Disclaimer: Draco, Harry y compañía son propiedad de su creadora y asociados. Lo mío es ponerlos a enamorarse una y otra vez porque amo, adoro y vivo para el fluff, carajo.
Advertencias: harco, mpreg.
Notas de la autora: muchas gracias por acompañarme una semana más, que disfruten del capítulo.
Epílogo II. 700 días después.
Parte I. La tragedia de un rey del drama.
Blaise amaba su vida. O al menos lo había hecho hasta hacía dieciséis horas. ¿Qué había pasado para que él, un atractivo y exitoso hombre en sus treintas (que parecía seguir en sus veintes) ahora estuviera irritado, desvelado y a punto de llamar a la actual jefa del departamento de legislación mágica?
Sencillo, el maldito rey del drama que tenía por mejor amigo. Draco Lucius Malfoy-Potter.
Todo empezó en la tarde de un jueves, mientras se tomaba un café en la que sería la última hora tranquila de su semana. Porque fue en ese preciso instante que una lechuza parda apareció y le entregó la infame nota.
Hola, pastelito. Sé que planeabas tomarte unos días libres, y realmente no te estaría escribiendo si no fuera una emergencia.
Bajó la taza tras leer esas líneas, pues había reconocido la caligrafía desde el primer trazo.
No puedo explicar mucho por este medio. Seré breve en un par de puntos: Draco la está pasando mal en este momento. He hecho lo mejor que he podido para ayudarlo, pero ha sido imposible. Y aunque con gusto seguiría acompañándolo, tengo compromisos en mi agenda que son inamovibles. A final de cuentas, alguien tiene que portarse como adulto aquí. Como sea. No quiero dejarlo solo. ¿Podrías venir a quedarte con él esta noche? Solo te recomiendo tres cosas: no menciones a Harry, no preguntes por su cabello y no te interpongas entre él y la alacena. Ah, y como dato extra, Draco ha estado durmiendo de forma intermitente. Si consigues que duerma más de tres horas seguidas, considérate afortunado. Sé que suena complicado y nada agradable, pero es nuestro amigo. Espero que puedas ayudarnos.
Pansy.
P. D. Aparécete a unas cuadras y llega caminando, Draco tiene bloqueada la red flú.
Tampoco se podía decir que lo habían engañado. Aunque sin explicar los motivos tras la crisis de su amigo, Pansy había hecho obvio que no lo estaba invitando a llevar a cabo una tarea sencilla. Y pese a que le hubiera gustado negarse, no podía hacerlo. Habían sido amigos por más de veinte años. Por eso se movilizó con presteza, llevándose lo necesario para pasar la noche en la casa de su amigo. Por lo que entendía de la nota, algo había sucedido con Harry. ¿Estaría en el hospital? No, Draco no se habría separado de su lado si fuera el caso. ¿Estaba en alguna misión peligrosa? Eso ya era más probable, aunque extraño. Se suponía que se había jubilado de las misiones de campo. Pero si por algún motivo tuvo que acudir a una y llevaba días sin comunicación, eso podría alterar mucho al rubio. Había pasado al menos una vez en los últimos años. Se armó de paciencia y comprensión. Hizo su camino hacia la residencia Malfoy-Potter. Y se quedó desconcertado nada más la puerta se abrió.
-¿Blaise?
-Eh, sí –tartamudeó, luchando por concentrarse en el rostro de su amigo y no en su cabello. Pansy no había exagerado en su nota. Era como si hubiera ingerido un galón de poción estática. O como si estuviera a medio camino de convertirse en un puercoespín. O quizás había rentado su otrora perfecta melena para fungir como nido de unos muy hiperactivos duendecillos. Como fuera, lo siguió por el recibidor, aceptando la silenciosa invitación de Draco–. ¿Cómo estás?
La mujer debió incluir una recomendación sobre eso también, porque el rubio le lanzó una mirada irritada que solo podía ser el preludio a un sarcástico ataque verbal.
-En la mejor racha de mi vida. Seguramente por eso Pansy te envió, ¿no? Para que descorchemos juntos un champagne y brindemos por nuestra suerte –no le parecía tan mala idea, aunque sabía muy bien que solo era su amigo descargando la frustración que lo acompañaba–. Mejor dime, ¿trajiste algo de comer?
-Er, no. Pensé que podríamos preparar algo… O quizás pedir un domicilio –efectuó la propuesta con cuidado, pero Draco asintió pensativo y le señaló un bloc de notas.
-Será mejor que lo enviemos pronto, el restaurante que me gusta suele estar muy ocupado. Pide una orden grande de arroz frito con camarones, el combo de 12 rollos primavera, una ración mediana de lomo con vegetales y un brownie familiar. –De alguna forma consiguió anotar todo eso sin perderse mucho, aunque empezaba a cuestionarse si es que Harry llegaría pronto cuando el rubio añadió:- Más lo que tu quieras, claro.
-¡¿Todo eso es para ti?! –Oh, ahí estaba. La segunda mirada petrificante de la noche.
Blaise envió la orden poco después, añadiendo al pedido tamaño batallón un plato más proporcional para un adulto de su talla.
-¿No has ido a trabajar estos días? –cuestionó, percatandose del correo apilado en la mesa cercana a la chimenea, la mayoría eran memorándums de Malfoy Corp.
-No he estado de ánimos para eso.
-De acuerdo… Escucha, Pansy me dio una serie de consejos, pero no creo poder seguirlos. ¿Qué está pasando? ¿Dónde está Harry? –aguardó por la tercera mirada envenenada, quizás sazonada con un hechizo. No obstante, Draco se quedó en blanco antes de dejarse caer en el sillón. La expresión de desamparo y angustia que apareció en el semblante de su amigo lo hizo acudir a él, dándole unas palmadas en la espalda para contenerlo y animarlo a hablar.
-Yo… No sé. Creo que… Nos estamos separando.
El silencio que siguió a esa declaración podría cortar la piel de un Erumpent. Eso ni siquiera había cruzado su mente, con justa razón. La boda del siglo se había celebrado hacía poco más de un año, y si incluso los que solo vieron las fotografías quedaron pasmados por el aire tan malditamente enamorado y dichoso de los novios, eso fue más notorio para quienes (como él en su posición de padrino) contemplaron en primera fila el evento. Los votos (tan melosos y cercanos que casi no creía que provenían de la boca de su amigo), el primer baile, la forma en que repetidamente se les podía encontrar besuqueandose en una esquina. Cualquiera podía cuestionar la elección de la vajilla, de la decoración o la comida, pero era innegable el amor que se profesaban esos dos.
-Pero, ¿qué sucedió? –insistió. Había cenado con ellos hacía cuestión de dos meses, y todo parecía seguir tal como el día de la boda. ¿Qué podía haber pasado en esas semanas para llevarlos a un desenlace tan abrupto?
-No lo sé –replicó, sonando tan desesperado y perdido como se miraba–. Esta última semana fue un caos completo. O el último mes, ya ni siquiera lo recuerdo. No coincidimos en nada, Harry no quiere estar conmigo y cuando lo hace, solo… Se mete en mis nervios, no lo sé. Es como estar en Hogwarts de nuevo, Blaise –lloriqueó, pasando una mano por su cabello y encrespándolo más–. Está detrás de mí todo el tiempo y es tan asfixiante. Se lo dije y me llamó paranoico. Me dijo que soy yo quien se la pasa escapando, que no lo dejo ni darme un beso. ¡Pero es mentira! Yo lo amo, pero es que… No lo soporto –frunció el ceño, clavando en él su mirada gris, como si él mismo no pudiera creer que acabara de decir eso–. Lo peor fue el domingo… Nunca. Nunca en siete años de relación habíamos discutido así –dio una inhalación temblorosa, apretando los labios–. Dijimos cosas horribles. Yo las dije al menos… Pero es que empezó a quejarse de lo poco o mucho que duermo. De que me salto comidas y luego ataco la alacena a medianoche. Entonces le reclamé por fijarse más en lo negativo en lugar de preguntar qué me pasa. Se hizo el desentendido porque claro, él nunca se equivoca… De pronto le estaba pidiendo que se fuera… ¡Y lo hizo! Se fue Blaise, y no ha vuelto en cuatro malditos días –exclamó afligido, cubriéndose el rostro con ambas manos y ahora sí sollozando abiertamente.
-¿Y has intentado contactarlo? ¿Qué tal si algo le pasó?
-Debe estar bien, o me habrían llamado de San Mungo.
-Tienes la red flú desconectada –recordó. Draco resopló, recomponiendo un poco su expresión.
-Y eso qué, existen las lechuzas.
-También tienes un montón de correspondencia sin abrir –añadió. El rubio negó, limpiándose la cara con la manga de la camisa que portaba… Que era demasiado grande para él y de color granate. Sabiamente evitó mencionar algo al respecto.
-Nada es de él.
-¿No has ido a trabajar toda la semana?
-Solo el lunes. Lo intenté el martes, pero… Me sentía sofocado todo el tiempo, no podía concentrarme en nada. Y empezaba a preocuparme demasiado por ese idiota.
-¿Y no te parece que es algo que podría solucionarse si tan solo sostuvieran una conversación honesta y serena sobre eso? –jó, lo que se reiría su yo de hace diez años si lo escuchara dando ese consejo.
-No. Ya no pienso ceder. Si esto debe arreglarse, será porque él vuelva a mis pies –sentenció.
-Estás siendo muy orgulloso –arrugó la nariz, porque no lo escuchaba decir algo así desde sus días de colegio.
-Es lo que soy, según él. Un maldito orgulloso que solo piensa en sí mismo.
-¿Eso dijo?
-En otras palabras –Blaise no estaba seguro de si le convenía indagar más al respecto, pero entonces llegó la comida.
Tan imposible como la orden que había hecho, Draco se comió casi todo lo pedido, solo dejando de lado los rollitos primavera que aparentemente estaban muy primaverales. Lo que sea que eso significaba. Sin embargo, su humor pareció mejorar después de semejante banquete, aunque se negó a volver a hablar sobre su esposo. Blaise lo dejó pasar, por lo que se distrajeron escuchando un partido de quidditch y se despidieron a las once. Pansy debía haber exagerado con lo de las horas de sueño del rubio, porque durante el tiempo que dedicó a clasificar el correo -pues le parecía apropiado al menos dar un vistazo a los memorándums al día siguiente- Draco no volvió a salir de su habitación. Con suerte sería una noche tranquila, podrían desayunar juntos por la mañana y podría volver a dejarlo a cargo de Pansy.
No tuvo suerte y Pansy no había exagerado.
La primera interrupción llegó a medianoche, cuando una suave tonada lo despertó. Se levantó solo para encontrar al rubio en la cocina, escuchando canciones de desamor mientras se comía los rollitos primavera (que al parecer habían dejado de ser tan primaverales). Blaise fue por un vaso de agua fría, sin mencionar nada al respecto para respetar al menos dos de las tres reglas de Pansy. Para su mala suerte, Draco tenía ganas de hablar. Según relató, había estado teniendo sueños raros sobre su abuelo, los pavos reales que tuvo en la infancia y su yo hurón. Hubiera sido entretenido en otro momento, no cuando se le cerraban los ojos y anhelaba retomar el sueño.
La segunda interrupción ocurrió a las dos de la mañana, cuando el sonido de cosas siendo arrojadas lo despertó. Acudió corriendo al cuarto principal de la casa, solo para encontrar a su amigo con expresión desconcertada, mientras el resto de la habitación estaba desordenada, con las cosas de Harry esparcidas por todos lados.
-¿Esta te parece una buena hora para desquitarte con sus pertenencias? –cuestionó en medio de un bostezo.
-¡No fui yo!
-¿No? Fue Peeves entonces –apuntó con sorna, empezando a mover objetos varios con su varita para poner algo de orden en la habitación.
-Estaba soñando con él… Y luego me despertó el ruido de zapatos y cajas volando.
-¿Magia accidental, eso quieres decir?
-Supongo –masculló, aunque también dio un sonoro bostezo. Blaise decidió aprovechar eso.
-Bueno, dejaremos así para mientras. Duerme y nos encargamos del resto en la mañana.
-Gracias.
La tercera interrupción sucedió faltando un cuarto para las cuatro de la mañana. Entonces fue directamente Draco quien lo despertó, tocando frenético a su puerta.
-¿Qué pasa?
-No me siento bien, Blaise –jadeó, con los ojos acuosos y sujetándose firmemente las costillas.
-Te dije que habías comido demasiado. Eso era suficiente para alimentar a una familia de ocho, pero tú no…
-No es eso, siento como pinchazos…
-Se llama indigestión –Draco negó, una mueca de sufrimiento acentuaba la palidez en su rostro.
-No, es peor… La única vez que he sentido algo así… Harry. Algo le pasó a Harry –sollozó. Blaise, que lo había conducido hasta la cama de invitados, sintió que empezaría a sudar de pura ansiedad. Y cansancio.
-De acuerdo, tendremos que buscarlo. Pero no creo que pueda ser ahora mismo, porque… –con la rapidez de una bludger, Draco se incorporó y corrió hacia el lavabo más cercano–. Y le dije que era indigestión –masculló para sí mismo.
¿Lo más injusto de todo? Es que después de estallar como volcán apestoso y sobrealimentado, Draco se durmió pacíficamente por dos horas. Mientras que él ya no pudo volver a conciliar el sueño. En su lugar, se preparó un café bien cargado y se dispuso a contestar los memorándums de la compañía. Cuando el rubio apareció a eso de las siete de la mañana, luciendo recién bañado y comunicando sus intenciones de pedir un domicilio de fiesta francesa, Blaise se opuso terminantemente. Comería fruta, avena y jugo de naranja. Nada de excesos ni mezclas extrañas. Draco no estaba entusiasmado, pero tampoco se encaprichó al respecto. Platicaron un poco sobre los cotilleos del momento y compartieron pronósticos sobre el partido de quidditch de ese día. Blaise sabía que tendría que hacerlo prometer que volvería al trabajo la semana siguiente, pero se dijo que al menos le daría otro día de descanso.
-Por cierto, ¿qué pasa con tu cabello? –cuestionó tras terminar su segunda taza de café, rompiendo la última regla que había dejado intacta. Mientras estaba húmedo, el cabello rubio de su amigo había parecido lacio y en su lugar. Pero a medida que se secaba, volvía a ondularse de las puntas, adoptando una silueta sospechosamente familiar.
-No lo sé –admitió, tratando en vano de peinarlo un poco–. Lleva algún tiempo así, pero estos días ha empeorado.
-Podrías aplicar una poción humectante.
-Creo que tengo materiales para eso –comentó distraídamente, jugueteando con el anillo en su dedo. Lo sigue llevando. Esa era otra conversación que debían mantener, pero en vista de que estaba más tranquilo y cooperativo, lo dejaría esperar un poco más–. ¿La preparamos?
-Uh, nunca fui tan bueno en pociones, Draco. Y la última vez que hice una fue hace unos seis años. Lo que me recuerda que tengo que surtir mis pociones para el resfriado –Draco sonrió de lado, aunque volvía a parecer un poco abatido.
-Lo de la madrugada… Me ha pasado otras veces. Explosiones accidentales, hechizos que no salen del todo bien.
-Quizás has estado muy estresado, demasiadas cosas en tu mente.
-Puede ser –dudó un momento, suspirando antes de mirarlo directamente–. O la maldición de los sangre pura.
-Esa es una estúpida superstición –rebatió, pero su amigo meneó la cabeza. Como jóvenes de familias de vasta tradición, habían sido educados para respetar los ideales de la pureza de la sangre y las castas ancestrales. Sin embargo, en medio de todos los libros de magia oscura y antigua que tenían a su disposición, una vez encontraron referencia a eso. La maldición de los sangre pura. En pocas palabras, tras generaciones conservando la pureza de la sangre, llegaría un último heredero. Alguien cuya magia lo obligaría a unirse a un traidor a la sangre, o perecer manteniendo su pureza.
-¿Y si no lo es?
-Si no lo es, igual no tendrías nada de qué preocuparte. Te recuerdo que tu esposo es un mestizo.
-Pero no hemos procreado –Blaise arrugó la nariz, evitando a toda costa la imagen que esa última palabra evocaba.
-Están a tiempo, si es lo que quieres.
-Lo intentamos, pero no funcionó –el moreno, que había estado viendo por la ventana distraídamente, giró su cabeza despacio.
-¿Cómo dices? –Draco apretó los labios, pero siguió hablando.
-Fue hace meses. Para nuestro aniversario, en realidad… Pensamos que estábamos listos, que no había razón para seguir esperando –sacudió la cabeza, el indicio de lágrimas formándose en sus ojos–. Nada pasó. Y quizás fue lo mejor. Míranos ahora… Discutiendo día y noche, hartos de estar juntos. Con razón la poción no tuvo efecto.
-Draco, ¿te hiciste una prueba después de eso? –cuestionó con cuidado. Nunca le había interesado conocer detalles de la vida íntima de su amigo, pero si hablaba de una poción de fertilidad, era obvio que sería el candidato idóneo. Resultaba controversial, pero los embarazos de hombres sangre pura seguían teniendo la tasa de éxito más elevada.
-Claro que sí, Blaise. Al primer mes y al segundo. Ambas fueron negativas.
-Y no volviste a tomar la poción –continuó suavemente, aunque con un movimiento de varita convocó el bloc de notas que había usado la noche anterior. El rubio ni siquiera le puso atención, mientras aún jugueteaba con el anillo y miraba una foto pegada en la alacena. Era un autorretrato en que Harry lo besaba en la mejilla.
-No. Creí que era prudente esperar seis meses.
-Entonces lo sabes –masculló, terminando de escribir una nota.
-¿Qué? –el moreno silbó, atrayendo a la lechuza color caramelo y encargándole la misiva con carácter urgente.
-Que según los últimos estudios, amigo mío, una poción de fertilidad puede seguir siendo eficaz hasta cinco meses después de ser ingerida. Aunque con un porcentaje de éxito más reducido. Y, como imagino que esos resultados negativos no eh, afectaron sus encuentros íntimos, creo que es prudente que te hagas una prueba.
Y Merlín sabe que si tengo razón eso explicará el que te estés comportando como un auténtico lunático, agregó en su mente, mientras físicamente le dedicaba una sonrisa tranquilizadora a un atónito Draco Malfoy-Potter que parecía haber dejado de funcionar.
Cuando Tracey apareció, solo quince minutos más tarde, el rubio seguía en aparente estado de shock. Lo único que había susurrado un par de veces fue "un bebé… de Harry y mío". Blaise lo dejó en paz, terminándose su café y empezando a maquinar los siguientes movimientos a realizar, de confirmarse su hipótesis. Draco debía dejar de lado su testarudez y darle la noticia al otro feliz padre. Y, si conocía bien a los Gryffindor y a ese tipo en particular, eso sería suficiente para una irritantemente adorable reconciliación.
-Tienes suerte de que mi aprendiz pudiera hacerse cargo de los pacientes agendados, pero no tengo mucho tiempo –fue el cálido saludo de Davis. No tenían una relación tan estrecha, pero sí cordial. Además, como sanadora con clínica privada, estaba autorizada a realizar ese tipo de procedimientos fuera de un hospital y sería discreta al respecto. Lo último que necesitaban era que la noticia apareciera en una edición sorpresa de El Profeta antes de que la pareja pudiera hacer las paces como es debido–. ¿Cuál es la emergencia?
-Draco –dijo de forma lacónica, indicándole que lo siguiera.
-Ya es una novedad, considerando que es su esposo quien tiene un expediente tamaño enciclopedia. ¿Qué le pasó? –Pese a su llegada a la cocina, el rubio siguió silencioso y sin moverse, con la mirada todavía repasando las fotografías que cubrían la alacena.
-Ah, eso es por la conmoción. La verdadera cuestión aquí es… ¿Podrías hacerle una prueba de embarazo? –pidió sin preámbulos. Tracey alzó las cejas levemente, volviendo a concentrarse en el hombre frente a ellos.
-Un embarazo masculino nunca es una sorpresa.
-Poción con efectos retardados –resumió, ante lo que ella asintió comprensiva.
-Esas son las más problemáticas –entonces se aclaró la garganta–. Draco, iremos a tu habitación para que el examen sea más cómodo, ¿de acuerdo? –Blaise pensó que tendría que sacudir a su amigo, repetirle la indicación o incluso llevarlo a rastras. Sin embargo, el joven se levantó y encabezó la marcha.
-Más cómodo, claro –murmuró.
-Está empezando a asustarme.
-Uhm, he visto peores. ¿Estarás presente durante la evaluación? –cuestionó al llegar a la recamara.
-Sí –pero quien contestó fue Draco, que volvía a verlo directamente con esa expresión de angustia y desamparo. El moreno asintió, aunque se quedó a una distancia prudente.
No es un procedimiento doloroso ni complicado, pero sí tiene que realizarse con precisión. Mientras más quieto estés, más rápido obtendremos el resultado. Sentirás un leve cosquilleo y algo de agitación, pero se irá en pocos segundos.
Seguir la parte de quedarse quieto no iba a ser un problema, en opinión de Blaise. Aunque se cuidó de mostrarle un par de pulgares arriba y una sonrisa confiada cuando su amigo se acostó. Tracey empezó a murmurar hechizos, moviendo la varita de forma cada vez más intrincada, como si estuviera dibujando runas muy complejas… que es justo lo que está haciendo. Se pateó mentalmente por sus divagaciones. Una especie de domo se iba materializando sobre el torso del rubio, titilando y retorciéndose a su alrededor. Jamás había presenciado un examen de ese tipo. E incluso él podía apreciar lo fascinante del hechizo. Diez minutos más y la mujer bajó la varita. Era un enredo de líneas color cobre, pero ella las repasó varias veces, asintiendo y anotando cosas en su libreta. Cuando pareció estar conforme y tener un veredicto, sacudió la mano y todas las líneas se desvanecieron.
-Te puedes sentar, Draco –él solo la miró en blanco, así que siguió hablando–. Una poción ingerida hace casi seis meses, por la debilidad en su rastro. Sin embargo, puedo decirte que fue una ingesta exitosa. Y un tanto atípica, pues la concepción fue efectiva a los cuatro meses… Como sea, felicidades –Davis le dio una sonrisa afable, bastante extraña en ella pero que parecía sincera. Blaise sintió un peso elevarse de sus hombros y ser reemplazado por uno mayor. Draco se llevó una mano de dedos temblorosos al vientre–. Oficialmente tienes seis semanas de gestación, con una precisión de más o menos tres días. Ahora, vamos a las recomendaciones más importantes –el italiano dejó de elaborar lo que haría a continuación, presto a escuchar a detalle lo que diría la sanadora. No estaba seguro de que Draco fuera a asimilarlo (o siquiera a recordarlo) cuando saliera de su trance catatónico–. Un embarazo masculino siempre representa un riesgo más elevado, pero con tu estatus de sangre pura atenuas muchas de las complicaciones más frecuentes. Aún así, es preciso que mantengas una dieta sana para asegurar un horario de sueño adecuado. Pocas harinas, nada de grasas y controla los dulces. Café descafeinado de preferencia y obviamente nada de alcohol. Cuando llegue al consultorio te prepararé y enviaré el paquete de los primeros tres meses. Es preciso que empieces a tomarlas en cuanto las recibas, para ayudar a tu cuerpo y a tu esposo.
-¿A mi esposo? –no le sorprendió que Draco reaccionara ante eso, porque incluso él ladeó el rostro con intriga. Davis carraspeó.
-Creo recordar que ustedes comparten un vínculo de afinidad.
-Así es –ella se ajustó las gafas, como si no pudiera creer que tuviera que explicar lo siguiente:
-Es un enlace mágico, Draco.
-Ajá –suspiró, pero su voz no reflejó irritación sino paciencia y amabilidad.
-Tu magia y la de Harry están vinculadas. Usualmente eso no representa mayor inconveniente y pasa casi desapercibido. Salvo durante la gestación. Como hombre, el proceso requiere de adaptación física y mágica. Lo que al mismo tiempo involucra a tu cónyuge. Aunque ya deberían haberlo notado, tiende a ser peor en las primeras semanas.
-Harry y yo estamos… momentáneamente separados –Blaise casi suspiró de alivio con el uso de ese adverbio, lo que significaba que no tendría que amenazar mucho a su amigo para que hablara con Potter.
-Uhmm, bueno. De igual forma –la bruja no indagó más al respecto, sino que siguió hablando en el mismo tono sereno y profesional–. Es común que durante los primeros cinco meses sea más caótico, pues es considerado el periodo más crítico de adaptación para tu cuerpo. Es un proceso hormonal, después de todo. Aunque para tu esposo puede manifestarse con efectos físicos como migrañas, dolor corporal y fiebres –Draco parecía horrorizado. Qué decir, el mismo Blaise sintió un tirón en el estómago solo de imaginarlo–. Por la misma lógica, claro. Su magia enlazada a la tuya lo provoca, aunque él no sufrirá cambios físicos reales. ¿Tienes alguna pregunta? –el rubio negó despacio. Si la iluminación y su percepción no lo engañaban, estaba al borde de las lágrimas–. Bien, eso sería todo por ahora. Te enviaré las pociones, información actualizada y la cuenta.
-Gracias, Trace –dijo Blaise con voz ronca, ofreciéndole una sonrisa. Ella replicó con una expresión de compasión, asintiendo a su petición silenciosa de retirarse. No le parecía apropiado dejar solo al rubio.
Efectivamente, en tanto la puerta se cerró, él se cubrió el rostro, ahogando un sollozo. Blaise no sabía qué hacer ni qué decirle. ¿Debía felicitarlo siquiera? Obviamente era algo deseado, había ingerido la poción por su voluntad. No obstante, con el panorama actual… Se acercó a la cama, sentándose a su lado y centrándose en la parte más acuciante de eso.
-Tienes que decirle, Draco.
-Me va a odiar, Blaise. Si es que no lo hace ya.
-¡Claro que no! Es una muy buena noticia –impregnó seguridad a su voz, pero él siguió negando.
-No lo entiendes. Le dije que estaba feliz de que la poción no hubiese funcionado, que debía ser la forma de la magia de decirnos que era una mala idea –contó entre hipidos. El moreno no pudo evitar una mueca.
-Mierda.
-Y ahora Trace dice eso… ¿Y si ha estado enfermo todos estos días y por eso no ha regresado? ¿Y si ha estado solo, sin poder levantarse y todo por mi culpa? –sollozó más fuerte, temblando a su lado. Eso no puede ser bueno para el bebé. Blaise sacudió la cabeza. Si después de todo esto no lo hacían el padrino, los hechizaría a ambos. Aunque especialmente al rubio, por seguir siendo un jodido rey del drama.
-Te estás centrando en lo malo, Draco.
-Es que fui un cretino con él.
-No lo dudo, pero… Estamos hablando de Harry. El tipo que se mudó al mismo edificio que tú para que la prensa no te acosara al revelarse su relación. El tipo que ha dejado las misiones de campo porque sabe que te preocupas mucho por él. ¿Acaso no lo dices siempre? La conexión tan espontánea y maravillosa que tuvieron esa noche, y como jamás dejó de sentirse así. Además… Eligieron esto, ¿no? Porque lo deseaban. Seguro soñaron con ver la perfecta mezcla de ambos corriendo por la casa, jugando en el jardín –Blaise no se detuvo a avergonzarse por todo lo que estaba diciendo, menos al notar que Draco había dejado de llorar y empezaba a controlar su respiración–. ¿Te imaginas? Ya sea niña o niño. Podrán enseñarle a volar, irán juntos a Diagon, estarán tan emocionados y tristes cuando tengan que verle partir a Hogwarts… Tienen tanto por vivir juntos, Draco.
-¿Y si solo quiere al bebé y no a mí? –masculló, con un mohín caprichoso. Blaise merecía un premio (preferiblemente en galeones) por no haber rodado los ojos ante esa pregunta.
-Los amará a los dos. Entenderá las razones tras las peleas y estará más que feliz de volver.
-¿Dices que fui histérico? –Pero claro, tras las lágrimas volvía a su anterior estado irritable. ¿A qué hora dijo Davis que enviaría las pociones para eso?
-Digo que es algo muy importante lo que están viviendo –remarcó, dándole un vistazo a donde Draco seguía masajeándose sobre la ropa–. Necesitan dialogar al respecto.
-Tal vez no quiera hablar conmigo.
Ojalá la criatura se parezca a su otro padre y no a ti, maldito necio de… Blaise se aclaró la garganta, sonriendo comprensivo.
-¿No estabas preocupado por él hace un momento? ¿Acaso no quieres saber si ha estado bien o si ha tenido todos esos síntomas que Davis mencionó? –Draco dudó ante eso, por lo que supuso al menos estaba consiguiendo infiltrar algo de razonamiento a esa cabeza despeinada.
-Bueno, sí. Pero… Es que no quería que fuera así –y ahí vamos otra vez con las lágrimas. Repasó la mesa de noche más cercana, y evitando pensar en el porqué de una caja de pañuelos ahí, tomó dos y se los pasó a su amigo–. Se suponía que yo reconocería los síntomas. Me haría una prueba y luego le daría la noticia de alguna forma sorprendente y que jamás olvidaría –ay, te puedo asegurar que el desgraciado nunca olvidará esta semana–. Y no así, Blaise. No después de decirle cosas tan horribles y correrlo de la casa. Debe estar furioso. ¿Y si ya se reunió con Mike para hablar sobre el di-di-di…?
Blaise abrió la boca, luego la cerró. Entonces otra vez. No podía decirle que no fuera exagerado, paranoico o algo semejante. Cuando lo pensó mejor, habló:
-Harry te ama. Jamás renunciaría a ti tan fácil. Y en lugar de seguir suponiendo cosas y enredándote tú solo… ¿Qué te parece si hablo con Hermione? Ella debe saber qué ha sido de él estos días. Además es discreta y se llevan muy bien, ¿no? –Draco asintió, finalmente dejando de decir estupideces, eh, de poner excusas–. Entonces ya está hecho. Vamos, te prepararé un té para los nervios y me pondré en contacto con ella.
Y así fue como había terminado frente a la chimenea, irritado, desvelado y a punto de llamar a la actual jefa de legislación mágica. Blaise suspiró, agitó la varita para conectar la red flú y se arrepintió al instante. Debían haber estado intentando cruzar o hacer muchas llamadas, porque la chimenea le tiró una generosa cantidad de cenizas en la cara. El moreno escupió, tosió y maldijo floridamente al idiota que tenía por mejor amigo.
-¿Zabini? –cuando se pudo quitar la ceniza de los ojos, reconoció el rostro que flotaba sobre la chimenea encendida.
-Weasley.
-Hasta que conecta la llamada. Necesito hablar con Draco –le hubiera reprochado por su tono mandón, de no ser por la notoria angustia en su expresión.
-¿Qué pasó? –el hombre apretó los labios, pero sorprendentemente le contestó.
-Es Harry. Ha estado enfermo estos días, pero hoy… Se desmayó hace rato, ha sido imposible despertarlo. Hermione se lo acaba de llevar a San Mungo. ¿Puedes decirle a Draco? –El sonido de porcelana rompiéndose contra el linóleo le informó que no necesitaría hacerlo.
-Apártate, Ronald. Pasaré ahora mismo –exclamó contundente. Y sin peinarse ni un cabello (Merlín quisiera que ningún periodista lo viera) llegó hasta la chimenea, tomó un puñado de polvos flú y se marchó hacia el hospital.
Notas finales: cuando empecé como lectora de fanfics, ya hace varios añitos, evitaba leer mpreg. Primero porque no lo entendía, después porque no me gustaba mucho la temática. Y mírenme 6 años después, publicando mi primer mpreg, jajaja. Por eso nunca hay que decir "de esa agua no beberé". Aunque me tomé la libertad de aplicar mis propias "reglas" específicas a esta historia, que creo quedaron muy bien explicadas dentro del texto. Una cosa particular de este capítulo es que todo está desde la perspectiva de Blaise. No planeé hacerlo así, pero me gustó como narrador y dejé que él nos contara esta parte de la historia. En fin, espero que les haya gustado y nos leemos con la última parte la semana que viene.
Allyselle.
