Disclaimer: Draco, Harry y compañía son propiedad de su creadora y asociados. Lo mío es ponerlos a enamorarse una y otra vez porque amo, adoro y vivo para el fluff, carajo.

Advertencias: harco, futuro mpreg.

Notas de la autora: bienvenidos al final de esta historia y por lo tanto, al capítulo más largo de todos. Como siempre, agradecer sus comentarios de apoyo, me animan muchísimo. Como pueden ver, aparecí antes de tiempo. Tengo día libre y realmente tengo tanto material en fila para editar, que creí que era bueno adelantar este capítulo. Que lo disfruten tanto como yo al escribirlo.


Capítulo III. Hogar.

-Te juro que no quería que fuera así –el moreno esquivaba su mirada, aferrando nerviosamente la sábana que lo cubría.

-Oh, ¿así que no querías que nuestra primera cita fuera en una habitación de hospital? –cuestionó, luchando por mantener un tono neutral–. Eso es muy tranquilizante, Harry.

El aludido cerró los ojos y apretó los labios.

Hacía poco más de una hora, Draco había estado preparándose para la que sería la noche. Siendo justos, Pansy había empezado a llamarla así y luego de unos días él también. Porque tras meses de comunicación escrita y después de unas semanas de planearlo, al fin volverían a verse. Una cita. Con Harry Potter. Con el hombre que no había dejado de mostrarse paciente, atento y divertido. Incluso su mejor amiga había mencionado lo raro que resultaba verlo emocionado por una cita. Y él mismo podría confesar que era un sentimiento casi olvidado, una suerte de entusiasmo juvenil que no podía ni le interesaba controlar. Se trataba de más que una cena o una primera cita cualquiera, anhelaba volver a verlo, comprobar si la conexión que recordaba de aquella noche era verídica. ¿Cómo sería? ¿Le haría justicia al estar frente a frente y sin alcohol afectando su juicio? ¿Harry tomaría su mano, intentaría besarlo al despedirse, le pediría una segunda cita al finalizar la noche? ¿Irían despacio o les ganarían las ansias?

Pues al final todas sus dudas y su emoción habían sido vanas. Más o menos. Porque cuando faltaba media hora para el evento y él se debatía entre su suéter de cachemir y su chaqueta de cuero, una llamada había entrado por la red flú. Y no, no era Pansy gritando como adolescente para darle consejos de último momento. Tampoco era su asistente Greysy para informar sobre alteraciones en su agenda de la semana. Y mucho menos su mencionada cita para comunicarle que no podía soportarlo más y estaría en su puerta en lo que se tardaba en conjurar un Lumos (sí, esa idea había cruzado su cabeza. Y era tan ingenua y melosa que casi se avergonzaba de sí mismo). Pero no, lo que vio al llegar a la sala fue la cabeza flotante de la subjefa del departamento de legislación mágica.

-Granger –saludó a secas, temiendo que ninguna buena noticia sería enunciada. Dudaba que ella en persona diera citatorios legales, mucho menos un viernes por la noche. Entonces su intención debía ser otra. Una advertencia, una amenaza o incluso un insulto, esas opciones eran más plausibles. Aunque se decantaba más por la primera.

-Malfoy –un saludo que replicaba su entusiasmo, aunque también sonaba cansada–. Siento… interrumpir de esta manera. Pero temo que es necesario que hablemos –difícilmente él catalogaría de necesario cualquier comunicación con ella, pero se guardó esa opinión y dio una rígida cabezada.

-Tú dirás –indicó, sin invitarla a pasar. Ella miró sobre su hombro a alguien que debía estar diciéndole algo. Entonces volvió a él, con lo que le pareció un suspiro aún más agotado. De acuerdo, esa actitud empezaba a ponerlo nervioso.

-Es sobre Harry. Creo recordar que se reunirían hoy, ¿estoy en lo correcto? –Draco apretó los dientes, luchando por no demostrar de forma tan obvia su molestia. Así que aquí viene la advertencia.

-Así es.

-Eso temí –un par de palabras que solo dieron más rigidez a toda su postura. Ella pareció ser distraída de nuevo, dándole la idea de simplemente cortar la comunicación. ¿Acaso se habían reunido para esto y era la portavoz? Le parecía muy infantil de su parte. Estaba por decírselo, cuando volvió a enfocarlo. Algo en su expresión era preocupante–. Lo siento, de nuevo. Hay mucha gente pasando y la conexión no es del todo buena. Lo que intentaba decirte es que Harry no podrá asistir –la contempló desprovisto de emoción, haciendo su mejor esfuerzo por contener su furia. Si eso era una treta para mantenerlo lejos del chico dorado, habían caído más bajo de lo que podría haber imaginado. Y si es que era verdad…– Todavía esperamos noticias, por lo que no soy optimista sobre cuando saldrá de aquí. De verdad lo lamento, me consta lo emocionado que estaba por esta noche.

-¿Qué dijiste? –calmó su respiración lo suficiente para dejar de ver puntos rojos en los bordes de su visión. Granger pareció tragar saliva, su figura sobre el fuego ejecutó un gesto de limpiarse el rostro. ¿Acaso estaba llorando?

-¿Me escuchas entrecortado? Como sea. Estamos en San Mungo. Nos llamaron hace una hora, cuando Harry ingresó. Sigue en la sala alpha, y según nos dijeron al llegar, tardará en salir de ahí. Incluso cuando termine la intervención, es probable que permanezca inconsciente por algunas horas. Después de todos los… hechizos y pociones que ha necesitado –su voz definitivamente se quebró en ese punto, aclarándose la garganta antes de finalizar.

Ni siquiera notó en qué momento se sentó sobre el piso, pero debió ser cuando sus piernas dejaron de ejecutar la función de sostenerlo. Harry estaba en San Mungo, en la sala de la que muchos salían hacia la morgue. Lo sabía muy bien por Astoria, que después de tener una posición privilegiada entre los medimagos a cargo de esa sala, decidió "degradarse" al área de emergencias.

No podía más con eso, Draco. Los más optimistas le dicen el corredor de la luz. Para todos los demás simplemente es el pabellón de la muerte. Y sí, en emergencias también estoy expuesta a eso, pero es mucho más manejable. Lo que ves en la sala alpha… No hay palabras. Solo espero que nadie que conozco entre ahí nunca.

Volvió a estremecerse, fallando en controlar el miedo que reptaba por su columna, rodeándolo y sofocándolo cuál tentacula venenosa. Fue hasta ese instante en que se le ocurrió cuestionar a Granger sobre lo sucedido, pero la chimenea yacía apagada. No podría decir si la conexión se cortó por accidente o si ella lo hizo ante su falta de respuesta. Lo que sabía era que no se podía quedar ahí sentado. Prácticamente sin pensar en lo que hacía volvió a la habitación, ignoró toda la ropa en la cama y se puso un cardigan oscuro sobre la sencilla camiseta que usaba. Tomó su varita, un puñado de polvos flú y pronunció con voz ronca su destino.

Nunca había estado en ninguna sala de espera de San Mungo. Y de poder elegir, no habría sido frente a las puertas con el símbolo alpha, ni en compañía del matrimonio Granger-Weasley. Pero fue justo así como se encontró un rato después. Ella seguía llorando. Él le daba palmadas torpes en la espalda mientras libraba una notoria batalla por no venirse abajo. Un tosco saludo fue todo lo que obtuvo, pero no le importó. Le bastaba con estar sentado ahí, sabiendo que también escucharía cualquier novedad al mismo tiempo que ellos. Tras veinte minutos, una puerta se abrió. Pero era la entrada, que reveló a una mujer de bata celeste y sonrisa agotada.

-Astoria –saludó, con naciente pánico de que ella también hubiera sido convocada a unirse al complejo tratamiento que debían estar efectuando tras las puertas dobles que estaban frente a ellos.

-Draco. Supe que estabas aquí –le dio una sonrisa apretada, con un tenue asentimiento hacia la pareja–. Granger. Weasley –ellos debían seguir sin palabras, porque solo él dio una ligera cabezada.

-¿Entonces no te llamaron?

-Oh, no. Mi turno acaba de terminar, y una de mis aprendices me dijo que te había visto pasar. Tracey sugirió que podrías estar aquí –había duda en sus ojos, aunque no preguntaba nada directamente. Y es que además de Pansy y Blaise, nadie estaba al tanto de su constante comunicación con Harry. Mucho menos tenían noción sobre lo que se suponía iba a ocurrir esa noche.

-¿Qué sabes sobre…? –señaló con la barbilla, incapaz de terminar de formular la pregunta. Ella volvió a inspeccionarlo, aunque no demoró en responder.

-Lo mismo que tú, supongo. Ingresó con un cuadro de quemaduras graves, presuntamente por el ataque de un dragón. Estaba inconsciente y… con signos vitales inestables. No es sencillo tratar ese tipo de lesiones. Reconexión de nervios, reposición de sangre, reconstrucción de tejido –Draco tragó grueso, pero debió ser el sollozo ahogado de Granger el que detuvo los detalles técnicos de su amiga–. En fin. Es un trabajo complejo, ejecutado en simultáneo.

-Nadie ha salido de ahí en casi dos horas –quien se dirigió a ella fue Weasley, con la voz ronca y el rostro ceniciento.

-Eso en realidad es bueno. Significa que el tratamiento va funcionando. No necesitan refuerzos ni una opinión extra.

-Lo conseguirá, ¿verdad? –Granger habló mirando a las baldosas, con una inhalación temblorosa–. Digo, es Harry. Darnos sustos es lo que hace, pero siempre escapa del peligro.

-Yo… No vi el expediente ni su estado. Sería imprudente opinar –Astoria estaba claramente incómoda, por lo que le apretó la mano en agradecimiento.

-Deberías ir a descansar.

-Me puedo quedar un rato –ofreció, reconociendo su gesto y devolviéndole el apretón–. Emergencias estuvo relativamente calmado hoy.

-¿Sin hechizos de cuernos permanentes? –La mujer sonrió de lado, negando.

-Solo hechizos accidentales y algunas intoxicaciones. Te sorprendería lo que algunos se llevan a la boca. Y me gustaría estar hablando de niños –Draco sonrió a secas, enfocándose en mantener esa conversación trivial. De todas formas, no podían escuchar nada del interior de la sala alpha, y prestar atención a las historias de su amiga era mejor que tener el llanto de Granger como banda sonora.

Tras un rato que parecieron horas, las puertas finalmente se abrieron. Los primeros cuatro que salieron apenas les dirigieron más que una mirada, aunque dos de ellos sí saludaron a Astoria. Fue el último hombre de azul, cuya bata mostraba manchas color cobre, quien se quedó en la sala con ellos.

-Señores Granger-Weasley. Sanadora Greengrass. Señor…

-Malfoy –ofreció.

-Señor Malfoy. Asumo que todos están aquí por el paciente Harry James Potter –un asentimiento brusco, puños apretados, un sollozo contenido. El medimago continuó:- Bien. El procedimiento llevado a cabo ha concluido de forma exitosa. El paciente estará débil algunos días, pero estable. El reposo será obligatorio, así como la ingesta de las pociones de rigor tras esa intervención en específico. Por el momento está consciente, aunque ligeramente confundido. Me pidió ver a Ron y Mione.

-¿Podemos entrar ahora?

-En efecto, señora. Aunque debo pedirles que sean visitas breves. Debe dormir y permitir que su cuerpo asimile el tratamiento.

-No nos tardaremos, señor. Muchísimas gracias –el hombre asintió hacia Weasley.

-Solo esperen a que salga la enfermera, está terminando de colocar algunos vendajes.

Una vez que el medimago se retiró, Draco sintió súbitamente el alivio pero también la desconexión de su presencia en ese sitio. Él había pedido ver a sus amigos y su nombre no figuraba en la lista. No podía resentirlo, después de lo que había vivido seguramente no recordaría la cita de esa noche. Ya podría escribirle dentro de unos días y preguntar sobre su salud. Por lo tanto…

-Draco.

-¿Qué?

-Granger te está hablando –se esforzó por enfocar a la susodicha, que había vuelto a llorar, aunque debía ser de alegría por el pronóstico favorable que acababan de escuchar.

-Decía que… Harry no debe siquiera sospechar que estás aquí. Pero creo que querrá verte, así que… ¿Te parece bien si pasamos primero? Claro, respetando la brevedad que nos pidieron.

-Yo… Sí, no tienes ni que decirlo –ella le dio una rapidísima sonrisa, casi haciéndole pensar que solo la imaginó.

La enfermera salió poco después, con lo que el matrimonio entró a la sala, dejándolo a solas con Astoria.

-Disculpa, pero debo preguntar… ¿Qué está pasando? ¿Desde cuándo compartes sala de espera con esos dos? O más importante, ¿desde cuándo vienes al saber que Potter está internado aquí?

-Uh, es algo nuevo, supongo –totalmente evasivo y sin dar respuesta a nada. Aunque no había querido sonar así, pero había mucho que tendría que explicar y no se sentía en el ánimo para eso. Ella debió comprenderlo, porque se encogió de hombros tras un suspiro.

-Está bien, no preguntaré más. Solo te advierto, ya que esta es tu primera vez aquí, que este tipo de estadías son habituales para él. Aunque sí es su primera visita a la sala alpha, pero Harry pasa por aquí muy a menudo.

-Es un auror, ¿no? –expuso a la defensiva, aunque lo reconoció hasta que notó la ceja alzada de su amiga.

-Incluso para los estándares de un auror. Por eso te advierto. Perdí la cuenta de todas las veces que vi a Ginevra en una sala de espera. Este es el primer turno de esos dos, y por lo que vi ella también podría terminar sufriendo crisis nerviosas.

-Astoria…

-Ya, no es asunto mío –zanjó, levantando ambas manos en gesto de reconciliación–. Pero si estoy leyendo bien las señales, creo que es algo que deberías saber.

-Esto… gracias, supongo.

-Ahora sí me retiro, espero que estés bien. Y que Potter se recupere pronto.

-Fue bueno tenerte aquí –dijo sinceramente, a pesar del regusto amargo que habían dejado sus últimas advertencias. Astoria sonrió, dándole un rápido abrazo antes de retirarse.

Un rato que se le figuró una eternidad, y la pareja volvió a salir de la habitación. Weasley lucía notablemente más relajado y ella había dejado de llorar.

-Tal como dije, quiere verte.

-Oh –esa vez sí distinguió mejor la sonrisa ladeada de la mujer, que iba del brazo de su marido.

-Nosotros nos iremos por ahora, y Ron volverá mañana temprano. Así que… Puedes pasar, solo recuerda que necesita descansar.

-Por supuesto –aceptó a secas, sin demorarse un segundo más en entrar.

La sala alpha era espaciosa, muy blanca y con olor a áloe. Aunque eso último debía ser por el tipo de heridas que tenía su actual ocupante. Harry estaba arrebujado entre sábanas, con los brazos casi vendados por completo y el rostro todavía muy rojo. Aún así, yacía semi sentado, sin lentes y con los ojos esmeralda muy brillantes. De dolor, exceso de pociones o anhelo, no sabría precisarlo. Pero sí lo estaba viendo directamente y no parecía estar tan confundido como esperaba.

-Te juro que no quería que fuera así –el moreno esquivó su mirada, aferrando nerviosamente la sábana que lo cubría.

-Oh, ¿así que no querías que nuestra primera cita fuera en una habitación de hospital? –cuestionó, luchando por mantener un tono neutral–. Eso es muy tranquilizante, Harry.

El aludido cerró los ojos y apretó los labios. La parte de él que quería reprocharle por su afición al peligro se derritió ante la tristeza en la expresión del chico.

-Perdón.

-Tú… ¿Qué? –Draco detuvo su andar, sorprendido.

-Sí, yo… Debí ser más cuidadoso y no precipitarme. Pero es que juré que podría hacerlo sin salir dañado, aunque parece que… –sacudió la cabeza, dejando esa idea a medias y volviendo a mirarlo a los ojos–. Sé lo agobiante que es esto, supongo que debería haber esperado al menos hasta la tercera cita –un intento de sonrisa apareció y se desvaneció en sus labios en una respiración–. Lo siento. Eso es todo lo que puedo decir.

-No entiendo… –terminó de acercarse, apostándose cerca de la cabecera–. Reconozco que estuve muy preocupado, pero ahora solo puedo estar agradecido de que estés bien.

-Ahora es así –masculló, volviendo a juguetear con la sábana–. Después vendrán las recriminaciones por mi imprudencia. Dirás que estás cansado de esta rutina y un día simplemente ya no vendrás.

-¿Eso fue lo que ocurrió con ella? –inquirió suave, comprendiendo de qué iba todo ese parloteo.

-Yo… Estoy cansado. Probablemente no debería estar diciendo nada de esto –Harry ladeó el rostro, clavando la mirada en la pared opuesta de la habitación. Draco percibió como algo muy pesado y desagradable se asentaba en su estómago.

-¿Quieres que me vaya? –el moreno tragó saliva y dejó pasar algunos segundos. Estaba por retirarse impulsado por su silencio, cuando un monosílabo, tembloroso y casi inaudible, consiguió estremecerlo por completo.

No.

-Entonces descansa, estaré aquí cuando despiertes –afirmó, y con la audacia que muchas veces le había faltado, alargó una mano y despacio colocó un mechón oscuro detrás de la oreja del hombre. Harry cerró los ojos, exhalando entre sus labios entreabiertos.

-No deberías, si en algo aprecias la tranquilidad de tus días.

-Y tú no deberías retarme, si sabes bien que nunca he podido negarme cuando se trata de ti –el amago de una sonrisa suavizó la expresión del joven, mientras le daba una apreciativa mirada.

-Te ves guapísimo, Draco.

-Lamento no poder decir lo mismo de ti –su desalmado comentario le ganó la primera risa genuina de la noche, lo que lo animó a sentarse al borde de la cama.

-Eso fue cruel –apuntó–. Justo, pero cruel –él mismo se sentía lo suficientemente cómodo para devolverle la sonrisa, aunque no esperaba que el confundido auror también añadiera:- Y dime, ¿eso es lo que usas para una cita?

-Solo cuando es en un hospital. Tendrás que invitarme a otro tipo de ambiente para ver una faceta diferente –lo enunció con ligereza, pero Harry volvió a mostrarse mortificado, esquivando su mirada y retomando sus movimientos ansiosos. Draco usó una de sus manos para detener esa manifestación de nerviosismo y la otra para girar el rostro del moreno hacia él–. Escúchame bien, Harry. Eres un hombre adulto, y el maldito jefe de aurores. Sé que tu trabajo es complicado y muchas veces peligroso. Eso implica salir lastimado y una que otra visita al hospital –enfatizó la última frase, dejando para otro momento lo que Astoria le había comentado–. Estar en esa sala de espera no fue agradable y creo que jamás me acostumbraría a eso –el chico apretó los labios, pero Draco no había terminado–. Pero te aseguro que nunca faltaré ahí y que siempre me verás al despertar. En tanto tú prometas no correr riesgos innecesarios.

-Draco… –susurró, los ojos esmeralda luciendo mucho más relucientes en ese momento.

-¿Tenemos un trato? –pidió su confirmación. Harry esbozó una sonrisa que era una combinación perfecta de alivio y esperanza.

-Puedes jurarlo.

-Bien. Ahora duerme. Al despertar quiero que me cuentes qué fue lo que pasó –él asintió, aferrando su mano cuando el rubio trató de alejarse.

-Quédate aquí. Me conforta sentirte cerca –ya había cerrado los ojos cuando dijo eso, apoyando el rostro contra su cadera. Draco suspiró, totalmente desarmado ante esa petición.

-Está bien –su aceptación fue muy suave, pero tampoco era necesaria, ya que su interlocutor estaba al borde del sueño, las pociones y el cansancio del día finalmente doblegándolo.

Permaneció un buen rato así, viéndolo dormir apaciblemente mientras peinaba con delicadeza los rebeldes mechones oscuros. Estaba consciente de que las advertencias de Astoria eran algo serio a considerar. El mismo Harry lo había admitido. Y en la calma de esa prístina habitación, incluso él reconocía que hacía mucho que no sentía el miedo y la consternación de las horas pasadas. No obstante… Al contemplarlo descansar con el rostro relajado y los labios entreabiertos, confirmó que quería intentarlo. Jamás había sido alguien que se rendía ante el primer obstáculo. Y como su madre siempre decía, nada que valga la pena tener se consigue fácilmente. Además, Harry le había prometido ser más consciente sobre el peligro. Podría estar siendo ingenuo u optimista, pero algo en todo eso se sentía correcto, una suerte de certeza que no había experimentado en mucho tiempo. Fue por eso que no se movió de su sitio, dispuesto a estar ahí cuando el chico despertara, tal como le había dicho.


Despertó bruscamente, con una sensación de hormigueo en el cuerpo, dolor de espalda y una enfermera viéndolo muy encabritada. Fue cuando la vio guardar la varita con un florido ademán que comprendió que su sueño había sido interrumpido por un hechizo.

-Esto… ¿Buenos días?

-Nada de eso, caballero. Debió retirarse de aquí hace horas. Y por supuesto, está prohibido que alguien además del paciente ocupe la cama.

-Uh, no fue a propósito –afirmó, hablando suave para no despertar a Harry.

-Bueno, pues levántese de ahí.

-Lo haría, pero… –dudó, si bien el chico se había dormido con la cabeza volteada hacia él, ya no era solo eso. También cubría su pierna con un brazo y lo usaba parcialmente de almohada–. No me gustaría despertarlo. Harry tuvo una mala noche y el medimago fue contundente sobre lo necesario del reposo para él –le ofreció una media sonrisa, cuidándose de lucir preocupado y seguro (aunque resultaba más fácil conseguir lo primero). Efectivamente, ella no parecía impresionada.

-Solo muévase despacio, él estará bien –Draco se removió en su lugar, lo que solo ocasionó un balbuceo en el hombre y que lo sujetara más fuerte.

-¿Se da cuenta que no es sencillo? –insistió, y jugando una carta arriesgada, añadió:- Harry es capaz de sentir mi presencia hasta dormido. Si me levanto ahora, lo despertaré. No imagina lo inconveniente que es. Jamás he podido ir al baño de madrugada sin que se despierte –debió sonar lo suficientemente convincente, porque notó como el rictus severo de la mujer se convertía en algo dubitativo–. Escuche, entiendo a la perfección que nos estamos saltando las normas aquí. Pero es su primera vez en la sala alpha… Ojalá que la única –el quiebre y el cansancio en su voz eran auténticos, lo que esperaba ayudase a su causa–. Entonces, ¿podría hacer una concesión, solo por hoy? –esgrimió su mejor mirada lastimera, acariciando distraídamente los mechones oscuros–. Estoy seguro de que será beneficioso para él estar acompañado. Y ambos se lo agradeceremos –notó el momento justo en que la enfermera cedía, no sin antes apretar los labios y lanzar una última mirada al convaleciente.

-Está bien. La sala es de acceso restringido, así que asegúrese de abandonarla en horario apropiado. Él tendrá una revisión a las nueve en punto.

-Así será, señora.

-Uhm –y con esa última palabra amistosa, se retiró. Casi de inmediato, sonó una risilla a su lado.

-¿Estuviste despierto todo el tiempo? –cuestionó, solo un tanto avergonzado de que hubiese escuchado todo lo que dijo para persuadir a la enfermera.

-Más o menos.

-¿Por qué no dijiste nada?

-Si ella lo notaba, te hubiese obligado a irte. Además, lo estabas manejando muy bien. Bueno en el juego y en los negocios. ¿Hay algo que no hagas bien?

-Dormir sentado –informó, corroborando que el dolor en su espalda no tenía nada que ver con el hechizo usado para despertarlo–. Tendré que pararme un momento.

-¿Y si mejor te acuestas?

-Harry…

-Mmm no creo que Beth vuelva pronto. Solo hazlo el tiempo suficiente para descansar la espalda y mientras me vuelvo a dormir, ¿sí? –dudó un segundo, pero decidió correr ese pequeño riesgo únicamente en pos de su espalda contracturada. Aceptó el espacio que Harry le hizo en la cama, acomodándose lo más al borde posible para no importunarlo demasiado.

-Sabes, no pronostica nada bueno el que conozcas a las enfermeras por su nombre –informó, ladeando un poco el rostro hacia él.

-¿No piensas acercarte más? –cuestionó a su vez, señalando elocuentemente el espacio que los separaba–. Y para que sepas, Beth es mamá de uno de mis chicos.

-¿De tus chicos?

-Subalternos –precisó, alargando la mano y jalando la suya–. Ven.

-No quiero lastimarte –admitió finalmente. La oscuridad dominante en la habitación no le permitía discernir si el enrojecimiento del rostro del joven había desaparecido, pero era incapaz de hacerle obviar los vendajes, todavía recubriendo sus brazos y parte del cuello.

-Entonces ven y yo voy.

-Creo que sigues disperso –Harry rió, dándole un suave manotazo.

-Que te acerques un poco más, yo haré el resto.

-Harry…

-Mientras más pronto lo hagas, más pronto volveré a dormir y podré salir de aquí.

-Eres un maldito manipulador –informó, moviéndose despacio mientras el chico reía a su lado. Una vez estuvo más cerca, fue el moreno quien acudió a él, rodeando su torso y obligándolo a levantar el brazo para usar su pecho de almohada–. Será más difícil levantarme de esta posición.

-Lo sé –admitió, dándose el lujo de sonar complacido. Draco simplemente suspiró, dejándose abrazar y volviendo a peinar los alborotados cabellos oscuros. Le hacían cosquillas en la barbilla–. Llevamos algún tiempo detrás de una red de tráfico de criaturas mágicas. No de las bonitas como unicornios o hadas, más bien de las peligrosas –no sabía si era mejor detenerlo y dejar el relato para otro momento, pero la voz de Harry sonaba muy clara y decidida–. Se les ha relacionado con algunos casos de fraude, contrabando e incluso homicidio. Hace unas semanas, encontramos uno de sus nidos. Tenían principalmente criaturas en etapas tempranas. Uh, quizás debería añadir que ahí me atacó un dragón bebé –apretó los labios, pero lo dejó continuar sin comentar al respecto–. Eso nos permitió localizar otros nidos. El operativo consistía en requisarlos todos al mismo tiempo, para no darles espacio para escapar o ponerlos sobre aviso. Bien… El nido al que acudí tenía criaturas en etapa de crecimiento más avanzado, prácticamente adultos. Y como dije antes, fui imprudente. Creí que el dragón atado estaba inconsciente. Por eso me acerqué para ver si era el único o si había más ejemplares detrás de él. Como habrás adivinado, solo estaba dormido y no lo hizo muy feliz que lo despertara.

-Maldición, Harry. ¿Es que no recuerdas el lema de Hogwarts?

-Eh, pero no le hice cosquillas –se defendió de inmediato. Draco resopló.

-Ni cosquillas, ni caricias ni nada. Simplemente no despiertas a un dragón dormido. Su primer instinto será atacar.

-Ahora me consta –se contuvo de añadir un comentario sarcástico, sabiendo que igual no sería de ninguna utilidad–. Solo recuerdo su gruñido, el calor y… tú.

-¿Yo?

-Ajá. Se supone que en momentos así ves toda tu vida, pero… Solo recuerdo haber pensado en tu rostro y en lo feliz que había estado todo el día porque volvería a verte. Y en un segundo de insensatez todo eso podría jamás haber sucedido…

-Harry –el hombre se estremeció ante el sonido de su nombre, volviendo a desarmarlo como por décima vez consecutiva. Draco se las arregló para abrazarlo sin presionarlo demasiado, dándole un ligero beso en la coronilla–. Estás aquí. Y lo más importante es que nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia volverás a exponerte a algo así –el reciente suspiro pesaroso se transformó en una suave risa contra su pecho.

-Tenemos un trato, ¿no? Desde ahora nada de juguetear con dragones. A menos que seas tú –lo único que lo detuvo de darle un empujón fue su situación de convaleciente, pero se lo guardaría para después.

-Mmm será mejor que descanses para que puedas salir pronto, todavía me debes una cita.

-¿Qué te parece una cita para que me leas un poco, dormir la siesta y hablar en susurros al despertar? –propuso suavemente, tomándolo por sorpresa.

-¿Hablas en serio?

-Estaba bromeando, claro –negó, con una risa más del tipo nervioso–. A menos que estuvieras a punto de aceptar. En ese caso, hablaba totalmente en serio.

-Suelo tener estándares muy altos para mis citas, sabes –apuntó. No le pasó desapercibido el tenue suspiro que precedió la respuesta del chico.

-Claro… Debí imaginarlo.

-Aunque si cambias la parte de leer por tomar un café y compartir algunos bocadillos, podría estar interesado.

-Eres maravilloso, Draco.

-Es la opinión popular, sí. –Harry rió, por lo que volvió a darle un suave beso, agregando:- Ahora basta de querer engatusarme y duérmete.

-Buenas noches –murmuró, volviendo a demostrar lo rápido que podía atender a esa orden en particular.

Draco respiró profundo, llenando sus fosas nasales con olor a áloe, menta fresca y Harry.


Ron creyó estar preparado para lo que vería esa mañana. Después de todo, había pasado la noche anterior en esa impersonal y sofocante sala de espera. Primero consolando a su esposa, después tratando de ponderar la presencia de Malfoy en ese lugar. Y aunque su corta charla con Harry había sido tranquilizante, seguía muy preocupado por él. Cierto era que el chico a menudo terminaba en San Mungo, conforme a lo que había comentado Ginny cuando le habló de su nuevo estatus como contacto de emergencia. Pero usualmente hacía visitas más rápidas. Permanecer toda la noche ahí… Se acercaban a los treinta años, Harry no podía continuar comportándose como un adolescente temerario. Tenía que hablar seria y sinceramente con él. Ojalá Mione pudiera escucharme, se daría cuenta de que la terapia sí que ha calado en mí.

Como sea. Tenía tiempo para acompañar a Harry durante algunas horas por la mañana y de ser posible durante su traslado. De hecho, él y su esposa habían llegado al acuerdo de recibirlo en su casa durante el tiempo de la recuperación. El chico básicamente llevaba semanas yendo de un sillón a otro, quedándose con amigos por unas cuantas noches y luego pasando al siguiente. Era momento de que intervinieran. Podían ofrecerle cierta estabilidad y compañía. Con eso en mente llegó a San Mungo, saludando a los conocidos que se cruzaron en su camino y deteniéndose un momento frente a las puertas de la sala alpha. Harry había estado muy cansado el día anterior, con el rostro demacrado y los vendajes cubriendo sus brazos. No sería una vista sencilla de afrontar, pero esperaba que al menos colaborase en su empresa de infundirle algo de sentido común. Respiró hondo una vez más y entró.

No estaba preparado para ver eso. Todavía no. Ahí no. Simplemente no, por el sagrado Merlín. Era primera hora de la mañana, Harry debía estar solo o en compañía de alguna enfermera. En cambio, lo que lo recibió fue la imagen de su mejor amigo dormido al lado de otro hombre. Corrección, abrazado a otro hombre. Sintió su mandíbula aflojarse a medida que ese recuadro tan surreal seguía materializado frente a él. Cerró la puerta quizás con más brusquedad de la necesaria, porque cuando volvió su vista a la cama, uno de los ocupantes se había despertado.

-Hey.

-Harry –susurró, inseguro de si debería acercarse más o mantener la distancia. Quizás lo mejor sería actuar como si su amigo estuviera solo. O durmiendo junto a una almohada en tamaño real del jodido Malfoy.

-Gracias por volver.

-Uhmm –dio un par de pasos más, todavía dubitativo. Obvió el suave respirar del rubio y mantuvo la vista fija en el auror–. ¿Cómo te sientes?

-Pues… Todavía un poco rostizado –intentó bromear, empezando a acariciar distraídamente uno de los pálidos brazos que lo rodeaban. Por Godric, Rowena, Helga y hasta Salazar, NO–. Pero mucho mejor, creo. Como si en lugar de ser asado por un dragón, solo hubiera tenido un día sin bloqueador en la playa.

-Eso es bueno, ¿no?

-Supongo. A las nueve tengo revisión, espero que también me den el alta.

-Sobre eso… Mione y yo queremos que vengas a quedarte con nosotros –planteó, manteniendo los ojos en el rostro de su amigo. Por desgracia, él le dio una mirada anhelante a su compañero de cama antes de responder.

-Es muy amable de su parte, Ron. Pero…

-Sin peros, compañero. No puedes seguir mudándote de sillón a sillón. Además, el medimago fue claro: necesitas reposo. Sabes que siempre tendrás un lugar en nuestra casa.

-Eso no lo dudo –dijo con una sonrisa agridulce. Ron estaba consciente del porqué de la renuencia de su amigo a quedarse con ellos tras el divorcio. Después de todo, Ginny solía aparecer por ahí de vez en cuando, muchas veces sin avisar. Y aunque ambos habían afirmado que su matrimonio llegó a un final en buenos términos, también era cierto que no los habían visto hablar mucho desde entonces. No obstante, como Hermione había apuntado cuando les dieron la noticia, la separación de Harry y Ginny era un asunto que les concernía solo a ellos. Y no tomarían partido para acusar, defender ni intervenir de ninguna manera. Pero esto era diferente. Su mejor amigo estaba herido y necesitaba de su ayuda.

-Entonces está hecho.

-En realidad, no. Como decía, aprecio la oferta y se los agradezco. Pero ya tengo donde quedarme.

-¿El sillón de Seamus o el de Luna? –cuestionó con sarcasmo, ya sin sorprenderle lo necio que podía llegar a ser el moreno. Sin embargo, la mirada nerviosa que le dio al aún durmiente Slytherin le suscitó un mal presentimiento–. No hablas en serio –la falta de una negativa inmediata y el tinte casi infantil que Harry ponía cuando lo descubría in fraganti en algo, lo hizo sacudir la cabeza con desconcierto–. Amigo, no. Definitivamente no. ¿Acaso estás loco? No han tenido ni una cita real –recordó, dando énfasis a sus palabras–. Además, ¿qué hay de toda esa cantaleta de llevar las cosas despacio y lejos del ojo público? Mudarte con él es lo menos prudente para sostener eso.

-No seas ilógico, claro que no me mudaré con Draco –rechazó, aunque sin mucho entusiasmo–. Solo pasaré unos días con él, mientras me recupero y consigo un lugar propio.

-Sigue sonando imprudente y precipitado para mí –sentenció, guardándose el resto de sus impresiones cuando notó que el otro hombre frente a él empezaba a moverse. Harry también dejó de prestarle atención, ladeando el rostro para ofrecerle una sonrisa estúpida al rubio.

-Buenos días, Dray –de acuerdo. Alguien iba a morir en esa sala y no sería precisamente el chico de los vendajes.

-¿Me estabas hablando? –Ron, que presta y sabiamente había apartado la mirada, volvió a enfocarlos al escucharlo. Porque lucía como Malfoy, pero no sonaba como Malfoy. Hablaba en un tono enronquecido y cercano que de alguna horripilante manera se le hizo familiar. Debía estar imaginando cosas.

-Eh, no. Hablaba con Ron –eso pareció despertar del todo al sujeto, que se tensó evidentemente y se alejó con cuidado de Harry, sentándose al borde de la cama y entonces sí le dirigió una mirada calculadora. El pelirrojo también hizo su parte, cruzándose de brazos y alzando el mentón.

-Creo haber escuchado a mi esposa decirte puntualmente que Harry necesitaba reposo. Oh, y el medimago también nos dijo que debían ser visitas rápidas.

-Ron, por favor. Yo le pedí que se quedara –esa información lo hizo parar de momento su concurso de miradas ceñudas con Malfoy. El moreno parecía súbitamente desamparado, con la mano todavía sosteniendo el dobladillo del cardigan oscuro del otro hombre, como si no quisiera dejarlo ir. O peor, como si contemplara jalarlo de vuelta a su lado.

-¡Harry!

-Aprovecharé que Weasley está aquí para salir, como la enfermera indicó. Tengo que ir a casa a solucionar unos asuntos, pero puedo estar de regreso para cuando termine tu revisión –Malfoy se había volteado hacia su amigo, hablándole como si él no estuviera presente mientras le tocaba suavemente el rostro–. Si te han dado el alta para entonces, podemos irnos de una vez. Si aún quieres que sea de esa forma.

-Me parece bien –accedió con una media sonrisa que Ron hubiera preferido no ver–. Gracias por quedarte.

-Espero no haberte lastimado accidentalmente.

-Al contrario, fue maravilloso tenerte a mi lado toda la noche –el pelirrojo se aclaró la garganta ruidosamente. Si esos dos seguían de esa forma, él tendría que ser internado por una crisis nerviosa. O por un coma diabetico.

-Te veo luego entonces –se despidió, por fin.

-Estaré esperándote –Ron se interesó inmediatamente por la pulcra pared de la izquierda, empezando a contar hasta un millón. Aunque por el rabillo del ojo todavía alcanzó a reconocer el gesto del rubio inclinándose hacia Harry y el inconfundible sonido de… OCHO, NUEVE.

-Weasley –le lanzó una mirada airada cuando el tipo se detuvo a su lado, pero él había cambiado el ceño por una expresión más reservada. Casi civilizada.

-¿Qué? –Ladró.

-Cuídalo –la inusitada petición lo dejó pasmado por el tiempo suficiente para que el hombre le diera una última sonrisa a Harry, cerrara la puerta y llegase hasta el vestíbulo. Le gustaría haber articulado algo sarcástico como no se me había ocurrido, o algo a la defensiva al estilo de claro, es mi mejor amigo o llevo diecisiete años haciéndolo. No obstante, nada de eso acudió tan rápido a su mente, mucho menos llegó a salir de sus labios. Decir que estaba anonadado era el principio de todo lo que estaba pensando en ese momento. Por fin, una risita lo sacó de su estupor. Entonces fue su mejor amigo el receptor de una mirada malhumorada.

-Qué diablos, Harry.

-Lo siento, estabas haciendo esa cara de… –resopló, haciéndolo reír más.

-Todo esto es tan malditamente raro.

-Y te estás conteniendo para no decir más, ¿verdad? –adivinó, conservando esa irritante expresión divertida.

-Bueno, sigues convaleciente.

-Eres un buen amigo, Ron.

-Mhm. ¿Por visitarte en el hospital o por aguantar de forma casi estoica todo eso que acabo de ver y escuchar?

-Por ambos –concedió, riendo un poco más.

-Qué bien que tu sentido del humor no se haya visto afectado –señaló con desapego, finalmente acercándose y dándole un vistazo evaluativo. El rostro de su amigo ya había recuperado un tono más normal, y aunque conservaba los vendajes, sus movimientos ya eran más fluidos.

-¿Mione tenía audiencia temprano?

-Ajá. Me pidió que tomara este turno. Asumiendo que estarías en nuestra casa por la tarde.

-Pueden visitarme en el departamento de Draco, no creo que le moleste.

-No crees que… –sacudió la cabeza como por milésima vez esa mañana–. De acuerdo, le dije a Mione que no preguntaría, pero tengo que hacerlo. ¿Por qué él, Harry?

-Uhm, en realidad es una buena pregunta –admitió, jugueteando distraído con unas tiras del vendaje que se le habían soltado–. Porque se siente como Hogwarts.

-¿Qué? –soltó, totalmente perdido. Harry rió, con una mirada dubitativa como si recién estuviera terminando de entenderlo por su cuenta.

-Exactamente así, Ron. Como el primer día en Hogwarts, tan emocionante, tan magnífico y cautivante. Sintiéndote tan afortunado, aunque algo en tu corazón te dice que siempre estuviste destinado a estar ahí. Que perteneces ahí. ¿Crees que tiene sentido?

No respondió de inmediato. Sin siquiera darse cuenta de ello, un nudo se había formado en su garganta. Porque Ron sabía mejor que nadie lo que Hogwarts había significado para Harry. Era un sitio de esperanza, de alegría, donde tenía buena compañía y se sentía seguro. Había sido su hogar. Fue el primer lugar donde me sentí aceptado, donde me sentí bien de ser yo. Eso le había dicho cuando se graduaron, mientras sus ojos llorosos veían por última vez el castillo. Y ahora decía que había encontrado eso de nuevo… En Malfoy. Ron tragó saliva, clavando en él una mirada de comprensión. Harry seguía en vilo, como si temiera haber dicho algo incorrecto o muy íntimo.

-Tiene sentido –dijo finalmente–. Hogwarts no siempre fue perfecto –apuntó, aunque ambos sabían que no hablaba precisamente del castillo–. Pero sé lo feliz que fuiste ahí.

-Porque incluso cuando las cosas se pusieron difíciles, los tenía a ustedes.

-Y sigue siendo así, Harry –corroboró. Al diablo con la sensación de extrañeza y malestar. No se iba a interponer de ninguna forma con eso que su amigo decía haber encontrado. Incluso podía admitir que Malfoy había sido educado, pese al incómodo encuentro que acababan de tener y sus reclamos–. Solo recuérdame una cosa.

-¿Sí?

-Jamás volver a asistir a una reunión de reencuentro. Esas malditas cosas son peligrosas –el chico se echó a reír, aunque no tardó en acompañarlo.

Así era como le gustaba verlo, relajado y seguro en su propia piel. Esperaba que esta vez fuera algo más permanente. Harry se lo merecía.


Había sido un día agotador. Definitivamente demasiado trabajo para ser un viernes. Las manecillas del reloj habían ido despaciosas sobre cada número, haciéndolo sentir cada minuto del día entre juntas interminables -que podrían haber sido un memorándum-, contratos repetitivos y tediosos por leer, para terminar con la hora del té. Era una iniciativa de Blaise, que juraba que la convivencia en un espacio no ejecutivo ayudaba a estrechar lazos y mejorar el trabajo en equipo. Llevaba una hora ahí, tres tazas de té y sus lazos seguían igual de estrechos. Terminó una trivial conversación con uno de los pasantes inmobiliarios y se fue a sentar a una esquina. Aunque su pequeño oasis de soledad no duró mucho.

-Creí haber especificado que esta actividad estaba destinada a fraternizar con los demás.

-¿Ya probaste los alfajores de café? –cuestionó a su vez, señalando el plato frente a él–. Están deliciosos.

-¿Me estás mandando a callar con un alfajor? –tradujo, riéndose y tomando asiento a su lado, aunque Draco en ningún momento había dado indicios de querer eso. Lo miró ceñudo, únicamente consiguiendo que Blaise ampliara su sonrisa–. Qué humor, hombre. Cualquiera pensaría que tendrías que estar de buenas estos días.

-Zabini –advirtió en un siseo. Todavía había personas pasando a su lado, por lo que no podía arriesgarse a que el chico dejara caer nombres imprudentemente.

-Oh, ya lo recuerdo. Se muda mañana, ¿no? –fingió una expresión de simpatía, tomando un alfajor y dándole un mordisco mientras seguía mirándolo insistente.

-No voy a hablar de eso. No contigo, no aquí.

-Uhmm –al menos tuvo la decencia de no hablar con la boca llena. Aunque claro, eso no podía durar demasiado–. Solo trato de apoyarte, sabes.

-Porque te conviene –el italiano sonrió, dándole la razón. Cuando se enteró de la alianza entre su amigo y cierta pelirroja recién divorciada, simplemente no podía creerlo. Primero, porque ella había sido su amor platónico desde el colegio y el maldito al fin lo había conseguido. Y segundo, porque no fue precisamente Zabini quien se lo confesó.

-Para tu buena suerte, no me ofendo tan fácil –indicó con un aire muy digno–. Solo pensaba que has tenido un largo día, estás ahí solo y miserable… Quizás necesites un poco de buena compañía.

-Te tienes en alta estima, ¿no? –señaló en tono aburrido. No pretendía ser grosero, pero todavía se sentía un poco rencoroso con él. Después de todo, Draco lo había puesto al corriente de su situación con Harry.

-Desde siempre, obviamente. Pero no me refería a mí –Draco alzó una ceja, intrigado–. Mira a tu alrededor, la están pasando bien. Pero puedo adivinar por qué tú no, así que me haré cargo de los agradecimientos y las despedidas. Vete a casa.

-¿Hablas en serio? –la pregunta salió despacio, sin querer hacer tan evidente su alivio y disposición a largarse de inmediato.

-Claro. Tal vez así dejas de verme como si hubiera descubierto la fuente de la eterna juventud y hubiese olvidado darte la dirección.

-No dudo que lo harías.

-Me lastimas, Draco.

-¿Tienes sentimientos que lastimar? –El hombre se echó a reír, limpiándose las manos en una servilleta de tela y usándola para despedirlo.

-Ya, ya. Deja esto en mis manos y lleva las tuyas a… casa –finalizó con una sonrisa burlona, por lo que bufó antes de brindarle una rápida despedida:

-Jódete, Blaise.

Estaba agradecido, por supuesto. Había sido un día ambivalente, que se había sentido muy largo y corto a la vez. Porque en medio de su irritante parloteo, su amigo había tenido razón. Después de casi una semana de haberlo recibido bajo su techo tras el incidente en su última misión, Harry se iría el día siguiente. Se lo había comentado la noche anterior, después de una confortable cena de comida rápida. Y aunque Draco estaba consciente de que era lo mejor y no significaba que dejarían de verse, también se había sentido… decaído. Y era una tontería, porque la semana previa había estado de lo más cómodo y feliz viviendo por su cuenta. Sin embargo, todo se puso de cabeza en cuanto Harry cruzó su puerta. Primero, porque al estar convaleciente recibía múltiples visitas, desde una importante afluencia de pelirrojos preocupados y un tanto precavidos, hasta personajes más tolerables como Granger y Longbottom. Incluso Luna había pasado a cenar con ellos hacía dos noches. En conclusión, su mundo había sido revolucionado. Había pasado de llegar a cenar solo a un departamento a oscuras, a llegar a un lugar iluminado, con visitantes no agendados y comida a montones (eso último era consecuencia de las constantes visitas de la matriarca Weasley). No renegaba de ese aspecto, era bueno no tener que ir preocupado por lo que comería esa noche. Pero también resultaba cansino, en especial después de un día tan ajetreado.

Se desanudó la corbata en el elevador, suspirando mientras se peinaba un poco con las manos. Tal como en su hora del té, no tenía muchas ganas de convivir. Por eso se recordó que lo hacía por Harry. Esa gente era como su familia, y él todavía terminaba de recuperarse de las quemaduras. Cuando el elevador se detuvo en su piso, le sorprendió la oscuridad que lo recibió. ¿Harry se había dormido esperándolo? Le había dicho esa mañana que llegaría un poco más tarde, pero apenas había excedido unos cuarenta minutos a su hora habitual. Tal vez había estado demasiado cansado. O quizás… Lo único que detuvo su siguiente pensamiento, fue que se alcanzaba a escuchar una tenue música, a la vez que una mezcla de olores llegaban a él desde la cocina. Draco se deshizo de su abrigo, dejando el portafolio en el sillón y dirigiéndose presto hacia ahí.

Incluso en la cocina la iluminación era baja, aunque igual tuvo que parpadear, pues lo deslumbró después de la oscuridad predominante del resto del apartamento. Entonces tuvo que seguir parpadeando, embebiéndose de lo que había frente a él. Harry tarareaba, mientras terminaba de servir los platillos que lo habían llevado casi flotando hasta ahí. Había prescindido de los pantalones de chándal, por lo que vestía un atuendo más formal, sin perder el toque desgarbado que lo caracterizaba. Había velas y flores en la mesa. Y una botella de vino estaba lista para ser descorchada junto con dos copas.

-Buenas noches, Dray.

-Eh… Buenas noches –Harry se giró ante su voz ahogada, mostrándole una amplia sonrisa y una encantadora mirada.

-Espero que no te hayas llenado con bocadillos, porque la comida está lista –indicó, y posiblemente ante su falta de reacción, caminó hacia él y lo tomó de la mano.

-Tú… –murmuró, indeciso sobre qué preguntar primero. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿En qué momento…?

-Bueno, todavía te debía una cita. Y pensé que también sería apropiado agradecerte por tu hospitalidad y tus cuidados –había un aire de resolución en él, luciendo satisfecho de tenerlo en ese estado casi catatónico.

-Harry… –Volvió a intentar, pero siguió sin ser capaz de ordenar sus pensamientos. Estaba agradecido, claro. Pero también demasiado sorprendido y muy conmovido. Jamás había tenido una cena a la luz de las velas, con uno de sus álbumes favoritos de fondo y… ¿eso en los platos era salmón en croûte y ensalada nicoise? La risa suave del moreno lo regresó a la realidad, aunque volvió a quedarse sin aliento cuando el chico le robó un beso.

-Vamos, no dejemos que la comida se enfríe –indicó, llevándolo de la mano hasta la mesa y ayudándolo a sentarse como el perfecto caballero gryffindoriano que era. Fue hasta ese instante que comprendió que no había dicho nada coherente y se lamió los labios antes de resarcir su lacónica reacción.

-Lo siento, ha sido un largo día y me tomaste por sorpresa.

-Bueno, era la intención –coincidió, mientras se daba a la tarea de descorchar el vino–. Aunque creo que funcionó mejor de lo que esperaba.

-No tenías que hacerlo.

-No, pero quería –reveló con tranquilidad, dejando respirar el vino unos momentos mientras le servía su porción de comida–. Has sido muy paciente y considerado estos días, Draco. Todas las visitas, el desorden y eso… No te has quejado ni una sola vez.

-Es bueno ver que tienes muchas personas que se preocupan por ti –dijo de corazón, porque si algo había suscitado todo ese ajetreo, había sido admiración y una pizca de envidia. No estaba seguro de que él recibiría la misma cantidad de atención y cuidados si hubiera estado en su lugar.

-Eso es cierto –Draco sonrió, tomando la copa que le ofrecía y oliendo el vino, tenía tonos dulces y amaderados.

-Buena elección.

-Tuve algo de ayuda. Para toda la cena, en realidad.

-¿Se puede saber de quienes? -cuestionó tras un momento, pues lo que había probado de la comida era delicioso. Uno de sus platillos franceses favoritos.

-Eh, pues… Fleur me ayudó con la cena, Molly con el postre, Pansy me recomendó la música y Blaise el vino –no le sorprendieron en nada los primeros nombres, pero los últimos sí lo hicieron detener el tenedor a medio camino de su boca.

-¿Pansy y Blaise? –quiso corroborar, lo que acentuó la sonrisa satisfecha de su acompañante.

-Así es. Pansy pasó a saludar hace unos días. Y pude hablar con Blaise mientras arreglábamos mi situación de vivienda –Draco movió la cabeza de lado a lado, sorprendido por la participación de sus amigos en todo eso.

-¿Me estás diciendo que Blaise es tu agente inmobiliario… y que la entrometida de Pansy vino a visitarte mientras yo no estaba?

-Sí, Blaise fue muy eficiente al encontrarme donde vivir en poco tiempo. Y con la condición especial que le puse. Y Pansy fue muy amable, me dijo que tenía un rato libre y que quizás yo querría compañía –amable la mordida de una acromántula. Su amiga no había hecho más que ir a evaluar a Harry y su situación en general. Pero se abstuvo de remarcar eso, centrándose en lo que había dicho sobre el italiano.

-¿Y qué condición pusiste?

-Uhmm. ¿Quieres un poco más de ensalada?

-Así estoy bien –denegó, manteniendo una ceja sutilmente arqueada.

-Tienes razón, debemos dejar sitio para el postre.

-Ajá.

-¿Y cómo estuvo tu día? –sonrió de lado ante el nada sutil cambio de tema, pero le siguió la corriente, procediendo a relatar un poco sobre sus reuniones y también a quejarse sobre las tareas más monótonas realizadas en sus horas laborales. Harry era bueno escuchando, sin distraerse durante la charla y mostrando interés hasta por los datos más triviales de su relato. De pronto ya ni siquiera le parecía importante lo que le había importunado durante el día, pues había cenado algo delicioso, con un vino aromático y compañía de lo más agradable. Y el postre… Todavía no sentía confianza con ninguno de los Weasley, pero llegaría el día en que le pediría la receta de ese tiramisú a la matriarca de la familia. Vamos, que incluso había repetido.

Sintió un cambio muy notorio a los días anteriores. Si bien Harry había tenido visitantes de sobra para atenderlo, cuando se quedaban solos era él quien se hacía cargo, administrándole las pociones con precisión, preparando o comprando comida, así como yéndose a la cama hasta que el otro chico ya estaba dormido. En esa noche había sido todo lo contrario. Desde que lo recibiera con la comida lista, hasta cuando le ofreció un masaje en los hombros porque había sido un largo día y él se lo merecía. Podía percibir cómo cada gramo de agotamiento y estrés remitía, escurriéndose entre los fuertes dedos que lo trataban con delicadeza exquisita.

-He estado pensando en algo, Draco.

-Dime –pidió entre un suspiro, acomodándose mejor mientras el chico tocaba los puntos correctos en su cuello.

-Esa noche no bailamos juntos.

-¿Y quieres remediarlo? –adivinó con una suave sonrisa, percibiendo solo un ligero titubeo en las manos del moreno.

-Sería increíble. Aunque sabes que tendríamos que escoger bien el lugar. O tal vez ir junto a algunos…

-¿Y por qué esperar? –interrumpió, atrapando una de sus manos y entrelazando los dedos–. Estamos juntos. Y todavía quedan algunas canciones en ese vinilo.

-Draco –replicó en voz suave. El rubio se levantó con un grácil movimiento, sin perder el agarre en la mano del Gryffindor.

-¿Bailas conmigo? –Harry asintió, sus ojos oscurecidos por la tenue iluminación de la sala, pero a la vez muy expresivos y cercanos.

-Pero, ¿cómo…? –la pregunta lo tomó desprevenido por dos segundos, hasta que reparó en el tenue rubor del chico. Es su primera vez bailando con otro hombre. La revelación era casi obvia, pero lo colmó de ternura. Si bien Harry se había mostrado osado y muy entregado en los besos que habían compartido, no podía pasar por alto ese detalle. Contrario a sus mejores amigos, sabía que solo había estado con Ginevra desde los dieciséis. En apariencia y madurez era todo un hombre. Pero en acercamientos íntimos con alguien de su mismo género… Todavía tenía mucho que aprender. Por eso sonrió confiado, atrapando su otra mano y besando ambas antes de empezar a instruir:

-Tus manos en mi cuello, porque soy más alto –explicó, sin el menor matiz de burla en su voz. El hombre obedeció, rodeándolo tentativamente. Draco ensanchó su sonrisa, llevando las suyas a la cintura de su pareja de baile–. Y las mías van aquí –añadió, mordiéndose el labio antes de empujarlo contra su cuerpo. Harry rió suave, en lo que le pareció una deliciosa combinación de vergüenza y deleite.

Era muchísimo mejor que si hubieran estado en un salón rodeados de personas. Porque en la oscuridad de su sala de estar no tenían que pretender ni guardarse nada, podían disfrutar de ese suave vaivén, de la música y los susurros que bastaban para escuchar al otro. Aunque extrañamente, la primera pieza pasó casi sin ser interrumpida, permitiendo que ambos pudieran sentirse, disfrutando del calor proveniente del cuerpo frente a ellos. Harry podía ser más bajo, pero su pecho y su abdomen se sentían firmes, lo que podía esperarse de un auror. Se preguntó ociosamente cómo sería para él. Qué estaría sintiendo en su cercanía, si también percibía todos sus sentidos tan despiertos y embotados a la vez. Le hubiera gustado preguntarlo, pero todos sus pensamientos fueron desconectados por unos suaves labios que sabían a chocolate, café y algo aún más reconfortante. No era capaz de rememorar la última vez que tuvo algo así -si es que alguna vez había sucedido-, en que un solo beso lo estremecía, como si jamás hubiera besado antes, como si un solo beso pudiera salvar su alma, como si llevara toda su vida esperando por eso.

-Simplemente no consigues alejarte del peligro, ¿eh? –murmuró cuando el hombre se alejó y, aparentemente apenado, escondió el rostro en el hueco de su cuello.

-¿Uhm? Solo estoy bailando contigo –recalcó, aunque algo en la gravedad de su voz indicaba que era mucho más que eso–. No a punto de ser atacado por un dragón… ¿O sí? –agregó lo último tras dos segundos de silencio, soltando una bocanada de aire caliente contra su cuello.

-Todavía no –admitió, muy consciente del tono en que había hablado. Harry movió los dedos con nerviosismo, acariciándole la nuca y peinando un poco sus cabellos.

-Draco…

-Dime –animó, dibujando círculos en la espalda del chico. Harry suspiró, volviendo a hacerlo temblar por la cercanía de ese gesto.

-No quiero alejarme de ti.

-No tienes que hacerlo –ni quiero que lo hagas. Remarcó su respuesta estrechándolo más cerca, aunque no cabía ni un hechizo entre ambos. Harry rió contra su pecho, sin reprocharle ni un poco su proceder.

-Hablaba en un sentido más… espacial –eso definitivamente le llamó la atención, alejándose medio paso y buscando los irises verdes en la oscuridad–. Por eso se me ocurrió… Que sería un tanto más sencillo para Toffee y para nosotros si fuéramos, no lo sé… vecinos –esbozó una tímida sonrisa, como si fuera a tener que enfrentarse a la más mínima objeción de su parte. Draco sentía la mente y la boca desconfigurados, sin poder ofrecer ni una respuesta de inmediato. Estaba demasiado sorprendido, emocionado… feliz–. Estaré en el piso 21 –continuó Harry, mordisqueándose el labio con un aire de ansiedad. Debió ser la forma en que una sonrisa asombrada y complacida se apoderó de su rostro lo que le dio la seguridad para finalizar con:- T480. Con esa clave podrás llegar a mí cuando quieras.

-¿Cuando quiera? –repitió en un susurro, rozando sus labios casi con devoción.

-Sí. En especial si es para decirme que vas a grabar y necesitas público de prueba –Draco rió ante el optimismo del chico, yendo por un casto beso antes de responder a su sugerencia.

-Mmm temo que eso no pasará pronto. Pero quién sabe, podría necesitar otras cosas de ti. Tal vez una taza de té, un poco de azúcar o un masaje –Harry respondió con una sonrisa aliviada, como si en algún punto realmente hubiera pensado que Draco no estaría encantado con la idea de tenerlo tan cerca.

-O si solo quieres compañía para la cena –aportó, encogiéndose de hombros como si no le estuviera ofreciendo algo sublimemente valioso.

-También podría necesitar una pareja de baile –comentó de pasada, alzando una ceja.

-¿Ves? Será realmente ventajoso –Draco rió, inmerso en ese intercambio coqueto y gracioso.

-Eso creo. No me sentiré culpable de retenerte hasta tarde.

-Aunque el elevador también puede ser peligroso, en ese caso sería mejor que me quedara contigo. Ya sabes que ahora me tomo muy en serio mi seguridad.

-Eres un cínico –catalogó entre risas, pero sin poder enojarse realmente con él.

-Uhm, algo me dice que eso te agrada.

-Me encanta –corrigió, sin temor a sonar cursi o fuera de lugar–. Gracias por esta maravillosa noche, Harry.

-No sé qué opines, pero ahora esta tiene el primer puesto en mi lista.

-Podría estar de acuerdo con eso.

-Aunque será así hasta nuestra siguiente cita.

-¿Te confieso algo? –cuestionó, ambos deteniéndose cuando la última canción del vinilo terminó de sonar.

-Dime.

-Esa mañana en la playa… Estaba convencido de que te irías. Pensarías mejor las cosas y te darías cuenta de que estabas más seguro con lo que tenías. Pero reafirmaste tus palabras de la noche anterior y lo has seguido haciendo. Y todo se siente tan irreal y abrumante, pero también tan genuino y esperanzador que… Creo que estoy siendo como tú y solo dejándome caer en todo esto –admitió, sabiendo que la mezcla del vino y la cercanía del chico lo estaban animando a decir todo eso, que hubiera sido impronunciable bajo otras circunstancias. Pero confiaba en Harry. Despacio, una arrasadora sonrisa se perfiló en los labios del chico, dotando su mirada de un brillo cegador e hipnotizante a la vez.

-No eres el único, Draco. Y la verdad es que no sé hasta dónde nos llevará todo esto… Solo sé que estoy feliz de haber sobrevivido para poder vivir en tus brazos.

-Esa es una declaratoria muy importante –advirtió, aunque por la forma en que Harry seguía contemplándolo, supo que no se arrepentía ni de una sola sílaba.

-Lo sé –afirmó sencillamente, antes de volver a atraparlo en un beso arrasador, que ordenaba y ponía de cabeza su mundo. No podía predecir si estar con Harry siempre le traería esa dualidad, pero estaba seguro de querer correr ese riesgo.

Sobrevivir para vivir en sus brazos.

En realidad eso aplicaba para ambos. Para los enemigos jurados que habían pasado años separados, solo para encontrarse en la noche indicada. Si fuera un romántico empedernido, diría que eso parecía tejido por los hilos del destino, jalando de ambos hasta que los puso en el lugar indicado, cuando sus bordes estaban listos para encajar juntos. Pero Draco no era así. Por eso dejó de pensar en coincidencias y razones, perdiéndose únicamente en el sentimiento acogedor y espléndido que lo embargaba al estar con Harry. Y al que no pensaba renunciar en muchísimo tiempo.


Notas finales: después de escribir tres capítulos para algo que pretendía ser un OS debió ser momento para detenerme, ¿no? Pues no. Y por eso tendremos 3 partes más que son como el epílogo y el epílogo del epílogo. Ya, ni yo lo entiendo bien pero creo que les gustará. Nos leemos la semana que viene.

Allyselle.