Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

CAPÍTULO 25

Esa noche…

Yo: ¿Estás despierto?

Sasuke: Sí

Yo: ¿Qué estás haciendo?

Sasuke: TV. ¿Estás bien?

Yo: Todo Ok. ¿Quieres estudiar?

Sasuke: Allí en 15.

Supongo que estaba nervioso porque, en cuanto llegó, en vez de estudiar propuso salir a dar una vuelta. Fuimos a un restaurante de carretera situado en la autovía que llevaba al parque nacional. Era un edificio largo, tipo cabaña, con un gran letrero de cerveza Bud encendido en la parte superior. Seguro que había cabezas de animales muertos colgando de las paredes. Incluso en mitad de la noche, unos cuantos camiones y motos estaban aparcados delante.

—No tengo un DNI falso —le dije, el asfalto crujiendo bajo mis pies.

—No hace falta. El dueño es un viejo amigo de mi padre.

—Caramba. La primera vez que bebo en un bar siendo menor de edad.

Levantó la mano y chocamos esos cinco. Una calidez me llenó el pecho que nada tenía que ver con el alcohol o las drogas.

Haber recuperado a mi amigo era estupendo.

Dentro había reservados con bancos corridos y una larga barra de madera, separados por varias mesas. Desde una vieja máquina de discos salía música country. Y cabezas de animales muertos… lo sabía. Una pequeña pista de baile y un par de mesas de billar se situaban a un lado.

—¿Quieres jugar? —le pregunté, yendo en esa dirección.

—Claro.

—Sasuke.

Una camarera de veintitantos años se acercó a él con una sonrisa de bienvenida. Iba muy guapa con una falda de denim ajustada. Seguidamente lo abrazó con todo el cuerpo. O ya se conocían en el sentido bíblico o ella quería que lo hicieran. Hagan sus apuestas.

—Ruby. Hola —La apretujó antes de apartarse— Esta es mi amiga, Saku.

—Hola —Su sonrisa vaciló ligeramente cuando sus ojos se posaron en mí. Definitivamente, lo habían hecho— Bienvenida.

—¿Podemos tomar una sidra y una cerveza? —preguntó Sasuke.

—¡Marchando! —Ruby se apartó, balanceando ostentosamente las caderas.

Por supuesto, Sasuke la miró.

Preparé las bolas y seleccioné un taco, cuya punta froté un poco con tiza. No estaba celosa porque eso habría sido inútil. Total y completamente inútil. Y en cuanto a la estúpida parte de mí que insistía en fantasear sobre él, podía cerrar el pico.

Sasuke se aclaró la garganta.

—Espero que te parezca bien.

—¿El qué?

—¿La sidra? Como he notado que de hecho no eres demasiado aficionada a la cerveza, pues…

—Es cierto. Estupendo. Gracias —Los hombros se me relajaron y respiré tranquila— ¿Quieres romper?

—No, hazlo tú.

Inclinándome sobre la mesa, alineé el tiro. La bola blanca se estrelló contra un lado del prolijo triángulo de bolas de colores, lo que las envió en todas direcciones. Una cayó ruidosamente dentro de uno de los agujeros de las esquinas.

Qué gratificante.

—Qué bonito —comentó Sasuke.

Me encantaba esto: el roce del fieltro en los dedos y la sensación del taco entre las manos. Sobre todo, me gustaba el satisfactorio crac que las bolas hacían al impactar, seguido por el sonido de rodar por los túneles debajo de la mesa hasta llegar al final. Estaba centrada. Con el siguiente golpe, envié otra bola abajo. Y luego otra.

—Has jugado antes —observó Sasuke.

Me agaché un poco, alineando el siguiente tiro en mi cabeza.

—Mamá tuvo un novio durante un tiempo. Era estupendo. Tenía una mesa de billar y me enseñó a jugar.

Sasuke carraspeó.

—Creo que quería llevar las cosas más lejos con mamá, pero ella no estaba lista. Lástima —El disparo me salió mal e hice una mueca— Vaya. Tu turno.

Ruby regresó con las bebidas y las colocó en la mesa que había junto a Sasuke. Ella le guiñó un ojo; él le sonrió.

Me tragué la mitad de la bebida.

—Por la amistad —dije, y volví a dejar el vaso.

Sasuke tomó un taco y se inclinó sobre la mesa, midiendo su disparo. Traté de no fijarme en cómo se le ajustaban los jeans al trasero, y fallé. Como de costumbre, lo que yo hacía fatal él lo lograba con despreocupada facilidad. Una bola cayó, seguida de otra.

—¿Has visto a tu hermano últimamente?

—Sí —Una nube oscura le cubrió el rostro— Vino la otra noche, quería hablar conmigo sobre volver a vender. Le dije que no. Otra vez. Mi tío no lo quería en su casa; sabe en qué mierda está metido Itachi. Se pusieron a gritar. No me gustó —Falló el lanzamiento, se acercó a la mesa y dio un sorbo de su bebida— En fin… ¿Y cómo va el psicólogo?

—Bueno, hemos ido más allá de hablar solo de películas —Supongo que habíamos llegado a la parte sin barreras personales de la noche. Hice mi lanzamiento y la bola se hundió— Le hablé de ti.

La cara de Sasuke se volvió inexpresiva.

—Ah, ¿sí?

—Su opinión profesional fue que ser amigos después de haber pasado por una experiencia tan traumática juntos podía ser tan beneficioso como dañino.

No dijo nada y se llevó la botella de cerveza a los labios.

—A veces los psicólogos hablan con rodeos.

Un gruñido.

—Pero ¿ahora sí le hablas sobre tus problemas de atención, el insomnio y esas cosas?

—Sí —afirmé.

No había sido fácil, pero lo había hecho. Y mientras tanto me habían dado una nueva medicación y me habían recomendado algunas estrategias de adaptación psicológica. Ya veríamos si funcionarían.

—Bien —dijo.

Otra bola fue a parar al agujero.

—¿No debería haberte mencionado?

—Lo que sea que te ayude. Supongo.

—¿Estás seguro? Puedo dejar de hablar de ti con el señor Hatake si prefieres que no lo haga. Solo preguntaba por mis amigos.

—Está bien, Saku.

—No hablo de ti con nadie más —aclaré— Por si acaso te lo preguntabas. Sé lo que es tener a gente hablando de ti a tus espaldas. Chismes y porquería.

—¿Ni siquiera con Hinata?

—No. Bueno… —Arrugué la nariz— En general, no. No hablo de nada personal. Aparte del desafortunado incidente con los mensajes de texto...

Una sonrisa irónica de su parte.

—Ya.

—Lo siento —Me coloqué en posición, inclinada sobre la mesa, con el taco en la mano— Una vez más.

—Estás perdonada. Una vez más —Bebió un poco de cerveza— Fue el sándwich lo que lo logró. Era la primera vez que alguien me preparaba el desayuno.

Sonriendo, apunté y disparé. La pelota cayó en una tronera. Me moví sobre la mesa, apartándome de él, para preparar el siguiente disparo. Casi había llegado el momento de que yo, oh, sí, ganase con gracia.

Sasuke me miraba en silencio. Me hubiera encantado saber qué le pasaba por la cabeza. Salvo que, en ese instante, la mirada se le posó en el escote del cuello de mi camisa y allí se quedó, pegada a mis pechos.

«De ninguna manera».

Y no era como si no me hubiera puesto un sujetador. No era que se transparentasen ni nada así. Además, tampoco era como si no me hubiera visto antes en ropa interior, y mojada, cuando estuvimos en el lago. Si la memoria no me engañaba, entonces también se había fijado en ellos. Brevemente. Aun así, por la forma en la que ahora los miraba embelesado, se hubiera dicho que el chico nunca había visto un par de tetas. Como si una chica fuera un objeto extraño y desconocido.

Lentamente, me erguí.

Pasado el trance, me miró, con los ojos muy abiertos. Lo había sorprendido y ambos lo sabíamos.

—Estás a punto de que te entierren —le dije.

Él parpadeó repetidamente.

—Saku, yo…

—A dos metros bajo tierra, Sasuke.

Hice un gesto con la cabeza en dirección a las bolas de la mesa. Frunciendo el ceño, también dirigió su atención hacia ahí.

—Oh.

—Mamá dice que no debería bromear sobre la muerte, pero, no sé… El humor negro parece adecuado después de lo que pasamos.

No dijo nada.

—¿No estás de acuerdo? —le pregunté, entreteniéndome para darle tiempo a sobreponerse.

Fingir que me daba igual lo que respondiera no habría sido raro; habría sido rarísimo. Acababa de recuperarlo como amigo: no podía volver a perderlo. Había sido un accidente ocular fortuito, nada más. Al fin y al cabo, ambos sabíamos que yo no era su tipo. Aun así, tal vez debería esforzarme más por darme un revolcón. Por lo visto, el sexo era una manera fantástica de combatir el estrés. Y ahora mismo, mi mejor amigo me estaba haciendo sentir un poco estresada.

«Sí, genio de la ciencia».

Acababa de encontrar mi próximo «la primera vez que» para cerrar la lista.

—Sí, ya voy —dijo finalmente, señalando con la cabeza la mesa— ¿A la mejor de tres?

Sonreí.

—Venga.

Después de ganarle una o dos veces más, y de largo, me llevó a casa. No pasó nada entre nosotros. Quiero decir, que claro que, por supuesto, no pasó nada entre nosotros.