — preguntó Severus, mirándolo con una ceja alzada.
— Pero habéis obviado algunos detalles importantes — informó Sirius con una sonrisa cansada, las pociones habían ayudado pero su cuerpo todavía estaba débil.
— ¿Cómo por ejemplo? — se interesó Remus, haciendo sentar a su pareja al notar su cansancio.
— Gracias por ofrecer tu bóveda, de verdad, pero habéis olvidado algo muy importante — agradeció el animago, mirando a Severus y dándole un asentimiento.
— ¿Qué? — volvió a preguntar el pocionista con cierta impaciencia.
— Los gobblins son neutrales. A ellos les importan los beneficios y el oro, y que las cuentas Black empiecen a moverse de nuevo... — explicó el ojigrís, antes de ser interrumpido por el slytherin.
— Les da las dos cosas: oro y beneficios — terminó por él Snape, adivinando lo que quería decir el gryffindor
— Así es — asintió Sirius, dándole una pequeña sonrisa.
— Tiene sentido — estuvo de acuerdo el slytherin, aunque le costara darle la razón al otro.
— Pero no puedes ir a Gringgotts — protestó Remus, preocupado de que lo volviesen a encerrar.
— Puedo ir con un glamour y pedir una reunión privada con el jefe de cuentas de la familia — replicó el animago, levantándose para calmar al licántropo.
— ¿Crees que funcionará? — preguntó el castaño, mirando a Severus, y buscando su confirmación.
— Es muy posible que sí — asintió el ojinegro, y tranquilizando así al hombre lobo
— Otra cosa, lo de irnos del país me parece bien, pero... — cambió de tema el exprisionero de Azkaban.
— ¿Pero? — suspiró con cansancio el slytherin. Habían pasado dos semanas desarrollando un plan, y ahora el pulgoso quería cambiar todo.
— ¿No estás cansado ya de ser un espía? Lily siempre presumía de tu talento para crear y mejorar pociones, y sé que no le gustaría que estuvieras desaprovechando tu talento dando clase a niños — respondió Sirius, usando el punto débil del pocionista.
— Eso es muy cierto. Mira lo que hiciste con la poción Matalobos y la de Animagos ¡Conseguiste que pasará por la transformación sin sentir ningún dolor! — estuvo de acuerdo Remus, muy agradecido por la ayuda del ojinegro.
— ¿De verdad? ¡Esa es una gran noticia! — celebró el ojigrís, abrazando a su alma gemela y sonriendo al profesor de Pociones.
— Enseñar a mocosos insufribles no es algo que le desee ni a mi propio enemigo, o tal vez sí — siseó Severus, esbozando una sonrisa burlona al decir las últimas palabras.
— ¿Entonces por qué no vienes con nosotros? — lo invitó el animago, sorprendiendo al Slytherin, y también logrando que cierto lobito lo mirara con ojos llenos de orgullo.
— Por increíble que parezca la idea me gusta, pero no es posible — suspiró con frustración el pocionista, le tentaba mucho la idea, pero no podía irse de Hogwarts.
— ¿Por qué? Podrías dedicarte a lo que te gusta, y además estarías cerca de Harry — preguntó Remus, sin entender la negativa del ojinegro, sabía que adoraba al niño y quería quedarse cerca de él.
— Esa noche, Dumbledore me pidió que hiciera un voto. Yo estaba muy vulnerable por la muerte de Lily, así que accedí — explicó Severus, dejando ver su vulnerabilidad durante unos pocos segundos.
— ¿No te habrás atado a él, no? — gimió, con rostro horrorizado, Sirius.
— ¡Dios, no! El voto es para Harry, prometí protegerlo. Por eso el viejo me contrató, quiere que esté allí cuando Harry llegue a Hogwarts — informó el pocionista, luciendo muy frustrado por estar encadenado a otro dictador.
— ¿Pero aún falta mucho para eso, no? Tal vez escuches rumores entre los mortífagos que quedaron libres sobre un levantamiento de Voldemort, y Dumbledore tenga que recurrir a su espía — sugirió el animago, luciendo una sonrisa traviesa.
— Eso me gusta. Sigue hablando — ordenó el ojinegro, mirándolo con ojos ansiosos y esperanzados.
— ¿Qué tal si sientes la necesidad, por tu voto, de atraparme? Después de todo soy un peligro para Harry — continuó con sus sugerencias el exprisionero de Azkaban
— Mira que eres raro, Black. Debes ser la única persona en el mundo al que Azkaban le sienta bien — suspiró dramáticamente Severus, pero no había ningún tipo de saña en sus palabras.
— ¿Qué puedo decir? Soy único e inigualable — presumió Sirius, poniendo su espalda recta como buen sangre pura que era.
— Y de nuevo el viejo Black — replicó el profesor de Pociones, negando con la cabeza divertido.
— Volvamos al plan, los cuatro saldremos del país... — los llamó al orden Remus, no quería que esos dos iniciaran ninguna estúpida pelea, y despertaran a Harry.
— Sí, pero lo haremos por separado — asintió el ojigrís, poniéndose serio de nuevo.
— ¿Por qué? — preguntó el castaño, sin entender los motivos del exprisionero de Azkaban.
— Por Harry, no podemos arriesgarlo. Severus saldrá con él del país de manera legal — decidió el animago, no quería correr riesgos con su bebé.
— ¿Yo? ¿Te das cuenta de que si me atrapan con él, yo iría a Azkaban y Harry de nuevo con los Dursley? — siseó Snape, sin poder creer la estupidez del gryffindor.
— No pueden hacerte nada, eres su padrino — lo tranquilizó el ojigrís, haciendo un gesto despreocupado con la mano.
— Azkaban te ha afectado más de lo que pensaba... ¡Tú eres su padrino! — gritó el pocionista, perdiendo los nervios por completo.
— Está bien, rectifico: los dos somos sus padrinos — se corrigió Sirius, luciendo una sonrisa digna del gato Cheshire.
— ¿Qué? — gritaron a la vez el pelinegro y el castaño, sin poder creerse la información que acababan de recibir.
— James y Lily eligieron un padrino cada uno — informó Sirius, sintiéndose muy orgulloso de ser él el que revelaba tan jugosa información.
— ¿Lily me eligió? — preguntó Severus con hilo de voz, deseoso de saber si su única amiga lo había perdonado.
— No, la pelirroja me eligió a mí. Tú fuiste el elegido de James — explicó el animago, sonriendo al recordar el día que le pidieron ser el padrino de Harry.
— ¿Potter? — escupió el slytherin con incredulidad.
— Confiarte a su hijo fue la mejor manera que se le ocurrió de pedirte perdón — se encogió de hombros el ojigrís, su hermano en todo menos sangre había pensado que esa era la única manera de ser perdonado.
— Vaya... ¿Y Lily estuvo de acuerdo? — se sorprendió el pocionista, todavía en shock.
— ¡Por supuesto! Estaba feliz de que James te hubiera elegido — exclamó con alegría Sirius, recordando lo feliz que estaba su mejor amiga por la elección de su marido.
El pocionista no se lo podía creer, su matón particular lo había eligido como padrino del niño por el que dio su vida. Y Lily estaba feliz por ello, eso quería decir que ella lo había perdonado.
Escuchó como Sirius contaba con orgullo que la pelirroja lo había elegido a él, porque cuando estaba embarazada, Harry pateaba cada vez que escuchaba la voz del animago hablándole.
Finalmente, decidieron ir a Gringgotts al día siguiente y buscar una propiedad Black en el extranjero.
Pondrían la casa bajo Fidelius, pero esta vez no correrían riesgos tontos, el guardián sería el gobblin encargado de las cuentas Black.
Con los nuevos planes diseñados, se fueron a dormir.
Severus se llevó a Harry con él a una habitación, mientras Sirius, mucho más recuperado gracias a las pociones, arrastró a Remus a la otra.
Ambos gryffindor tenían mucho de lo que hablar. Además, también tenían muchos besos atrasados que compartir para poder ponerse al día.
Esa noche, ambos volvieron a ser uno, demostrándose, sin necesidad de palabras, lo mucho que se amaban.
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Gracias por leer...
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