Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

CAPÍTULO 27

Ese fin de semana, hice la colada como una no virgen.

También limpié la cocina, intenté estudiar y luego traté de comenzar a leer una nueva saga de ciencia ficción juvenil. Estudiar no funcionaba tan bien sin Sasuke, pero mandarle un mensaje para que viniera tan pronto después de los acontecimientos de la noche anterior me pareció un poco raro. Finalmente, me di por vencida y me eché una siesta.

En cualquier caso, llevé a cabo todas esas milagrosas hazañas sin himen.

Sorprendentemente, nada parecía haber cambiado. Logré lavar la ropa y fallé en ambos frentes, el del estudio y el de la lectura. Al igual que mi yo con himen. Cuando salimos a comer juntas el domingo a una taquería local, mi madre ni siquiera notó que su hija, aparentemente, se había convertido en mujer.

Por supuesto, Hinata adivinó lo que había sucedido. Echó un vistazo a mi cabello y a mi maquillaje desordenado y chilló de alegría. Aunque es verdad que había estado en las etapas de planificación. No me desperté a la mañana siguiente sintiéndome particularmente más inteligente o más madura. Por ahí abajo las cosas estaban un poco doloridas, pero eso era todo.

Honestamente, siempre y cuando hubiera consentimiento mutuo y usaras protección, el mayor peligro al hacerlo por primera vez parecía ser el recuerdo que forjarías y que llevarías contigo para el resto de tus días. Ser capaz de vivir con tu decisión y todo lo de la realidad frente a las expectativas, etc. Sin embargo, una vez que ya lo habías hecho, ¿eso significaba automáticamente que deberías continuar y hacerlo automáticamente con la siguiente persona que te gustase? Porque eso, en realidad, no tenía sentido. Supongo que dependía de cómo te sintieras respecto a la siguiente persona. También estaba el riesgo de que entraran en juego las emociones. Si la persona con la que habías tenido relaciones sexuales después no te hacía caso, o hablaba mal de ti, sería un asco (aunque aprender a lidiar con capullos parecía ser una desafortunada parte de la vida).

No sé.

Todo el mundo es diferente. Y sobre cómo me sentiría cuando volviera a ver a Sasuke, pues no tenía ni idea.

Sin embargo, me enteré a primera hora del lunes por la mañana en la clase de Lengua. Con unos jeans rasgados, una camiseta desteñida y la madre de todos los bostezos, Sasuke me pellizcó suavemente la barbilla. Yo le sonreí. Increíble. No era incómodo en absoluto. Sobreviviríamos a todo ese asunto de haber tenido sexo sin problemas.

—Hola, ¿cómo estás? —le pregunté, volviéndome en la silla.

—Bien, ¿y tú?

—Bien.

Sacó su libro y un bolígrafo, muy ordenadamente.

—¿Quieres estudiar esta noche?

—Te envío un mensaje más tarde —contesté, y me volví para mirar al frente.

Fue estupendo. ¡Qué estúpida de mí, haberme preocupado tanto por el hecho de que haber tenido relaciones sexuales pudiera cambiar las cosas! Porque el aroma de su sudor, el tacto de su piel, el sabor de su boca, el calor de su aliento, los ruidos que hacía, el peso de su cuerpo, la fuerza de sus manos y sus ojos, oh, Dios, sus bellos ojos, ni siquiera habían llegado a entrarme en la cabeza.

Seguíamos siendo solo amigos.

Excelente.

Todo estaba perfecto.

CAPÍTULO 28

Si bien en apariencia todo se mantenía normal entre Sasuke y yo, las cotillas de la escuela estaban alborotadas. Por lo visto, el chisme había estado circulando todo el fin de semana: habíamos dejado la fiesta juntos. ¡Oooh!

Había habido un altercado entre Sasuke y Sasori por mí. ¡DIOS MÍO!

Pero, a fin de cuentas, la posibilidad de que Sasuke Uchiha, «el» Sasuke Uchiha, pudiera estar interesado en alguien como yo era tan fantásticamente… ¡JA, JA, JA!

Nadie se atrevía a creer algo tan ridículo.

Sasori había intentado acorralarme fuera de la clase de Lengua española. Hice gestos vagos a mi reloj, me disculpé profusamente y realicé uno de mis más exquisitos trucos de desaparición. Ahora que había tenido sexo con Sasuke, ahora que sabía exactamente lo que implicaba y qué se sentía… la idea de hacer algo remotamente similar con Sasori (o, ya puestos, con cualquier otra persona) me asustaba un poquito. El sexo era tan íntimo, tan privado.

Por el momento, había colgado un letrero de «cerrado» sobre mis partes femeninas.

Lo que era más fácil. Ni siquiera la idea de salir me resultaba atractiva.

—¿Qué hay del baile en barra? —preguntó Hinata en la cafetería durante la comida— ¿Alguna experiencia en la industria del entretenimiento para adultos en vivo y/o en el ámbito del estriptis?

—No. Lo siento.

—Mierda. Lamentablemente, eso nos descarta para una gran parte del mercado laboral —Hojeaba las páginas de empleo de los periódicos locales en el teléfono móvil— ¿Servicios de peluquería y estética para gatos?

—Tal vez.

Hinata se colocó un dedo sobre los labios.

—Lo que pasa es que me dan mucha alergia. Pero hay buenos medicamentos antialérgicos en la actualidad, ¿verdad?

Me limité a mirarla.

—No. De acuerdo —Dio un sorbo de su refresco— Seguiré buscando.

—Buena idea.

—¿Qué es una buena idea? —terció Naruto, introduciendo su cuerpo sudoroso en el asiento que había entre Hinata y yo.

—Tienes que darte una ducha —dijo Hinata— Puaj. Apestas.

—Es un olor varonil.

—No. Es un olor de pies sudados.

Naruto levantó las palmas al aire.

—¿Por qué eres tan mala conmigo? ¿Qué te he hecho?

—A la ducha. He acabado con esta conversación —Tras subirse las gafas por encima del puente de la nariz, Hinata volvió a estudiar los anuncios de empleo— Saku, no tendrás algún título secreto de asesora empresarial que no hayas considerado apropiado compartir conmigo, ¿verdad?

—Eh, no —Mordí mi manzana y mastiqué— De hecho, estoy bastante segura de que voy a suspender las Matemáticas.

—Podemos trabajar más en eso esta noche —dijo una voz familiar.

Se sentó frente a mí, con sus inescrutables ojos negros.

Me quedé helada. No sabía por qué. O peor aún: sí lo sabía.

La verdad era que había salido del paso bastante bien al tenerlo sentado detrás de mí en clase de Lengua. Fingir no había sido muy difícil. Sin embargo, con él ahí mismo, mirándome, todas las complicaciones y todos los problemas restallaron en mi cabeza. Una tempestad digna de «oh, mierda, qué demonios he hecho con mi mejor amigo».

Tiempo. Eso era lo que necesitaba.

El tiempo y el espacio para volverlo a poner en la casilla de solo amigos. No había necesidad de entrar en pánico; todo iría bien. Tenía un plan. Al fin y al cabo, no es que tuviera tantos amigos como para poderme permitir perder uno por lujuria. Sobre todo, uno tan importante para mí como Sasuke. Aun así, en lo único en lo que podía pensar cuando lo veía era en que le había metido la lengua en la boca y él me había metido el pene en la vagina. Y a pesar de que la parte de sexo había sido real, también había sido malísima, así que puede que, la próxima vez, con el himen fuera de juego, fuera mejor. Demonios, puede que la próxima vez fuera increíble.

Con alguien que no fuese Sasuke Uchiha, por supuesto.

Sí, él y yo volveríamos a ser solo amigos. Solo amigos.

—¿Y bien? —preguntó.

—Ah, quizá.

—Hablémoslo más tarde.

Mantuve la cara de cordialidad, como si tal cosa, mientras Hinata miraba a Sasuke y luego a mí con interés, una y otra vez. Por suerte para mí, Sasuke no se dio cuenta. Además, Hinata lo hizo con mucha sutileza, que Dios la bendijera.

—¿Lanzamos unas canastas? —le preguntó Naruto— ¿O vas a la biblioteca otra vez, como un perdedor?

—Canastas.

—Pues muy bien —Después de secarse el sudor de la frente, Naruto deslizó un dedo húmedo por la mejilla de Hinata— Hasta luego, nena.

—¡Oh, mierda, qué asco! —gritó mi amiga, zafándose de su alcance— Aléjate de mí.

—Sé que me deseas —declaró Naruto y se puso de pie.

Arrugando la nariz, Hinata lo miró con disgusto.

—¿Cómo habrás podido adivinarlo? Acostarme con un demente de pueblo y que está desquiciado es justo mi sueño.

Sasuke frunció el ceño.

—Déjala en paz, Naruto. Hasta luego, Saku.

«Y el premio a la Mejor Sonrisa Falsa del año va para (insertar aquí redoble de tambores). A la señorita… ¡yo!»

—Adiós.

—Dios, ahora voy a tener que desinfectarme con lejía o algo así.

Hinata se frotó la mejilla con un pañuelo de papel.

—¿De qué iba eso? —preguntó TenTen, caminando hacia nuestra mesa.

Temari estaba a su lado y le agarraba la mano.

—¿Pasa algo entre el chico del baloncesto y tú?

—Buena pregunta —dije, a pesar de que yo misma necesitaba privacidad— Parece que le gustas.

—No, no. Rotundamente no —repuso Hinata— No tengo el más mínimo interés en ese idiota larguirucho. Y que os siga hablando a cualquiera de las tres es una prueba fehaciente de nuestra amistad.

Cuando TenTen se volvió hacia mí en busca de respuestas, hice un pequeño movimiento de negación con la cabeza. Mejor ni hablar del asunto durante una temporada.

—¿Estás segura de que no pasa nada? —insistió, mientras se sentaba— ¿Segura, segurísima?

—Antes los he visto hablando al salir de la clase de Historia —nos informó Temari— Parecían muy a gusto.

Con mucha pasión, Hinata golpeó la mesa con la mano.

—Se acabó. Las dos estáis muertas para mí y ni siquiera os voy a llorar.

—Ooh —TenTen se ahogaba de la risa— A la manada de zorras eso no les va a gustar. Primero, Saku y Sasuke; ahora, Hinata y Naruto. Deberíais haber visto la cara que ponían cuando los chicos estaban aquí. Ay.

La mesa llena de las chicas en cuestión se encontraba en el lado opuesto de la cafetería. Se reían demasiado alto y movían tanto el pelo que acabarían por hacerse daño en el cuello. No me importaba a quién estuvieran mirando ese grupo de guapas, o lo que pensaran. Sin embargo, mis primeros años me condicionaban y me decía que sí era algo fundamental.

«Va a ser que no».

Hinata ladeó la cabeza, sin dejarse impresionar.

—¿En serio, chicas?

—No estoy con Sasuke —aclaré, terminándome la manzana— Solo somos amigos.

—Lo negáis tantísimo que parece cierto… —Temari y TenTen intercambiaron una mirada.

—¿No tenéis nada mejor que hacer que prestar atención a rumores tontos? —preguntó Hinata— ¿Cómo vivir vuestra vida, o salir con alguien, o lo que sea?

—En realidad… —TenTen se inclinó sobre la mesa, con la barbilla en la mano— Chicas, traigo buenas noticias.

Hinata permanecía con el ceño fruncido.

—¿Cuáles?

—Mi antigua encargada dirige una tienda de decoración en el centro comercial, y resulta que necesita un par de personas para los sábados —TenTen sonrió— Creo que le he hablado de dos amigas mías maduras, honestas y trabajadoras que están buscando trabajo.

Hinata aplaudió.

—¡Vuelves a estar viva para mí! Oh, Dios mío, eso es maravilloso, TenTen.

—¿En serio? —pregunté, casi embargada por la emoción.

TenTen asintió.

—Quiere que os paséis por ahí un día de esta semana al acabar las clases.

—Es estupendo —sonreí— Gracias.

Hinata y yo intercambiamos una gran sonrisa. Ya estaba: el dinero, la fama y la fortuna iban a ser nuestros. Podía sentirlo.

CAPÍTULO 29

Sasuke: ¿Estás despierta?

Sasuke: ¿Saku?