Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

CAPÍTULO 15

Domingo por la noche…

Yo: ¿Estás despierto?

El teléfono móvil vibró poco después.

—¿Hola?

—Hola —dijo Sasuke con voz queda— ¿Qué tal estás?

—Bien. ¿Y tú? ¿En qué andas?

—Espera un minuto. —Al fondo, se oía a una chica preguntándole a Sasuke con quién hablaba. Supongo que eso contestaba mi pregunta. Él murmuró algo y escuché un susurro, seguido del cierre de una puerta. Al final, suspiró— Perdona.

—No pasa nada.

Acababa de interrumpir su sesión de Netflix y sexo. Maravilloso.

«Dos hurras por mí».

—¿Qué has hecho hoy?

—Ah, he estado con mi madre, he tratado de estudiar un poco, lo habitual. ¿Y tú?

—He arreglado unas cosas del Charger. He leído El guardián entre en el centeno.

Lancé un bufido.

—¿Qué te ha parecido?

—Que has sido un poco dura con él, a decir verdad.

—A lo mejor —dije— Aunque el centro de mi escandalosa, vergonzosa e irracional diatriba era más sobre lo que los idiotas habían hecho en nombre del libro.

—De lo que no puedes culparlo a él, en realidad.

—Supongo que no —balbuceé— Por lo visto, es un libro que me activa los «detonadores». Porque ahora tengo detonadores.

—Bueno, era de esperar.

Silencio.

—¿Otra vez con pesadillas? —me preguntó.

—Sí.

—¿Era en la que volabas muy alto, pero no lo suficiente para escaparte de los problemas? ¿O en la que morías en vez de Juugo?

«Mierda».

—Te conté demasiadas cosas el viernes.

Una suave risita.

—Te guardaré el secreto. Lo he entendido, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —dije, más por educación que por otra cosa. Mostrarle el completo desastre que era a ese chico tan guapo y simpático… ¿Hasta qué extremos podía llegar mi demencia?

Una pausa.

—Sigo despertándome con el sonido de los disparos, creyendo que esta vez el tiro me ha dado en el pecho en vez de solo herirme —contó.

—Dios, es horrible —murmuré.

Un nuevo silencio.

—Sigo oliendo la sangre, aunque ya no haya —admití.

Su risa sonó sin una pizca de alegría.

—Nunca he llevado bien lo de la sangre. Ahora… me tiene un poco fastidiado.

—¿Cuánto crees que se tarda en superar este tipo de cosas?

—No sé si se llega a superar —Sonaba deprimido y un poco perdido. Muy parecido a como me sentía yo. Oí un clic y acto seguido empezó a inspirar y espirar hondamente. Fumaba— No me imagino olvidándolo.

—Supongo que se convierte en parte de ti. Que te acostumbras.

Estaba tumbada sobre la cama, mirando el cielo nocturno. Con pensamientos profundos. Con pensamientos profundos e inútiles, en medio de la noche, sobre la vida y la muerte y el dolor y la desmembración.

—Por cierto, me olvidé de darte las gracias por aparecer en el instituto el lunes por la mañana —comenté— Me salvaste el pellejo.

—¿Y eso?

—Porque me quitaste de encima el peso de la atención de ser la chica nueva.

—Ja. De nada.

—Te debo una. Si necesitas ayuda con algún trabajo de Lengua, te echaré una mano, ¿de acuerdo?

Durante un rato no hubo respuesta. Incluso dudé de que siguiera al teléfono.

—¿Sasuke?

—De acuerdo, trato hecho —Su voz sonaba precavida— Las Matemáticas me van bien. Pero si empiezan con poesía y todas esas bobadas…

—Lo capto —dije echándome a reír— ¿Eres de números? Yo nunca sé qué hacer con ellos. Los números y yo no nos llevamos bien.

—Pues hacemos un intercambio —Otra exhalación pesada— Lo digo en serio, Saku.

—Está bien —acepté con una sonrisa, y luego me acordé de algo— Ah, bajo la categoría de peticiones extrañas, me preguntaba si te gustaría visitar la tumba de los chicos alguna vez. No te sientas obligado. Es solo una idea.

—Sí, eso es… Podemos hacerlo. ¿Qué tal si vamos mañana por la noche?

—Perfecto.

—Tengo que irme a casa —dijo— ¿Ya estás bien como para tratar de dormir?

—Sí. Gracias por hablar conmigo.

—No hay de qué.

Dentro de las costillas, el corazón me iba a mil.

—Buenas noches, Sasuke.

—Buenas noches, Saku.

CAPÍTULO 16

Llevé dos ramos de flores. Sasuke trajo un pack de seis cervezas. A su manera, ambas cosas parecían apropiadas.

Andábamos por el cementerio, con la luna que brillaba sobre las lápidas y las aladas estatuas de ángeles. Nunca antes había tenido las agallas de estar en semejante sitio en la oscuridad. Todo el lugar me ponía de los nervios. Pero, como Sasuke tenía que trabajar al salir de clase, no pudimos ir hasta muy tarde. Lo que me vino bien, porque no tuve que mencionarle nada a mi madre acerca del Drop Stop o de por qué sentía la necesidad de ir a visitar a gente muerta. Ambas cosas le habrían preocupado, y estaba harta de ser la causa de sus altos niveles de estrés.

Por fortuna, Sasuke sabía el camino, guiándome a través del camposanto sin vacilar. Hoy olía diferente. Picante, como si se hubiera aplicado loción para después del afeitado. Y qué Dios me perdonara por darme cuenta de detalles así en un lugar como aquel. Iba de cabeza a la parrilla del infierno, esa era la pura verdad.

—¿Dónde trabajas? —le pregunté con la vista puesta en el suelo, intentando no tropezarme con nada.

—En una empresa de jardinería que tiene mi tío —respondió— Empecé hace un par de semanas. He pasado de vender hierba a cortarla. Irónico, ¿verdad?

—Ja —le sonreí, a pesar de que me daba la espalda— Tengo que encontrar un trabajo. Es lo próximo en mi lista.

—¿No te dan una paga o algo así?

—Ya no, por culpa de mis problemas de comportamiento.

—¿Otra cosa que harás por primera vez?

—Sí, será mi primer trabajo. ¿Me hace sonar eso como una cría malcriada y desagradable de instituto privado?

—Bah, no eres lo suficiente odiosa.

—Podría serlo —dije mirándolo por encima del hombro con mi mejor expresión de altanería—. Aunque, en serio, ¿quién tiene energías para eso?

Sasuke se paró.

—Aquí están.

Una mezcolanza de flores frescas y mustias cubría el terreno delante de una tumba negra. Intenté acordarme del chico que estaba detrás del mostrador, del dependiente; de los detalles de su cara y de la mirada de sobresalto que me dedicó cuando puse todo el cesto repleto de comida basura sobre el mostrador. Los pormenores de aquella noche, o bien eran aterradoramente nítidos, o bien borrosos y estaban a punto de perderse. Era probable que, en cualquier momento, se desvanecieran en el interior de los recovecos de mi mente para siempre.

—No puedo acordarme de su cara —dije mientras ponía uno de los ramos de flores que traía junto a los otros— ¿Por qué no puedo acordarme de su cara?

Sasuke puso una botella de cerveza delante de la lápida y luego me pasó una abierta antes de sacar otra para él.

—Llevaba trabajando en la tienda desde hacía algún tiempo, y no le importaba que yo traficara allí. Algunas veces, incluso me compraba. Siempre me pareció un buen chico.

Me bebí de un trago el frío líquido, haciendo caso omiso del sabor de la levadura y el lúpulo. La cerveza nunca me gustaría. Y menos ahora, que se relacionaba con aquella noche, cuando, sentada en suelo, sangraba y escuchaba a Sasuke tratando de evitar que a Deidara se le fuera completamente la cabeza y nos matara a todos. Sin embargo, no permitiría que los malos recuerdos me detuvieran, ni siquiera en este caso.

—Era un estudiante que hacía el turno de noche de un trabajo basura y que murió sin razón alguna.

Pestañeé luchando por reprimir las lágrimas, tan inútiles, que nunca me han ayudado en nada.

—Sí.

—Ese cerdo de Deidara.

El odio me quemaba el corazón. Nunca le había deseado a nadie una muerte atroz tanto como se la deseaba a él. Era una losa pesada y oscura en mi mente y me revolvía el vientre. El perdón ni siquiera existía.

Sasuke dio un largo sorbo a su botella.

—Ven, Juugo está aquí.

Mientras le seguía, di un traspié, y la cerveza se me cayó de la mano. La tumba de Juugo estaba cubierta de flores y velas consumidas. Sasuke dejó allí también una de las cervezas.

Deposité las flores restantes, mirando sin ver los pétalos y las espinas; las blancas tarjetas de pésame brillaban intensamente en la oscuridad. La muerte era una piedra que me arrastraba hacia lo hondo. La vida era mucho más fácil y sencilla antes de que esto sucediera. Había sido inmortal, el mañana no existía. Todo era ahora, aquí, hoy.

Hasta que Deidara y su arma lo destruyeron.

—Murió por culpa mía —dije, tambaleándome. Algunas verdades pesaban mucho— Si no hubierais tratado de ayudarme, él a lo mejor estaría…

—Para. No te culpes de lo sucedido —Una sombra le cubría el rostro, pero extendió la mano y con su áspera palma me acarició la mejilla. El gesto, el vínculo, fueron totalmente inesperados— Fue decisión nuestra, Saku. Deidara se habría vuelto contra nosotros a continuación. No lo habría dudado ni un segundo.

Con él tocándome, apenas podía respirar, y mucho menos hablar.

—¿Lo entiendes?

Logré asentir ligeramente y él volvió a dejar la mano extendida a su lado. Sentí una punzada de pérdida.

El caos me llenó la cabeza, que se vio asediada por multitud de preguntas, de síes y de peros. Las respuestas sobre la vida y la muerte no venían fácilmente. Traté de no pensar acerca de lo que quedaba del cuerpo que yacía allí enterrado. Acerca de lo que su familia debía de estar pasando. El destino era incierto y la suerte no era mejor. Y aun así siempre buscamos un significado, una verdad oculta. Qué mierda.

—No es culpa tuya —insistió Sasuke— Si alguien la tiene, soy yo. Lo empujé para que atacara a Deidara, fue idea mía.

El dolor en carne viva de sus palabras me hirió en lo más hondo del corazón.

Exhalé fuertemente.

—No. Tienes razón: Deidara se habría vuelto luego contra vosotros dos.

No dijo nada.

—Y yo también habría muerto. No iba a detenerse, y la policía no iba a darle de ninguna manera lo que él quería. La situación era horrible. Nosotros solo nos vimos atrapados en ella.

Negué con la cabeza y bebí más de la asquerosa cerveza. No es que ayudara demasiado.

—La culpa no la tenemos ninguno de los dos —Por desgracia, no parecía mucho más convencido. Dio otro trago de cerveza y alzó la vista para mirar hacia las estrellas— Es toda de Deidara, ese maldito drogadicto.

Antes de que pudiera pensar en autocensurarme, espeté:

—A veces desearía que aquella pistola hubiera tenido munición. Sé que los dos estábamos más o menos a salvo a esas alturas: la policía ya estaba allí. Pero aun así…

La risa de Sasuke sonó hueca, amarga.

—Ya. A veces yo también deseo que le hubieras disparado.

Era a la vez gracioso y no lo era. Tal vez tenía que avergonzarme; o tal vez era que mi sentido del humor había dado un giro hacia lo negro y macabro y no pasaba nada. No lo sabía.

—Por supuesto, eso me habría convertido en una asesina —murmuré.

—No, todavía estábamos luchando. Habría sido defensa propia. ¿Qué crees, que te sentirías mejor si lo hubieras hecho, o peor? —me preguntó, mirándome atentamente.

Fruncí el ceño para pensar.

—No lo sé. Habría matado a alguien, pero… A lo mejor habría sido más parecido a sentir que se había hecho justicia, ¿sabes? Dudo mucho que estuviera ante su tumba bebiéndome una cerveza.

Sasuke asintió.

—Tenía que hacer esto, venir aquí —admití— Gracias por acompañarme.

—No hay de qué.

—¿Crees que alguna vez todo volverá a parecernos como solía hacerlo antes?

—No —Tiró al suelo la botella vacía y empezó otra— Sinceramente, creo que si eso pasara, es que estaríamos más hundidos de lo que ya lo estamos ahora.

Miré la luna, cuyo brillo intenso y dorado se propagaba en la oscuridad.

—¿Sabes? Puede que tengas razón.