Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

CAPÍTULO 38

—¡Sakura Rose Haruno!

—¿Qué…? —balbuceé, esforzándome por despertarme.

La luz me cegó, el largo cuerpo de Sasuke se movió contra mi espalda. Allí, en la puerta de mi cuarto, estaba mamá, con las mejillas encendidas y la furia brillándole en los ojos. Y, por extraño que parezca, Matt, su antiguo exnovio, también estaba de pie en mi habitación.

—¿Qué narices está pasando aquí? —gritó mi madre, que se alzaba imponente ante nosotros.

«Mierda, mierda, mierda».

—Mamá. Puedo…

—¿Puedes qué? —Su mirada iba como un rayo de Sasuke a mí, hasta que finalmente se posó en él— Oh, Dios mío, ¿es ese el chico del Drop Stop? Lo es.

—Señora, yo…

Sasuke se apresuró a apartar el brazo que con el que me ceñía la cintura, así como la pierna que tenía encima de una de las mías. No pude mirarlo. La vergüenza me acababa de tragar entera y me había escupido solo por pura diversión.

—Es amigo mío.

Me senté y me froté los ojos.

—¿Es amigo tuyo? —repitió mi madre, como un loro, cada palabra cargada de ira.

—Sí.

Matt avanzó y puso una mano en la espalda de mamá.

—Tranquila.

Ella le lanzó una mirada furibunda antes de volver al problema que tenía entre manos: yo.

—Saku, tienes exactamente diez segundos para explicarme esto antes de que te castigue de por vida. Diablos, de todos modos, estás castigada de por vida.

Y por alguna razón, no sé… en el fondo no me importaba; al menos, no de la manera en la que tendría que haberlo hecho. Ahora, con la mente ya prácticamente despierta, el drama no me parecía tan enorme ni aplastante.

—Es amigo mío, mamá, y muy importante para mí. Mucho —En cualquier caso, mi mejor amigo del sexo opuesto: Hinata lo entendería— Me doy cuenta de lo mal que queda esto, y de que se supone que no debo traer a gente a casa, y mucho menos tener en la cama a un chico conmigo. Pero tiene los pantalones puestos y yo, también. Así que, por favor, cálmate.

—¿Que me calme? —volvió a repetir mamá, con la incredulidad pintada en la cara.

—En lo de los pantalones tiene parte de razón —terció Matt.

Mamá no respondió.

Matt levantó las cejas y me miró, con una mueca sombría en la boca. Mientras tanto, Sasuke buscaba sigilosamente su camisa entre la ropa de cama. Menudo follón.

Podía notar la rabia que crecía dentro de ella: la justa rabia de su rol materno. De todas las noches en las que ella había decidido irrumpir en mi habitación a las… Dios, eran las cuatro de la mañana. Mamá se balanceó ligeramente, con los brazos cruzados y la cara contraída. Inmediatamente, Matt se le acercó, la rodeó por la cintura con el brazo y la atrajo hacia él. Mi madre llevaba un vestido ajustado y tacones altos. Toda la escena me hizo sospechar. Ese hombre siempre había sido mi favorito de los pocos novios que había tenido mamá, pero ella nunca había querido que sus parejas se quedaran a dormir.

—De todos modos, ¿qué es lo que pasa? —pregunté— ¿Qué hace Matt aquí? No es que no me alegre de verte, Matt.

Un saludo con la cabeza por parte del aludido.

—Ahora no estamos hablando de eso —replicó mamá con los dientes apretados— ¿Estás embarazada?

—¡No! —grité.

—¿Te acuestas con él?

Una brillante uña roja apuntó directamente al corazón de Sasuke.

—Por Dios, mamá. No ha pasado nada. Solo estábamos aquí tumbados juntos, ¿de acuerdo?

Lo que era, básicamente, la verdad.

Una sonrisa burlona y una risita de Matt.

«Imbécil».

Y pensar que había sido mi favorito: pues se acabó. Incluso aunque hubiera sido él quien me había enseñado a jugar al billar. Por su parte, mamá le arrojó una mirada por encima del hombro que habría fulminado a un hombre de menor temple. Pero Matt solo se encogió de hombros.

—Tiene diecisiete años, cariño —dijo— Venga, piensa en el tipo de líos en los que tú y yo nos metimos a su edad.

—No estás ayudando.

—Creo que debería irme —Sasuke, finalmente, había encontrado la camisa y se la estaba metiendo por la cabeza— ¿Quieres que me vaya?

—Creo que sería lo mejor —rugió mamá.

—Luego hablamos —Hice una mueca— Lamento todo esto.

Sasuke asintió y recogió sus zapatos. La mirada de rayos láser de mamá lo atravesó al pasar por delante de ella y salir al pasillo. Era gracioso, pero sería la primera vez en la que en realidad usaría la puerta de entrada. O no era gracioso en absoluto, a juzgar por la cara de mamá.

—Un momento —exclamé ladeando la cabeza, con una confusión de tres pares de narices— ¿Es eso un anillo de compromiso?

Mi madre abrió la boca levemente. Matt se limitó a sonreír.

—Pero ¿qué demonios pasa aquí? —exigí.

—¿Podrías darnos un minuto? —le preguntó mamá a Matt.

—Te dejo —respondió.

Y se fue.

—Le quiero —dijo mamá, después de que él hubiera salido— No he podido decirle que no de nuevo.

—¿Y por eso has irrumpido aquí a estas horas?

—Puede que hayamos tomado un poco de champán para celebrarlo. Estaba emocionada —Recuperó la firmeza de su tono—. Además, es mi casa.

Irrumpiré donde me apetezca y cuando me apetezca, muchas gracias.

Desconcertada, moví la cabeza.

—Entonces, déjame ver si lo he entendido bien. Regresaste con Matt hace meses, me mentiste al respecto, ¿y ahora te vas a casar? ¿Y a qué te refieres con que no podías decirle que no de nuevo? ¿Ya te lo había preguntado antes?

Mamá suspiró y se sentó a mi lado en la cama. La reunión familiar más extraña de las cuatro en punto de la mañana de la historia.

—Quería casarse la otra vez que estuvimos saliendo. Pero eras tan joven…

Arrugué la cara.

—No era un bebé, tenía once años.

—Sí, y tenías las hormonas descontroladas —Me revolvió el cabello con la mano— Necesitaba estar allí para ti. Además, es posible que te gustase Matt, pero no estabas preparada para nada más. Hacer que alguien se mudara con nosotras y fuera parte de nuestra vida, a tiempo completo… No era fácil. Si incluso cuando se atrevía a quedarse hasta tarde, tú comenzabas a mirar el reloj y a pegarte a mí…

—No lo recuerdo.

Mamá se encogió de hombros.

—Eras un poco posesiva. Pero me necesitabas más que él. No tuvo importancia.

—Obviamente, sí la tuvo si hice que tú y el amor de tu vida rompierais —Los ojos se me llenaron de lágrimas, a pesar de hacer cuanto podía por evitarlo. Estaba luchando para lidiar con esta revelación, y con la historia que conllevaba, a raíz de que me hubiera descubierto en la cama con Sasuke. La culpa, el descubrimiento, la pérdida, el enfado y la compasión se aglomeraban en mi mente y me revolvían las entrañas de arriba abajo— Dios, qué idiota fui.

—Eras una niña que necesitaba a su madre y que no llevaba bien los cambios —Me enlazó los hombros con el brazo y me atrajo hacia sí— Yo diría que eso es bastante normal.

—No deberías haber permitido que os hiciera romper. Y tampoco deberías haberme mentido sobre que volvías a verlo.

—Elegí ponerte primero y no me arrepiento.

«Mierda».

Una lágrima se me deslizó por la mejilla y me la sequé rápidamente con la palma de la mano.

—Bueno, pues deberías; también te mereces una vida. Lo siento.

—Yo, no. Y, de todos modos, todo ha acabado bien —Me dio un beso en la frente y extendió la mano para dejar que el anillo reluciera bajo la luz— Justo hasta la parte en la que te encuentro en la cama con el traficante de drogas del barrio. Te puse en primer lugar todos esos años atrás porque quería una buena vida para ti. Las dos trabajábamos juntas en eso. Pero ahora lo estás tirando todo por la borda. Incluso desde…

—Ese no es él —la interrumpí— Ya no se dedica a eso. De veras, mamá. Se mudó con su tío y se está esforzando mucho en el instituto. Su tío tiene un negocio de jardinería y Sasuke trabaja para él a tiempo completo. Es una buena persona, te lo juro.

Sorbí un poco, cerrando el grifo de los ojos.

—No me extraña que tus notas hayan caído en picado —repuso, sorda a mis palabras.

—Más bien al contrario: él me mantiene en el buen camino.

Frunció el ceño con incredulidad.

—¿Cómo?

—Desde el tiroteo, parece que algunas cosas no me importan. Cosas como las notas y los deberes me parecen… no sé, irrelevantes. Pero Sasuke no es así. Él sí que quiere rendir. Me hace estudiar, me ayuda con los deberes de Matemáticas…

—Se va a la cama contigo…

Apreté los labios. Respiré profundamente.

—Sí, es obvio que me gusta de esa manera y que yo le gusto. Es algo normal entre la gente de mi edad, ¿sabes?

Ella maldijo por lo bajo.

—Venga, tarde o temprano había de descubrir el sexo y tener un novio. No es que tú no salieras de fiesta ni tuvieras novios cuando tenías mi edad. Me dijiste que lo habías hecho —Lo que me recordó….— No es que Sasuke y yo estemos juntos. Exactamente. Como novios.

—¿Eres sexo de consolación para él?

—¡No! Soy… No lo sé. Estamos trabajando en ello.

Más maldiciones quedas.

—Por Dios, hija. De todas las personas en esta ciudad…

—Él es el único que me comprende. Que sabe cómo fue pasar por lo que pasamos esa noche —le dije— Y es el único que sé seguro que se pondría en peligro a sí mismo para mantenerme a salvo. ¿Eso no te importa?

—Saku, sé que te salvó la vida y le estoy agradecida por eso.

Se detuvo para respirar y me lancé de pleno:

—Entonces, dale una oportunidad —murmuré, mirándola directamente a los ojos, sin vacilaciones— Es realmente importante para mí, mamá. No voy a renunciar a él.

—Lo harás si decido que no puedes verlo.

—No.

Tensó la mandíbula.

—Mira, a tu abuela le encantaría que te fueras a vivir con ella.

—Tampoco me voy a mudar a Arizona.

—Saku…

—Lo digo en serio —afirmé; la ira y la frustración hacían que me hirviese la sangre.

—Yo también. —Mamá dejó de hablar, soltando aire ruidosamente.

—No lo entiendes: Sasuke es bueno para mí, mamá. Hablar con él, estar con él, es en gran medida lo que me mantiene cuerda últimamente —declaré, tratando de mantener el volumen de voz normal a pesar de que lo que realmente quería era gritar— Mucho más que tomar pastillas y ver a un psicólogo. Tendrías que darle las gracias.

—Caramba, sí —dijo— La próxima vez que lo encuentre en la cama con mi hija menor de edad, desde luego es lo que haré.

—Ni siquiera hacíamos nada. Solo dormíamos, por el amor de Dios.

—Niña, ni siquiera me has dicho que habías estado en contacto con él, y mucho menos en una situación tan intensa, posiblemente de codependencia. —Se puso de pie, sacudiendo lentamente la cabeza— Jesús. Creo que ambas debemos calmarnos… hablar de esto más tarde.

—Solo recuerda que tú también me mentiste.

—Tengo más de treinta años. ¡Tú ni siquiera tienes los dieciocho!

—Pero los tendré pronto.

Mamá me lanzó una turbia mirada.

—Duerme un poco. Hablaremos de esto más tarde.

Ya lo creo que lo haríamos.