17. UN FINAL FELIZ

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Personajes creados por J.K Rowling, aunque por supuesto yo los he adaptado a mi imaginación...

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Tras una larga conversación con mi sentido común, hemos decidido que no nos creemos tus falsas promesas...

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Tras el juicio de Sirius Black, la gran mayoría de magos y brujas de Gran Bretaña pidieron que se instalaran nuevas leyes, tanto como para para amparar mejor a sus ciudadanos como para evitar los asuntos turbios de algunos gobernantes.
La gente estaba cansada de ser dulces ovejitas gobernados por lobos con piel de cordero.

Los planes egoístas de Albus Dumbledore habían logrado algo bueno, la gente había abierto los ojos, y muchos de ellos se avergonzaban de haber pensado que su bienestar estaba a cargo de un niño, uno que había tenido la suerte de sobrevivir la noche que había finalizado la primera guerra mágica, pero la desfortuna de quedarse huérfano, y aún encima, en manos de un bastardo manipulador.

Mientras el mundo mágico se acostumbraba a una nueva realidad, Sirius, Remus y Severus decidieron que necesitaban un nuevo hogar familiar en el que empezar de nuevo como familia.
Ya no eran fugitivos, y Harry podría criarse en libertad, y también en un hogar estable.
Decidieron comprar una casa, en otro país, para que Harry pudiera crecer como un niño normal, es decir, sin toda esa parafernalia del "niño que vivió" creada por Dumbledore.

Severus había renegociado su contrato con Minerva, la nueva directora de Hogwarts. El pocionista, ahora solo enseñaría a los dos últimos años, es decir a los alumnos que realmente querían aprender.
No tendría que vivir en el castillo, pero iría de lunes a viernes durante unas horas todas las mañanas.
Sus tardes estaban reservadas para su pequeño mocoso, quien parecía disfrutar ayudándolo en su nuevo laboratorio.

Remus también tenía sus mañanas muy ocupadas. Su paciencia y tranquilidad, grandes virtudes, lo habían hecho el encargado de darle clases a su pequeño cachorro.
Las clases duraban solo un par de horas, ya que no querían abrumar al niño, pero aún así disfrutaba mucho ese tiempo a solas con Harry.
El ojiverde era un alumno excelente, muy aplicado pese a su corta edad, y además aprendía rápidamente todo lo que el castaño le enseñaba.

Tras sus clases de la mañana, el niño jugaba con Sirius hasta la hora de la comida, cuando Severus regresaba de Hogwarts.

A menudo, el castaño y el ojinegro se quedaban en la puerta, contemplando como los dos se divertían con sus juegos y bromas. A los dos les encantaba escuchar las risas y carcajadas del pequeño de la casa. Sentían que esa alegría era una señal de que el niño se recuperaría del abuso.

Después de comer, Severus y Harry pasaban un par de horas en el laboratorio de pociones. El pocionista sabía que era muy pronto para enseñarle a preparar pociones básicas, pero no se había podido resistir a mostrarle la manera correcta de cortar los diferentes ingredientes que usaba en sus pociones.
Al ojiverde le encantaban sus clases de "pócimas", y para el orgullo de Severus, era un estudiante muy precoz.

Los tres adultos se habían adaptado muy bien a su rol de padres. Cada uno era el elegido especial del pequeño ojiverde para realizar distintas tareas. El hombre lobo era quien le leía cada noche antes de dormir. Por su parte, Sirius era el encargado de bañarlo tras la cena. Y Severus era al único que le dejaba peinarlo, y eso era lo que hacía el pocionista cada mañana antes de irse al castillo.

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07/09/1987

Los años fueron pasando, Harry se recuperó totalmente de los traumas ocasionados por los Dursley.
Se había convertido en un niño muy alegre y curioso, que a menudo los volvía locos con sus preguntas o respuestas.

Una tarde que los cuatro estaban en el jardín disfrutando de un picnic, el pequeño los sorprendió con una nueva habilidad.
El niño se había alejado un poco de ellos, y cuando fueron a buscarlo lo descubrieron, apoyado sobre el tronco de un árbol, hablando con una serpiente. Y no era cualquier serpiente común, era una mamba negra, una de las especies más peligrosa y letal.

— ¿Q-qué estás haciendo, bebé? — preguntó un Sirius Black muy aterrado, intentando no saltar hacia el niño para ponerlo a salvo. Sabía que un movimiento brusco podría provocar una mordedura letal en su bebé.

— Estoy hablando con mi amiga — respondió con una sonrisa tranquila su ahijado, ignorante de la preocupación y miedo de su padrino.

— ¿Esa serpiente es tu amiga? — se interesó Remus, mucho más calmado que los otros dos. Su lobo no captaba peligro, así que eso lo hacía estar tranquilo.

— Sí, ya os hablé de Osiris — asintió el menor, acariciando a su peligrosa amiga.

— ¿Osiris? — preguntó con un hilo de voz, Severus, recordando que, efectivamente, el niño les había hablado de su amiga, pero habían pensado que el pequeño tenía una amiga imaginaria.

— ¿No te acuerdas? — preguntó el ojiverde, mirándolo con el ceño fruncido.

— Claro que se acuerda, todos lo hacemos. Es solo que no sabíamos que era ella — intervino el castaño, acercándose a su sobrino, y sentándose a su lado.

— Ella es Osiris — presentó Harry, alzando la serpiente hacia sus padrinos— Y ellos son mis padrinos y mi tío.

Y eso fue todo para Sirius, quien con un golpe sordo cayó al suelo desmayado.
Por su parte, Severus seguía mirando del niño a la serpiente con los ojos desorbitados y el rostro muy pálido. Finalmente, el pocionista reaccionó, y cayó al suelo en medio de un ataque de risa.

Mientras Sirius y Severus permanecían en el suelo, uno inconsciente y el otro retorciéndose en una risa histérica, Remus se llevó a un Harry muy confuso adentro de la casa.
Sentó al niño en la mesa de la cocina, y le ofreció galletas de chocolate, que el ojiverde aceptó encantado

— ¿Qué les pasa a mis padrinos, Moony? — preguntó preocupado el ojiverde, mientras mordisqueaba una de sus galletas favoritas.

— No te preocupes, cachorro. Ellos tan solo están un poco sorprendidos por tu amiga — lo tranquilizó el castaño, ofreciéndole un vaso de leche.

— ¿Es realmente hermosa, verdad? — preguntó Harry, mirando a su tío con ojos brillantes.

— Lo es, cachorro, pero también es muy peligrosa — asintió el licántropo, sentándose al lado del niño, y limpiándole un bigote de leche.

— Ella nunca me mordería, ni tampoco a vosotros, me lo ha prometido — aseguró el menor con gesto convencido.

— Eso está muy bien, pequeño — murmuró Remus, besando su cabello, antes de levantarse a por más galletas.

Al día siguiente, los tres adultos y el niño acudieron a Gringgotts, por supuesto con un glamour, ya que no querían que nadie más que los gobblins los reconociesen.

Le explicaron a Khogner lo que había pasado la tarde anterior, y éste sospechando de donde había salido la habilidad para hablar parsel de Harry, decidió hacerle una prueba de herencia al niño.

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HARRY JAMES POTTER

Habilidades mágicas:

*Artes mentales*

*Pársel*

*Pociones*

*Encantamientos*

*Runas*

*Defensa/Duelo*

Madre:

Lily Rose Evans

Padre:

James Charlus Potter

Padrinos:

Sirius Black (legimitizado por sangre)

Severus Tobías Snape (legimitizado por sangre)

TÍTULOS

Lord Potter (Reclamable)

Heredero Black (Por adopción de sangre)

Heredero Prince (Por adopción de sangre)

Lord Gryffindor (Por sangre, reclamable)

Lord Slytherin (Por conquista, reclamable)

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Los adultos leyeron atentamente el pergamino que el gobblin les entregó. Estaban muy impresionados por todos los títulos de Harry, sabiendo por supuesto él poder político que tendría su pequeño en unos años.
Pero eso no explicaba por qué el niño podía hablar parsel.

Por suerte, Khogner estaba allí para explicárselo.
Harry podía hablar parsel ya que esa habilidad le había sido transmitida gracias a los derechos de conquista de Slytherin.
Voldemort había sido el único descendiente de Salazar Slytherin hasta su derrota en la noche del 31 de octubre.
Harry lo había vencido, y ahora era el heredero, por eso las habilidades de la familia Slytherin habían pasado a él.

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Solo falta el epílogo...

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