Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
CAPÍTULO 30
—Si tuvieras que hacer una lista de todo lo que necesitarías para sobrevivir al apocalipsis, ¿qué valor les darías a los servilleteros? —preguntó Hinata.
Puse cara de pensar.
—Mmm. Comida, agua, servilleteros.
—¿Los pondrías por delante de las servilletas?
—¿De qué sirve una bonita servilleta sin su servilletero? —pregunté.
—Cierto.
Con cuidado, puse la pegatina del precio que Hinata me había dado en otro espléndido ejemplo del artículo mencionado.
—¿Y tú, qué valor les darías?
—Pues —respondió ella—… prácticamente el mismo.
Nos contrataron y les salió a cuenta. Pero al menos nos contrataron.
Box & Jar poseía una amplia y maravillosa selección de todo cuanto pudiera hacerte falta para satisfacer tus necesidades domésticas. La mitad de las cosas eran increíbles. Por ejemplo, a ver: ¿a quién se le había ocurrido inventar tres utensilios diferentes para sacar los pepinillos en vinagre de un bote? Lo mejor era meterlos en un sándwich o en una hamburguesa. Eso sí que estaba bien. Pero, de verdad, ¿sacarlos del frasco en el que se compraban justificaba tener tantos utensilios?
Aparentemente, sí.
—Me he enterado de que ayer por la noche hubo otra fiesta en casa de Karin —Hinata me miraba por el rabillo del ojo— Por lo visto fue la bomba, de lo mejor, lo máximo, y todas estas cosas.
—¿Naruto te llamó?
—Me envió un mensaje —me corrigió— Quería saber por qué no estábamos allí.
—¿Qué le dijiste?
—Que teníamos trabajo hoy y necesitábamos dormir un poco.
Asentí.
—Y es verdad.
—Así es.
—¿Sabes? Parece que a Naruto le gustas de verdad. ¿Estás segura de que no te interesa ni un poquito?
—Hablemos de Sasuke.
Cerré el pico.
—¡Chicas! —Miriam pasó junto a nosotras en uno de sus controles regulares— ¿Cómo lo lleváis?
De pies a cabeza, la mujer emanaba clase con su elegante vestido recto de lino blanco y el delantal azul marino con el nombre de la empresa bordado en el pecho.
Mientras tanto, yo era todo bultos dentro del mismo atuendo, pero muy ajustado, de la talla más grande que Miriam había sido capaz de encontrar. Básicamente, tetas, barriga, mucho trasero y muslos. Y el blanco era un color que me quedaba de pena… El delantal azul marino apenas parecía estar a la altura de la tarea de mantenerme unida. Al más mínimo movimiento erróneo y repentino por mi parte, podría estallar una costura. Vivía en perpetuo temor de que todo se viniera abajo. Y heme ahí, con la esperanza de que mis hoyuelos distrajeran al público de tan abrumador espectáculo de curvas.
—¿Ya habéis terminado de ponerles precio? —preguntó Miriam con una deslumbrante sonrisa— Muy bien. ¿Sabéis? Este trabajo les habría costado a los de antes todo el día y seguro que hubieran acabado haciéndolo mal.
Ambas le devolvimos la sonrisa.
Previamente, nos había hecho una confidencia: y es que había sorprendido fumándose un porro en el almacén a los empleados que ocupaban nuestros puestos antes. Eso fue una gran ventaja para Hinata y para mí. Al haber sido esos tipos tan increíblemente idiotas, Miriam no tenía grandes expectativas con nosotras. Así que, con tal de que apareciéramos todos los sábados, fuésemos coherentes e hiciéramos las cosas, estaba feliz.
El mejor trabajo de la historia.
—Estoy tan contenta de que TenTen me haya hablado de vosotras —Poniendo los brazos en jarras, examinó nuestro trabajo— Y todos están correctamente ordenados. ¿Qué pensáis de los cojines?
Hinata me dejó la respuesta a mí.
—Son preciosos —dije.
—Estupendo —Con la misma gracia que una presentadora de un concurso de televisión, Miriam dirigió nuestra atención hacia una pared llena de estanterías desordenadas— Algunos clientes los estuvieron mirando ayer. Lo dejaron todo hecho un completo desastre. Ordenadme los cojines de una forma que me cautive, chicas.
—Entendido —dijo Hinata.
Examiné el embrollo de volantes y flecos, de botones y lazos. Algunos habían sido colocados de nuevo en sus estantes, pero la mayoría seguían en el suelo.
—Estoy pensando en un arcoíris, tipo declaración del orgullo gay.
Hinata asintió.
—Me gusta.
Nos pusimos manos a la obra.
—Las cosas se han puesto incómodas con Sasuke después del sexo, ¿eh? —preguntó Hinata, mientras seleccionaba todos los cojines azul marino y azul oscuro.
Cerré los labios de golpe. Otra vez.
—Está bien, Saku —Me dirigió una sonrisa forzada— Sé que no te gusta hablar de él. Ni de ninguna otra cosa.
—Soy una amiga penosa.
—Ni hablar. Has pasado por mucho. Lo entiendo —Colocó en alto uno de los cojines— ¿Llamarías a este azul cobalto, Klein o zafiro?
—Cobalto, ¿supongo? No eres tú, Hinata —añadí, en un intento de descubrir cómo explicarme y causándome frustración a mí misma al hacerlo: yo y mis interminables problemas— Mi última amiga me fastidió de lo lindo.
—Vaya asco.
—Sí —asentí, con tristeza— Que ella contara mi vida a los cuatro vientos, haciendo públicos mis asuntos privados, no hizo que me sintiera nada bien. La gente ya hablaba de mí, diciendo todas esas mierdas sobre el robo. Un chiflado de las teorías conspirativas estaba convencido de que estaba metida en el ajo con Deidara. De que yo era su novia o algo así. No eran más que patrañas. Cuando no tenían nada cierto que contar, simplemente, se lo inventaban.
Hinata apretaba los labios y me miraba con una mezcla de ira y de pena.
—Que te presten ese tipo de atención no es bueno. No tiene nada de divertido —dije, apretando los puños— Es como si tuvieras encima un foco y no hubiera escapatoria. Para ellos no eres una persona; no les importa lo que pienses o cómo te sientas. Lo único que les importa es obtener lo que quieren de ti.
No. No sonaba amargada y resentida, ni mucho menos. Ni siquiera un poco. Me encogí de hombros.
—De todos modos, ahora ya casi se ha acabado. Sigo adelante.
—Y Sasuke también pasó por eso.
—Sí.
—No me extraña que intimarais. Lo digo de una manera no sexual.
Asentí con la cabeza. Ahuecando un cojín de denim, lo coloqué en el casillero correcto del estante para nuestro proyecto de arcoíris.
—Acostarme con él fue probablemente un error —admití, y tomé la siguiente almohada azul— Lo «necesito» como amigo. Él es el único que entiende lo que fue esa noche. Y lo de después.
—El sexo puede complicar las cosas.
—Ahora me estoy dando cuenta.
—Ya. Obviamente, tenemos que inventar una máquina del tiempo, regresar a esa noche y que en lugar de acostarte con él lo hagas con Sasori.
Y perder todos esos hermosos recuerdos de la piel de Sasuke contra la mía… Qué horrible pensamiento. Además, Sasori no había hecho nada por mí. No en comparación con Sasuke.
—¿O no? —preguntó tentativamente.
—Para ser sincera, siempre he estado un poco enamorada de Sasuke. Lo que pasa es que ahora mi región pélvica no deja de pedirme que haga cosas malas con él todo el rato. Estoy condenada —Se me hundieron los hombros, pero volví a erguirlos otra vez— No. Las cosas volverán a la normalidad. Solo llevará un poco de tiempo. Si puedo evitarle durante una temporada, lo superaré.
—Por eso hace poco te fuiste a comer fuera —gimió Hinata— Me preocupaba que te hubiéramos insultado de alguna manera o algo así.
—No. Solo me estaba escondiendo como una cobarde —admití— Lo hago a veces.
Lentamente, ella movió la cabeza en señal afirmativa.
—Bueno, bueno: eres una persona extraña, señorita Haruno. Y lo digo con mucho cariño.
—Vaya, gracias —sonreí— Creo que tú también eres bastante rara.
—Pero volvamos al problema en cuestión. Sí, claro, podrías seguir evitándolo —Su mirada no me llenaba de confianza— Y quizá funcionaría.
—Por supuesto que funcionará. Él siempre tiene tantas cosas… Apuesto a que ni siquiera se dará cuenta si me pierde de vista por un tiempo. Quiero decir, tengo que pensar positivamente. Después de todo, solo estuvimos cadera con cadera una vez —Levanté un dedo— Solo una vez. Casi se podría decir que fue un accidente.
—Yaaa... No —repuso ella— No me lo trago. Acabas de perder toda la credibilidad.
—De acuerdo. Pero muchas personas tienen relaciones sexuales y no es más que una diversión. No significa nada para ellos, cero, nada —dije— Es solamente ejercicio cardiovascular practicado en posición horizontal y sin la ropa puesta. Un orgasmo o dos y ya están listos para irse, sin más.
—Algunas personas, sí.
Lancé un suspiro.
—Bueno, pues yo podría ser una de ellas.
Hinata no dijo nada. Y lo dijo todo.
—Que podría serlo —insistí.
—Tal vez —murmuró, con una mueca— Pero si lo fueras, en este caso en particular, ¿no estaríamos «no» teniendo esta conversación?
Cerré la boca.
Me aparté de mi nueva mejor amiga y pensé en cosas profundas. O al menos lo intenté. Obviamente, la confirmación que necesitaba tendría que encontrarla en otra parte. Y aunque era reconfortante darse cuenta de que, visto lo visto, Hinata no me iba a mentir en breve, aun así…
—Aléjate de mí con tu lógica —protesté, poniendo cara de pena.
Levantó otro cojín.
—¿Cielo, ártico o aciano?
—¿Azul claro palidillo? —Levanté las cejas interrogativamente— No lo sé. Acabemos ya con esta estupidez.
—De acuerdo —Con cuidado, lo dejó bien colocado en un estante— ¿Así que no debería decirte nada sobre la fiesta al aire libre que Naruto me dijo que habría esta noche?
—No, mejor que no.
Hinata me lanzó una mirada suplicante, agitando las pestañas.
—¿Te importa si voy yo? Quiero decir, es que… ya sabes cómo se pone Naruto. El muy idiota me estará enviando mensajes cada dos minutos si no aparezco. Por alguna razón, ha decidido que le divierte tenerme a su lado.
—Claro que no, tendrías que ir. Lamento ser una perdedora total y dejarte tirada. Es que me llevará un rato ser capaz de acercarme a Sasuke y no imaginármelo sin pantalones. Necesito alejarme de él —añadí muy convencida— Al menos, durante un tiempo.
Con un hondo suspiro, asintió.
—Sinceramente, Saku, puede que eso sea lo mejor.
