Disclaimer: Draco, Harry y compañía son propiedad de su creadora y asociados. Lo mío es ponerlos a enamorarse una y otra vez porque amo, adoro y vivo para el fluff, carajo.
Advertencias: harco, futuro mpreg.
Notas de la autora: creo que es justo decir que estoy más que feliz con la forma en que han recibido esta historia. Gracias por los reviews y por dejarme llegar a sus pantallas. Y ante ustedes, la segunda entrega de este fic.
Capítulo II. Finite.
Había sido una noche muy larga. Hacía solo algunas horas, salía de su casa junto a su esposa, esperando acudir a una tranquila reunión en la que vería a la mayoría de sus ex compañeros, donde comería hasta la saciedad y de la que volvería a la misma casa que había habitado durante los últimos siete años. Bueno, sus planes se habían ido al caño desde hacía rato. Más precisamente, desde los jodidos grupos de convivencia. Porque fue entonces que la risa ligera y el humor cínico de cierto rubio lo habían dejado sin habla. Fueron solo algunas bromas descaradas, un par de carcajadas que ni siquiera iban dirigidas a él. Pero desde ese momento algo se había sentido diferente. Después estaban juntos frente a una fuente y se encontró diciendo aquello que ni sus mejores amigos sospechaban. Y como si eso no fuera suficiente, había terminado descubriendo una faceta secreta en su acompañante. Una que lo había hecho percatarse de detalles que nunca antes tomó en cuenta. Pero ahí había estado, perdido en los matices grises de sus ojos, cuestionándose qué tanto necesitaba besarlo para que el sonrojo en sus labios fuera permanente. Se volvía a sentir embriagado. Pero no como hacía unas horas, cuando había sido arrastrado fuera del pub para pedir su silencio. No, era un tipo de ingravidez que lo hacía sentir que lo único que lo ataba a la tierra era él. Draco Malfoy. La voz de sus fantasías. La primera persona a la que había besado desde su ruptura con Ginny. Y eso no había sido una cita, ni mucho menos. En realidad, tendría dificultad explicando cómo habían llegado hasta ahí. Hasta ese preciso momento en que compartían el silencio mientras los primeros destellos del sol matutino los cubrían. Y una parte de él quería sentirse culpable. Draco lo había dicho, seguía siendo un hombre casado. No importaba que llevaban más de diez meses durmiendo en camas separadas, ni que sus cosas poco a poco estuvieran siendo empacadas en cajas de cartón. No, importaba que seguía llevando un anillo en el dedo y que seguían yendo del brazo a todos lados, aunque fuera solo por mantener las apariencias.
No podría volver a hacerlo después de esa noche. El hombre a su lado suspiró, por lo que alcanzó a captar de reojo su mueca de inquietud.
-Oye, Harry. ¿No tendrás problemas por llegar hasta hoy?
-Uh, no lo sé –admitió con honestidad. Ciertamente, Ginny y él nunca habían hablado sobre empezar a ver a otras personas antes de firmar los papeles. No obstante…
-Sé que dijiste que te vas a divorciar, pero… ¿No podría ser solo una crisis? –la ligereza en su tono sonaba forzada, mientras el joven seguía mirando al frente–. Me refiero a que… –Draco negó, alejándose de donde había estado apoyado en él y tallándose un poco los ojos–. Mencionaste que tomaron la decisión hace meses… Pero siguen viviendo juntos, acudiendo como pareja a los eventos… Me pregunto si no podría ser una especie de crisis por la falta de novedad en el matrimonio o algo semejante. Quizás sentían que tenían pendientes ciertas experiencias, pero saciada la curiosidad podrían simplemente…
-Draco –el chico suspiró, pero la tensión en sus hombros se había vuelto más notable a cada palabra.
-Esto es una locura –masculló.
-Probablemente.
-Lo sabía, te dije que era una mala idea –por fin dejó de cubrirse, mostrando nada más que preocupación y culpa en sus ojos plata.
-¿Cómo fue eso que dijiste? Deja de poner excusas y haz una tontería –recordó, pero debió ser tomado de forma negativa, porque el Slytherin sonrió con desdén.
-Pues la tontería está hecha.
-¿Eso crees que ha sido esto? –enfatizó su cuestionamiento cubriendo su mano y acariciándola despacio.
-¿Qué más podría ser?
-No lo sé, ¿el inicio de algo bueno?
-Hay proyectos que no se pueden iniciar mientras tengas otro a medias –Harry asintió, consciente de que nada era más real que eso. Sin embargo, había mucho que Draco no sabía.
-Lo siento, debí ser más claro al respecto. ¿Me permites explicarte? –el rubio dudó, pero terminó ofreciendo un leve asentimiento–. Mi relación con Ginny ha estado mal por… años. Ha sido casi como dijo Parvati… Buscábamos una sensación de estabilidad, de tranquilidad después de tiempos tan turbulentos. Y de cierta forma lo encontramos, ella ha sido una buena compañera y he tratado de hacer mi parte. Pero en algún punto eso dejó de ser suficiente. Nos perdimos entre el trabajo, los eventos, las expectativas… ¿Recuerdas que dije que pensamos que estaba embarazada? –otra seca afirmación–. Bien… Ninguno estaba feliz, Draco. Preocupados, nerviosos, sí. Más no sentí emoción ni alegría. Y sé que ella tampoco, porque cuando resultó ser una falsa alarma… Estábamos aliviados. Y te diría que ese fue nuestro punto de quiebre. Más de cinco años casados… La perspectiva de estar esperando debió habernos colmado de felicidad, debió ser un momento de unión y esperanza. Pues fue todo lo contrario. Y no es que no lo anhelemos… Yo no descarto la posibilidad de ser padre. Simplemente me di cuenta que no quiero que ella sea la madre de mis hijos –Harry tragó saliva. Había pensado eso desde hacía meses, pero finalmente verbalizarlo… Debía sonar como alguien horrible, diciendo algo así sobre la mujer que lo había acompañado durante más de una década. Pero lo único que apreció en los ojos de Draco fue comprensión y pena–. Y fue doloroso, no puedo mentir sobre eso. Porque yo caminé al altar convencido de que esa era la vida que quería, que estaba haciendo lo correcto. Y de pronto estaba ahí, muchos años después… y lo único en lo que puedo pensar es que nos estamos engañando. El compañerismo seguía allí, pero el amor y la pasión ya no los recordábamos. Fue entonces que tuvimos una charla seria sobre el rumbo de la relación. ¿Íbamos a continuar, buscaríamos ayuda…? Fueron meses complicados. Porque lo intentamos, Draco. A pesar de todo. Tener citas, volver a conectarnos… Por instantes pareció posible, pero todo terminaba en nada. Hasta que una noche ella me pidió que probáramos un distanciamiento sano. Habitaciones separadas, más planes individuales que en pareja. Accedí sin pedir explicaciones y sin pensarlo mucho. La verdad es que no sé qué esperábamos. Quizás extrañarnos, que la separación se volviera insoportable y nos uniera de nuevo. Nada de eso pasó. Ella consiguió un ascenso en su trabajo, yo descubrí el apasionante pasatiempo de escuchar audiolibros –dijo eso con toda intención, notando con satisfacción cómo la expresión reservada de Draco menguaba un poco–. Hace tres meses lo decidimos. No tiene caso seguir viviendo como compañeros de piso, esperando por algo que probablemente nunca pase. No obstante, las fiestas estaban muy cerca. Y con el año nuevo vino la enfermedad de Molly… Parecen simples excusas, ahora que lo digo. Pero sé que no es porque todavía queramos una reconciliación. Simplemente no queremos lidiar con todo lo que traerá. La familia, los amigos, la maldita prensa… Pero, ¿sabes qué? –finalizó, levantando la mano del chico y dándole un beso en el dorso–. Se acabó. Me mudaré hoy mismo y mañana le haré una visita a Michael en el Wizengamot.
-Harry –Draco parecía asombrado, como si de todo lo que acababa de escuchar eso fuera lo más inverosímil–. No tienes que…
-Tengo que –afirmó, dándole un apretón y sonriendo con confianza–. Quiero verte.
-Me estás viendo ahora –intentó bromear, pero por la forma en que tragó saliva sabía que había entendido su propuesta.
-Y no quiero un escándalo al respecto, que es lo que siempre termina pasando con mi vida. Quiero hacer esto bien, por los dos. Tendremos que ser discretos al principio y sé que te pido que seas muy comprensivo, pero sabes que las circunstancias… –terminó por callarse cuando el hombre comenzó a reír, de esa forma natural y magnífica que ameritaba solo mirarlo embobado.
-Perdón, es que solo escuché que temes dejarme como un roba-maridos ante la sociedad mágica.
-No te burles –Draco conservó una amplia sonrisa, de la manera cínica y revoltosa que bien podía convertirse en su perdición.
-En realidad es muy dulce de tu parte, Harry.
-Entonces… ¿También te interesa verme? –quiso asegurarse, deleitándose cuando la sonrisa del joven se transformó en algo más cálido al escucharlo.
-Mmm, ¿verte en plan de platicar hasta el amanecer y escaparnos para pretender que el mundo es solo nuestro? Creo que sí, podría estar interesado.
-Y todavía me debes el dejarme verte mientras grabas un libro.
-Jamás accedí a eso –estableció contundente, volviendo a mostrar un ligero sonrojo.
-Bueno, creo que llegaré a convencerte.
-Tienes mucha confianza en ti mismo.
-Quizás ayude decir que si me pides algo usando esa voz, simplemente no podré negarme –Draco sonrió sin reparos, todo coquetería y maldad. Diablos que podría entregarle su alma esa misma noche si se lo pedía.
-En ese caso… –se acercó despacio, empleando el tono grave que hacía su corazón caer en picada y elevarse al mismo tiempo. Y Harry fue incapaz de negociar o rechazar la petición que escuchó, porque el beso que recibió en ese momento dejaba opacados a los roces fortuitos que había podido conseguir las pasadas horas. Draco no solo tenía la belleza de un ángel y la voz de la lujuria, también besaba de una forma que no olvidaría en su vida y que podría tenerlo a sus pies por muchísimo tiempo.
Había sido demasiado sencillo. Era algo que no podía dejar de repetir. Desde la platica de la noche anterior, hasta súbitamente revelar partes del otro que nadie más conocía… Confiar en Draco se había sentido correcto, agradable, necesario. Incluso antes de comprobar que era la voz de sus sueños, ya se había perdido en un par de fantasías en que esos brazos esbeltos lo rodeaban y esa risa era dirigida exclusivamente a él. Llegó a su actual vecindario todavía sintiéndose ingravido y muy consciente de todo a la vez. Aún sentía el calor de Draco en las yemas de sus dedos, la esencia de sus besos en los labios. Una pequeñísima parte de él temía que fuera un flechazo que se sentía tan fuerte por el hecho de haber pasado ya tanto tiempo con una misma persona. Pero la mayor parte de él decía que no. Había algo muy maravilloso que explorar en esa conexión tan inesperada y vibrante. Y quería tirarse de cabeza a ello. Quería vivir eso a su lado. Redescubrir cada parte de sus vidas, ver más amaneceres y compartir más besos que le dejaran esa ridícula sonrisa de oreja a oreja. Sí, quizás sí era un poco como un flechazo adolescente. Y quizás eso era lo que más necesitaba en su vida. No obstante, sus nacientes anhelos y deseos titubearon cuando estuvo frente a la puerta de su casa. Suspiró un par de veces antes de entrar.
De la radio de la cocina emanaba una música suave, indicando que había alguien en la habitación. Era la primera vez que se encontraba en una situación semejante. Volviendo a media tarde después de una noche de juerga y de amanecer al lado de un hombre al que había besado con ardor juvenil.
Se aclaró la garganta, manteniéndose con las manos en los bolsillos. Ginny estaba sentada a la mesa, con un vaso de té frío entre las manos.
-Buen día –saludó, aunque estaba seguro de que ella había notado su presencia.
-Hey –en efecto, alzó la mirada sin lucir sorprendida. Más bien parecía cansada, todavía con señas del maquillaje de la noche anterior.
-Me iré hoy –directo, sin preámbulos innecesarios. Podría haber tratado de explicar su ausencia, o haber buscado alguna forma de suavizar su decisión… Pero Ginny era una mujer fuerte. No iba a subestimarla ni a dar rodeos infantiles. Ella lo contempló en silencio, con la boca entreabierta.
-Harry… ¿Es por lo de anoche? –eso lo hizo parpadear, cauteloso. ¿Qué tanto sabía ella sobre su escapada con Draco?
-Bueno… Creo que no podemos pretender seguir como si nada después de eso.
-Lo sé, pero… –se dejó caer contra el respaldo de la silla, exhalando audiblemente–. No, tienes razón. No hay forma de explicarlo ni de fingir que no pasó.
-Eso pensé.
-Y de verdad, Harry. Me gustaría decir que lo siento, que no soporto la culpa, pero… –sacudió la cabeza, arrugando la nariz como cada vez que se sinceraba sobre algo–. No lo hago. Y desde que vine he estado aquí pensando qué te diría, si es que era necesario… ¿Esa es la ropa que usabas anoche? –el cambio de tema (y su diatriba en general) lo tenían mirándola, perplejo.
-Eh, ¿sí? –sacudió la cabeza, acercándose a la mesa y sacando una silla despacio–. ¿Por qué sentirías culpa, Ginny? No es como que me hayas orillado a eso o algo semejante, nuestra relación ha sido inexistente por casi un año –ella frunció el entrecejo, mientras parecía seguir evaluando su vestuario–. De igual forma… No tienes que preocuparte. Fui discreto anoche y lo seguiré siendo. Te respeto y no permitiré que esto se convierta en una novela. Tienes mi palabra de que seremos prudentes durante los primeros meses.
-¿De qué diablos estás hablando, Harry? –cuestionó finalmente, conservando el ceño en su rostro.
-Uh, ¿de qué estás hablando tú? –inquirió a su vez, inseguro de que se estuvieran entendiendo.
-De que pasé la noche con Blaise –las mejillas de la chica estaban incluso un tono más escarlata que su cabello.
-¡¿Zabini?! –un asentimiento, un par de boqueos estilo pez.
-Eso intentaba explicarte… No fue premeditado y tampoco creo que los demás lo hayan notado. Pero es que estuvo muy atento desde que desapareciste durante la cena y después en el pub me invitó a bailar y… –se detuvo, volviendo a observarlo con suspicacia–. Espera, ¿por qué sigues con esa ropa? Vine hace rato y asumí que habías salido durante el día.
-Es lo que yo intentaba decirte –expuso a su vez, todavía superando la impactante revelación de que su esposa acababa de llegar… De estar con el jodido Blaise Zabini–. Que pasé la noche con Draco.
-¡¿Malfoy?! –fue su turno de realizar una exclamación consternada. Harry asintió, percibiendo como él mismo se transformaba en la versión humana de un caldero al rojo vivo.
-Pues… sí. Empezó como una charla incómoda, luego compartimos unos tragos… Y sí, terminamos yéndonos a la playa juntos. Por supuesto, también fue algo fortuito pero creo que podría ser muy especial –se silenció, dudando si debía compartir esos detalles con su futura ex esposa.
-Y por eso te vas –comprendió.
-Me parece que ya es hora, ¿no?
-Uhm. ¿Lo dices porque llevamos algún tiempo siendo solo amigos o porque pasamos la noche con otras personas? –Ginny se mordió el labio, aunque terminó sucumbiendo a un ataque de risa nerviosa. Harry rió suave, también pasándose una mano en el cuello para tratar de ponerse al día con todo lo que acababa de acontecer. En una sola noche.
-Un poco de ambas, quizás.
-Sí, eso creí.
Fue extrañamente liberador el silencio compartido en ese instante. Podía percibir nostalgia y algo de tristeza en el ambiente. Después de todo, llevaban cerca de ocho años viviendo en esa casa. Había tantas memorias, tantos sentimientos… Pero el dar un paso atrás y alejarse, era algo acuciante y que no podían seguir posponiendo. Finite.
-Has sido mi mejor amiga todos estos años, Ginny. Jamás podré agradecer todo el apoyo que me diste –ella suspiró antes de dedicarle una suave sonrisa.
-No cambiaría todos estos años por nada.
-Pero debemos avanzar, ¿verdad? –La chica asintió, dando un rápido vistazo a la estancia antes de volver a posar los ojos en él.
-Sí, es lo mejor para cada uno –para cada uno, en lugar de para nosotros.
-Me iré de otro rato, muchas de mis cosas ya están empacadas.
-Lo he notado –Harry finalmente se levantó, yendo hacia ella para darle un leve apretón en el hombro.
-Hasta luego, Ginny.
-Cuídate, Harry.
Y salió de la cocina, listo para terminar de guardar su vida de casado y empezar de nuevo.
-¡Me siento morir! –lloriqueó la chica, dejándose caer en el sofá. Draco, que hacía poco había salido de la regadera, siguió secándose el cabello ociosamente.
-En ese caso será mejor que te vayas, no quiero tener que cargar con tu cadáver.
-No he dormido nada, tengo hambre y me duele la cabeza –siguió, intentando lanzarle una mirada lastimera, pero fallando por lo entrecerrados que tenía los ojos.
-¿Y decidiste venir aquí en lugar de estar en tu casa donde tienes cama y comida, porque…?
-Uh, los chicos siguen en mi casa.
-Chicos –repitió, ahora sí prestando atención al desastre quejumbroso que era su mejor amiga–. En plural.
-Ajá.
-Parkinson.
-¡No habría pasado si no me hubieras abandonado!
-¡No soy tu niñera! –ella resopló, abriendo los ojos lo suficiente para lograr una mirada de fastidio.
-No, se suponía que eras mi cita. De pronto ya no te vi y nadie sabía a dónde habías ido. Y esa querido, es la razón por la que estoy aquí –las ganas de discutir debieron obrar un efecto momentáneo de mejoría, porque consiguió incorporarse y cruzar los brazos–. ¿A dónde diablos te fuiste?
-No desvíes el tema. Primero dime quiénes son los idiotas que están en tu casa.
-¿Ley de intercambio? -Draco resopló. Cómo no, ella siempre esperaría algún chisme jugoso en respuesta.
-Claro.
-Thomas y Finnigan.
-¡¿Qué mierda?!
-La música sí que une a la gente, eh –al menos tenía la decencia de parecer avergonzada. Por su parte, tuvo que sentarse. No estaba seguro de poder soportar de pie esa conversación.
-Te fuiste a tu casa con Thomas y Finnigan –repitió, dándole la oportunidad de corregirlo o de admitir que era una broma.
-Pues no era el plan. Pero notaron que estaba mal porque mi estúpido mejor y mojigato amigo me abandonó, y se ofrecieron a acompañarme. Después los invité a un café, jugamos póker de prendas y…
-¡Ya! Eso es todo lo que puedo escuchar –la mandó a callar, consciente de que lo revuelto de su estómago no se debía solo a la resaca.
-Tú preguntaste.
-Creí que habías ido para fastidiar a Weasley.
-Soy multitareas, querido.
-Qué horror.
-Ahora confiesa, ¿qué pasó para que te fueras sin decirme?
Draco se tomó un minuto para ordenar sus pensamientos porque, ¿por dónde empezaba? Habían descubierto su identidad secreta. Se había enterado del que sería el divorcio de la década. Y de alguna forma eso lo había llevado a la playa, donde besó al maldito Harry Potter hasta que el sol los cubrió por completo.
-Uh, me fui con alguien –simplificó, aunque sabía que eso solo encendería el infierno.
-Te fuiste con… –En efecto, Pansy se quedó con la mandíbula colgando antes de mostrar una sonrisa complacida.
-No fue nada descontrolado ni escandaloso como lo que hiciste –se vio en la obligación de aclarar–. Pero sí, estuve con él hasta el mediodía.
-¡Draco Malfoy! –pegó un gritito agudo, llevándose las manos a la boca y dando saltitos en su lugar–. Esto es maravilloso. Digo, te vi riéndote con él y supe que fuiste quien lo invitó al after-party, pero no creí que las cosas hubieran fluido así de bien entre ustedes –dudó en ese momento, porque realmente creyó haber sido discreto en su acercamiento con Harry.
-Pansy… ¿Crees que otros lo notaron?
-¿Uhm? ¿Y eso qué tendría de malo? –negó. Sabía que su amiga tenía una brújula moral más bien maleable, pero hasta ella debía entender que eso le traería problemas. No solo a nivel personal, también de relaciones públicas.
-Oh, no lo sé. ¿Por su condición? –propuso, destilando sarcasmo.
-Su condición –imitó, frunciendo el entrecejo–. No estás en problemas legales, ¿verdad?
-¿Qué?
-Pues no se me ocurre otra razón por la que eso importaría. Sí, es miembro del Wizengamot, pero no es como que te hayas acercado a él solo por eso.
-¿Crees que hablaba de Corner? –comprendió tardíamente, liberando una inadvertida exhalación de alivio.
-Pues… Ya no estoy tan segura.
-No, yo… Sí, nos entendimos y estuvimos bromeando un rato, pero nada más.
-Entonces, ¿con quién te fuiste? –volvía a parecer más que interesada, al tiempo que asombrada, como si no pudiera creer que había pasado por alto algo así.
-No puedes decirle a nadie.
-Esto es bueno –se emocionó, sentándose al borde del sofá.
-¡Promételo!
-Ya, está bien. Ni una palabra sobre lo que digas saldrá de mis labios –realizó el juramento de rigor, alzando la mano derecha con solemnidad.
-Me fui con Harry.
-¿Harry? –La respuesta fue más fría de lo que esperaba. Solo ladeó un poco el rostro y arrugó la nariz–. ¿Conociste a algún Harry en el pub?
-Harry Potter –precisó. Y con eso la dejó sin palabras por primera vez en la vida. Por una parte, quería explicarle lo sucedido. Que no se hiciera ideas equivocadas o extremas. Por otra parte, tenía su lado satisfactorio verla tan descolocada.
-Harry Potter –repitió, probablemente con la boca seca después de estar todo el rato con la mandíbula desencajada–. Tu antiguo rival de colegio, actual jefe de aurores, que está casadísimo con la comadrejita.
-Las personas cambian.
-Las personas… –resopló, pasando a la reacción frenética que esperaba desde el principio–. Es una broma, ¿verdad? Porque incluso viniendo de ti, esto es… ¡Draco! Sé que solían estar encima del otro para hacerse rabiar, pero esto que dices… Diablos –se echó hacia atrás, como si fuera la primera vez que lo veía–. No se me ocurre nada más problemático que eso. Es la pareja. Si te metes en medio de ellos, así sea solo por diversión… Pero no. Jamás has estado con alguien casado. No puede ser solo eso, aunque hasta ayer ni siquiera habías mencionado que…
-Pansy, respira.
-¡No me jodas! –lo señaló recriminatoria, apartándose el flequillo con un movimiento brusco para acusarlo apropiadamente–. Has trabajado muy duro para rehacer tu reputación. Ya nadie menciona tu pasado y puedes tener a cualquier mago o bruja a tus pies. ¿De verdad vale la pena arriesgar tu bienestar por un acostón?
-¡No me acosté con él!
-Peor, entonces. Si alguien los vio, la más mínima sospecha… Será una cacería de brujas, cariño. Ay, los Weasley… Y la esposa. Mierda, si ya en el colegio te la hizo pasar mal con aquel hechizo…
-Escúchame. Estoy seguro de que nadie nos vio. Después fuimos discretos con nuestra escapada. Y sobre Ginevra… Se están separando –de nuevo, el impacto que esa revelación debió causar fue sustituido por un leve bufido.
-Tienes 28 años, Draco. Deberías saber que esa es la mentira más usada por tipos casados que quieren conseguir algo fácil. Pero al volver a casa olvidan eso y se quedan con su esposa. Porque al final de cuentas no tenían nada que perder.
-Pansy –exhaló, siendo su turno de hacerse hacia atrás. Sentía algo corrosivo reptando por su garganta, apretándole e impidiéndole argumentar en contra.
-Lo siento, querido. Pero es así. Es cuestión de sentido común. Ayer fue una noche ajetreada, ambos habían bebido, no dudo que sintieras chispas en el ambiente. Pero no pongas tus esperanzas en lo que te haya dicho, porque alguien como él no deja una vida cómoda y perfecta por…
-¿Por alguien como yo?
-No iba a decir eso.
-¿No? –Sabía que estaba haciendo un rictus de desprecio con su labio, por la forma en que Pansy evitaba la confrontación–. Porque así sonó, querida.
-¡Es lo opuesto! Tú no tienes que ser el secreto de medianoche de alguien. Mereces más, no tener que ser discreto y huir donde nadie los…
-¡No dije que fuéramos a seguir así! Le dejé en claro que nada pasará mientras siga casado.
-Draco –negó, enfáticamente.
-Ni una palabra más, Parkinson. Confié en ti con esto, no porque buscara un sermón, sino porque eres mi amiga y…
-Draco –volvió a llamar.
-Y está bien, no siempre me dices lo que quiero escuchar, sino lo que crees apropiado. Y te lo agradezco, pero quiero que al menos esta vez, ya sea un error o un acierto, me permitas…
-¡Draco! –la miró de mala gana, pero ella tenía la vista puesta sobre su hombro–. Hay una lechuza intentando entrar por tu ventana –el comentario sobraba, pues en cuanto reparó en ese detalle, corrió a abrirla. Su departamento estaba en el piso 23, y aún así la adiestrada ave había conseguido ubicarlo. Una vez estuvo dentro, le tendió la patita mientras pillaba lo que a todas luces eran groserías lechuciles.
-Dale una galleta –pidió distraídamente a Pansy, mientras desenrollaba el pergamino. La caligrafía era más estilizada y ordenada de lo que recordaba. Porque ahora era la letra de un hombre. Dejó que eso se asentara antes de efectivamente empezar a leer.
Draco,
Sé que dijiste que lo mejor sería volver a vernos cuando las aguas se hayan calmado. Y estuve de acuerdo, pero no dijiste nada sobre escribirnos, así que aquí tienes una primera misiva a la que espero llegues a contestar.
Espero que hayas vuelto con bien y pensando en mí por tanto tiempo como el que te he dedicado. Fue una noche maravillosa. Te lo dije hace rato y seguiré repitiéndolo hasta que tenga el honor de compartir otra contigo y pueda comparar. No hay una petición ahí. O quizás sí, lo dejo a tu criterio.
No pretendo robar mucho de tu tiempo, al menos no todavía, así que solo comentaré un par de cosas más. Primero, ya te extraño. Segundo, ¿podrías cuidar a mi lechuza un par de horas? Estoy en proceso de mudanza y será más fácil hacerlo con ella fuera de la jaula. Y eso es lo tercero, estaré quedándome con Andrómeda unos días, al menos hasta que encuentre un sitio decente donde vivir. Cuarto, ¿ya mencioné que te extraño? Y cinco, espero que también estés pensando en mí.
Próximamente tuyo, Harry.
P.D. Creo que me la pasaré escuchando audiolibros hasta que pueda volver a verte. ¿Alguna sugerencia? :*
-Te voy a poner un altar.
-¡¿Qué mierda, Pansy?! –saltó en su lugar, su naciente felicidad estropeandose por la cercanía de su fastidiosa amiga.
-¡Eh, que no había terminado de leer!
-¡No tenías que leerlo!
-No eres justo conmigo.
-¿Tú no me estabas regañando hace dos minutos?
-Bueno, era mi deber prepararte para una posible decepción.
-¿Y qué dices ahora? –Pansy entrecerró los ojos, retomando un aire calculador.
-Confiesa. ¿Qué clase de poción le diste?
-¿Disculpa? Soy totalmente capaz de atraer a un hombre sin brebajes de por medio.
-Uhm –se alejó, sin parecer impresionada por su declaratoria–. Si es verdad que no te lo cogiste, debes ser un excelente besador para tenerlo en ese estado.
-Quizás. También puede ayudar el que sepa de mi trabajo secreto.
-¡Draco! –Ahora sí que le dio una reacción espontánea, sonriendo apreciativa–. Te lo dije. Bastaba con revelar eso y tendrías a cualquiera a tu disposición. Aunque solo Merlín sabe por qué elegiste a Potter. Pero bueno, precisamente yo no te voy a criticar por tu decisión de intimar con un Gryffindor.
-Primero, no se lo revelé, lo descubrió por accidente. Y segundo, ¡ugh! No vuelvas a mencionar tus encuentros cercanos con criaturas no clasificadas –Pansy desestimó ambos comentarios con una floritura, ocupando su otra mano para acariciar a la lechuza color caramelo.
-Esta es un ave hermosa. Algo es innegable, y es que Potter tiene buenos gustos.
-¿Ahora tenemos tu bendición? –mofó, alzando una ceja.
-Más bien le daré el beneficio de la duda. Aunque debo preguntar… ¿Realmente crees que puede funcionar? –ese era el quid de la cuestión, lo sabía de sobra. ¿Era el flechazo de una noche como había insinuado ella, o sería la base para algo más como había manifestado Harry?
-Supongo que el tiempo lo dirá –contestó, eligiendo ser cauteloso al respecto–. Por ahora, cuidaré a esta bella visitante antes de enviarla con una respuesta –el ave pilló, como si estuviera encantada con su resolución.
El rumor de las conversaciones y el tintineo de las copas rodeaba a la pareja, permitiéndoles sostener una conversación casual en el pequeño reservado con butacas que ocupaban. No obstante, ambos habían estado ensimismados en sus pensamientos desde que el mesero se retirara tras anotar sus elecciones para el platillo de entrada. Fue la mujer quien finalmente habló, tras colocarse la servilleta de tela en las piernas y cruzar las manos nerviosamente.
-Tengo que admitirlo, estoy preocupada –su acompañante, que había llenado el silencio fingiendo leer la cartilla de los postres, fijó su mirada azul zafiro en ella.
-Uhm, ¿sobre qué?
-Harry.
-¿Tú también? –había alivio en su tono, lo que se reflejó en el semblante anteriormente cauto del hombre.
-¿Estás preocupado por él? –reaccionó ella, con su propia dosis de sorpresa.
-Pues sí... Pero no quería decirlo porque podrías pensar que tengo un conflicto de intereses.
-Y yo no quería decirlo porque sentí que sería poner una conversación incómoda en la mesa –admitió, sonriendo tentativamente. El pelirrojo le devolvió una media sonrisa de entendimiento.
-Ciertamente es complicado. Un día todo parece estar bien, después dice que se divorciará de mi hermana. ¿Y ahora está saliendo con Malfoy? Tiene que haber algo raro en todo eso.
-Saliendo en secreto, recuerda –apuntó ella, con un tenue suspiro que fue eclipsado por todos los sonidos circundantes.
-Es peor que eso, Mione. No han vuelto a reunirse después de esa noche. Solo se envían cartas. Quiero decir... Harry es mi mejor amigo, pero demonios que no puedo explicar en qué está pensando.
-Eh, que también es mi mejor amigo –estableció contundente, antes de volver a suavizar el tono y asentir–. Pero tienes razón. No puedo creer que ni siquiera noté nada raro esa noche.
-Uhm, será porque estabas ocupada prestando tu atención a alguien más –la castaña bufó exasperada, brindándole una mirada de hastío.
-¿Vas a seguir con eso?
-De acuerdo, de acuerdo. Volvamos a lo que nos preocupa a ambos –dejó por la paz el menú y el tema en cuestión, lo que le ganó un gesto aprobatorio. Sabía que era más sensato evitar otra confrontación sobre esa persona en particular.
-¿Deberíamos decirle algo? Como bien puntualizamos, es nuestro amigo. Pero también es un hombre adulto ahora, y no me gustaría entrometerme y ocasionar algún problema.
-Tal vez solo es una fase –teorizó con cierta esperanza, buscando afirmación en los ojos castaños de su esposa–. Recuerda cómo era en el colegio... Se obsesionaba con el tipo unos meses y luego pasaba a otra cosa –sin embargo, ella meneó la cabeza.
-Porque lo perseguía un maniático, Ron. Creo que ambos estamos de acuerdo en que esta vez es muy diferente –era evidente para cualquiera que lo conociera que esa era la última respuesta que el hombre quería escuchar.
-Podría ser solo el impacto del divorcio –volvió a intentar, ofreciendo una explicación que no fuera tan definitiva ni escandalosa.
-Lo he considerado, en realidad –no estaba dándole la razón, pero ya era un avance con una teoría que era al menos manejable–. El sentir que se estableció muy joven y le quedaron cosas por experimentar –luchó por mantener una expresión plana, aunque supo que ella notó su gesto de amargura. Y que eligió pasar de él como si nada–. Entonces, es el momento perfecto para eso. Además es Malfoy, alguien con quien tiene historia. Le da algo de intrigante y prohibido a toda la experiencia.
-Dices que no crees que dure.
-Digo que no deberíamos precipitarnos dando consejos que no nos ha pedido –replicó, sin llegar a comprometerse con una respuesta definitiva. Estaba esperanzado y exasperado a partes iguales, aunque claro que Hermione no tenía la culpa de eso.
-De nuevo, parece que estamos de acuerdo. Creo que lo mejor es ir con la corriente. Preguntar demasiado podría hacerlo sentir que lo estamos juzgando o censurando.
-Y lo apoyamos, ¿no? –cuestionó vacilante, obteniendo también un sonidillo indeterminado.
-¿En su cruzada de salir con un hombre cuando no se termina de secar la tinta en sus papeles de divorcio? Ah, ¿y que casualmente ese hombre sea el maldito hurón con el que peleábamos en nuestros días de colegio? Claro que lo apoyamos –en ese momento le fue imposible ocultar su expresión avinagrada y lo sabía. Aunque al menos obtuvo una sonrisa de simpatía. No obstante, también reconocía la mirada crítica que acompañó ese gesto.
-No te molesta que esté con otro hombre, ¿o sí?
-Sabes que no. Gracias a ti, de hecho –ella suspiró frustrada, pero evitó comentar algo al respecto. Ron era consciente de estar tensando esa cuerda de nuevo, pero resultaba difícil guardarse esos comentarios. Había heridas que seguían punzando incluso después de cicatrizar.
-Pero te molesta que sea Malfoy.
-No pongas palabras en mi boca –denegó, usando la frase que su terapeuta les había recomendado para hacer más directa la comunicación–. Admití estar preocupado, no molesto.
-Lo siento –y parecía sincera, por lo que consideró justo omitir esa insinuación.
-¿Crees que esta cena es para hablar de eso?
-No lo sé. Ciertamente parecía muy emocionado cuando nos lo propuso. Aunque ahora esté llegando tarde –la queja lo hizo sonreír, corroborando en su reloj que la hora de encuentro pactada había pasado hacía quince minutos.
-Es Harry –dijo, como si eso explicara todo. Sin embargo, de pronto volvió a experimentar la sensación de abatimiento que había estado tratando de ignorar–. ¿No piensas que aparecerá aquí con él o sí?
-No seas ridículo, Ron –negó, su aparente seguridad fue oportuna para apaciguar el tirón en su estómago–. Tú mismo lo dijiste, no han vuelto a verse. No creo que quieran que su primera cita sea con chaperones. Y me duele admitirlo, pero dudo que nos elegirían a nosotros –finalizó con una mueca. Antes de notarlo le estaba dando una sonrisa de ánimos.
-Malfoy tendrá que aprender a convivir si la cosa se pone seria.
-No puedo creer que precisamente tú hayas dicho eso.
-Hay que considerar todas las opciones. ¿No es lo que siempre dices? –apuntó con ligereza, luchando por quitarle seriedad al asunto, en especial cuando reconoció al hombre que acababa de entrar al salón.
-Ya veo que sí escuchas.
-Ahí viene. Solo, y sonriendo como demente.
-Compórtate –Hermione giró a medias en su silla, recibiendo con una sonrisa al recién llegado.
-¡Hola, chicos! ¿Llevan mucho esperando?
-Lo normal, amigo. Ya pedimos las entradas.
-Fantástico, estoy que muero de hambre.
-¿Día largo en el trabajo? –Su esposa era magnífica al dar una conversación casual, sin el menor indicio de todo lo que acababan de estar discutiendo.
-No te imaginas. Redada doble después de que un operativo nos condujera a algo más grande. Atrapamos a tantos que llenamos el resort y algunos tuvieron que compartir habitación –Ron rió por lo bajo, recordando el par de años que había pasado entre los aurores antes de decidir que eso no era para él–. Odiaré el papeleo la semana que viene, pero dimos un buen golpe.
-Creí que Kingsley te había aconsejado mantenerte lejos de las misiones de campo.
-Lo ha intentado, sí. Pero, ¿por qué le dejaría toda la diversión solo a los chicos? –se encogió de hombros y como si recién notase la jarra de té frío en medio de la mesa, se dispuso a servirse un vaso lleno.
-Tienes un nuevo vendaje ahí –señaló, cuando la manga de su jersey reveló parte de su brazo.
-Ah, sí. Tenían un pequeño dragón cautivo.
-¡Harry! –reaccionó la chica, perdiendo su sonrisa displicente–. Fuiste a San Mungo por eso, ¿verdad?
-Por supuesto, como jefe debo respetar el protocolo. Fue curada y vendada por la mismísima Astoria Greengrass –su esposa le dio una sutil mirada de soslayo.
-Quien diría que precisamente ella se decantaría por el área de emergencias.
-Siempre tiene alguna historia que contar.
-Y muchas son tuyas –apuntó sin poderlo evitar, reconociendo la patentada sonrisa problemática de su mejor amigo.
-¿Les confieso algo? Tuve un momento extraño cuando me curaban. Durante algún tiempo cada herida era una discusión –lo miró a él un segundo, antes de proseguir–. Sé que Ginny se preocupaba por mí, y fue raro comprender que esta vez ni siquiera se enteraría. Lo que me hace recordar algo más… –pausó, dando un trago generoso a su bebida. Solo está ganando tiempo, pensó con certeza, pero ninguno de los dos lo presionó. Harry finalmente dejó el vaso a un lado, con una tentativa sonrisa en sus labios–. Astoria me recordó que ahora que es oficial tengo que actualizar mi información de contacto en San Mungo. No quisiera preocupar a Molly por una gripe y no creo que Draco y yo estemos aún en esos términos, así que… ¿Podría agregar a alguno de ustedes? –Ron luchó por obviar la forma tan casual en que su amigo acababa de dejar caer el nombre de cierto individuo en su parloteo, centrándose concretamente en la petición efectuada. Aunque fue su esposa quien contestó:
-Por supuesto que sí, Harry. Es más, puedes añadirnos a los dos. Siempre es bueno tener opciones, por cualquier eventualidad.
-Gracias, chicos –dijo con una sonrisa, como si hubiera existido la más remota posibilidad de que se negaran.
A partir de ese punto, la conversación fluyó con la facilidad habitual entre ellos. En un momento estaban escuchando detalles sobre la redada de los aurores, luego Hermione se quejaba sobre los temas de legislación mágica en tendencia, y poco después el mismo Ron les describía lo nuevos productos en desarrollo y los chismes que habían llegado a través de sus clientes. Antes de darse cuenta, todos se enfrentaban al postre, comentando entre risas algunos de los cotilleos más jugosos del mundo mágico.
-Ya extrañaba este tipo de conversaciones –admitió Harry luego de una pausa, jugueteando con el tallo de una cereza, único remanente del que había sido su postre–. Solo los tres, hablando sobre todo y nada.
-A veces puede ser complicado reunirnos, pero es agradable –coincidió Hermione, mostrando una delicada sonrisa de afecto.
-Lo es.
-¿Te preocupa algo? –cuestionó por su parte, reconociendo el gesto reflexivo de su amigo. El moreno negó, aunque de inmediato debió cambiar de parecer.
-Desde hace semanas he sido más consciente de lo mucho que ha cambiado la vida para todos. Pero agradezco y estoy feliz de que nuestra amistad sea algo que permanece.
-Oh, ¡Harry! –exclamó la chica, luciendo justamente conmovida. Incluso Ron podía admitir que el comentario había tocado una fibra muy arraigada en él.
-Y seguirá siendo así, compañero. Sin importar qué –fue una afirmación indirecta, pero los tres sabían muy bien a lo que se refería. En especial por lo que su amigo diría a continuación:
-Ahora que lo mencionas… También quería hablarles sobre eso. Yo… He estado pensando en invitar a salir a Draco. Como, en una cita real, ¿saben? –expresó de forma dubitativa, alternando la mirada entre ambos–. Obviamente sería algo muy discreto… Quería dejar pasar al menos seis meses después del divorcio. Pero mientras no terminemos en los periódicos ni se arme un circo al respecto…
-Podría funcionar, Harry –su esposa fue mejor reaccionando a los planes de su amigo, ofreciendo las palabras de validación y ánimos que el chico parecía estar buscando–. Al principio deberán ser prudentes sobre sus lugares de reunión y sus acciones en público, pero no durará por siempre. Aunque tampoco te engañes, así esperes meses o años, tu… relación con él suscitará comentarios cuando salga a la luz –no estaba seguro de que el hombre notase la vacilación en las palabras de Hermione, pero si fue el caso no hizo mención al respecto.
-Lo sé. Aunque será un problema por el que no me preocuparé todavía –estableció con una media sonrisa. Ron asintió, esforzándose por devolverle el gesto.
-Entonces, ¿cómo está Draco? ¿Siguen escribiéndose con frecuencia? –cuestionó ella con ligereza, consiguiendo que la sonrisa del chico se acentuara. Fue ese preciso momento el que confirmó sus sospechas, cuando los ojos esmeraldas se iluminaron.
-Algunos días nos comunicamos más que otros, pero definitivamente le damos mucho trabajo a Toffee –reveló, mencionando con cariño a su lechuza–. Estaba muy emocionado en su última carta, parece que se viene el lanzamiento de un muy buen libro, aunque no me ha dado detalles. Pero si incluso él está ansioso por eso, debe ser algo impresionante.
Harry siguió con su alegre parloteo, mientras Ron pensaba distraídamente que las palabras de su esposa se aplicaban también para ellos en cierta medida. Sería complicado al principio, pero si eso que estaba sucediendo llegaba a durar, encontrarían la forma de que funcionara para todos. Alguien que animaba de manera tan evidente a su amigo merecía una oportunidad. Aunque tal como había dicho Harry, dejaría que fuera un problema para tratar cuando fuera el momento oportuno.
Notas finales: y ahora pudimos ver un poco de la perspectiva de Harry. Recuerdo que para la escena de ruptura me la pasé escuchando "Exile" de Taylor Swift ft. Bon Iver, y aunque no fue tan angst como la canción, sentí que me inspiró por el sentimiento de separación inminente, de saber que estás frente a algo irreparable porque ya no hay entendimiento ni nada porqué luchar. ¿Me puse too deep? Creo que sí, jajaja. Así que ya, solo diré que espero que les haya gustado y nos leemos la semana que viene con el "final". (Porque recuerden que las otras tres partes son epílogos xd)
Allyselle.
