Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
CAPÍTULO 40
Alguien daba golpes en la puerta de entrada.
Mamá, Matt y yo acabábamos de sentarnos a tomar nuestra primera cena oficial de familia: empanada de carne, patatas al horno, mazorcas de maíz y judías verdes, seguido de pastel de chocolate y nata montada. Aleluya. Incluso mi arraigada actitud pesimista no podía negar las cualidades curativas de la nata montada.
Mamá atenuó su almibarada sonrisa por un segundo mientras se levantaba, limpiándose las manos en una servilleta.
—Qué inoportunos. Me pregunto quién será.
—¿Quieres que vaya yo? —pregunté.
—No. Está bien. —Al ir hacia la puerta, pasó los dedos por la parte posterior del cuello de Matt. «Puaj». Abrió la puerta y se puso rígida de golpe al ver a la persona que había allí. Irradiaba hostilidad— ¿Sí?
—Haré lo que haga falta —dijo una voz profunda y familiar.
—¿Sasuke? —me levanté, sorprendida.
—Lo que necesite para que me apruebe, lo haré —siguió Sasuke— No me importa.
Mamá ladeó la cabeza.
—¿De veras?
—Sí.
Con los brazos cruzados, mamá dio un paso atrás y hacia un lado, de forma que pudimos ver a Sasuke de pie en la entrada. Vestía con unos jeans oscuros y una camisa blanca con las mangas arremangadas. Llevaba el cabello cuidadosamente recogido en una cola de caballo y sostenía dos ramos de flores de color intenso en los brazos. Estaba increíblemente guapo. Con confianza y decisión, aparte de la prudente neutralidad de su rostro, columpiaba la mirada entre mi madre y yo.
Por el contrario, yo me puse a sudar. El corazón me latía el doble de rápido y, lo que era peor, me dolía. Era ridículo: ¿Cómo podía haberlo echado tanto de menos cuando acababa de verlo esa misma mañana en clase de Lengua?
Matt simplemente sonrió, el muy zalamero.
—Mi hija no es un juguete —anunció mi madre— Espero que seas consciente de ello.
—Lo soy, señora.
—Si sospecho que estás traficando o si parece que la estás metiendo en algún tipo de lío, te aniquilaré. ¿Queda claro?
—Clarísimo, señora.
—Te ganaste unos puntos por salvarle la vida, pero los has perdido por culpa de tu visita nocturna durante el fin de semana. ¿Lo captas?
Asintió con la cabeza.
—Empiezas de cero. Impresióname.
—Sí, señora —dijo Sasuke y le entregó uno de los ramos de flores.
—Buen comienzo. Ven, toma asiento a la mesa —ordenó, cerrando la puerta detrás de él. Todavía con un aspecto muy insatisfecho, le dijo a su espalda— Espero que tengas hijos algún día para que entiendas cómo es. El miedo. La preocupación. Me habéis hecho envejecer.
Sasuke se arriesgó a esbozar la más leve de las sonrisas en dirección a mí.
—Pero no los tengas con mi hija —puntualizó mamá— O si es con ella, no en breve.
—Sí, señora.
Sasuke se sentó a mi lado cuando fui capaz, finalmente, de poner el trasero sobre la silla. Estaba aquí. Caramba, estaba aquí de verdad. En la cena. Acaparó completamente mi atención al darme el segundo ramo.
—Gracias —susurré, aferrándome con fuerza a las flores— Has venido.
—Ya.
—¿Por qué?
—Porque aquí es donde estás tú —afirmó, como si fuera una obviedad.
No supe qué decirle.
—Amor de juventud —masculló mamá en voz baja.
Seguidamente, abrió con un golpe seco la puerta del armario de la cocina y revolvió estrepitosamente el cajón de la vajilla: todo mientras buscaba un plato y cubiertos para nuestro invitado. Que tuvo que sentirse muy bienvenido.
La cena transcurrió razonablemente bien, con Matt y Sasuke hablando la mayor parte del tiempo. No sabía qué decir, y mamá todavía estaba enfadada. Por fortuna, Matt la arrastró a ella y a su hostilidad hasta el patio trasero cuando terminamos el postre, con lo que nos dejaron a Sasuke y a mí para que limpiáramos. Tuvimos una pequeña charla cerca del lavavajillas, de espaldas a las ventanas.
—Has sido muy valiente —le dije, manteniendo baja la voz, por si acaso.
—Tu madre da miedo. Pero no el miedo que da un drogadicto con una pistola.
—Cierto.
Sonrió, y tuve un orgasmo muy pequeño o algo así. No estoy segura del todo. Pero me gustó.
—Tengo que irme. Naruto quiere que entrene con él esta noche —me informó— ¿Me acompañas afuera?
—Eso debería estar permitido. —Me dirigí hacia las puertas correderas— Acompaño a Sasuke afuera.
—Diez minutos —repuso mamá— Te cronometro.
Me alejé de ella y puse los ojos en blanco.
—De acuerdo.
Fuera, soplaba una brisa fría. Un viento de otoño.
—Gracias de nuevo por las flores —le dije, tratando de no moverme nerviosamente.
—De acuerdo.
—Y por haber venido.
Una mirada interrogativa.
—No me has dicho nada esta mañana. De si querías que fuéramos en serio.
—No quiero que tengas que hacerlo por mi madre y su nueva condición de comandante.
—He estado dándole vueltas a eso —dijo con un suspiro, mientras se apoyaba contra el costado de su Charger y me miraba. La pintura negra y el cromado brillaban a la luz de la luna.
Al otro lado de la calle, alguien cerró de golpe una puerta, lo que ahogó el ruido de una voz elevada. Salvo por eso, reinaba el silencio.
—¿Y? —pregunté.
—Imagino que habríamos acabado aquí de todos modos —Se metió las manos en los bolsillos— Siendo pareja.
La forma en la que pronunció la palabra, como si no confiara del todo en ella… No me extrañaba que no estuviera convencido. No dije nada.
Frunciendo el ceño, se apartó del automóvil y me tomó la cara entre las manos. Puso los labios sobre los míos y, de repente, todo fue mejor. Las bocas abiertas, las lenguas acariciándose, mis brazos deslizándose alrededor de su cintura. Besar a Sasuke lo era todo. Bueno, no todo «todo». No me moriría sin él. Pero todo mi ser lo deseaba: el corazón y la cabeza y el resto. Sin duda, me hacía la vida mejor.
—Por favor, no me digas que voy a tenerme que tatuar la puñetera frente para que me creas —murmuró, mientras me mordisqueaba la oreja.
Estallé en carcajadas.
—Pero si te quedaría muy bien.
—No —Su cuerpo se sacudió con una risa silenciosa— No en la frente, al menos.
—Bueno —Las lágrimas me llenaron los ojos, pero no iba a llorar. No iba a hacerlo—Te qui… mmm…
Joder, ¿qué había estado a punto de decirle? De ninguna manera podía soltar así que lo quería, incluso aunque era posible que acabara de hacerlo.
«Mierda».
Sasuke me acarició el cuello, con lo que la cabeza se me fue y el cuerpo se me puso a tope. Esta vez sentí un dolor en el lugar correcto.
Durante un momento, dejé de ser los despojos de la rehén del Drop Stop, que se asustaba de su propia sombra y le había hecho un corte de mangas al futuro. Solamente estábamos él y yo, juntos. Y ese sentimiento arrasó con todo lo demás.
—¡Ya es suficiente! —bramó mamá desde la puerta principal... Lo que no fue para nada humillante.
Sasuke me dio un beso rápido, sacó las llaves del bolsillo y las hizo tintinear en la mano.
—Adiós.
Y de repente odié esa palabra con pasión. La palabra que menos me gustaba de la historia de las palabras.
—Saluda a Naruto de mi parte. Hasta mañana.
El motor de la bestia se encendió y me dedicó una sonrisa de despedida, mientras avanzaba a una velocidad extremadamente segura, a prueba de madres. Qué inteligente por su parte: mucho. Lo mejor era no darle más armas al enemigo.
—¿Fue cosa tuya, que apareciera así esta noche? —preguntó mamá, otra vez con los brazos cruzados— Porque en el futuro preferiría que me advirtieras previamente.
—No, no tenía ni idea.
Entornando los ojos, estudió mi cara. Me limité a esperar que acabara.
—De acuerdo —La agresividad le desapareció del rostro, la línea de su boca se relajó— Sabes que solo quiero que estés a salvo, ¿verdad?
—Sí, pero Sasuke no es una amenaza. Y, de todos modos, no puedes protegerme de todo el mundo.
Carraspeó, malhumorada. Lancé otro vistazo a la calle, aunque las luces de su automóvil habían desaparecido hacía tiempo.
Mi novio. Era de locos.
—Sé lista, cariño —dijo— Eres joven; habrá otros.
—Ha venido y te ha dicho que haría cualquier cosa que quisieras —repuse, mirándola directamente a los ojos— Mamá, tienes que darle una oportunidad.
Levantó las manos.
—Se la estoy dando. Lo he invitado a cenar, ¿no?
—Sí. Gracias.
Se acercó y me rodeó con los brazos, con fuerza. La abracé.
—Pero, para la próxima vez, ¿podría haber un poco menos de guerra fría en la mesa? —pregunté.
Mi madre suspiró.
—Bueno.
