Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
CAPÍTULO 41
Las cajas de condones comenzaron a aparecer al día siguiente.
Otra cosa no, pero mi madre, eficiente lo era un rato.
Aunque, seguramente, no se la podría tildar de sutil. En el baño, en la mesita de noche, en mi mochila… Estaban, prácticamente, en todas partes. Llegado el viernes, ya me había preparado para organizar una campaña contra su hábito profiláctico. Incluso metería en esto a Matt si hacía falta, ya que había demostrado su callado apoyo para con Sasuke y conmigo.
Cuando estudiamos en casa durante la noche del miércoles, Matt se quedó en la habitación de mamá, trabajando con el ordenador portátil. Y aparte de dejar la puerta de la habitación abierta, nos había dado privacidad. Ni siquiera vino a comprobar dónde estaba, por lo menos no hasta una media hora o así, después de que acompañara afuera a mi novio.
Menos mal.
Sasuke me acorraló contra el Charger con un beso. Yo ya tenía las manos encima de él, porque tocarlo acababa de convertirse en el número uno de mi lista de cosas favoritas para hacer. Afortunadamente, los arbustos bloqueaban la visión del vecino de nuestra sesión de porno blando.
Sasuke había hablado con Matt de su mesa de billar y de echar alguna vez una partida. Felicitó a Matt por mis habilidades. Me había olvidado de cuánto me gustaba este novio de mamá. A pesar de todo el drama asociado, era agradable tenerlo de vuelta.
Pero regresemos al instituto. Jueves, era la hora de comer y la semana iba bien.
—¿Más gomas? —preguntó Sasuke en voz baja, sentándose a mi lado.
No era cosa mía que supiera lo de los condones. Una caja se me había caído de la mochila mientras estaba intercambiando los libros de mi taquilla el día anterior. Después de haber encontrado otra escondida en uno de los bolsillos de mi cazadora de denim aquel mismo día, había creído que ya estaba a salvo. Craso error.
Por suerte, Sasuke parecía sobre todo divertido.
—Sí —Cerré la mochila antes de que nadie más pudiera verla— Me olvidé de hacer la búsqueda matutina mientras todavía estaba en conduciendo. Qué locura. Es ella la que necesita tener una larga charla con el psicólogo.
A nuestro alrededor, el ruido y el caos habituales de la cafetería no cesaban. A Dios gracias. TenTen y Temari estaban ausentes hoy, en una reunión del periódico escolar o algo así.
—Nos llevaría años usar todo esto —dije.
—Años, no.
Le golpeé la rodilla con la mía por debajo de la mesa. Todo lo que hacíamos quedaba fuera de la vista de los curiosos, qué bien. Así no había problema.
—¿No?
—No —repitió.
—Ya casi es sábado.
Di un trago de agua, sin dejar de mirarlo.
—Lo es —Me devolvió la mirada, con una de esas casi sonrisas en los labios— ¿Fiesta en la carretera del viejo cementerio, si quieres?
—¿No preferirías ir a un sitio más tranquilo?
La forma en la que su mandíbula se movía y el ardor de su mirada me ponían la piel de gallina.
—Piénsalo —recalqué— Quiero decir, cualquier fiesta empezará cuando lo haga mi toque de queda.
—¿Podríamos ir al cine? Sabes que valgo para cualquier cosa que te apetezca —murmuró, mientras se ponía un poco más cerca— No voy a presionarte con el sexo, Saku. Creo que uno de los amigos de Naruto también da una fiesta, si no te apetece ir al campo. Y podríamos irnos un poco antes. Tenemos opciones.
—¿Eh? ¿Qué?
La cabeza de Naruto asomó desde donde había estado acurrucado con Hinata, susurrándole Dios sabe qué al oído. Al verle los ojos, muy abiertos, y ver cómo se mordía el labio mi amiga, preferí no saberlo. Me pareció que eran amigos de la misma manera que Sasuke y yo. Amigos al borde de algo. Hinata lo negaba, pero todas las señales estaban ahí.
—¿Vamos a lanzar unas canastas? —preguntó Naruto.
—Aún no.
—No nos va a dar tiempo. Otra vez. Ya ha pasado dos veces esta semana —Volviéndose hacia mí, Naruto frunció el ceño; tenía arrugas marcadas en la frente— Solo dale permiso para ir a jugar.
Me rasqué la mejilla con el dedo corazón.
—Es como si tuvieras su polla atada a una correa o algo así. Es repugnante —despotricó Naruto, mucho más fuerte de lo necesario. Aunque, para ser justos, dudo que nunca hubiera empleado otro tono.
—¡Chist! —siseé.
Sasuke le lanzó su lata vacía de refresco.
—Cierra el pico.
Naruto atrapó la lata con facilidad.
—Si esto es lo que es tener una novia, entonces me retracto, Hinata. No hay relación. Lo siento, buuu. Tendremos que seguir usándonos el uno al otro para tener sexo y dejarlo así.
—¿Estás de broma? —le pregunté. Como Naruto no respondió, me volví hacia Hinata y pregunté de nuevo— ¿Está de broma?
En un plano superior a todo, Hinata mordisqueaba una manzana.
—Y, de todos modos, no es así —comencé— Sasuke y yo solo somos…
—Oh, puaj-favor —dijo Naruto— Él es mi mejor amigo y tú eres… tú. No me mientas.
Hinata hizo una mueca.
—Es bastante obvio que ahora estáis juntos.
—Si Saku no quiere que la gente se meta en sus asuntos, así son las cosas —Sasuke miró su reloj y luego se levantó, recogiendo la mochila del suelo— Hora de ir a clase.
Naruto soltó una palabrota y se alejó tras darle un beso por sorpresa a Hinata en la mejilla. Ella ya no parecía siquiera molestarse en parecer irritada por el abierto interés del chico.
—¿Crees que no quiero que la gente lo sepa? —pregunté.
Sasuke solo se encogió de hombros.
—No importa.
«Huy».
—Con un pasado como el mío, en el fondo no puedo culparte —afirmó conforme se dirigía a la puerta.
—¿Qué?
—Piensa en lo de la noche del sábado y dime qué te apetece.
—Sasuke…
Siguió caminando.
—Hoy nos dan la nota del trabajo, ¿verdad?
—Sí, creo que sí.
Iba tras él, y Hinata nos seguía de cerca. Justo a tiempo, sonó la campana, lo que hizo que todo el mundo se pusiera en marcha.
—¿Sasuke está enfadado por algo? —preguntó Hinata.
—No lo sé.
—Es solo que, por lo general, suele estar junto a ti, ¿sabes? —observó.
Vi desaparecer su espalda entre la repentina multitud que inundaba el pasillo.
—Cree que no quiero hacer público lo nuestro por su pasado.
—¿Y?
Un repentino dolor de cabeza se asentó en mi frente. Me froté las sienes, perdida, confundida y posiblemente con un diploma a la estupidez.
—Yo creía que quería mantenerlo en secreto porque no gusto o algo así.
—Repito —insistió Hinata— Por lo general está junto a ti como si fueras su delicada y preciosa florecilla que, en cualquier momento, pudiese necesitar protección del mundo, grande y malvado. O como si necesitaras su ayuda para destruir el patriarcado o algo por el estilo. Creo que, cuando se trata de ti, está dispuesto a cualquier cosa.
Me quedé con la boca abierta.
—¿Suena eso a que alguien trate de ocultar el hecho de que eres su novia?
—¿De verdad hace eso?
Asintió.
«Mierda».
—Soy una idiota.
—De vez en cuando, todos lo somos.
Sin pensármelo dos veces, me abrí paso a través de la multitud, corriendo tras él tanto como pude. Un par de personas me insultaron, pero no me importó. Tenía prisa. Una vez lo tuve a la vista, lo agarré del brazo y lo detuve. La gente pululaba a nuestro alrededor como una horda ligeramente molesta, incómoda y sudorosa.
Sasuke solo me dedicó una mirada interrogante. No alegre.
—Tenemos que hablar —recalqué— Más tarde.
«Mierda».
Por lo general, mis emociones eran un desastre. Nunca se me había ocurrido que Sasuke pudiese tener sus propias inseguridades; al menos, no respecto a mí. Realmente, era una idiota: una que necesitaba prestar más atención.
Entramos en clase junto con todos los demás y tomamos nuestros asientos habituales. Inmediatamente, la señorita Yuhi comenzó a devolvernos nuestros ensayos sobre Edgar Allan Poe.
—Mucho mejor —dijo, entregándome el mío.
—Gracias.
Un nueve. Increíble. Un arranque de orgullo hizo que me enderezase en la silla. Había olvidado lo bien que sentaba. Me volví para enseñárselo a Sasuke, la persona responsable de hacerme estudiar y, de hecho, de que me importara un pito otra vez.
Esto era mérito suyo.
—Eso ya lo discutiremos después de clase —le decía la señorita Yuhi, mientras agitaba el trabajo frente a su cara— ¿Entendido?
—¿Cree que no lo he escrito yo? —preguntó Sasuke, cuya momentánea sorpresa, dibujada en su rostro, se transformaba rápidamente en enojo— Cree que he conseguido que alguien me lo hiciera o algo parecido. Porque, para variar, el trabajo es bueno.
La señorita Yuhi torció la boca.
—Leí el libro y luego escribí el artículo.
—¿Qué pasa? —pregunté, desconcertada.
La profesora me dedicó una mirada cortante, sus ojos eran duros e inquisitivos.
—¿Qué? ¿En serio cree que él no lo hizo? —dije— Eso es una locura. Estudiamos juntos, pero él hace su propio trabajo.
—Estudiáis juntos —repitió, como si eso lo aclarase todo.
Nunca en la vida había tenido tantas ganas de darle una patada a un profesor.
—¿No se les permite a las personas que decidan mejorar en sus estudios?
—Saku… —murmuró Sasuke— No pasa nada.
—No emplee ese tono conmigo, jovencita.
La señorita Yuhi se irguió ante mí. Tener que levantar la cabeza para mirarla solamente logró que me encendiera más.
—Se supone que debe alentar a la gente a que aprenda.
—Discutiremos esto después de clase, señor Uchiha.
Dejó caer el trabajo sobre su pupitre y condenó a Sasuke sin apenas mirarlo.
—Le está negando la oportunidad de una educación —exclamé, con la mandíbula rígida.
Su mano cortó el aire.
—Ya basta. Saquen sus libros.
Perdí los estribos, al tiempo que la rabia me quemaba la cara.
—Oh, puede irse a la…
—Póngame a prueba —me cortó Sasuke, con una mirada de advertencia— Si no escribí yo el artículo, no voy a saber nada… no tendré ni idea sobre el libro. Pregúnteme.
Cerré el pico. Podía hacerlo; yo sabía que podía. Siempre que ella le diera la oportunidad.
—Por favor —Sasuke se inclinó hacia adelante en el asiento— Tiene razón, he estado durmiendo en clase durante años. Pero no es lo que pasa ahora, ya no. No desde…
«No desde el Drop Stop», esas fueron las palabras que no pronunció. Pero ella tuvo que intuirlo.
Sasuke pestañeó y posó la mirada en el escritorio.
—No le estoy pidiendo un trato especial. Solo una oportunidad.
Los ojos de la señorita Yuhi se entornaron todavía más. Sería sorprendente que la mujer pudiera ver algo así, para colmo mirando por encima de sus gafas de montura metálica.
—Venga a verme aquí después de las clases. Tiene una oportunidad conmigo, señor Uchiha. Una. No la desperdicie.
—Gracias, señora.
