Disclaimer: Draco, Harry y compañía son propiedad de su creadora y asociados. Lo mío es ponerlos a enamorarse una y otra vez porque amo, adoro y vivo para el fluff, carajo.

Advertencias: harco, futuro mpreg.

Notas de la autora: ¡Les dije que volvería pronto! Muchísimas gracias por su apoyo en mi regreso a este maravilloso mundo de los fanfics, y con esta pareja que nunca me deja de inspirar. En esta ocasión, les traigo una historia de seis partes (ya completamente escrita y que publicaré los viernes). La premisa está inspirada justamente en una película llamada "diez años después", que aunque no es la octava maravilla, me pareció entretenida e hizo volar mi imaginación. Por lo tanto, no es para nada una adaptación. Pero lo menciono como curiosidad, por si alguien la ha visto. Y sin más introducción, los dejo con este primer capítulo.


Capítulo I. Reencuentro.

-Es una maldita broma, ¿no? –fue su reacción inmediata, acompañada de una ceja alzada que acentuaba su tono de incredulidad.

-Pues no, querido. La crisis nos alcanzará pronto también a nosotros. Estúpidos americanos y sus…

-¿Crisis? –repitió, deteniendo el parloteo de su amiga–. Estoy hablando de esto –agitó el papel que había estado leyendo hacía un minuto, distrayéndola de su monólogo de negocios.

-Es tan descortés que revises tu correo mientras te hablo –reprochó, removiendo su café latte-descafeinado-con-mantequilla de forma caprichosa.

-¿Lo es? Porque te recuerdo que nuestras reuniones de domingo por la mañana son para charla trivial y quejarnos de la vida.

-¡Eso hacía!

-¡Te quejabas de la jodida economía mundial! –Pansy dio un resoplido nada propio de una dama, pero la tarjeta en su mano por fin pareció captar su atención.

-Oh. Hablabas de eso –dijo con una sonrisa burlona.

-¿Sabes lo que es?

-Claro. Recibí la mía ayer.

-¿Y preferiste hablar de crisis financieras antes que mencionar esto?

-Acabas de decirlo, querido. Es una maldita broma.

-¿Entonces no es en serio? –reiteró, pero la manera en que ella siguió sonriendo no era tranquilizante.

-Oh, pero claro que es en serio.

-Una reunión de reencuentro –volvió a leer, esta vez en voz alta para impregnar la nota de escepticismo que esa misiva ameritaba–. Entre todos los ex compañeros que cursamos octavo año en el 97.

-No necesitas recitarla, la leí por mi cuenta ayer.

-¿Antes de descartarla y reír por semejante estupidez? –El sonido indeterminado de Pansy solo aumentó su desconcierto.

-Creo que ir podría tener su… Lado divertido.

-Ahora sí estás bromeando –supuso.

-¿Me ves reír?

-Pansy… Ese último año fue un infierno.

-¿En serio? –arrugó la nariz, aunque la forma deliberada en que evitó su mirada fue como si le diera la razón.

-Nos hechizaban, nos insultaban… Y cuando McGonagall empezó a castigarlos por eso, nos mataron.

-Te veo bastante vivo y con las memorias intactas.

-Sabes a lo que me refiero –continuó, rebosante de fastidio–. El funeral conmemorativo de los Slytherin. Después de lo cual procedieron a hacer como si no existieramos.

-Esa fue una mejoría, en realidad.

-Ahora quieres ir y reunirte con… ellos –finalizó, absteniéndose de decir esos cretinos miserables.

-Creo que tus memorias están sesgadas, querido. Porque quienes hicieron eso fueron nuestros compañeros de casa. Y un grupo de Gryffindor don nadies.

-Es igual.

-No, no lo es. También hubo personas que nos defendieron.

-Claro, Granger y su patética cruzada inclusiva.

-Precisamente. También los Hufflepuff y algunos Raven, en especial Lovegood –estaba listo para seguir despotricando, pero la mención del último nombre lo detuvo–. Quién, según recuerdo, sigue siendo tu amiga de correspondencia.

-Endulzas tus memorias –fue su comentario final, reconociendo la ironía en la mirada de su amiga.

-Asumo que no irás, entonces.

-No tengo nada que hacer ahí.

-Yo confirmé mi asistencia –el joven, que había estirado el brazo para ir por su bebida, se congeló en el acto.

-¿Qué?

-Ay, por favor, Draco. Han pasado diez años. Ya no somos unos críos. Algunos ya están casados e incluso tienen hijos. Me parece que podría ser una reunión interesante. Escuché que hasta el escurridizo y mítico trío de oro ya confirmó su asistencia –y ahí estaba, su reconocida sonrisa-gruñido que no auguraba nada bueno. Era un gesto en la línea entre lo atractivo y amenazante, con el labio medio crispado y un aire de maldad apenas controlada.

-¿Qué piensas hacer?

-Nada. Ponerme al día con viejos conocidos.

-Pansy –advirtió.

-¿Qué pasa, primor?

-No irás solo para hacer pelear a esos dos, ¿verdad?

-Para nada –pero la amplitud de su sonrisa la delataba–. No creo que me necesiten para eso. Llevan casi un año en terapia de pareja.

-¡Pansy! –rió abiertamente por su amonestación, sin parecer ni un poco arrepentida.

-Aunque si quieres ver el drama o detener una tragedia, deberías venir conmigo.

-Ni en mil años.

No entendió porqué eso generó una sonrisa que haría temblar al mismísimo Salazar Slytherin.


-¡Qué rápido pasan mil años! –fue el entusiasta saludo que escuchó al salir de la chimenea.

-¿Vamos a fingir que no estoy yendo solo porque me amenazaste?

-Te persuadí un poco, nada más –corrigió amablemente.

-¡Con revelar a lo que me dedico en mi tiempo libre!

-Una afición como cualquier otra.

-¿Sabes cuánto te odio ahora mismo? –gruñó.

Todavía le ardía la cara de la vergüenza con la sola mención de su segundo trabajo. Por casi dos años, Draco había mantenido su secreto a salvo. Pero cómo no, había sido precisamente su amiga más entrometida quien lo descubriera. Y aunque la había hecho prometer que no le preguntaría al respecto y que no lo revelaría jamás, no podía estar seguro de que no dejaría caer pistas comprometedoras ante ciertas personas. Así que su presencia en la maldita reunión de reencuentro tenía el único propósito de conservar sus secretos. Y con ello su dignidad y su muy ganada y cómoda reputación de empresario aburrido.

-Mucho, según me indica la arruga en tu frente.

-Lo estás disfrutando, ¿verdad?

-Pues claro, ¡y eso que aún es el principio! –festejó, dando un manotazo desinteresado antes de dirigirse al mini bar–. ¿Una copa antes de irnos?

-Si no hay remedio.

-Tendrías más citas si la gente supiera de tus talentos secretos.

-Pansy –volvió a advertir, rechinando un poco los dientes. Ella le entregó un vaso con whisky de fuego y bufó exasperada.

-Está bien, no diré más.

-Gracias.

-Según Blaise, la mayoría confirmó su asistencia.

-Yo no lo hice –ella se detuvo con una ceja levantada–. Seré una agradable sorpresa.

-Afinaste el sarcasmo para esta noche, eh –dijo con aire aburrido, aunque volvió a animarse casi de inmediato–. Sé que algunos irán con sus parejas actuales –cotilleó, meneando su copa distraídamente–. Y los que se han casado entre ellos… Pues no pueden evitarlo, ¿verdad?

-Weasley y Granger, Longbottom y Abbott, Potter y Weasley… ¿Otros más?

-No es oficial, pero sé que Fletchley ha estado saliendo con Bones.

-Ah –fue su única reacción, incapaz de pensar en algo que le interesara menos que eso. Ni siquiera recordaba quiénes eran–. Me sorprende que Blaise también haya decidido asistir.

-Bueno, tiene cierta motivación.

-No me digas que esto es por… –sospechó, casi sintiendo lástima por su amigo.

-Dicen que los amores imposibles son difíciles de olvidar –parecía que intentaba sentir empatía al respecto, pero lo conseguía muy exiguamente.

-Qué tontería.

-Con suerte se dará cuenta de eso esta noche.

-Lo dudo mucho –compartió con un suspiro.

-Yo también. ¿Nos vamos? –resolvió tras un último trago, lo que le revolvió el estómago. Quizás no debió empezar a beber sin haber cenado apropiadamente.

-Claro, deben estar impacientes por nuestra llegada.

-¿Estarás en modo cínico toda la noche?

-Me obligas a ir, te aguantas mi cinismo –sentenció.

-Escucha, si resulta tan aburrido como crees que será, nos retiramos temprano y vamos a algún pub del Soho. Pero tendré que ver que le das aunque sea una oportunidad.

-Eso sí es persuasión –informó, la comisura de su labio tirando a una sonrisa renuente. Pansy se echó a reír.

-Tenemos un trato, entonces. Ahora vamos a reunirnos con esa bola de perdedores para tener sobre qué cotillear mañana –y descritas sus intenciones, tomó una puñada de polvos flú y lo precedió hacia la chimenea.


Era correcto decir que Draco no tenía expectativas para esa reunión. Ni para bien ni para mal. En el peor de los casos, las conversaciones se pararían al verlos llegar, habría miradas irritadas y los despedirían con variedad de hechizos. En el mejor de los casos, pasarían de ellos y sería una velada de lo más aburrida. Sin embargo, tras una tibia bienvenida, nada de eso había sucedido. El restaurante que habían reservado para el evento era amplio y de buen gusto. La música sonaba a un volumen adecuado, las luces eran cálidas y los tentempiés estaban deliciosos. Había charlado con un par de Ravenclaws, incluida Luna (que fue la única que lo abrazó) y en ese momento se ponía al día con Millicent. La mayoría vestía ropa muggle -algo común en gente de su generación-, lo que le permitía ver quienes habían desarrollado cuerpo de papá, quienes seguían en forma y quienes ya presentaban algunas canas. Qué horror.

Para cuando sirvieron la cena, había saludado al menos a una docena de los asistentes, compartiendo algunas conversaciones triviales y escuchando sobre las actuales vidas de adultos de esas personas a las que había conocido hacía tanto tiempo. Resultaba casi extraño ver a Longbottom junto a su esposa embarazada, a Goyle junto a su novia -sí, ¡novia!- y a Finnigan vestido con traje de diseñador. Y aunque al graduarse cierto trío de estudiantes había acaparado las miradas, en ese momento se mezclaban entre el montón sin mayor pretensión. Weasley se mantenía muy cerca de Granger. Y Potter… Extrañamente había terminado sentado entre Ravenclaws, a dos mesas de distancia de su esposa, que reía alegremente junto a sus antiguas compañeras de casa.

-También lo noté –cuchicheó Pansy a su lado.

-¿Disculpa?

-La comadrejita y el héroe de pacotilla –aclaró, como si fuera obvio–. Se separaron poco después de llegar y no han vuelto a cruzar palabra. No es lo que esperarías de la pareja favorita de la prensa.

-Llevan años juntos. No esperarás que pasen respirando encima del otro.

-Weasley y Granger lo hacen.

-Porque tú estás aquí –masculló. La descarada tuvo la audacia de reír complacida.

-¡Lo sé!

-Eres una…

-Temo que no, Draco tiene más conocimiento sobre esa división –dejó a medias su amonestación al escuchar su nombre. Blaise charlaba con Padma Patil, alguien que, realmente lucía mucho mejor que en sus días de escuela. Llevaba un maquillaje bronceado que la favorecía, con un vestido ajustado que captaba la atención hasta del más despistado, si es que las miradas de soslayo que le prodigaba McMillan servían de prueba.

-¿Disculpa?

-Oh, aquí Padma me preguntaba por la división editorial de nuestro conglomerado –explicó con prontitud. La chica le dirigió una sonrisa, tan ecuánime y serena como siempre. Si bien Draco tenía muchos negocios, ese rubro en específico le había llenado los bolsillos en el último tiempo. Y por la sonrisa de interés en ella, supuso a qué se debía esa mención.

-Sé que deben preguntarte esto a menudo, pero no puedo evitarlo.

-Dime –animó, manteniendo el tono cordial pero listo para la respuesta inexpresiva que brindaba siempre.

-La voz de Eros –dijo directamente, confirmando sus sospechas.

-El sueño idílico de la generación –añadió Brown con una sonrisa predadora. Cómo odiaba esos sobrenombres melosos y sugestivos que le daba la prensa.

-Tú debes saber quien es –se emocionó Goldstein, con entusiasmo muy poco heterosexual. Draco les dio una sonrisa apretada y pateó a Pansy bajo la mesa. Ella siguió riendo detrás de su copa.

Todo eso era su culpa. Y todo había empezado cuatro años atrás, en una noche de borrachera y cachondez. Si bien Draco tenía múltiples líneas de negocios, no podía hacerse cargo de todas a la vez. Sin embargo, periódicamente supervisaba alguna en particular. Fue así como había terminado involucrado en el área editorial y más específicamente, con uno de sus escritores más famosos. Fue un romance fugaz, pero que lo afectó muchísimo. Entonces, ebrio y caliente, tomó una muy mala decisión. Y fue grabarse a sí mismo leyendo algunos capítulos del más reciente libro de su capricho amoroso. Que por casualidad era del tipo erótico. Afortunadamente, nunca llegó a enviarle esa grabación -¡Merlín lo salvó de esa humillación!-; desafortunadamente, tampoco se deshizo de ella a tiempo. Fue entonces cuando vino lo peor: la única copia de ese momento de debilidad terminó en las manos del director editorial, traspapelada entre las propuestas de mejora para el negocio. Antes de darse cuenta, sus delirios etílicos habían sido escuchados por un grupo de prueba y el director le comentaba emocionadísimo que era una idea maravillosa para incursionar con audiolibros en la radio mágica. En horario nocturno, por supuesto. Ay, recordaba cómo se había quedado pálido y el sudor frío en sus palmas cuando comprendió el error que había cometido. Sin embargo, decidió seguir adelante con la idea. Contrató actores para ponerle voz a libros de diversos artistas, luchando por olvidar cómo había llegado a eso. Pero el director editorial no dejaba de insistir sobre el narrador desconocido. Una y otra vez. Hasta que un día se dijo que al diablo, en algo podía ayudarle para despejarse después de largos días de trabajo. Ese fue su camino a la perdición. Un capítulo llevó a otro, después era un libro, luego una trilogía y entonces un nuevo escritor quería sus propias obras en la voz de ese desconocido que tenía encandilada a media sociedad mágica. No obstante, Draco se cuidó de siempre entregar las grabaciones por correo, alegando que el narrador prefería el anonimato por cuestiones personales. Adoptó un seudónimo y mantuvo todo en secreto. Hasta que la indiscreta de su mejor amiga encontró su equipo de grabación y lo dejó medio sordo con sus gritos de admiradora loca.

-Aprecio su interés –dijo, volviendo al presente, cuando sus compañeros de mesa se tomaron una pausa entre los halagos hacia su identidad secreta–. Pero S.B. ha elegido mantener su privacidad, y yo lo respeto.

-Pero sabes quién es –insistió la Gryffindor, respaldada por entusiastas afirmaciones de los Ravenclaw.

-Bueno, sí. Trabaja para mí.

-¡Qué envidia! –suspiró ante la confirmación.

-Hay tanto misticismo y especulación al respecto, que parte de mí anhela que nunca se revele su identidad –confesó Patil, con una media sonrisa.

-Creo que muchos tememos una decepción al ponerle un rostro a una voz tan hechizante –Pansy ciertamente estaba teniendo una gran noche, pues rió en silencio como respuesta al comentario de Goldstein.

-Podría ser –coincidió su ex compañera Ravenclaw–. Aunque me niego a creer que alguien con una voz tan seductora sea una persona algo menos que encantadora o intrigante.

-Algo es cierto, y es que de revelarse, tendría hordas a sus pies –comentó Blaise con una sonrisa astuta–. De hecho, me veo en la obligación de confesar. ¡Yo soy S.B!

-Oh, no seas descarado –pidió Patil entre risas, siendo secundada por los demás.

-¡Pero es verdad! ¡Hasta son mis iniciales!

-Tu apellido se escribe con Z –rechazó Pansy, participando por primera vez.

-¡Era para despistar! –se empeñó, suscitando más risas.

-Parkinson, ¿tú tienes idea de la verdadera identidad de S.B? –Draco evitó girarse hacia ella o mostrar el menor signo de inquietud.

-Oh, yo estoy en finanzas, querida.

-Pero debes escuchar rumores –insistió el Ravenclaw, aunque fue desestimado con una perezosa floritura.

-Olvídalo, incluso dentro de la compañía se le considera el secreto mejor guardado. Solo la dirección general lo sabe –concluyó, encogiéndose de hombros–. Y está claro que jamás lo escucharemos de sus labios –Draco la pateó por esa sutil pista, aunque justamente la atención de todos se vio atraída por el tintineo de una copa.

Granger -cómo no- era quien consiguió acallar las conversaciones y atraer las miradas.

-Buenas noches a todos. Espero que estén gozando de una velada agradable. No todos lo saben, pero la idea para esta reunión nació de un encuentro casual entre algunos de nosotros. Padma, Susan, Daphne y yo coincidimos en que sería agradable poder convivir por una noche, recordando viejos tiempos, retomando antiguos lazos y quien sabe, incluso construyendo nuevas alianzas.

-Voy a vomitar –masculló Draco.

-Deja hablar a la Madame –reprendió Pansy, con la dosis de ironía que debía esperarse de ella.

-...en el espíritu de fomentar dicha convivencia, cada uno recibió un pin al llegar. Quienes no lo estén usando, les pido que se lo coloquen.

-Ni en mil años –Pansy arqueó una delineada ceja. Draco se colocó el maldito pin.

-Cada veinte minutos, más o menos, el pin se iluminará con un color diferente. Entonces será momento de buscar a las personas con el mismo color. Serán grupos de cuatro, y la actividad está pensada para durar hora y media. ¡Qué lo disfruten! –de inmediato los pines se iluminaron, enviando a Blaise con el grupo azul, a Pansy al amarillo y a Draco al morado.

La primera hora transcurrió sin mayor inconveniente o emoción. En el primer grupo se encontró con Lovegood, Boot y MacMillan, por lo que la conversación no fue del todo incómoda. El segundo color lo reunió con Millicent, Longbottom y Theodore. No era un grupo de ensueño, pero tampoco fue una tortura. El tercer grupo fue el más extraño, pues incluyó a Brown, Goyle y la comadrejita. Ella apenas le dirigió más que una mirada, pero se distrajo hablando con Goyle y no se sintió tan tenso. Faltaban dos cambios más, por lo que supuso que realmente no tendría que convivir con todos, aunque claro, supo que se había aliviado muy pronto cuando su pin se iluminó de azul y vio quienes se dirigían hacia él. No tenía nada en contra de Parvati Patil ni de Michael Corner, pero sí maldijo su suerte cuando el último integrante se acercó.

-¡Harry, no había tenido ocasión de saludarte! –exclamó Parvati, atrayendo de inmediato la atención de su compañero de casa. Draco interpretó eso como la división del cuarteto y se dirigió hacia Corner con un comentario casual sobre su reciente nombramiento como miembro del Wizengamot.

-La corte es más bien un lugar tranquilo estos días –compartió, aunque parecía orgulloso de que se supiera su nuevo título–. Conflictos familiares y uno que otro caso interesante. Creo que tu trabajo da mucho más para comentar.

-Podría diferir, Corner. ¿Acaso no hubo una sonada demanda de divorcio en que la esposa le puso uno cuernos, en el sentido más literal, a su esposo? –apuntó eso con una sonrisa, recordando el titular y lo mucho que Pansy y él se habían reído ese día.

-Oh, esa fue una audiencia de lo más memorable –coincidió, sonriendo.

-Pero fue por las múltiples infidelidades del tipo, ¿no? –intervino Patil, con un resoplido exasperado–. Creo que es poco comparado a lo que yo le habría hecho.

-Le tuvieron que quitar los cuernos en San Mungo –reveló Draco, rememorando cuando Astoria les había relatado la inusual experiencia–. Fue un hechizo ejecutado demasiado bien.

-¡Qué historia! –concordó la chica.

-La verdad es muy triste la cantidad de juicios de divorcio que se agendan hoy en día –estableció el Ravenclaw con tono reflexivo.

-Era de esperarse –Patil dio un suspiro que captó tres pares de ojos, por lo que procedió a explicarse:- Muchos se casaron justo después de la guerra. Cómo decir, en el calor del momento. Parecía irreal estar vivos, pensaron que necesitaban cierta estabilidad. Y sorpresa, resultó que no obtuvieron el final de cuento que esperaban.

-Eres terapeuta ahora, ¿verdad? –inquirió por su parte, recordando que su gemela había mencionado algo durante la cena.

-En efecto. Soy quien trata a varias de esas parejas antes de transferirlas a Mike.

-Pero ya nos estamos poniendo muy sombríos –desechó el aludido, volviendo a enfocar al rubio–. Espero que no te estemos disuadiendo.

-¡Oh! ¿Estás comprometido? –reaccionó la chica, malinterpretado las palabras del joven. Potter, que no le había dirigido más que miradas de reojo, también se centró en él ante esa pregunta.

-Se podría decir que sí –respondió lentamente. Michael conservaba una apariencia de cordial interés, ella dio un gritito y el Gryffindor volvió a apartar la mirada. Qué extraño–. Con mi trabajo, claro.

-¡Malfoy! –Reprochó, aunque reía. El Ravenclaw alzó su copa en un brindis solitario.

-Te comprendo totalmente. Pero hey, Parvati. No te rechazaré si me pones en contacto con alguna recién divorciada que tenga ganas de algo ligero y ardiente –culminó con un guiño que hizo sonrojar a la chica y reír al Slytherin.

-Ya que estamos en eso, yo podría aceptar que me refieras a algún recién divorciado confundido. Si sabes de lo que hablo –Michael rió a carcajadas y Patil terminó abanicandose, tenía rojas hasta las orejas.

-¡Ustedes son terribles!

-Ese podría ser un negocio secundario muy lucrativo, Parvati –añadió, disfrutando de la evidente incomodidad que el tópico estaba causando en el único participante silencioso del grupo–. Algo así como un servicio de citas para recién divorciados. ¡¿Problemas encontrando a su alma gemela?! Nosotros se lo resolvemos –sugirió, usando su mejor voz de infomercial–. Hay muchos peces en el mar, y el amor de su vida podría estar en estos ejemplares recién liberados de la red.

-10% de descuento si vuelve a necesitar terapia por una segunda relación problemática –añadió Corner, haciendo reír aún más a la chica.

-Y ahí tienes, un negocio muy completo.

-Ojalá fuera tan sencillo, pero la mayoría de los recién divorciados no están listos para volver a salir.

-Pero para el despecho, cualquier pecho sirve –Draco enunció uno de los patentados dichos de Blaise antes de siquiera pensarlo, ocasionando una nueva oleada de risas.

-¡No puede ser! –se escandalizó la chica, volviendo a enrojecer hasta el cuello. Michael le dio un codazo, conservando una amplia sonrisa.

-No te recordaba así, Malfoy. Pero empiezo a ver que podríamos ir por unas copas algún día.

-Bueno, Pansy y yo tendremos un after-party en Soho después de la reunión. Podrías unirte. Ambos, en realidad –añadió, incluyendo a la chica. Fue hasta entonces que reconoció la apariencia escrutadora del Gryffindor–. Te extendería la invitación, pero ya oíste que vamos con malas intenciones.

-¿Hasta el amanecer? –Para haber estado como tomate hacía tres segundos, Patil realizó la pregunta con entusiasmo.

-Hasta terminar desayunando en McDonald's –dijo con total seriedad. Pansy y él no habían hecho eso en algún tiempo, pero estaba seguro de que no encontraría oposición ante la propuesta.

-¡Diablos! –exclamó Michael tras un silbido–. Me apunto a eso.

-¿Parvati?

-Si no hay más remedio –aceptó con una sonrisa. Potter parecía haber tragado algo muy agrio. Y fue entonces cuando sus pines volvieron a cambiar de color.


Su último grupo de convivencia había sido muchísimo menos ameno, con Granger, Thomas y Davis como compañía. Dejó a los Gryffindor hablar entre ellos mientras él y Tracey se ponían al día sobre sus vidas. Como Medimaga no tenía mucho tiempo libre, aunque sí algunas historias interesantes por contar. Cuando la actividad de los pines acabó, había tomado al menos seis copas de champagne y comenzaba a admitir que esa reunión no había sido tan mala idea. Todavía era temprano para ir a Soho, pero tampoco fue necesario preocuparse por eso. Las bebidas seguían circulando, se inauguró la mesa de postres y la pista de baile. Había perdido de vista a Blaise hacía un rato, Pansy estaba dando lo mejor de sí al bailar con Finnigan y Thomas a la vez. Lovegood comía pastel red velvet junto a Granger y Weasley. Michael y Parvati bailaban. Faltaban algunos rostros en el salón, por lo que supuso que no era el único con la idea de salir a disfrutar del aire nocturno. Cruzó la puerta lateral y caminó hasta la fuente, siendo en ese momento que reconoció que tenía compañía.

-Mierda –y esa fue su sutil exclamación al ver quien era.

-No tienes que irte –dijo el hombre, cuando dio un paso atrás–. A no ser que te moleste compartir el espacio con un tipo casado.

-Sabes que estaba bromeando –aclaró, con cierta cautela. Potter se encogió con desinterés. Tal vez era el champagne o el aura sombría que parecía rodear al chico, pero terminó yendo a sentarse junto a él.

-No creí que vendrías.

-¿Por qué no? ¿Acaso no recuerdas mis incontables esfuerzos por la unificación de las casas? –Potter lo miró atónito por casi medio minuto, lo que finalmente lo hizo sucumbir ante una risa suave. Quizás había tomado más champagne de lo que recordaba.

-¿Seguro eres el mismo Draco Malfoy que fue a la escuela con nosotros?

-El mismo y encantador ser humano.

-Estás ebrio.

-¿Un hombre ebrio podría hacer esto? –y procedió a realizar un truco de atrapar con la boca una gomita que arrojó hacia arriba.

-¡Tienes gomitas en el bolsillo de tu traje! –apuntó, como si fuera algo impensable, aunque el asomo de una sonrisa empezaba a perfilarse en sus labios.

-Pues claro, todos saben que ese es el bolsillo de las gomitas –Potter sacudió la cabeza, volviendo a mirar hacia el piso–. Tampoco pareces el Harry Potter de Hogwarts –se animó a decir. Había notado el talante taciturno del chico desde la cena, aunque no creyó que tendría ocasión de señalarlo.

-Han pasado diez años.

-Y estamos sentados juntos frente a una fuente –expuso, sin poder evitar cierta ironía–. Sin hechizarnos entre nosotros. Somos adultos ahora, eh.

-Eso creo –Draco suspiró, decidiendo que era mejor volver y bailar un poco con sus amigos. Potter obviamente tenía algo, pero o bien quería estar solo o compartirlo con alguien más.

-Bueno, quizás debería…

-Malfoy.

-¿Sí?

-¿Te quedarías un rato más? –Y ahí se fue su boleto para escapar. No obstante, Potter lo veía de nuevo. Y lo que alcanzaba a leer en su mirada…

-Está bien –lo hizo decir eso.

-Lo siento si estoy un poco sombrío –dijo tras una pausa, pasando una mano por su cabello–. Es que las bromas de hace rato tocaron un tema sensible.

-¿Qué?

-Ginny y yo nos vamos a divorciar –la música proveniente del salón, que hasta hacía un instante le había parecido tan tentadora, pasó a segundo plano de inmediato.

-Potter…

-No lo digas –detuvo su disculpa, suspirando–. Nadie lo sabe aún. Aunque lo decidimos hace meses. Pero es que primero pensamos que ella podría estar embarazada, luego venían las fiestas, después su mamá se enfermó… Se supone que estamos esperando un buen momento para soltar la noticia, pero…

-Nunca habrá un buen momento.

-Sí.

-Lamento escuchar eso. Ahora estás invitado a Soho, si quieres –el moreno dio un resoplido de risa, aunque se relajó notablemente después de su inaudita confesión.

-Qué amable –Draco respondió con un sencillo asentimiento, inseguro de cómo seguir esa conversación inesperadamente íntima–. Tenía muchas ganas de venir hoy, sabes. Ver a los chicos, distraerme un rato. La vida ha cambiado tanto. Hay muchos a los que tenía años de no ver.

-Yo vine porque Pansy me obligó –eso sí que lo hizo reír, consiguiendo que volviera a iluminarse un poco su rostro.

-¿Qué estarías haciendo si no te hubiese obligado?

-Probablemente ya estaría en Soho –admitió, ganándose una nueva mirada evaluativa.

-¿Buscando peces confundidos? –le dio un ligero empujón con el hombro, sonriendo misterioso.

-Y sí, no te voy a mentir.

-Mmm. Siendo sincero, a esta edad creí que ya estarías casado con Parkinson.

-No hay chispas ahí. Al menos no de ese tipo.

-¿Ella es como tú, verdad?

-¿Etérea, fabulosa e inalcanzable? –Potter se echó a reír, mordiéndose el labio como si le sorprendiera su propia reacción.

-Me refería a sus intereses.

-Oh no. Ella está loca por la economía. Yo me inclino más a lo editorial.

-De nuevo, no hablaba de eso.

-Lo sé –declaró alegremente–. Entonces sabes lo que pasó entre ella y tu amiga –fue inesperado, pero el chico se sonrojó ante la mención de eso. De la razón por la que Weasley no se despegaba ni de chiste de su esposa cuando Pansy estaba cerca. Y es que algunos años antes de la boda, cuando tenían una especie de relación intermitente… Pansy había estado involucrada con la chica. Había sido algo casual, pero memorable, en palabras de la propia Pansy.

-Jodido Merlín. A mí me lo confesó antes que a él.

-¿Y estabas horrorizado o excitado? –inquirió, con una risa malvada que el chico obviamente reconoció.

-¡Estaba atónito! Me parece que ni ella misma lo podía entender.

-A veces pasa, ¿no? No es algo que siempre puedas explicar o detener.

-¿Te ha pasado a ti?

-Algunas veces, sí –el moreno volvía a verse muy serio, quién sabe cuántas cosas más estarían revoloteando en su mente. Pero cuando estaba por preguntar, alguien irrumpió en el jardín hacia ellos.

-¡Ahí estabas! Pansy te estuvo buscando hasta que se aburrió.

-No llevo ni media hora aquí, Blaise.

-Ya sabes cómo es. Se acaba de ir con un grupo, están donde siempre. Por si te quieres unir más tarde –miró de refilón a Potter, como si lo hubiera notado desde que entró, pero prefirió pasarlo por alto.

-De acuerdo.

-¿Nos vemos allá?

-Seguro, Blaise.

-Potter –le dirigió un lacónico saludo antes de retirarse por donde había llegado.

-¿Nos vamos ya o te quieres quedar un rato más? –inquirió, tomando por resolución el arrastrar al chico a su noche de juerga.

-¿Qué? No sé si debería…

-¿Ir a seguir bebiendo, bailar un poco y disfrutar del buen ambiente? Ah, yo creo que sí.

-Suena bien, pero no es tan fácil. Tendría que ver si Ginny sigue por ahí y llegar a un acuerdo sobre… –Draco se inclinó hacia él, colocando una mano a cada lado del rostro del chico.

-Harry –dijo con voz profunda, dando énfasis a cada sílaba–. Déjate de excusas y haz una tontería. Aunque sea solo por la historia –era algo que Pansy y él solían decirse cada tanto, y solo se le ocurrió que podría ser extraño para cualquier otra persona cuando lo escuchó tragar saliva audiblemente. Sin embargo, no retrocedió.

-Yo… Creo que unos tragos no harán daño –eso sí lo hizo sonreír, soltando su rostro y teniéndole la mano.

-Te daré la dirección, estoy algo ebrio para aparecerme por mi cuenta.


Siendo su bar de siempre, Draco se orientó sin problemas. Pidió un par de bebidas en la entrada y al rato ya estaba con Potter en una butaca, riéndose del karaoke que realizaban Thomas y Finnigan. Un considerable grupo de sus compañeros se había trasladado hasta ahí, aunque no incluía a ninguno de los amigos cercanos del moreno. Eso debió relajarlo, porque pronto la conversación estaba fluyendo más, hablando sobre su trabajo en el cuerpo de aurores y sobre cosas más triviales. Draco, que había optado por pedir bebidas sin alcohol, empezaba a sentirse más consciente a cada minuto, aunque no lograba discernir si eso era bueno o malo. La mayoría de sus conocidos ya estaban muy ebrios para notarlo, pero estaban juntos en un reservado pequeño, donde él estaba atrapado entre Potter y la pared. El chico emanaba calor y su risa era cada vez más ligera.

-Creo que ya bebiste suficiente –indicó en determinado momento, después de que el Gryffindor hiciera un dueto con Pansy al ritmo de Elton John.

-Está bien, pídeme algo dulce y virgen como lo que tienes ahí –dijo con una risa floja que no falló en contagiarlo.

-Te pediré una bebida de limón primero, ¿está bien? –se disponía a ir a la barra, pero Potter no mostró intenciones de moverse–. Uh, necesito que me dejes salir.

-Haz lo de hace rato.

-¿Qué?

-Ya sabes, cuando tomaste mi cara y usaste esa voz tan… –dejó la frase inconclusa, quedándose con los labios entreabiertos como si eso explicara todo. Draco ya estaba demasiado sobrio para no sentirse alarmado por eso. Sabía muy bien a qué voz se refería.

-Después de la limonada, ¿de acuerdo? –intentó negociar, pero el hombre le ofreció una sonrisa traviesa.

-Por favor, solo un par de palabras.

Suspiró, confiando en que el estado de ebriedad del otro lo estuviera haciendo efectuar esa petición, y no porque sospechara algo. Contuvo el aliento, entonces susurró:

-Déjame pasar, Harry.

-Mierda, sí eres tú. La voz de…

Draco había entrado en pánico. No había otro modo de describirlo. Primero, se había quedado estupefacto por la forma en que había sido descubierto. Y luego, cuando el chico empezó a balbucear -durante la cena, cuando hiciste esa voz de comercial… Sabía que te había escuchado antes. Joder, joder. Eres la voz de…-. Y fue ahí que lo silenció, lo sacó a prisas del bar y lo arrastró por varias cuadras hasta una pequeña cafetería que trabajaba las veinticuatro horas. Ahí tenía a Potter tomando café a su lado, sabiendo que sus acciones lo habían delatado cuando habría sido tan sencillo simplemente negarlo. Pero él no reaccionaba bien bajo presión. Y menos cuando recién volvía a la sobriedad.

-No puedes decirle a nadie –pedía un rato después, tras desechar la opción de tratar de convencerlo de la falsedad de su hallazgo. Sabía que incluso si lo intentaba, el hombre jamás lo creería del todo.

-Pero, ¿por qué…?

-Empezó por accidente –confesó, suspirando derrotado–. Luego le tomé el gusto. Pero la fama y la especulación sobre él creció tanto, que es mejor dejarlo como un secreto.

-Tienes a toda la comunidad mágica suspirando por ti.

-No creo que sea hasta ese punto.

-Uhm, yo creo que sí. Incluso Ron me dijo una vez que esa voz ponía a cualquiera a dudar sobre su sexualidad.

-De verdad no necesitaba esa información –admitió, con un ligero escalofrío en su columna. A su lado, Potter rió suave.

-A mí me has hecho dudar más de una vez… –Draco simplemente no supo qué diablos contestar ante eso. Era obvio que el moreno seguía bajo los efectos del alcohol, o no estaría diciéndole algo así. El problema es que él ya no lo estaba tanto, y no era del todo inmune a esa apariencia de timidez mezclada con audacia con que le estaba hablando–. Lo siento, quizás es extraño que lo diga.

-No, yo… Está bien, supongo.

-Entonces… ¿Te divierte, es entretenido? –se seguía sintiendo cohibido, pero apreció el ligero cambio de tema.

-Lo es. Como leer, pero llevado al siguiente nivel.

-¿Me lo explicas?

-Bueno… Como evadirme de la realidad y ponerme en la piel de alguien más. Y sí, la mayoría de libros que narro son de ese tipo, pero en el momento no se siente sugestivo ni fuera de lugar. No me siento ahí pensando que quiero seducir a la comunidad mágica –casi se estremeció con eso, negando enfáticamente–. Lo hago porque lo disfruto. Porque me gusta perderme en las palabras y darle vida a las historias.

-Lo haces muy bien.

-Gracias. Y para que sepas, solo Pansy y tú conocen la verdad.

-¿Hay una amenaza ahí?

-Puedes jurarlo –sentenció, animándose a mirarlo con altivez. Harry sonreía delicadamente, como si lo estuviera viendo por primera vez esa noche.

-Me gustaría ver cuando lo haces.

-Absolutamente no.

-¡Por favor!

-Que no –se empeñó, aunque reconoció el tono de broma del chico.

-Bien, tú ganas. Aunque tengo sentimientos encontrados.

-Bueno, después de esta noche puedes fingir que nunca lo supiste y seguir imaginando a un adonis tras esa voz –sugirió, tratando de quitarle importancia a todo el asunto.

-Quizás lo haga. Me sentiría culpable de seguir fantaseando con esa voz y que tú lo sepas. Es un poco vergonzoso, también –sonrió de nueva cuenta, volviendo a dejarlo con la respiración a medio camino de sus pulmones. Porque maldita sea. Había escuchado a otros de sus compañeros soltar halagos más que descarados hacia su voz. Pero no sabían que era él. Y éste era Harry Potter, que ahora conocía su secreto y aún así le hablaba sobre fantasear con él.

-Yo no… Creo que no tendría problema si se trata de ti –su voz salió enronquecida, aunque realmente no fue su intención. Como tampoco lo había sido inclinarse más cerca cuando el otro hombre lo hizo. Aunque sí tuvo la prudencia de ladear el rostro justo a tiempo, recibiendo un suave beso en la comisura de la boca–. Eso es una mala idea.

-¿Por qué?

-Hemos bebido.

-Creo que es seguro decir que ambos ya nos bajamos la borrachera –dijo muy cerca de su oreja, recorriendo su mandíbula con la nariz y amenazando con volver a besarlo. Draco solo quería cerrar los ojos y perderse en esas tímidas caricias. Pero al remitir el alcohol, había vuelto a quedar espacio para el sentido común.

-Estás casado –eso detuvo el vaivén del chico, que dejó caer el rostro contra su hombro.

-¿Y si no lo estuviera?

-Tendrías que invitarme a salir –sabía que era peligroso el rumbo que estaban tomando. Y aunque se mordió los labios para acallarse, igual se encontró diciendo algo tan escandaloso y censurable.

-Es justo –accedió, alejándose un poco y obligándolo a abrir los ojos–. Solo dejemos algo claro. No soy ningún pez confundido, ni te buscaría para algo ligero como mencionó Michael.

-¿Tampoco sería solo por mi voz seductora? –se atrevió a bromear, obteniendo una risa traviesa a cambio.

-Solo en parte. Para cumplir mi fantasía de escucharte gemir sin aliento. Aunque también para escucharte reír como hace rato. Creo que nunca me habías parecido tan hermoso como en ese momento.

-Maldición, Harry… –se quejó, percibiendo como su voluntad flaqueaba. Fue un roce muy leve, apenas catalogable como un beso. Pero fue lo suficiente para derretir su determinación y hacerlo aferrarse al hombre junto a él.

-Olvídate de McDonald's, vámonos juntos a otro sitio.

-¿A dónde?

-A ver el amanecer en la playa.

-Está bien, pero no vuelvas a intentar besarme.

Y solo media hora después, dos jóvenes estaban acurrucados esperando por la salida del sol, compartiendo el calor y más conversación en voz baja. Y Harry sí que intentó volver a besarlo varias veces. Y Draco sucumbió a cada una de ellas.


Notas finales: debo confesar... Que esto surgió como un OS. Escribí todo esto pensando que sería un capítulo único, pero sentí que todavía tenía más qué contar sobre esta historia. Hasta que terminé con las seis partes que mencioné al principio. En sí son tres capítulos como tal y tres epílogos. Si es que eso tiene algún sentido, jajaja. Por si alguien se lo pregunta, la canción que cantaron Harry y Pansy fue "Don't go breaking my heart" de Sir Elton John. Y bueno, es todo por hoy. Nos leemos la próxima semana.

Allyselle.