16. EL JUICIO DE SIRIUS

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Personajes creados por J.K Rowling, aunque por supuesto yo los he adaptado a mi imaginación...

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El único consuelo de los que sufren la injusticia es saber que el tiempo pone las cosas y a las personas en su lugar...

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31/08/1984

El Winzegamot al completo había sido convocado por la jefa del departamento de Aplicación de la Ley, Amelia Bones, para un juicio urgente.
Todos los miembros del jurado se encontraban curiosos por la repentina convocatoria, y esperaban ansiosos a que la bruja revelase sus motivos.

— Hola a todos, gracias por venir. Os he llamado para corregir un error que el Ministerio cometió hace cuatro años — anunció Amelia, sorprendiendo a todos los presentes.

— ¿Y cual sería ese error, querida Amelia? — preguntó Dumbledore con su máscara de abuelo consentidor.

— El encarcelamiento sin juicio de Sirius Black — respondió la bruja, reteniendo su sonrisa al ver el rostro pálido del viejo.

— ¿No fue juzgado? — se sorprendió Cornelius Fudge, temeroso de que la imagen del Ministerio cayese.

— Así es. Pueden buscar las transcripciones del juicio si no me creen— invitó la Jefa del departamento de Aplicación de la ley mágica.

— Debe haber algún error o tal vez se hayan perdido las transcripciones — trató de explicar el director de Hogwarts, poniendo su mente a trabajar para impedir que la verdad saliese a la luz.

— O tal vez nadie se molestó en hacerle un juicio. Si lo hubieran hecho, habrían descubierto que era inocente de los cargos que se lo imputan — replicó Amelia, sin dejarse convencer por el viejo manipulador.

— Nada me gustaría más que eso fuese cierto, querida, pero... — intentó defenderse Dumbledore, pero no lo dejaron terminar de hablar.

— Tengo pruebas de su inocencia — lo interrumpió la bruja, levantando una mano hacia él para detener sus excusas.

— Querida muchacha, no creo que quieras remover hechos tan dolorosos para todos — trató de convencerla Albus, no podía permitir que Sirius saliese de Azkaban, eso sería terrible para sus planes.

— Peter Pettegrew es el verdadero traidor y está vivo — anunció Amelia, ignorando las palabras del peliblanco, y creando un gran alboroto en la sala del Winzegamot.

— ¿Tienes pruebas de eso? — quiso saber el ministro, cada vez más nervioso.

— Las tengo — asintió la bruja con una sonrisa de satisfacción, antes de llamar a los aurores que custodiaban al prisionero — Auror Williams, por favor dígales que traigan a Pettegrew.

La puerta se abrió poco después, y Peter Pettegrew entró esposado y custodiado por dos aurores.
Ambos magos llevaron al hombre que pronto sería juzgado hasta una silla, cuyos brazos estaban llenos de cadenas.
Todos los presentes permanecieron en un silencio en absoluto, sin poder creerse que ese hombre estuviese vivo,

Las cadenas tintinearon y se envolvieron en los brazos de Pettegrew, capturándolo e impidiendo que pudiese escapar o transformarse.

— Muy bien, ahora que estamos todos, podemos empezar — habló Amelia, mirando a Fudge.

— Que inicie el juicio — asintió, aún muy desconcertado, el Ministro de Magia.

— Interrogan: Cornelius Oswald Fudge, Ministro de Magia; Amelia Susan Bones , directora del Departamento de Cumplimiento de la Ley Magia; y Rufus Scrimgeour, jefe de aurores — recitó el asistente del Ministro.

— Los cargos contra el acusado son los siguientes: Que deliberadamente y con plena conciencia de la ilegalidad de su acción, habiendo sido nombrado guardián de la ubicación de James Charlus Potter, Lillian Evans Potter y Harry James Potter, tracionó su confianza revelando su ubicación a Ya-saben-quien — leyó Amelia.

— Administren tres gotas de veritaserum— ordenó Cornelius con voz temblorosa.

— ¿Nombre completo? — preguntó Scrimgeour cuando vio que el comportamiento de Pettegrew, un manojo de nervios, se convirtió en desapasionado y frío.

— Peter Pettegrew — respondió el traidor, con una irritante vocecita chillona.

— ¿Pero usted no estaba muerto? — interrogó Fudge, que seguía sin entender nada de lo que estaba pasando.

— Fingí mi muerte para que culpasen a Sirius Black. Usé un hechizo de euforia con él y lancé una Bombarda para poder escapar con mi forma animaga— confesó Colagusano, logrando gemidos escandalizados de los presentes.

— ¿Es usted un animago ilegal? — interrogó Rufus, mirándolo con una mueca desagradable

— Sí, una rata — asintió el animago con un tono de voz monótono y neutral.

— ¿Y por qué culpó a Black? — quiso saber Amelia.

— Porque no quería ir a Azkaban — respondió Peter con gesto ausente.

— ¿Le revelaste tú el escondite de los Potter al que no debe ser nombrado? — preguntó el ministro.

— Sí, él me premió por eso. Todos los mortífagos estaban celosos... — asintió, volviendo a su tono tembloroso, la rata.

— ¿Es usted un mortifago? — intervino, de nuevo, la Jefa del departamento de Aplicación de la ley mágica.

— Sí, era la única manera de sobrevivir. Yo solo quería vivir... — se excusó la rata traidora.

— ¿Para eso traicionó a sus amigos? ¿Para sobrevivir? —escupió, con asco, Alastor Moody.

— No quería morir — se defendió Colagusano, encogiéndose en la silla.

— ¡Cobarde! — chilló un miembro del Winzegamot.

— ¡Rata traidora! — lo acusó una elegante dama, mirándolo con desagrado.

— ¡ Escoria! ¡Eres peor que un mortífago! — siguió escuchándose a lo ancho y largo de la sala.

— Ojalá te pudras en Azkaban — masculló Griselda markshans, uno de las miembros más antiguos del Winzegamot.

— ¡Suficiente! Será mejor que votemos — llamó al orden Amelia, deseando acabar cuanto antes.

— ¿A favor de la condena? — preguntó el ministro, y todas las manos de la sala de erguieron. — ¿En contra? — volvió a preguntar, pero ninguna mano se levantó.

— Muy bien — asintió Fudge, todavía consternado por todo lo que se acababa de descubrir — El Winzegamot declara culpable al acusado.

— Peter Pettergrew el Winzegamot lo condena a pasar el resto de sus días en Azkaban. Esperamos que los dementores lo ayuden en su redención —anunció Amelia, mirando a la rata con una sonrisa satisfecha.

— Jefe de aurores Scrimgeour, ¿haría el favor de entregar al señor Pettegrew a los dementores? — solicitó, con gesto serio, el ministro.

— Con mucho gusto — asintió, con una sonrisa maliciosa, el Jefe de Aurores.

— Los aurores Robards y Kingsley han traido a Sirius Black para que por fin sea juzgado — anunció Amelia, e inmediatamente, los dos aurores y el exprisionero de Azkaban entraron en la sala.

— Sirius Orion Black — habló el ministro — Ha sido traído a aquí, desde Azkaban, para prestar declaración ante el Ministerio de Magia y el Winzegamot.

— Sí, señor — asintió el ojigrís, y aunque su voz sonase un poco temblorosa, su rostro mostraba el inconfundible orgullo Black — Quiero demostrar mi inocencia y que encierren para siempre al verdadero culpable.

—¿Eres tú Sirius Orion Black, residente en el numero 12 de Grimmauld Place, hasta su entrada en Azkaban? — interrogó Scrimgeour con tono de grave.

— Lo soy — asintió el animago, antes de añadir — Pero antes de que me encerraran en Azkaban vivía en Hogsmeade.

— ¿Consiente en el uso de Veritaserum? — preguntó Cornelius.

— Consiento — aceptó con tranquilidad el ojigris.

El auror Robards dejó caer tres gotas en la lengua del animago, quien al instante, adquirió una mirada vacía que en un rostro que carecía de toda expresión.

— Podemos empezar — anunció Robards, al ver que la poción había empezado a hacer efecto.

— Señor Black, cuéntenos que pasó la noche del treinta y uno de Octubre, antes de ser encerrado en Azkaban — pidió, con tono respetuoso, Madame Bones.

— Estaba en una misión para la Orden... — empezó Canuto su relato.

— Esos justicieros... — murmuró un miembro del Winzegamot con molestia.

— Tuve un mal presentimiento, y decidí ir a comprobar si Harry, James y Lily estaban bien. Cuando me aparecí delante de la casa y vi el estado en que se encontraba el mundo se me cayó encima de la cabeza — prosiguió Sirius, estremeciéndose, al recordar la fatídica noche.

— ¿Entró a la casa? — preguntó Amelia.

— Sí, la puerta estaba abierta. Faltaba la mitad superior de la fachada, pero la casa aún se mantenía en pie. Entré y encontré a James al pie de las escaleras. James estaba... — contestó el animago, incapaz de decir esa horrible palabra.

— ¿Estaba en el piso inferior? — interrogó Scrimgeour, eso no era lo que aparecía en el informe.

— Sí, defendiendo las escaleras. Murió protegiendo a su familia. Lily estaba arriba, ella también... Harry estaba llorando, pero dejó de hacerlo cuando me vio — respondió el animago, sin poder evitar derrumbarse, al recordar la fatídica noche.

— ¿Qué pasó después? — preguntó Madame Bones, con suavidad, en cuanto el ojigris se repuso un poco.

— Llegó Hagrid, me dijo que lo había enviado Dumbledore. Quería que le llevara a Harry para ponerlo en un lugar seguro — divagó Sirius, sumido en su dolor.

— ¿Y cómo sabía Dumbledore lo que había pasado? — preguntó la bruja, logrando que el resto de los presentes mirasen al director haciéndose la misma pregunta.

— Supongo que porque el Fidelius se había roto, él era el guardián del secreto — reveló el animago, encogiéndose de hombros con inferencia.

— ¿Por qué fue tras Pettegrew? — quiso saber el ministro, pensando que si el último varón Black había cometido algún tipo de delito el escándalo no sería tan grande.

— Quería capturarlo, era un traidor y un peligro para Harry — confesó Sirius, sin dejarse intimidar.

— ¿Tenía intención de matarlo? — intervino, tratando de ayudar a su viejo amigo de la escuela, Elphias Doge.

— No, quería entregarlo a la justicia y se pudriese en Azkaban — negó el ojigrís.

— ¿Tuvo usted un juicio? — preguntó Amelia, tras enviar una mirada glacial al lacayo de Dumbledore.

— No, conmigo se saltaron ese paso —masculló el animago, despertando el malestar de la mayoría.

— ¿Entonces lo llevaron directamente a Azkaban tras su detención? — interrogó madame Bones, fulminando con su mirada, a los que creía responsables de la horrible injusticia.

—Así es— respondió Sirius — La noche que perdí a la mitad de mi familia me encerraron en una celda para que pudiera revivirlo una y otra vez. Al principio tenía esperanza de que se dieran cuenta de que habían cometido un error, pero con el paso de los días me di cuenta que había sido traicionado por mi antiguo director de escuela.

Muchos de los magos y brujas se volvieron para murmurar con sus vecinos; algunas de las brujas más ancianas enjugaron sus lágrimas, y se sonaron sus naricillas; y los restantes negaron con la cabeza furiosos, atravesando con miradas furiosas a Dumbledore.

— Siento la injusticia, señor Black — se disculpó madame Bones, pese a no haber tenido nada que ver en dicha injusticia.

— Como nunca fue acusado formalmente, no hay necesidad de votar— anunció Scrimgeour, mirando al ministro con desafío.

— Así es. Sirius Black, eres un hombre libre. El Ministerio pagará una indemnización por los años que ha estado encarcelado injustamente — asintió conforme Amelia, sonriendo al animago, y sintiéndose muy satisfecha por haber podido ayudarlo.

La bruja miró al Jefe del Winzegamot, quien se encontraba muy pálido y sudoroso, ella todavía no había terminado de hacer justicia.

— Aurores, detengan a Albus Dumbledore — ordenó la Jefa del departamento de Aplicación de la ley mágica.

— No creo que sea necesario — protestó el director, pensando en como convencerlos de que todo había sido un terrible malentendido.

— Tienes muchas explicaciones que dar, viejo zorro — replicó Griselda, muy poco dispuesto a que el Jefe Brujo se saliese con la suya.

— Están cometiendo un error — volvió a protestar el peliblanco, mientras los aurores lo sentaban en la silla de los acusados.

A pesar de las protestas del Jefe Brujo, y también de algunos de sus más acérrimos seguidores, la gran mayoría de los magos y brujas querían escuchar una explicación del líder de la luz.
El auror Kingsley procedió a administrarle veritaserum, ignorando el gesto indignado del director de Hogwarts.

Durante la siguiente hora, todos los asistentes en la sala del Winzegamot escucharon escandalizados y horrorizados como Dumbledore confesaba sus planes para gobernar la Gran Bretaña Mágica.

El autoproclamado líder de la luz, contó cada una de sus tramas y estrategias para manejar los hilos del mundo mágico británico.
Confesó también sus planes para Harry Potter, la vida que había diseñado para "el niño que vivió", una vida de sufrimiento, hambre y soledad. Cuando el niño cumpliera once años, estaría listo para ser el héroe que el mundo mágico necesitaba. Uno que lo vería a él como su propio héroe, y al que por supuesto podría manipular. Además tendría el control de su fama, para usarla en sus propio beneficio, y sus asientos en el Winzegamot.

El Winzegamot solo necesito diez minutos para deliberar y votar.
Dumbledore fue condenado por el secuestro de Harry Potter, el encarcelamiento de Sirius Black, complicidad de abuso infantil y otros cuantos cargos más.

Albus Dumbledore jamás saldría vivo de Azkaban, posiblemente ni siquiera viviría más de diez años allí dentro, pero tendría que pasarlos sabiendo que había perdido. Todos sus planes habían fracasado, y eso lo convertía en el perdedor de la partida.

Esa noche; Sirius, Remus y Severus brindaron por la libertad, mientras veían a Harry dibujando acostado sobre la alfombra.

Al día siguiente, Sirius le envió una nueva mascota a Percy Weasley, un bonito búho castaño, agradeciéndole por haber ciudado tan bien a Scabbers.

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Solo faltan dos capítulos...

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