Semi-AU | Ooc


Pensaba

Seiya & Miho


Desde que Seiya se había marchado a Grecia, Miho no había dormido rezando con ahincó en la capilla del orfanato durante toda la noche, y al día siguiente, durante el caluroso día y en cuanto cumplía con sus obligaciones, se había dirigido de nuevo ante dios a pedir por el bienestar de Seiya.

La angustia desde la partida de su amigo no había dejado de acentuarse en su garganta y dudaba se fuera tan fácil, no al menos hasta saber noticias de él.

Miho no podía evitar sentir algo de pena y molestia, y ciertamente tampoco quería odiar a los Kido a pesar de sus palabras a Seiya sobre Saori, pero a veces se le hacía inevitable no hacerlo cuando veía el destino que la fundación Graad les había impuesto, obligando a todos ellos a ser caballeros desde niños.

Aunque Miho misma debía admitir que a pesar de ser algo impuesto a la fuerza ese destino sobre Seiya, ella esa noche cuando él se despidió, a pesar de su vista nublada por las lágrimas, pudo ver el espíritu de lucha y justicia que brotaba como la misma aura del cuerpo de su amigo.

Creo que al final es el destino que las estrellas tienen para mi, le había dicho Seiya.

—Miho — salió de la capilla muy tarde esa noche y su compañera Erii la sorprendió con su presencia. — Pensé estarías descansando.

—Erii-chan — Miho agacho la mirada — Es que solo no dejo de pensar en Seiya y en lo que debe estar sufriendo en estos momentos.

Erii sonrío con empatia por los sentimientos de su compañera. No conocía a Saiya o los otros chicos que Miho aveces mencionaba, había llegado al orfanato con catorce años cuando su padre murió y sabiendo no sería adoptada, le había pedido a los superiores que le permitieran en cambio trabajar con ellos para así poder subsistir.

Se coloco a su lado y la rodea con sus brazos.

—Me has contado tantas cosas de Seiya que siento que ya lo conozco tanto como tu, y si es tan tenaz y testarudo como dices, seguro volverá aquí, sano y salvo.

Esa noche Miho lloro en los brazo de su amiga, Erii no la dejo sola hasta que se quedó dormida.

Dos días despues, Miho se encargó de guiar a los niños a su clase de música, cuando su amiga Erii la intercepto afuera del salón.

—¡Miho!

La muchacha le miro confundida.

—¿Qué sucede?

Su amiga Erii se veía muy agitada, parecía haber corrido un maratón.

—Es él, esta aquí, afuera, te busca— le decía a lo que Miho sin esperar mas nada salio corriendo hacia el patio principal.

Miho sintió como sus ojos volvía a humecerse, al verlo ahí, de pie, un poco magullado y un brazo vendado, pero al fin y acabo ahí estaba. Había vuelto, como le había prometido. Vivo.

—¡Seiya! — gritó sin poder contenerse.

El chico dijo de mirar al cielo y enfoco su mirada café en su amiga de la infancia.

—¡Miho! — saludó contento y casi se cae cuando la chica lo rodeo con sus brazos.

Seiya parpadeo al ver el afecto de Miho tras su encuentro, luego una sonrisa enternecida cubrió sus labios y su mano sana se ubico en su cabeza.

—Lo siento Miho, te he preocupado y hecho esperar.

—Pensaba que no te vería nunca más —murmuró la chica con su rostro aun enterrado en el pecho de Seiya. — Idiota.

La culpa cubrió a Seiya, porque por un momento en que daba su vida en los doce templo, no había pensando en que aun tenía personas que esperaban por él en Tokyo.

—Lo siento — volvió a pronunciar y correspondió el abrazo de su amiga. — Ya no te preocupare.

—No digas mentiras — bisbiseo la chica — Se que volverías a luchar en pro a la justicia.

Porque Miho lo sabía, lo supo en ese momento que lo volvió a ver, que su amigo no dudaría en ir ante un llamado de Athena.

—Solo, solo, trata de pensar más en ti cuando estés peleando ¿de acuerdo?

Seiya no dijo nada, y para Miho estuvo bien que así fuera. Porque sería promesas que Seiya, aunque quisiera prometer, no cumpliría.

Porque al final, aunque al principio estuvo reticente, Seiya había aceptado el destino de las estrellas como caballero de Athena.

Y así un semana después, en que apenas Seiya había descansado, supo con dolor que su amigo se había vuelto a ir para salvar al mundo.

Las fuertes lluvias y maremotos que estaban cubriendo algunas partes del mundo sabían tenían que ver.

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