Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
CAPÍTULO 22
Yo: Estoy aburrida. Envíame un mensaje.
Sasuke: ¿Sobre qué?
Yo: Cualquier cosa. ¿Cuál es tu color favorito?
Sasuke: No lo sé. Verde. Supongo que el tuyo es el negro.
Yo: Cierto. Aunque en realidad no es un color, es una sombra o un tono o una paranoia o así. ¿Comida favorita?
Sasuke: Pizza. ¿Tú? Yo: Tacos.
Sasuke: Buena elección. ¿Música?
Yo: Mucha. Demasiada para tener una favorita.
Sasuke: Yo también. ¿Película?
Yo: Deadpool. Un equilibrio perfecto entre humor, sensualidad e inmoralidad.
Sasuke: Era buena. ¿Programa de televisión?
Yo: Solía ser Stranger Things, pero ahora no estoy tan segura. ¿Tú?
Sasuke: Samurai Jack. ¿Por qué no estás segura?
Yo: No sé. Tal vez necesito más felicidad y luz en mi vida.
Sasuke: Lo entiendo.
Yo: También me encantaba Orphan Black.
Sasuke: Excelente serie.
Yo: No has dicho tu película favorita…
Sasuke: No lo sé. La guerra de las galaxias.
Yo: Un digno clásico. Dime algo que no sepa sobre ti.
Sasuke: ¿Cómo qué?
Yo: Cualquier cosa que te guste.
Sasuke: Vaya, mierda.
Sasuke: A veces como tortitas rellenas para desayunar.
Yo: ¡¿Qué?! No… realmente acabas de exponer tu ser más oculto ante mí. Nunca te habría tenido como un tipo de tortitas rellenas. La imagen mental que tenía de ti ahora se ha resquebrajado. Es como si el mundo entero se hubiera puesto patas arriba.
Sasuke: Estupendo. Tu turno.
Yo: Me gusta enviarte mensajes.
Yo: Y de vez en cuando yo también como tortitas rellenas.
Sasuke:…
Como la felicidad está sobrevalorada, las cosas entre Sasuke y yo se fueron de nuevo al traste a la semana siguiente.
El problema vino en forma de Sasuke, de pie junto a su taquilla, cubierto por las manos de Konan. Se diría que la tipa no podía decidirse por qué parte de él toquetear primero públicamente. Si su pecho, sus caderas delgadas o las líneas duras de sus brazos. Y qué clase, la forma en la que Konan trataba de frotarse el sexo contra la pierna de él.
Sinceramente, esperaba que Sasuke se acordara de lavarse con desinfectante en cuanto ella hubiera terminado.
¿Por qué esa zorra? Cualquier otra mujer y lo habría soportado. Pero no: pobre de mí, con mis delicados sentimientos heridos y mi corazón roto, la lealtad traicionada, etc. Sin lugar a dudas, había sido culpa mía por soñar hasta el delirio con ese chico. Pero, aunque solo fuera mi amigo y un amor platónico, dejar que aquella guarra lo sobara en el pasillo después de todo lo que ella me había dicho… ¿Cómo era capaz?
Antes de que ninguno de los dos me viera, me di la vuelta hacia la salida más cercana. Lo más valiente fue huir de inmediato. Solo Dios sabía qué habría pasado si me hubiera quedado. Una extremidad podría habérseme desprendido o algo así. Había superado las tres cuartas partes del viernes sin esconderme de la realidad, tan solo encerrándome en un baño durante media hora o un poco más; esperar otra cosa de mí esa semana hubiera sido una locura.
—Oye —dijo Hinata— que vas en dirección opuesta.
—Ni hablar —Negué con la cabeza— A menos que, por supuesto, «quieras» ver a la Konan esa intentando montar a Sasuke junto a su taquilla.
—¿Qué? —Hinata arrugó la nariz— Puaj.
—Lo sé —afirmé— Y si bien me doy cuenta de que la política de educación sexual de la escuela podría considerarse inadecuada, las demostraciones en directo de la vida real tampoco son lo que yo busco.
—Me parece bien.
—Así que me voy a saltar las clases por primera vez en la vida. Es mi próxima nueva experiencia, lo acabo de decidir —La sonrisa que le dediqué es muy probable que fuera un poco demente— Toma los apuntes por mí, por favor.
Negó con la cabeza.
—Que le den, me voy contigo. Larguémonos de aquí.
Primero nos detuvimos en la Auburn Coffee Company, por la cafeína. Luego, tomamos una serie de decisiones. Una noche de viernes vacía se cernía amenazante en lontananza: eso era inaceptable.
No voy a mentir: algo de miedo y de culpa pervivía en mi interior por saltarme la clase. Pero hice caso omiso con coraje de esos necios impostores. ¿Y si me volvían a castigar o se lo decían a mamá? De hecho, preferiría que mi madre nunca se enterase; sus niveles de estrés con respecto a mí ya eran suficientemente elevados. Sin embargo, se trataba de una miserable clase en toda mi carrera estudiantil frente al fin del mundo.
—Fui abducida por extraterrestres —me contó Hinata, sentada en su cama con las piernas cruzadas. Los planes anteriormente mencionados incluían una fiesta de pijamas en su casa. Como sus padres tenían un mini bar bien abastecido y habían salido a cenar con unos amigos, terminamos nuestros cafés y comenzamos a tomar cervezas— Me sacaron directamente de un pasillo del instituto. No pude hacer nada, salvo dejarles llevar a cabo sus enfermizos y pervertidos experimentos sobre mí.
—Dios, pobrecita —Di un sorbo de mi bebida.
—¿He mencionado que todos los extraterrestres parecían modelos masculinos?
—Todas esas sondas. Eres tan valiente.
—Lo intento —resopló— ¿Y tú? ¿Por qué faltaste a la última clase?
—Oh, me resbalé y me torcí el pecho izquierdo —informé muy seria— Tuve que irme a casa y descansar de inmediato.
—Por supuesto. Eso parece insoportable.
—Mucho —Me di unas palmaditas en la teta— El médico dijo que no podría usar sostenes con aro durante semanas. Estamos hablando de un posible descuelgue aquí. El dolor es auténtico.
Hinata se partía de risa.
—Esos son problemas que las chicas de pecho plano como yo nunca tendremos. Tú y tu delantera, manteneos alejadas de mí. Me quedo con mis sostenes deportivos y la comodidad, ¡muchas gracias!
Un reality show se emitía en silencio en la pequeña pantalla plana de televisión que colgaba de la pared. Dibujos o cuadros hechos por Hinata cubrían la otra pared, cuyos temas iban desde autorretratos a dibujos de amigos, de casas de su calle a pequeñas y cotidianas cosas del hogar.
—Realmente, tienes muchísimo de talento —le dije, y no por primera vez.
—Cállate.
—Lo tienes.
—No —Dio un trago a la cerveza— Papá sí tiene mucho talento. Yo soy mediocre.
Solo sacudí la cabeza.
—Mi hermano y yo tenemos suerte —dijo— Entre mamá, que es contable, y papá, que es profesor de Arte, cubrimos el lado izquierdo y el derecho del cerebro.
—No estoy segura de tener ninguna parte del cerebro cubierta —bromeé— Mamá es inteligente, pero tuvo que abandonar la universidad para tenerme a mí. El donante de esperma no quiso saber nada de nosotras. Él se lo pierde.
—Desgraciado.
Me encogí de hombros.
Claro, a veces dolía, pero eso no cambiaba la verdad. Me querían. No permitiría que el mierdecilla que le había roto el corazón a mamá y nos había dejado tiradas de la peor manera jugara con mi cabeza. No se produciría una emotiva reunión, no habría ni comprensión ni perdón definitivo. Para mí, él no existía. Con que uno de tus progenitores te ame puede ser más que suficiente. Fin.
—Entonces… —murmuró Hinata, tendida de costado, acercándose de nuevo la cerveza a los labios— ¿Cuándo vamos a empezar a insultar a Sasuke?
—Ejem, ¿nunca?
Se quedó con la boca abierta por la sorpresa.
—Venga, vamos. Permitió que esa zorra le metiera mano después de que dijera toda esa mierda sobre ti. ¿Dónde está su lealtad?
—No soy su dueña. Si él quiere tener mal gusto con las mujeres, ese es su problema.
Me había hecho morir por dentro un poquito, pero no era gran cosa.
—De ninguna manera, no puedes dejarlo pasar. ¡Amistad! ¡Camaradería!
Tal vez debería haberle contado la historia de que vino a rescatarme cuando me estalló el neumático trasero en mitad de la noche. Pero a pesar de que realmente me gustaba Hinata, la confianza todavía no era fácil. Mi privacidad había sido tan invadida en las últimas semanas que ahora la valoraba profundamente.
Hinata me tendió la mano, haciendo señas con los dedos.
—Solo dame tu teléfono móvil. Le enviaré un mensaje corto y conciso, eso es todo. Algo como «Espero que tengas un buen día y que se te caiga el pene».
—No. No vamos a mandarle mensajes a Sasuke y mucho menos borrachas.
Dos horas después….
—Es «picha floja» una o dos palabras, ¿eh? —preguntó Hinata, mordiéndose el labio inferior mientras estudiaba la pantalla de mi teléfono móvil.
—¿Lo estás llamando picha floja?
—Ingenioso, ¿verdad?
—Sí.
Me tumbé a su lado en la cama. El techo parecía estar dando vueltas sobre sí mismo.
—Ojalá se me hubiera ocurrido a mí eso.
—Como te decía, el vodka ayuda con la creatividad. Libera al artista que llevamos dentro.
—Obviamente.
—A mi hermano no le va a gustar nada que haya robado esta botella de su habitación. Aunque realmente no bebo a menudo. Aun así, debemos esconder la prueba y no contárselo. Y, sobre todo, tenemos que impedir que mis padres lo descubran —El móvil le sonó de nuevo y Hinata lo alcanzó de la mesita de noche. Había que admirar la habilidad de la chica para realizar múltiples tareas. ¿Quién sabía con cuántas personas diferentes a la vez estaba sosteniendo conversaciones de texto esa noche?— Oh, qué bien. La cena de Temari y TenTen con los padres de TenTen está yendo de perlas.
—Me alegro —Suspiré— Todo el mundo debería ser feliz y estar enamorado y todas esas cosas.
—Mmm. O eso, o beber y enviarle imaginativos mensajes de enfado a los chicos.
—Sí.
Se oyó un ruido fuerte que provenía de la puerta principal. Ambas nos sentamos, sorprendidas, y luego comenzamos a reír por alguna razón. No sé, tenía sentido en ese momento.
—Mi hermano debe de haberse olvidado las llaves.
Hinata saltó de la cama y yo la seguí por curiosidad, pero también porque era hora de ir al baño. Afortunadamente, no nos habíamos cambiado la ropa que habíamos llevado al instituto, así que, para variar, nadie me encontraría en pijama.
La casa era una vivienda unifamiliar baja y larga de ladrillo visto, cuyas paredes estaban repletas de pinturas grandes, brillantes y bellas, todas ellas hechas por el padre de Hinata. Si él hubiera sido mi padre y a mí me hubiera interesado el Arte, también me habría sentido intimidada. Era bueno.
Más golpes en la puerta principal.
—Un momento —gritó Hinata, abriendo la cerradura y la puerta.
—Señoras —Naruto ocupaba la entrada, con una amplia sonrisa— Estabas equivocado, Suigetsu. No están borrachas, ni mucho menos.
Algo dentro de mí —mi estómago, mi orgullo, no sé qué— se hundió por debajo del nivel del suelo. Agarré a Hinata del brazo, mientras le susurraba:
—¿Les has dicho que estábamos aquí?
—Naruto me ha tendido una trampa.
Fruncí el ceño.
—¿Cómo?
—Me preguntó dónde vivía.
—¿Y eso… esa es una pregunta trampa? —pregunté, desconcertada.
Hinata aleteó los brazos. El chico en cuestión, sin embargo, se rio entre dientes.
«Imbécil».
Sasuke empujó a Naruto a un lado y entró en el vestíbulo. No estaba contento.
—¿Hay algún motivo en concreto por el que me has enviado la dirección de cada clínica de ETS del estado?
Abrí la boca, la cerré y luego la abrí de nuevo.
—Bueno, en realidad es una información muy útil para cualquiera, ¿sabes?
No lo convencí.
—Y quieres que mi polla pequeña e inútil se me reseque y se me caiga, ¿por qué?
—Joder —rio Naruto— con ese comentario es que me partía de risa. Aunque todos han sido bastante buenos.
Hinata sonrió.
—Los escribimos a medias.
—Buen trabajo.
Naruto levantó la mano, anormalmente grande, y se la chocó a Hinata. Increíble. Mientras tanto, una expresión vagamente homicida llenaba los ojos de Sasuke.
—¿Saku?
—Como si no lo supieras —intervino Hinata, y toda la buena voluntad y la alegría desaparecieron de su rostro— Sinvergüenza.
Sasuke solo la miró, con el ceño apretado.
—Konan —le espetó.
—¿Konan? —Sasuke se volvió hacia mí— ¿Qué pasa con ella?
Miré a otro lado. Al suelo, a las paredes… todo eran cosas súper interesantes que merecían mi inmediata atención.
—Junto a tu taquilla, esta tarde —puntualizó Hinata— Después de toda esa mierda que le dijo a Saku. ¿Cómo has sido capaz?
Naruto silbó y se apoyó contra la pared, poniéndose cómodo.
—Saku estaba tan dolida que ha faltado a clase por primera vez —continuó Hinata, irguiendo con orgullo la cabeza— Su educación está arruinada. Por tu culpa.
«Aniquílame ahora mismito, por favor, Jesusito».
Sasuke se agachó para hacer coincidir sus ojos con mi línea de visión.
—Saku, Konan se ha acercado a mí y le he dicho que se vaya al cuerno. ¿Era eso lo que querías saber?
—Yo… ¿Has hecho eso? —pregunté— ¿Pero primero has dejado que te metiera mano?
—Joder. La he mandado a paseo, ¿de acuerdo? Solo que le ha costado un poco captar el mensaje —Se enderezó y sacó su habitual goma elástica del bolsillo para recogerse el pelo— Hay montones de chicas por ahí. ¿Por qué iba a liarme con una que insulta a mis amigos?
Yo nunca había podido meterle mano, así que, ¿por qué ella sí? De todas formas, al final Sasuke había hecho lo correcto. Suspiré de alivio y de momento conseguí no hacer caso a la momentánea punzada de celos que sentía.
—Ah.
—Uf, qué metedura de pata —murmuró Hinata.
Sasuke, de pie frente a mí, esperaba.
—Lo siento —dije, haciendo una mueca— Pero tienes que admitir que, desde fuera, se veía muy mal.
—¿Estamos saliendo? ¿Estamos juntos o algo así y no me he dado cuenta?
—¿Qué? No.
—¿Pues entonces?
Fruncí el ceño. Con los brazos cruzados, él no dijo nada.
—De acuerdo, lo de enviarte mensajes de texto insultantes… nos dejamos llevar. Yo, mmm, te prometo que en el futuro solo usaré tu número para el bien en vez de para el mal.
—Te lo agradecería.
El brillo de sus ojos seguía sin ser amistoso. Lo cierto era que tampoco podía culparlo por eso.
—De acuerdo, criaturas —Naruto juntó las manos y se las frotó— Ya que estamos aquí, ¿qué entretenimiento nos podéis ofrecer?
—¿Queréis ver una película? —preguntó Hinata, cerrando la puerta de entrada.
—Buena idea.
Juntos, se dirigieron hacia la sala de la familia, mientras discutían sobre qué película elegir. Sasuke y yo, sin embargo, nos quedamos quietos. Entrelazando las manos, le ofrecí una pequeña sonrisa de arrepentimiento.
—Siento haber sido una imbécil integral.
—La próxima vez que tengas un problema conmigo, Saku, ven a mí directamente —dijo— Es cierto que, probablemente, debería de haber parado antes a Konan. Pero cómo se supone que he de quitarme sus manos de encima, ¿eh? Empujar a una chica frente a las cámaras de la escuela no queda muy bien.
No le faltaba razón.
—Estoy acostumbrado a que la gente piense que soy escoria, pero esperaba algo más de ti —aclaró, con expresión herida.
—Yo no pienso así.
—Entonces, ¿por qué no has confiado en mí?
Mi cerebro, empapado de alcohol, no tenía nada que argüir. Sasuke desvió la mirada, con los hombros todavía tensos.
—La única razón por la que hablé con ella fue porque tenía un mensaje de mi hermano. Konan todavía le compra.
—Oh.
Durante un buen rato no dijo nada.
—Dile a Naruto que lo veré más tarde.
Cuando se marchó, no cerró la puerta ni nada. La silenciosa despedida casi fue peor.
