Disclaimer: Draco, Harry y compañía son propiedad de su creadora y asociados. Lo mío es ponerlos a enamorarse una y otra vez porque amo, adoro y vivo para el fluff, carajo.
Advertencias: harco, mpreg.
Notas de la autora: y como si nada llegamos al final de esta historia. Muchísimas gracias por acompañarme cada semana, y espero que esta última parte sea de su agrado. Gracias por todos los reviews, favs y follows.
Epílogo II. 700 días después.
Parte II. El bebé de oro (o del porqué se parece tanto a ese tipo si Draco hizo todo el trabajo)
Draco jamás volvería a usar una red flú en lo que le quedara de vida. O al menos no durante las siguientes 34 semanas.
Después de días sintiéndose irritado, inestable y tan malditamente hambriento, todo tenía sentido. Estaba esperando. Y aunque había apreciado la ayuda de Blaise y el cómo lo había contenido, quería estar con Harry. Quería darle la noticia y ver cómo sus ojos se iluminaban al saber que su sueño de una familia ya era una realidad. Si tan solo no hubiera dicho todas esas cosas horribles e insensibles que realmente no pensaba. Pero es que se había estado sintiendo tan presionado, tan sofocado… Como fuera, sabía que Blaise tenía razón. Harry no era un hombre rencoroso ni lo dejaría solo al saber del bebé. Por eso aceptó el plan de hablar con Hermione, con la esperanza de que la mujer lo ayudara a reencontrarse con su esposo. No obstante, escuchar a Weasley diciendo que su Harry estaba inconsciente y en el hospital… Todas sus dudas se esfumaron. No podía seguir escudándose en la culpa de sus palabras ni en el temor a la reacción de su esposo. Tenía que estar a su lado, como siempre había sido desde hacía siete años. Harry despertaría, él estaría ahí para él y se reconciliarían. Por eso cruzó decidido, dispuesto a recuperar a su amado.
Salvo que su hijo no estaba colaborando. Porque en cuanto aterrizó en San Mungo tuvo que correr al lavabo más cercano, donde vació hasta la última hojuela de la avena que había desayunado. Cuando salió del cubículo tenía los ojos llorosos y le dolía la garganta. Blaise, que había estado afuera todo el tiempo, le pasó unas mentas y una botella de agua. Draco bebió agradecido, aunque todavía se sentía miserable. Debió preguntarle a Davis cuánto durarían esas malditas náuseas matutinas.
-Weasley dijo que están en el pabellón de emergencias 2. ¿Quieres ir ahora o vamos a la cafetería?
-Quiero verlo –el moreno asintió, acompañándolo en silencio el resto del camino. Desgraciadamente, Draco conocía bien esos pasillos. No le fue difícil ubicarse, menos cuando reconoció al pelirrojo frente a una de las puertas.
-Draco –saludó con cierta reserva–. Tuvo una crisis hace poco, así que nos hicieron salir. Mione fue a la sala flú para enviar unos mensajes al trabajo.
-¿Qué tiene exactamente? –su voz salió débil, justo como empezaba a sentirse.
-No lo sabemos. Ha tenido dolor de cuerpo y migrañas toda la semana. Pensamos que era una gripe común o simple estrés –alzó una ceja como signo de acusación, pero él no tenía energías para una confrontación. Ronald frunció el ceño, pero siguió hablando–. Como sea. En la mañana no salió de la habitación para el desayuno, así que fui a buscarlo. Estaba inconsciente. Intentamos con variedad de hechizos para reanimarlo, pero nada funcionó –tragó saliva, la preocupación evidente en sus ojos azules–. Por eso lo trajimos. Venía con fiebre y ha estado teniendo crisis.
-¿Qué tipo de crisis? –cuestionó Blaise a su lado. Ronald le dio un vistazo rápido, pero respondió mirando al rubio.
-Explosiones de magia que lo dejan todavía más afiebrado. No saben qué tipo de enfermedad o maldición podría estar ocasionándolo, pero… –Draco apretó los dientes, ahora sí dispuesto a discutir porque su bebé no era una maldición en absoluto. Sin embargo, la puerta se abrió y un rostro conocido los evaluó antes de hablar.
-Hemos podido controlar el último conato de magia accidental, pero sigue inconsciente. Ordenaré una serie de análisis neurológicos y de toxicidad. Podría ser una poción experimental o un hechizo mal ejecutado.
-¿Puedo pasar? –Astoria lo miró con curiosidad, probablemente suscitada por su falta de reacción a la última parte de su diagnóstico.
-Claro, pero… Te ves pálido, Draco. Más de lo normal.
-Me preocupa mi esposo.
-Estás sudando –otros dos pares de ojos se centraron en él. Había notado la sudoración fría durante su indeseada visita al lavabo, por lo que no le sorprendía del todo.
-Vine corriendo –quiso impregnar irritación a su tono para evadir más preguntas, pero las sílabas se mezclaron unas con otras y pasó de ver a Astoria a ver el techo del pasillo.
Para su buena suerte, Blaise reaccionó a tiempo de atraparlo y evitar su caída. Había un zumbido en crescendo en sus oídos que le impedía comprender lo que decían las personas a su alrededor, sentía como si toda la sangre se le hubiera ido a la cabeza, igual que cuando era un niño y la dejaba colgando por un lado de la cama. Su mamá odiaba que hiciera eso. Quería comunicarle a Blaise que no dijera nada. No quería que la noticia corriera por ahí antes de que él mismo pudiera dársela a Harry. Pero todo su cuerpo estaba frío y su cabeza embotada. Solo alcanzó a entender las últimas frases de la sanadora.
-¡¿Por qué diablos no lo dijiste antes, Zabini?! ¡Jamás íbamos a lograr reanimar a Harry! Hay que llevarlo a una sala ahora mismo, necesitamos hidratarlo y darle pociones estabilizantes –de pronto estaba en una camilla, había más voces a su alrededor y luces que pasaban sobre él–. Embarazo masculino en sus primeras semanas. El paciente tiene un vínculo de afinidad descontrolado con efectos nivel tres en su esposo –tal vez fuera la nueva oleada de culpa que lo embargó, pero esa fue la frase que finalmente lo sumió en la inconsciencia, su preocupación manifestándose como sueños caóticos sobre hurones y pavos reales.
Cuando volvió a abrir los ojos ya no se sentía agitado, sofocado ni nada parecido. De hecho, tenía semanas de no despertar sintiéndose tan bien descansado. Lo que al instante le supo mal. ¿Cuánto tiempo había dormido? ¿Dónde estaba Harry? ¿Alguien ya lo había puesto al tanto sobre todo?
-Tranquilo, no deberías levantarte con prisas –detuvo sus movimientos para zafarse de las mantas, notando la presencia de alguien más en la habitación. La mujer le sonrió afable, mostrando cierta emoción contenida–. Blaise estuvo aquí hasta hace poco, pero salió para comer algo –Draco resopló, porque apenas y recordaba haber llegado con él (mucho menos sería lo primero que preguntaría después de estar desmayado por tiempo desconocido)-. Harry despertó hace una hora y no entiende porqué lo siguen reteniendo, si ya se siente bien. Y no te preocupes, no lo han dejado salir de la habitación y nadie le ha dicho que estás aquí ni porqué –el rubio dejó salir una exhalación temblorosa, profundamente aliviado y agradecido–. Entonces, ¿puedo felicitarte? –no sabía si fue producto de las caóticas semanas que había tenido, de al fin haber podido dormir de forma más reparadora, o simplemente por saber que Harry ya estaba bien, pero se echó a reír. Hermione lo tomó como algo afirmativo–. ¡Es maravilloso! Estoy tan feliz por ustedes. Incluso Ron, aunque también estaba un poco verde de la impresión –Draco conservó una sutil sonrisa, nada sorprendido por esa información–. Molly empezará a tejer en cuánto lo sepa. Y estoy segura de que tus padres también estarán encantados con la noticia –asintió, aunque volvía a sentirse inquieto por su situación con su esposo.
-Hermione… ¿Te habló sobre la pelea? –su entusiasmo vaciló, mientras le daba una mirada de simpatía.
-Yo… No sé si deba…
-Claro que debes y lo sabes –suspiró, pasando una mano por su cabello. Se sorprendió de volver a percibirlo como siempre había sido y no como el desastre de los últimos días–. Te aprecio por ser honesta y directa. Espero que lo seas también ahora. Y no temas, no me voy a romper –ella movió la cabeza de lado a lado, pero no lo decepcionó.
-Estaba destrozado, Draco. Nunca lo había visto así. Bueno, quizás sí… Cuando Sirius murió –sintió que el nudo en su garganta se apretaba, pero mantuvo su mirada en ella, animándola a hablar–. Llegó llorando, diciendo que habían peleado y que le pediste que se fuera –asintió solo una vez. Hermione suspiró, retomando su relato–. Estaba abatido, muy deprimido. Según su percepción, tú… Ya no querías estar con él. Lo evitabas, te enfadaba todo lo que hacía. Y ahora tiene sentido, al menos para mí. Solo falta que él también lo sepa.
-¿Crees que me odie? –inquirió a media voz, sintiendo que su estómago se apretaba ante la perspectiva de darle la noticia y que Harry no lo tomara a bien. O peor, que fuera indiferente al respecto.
-Al contrario. Piensa que eres tú quien lo odia, y eso lo está destruyendo.
-Mierda. –suspiró de nuevo, resoplando antes de añadir:- Es que no hay duda que este bebé es suyo, problemático desde antes de nacer –Hermione parpadeó un par de veces antes de echarse a reír. Incluso él no pudo contener una sonrisa. Volvía a sentirse irritado, aunque era más consigo mismo.
-Bueno, tu cuerpo y tu magia han sido estabilizados. Y mientras sigas las recomendaciones que te den, no deberías sufrir de cambios de humor tan bruscos, ni de episodios como el de esta mañana.
-¿Las náuseas también se iŕan?
-No sería tan optimista –Draco se quejó, fastidiado–. Aunque si mantienes una buena alimentación, podrías tenerlas bajo control –más quejidos inconformes.
-Es lo de menos ahora. ¿Puedo hablar con él? –El pensamiento de volver a verlo después de su confrontación le causaba algo de vértigo, pero con su estado siendo conocido por tantas personas, no podía arriesgarse a que alguien más se lo dijera.
-Seguro, vamos.
La castaña lo acompañó en silencio el par de metros que lo separaban de la habitación que Harry seguía ocupando. Las sensaciones de debilidad y sofoco habían desaparecido, pero ninguna poción podría mitigar su ansiedad. Tampoco existía brebaje capaz de atenuar lo que sintió cuando abrió la puerta y se encontró con la mirada del color de las esmeraldas.
-Draco –su esposo estaba sentado al borde la cama, con los brazos firmemente cruzados. Debía haberse estado preparando para exigir que le dieran el alta. Esa testarudez y determinación siempre habían sido su debilidad.
-Hola, amor –saludó con suavidad, quedándose a un paso de él. Muchas veces en su vida lo habían acusado de ser manipulador. Y muchas de esas acusaciones habían provenido del hombre frente a él, incluso durante su matrimonio. Pero Draco podría jurar por su alianza de bodas que no fue eso lo que lo impulsó a que esas fueran sus primeras palabras. Pero sí la apariencia lejana de Harry, como si estuviera listo para reclamos y una refriega. No obstante, pudo notar cómo tragaba saliva y sus ojos se volvían más cálidos en los segundos que siguieron a sus palabras–. Dijeron que estuviste con fiebre y con otras complicaciones… Lamento no haber estado aquí cuando despertaste –y lo decía con total honestidad. Porque era la primera promesa que le había hecho hacía años, y que orgullosamente había sostenido hasta esa tarde. Harry parpadeó, haciendo evidente su desconcierto y cómo le afectaba el rumbo de esa conversación.
-Estás aquí ahora –dijo con voz ronca. Draco forzó una sonrisa, aunque la culpa seguía apretándole el pecho. Lo único que quería era tirarse a sus brazos, decirle que serían padres y rogar por que todo volviera a ser como antes. Pero sabía que no sería tan fácil. Todo lo que había dicho lastimó a su esposo y no podía ser retirado con solo distraerlo al respecto.
-Lo siento mucho, Harry –por eso empezó por ahí, mirándolo a los ojos y ahora sí hablando desde su corazón–. Todo lo que dije… Fue innecesariamente cruel y no refleja mis sentimientos, en absoluto.
-¿Por qué lo dijiste, entonces? –cuestionó, descruzando los brazos y ahora sí mostrándose vulnerable. Amaba con locura eso–. Es que no lo entiendo. Todas estas semanas… Has estado tan distante, tan molesto todo el tiempo. Al principio pensé que sería algún problema en el trabajo, pero cada vez que intentaba acercarme y confortarte de alguna forma, solo te alejabas de mí. Entonces empecé a pensar que el problema era yo y…
-No es así, cariño –sus movimientos fueron torpes, en la indecisión de si serían bien recibidos. Pero cuando acarició la mejilla del hombre, él dio un suspiro tembloroso y lo atrajo en un apretado abrazo. Harry hundió el rostro en su cuello, provocándole una sensación casi electrificante en todo el cuerpo.
-Entonces dime qué es. Porque te amo demasiado y no estoy dispuesto a perderte –declaró sin titubear, volviendo a verlo a los ojos pese a lo brillantes que estaban los irises esmeraldas.
-¿Y acaso crees que yo podría soportar perderte? –negó, acariciándole la nuca y sintiéndose él mismo al borde de las lágrimas–. No hay pócima, hechizo ni tiempo que podría curar mi corazón si eso pasara.
-Draco… –todavía quedaba mucho por discutir, más la noticia que estaba ya en la punta de su lengua. Pero escuchar la voz suplicante de su amado le estremeció por completo. Harry respondió al beso en cuánto sus labios hicieron contacto. Debía ser cierto que llevaba algún tiempo evitándolo, porque besarlo se sintió como hacerlo por primera vez, aunque al mismo tiempo tan entrañable y correcto. No quería alejarse de él. Quería embeberse de cada suspiro, olvidarse del tiempo y saborear esa boca pecaminosa y dulce hasta la saciedad–. Joder, Dragón –el moreno estaba sin aliento, con las mejillas sonrosadas y las pupilas más que dilatadas cuando por fin se separaron. Draco repasó sus propios labios, percibiéndolos sensibles y muy húmedos.
-Volverás conmigo a casa –sentenció, sin dejar lugar a negociaciones o excusas. Se esforzó por hacer a un lado un par de propuestas indecorosas que ese beso había provocado (y que la mirada oscurecida y depredadora de su esposo alentaba aún más). Todavía había algo muy importante que debía revelar.
-Está bien –accedió, sus pensamientos se debían estar reordenando después de su momento pasional, porque frunció un poco los labios–. Estamos de acuerdo en que separarnos no es una opción, ¿verdad? –Draco negó con énfasis, sonriendo de lado cuando Harry exhaló complacido–. En ese caso… He pensado que quizás podríamos, no lo sé, ¿tomar un tiempo para nosotros? El trabajo puede ser absorbente, a veces quedan cosas sin hablar que se acumulan y terminan transformándose en algo como lo que sucedió –abrió la boca para decirle los verdaderos motivos tras sus confrontaciones, pero su esposo siguió hablando–. Podemos buscar ayuda de ser necesario. Lo que sea para volver a unirnos, para entendernos…
-Un bebé –se mordió el labio por su nada sutil ni especial forma de decir las cosas, pero Harry vaciló un poco antes de preguntar despacio:
-¿Quieres volver a intentarlo? –aunque claro, su conclusión fue congruente a lo que creía que sabía sobre su primer intento–. Pensé que habías dicho que… –su voz se apagó y Draco se odió un poco por el matiz de amargura y dolor que cambió su expresión al recordar la última vez que él hizo mención de eso.
-No es necesario. –dijo suavemente, y ante la expresión de desconcierto y confusión de su amado, completó:- Porque funcionó, Harry.
-¿Qué? –su esposo parpadeó frenético, con la boca entreabierta. Draco sintió como una enorme sonrisa se adueñaba de su rostro.
-Dije que funcionó… Futuro papá –se mordió el labio, pero no pudo contener una risa de pura felicidad. Harry boqueó un par de veces, tragó saliva y sacudió la cabeza.
-Pero las pruebas negativas…
-Fue una poción con efectos retardados –resumió, recordando las palabras de Blaise–. Pero exitosa –tras eso se animó a tomar la mano de su esposo, esa donde portaba su alianza de bodas y la posicionó sobre su vientre aún plano–. Esperamos que perdones todos nuestros cambios de humor y lo mal que te la hicimos pasar –añadió, porque sabía que la culpa de todo ese desastre no había sido solo suya.
Harry rió encantado, con una felicidad solo comparable al día de su compromiso y de su boda. Y Draco se dejó abrazar, aceptando risueño los besos en su rostro, aunque con más entusiasmo cuando llegaron a su boca. Habían sido unas semanas difíciles, solo quería que el resto de la espera fuera como ese momento.
49 semanas después.
¡El bebé de oro hace su primera aparición pública!
Así como lo leen, estimados miembros de la comunidad mágica. Como todos recordarán, hace más de tres meses compartimos la feliz noticia del nacimiento del heredero Malfoy-Potter. Por lo poco que supimos al respecto, su alumbramiento sucedió en el ala privada de San Mungo, con la presencia de su padre, el héroe de guerra Harry Potter. Quien junto a su esposo Draco Malfoy, actual director general de Malfoy Corp., dio la bienvenida a su primogénito.
En aras de respetar su privacidad, este ilustre medio de comunicación ha mantenido su distancia… ¡Hasta hoy! Porque fue durante el evento de recaudación de fondos para huérfanos de guerra, que pudimos ver a la familia Malfoy-Potter completa. Y qué decir, ¡quedamos encantados! Con los atuendos casuales y de buen gusto propicios para una recepción en exteriores, vimos arribar a la feliz pareja, con Harry Potter empujando el cochecito azul cielo donde reposaba su retoño. Y aunque no accedieron a brindar ninguna entrevista, al menos pudimos conocer el nombre del heredero favorito de la comunidad mágica: Sirius Aster Malfoy Potter. ¿No es una belleza? Nombrado siguiendo la tradición astronómica de la familia Black y en honor a quien fuera su tío-abuelo y padrino del niño-que-vivió.
Esperamos pronto poder tener un retrato de nuestro estimadísimo bebé dorado, pero según algunas fuentes confidenciales… ¡Es idéntico a Harry Potter! No nos queda más que desearle salud y una vida llena de felicidad. Aunque con los padres que tiene, eso ya está casi asegurado.
Draco resopló, bajando el periódico y tomando su taza de café. Obviamente la prensa no se enteraba de nada. Si tan solo supieran lo caóticas que habían sido esas primeras semanas de embarazo, las malditas náuseas que se fueron hasta el sexto mes y lo excitado que había pasado durante los últimos dos. Aunque comparado con las peleas iniciales, había sido un cambio positivo. Su fastidio remitió con una sonrisa, recordando cómo se negaba a quitarle las manos de encima a su esposo, aún cuando le había dado las cogidas de su vida. Pero es que parecía nunca tener suficiente, incluso cuando su vientre era tan pronunciado que tenía que quedarse de lado durante todo el acto. Al menos el parto había sido sencillo. Como todo embarazo masculino, fue sometido a una cesárea programada en la que conocieron a su hijo.
Cuatro mil cien gramos de dulzura que era idéntico a su esposo.
Eh, que no lo malinterpretaran. Draco amaba a su hijo de forma tan pura y fervorosa que casi no le cabía en el pecho. Pero… ¿de verdad debía tener la misma nariz y barbilla que su otro padre? Por no mencionar el cabello, las orejas, los pómulos y la frente. Si lo único que le faltaba era la cicatriz. Y la miopía, aunque eso estaba por verse. Era por lo menos injusto, considerando que era él quien había pasado por las náuseas, el insomnio, los cambios corporales y de humor, así como el estricto régimen de pociones que un embarazo masculino implica. Pero no. Cuarenta semanas de eso y la criatura era un clon de ese tipo. De hecho, ese fue su argumento para ser quien nombrara a su hijo.
Ya es idéntico a ti. Al menos deja que sea quien elija su nombre.
Su esposo había intentado protestar, por supuesto. Pero Draco había señalado su abdomen aún flácido y sus ojeras. Entonces Harry le había pasado el formulario para los datos del bebé. Aunque en realidad solo había cambiado un nombre. De ser el posible James Sirius, a ser Sirius Aster. Fue un buen arreglo.
Dejó la taza en el mostrador, llevándose el periódico consigo. Su esposo estaba en la terraza, leyendo unos informes mientras con una mano mecía suavemente el moisés donde descansaba su hijo.
-Buenos días –saludó en cuanto notó su presencia, junto con una amorosa sonrisa. Habían acordado que trabajarían desde casa durante los primeros ocho meses y poco a poco construyeron su rutina. Draco se quedaba con su hijo hasta tarde, de ser necesario. Al día siguiente, podría dormir más mientras Harry se hacía cargo. Por lo general se despertaba después de las ocho, tomaba una rápida ducha y disfrutaba de un café en soledad. Le gustaba tener esos momentos de relajación para sí mismo, aunque también amaba reencontrarse con los hombres de su vida.
-Buenos días, cariño. ¿Leíste esto?
-Mmm no realmente. Vi que llegó, pero lo dejé en la cocina. ¿Por qué seguimos suscritos a esa cosa, de todas formas? –Draco se encogió de hombros, ocupando la otra silla disponible. Harry había bajado el informe frente a él, aunque aún mecía al niño.
-No estamos suscritos, Pansy lo envió.
-¿Y ahora qué? –cuestionó con un suspiro, aceptando el periódico que le tendía. Y con justa razón. Se acercaban peligrosamente a los cuarenta, y aún así la prensa no había dejado de sentirse fascinada por el-niño-que-vivió. Que actualmente no era más que el-adulto-cuya-espalda-duele-a-menudo-. Pudieron ser más creativos –bufó, al ver el encabezado.
-Léelo hasta el final –tras algunos segundos más en silencio, Harry aspiró indignado y lo miró.
-¿Quién diablos les dijo el nombre? –Draco suspiró, su mirada desviándose un instante hacia el mini Harry.
-No lo sé. Había mucha gente ahí y un par lo preguntó.
-Son unos escarabajos invasivos.
-Al menos fue un secreto durante cuatro meses, ya es más de lo que esperaba –dijo honestamente.
-¿No estás molesto?
-No creo. Desde que empezamos a salir me acostumbré a esto. Aunque esperaría que no estén encima de él todo el tiempo. O te juro que lo tendremos que enviar a Beauxbatons.
-No lo harías –rechazó, apretando los labios para contener una sonrisa.
-Uhm, ¿por qué?
-Eres demasiado sobreprotector para eso.
-Obvio nos tendríamos que mudar todos.
-Obvio sí –pero su sonrisa era condescendiente. Draco le enseñó la lengua.
-Incluso saben que es igual a ti.
-¡Eso no es cierto!
-¿No? –cuestionó, arqueando una ceja. Harry le dedicó una sonrisa revoltosa antes de contestar.
-No. Aunque es igual que yo. Idéntico a su padre, menos los ojos. Son los de su…
-¡No te atrevas! –amenazó. Su esposo rió, lo que le hizo temer que despertara a su hijo. Pero no, el niño rió en sueños y siguió durmiendo.
-Iba a decir que tiene los ojos más hermosos que he visto en mi vida.
-Sabes que tengo los ojos de mi padre, ¿verdad? –Harry tuvo un escalofrío bastante real y él se echó a reír. Y cómo no, eso sí que despertó al bebé. Aunque al menos no hubo llanto, solo una mirada desconcertada y un par de quejidos. Tampoco duró mucho, porque los ojos del tono del mercurio se cerraron a los pocos segundos, mientras retomaba el sueño de los inocentes-. Creo que nunca me cansaré de verlo –dijo con suavidad, arreglando sus mantas y acariciando una mejilla regordeta.
-Según Bill eso pasará cuando sea adolescente y sea él quien no nos quiera ver a nosotros –aportó con una sonrisa.
-Pues si en eso también se parece a ti, sí podría ser un problema.
-Eh, que tampoco fuiste un adolescente muy agradable o tranquilo. Más bien del tipo fastidioso. Y eso nadie lo sabe mejor que yo –Draco resopló, pero casi al instante esbozó una sonrisa.
-¿Le diremos sobre eso cuando crezca?
-¿Que sus padres solían hechizarse en cada oportunidad?
-Yo le diré que papá Harry me acosaba y se hacía pasar por chicas para seguirme.
-¡Draco! –fue imposible resistirse ante el tono indignado de su esposo, aunque su risa se vio interrumpida cuando él agregó:- Pues yo le diré que su padre una vez me tiró un zapato en el hombro porque me comí la última gelatina.
-¡Eso fue un accidente!
-¿Lo fue?
-Claro. Yo apuntaba a tu cabeza –explicó, rindiéndose a una nueva oleada de risas–. Aunque fue por el embarazo, lo sabes.
-Si todos son así, me compraré una armadura para el siguiente –eso congeló la sonrisa en su rostro, mientras abría más los ojos con cautela.
-¿Cuál siguiente?
-Bueno, no esperarás que Sirius crezca sin hermanos al igual que nosotros –Draco tragó saliva, todavía viendo con afecto a su hijo pero recordando a cabalidad todo lo vivido en el último año.
-Es muy temprano para esta conversación –dijo por fin, meneando la cabeza–. Y tienes trabajo. Creo que aprovecharé para grabar un poco –lo que no esperaba era la sonrisa divertida y enamorada que tendría su esposo ante su táctica para escaparse.
-Estaba bromeando, amor –comunicó, atrapándolo en un abrazo cuando se levantó–. Estoy más que feliz con Sirius. Aunque si en los años que vienen quieres darle un hermanito, no encontrarás ninguna negativa de mi parte. ¿Quién sabe? Podrías conseguir tu propia versión en miniatura –Draco lo consideró un momento, aunque finalmente negó.
-Tendría que pensarlo mucho. ¿Qué tal si vuelve a salir igual a ti? Me pasaré la vida entre cabellos despeinados y chicos problemáticos.
-Suena a una muy buena vida –intentó empujarlo juguetonamente, pero Harry lo atrajo en un beso que fue incapaz de rechazar. Si veinte años atrás le hubieran dicho que terminaría en los brazos de ese Gryffindor, con el hijo de ambos durmiendo a su lado y todo el futuro por delante, jamás lo hubiera podido creer. Pero era su vida ahora. Y su esposo tenía razón. Era una muy buena vida.
FIN
Notas finales: hace años conocí a una pareja que realmente estuvo a punto de separarse porque no dejaban de pelear... y entonces se enteraron que ella estaba embarazada. Y fue súper raro y muy gracioso, porque en cuanto el bebé nació volvieron a estar como siempre (la criatura ya tiene 13 años y ellos siguen juntos). Pues recordando eso se me ocurrió adaptarlo al drarry y adoré el resultado. Gracias por acompañarme semana a semana con esta historia. Desde el 2019 que no publicaba algo de varias partes y ha sido maravilloso volver. Como he comentado antes, mi inspiración ha estado desatada y me sigo esforzando por ponerme al día con la editada para traerles lo más pronto posible todo lo que he podido escribir en estos meses. Así que quienes aún no me siguen los invito a que lo hagan. Y qué va, lo más probable es que nos estemos leyendo la semana que viene, jajaja. Será hasta entonces.
Allyselle.
